Los resultados de tu búsqueda:

Filtro:
Lunes, febrero 20, 2017
183166

El triunfo de la vulgaridad

Lo vulgar triunfa de forma incuestionable en nuestras sociedades, ya sea a través de programas televisivos de dudoso gusto que nos acechan a cada cambio de canal o de los principales canales de los nuevos gurús mediáticos, los ‘youtubers’, a la búsqueda del clic fácil. Paso a paso, la vulgaridad no puede escapar del imperio de su hermana más oscura, la zafiedad. Hace años, uno de los principales presentadores de la programación del corazón defendió su trabajo asegurando que solamente intentaba hacer “neorrealismo televisivo” para trasladar a nuestros hogares lo que había conocido en aquellos bloques de edificios que le vieron crecer. Habrá que reconocerlo de una vez por todas: si triunfan es porque saben sintonizar con la atmosfera cultural de nuestro tiempo.

Lunes, enero 23, 2017
181329

¿Cómo defender la casa de nuestros hijos?

No hubo una guerra, ni siquiera vivimos un conflicto secular cuyas raíces milenarias se pierden en la nebulosa de los orígenes. Pero sí estamos sufriendo una persistente batalla por el pasado en el País Vasco con calculados embates desde una apologética abertzale que tiene multitud de altavoces mediáticos. El peso de esta labor lo lleva la Euskal Memoria Fundazioa, una organización que busca “reconstruir” la historia de “Euskal Herria, en la medida en que padece la opresión y la negación como pueblo, ha sufrido a lo largo de los siglos la falsificación constante de su historia”. No me negarán que es toda una sincera declaración de intenciones. Quizá sus propuestas no sean tan delirantes como las del Institut Nova Història, sin embargo, resultan mucho más nocivas.

Lunes, diciembre 26, 2016
179692

El discurso de un rey

Quizá no sirva para este oficio porque, en demasiadas ocasiones, no tengo una idea definida y clara sobre ciertas cuestiones de candente actualidad. Una de éstas siempre es la Corona, su legitimidad y eficacia. La forma de gobierno me parece hoy un problema menor si lo comparamos con otros más cotidianos y complejos de solucionar. La institución monárquica no me entusiasma, pero tampoco me molesta. Por mucho que lo intente, no logro ser seducido ni por el ideal republicano patrio ni por las múltiples razones esgrimidas por los monárquicos. El conflicto se dirime, sobre todo, en el campo de lo simbólico y de lo estético, ámbitos donde diluir los malos entendidos y los prejuicios es un imposible. Mucho más de lo que están dispuestos a aceptar unos y otros. Ya les digo, quizá no sirva para esta labor y probablemente éste no sea tampoco el mejor inicio para una columna de opinión.

Martes, noviembre 29, 2016
177950

El miedo, las mentiras y la promiscuidad de la mentira

Timothy McVeigh asesinó a 168 personas con un camión repleto de explosivos estacionado frente a un edificio federal en Oklahoma City en 1995. El terrorista, un antiguo miembro de las fuerzas armadas estadounidenses, había alimentado su odio hacia el sistema con propaganda conspirativa y supremacista blanca. Hubo un antes y después de aquel atentado, el más mortífero en territorio norteamericano hasta el 11S. Fue entonces cuando muchos de los principales responsables de publicaciones conspiranoicas se sintieron señalados por la opinión pública. Sus trabajos fusionaban conjuras sobre el asesinato de Kennedy y las operaciones encubiertas de la CIA con abducciones alienígenas, confabulaciones masónicas o diatribas negacionistas. No nos puede extrañar que algunos comenzaran a hablar de la existencia de la “parapolítica” o de la “política profunda” para defenderse. En el fondo, como señaló un sincero editor de un popular fanzine: “todos podemos estar locos, pero no somos los mismos locos”.