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Alerta en EEUU ante una droga que causa la muerte instantánea

Foto: Romeo Ranoco
Reuters

El Departamento Antidroga de Estados Unidos (DEA) ha advertido de la existencia de una droga que puede provocar la muerte instantánea sólo con el contacto directo. El fentanilo, también llamado China White, es, según los informes de la DEA, la sustancia que está detrás de la mayoría de las muertes por sobredosis en el país. El bajo coste de este opiáceo,y sus efectos inmediatos, lo han convertido en una droga habitual en las calles, que ha llegado a derivar en epidemia, según las autoridades.

El fentanilo, un opioide sintético 50 veces más fuerte que la heroína y hasta 100 veces más potente que la morfina, es un medicamento recetado para pacientes que sufren dolores severos o crónicos que se administra en dosis muy bajas y controladas por profesionales de la medicina.

El mes pasado, un policía de Ohio se desplomó inmediatamente después de sacudirse del uniforme restos de esta sustancia, que se le había quedado adherida durante una redada antidroga rutinaria. “La inhalación de unas pocas partículas transportadas por el aire podría ser mortal”, ha asegurado el fiscal adjunto de la DEA, Rod Rosenstein. “Nuestros oficiales de policía y personal se enfrentan a este peligro todos los días.”

El fentanilo no es una droga desconocida para las autoridades; en 2005 y 2007 ya causó alrededor de 1.000 muertes en EEUU. La sustancia procede en su mayoría de México, en donde el Cártel de Sinaloa, entre otros, corta la heroína o la cocaína con el opiáceo. Su producción se lleva a cabo en laboratorios clandestinos, algunos de los cuales ya se han desmantelado. Sin embargo, esto ha llevado a los narcotrafricantes a deshacerse con rapidez del producto vendiéndolo falsamente como heroína.

El problema es que los consumidores, desconocedores de este hecho,  acaban consumiendo una cantidad letal para el organismo. Además, ahora los derivados del fentanilo han resurgido con más fuerza, ya que son incluso más baratos y sus efectos más prolongados. Se calcula que la adicción a estos opiáceos provocaron 59.000 casos de sobredosis solo en 2016, un 20% más que en el año anterior.

La Agencia Antidrogas ha emitido un comunicado pidiendo cautela a los agentes de policía a la hora de manejar sustancias sin identificar y la Administración de Salud ha pedido que se retiren aquellas medicinas que lleven el fentanilo entre sus componentes. Michael Jackson y Prince tenían prescripción médica para consumir este tipo de medicamentos.

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El negocio de la 'fiebre verde' de la marihuana en EEUU y España

Raquel y Christian Cepedes y Rubio

Foto: Raquel Cespedes y Christian Rubio

Si vas a Colorado (EEUU) es más probable que des antes con una tienda que dispensa marihuana que con un Starbucks. Esta realidad es un ejemplo del creciente e imparable negocio del cannabis en Estados Unidos. En las pasadas elecciones del 8 de noviembre los norteamericanos no sólo decidieron fumarse al stablishment eligiendo a un candidato como Donald Trump, sino que también dieron un espaldarazo al consumo y venta de marihuana. Los habitantes de California, Massachusetts, Nevada y Maine aprobaron en las urnas la legalización de la marihuana con fines recreativos. Esto implicará que los mayores de 21 años podrán poseer la sustancia, así como cultivar plantas de marihuana en sus residencias privadas y comprar 28,5 gramos de marihuana para usarla con fines recreativos. Esta cobertura de legalidad va acompañada de una gravada de impuestos, como ocurre con el tabaco y el alcohol.

Tras este respaldo, ya son ocho los estados donde se permite el consumo recreativo de la marihuana (Colorado, Alaska, Oregón , Washington, California, Massachusetts, Nevada y Maine), además del Distrito federal de Washington DC. Mientras que en otros 29 estados está permitido su empleo con fines terapéuticos y medicinales. Pese a esta corriente de permisividad, la ley federal lo considera ilegal sin excepción. Una paradoja que amenaza y ralentiza la proliferación de un negocio que ha demostrado su potencial y beneficios en aquellos estados en los que ha podido desarrollarse.

FILE -- HOLD FOR TUESDAY NOV. 15, 2016 EARLY RISER BY BOB SALSBERG -- In this Wednesday, Nov. 9, 2016 file photo a marijuana joint is rolled in San Francisco. Newly-approved laws in four states allowing the recreational use of marijuana are seen as unlikely to change rules regarding use of the drug in the workplace.  (AP Photo/Marcio Jose Sanchez)

Son ocho los estados de EEUU donde se permite el consumo recreativo de la marihuana. (Marcio Jose Sanchez/AP)

Un ejemplo de la emergente industria del cannabis es Colorado, que aprobó la legalización de la marihuana en 2014. Seis meses después, los beneficios no sólo se notaron en las arcas públicas sino también en las calles, gracias a un importante descenso en los índices de criminalidad. Según Policy Mac, el estado ganó el primer semestre tras su legalización 20 millones de dólares al mes, un aumento de más del 50% con respecto a lo que se esperaba en un principio.

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Los campesinos transportan plantas de marihuana recién cosechadas, en Los Suenos Farms, la mayor granja de marihuana legal al aire libre de América, en Avondale, en el sur de Colorado. (Foto: Brennan Linsley/AP)

Además de la recaudación por impuestos, el estado estima que ha ahorrado entre 12 y 40 millones de dólares al reducir drásticamente las detenciones relacionadas con la marihuana, que suponen cerca del 50% de todos los delitos vinculados con las drogas en Estados Unidos. Este ahorro permite al mismo tiempo destinar más recursos a la lucha contra otros crímenes. De acuerdo con datos del gobierno, en la ciudad y el condado de Denver el índice de homicidios descendió un 42% desde la legalización del cannabis.

La salida de la clandestinidad dio la oportunidad a pequeños productores y comerciantes a afianzar un negocio con unas perspectivas de crecimiento más altas incluso que el sector de la telefonía. La profesionalización y la mejora de la calidad han dado lugar a empresas muy punteras provistas de las últimas tecnologías que se alejan de la típica imagen de un invernadero zarrapastroso gestionado por alguien que nada tiene que ver con un empresario. Tripp Keber, es la personificación del futuro de la marihuana. Este ex promotor inmobiliario fundó, junto a Chuck Smith, Dixie Brands, una de las empresas más vanguardistas en la industria del cannabis. Desde hace cinco años, estos pequeños magnates han convertido Dixie en una de las marcas líderes del sector y tienen participaciones de propiedad en 17 empresas relacionadas con el cannabis.

La legalización en California, uno de los estados más ricos y poblados, espoleará el negocio de la marihuana. (Haven Daley/AP)

La legalización en California, uno de los estados más ricos y poblados, espoleará el negocio de la marihuana. (Haven Daley/AP)

Keber lo vio claro desde el principio como demuestra esta declaración realizada hace dos años en una entrevista para la revista Rolling Stone: “En Colorado, 100.000 pacientes crearon una industria de 300 millones de dólares el año pasado (2013, cuando se legalizó la marihuana con uso medicinal). Ahora imagina cómo sería el mercado legal para todos los adultos (con la legalización del consumo recreativo en 2014). Los estudios muestran que alrededor del 10% de ellos tiene alguna relación con el cannabis. El 10% de los 5 millones de habitantes de Colorado es alrededor de medio millón de personas. Recibimos 60 millones de turistas cada año. Incluso si tan sólo el 5% de esos turistas hiciera una compra, eso es 3 millones de personas al año. Estamos hablando de un crecimiento vertical”, auguraba.

Teniendo en cuenta que más de 32 millones de estadounidenses ya consumen marihuana, en el horizonte se vislumbra un vasto mercado parcialmente establecido. Según la consultora Arcview Market Research, el año pasado las ventas legales llegaron a los 6.000 millones de dólares. Y para el año 2020, estima que se multiplicarán por tres.

Director of Quality Assurance Thomas Shipley prunes dry marijuana buds before they are processed for shipping at Tweed Marijuana Inc  in Smith's Falls, Ontario, April 22, 2014.   REUTERS/Blair Gable/File Photo - RTSU7W7

Laboratorio de calidad de la empresa de marihuana ‘Tweed’, radicada en Ontorio, Canadá. (Foto: Blair Gable/Reuters)

De esta gran tarta de consumidores también están sacando tajada las startup, que contemplan esta industria como un vivero virgen e inexplorado, con infinitas posibilidades de negocio. Un  estudio de New Frontier estima que las startups relacionadas con el mundo del cannabis recaudaron en Estados Unidos 213 millones de dólares a lo largo de 2015. Unas cifras que esperan duplicarse con el consumo legalizado en más estados y gracias a la cada vez mayor aceptación por parte de la sociedad americana, con un 58% a favor de la legalización.

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Encuesta sobre la opinión de los ciudadanos norteamericanos en cuanto a la legalización de la marihuana. (Gráfico: Gallup)

El sector ya tiene algunos inversionistas estrella. Como el famoso rapero Snoop Dogg, que asegura que fuma 81 porros al día. Dogg, de 44 años, se asoció con la empresa canadiense Tweed, que provee marihuana y accesorios y ha invertido en una aplicación llamada Eaze, que se dedica a la entrega de marihuana a donde tú la necesites. Además, uno de los hijos de Bob Marley, Ky-Mani Marley, se ha reunido con funcionarios en busca de permisos para la marihuana que se cultiva en California. Hasta un gigante tecnológico como Microsoft ha decidido entrar en este floreciente negocio. El gigante de Redmond se ha asociado con una startup de Los Ángeles, Kind, para crear un software que ayude a realizar un estricto seguimiento del proceso que va desde la semilla hasta la venta final. Este software estaría impulsado por la plataforma en la nube de Microsoft, Azure, y con su desarrollo se espera que se faciliten tanto las ventas como el comercio.

Prueba de la alta aceptación de la sociedad americana fue la última Conferencia anual de negocios de la marihuana que tuvo lugar en Las Vegas en el mes de noviembre. Fue la más numerosa de cuantas se recuerda, pasando de apenas 400 personas en 2012 a más de 10.000 en esta quinta edición. En este encuentro se mostraron las infinitas diversificaciones del sector del cannabis: equipos de extracción, infusiones, dulces, bebidas, servicios de consultoría para inversionistas, medios de comunicación especializados, servicios de etiquetas, cigarrillos electrónicos, y mucho más. La gran cantidad de avances que se exhibieron dan cuenta de que el futuro de la marihuana pasa por la alta tecnología.

Sesgo racial en las detenciones 

Pero estas ganancias y grado de aceptación tienden a oscurecerse ante la triste realidad que se desarrolla en muchos otros estados. Mientras en Colorado y Washington se licitan a productores y vendedores de marihuana, en otros lugares la policía continúa llevando a cabo redadas contra las plantaciones.

El cambio de tendencia en Estados Unidos, un país de tantos contrastes y tan puritano en algunos aspectos, viene desde abajo. Lo que está ocurriendo forma parte de un movimiento político en el que se ha impuesto la voluntad popular. Porque la marihuana no sólo es dinero, también es un estigma. La lucha para acabar con la Guerra contra las Drogas en el fondo es un movimiento para detener el encarcelamiento masivo de minorías. “El consumo de la marihuana, como el de todas las drogas ilícitas, es casi igual en todas las razas, excepto que la población afroamericana es arrestada en una tasa cuatro veces mayor que la gente blanca”, reconoció Stephen Downing, antiguo subjefe de la Policía de Los Ángeles (LAPD) y dirigente del grupo Agentes del Orden Contra la Prohibición (LEAP).

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Los datos de arrestos relacionados con la marihuana en EEUU revelaron una tendencia consistente de sesgos raciales significativos. (Foto: Henry Romero/Reuters)

Un análisis de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) encontró que las detenciones hechas por posesión de marihuana representan más de la mitad de todas las detenciones relacionadas con drogas en EEUU. De los 8,2 millones de arrestos hechos por el cannabis entre 2001 y 2010, el 88% fueron simplemente por portación de hierba. En todo el país, los datos de arrestos revelaron una tendencia consistente de sesgos raciales significativos.

Los que defienden la legalización argumentan que normalizar el consumo de la ‘maría’ reduce los costes del sistema de justicia, el hacinamiento en las cárceles y la violencia entre los grupos de narcotraficantes. Teniendo en cuenta que la marihuana representa el 50% de los ingresos de los carteles, darle a este negocio una pátina de legalidad supondría un duro golpe contra el crimen organizado.

¿Qué pasará con el cannabis en la era Trump?

La época de mayor esplendor de la marihuana ha sido bajo la administración Obama. Además del éxito de las consultas populares, la razón principal por la que los profesionales del cannabis no están siendo arrestados por agentes federales y procesados por la corte federal es por un memorando de 2013 del fiscal general James M. Cole que dirigía a los fiscales federales a centrar sus esfuerzos en actividades delictivas, con el mensaje implícito de tolerar traficantes de marihuana regulados por el estado.

Pero con Donald Trump en la Casa Blanca esto puede cambiar. Sobre todo conociendo el nombre del nuevo secretario de Justicia, el senador por Alabama, Jeff Sessions. Sessions es un ultraconservador y quizás uno de los mayores oponentes contra el movimiento de reforma de la marihuana. Su nombramiento al frente del Departamento de Justicia de Estados Unidos podría poner fin a la legalización del cannabis. Sus declaraciones destilan cierta nostalgia de la época de Ronald Reagan, cuando la por entonces Primera Dama Nancy Reagan encabezó una campaña a favor de la guerra contra las drogas. Sessions incluso ha llegado a sugerir que sólo “las malas personas” se involucran con las drogas.

La posición del nuevo secretario de Justicia es una amenaza para el gran esquema de la legalización en Estados Unidos, pero ¿qué posición tiene Trump sobre la marihuana? En 1990, Trump dijo que estaba a favor de legalizar todas las drogas, pero recientemente durante la campaña electoral aseguró que se opone a legalizarla, pero apoya su acceso médico y cree que los estados deberían ser libres para adoptar sus propias políticas con respecto al uso recreativo.

Perspectivas

Si la tendencia en Estados Unidos continúa por la senda de la legalización de la marihuana y la regulación federal no le pone palos en las ruedas, nuevas leyes pueden abrir perspectivas importantes para los empresarios. Actualmente la principal traba para la expansión del sector son las contradicciones entre la legislación estatal y federal, que impide que un brownie de marihuana cocido en Oregón pueda ser vendido en Washington, pese a que en ambos estados está permitido el uso recreativo pero con diferentes disposiciones.

La firma de investigación y asesoría financiera GreenWave Advisors estima que las ventas de productos de marihuana en Estados Unidos serán de 6.500 millones de dólares en 2016 y de unos 30.000 millones de dólares en 2021, si los productos derivados del cannabis estuvieran legalizados en los 50 estados del país.  Sin duda, en Estados Unidos está naciendo una de las mayores oportunidades de negocio del siglo XXI.

¿Y si todo esto pasara en España?

La legislación española con respecto a la marihuana se ha ido flexibilizando con el paso del tiempo. De hecho, España es en la actualidad uno de los países europeos más liberales en cuanto al cannabis. Su política descentralizada impulsa un alto grado de autogestión por parte de las comunidades autónomas, cada una de las cuales desarrolla sus propias medidas sobre el negocio y consumo de esta sustancia.

Sin embargo, la Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana establece en su artículo 36 una serie de normas de obligado cumplimiento a nivel nacional. El párrafo 16 dice así: “El consumo o la tenencia ilícitos de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, aunque no estuvieran destinadas al tráfico, en lugares, vías, establecimientos públicos o transportes colectivos, así como el abandono de los instrumentos u otros efectos empleados para ello en los citados lugares” será considerado una infracción grave. Por tanto, consumir marihuana de forma legal queda relegado a los lugares especialmente habilitados para ello. Son los llamados clubs de cannabis.

La legislación española con respecto a la marihuana se ha ido flexibilizando con el paso del tiempo. (Foto: Julie Gordon/Reuters) .

Podría decirse que estos clubs hicieron su aparición formal en España en 2001 de la mano del Club de Catadores de Cannabis de Barcelona. Pero la primera piedra de su organización se remonta a 1993, cuando la Asociación Ramón Santos de Estudios Sobre el Cannabis (ARSEC, con sede en Barcelona) envió una carta a la Fiscalía Antidroga preguntando si sería un delito cultivar marihuana para el consumo personal de un grupo de usuarios adultos. La respuesta fue clara: su propuesta no podría considerarse una conducta delictiva. Con el beneplácito jurídico en la mano, la agrupación decidió plantar marihuana destinada a unas 100 personas. Se llegó incluso a hacer una intensa campaña divulgativa en los medios de comunicación al respecto. Sin embargo, la plantación fue incautada. La Audiencia Provincial absolvió a los responsables y el caso fue recurrido ante el Tribunal Supremo. La sentencia final fijaba una condena mínima de prisión (que quedó suspendida) y sanciones económicas para los directivos de ARSEC. El Supremo argumentó que, aunque en este caso no se pretendía traficar, el cultivo de cannabis era peligroso en sí mismo y debía ser castigado.

La puerta parecía cerrarse para la expansión de los clubs de cannabis, pero muchas otras asociaciones recogerían el testigo de ARSEC. En 1997, la agrupación vasca Kalamudia cultivó 600 plantas destinadas a cerca de 200 personas, entre las que había parlamentarios regionales, concejales de varios partidos políticos y profesionales de múltiples disciplinas. La cosecha tuvo qu recogerse poco después sin consecuencias legales. Dos años después, en 1999, repitió su plantación y tampoco contó con el rechazo de las autoridades. Las asociaciones dieron un carácter estable a sus cultivos, apoyados jurídicamente por un informe del gobierno regional de Andalucía que impulsaba el establecimiento de estos clubs para obtener marihuana de forma legal.

REUTERS/Vincent West

La industria del cannabis ha ido expandiéndose por España con diferente calado. (Foto: Vincent West/REUTERS).

Desde entonces, la industria del cannabis ha ido expandiéndose por todo el territorio nacional con diferente calado. Sin lugar a dudas, Barcelona se ha convertido en el epicentro del negocio con más de 200 clubs de cannabis, cuando en todo el país existen unos 800. Su crecimiento se ha desarrollado a la par que la normativa española, cuyo mencionado artículo 36 de la Ley de Seguridad Ciudadana prohíbe su venta pero no su consumo. Así, es legal la venta de semillas y el cultivo de marihuana para el consumo personal en estos lugares privados. Los usuarios pagan una determinada cuota para un periodo concreto, reciben la cantidad de marihuana correspondiente y la pueden consumir únicamente dentro de los clubs. Para convertirse en miembro sólo hay que tener 18 años y el respaldo de otro socio.

La controversia jurídica del mercado del cannabis llega con el párrafo 18 de la ley: “La ejecución de actos de plantación y cultivo ilícitos de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas en lugares visibles al público, cuando no sean constitutivos de infracción penal” también será considerado una infracción grave. Esta aparente contradicción provoca que los clubs se muestren muy reticentes a la hora de exhibir públicamente sus campos de cultivo. Se han dado numerosos casos de incautaciones de cosechas cuando la asociación cumplía con la legalidad. Por ejemplo, el del club Pannagh -un referente para los usuarios españoles-, que fue intervenido en 2005 y en 2011.

Cerca de cuatro millones de españoles, el 10% de la población de entre 15 y 64 años, declaran haber fumado cannabis (AP Photo/Rich Pedroncelli)

Cerca de cuatro millones de españoles, el 10% de la población de entre 15 y 64 años, declaran haber fumado cannabis (Foto: Rich Pedroncelli/AP)

Sus miembros fueron acusados de un delito de tráfico de drogas y su cultivo fue incautado. La Federación de Asociaciones de Usuarios de Cannabis de Euskadi declaró en su momento que no entendía cómo se estaba regulando el negocio por un lado y contrarrestándolo con “estrategias represivas” por el otro. Por tanto, el vacío legal favorece el negocio de la marihuana en los clubs y los locales comerciales, los llamados grow shops, donde se vende todo el material necesario para su cultivo doméstico. Algunos de estos establecimientos son franquicias cuyo desembolso inicial de apertura puede sobrepasar los 10.000 euros. Una inversión que se suele recuperar al cabo de un año, lo que se traduce en un rendimiento muy atractivo para muchas personas que quieren salir de las listas del paro.

El Ayuntamiento de Rasquera, en Tarragona, se prestó voluntario para acoger un proyecto de plantación de marihuana de la Asociación Cannábica Barcelonesa de Autoconsumo. El pueblo tiene 900 habitantes y hay un 40% de paro. El club estaba dispuesto a pagar 650.000 euros al año por las tierras, que en su momento significaba una especie de tabla de salvación para las arcas municipales. Pero la Justicia paralizó la operación y el alcalde, defensor de la idea, tuvo que abandonar su puesto.

Cerca de cuatro millones de personas, el 10% de la población española entre 15 y 64 años, declaran haber fumado cannabis alguna vez. Casi un 2% fuma de manera habitual cada día, según datos del Ministerio de Sanidad. Los partido políticos, a raíz de la formación de un nuevo Gobierno, han planteado sus propias medidas con relación al mercado de la marihuana en España. Un negocio que maneja cifras millonarias y que en 2016 sigue estancado en arenas movedizas, entre la ética y la legalidad.

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La ruta del hachís: los tambores de Ketama en el Rif

Juanma Rodríguez

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters/Archivo

El pasado mes de febrero, la Guardia Civil intervino casi dos toneladas de hachís prestas para entrar a España por la costa de Barbate. Los transportistas arriesgaron su vida en una lancha de goma de varios motores cruzando las turbulentas aguas del estrecho desde Marruecos hasta la playa de El Palmar, en Cádiz. Un par de meses después cayó el resto de banda, incluido su líder, conocido como Canela, un joven que se paseaba por las playas de Barbate con impunidad, en vehículos llamativos como un quad, todo ello sin que nadie le hubiese visto trabajar en cualquier cosa. Seguramente todos los que viven a su alrededor saben a qué se dedicaba.

El tráfico, ‘menudeo’ o ‘trapicheo’ de hachís es algo que en el sur de España resulta hasta común. El consumo de cannabis también está muy extendido, ya no solo en Andalucía, sino en todo el país. Según los datos del Observatorio Español sobre Drogas (OED) el pasado año 2016 el 30% de la población española de entre 15 y 64 años aseguró haber consumido cannabis alguna vez en su vida, de los cuales un 9% aseguró haber consumido en los últimos 12 meses, el 7% en los últimos 30 días y el 2% a diario. El terreno está bien abonado para que se abra un importante nicho de mercado para los narcotraficantes de hachís.

Unos 14 kilómetros de distancia separan las costas andaluzas de la cordillera del norte de África. El Rif es una cordillera montañosa que abarca una gran parte del norte de Marruecos, hasta la frontera con Argelia, donde también se encuentra Melilla. Es una región tradicionalmente desfavorecida y olvidada por la autoridades marroquíes, según denuncian diversas ONGs que trabajan en la zona. Allí conviven bereberes, amaziges y árabes. Es un lugar mágico, donde el tiempo parece no haber pasado en siglos, aunque con una pequeña diferencia: en sus valles hay miles de hectáreas verdes donde se alzan plantas de marihuana. Para los habitantes de esta región, que viven por debajo del umbral de pobreza, es fundamental para su sustento de vida el cultivo de esta planta para la elaboración del hachís que Europa espera consumir con los brazos abiertos.

¿Cómo se elabora esta sustancia?

Antonio Escohotado, profesor, filósofo y ensayista, centró gran parte de su trabajo en el estudio de las drogas y su historia. En el documental de Canal Sur (la televisión pública andaluza) La ruta del hachís, cuenta un pasaje de Herodoto en el que los escitas se colocaban con hachís, echando al fuego grandes trozos de esta sustancia y precintando la sala donde lo hacían. Hoy, la forma de consumir esta droga ha cambiado, y su producción también. En el Valle del Rif, el cultivo del cannabis está dentro de la ley, pero no la producción de esta sustancia, que puede acarrear penas de cárcel, aunque las autoridades hacen la vista gorda para mantener una paz social que no sería posible en esta zona tan limitada en recursos económicos.

En otoño se inicia la campaña de la recogida del cannabis para la elaboración del hachís, en la que participan todos los miembros de las familias. Una vez la recogen, la dejan secar en los tejados de las casas para extraer posteriormente el polen o resina con el que se elaborará el hachís. El ritual para producirlo es algo que se ha transmitido de generación en generación, de manera artesanal, en el interior de las casas de las familias que viven de ello. Sobre una palangana colocan una tela a modo de tamizador, sobre la que colocan los cogollos de marihuana para su ‘vareo’. Encima de la marihuana se coloca un plástico sobre el que se empezará a varear, para que el polen de la planta se filtre por la tela (generalmente de seda) y se obtenga el doble cero, una sustancia muy preciada por los consumidores de hachís. El vareo se repite varias veces más, hasta que acaban por agotar el polen de estos cogollos de los que se ha extraído el doble cero, disminuyendo en calidad y en cantidad. Este proceso es el que se conoce como ‘los tambores de Ketama’.

La calidad del producto y su valor en el mercado

Escohotado asegura que Marruecos no elabora hachís, “Marruecos elabora una porquería que no da lucidez, es más un somnífero o un tranquilizante”. Esto se debe a la forma de producción y al corte con el que elaboran la droga. Marruecos es el principal productor de esta sustancia, prácticamente el único mundial, según la agencia antidroga de la UE. Por este motivo, Escohotado asegura que la calidad del producto “es bastante mala” pero para ellos es indiferente, ya que la demanda mundial de hachís es tan elevada que ni produciendo todas las hectáreas destinadas al cultivo de cannabis se podría satisfacer toda la demanda. “Actualmente Marruecos elabora una sustancia que no tiene THC porque entre otras cosas secan las plantas al sol, que mata la sustancia del tetrahydrocannabinol (THC) y la transforma en cannabidiol (CBD), que actúa como somnífero”, asegura Escohotado.

La ruta del hachís: los tambores de Ketama en el Rif
Alrededor de un gramo de doble cero. | Foto: Nick Adams / Reuters

Para ampliar la cantidad de hachís producido, la sustancia se adultera con lo que vulgarmente se conoce como ‘cortes’, por ejemplo estiércol de burro, goma arábica, leche condensada, henna, arcilla… prácticamente a partes iguales. “Hachís hay poco”, asegura Escohotado, “pero incluso ese poco hachís que hay no tiene THC”. “La juventud española está más colgada de CBD que del THC”, expresa Escohotado en el documental, afirmando, incluso, que si le ofreces un porro de hachís afgano de gran calidad o de marihuana a un joven que esté bastante acostumbrado a fumar diariamente, desde por la mañana hasta por la noche, lo consideraría muy fuerte para su gusto.

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Marihuana secada al sol para la producción de hachís. | Foto: Rafael Marchante / Reuters

G. R. S es un consumidor habitual de hachís. No ha querido dar su nombre, ya que el prejuicio y el estigma social de consumo de cannabis sigue estando muy presente en España, a pesar de la apertura mundial y la legalización en varios países y estados de Norteamérica. Este joven de menos de 25 años asegura que no fuma marihuana “porque es muy fuerte, me deja tonto, no puedo llevar una vida que considero normal”. Su día comienza con un desayuno a base de zumo de naranja, café, un bollo y un ‘canuto’ pequeño de hachís, “para empezar el día con alegría”. Una vez concluye su turno de mañana en la cafetería donde trabaja, después de comer, se fuma otro porro “para dormir una siesta en condiciones”. Tras terminar la jornada laboral alrededor de las diez de la noche regresa a casa, se prepara la cena y se fuma el último porro del día, al que llama “buenas noches” ya que “si no fumo antes de dormir no puedo pegar ojo”. G. dice que paga el gramo de esta sustancia a unos 3,5 euros, precio que le hace un amigo cercano, por lo que a la semana invierte unos 30 euros en ‘chocolate’. G. es malagueño, y por lo que tiene entendido, cuando el hachís pasa Despeñaperros el precio sube a unos 5 euros el gramo, el precio estándar y, conforme más va subiendo, el producto se va encareciendo, hasta llegar a los 6 o 7 euros en gramo, que da para unos 4 o 5 ‘canutos’.

El menudeo y los clubes de fumadores

P. H. T. También es malagueño, aunque ahora vive en el extranjero. No ha tenido una buena experiencia con el hachís. Hace 6 o 7 años la Guardia Civil le sorprendió con un kilo y 900 gramos en el maletero del coche. “Yo empecé a trapichear de forma casi inconsciente, para poder fumar gratis, tenía poca idea de lo que hacía”. Poco a poco fue haciendo cada vez más dinero y aprendiendo a vender un producto que todos sus amigos querían probar. “Empecé vendiendo unos 50 gramos a la semana, hasta que llegué a los dos kilos”. Sus proveedores siempre eran los mismos, con los que ya había establecido un vínculo de confianza, hasta el punto en que le fiaban las cantidades de hachís que iba a vender. “De lo que siempre he estado orgulloso es que nunca le debí dinero a nadie, aunque pillase ‘fiado’ el material”. Cuando le detuvieron, pasó tres días en el calabozo, antes de pasar por un juicio rápido. “Un familiar, abogado, me ayudó con este asunto del que al final no salí mal parado, ya que alegué consumo propio”. P. no se arrepiente de nada de lo que ha hecho, pero “a mis hijos les diría por mi experiencia que el trapicheo no vale para nada, no merece la pena, es mejor un trabajo normal, una vida normal, que no perder el tiempo en vender, eso es para los ‘pringados’”.

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Paricipantes en una manifestación en Vacouver para la legalización. | Foto: Andy Clark / Reuters

Su problema con la ley se quedó al final en un mal expediente, pero no cumplió la condena de un año y 11 meses de cárcel que le pedía la fiscalía, ya que no tenía antecedentes, aunque “pasé dos años bajo investigación, por los que, si me pillaban por ejemplo conduciendo con una tasa de alcohol superior al límite, tendría que haberme tragado los meses de cárcel correspondientes más los del hachís”. También tuvo que pagar la multa correspondiente, alrededor de 6.000 euros, más el dinero que le debía al proveedor por el hachís incautado. En este mundo no hay seguros. “Era un niñato, y solo quería caprichos. Veía que los demás no podrían hacer lo que yo por el dinero que tenía, por lo que yo me sentía mejor, como un valor personal adicional”. Él pagaba el gramo a 1,80 céntimos, por lo que ha llegado a ganar en bruto entre 3.000 y 5.000 euros semanalmente. Él era una cara visible, como a los pequeños camellos a los que les vendía placas enteras de 100 gramos para poder quitarse de encima lo más rápido posible el hachís. “Por encima de mí están los traficantes que salen en las noticias, y ellos, a su vez, por encima tienen más gente”, asegura nuestro entrevistado.

Ahora, en este mundo de sobreinformación, ya se conocen los riesgos y los beneficios del consumo de esta droga, que cada vez se está desprendiendo de más prejuicios y va ganando terreno en su lucha por la legalidad. Ya no solo existen negocios de parafernalia del fumador. Barcelona y Madrid se están llenando de clubs de fumadores que actúan como los coffeshops holandeses, para los fumadores recreativos y los que sufren alguna enfermedad o están sometidos a tratamientos agresivos de quimioterapia. No obstante, el menudeo en los barrios y el consumo de hachís por parte de los jóvenes españoles y europeos sigue siendo frecuente. Las organizaciones que hay detrás saben que sacan mayor beneficio si tienen a todo un ejército de chavales rebeldes con el ánimo de meterse en un mundo complicado.

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La 'droga caníbal' se prueba en España: legal, barata y a domicilio

Redacción TO

Foto: Un Investigador

La “droga canibal” irrumpe en las Islas Baleares y, concretamente, en Mallorca e Ibiza (Enrique Calvo/REUTERS)

Gritos. Alucinaciones. La cabeza roja, el cuerpo retorcido.Patadas, puñetazos, mordiscos. La escena se dio en la playa de Magaluf en Mallorca y la protagonizó un turista británico de 28 años. En realidad, los primeros “zombies” llegaron al Centro de Salud de San Antonio días atrás. Se registraron varios casos de jóvenes con violencia extrema. Algunas enfermeras fueron agredidas y tuvo que intervenir la policía del hospital. La investigación trata de localizar ahora la supuesta“droga caníbal” que se estaría probando en la zona.

La teoría es que San Antonio podría estar sirviendo de banco de pruebas. “Se trata de drogas sintéticas y se producen en laboratorios improvisados, así que los que las distribuyen desconocen los efectos que tendrán en sus usuarios”, afirma Andre Walker. “Como no están en condiciones de realizar los ensayos adecuados, sencillamente introducen una cantidad en el mercado de Ibiza para ver qué ocurre. Si se vuelven populares y sólo hay unas pocas muertes o lesiones, las producen en masa”.

Drogados y adentelladas

Tiene muchos nombres, pero sólo una cara. Bajo las siglas MDPV se esconde un término cuya pronunciación se antoja imposible, pero cuyas consecuencias se han demostrado fatales. Se trata de la metiendioxipirovalerona. La ingesta de esta droga deriva en la paranoia extrema, provoca brotes psicóticos, instintos suicidas. Conocida como la droga caníbal, ya se ha cobrado varias víctimas, pues no sólo los consumidores sufren sus consecuencias. El instinto antropófago que brota en ellos deja casos próximos al surrealismo: se lanzan sobre quienes se cruzan en su camino y la emprenden a dentelladas. Esta sustancia ya ha llegado a España. Pero la travesía ha sido larga.

El caso más popular de canibalismo inducido por esta sustancia ocurría en Miami. Era un 26 de mayo de 2012.Rudy Egene se abalanzó sobre un mendigo, Ronald Poppo, y comenzó a arrancarle la cara a mordiscos. Sufrió lesiones en el 75% de su rostro. El ataque duró cerca de ocho minutos, según las cámaras de seguridad que lo filmaron. Todo terminó cuando un oficial de la policía disparó sobre Rudy. Siete balazos recibió. A partir de ese momento, se convertía en el “Canibal de Miami”, el precedente de los efectos de la MDPV. Posteriormente, la autopsia descartó que actuase bajo los efectos de esta sustancia en concreto.

Aparentemente inofensiva

A simple vista, podrían ser unas meras y relajantes sales de baño. Sin embargo, cada uno de esos pequeños saquitos contiene una verdadera bomba alucinógena.La metiendioxipirovalerona es una droga de diseño. Pertenece a la clase fenetilamina, que actúan sobre el sistema nervioso central de las personas con efectos estimulantes que, en elevadas dosis, genera alucinaciones.

No es necesario el consumo de una gran cantidad de esta droga para que afloren los síntomas.Si la dosis es oral, serán suficientes 5 miligramos. Si es esnifada, la cantidad es ínfima: apenas 3 miligramos. Irrisoria resulta la dosis cuando se administra por vía intramuscular. Tampoco hay que esperar un intervalo de tiempo excesivamente amplio. En dos o tres horas, la temperatura de su cuerpo comienza a subir: sienten que se queman por dentro. La euforia emerge. Dejan de sentir dolor. Se convierten en personas agresivas dominadas por una paranoia que les hace ver enemigos en todas aquellas personas con las que se tropiezan.

Al alcance de todos

El acceso a esta droga no resulta, a priori, excesivamente complicado. Es una sustancia sobre la que no existe un marco legal establecido a nivel internacional. Así, por ejemplo, en España no está fiscalizada. Entra en el país como sales de baño. En otros países como Reino Unido y Dinamarca figura en la lista B de sustancias prohibidas. En Suecia, en cambio, es una sustancia controlada.

No obstante, existen una serie de foros en Internet donde se procede a la venta de la conocida droga canibal. En ellos,el vendedor ofrece una descripción detallada del tipo de sustancia que está comercializando. Detalla su composición química, advierte de las consecuencias y explica las facilidades de pago. El alijo más pequeño es de 100 gramos; el mayor, 10 kilos. Los precios van desde poco más de 400 euros hasta cerca de los 6.000 euros, respectivamente. El contacto se realiza a través de un simple formulario donde los únicos campos obligatorios que ha de rellenar el comprador son la cantidad demandada y el correo electrónico. El proveedor asegura ponerse en contacto una vez realizado el pedido. Se supone que para formalizar la compra.

La alerta en España

El fenómeno llegó a España hace apenas unos días. Fue un episodio protagonizado por un joven turista de 28 años procedente de Reino Unido en una playa de la isla de Mallorca. Tuvieron que emplearse a fondo once policías, los socorristas y varios miembros de personal sanitario para lograr reducirlo. No dejaba de gritar, corría tras los bañistas y no dejaba de repartir mordiscos a quien intentaba acercarse a él. Según explica a Investigations Alfredo Perdiguero, Secretario General del Sindicato Independiente de la Policía Española, “estos ataques se han presentado en lugares turísticos de las Islas Baleares y, especialmente, en Mallorca. Aún no hay muchos casos documentados para conocer cómo ha llegado la droga”.

De acuerdo con la Unidad Antidroga de la Guardia Civil de Ibiza, la partida introducida sería pequeña y esperan que “se haya consumido en su totalidad”. Sospechan que se trata de una sustancia que llegó a la isla para ser probada y “luego iniciar su comercialización”. Alfredo Perdiguero asegura que “no está determinada la vía de entrada ni la forma de distribución de esta droga. Es complicado concluir esta información. No existe un alijo decomisado”. Los esfuerzos de las autoridades, subraya, se centran en dos frentes: investigar cómo funciona la red de distribución y evitar que se desarrolle un mercado interno.

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Foto: DEA

Desde el pasado mes de julio, las autoridades estadounidenses han realizado más de 400 incautaciones de Carfentanil, una droga 10.000 veces más potente que la morfina que durante años fue investigada por su posible uso como arma química. El Carfentanil, un opioide sintético, es tan potente que cuando se usa para sedar elefantes, los veterinarios se protegen con mascarillas y guantes para evitar una intoxicación.

Las autoridades señalan a esta droga como la principal causante de cientos de sobredosis en diversas zonas de EEUU y Canadá. Incluso una sola gota caída en el ojo o la nariz de una persona podría ser letal, según relató a EFE el doctor Rob Hilsenroth, director general de la Asociación Estadounidense de Veterinarios de Zoológicos. Su uso se ha visto impulsado por un floreciente comercio de exportación desde China, al igual que ocurre con otras peligrosas drogas como el Fentanyl. El Carfentanil es una sustancia controlada en Estados Unidos, donde puede utilizarse legalmente para inmovilizar a animales grandes como elefantes. Pero no está controlada en China, principal fuente de los compuestos relacionados que terminan en Estados Unidos, Canadá y México, según la agencia antidrogas estadounidense, conocida como DEA. “Es un agujero que tiene que cerrarse, porque incluso pequeñas cantidades tienen un terrible efecto letal”, señaló Andrew Weber, ex secretario asistente de Defensa para programas de defensa nuclear, química y biológica. “Los terroristas podrían adquirirlo de forma comercial como hemos visto que hacen los traficantes de armas”.

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