El Subjetivo
Excrecencia de la libertad de expresión
Andrea Marmol / Excrecencia de la libertad de expresión
24.01.2017 “Cuántos deberían seguir el vuelo de Carrero Blanco”. Las palabras que publicó en Twitter César Strawberry, cantante del grupo ‘Def con Dos’, le han valido una condena de un año de prisión por los tipificados delitos de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas. La cita que abre corresponde sólo a una de las desafortunadas groserías que el rapero tuvo a bien compartir en lo que en aquel momento constituía para él un espacio público de discusión.

La primera descalificación que cabe hacer de quien se regocija en el júbilo que le provoca la muerte de otro ser humano va de suyo. La condición irresoluble del hombre permite que califiquemos de “humano” el sentir alegría ante la desgracia ajena, pero para diferenciarnos del resto de mamíferos creía que habíamos aprendido a no hacer gala de nuestras miserias. La civilización tiene mucho que ver con aprender cuánto de nosotros mismos nos conviene dejar de mostrar en público.

En una sobremesa, cualquier comentario vejatorio a propósito de la muerte de alguien tiende a generar incomodidad o bochorno. Pasado el filtro de las entrañas, por ingeniosa que sea la ocurrencia, nuestro fuero interno sanciona la risotada. Es una cuestión de decoro. Por eso no es baladí la toma en consideración de Twitter como un sucedáneo de la esfera pública de discusión, donde a las intervenciones se les debiera requerir que discurrieran por la senda del intercambio racional de argumentos. De hecho, que los mal llamados ‘chistes’ se produjeran en Twitter es uno de los elementos que la sentencia del Supremo tiene a bien considerar, por cuanto se estima la capacidad de propagación que la probable ofensa pueda tener al quedar expuesta ante un público muy numeroso.

Por supuesto, la sentencia ha contado con el rechazo de infinitud de comentaristas quienes, como yo, encuentran una desproporción entre los hechos y la condena final. Algunos hablan sin más del coto a la libertad de expresión y cuestionan la independencia de los jueces: yo sólo me atrevo a hablar de una percepción en calidad de ciudadana. Sin embargo, mi preferencia por ampliar la libertad de expresión antes que limitarla no es óbice para que aprecie en la sentencia cierta capacidad para actuar como un elemento disuasorio que evite la proliferación de este tipo de conductas ofensivas.

Si no condenables, los tuits del cantante de rap resultan abominables. Excrecencias, en fin, de la libertad de expresión, pero libertad de expresión al cabo. A la reprobación de los comentarios de Strawberry se han sumado casi tantos comentaristas como los que censuran la condena. Bien está. Lo que no está tan bien es que sea una sentencia de prisión la que nos tenga que llevar a señalar la obviedad del caso: que sólo un bruto o un desalmado se permite chotearse de la muerte de otro ser humano. Ejercer la ciudadanía responsable en las redes y dejar al gracioso de turno sin aplausos parece una sanción óptima para la próxima vez.

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