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Lunes, enero 9, 2017
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La agenda holandesa

No es necesario acudir a la malograda historia del Imperio español para situar a Holanda en el eje del mapa europeo. Holanda resume el sustrato calvinista del comercio y la luz burguesa de los interiores; la elevada ética de Spinoza y la pintura intimista de sus maestros; la tolerancia generosa en las costumbres y la libre iniciativa empresarial; el Concertgebouw, Rembrandt y Ruysdael; y también la proyección de una ciudad abierta, culta y cosmopolita como Amsterdam. Holanda configura una de las Europas posibles y seguramente no la peor. Aliada histórica de Inglaterra, sede de potentes multinacionales, de vocación atlántica a la vez que pieza central en los equilibrios de la Europa alemana, Holanda constituye –en palabras de mi amigo, el gestor de bolsa Josep Prats– “el gran país pequeño de la Unión y, en este sentido, un eslabón más frágil que los grandes Estados: Alemania o Francia”. Hablamos de peso económico, de ejemplaridad pública y de riesgo político en 2017.  

Martes, diciembre 20, 2016
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En tierra de nadie

El crecimiento acelerado de Ciudadanos durante estos dos últimos años se ha fundamentado sobre una sucesión de crisis superpuestas: la económica, la territorial y la política, aunque no necesariamente por este orden. La descomposición de los principales partidos de la estabilidad ha facilitado todo este proceso. El Partido Popular resistió a duras penas el efecto combinado de los recortes presupuestarios sobre el Estado del bienestar y el persistente goteo de casos de corrupción que afectaban a las mismas entrañas de su organización. El PSOE, tras la experiencia Zapatero, sufrió una especie de tormenta perfecta que le ha dejado al borde de la ruptura interior y muy debilitado parlamentariamente. El colapso de UPyD dejó libre la franquicia del centro constitucionalista y el procés soberanista dinamitó la sentimentalidad del catalanismo moderado para dar paso a la lógica del dret a decidir. Ciudadanos ha sabido abrirse paso en medio de este paisaje de ruinas. Le ha favorecido su aspecto pulcro, moderno, urbano y técnicamente limpio de grandes corruptelas. Ofrecía algo parecido a una modernidad tecnocrática con aires de Obama: economistas de la London School of Economics y actores de series televisivas, candidatos políglotas y tuiteros de calibre. Era –o pasaba por ser– la derecha aseada, el centro razonable y la izquierda moderada: Dinamarca en lugar del Mediterráneo. O, lo que es lo mismo, mayor libertad económica junto a unas políticas sociales más generosas.

Lunes, diciembre 12, 2016
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La mirada del alma

Se diría que los ruiseñores han inspirado el canto de las musas de un modo en que no lo han hecho los áridos paisajes lunares. Si la filósofa Simone Weil escribió aquello tan exacto de que la auténtica belleza reside en las flores y las estrellas –esto es, “en lo infinitamente débil o en lo infinitamente lejano”–, George Steiner lamentará que las distintas misiones espaciales del Apolo no hayan merecido un solo verso inmortal. La degradación de la diosa griega Selene  a la mera categoría de satélite nos recuerda que el arte depende del misterio. O, si lo prefieren, se sustancia en una realidad velada por la ficción y por el secreto de las sombras. En sus sermones milaneses del siglo IV, San Ambrosio recomendaba contemplar la Luna no con los ojos del cuerpo sino con la luz penetrante del alma. Pienso que, en este sentido, la mirada del creyente no es muy distinta a la del artista que descifra lo sagrado y lo ignoto. 

Martes, diciembre 6, 2016
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La oscuridad más honda

Padre de la conciencia moderna, Michel de Montaigne en “Costumbre de la isla de Ceos” concede al suicidio el raro poder de sellar los muros de la dignidad humana. Se trata de un privilegio antiguo que preservaba la osamenta íntima del alma antes de ser definitivamente corroída por el mal o la desgracia. Para el escritor francés, «la vida es esclavitud si se carece de libertad para morir»; pero sólo si el hombre ha logrado antes perseverar en la esperanza hasta el final. Aquí, Montaigne adelanta un principio que hará fortuna literaria en el siglo XX y que nos vincula, de un modo u otro, con la esperanza. «Ante todo –le confiará Séneca a su discípulo Lucilio– evítese aquella pasión que se adueña de muchos: el deseo de morir». Y es que, para los clásicos, apartarse de la vida no debía suponer un desprecio de sus dones, sino reivindicar el esplendor de una nobleza combatida por el oleaje de un mar funesto.

Lunes, noviembre 14, 2016
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¡Hineni, hineni!

En la voz del viejo Leonard Cohen se entrecruzan las imágenes bíblicas y la liturgia judía. Hablo de voz, y de no música, con toda intención. En Cohen, al igual que en todo poeta verdadero, lo esencial es la palabra: una palabra que se sostiene por sí misma, sin apoyos, desnuda sobre el papel y que, más tarde, una vez pronunciada, puede encarnarse, quizá, en una canción. La Biblia le concedió la palabra y un marco estricto, inseparable de la historia de la humanidad, con su estela de belleza, dignidad y esperanzas rotas. Esa materia sustenta la poesía de Leonard Cohen, en cuyos versos se pueden rastrear las huellas de Job y del Cantar de los cantares, de los salmos y de la literatura sapiencial, bajo las luces de neón de un mundo que ya no se reconoce en lo antiguo y que se reclama angustiosamente moderno.

Martes, noviembre 8, 2016
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Los cinco retos de Rajoy

Si los diez mandamientos de la ley de Dios se encierran en dos, los cinco retos del nuevo gobierno Rajoy se condensan en uno: solucionar la cuestión catalana. El juicio futuro a Mariano Rajoy –y también a Soraya Sáenz de Santamaría, a quien se le han concedido todos los poderes– dependerá de su habilidad para sortear el escollo del soberanismo. Sin duda, la medida del éxito de un gobierno pasa por responder con el trabajo bien hecho al depósito de fidelidades, afectos y vinculaciones que conforman la historia de una nación. Lo otro –“la casa dividida”, por decirlo al modo evangélico– supondría el fracaso definitivo del empeño democrático de un país que salió del franquismo decidido a dejar atrás el cliché del Spain is different.

Lunes, octubre 17, 2016
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La muerte burocratizada

Cuando en 1774 se publicó en Leipzig el Werther de Goethe, se desencadenó una oleada de suicidios a lo largo y ancho de Europa. El gran tema de Werther es la intensidad de un amor truncado que anticipa los primeros síntomas del Romanticismo. Como he escrito en alguna ocasión, Goethe traslada el dolor al ámbito estrecho de la subjetividad humana y, por ello, la verdad de las emociones se sentimentaliza, se vuelve problemática. “La naturaleza humana –comentó el propio autor alemán refiriéndose a esta novela– tiene sus límites: puede soportar hasta cierto grado la alegría, las penas y el sufrimiento, pero sucumbe en cuanto sobrepasa esa barrera”. Diríamos que aquí rige una angustia nueva, existencial, desconocida en la Antigüedad; al menos en ese grado. Ante el vacío y la nada, el hombre ya no crea más dioses sino que se entrega a la oscuridad.

Martes, octubre 4, 2016
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El presidente inteligente

Se diría que el principal atractivo de Barack Obama reside en su inteligencia. Es una rareza en nuestros días hallar un político cerebral, buen orador, leído y articulado, capaz de dialogar durante horas con la escritora Marilynne Robinson en las páginas de The New York Review of Books. Pero, al mismo tiempo, ese exceso de inteligencia –ese orgullo intelectual, quiero decir– constituye uno de los problemas de Obama, ya que la grandeza de un político no se mide  necesariamente por su habilidad reflexiva sino por su capacidad de tomar decisiones  acertadas, de generar consensos y consolidar una esperanza común. La pregunta sobre el juicio de la Historia al primer presidente afroamericano de los Estados Unidos sólo puede quedar en suspenso. Nadie hasta ahora ha podido acusarle de corrupción manifiesta, ni de que los fríos números de la economía no hayan mejorado, ni mucho menos reprocharle su decidido papel en la defensa de los océanos o en la extensión del seguro sanitario entre muchos americanos que antes carecían de él. Sin embargo, no es lo único que se puede decir de él o de su legado.

Lunes, septiembre 19, 2016
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Ser europeo

El periodista de origen húngaro Arthur Koestler observó que el combate entre el populismo y la democracia no se juega exactamente voto a voto, sino en la confrontación entre una batería de convicciones engañosas y unos principios más débiles e inseguros pero verdaderos. Las convicciones populistas se nutren de la mentira y del sentimentalismo, y prosperan en un mundo que se encierra en sí mismo. Los principios democráticos, en cambio, se asientan en las sociedades abiertas, a pesar de que nunca pueden presentarse como certezas absolutas, plenas, indiscutibles, sino tan solo relativas y parciales. El populismo juega al ataque; la democracia, a la defensiva precisamente porque carece de respuestas concluyentes. En el populismo se masca la tensión no resuelta entre la degradación social y un Estado ideal; la democracia, en cambio, sólo avanza lentamente, peldaño a peldaño, a partir de la enfangada realidad de la condición humana.

Lunes, septiembre 5, 2016
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Un “momento ciceroniano” para Trump

El ensayista Pierre Manent define como “momento ciceroniano” el vacío que se abre entre la desaparición de una forma de Estado y el surgimiento de otra. Suele coincidir con periodos de profunda crisis. Sucedió en tiempos de Cicerón, cuando de un modo violento la República dio paso al Imperio, insinuado primero con Julio César y, ya definitivamente, con el joven Octavio Augusto. Se repitió también con la caída del Imperio romano y la posterior fragmentación de Europa que culminaría, después del periodo de las monarquías absolutas, con el surgimiento de los Estados nación hasta dar paso, en la segunda mitad del siglo XX, a un nuevo experimento político todavía inconcluso: la Unión Europea. El momento ciceroniano describe así una indefinición –¿hacia dónde nos dirigimos?–, a la vez que abona el campo de las incertidumbres. En este escenario amorfo, los sofistas y los oportunistas navegan con el viento a favor. 

Lunes, agosto 22, 2016
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¿Terceras elecciones?

En un conocido ensayo, George Orwell acuñó el concepto de “common decency” para referirse a la decencia básica de la gente común. Ser un hombre honesto no era para Orwell una cuestión de ideologías ni de credos, ni una pesada ristra de categorías abstractas sobre el bien y el mal, lo justo o lo injusto, sino algo en realidad mucho más sencillo y elemental, casi doméstico: ser fiel a la palabra dada, pagar lo que se debe, respetar las normas de convivencia, trabajar con esmero, buscar la pequeña justicia en el gesto cotidiano… Orwell conocía de primera mano el horror de los totalitarismos, pero también desconfiaba de los discursos grandilocuentes y de la superioridad moral con la que tantas veces nos revestimos. Sabía que uno de los puntos esenciales de la democracia consiste en aceptar el valor de la imperfección decente, precisamente porque el reconocimiento de esta imperfección conduce hacia una tolerancia generosa.

Lunes, agosto 8, 2016
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La tierra Amish

Los contrastes suelen ilustrar la realidad a menudo de forma dolorosa. Unos lejanos primos míos acostumbran a veranear todos los años en Lancaster, Pensilvania. Es una localidad relativamente famosa en América por la importante comunidad amish –y también menonita– que vive en sus alrededores y buena parte de su atractivo turístico reside en los restaurantes amish que pueblan el condado. Como es sabido, los Estados Unidos padecen una de las mayores tasas de obesidad en todo el mundo, algo que asimismo se percibe con claridad en Lancaster, al igual que en cualquier otra población del país. Pero no precisamente entre los amish ni entre los menonitas, que se dedican mayoritariamente a trabajos agrícolas o artesanales, realizados sin maquinaria, con sus propias manos. En las carreteras todavía se les puede ver en sus caballos y carretas, entre los coches de sus vecinos y de los turistas que se desplazan por la región. Se trata de un contraste curioso entre dos identidades, la antigua y la moderna, evidenciando que el mito del progreso no sigue una senda única. Junto a lo que se gana, también se pierde algo por el camino. Josep Pla ha escrito páginas luminosas al respecto.

Lunes, julio 25, 2016
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Sentirse protegido

El populismo se alimenta de unas cuantas palabras clave: miedo y resentimiento, firmeza y simplicidad. No hace demasiados distingos entre derecha e izquierda; aunque, en uno u otro caso, las tonalidades y las modulaciones sean distintas. La retórica populista consiste en apelar a un instinto político básico que fractura a la sociedad en dos partes antagónicas: blancos y negros, buenos y malos, pueblo y casta. Prima un recetario sencillo que plantea escenarios apocalípticos junto a la nostalgia de un edén ubicado en tiempos pretéritos –en el caso conservador– o en el futuro –en el caso del utopismo progresista–. En Europa, populismos los hay de derechas y de izquierdas, según las distintas tradiciones nacionales. En los EE.UU. el peligro llega, en estos momentos, desde la zona republicana, amenazada por el mensaje rupturista de Donald Trump, que se ha impuesto a los demás aspirantes del partido. La comparación de Trump con anteriores candidatos –el maverick McCain o Mitt Romney– resulta odiosa. ¿Dónde se situaría ahora una figura como Eisenhower?

Viernes, julio 15, 2016
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Firmeza democrática

Fukuyama finiquitó la Historia al terminar el siglo XX, pero hoy ya sabemos que se equivocó. La Historia no se detiene y sólo una lectura pueril de la condición humana puede hacernos pensar que la violencia, el odio o la locura forman parte del pasado. Tras la caída del Muro de Berlín, el siglo XXI se estrenó un 11 de septiembre con el doble atentado de las Torres Gemelas. Fue un golpe sorprendente que buscaba dinamitar las seguridades del sistema democrático y alimentar el discurso del odio, tanto en el seno de los países occidentales como en los países musulmanes. La evolución posterior del yihadismo refuerza esta percepción, ya que para el terrorismo islamista, Occidente encarna todo aquello que anhela destruir: la libertad de conciencia y los derechos de la mujer, el cristianismo y la laicidad, el bienestar económico y la influencia cultural, el pluralismo ideológico y la separación de poderes.

Lunes, julio 11, 2016
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Al salir de Roncesvalles

La noche que llegué a Roncesvalles llovía sin cesar. Yo tenía 19 años y el mundo era todavía un lugar intacto, enigmático y apetecible. Sin embargo, la vieja Colegiata representaba el pasado y la tradición con una especial intensidad: los bosques y el Pirineo navarro, Francia y España, la arquitectura monástica, Carlomagno y la Chanson de Roland, el euskera y el latín. A un joven embebido en literatura, todo aquello le tenía que causar un impacto: la aventura, la soledad, el misterio, lo viejo y lo nuevo. En A Moveable Feast, Hemingway escribe sobre la alegría íntima que permanece en nosotros si alguna vez hemos tenido la suerte de experimentarla. Hemingway encontró esa fuente de gozo en el París de su juventud, antes de que la guerra destruyera todos los sueños. Quiero creer que otros la hallamos vagabundeando a pie por media Europa. Como el diplomático holandés que conocí en Logroño y que llevaba meses caminando desde Ámsterdam; o Brian, el escritor de San Francisco que nos acompañó hasta Foncebadón; o Steffan, el hospitalero alemán de León que pensaba en hacerse Cartujo; o Sofia, una brasileña que decía ser hermana de Paulo Coelho y que desapareció en Castrojeriz. Me pregunto qué habrá sido de ellos.

Lunes, junio 27, 2016
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La victoria del PP

La victoria del PP, sorprendente para politólogos y casas demoscópicas, subraya el raro instinto político de Mariano Rajoy, que acaba de ganar sus terceras elecciones de forma consecutiva. A lo largo de estos últimos meses, la práctica unanimidad de las encuestas alertaban de un corrimiento de tierras a favor de la izquierda radical. Suponía el triunfo de la ruptura sobre el reformismo, de la sentimentalidad utópica sobre el posibilismo imperfecto de la democracia, y del populismo sobre el horizonte europeo.