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Excrecencia de la libertad de expresión

Andrea Mármol

“Cuántos deberían seguir el vuelo de Carrero Blanco”. Las palabras que publicó en Twitter César Strawberry, cantante del grupo ‘Def con Dos’, le han valido una condena de un año de prisión por los tipificados delitos de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas. La cita que abre corresponde sólo a una de las desafortunadas groserías que el rapero tuvo a bien compartir en lo que en aquel momento constituía para él un espacio público de discusión.

La primera descalificación que cabe hacer de quien se regocija en el júbilo que le provoca la muerte de otro ser humano va de suyo. La condición irresoluble del hombre permite que califiquemos de “humano” el sentir alegría ante la desgracia ajena, pero para diferenciarnos del resto de mamíferos creía que habíamos aprendido a no hacer gala de nuestras miserias. La civilización tiene mucho que ver con aprender cuánto de nosotros mismos nos conviene dejar de mostrar en público.

En una sobremesa, cualquier comentario vejatorio a propósito de la muerte de alguien tiende a generar incomodidad o bochorno. Pasado el filtro de las entrañas, por ingeniosa que sea la ocurrencia, nuestro fuero interno sanciona la risotada. Es una cuestión de decoro. Por eso no es baladí la toma en consideración de Twitter como un sucedáneo de la esfera pública de discusión, donde a las intervenciones se les debiera requerir que discurrieran por la senda del intercambio racional de argumentos. De hecho, que los mal llamados ‘chistes’ se produjeran en Twitter es uno de los elementos que la sentencia del Supremo tiene a bien considerar, por cuanto se estima la capacidad de propagación que la probable ofensa pueda tener al quedar expuesta ante un público muy numeroso.

Por supuesto, la sentencia ha contado con el rechazo de infinitud de comentaristas quienes, como yo, encuentran una desproporción entre los hechos y la condena final. Algunos hablan sin más del coto a la libertad de expresión y cuestionan la independencia de los jueces: yo sólo me atrevo a hablar de una percepción en calidad de ciudadana. Sin embargo, mi preferencia por ampliar la libertad de expresión antes que limitarla no es óbice para que aprecie en la sentencia cierta capacidad para actuar como un elemento disuasorio que evite la proliferación de este tipo de conductas ofensivas.

Si no condenables, los tuits del cantante de rap resultan abominables. Excrecencias, en fin, de la libertad de expresión, pero libertad de expresión al cabo. A la reprobación de los comentarios de Strawberry se han sumado casi tantos comentaristas como los que censuran la condena. Bien está. Lo que no está tan bien es que sea una sentencia de prisión la que nos tenga que llevar a señalar la obviedad del caso: que sólo un bruto o un desalmado se permite chotearse de la muerte de otro ser humano. Ejercer la ciudadanía responsable en las redes y dejar al gracioso de turno sin aplausos parece una sanción óptima para la próxima vez.

Lee también la opinión de Víctor de la Serna:

ElSubjetivo_Versus_Victordelaserna

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Por qué deben importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania

Jorge Raya Pons

Foto: Stefanie Loos
Reuters

Las elecciones alemanas se celebran este domingo 24 de septiembre y es una de las citas electorales del año. La atención mediática es tímida en España y es difícil encontrar el motivo. Lo es si comparamos la cobertura que recibe en comparación con la carrera presidencial en Estados Unidos, el referéndum para salir de la Unión Europea en Reino Unido o la batalla entre el europeísta Emmanuel Macron y la euroescéptica Marine Le Pen en Francia.

Por esta razón, en The Objective lanzamos cinco preguntas y cinco respuestas para resolver no solo las claves sobre qué está en juego en Alemania, sino también para comprender por qué debe importarnos.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 1
Un cartel electoral en Berlín que pide el voto para Angela Merkel. | Foto:
Hannibal Hanschke/Reuters

¿Por qué estas elecciones merecen la atención de las estadounidenses o las francesas?

La respuesta a esta pregunta se puede solventar rápido: porque es la primera potencia europea y una de las economías más fuertes del mundo. Además, Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y miembro fundador de la revista Politikon, añade: “Es importante porque es un elemento fundamental del método de integración europea”. Simón resalta que estas elecciones son particularmente decisivas en un contexto turbulento por motivo del Brexit, tras el cual “se está reconfigurando el poder dentro de Europa”.

En este sentido, la fuerza del eje franco-alemán es clave y la sintonía entre la canciller actual y candidata Angela Merkel y su homólogo francés parece evidente. La unidad de las dos grandes fuerzas europeas es fundamental para el futuro de la Unión. “Estas elecciones llegan en un año electoral que se presentaba negro para la Unión Europea tras el éxito del Brexit e incluso de Trump”, explica Pilar Requena, corresponsal de TVE en Alemania, antigua profesora asociada de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y autora del libro La potencia reticente. La nueva Alemania vista de cerca (Debate). “La extrema derecha tanto de Francia como de Holanda e incluso de Austria se sintió envalentonada. Hubo peligro de que ganase en Holanda y de que ganase en Francia, pero al final no se ha producido. Nos encontramos ante un panorama nuevo en Europa con un posible impulso de la Unión Europea y también de la Eurozona, y tienen que celebrarse las elecciones alemanas para que eso ya sea efectivo”.

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Un manifestante sostiene un cartel donde se lee ‘Angie no, gracias’, durante un meeting del CDU en Fritzlar. | Foto: Kai Pfaffenbach/Reuters

¿Qué partido es el favorito en las encuestas?

Los últimos sondeos dan como clara vencedora a Angela Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su ala en Bavaria, la Unión Socialcristiana (CSU). “Merkel va a ganar por goleada”, anticipa Requena. De acuerdo con la encuesta publicada el pasado domingo por el diario Bild, Merkel lograría el 36% de los votos, por lo que se posicionaría 14 puntos por delante del Partido Socialdemócrata (SPD), encabezado por el ex presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, que obtendría el 22% de los votos.

La alarma llega con el que sería el tercer partido, según las encuestas: la extrema derecha de Alternativa por Alemania conseguiría el 11% de los votos. También obtendrían participación parlamentaria la izquierda de Die Linke (10%), los liberales del FDP (9%) y el ecologismo de Los Verdes (8%).

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Mariano Rajoy y Angela Merkel, en rueda de prensa. | Foto: Markus Schreiber/AP

¿Cómo afectaría a España y la UE la continuidad de Merkel?

Dado que la mayoría absoluta del CDU se da por descartada, la respuesta a esta pregunta tendría más que ver con las formaciones con las que decida aliarse Merkel. Simón cree que de repetirse una gran coalición –esto es, la unión de los democristianos y los socialdemócratas–, una hipotética vicepresidencia de Schulz permitiría una política menos restrictiva en materia económica a nivel europeo. En cambio, si el CDU se alía con los liberales –su socio natural– podrían endurecerse algunas exigencias, como el cumplimiento del déficit por parte de los Estados miembros. Requena agrega que, de la mano de Francia, Merkel empujaría hacia una gobernanza del euro y la unidad fiscal.

En cualquier caso, los dos expertos consultados coinciden en que España es vista con buenos ojos por parte de Merkel. “La sintonía entre Madrid y Berlín es total”, dice Simón. “Y lo es hasta cierto punto porque, pese a las pocas reformas estructurales que ha hecho el Gobierno de España, a Angela Merkel le conviene exhibir que hay un país del sur que cumple. Nos utilizan un poco –pese a que no hemos hecho gran cosa– para decir: ‘Veis cómo se pueden hacer cosas y volver a crecer y recuperarse’. Un poco para demostrar sus tesis. Nos beneficiamos de esa posición”.

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Una valla publicitaria del candidato socialdemócrata Martin Schulz. | Foto: Fabrizio Bensch/Reuters

¿Cómo afectaría a España y la UE una victoria sorpresiva de los socialdemócratas?

Requena responde con contundencia: “Esa posibilidad no existe”. Y continúa: “Se tendrían que equivocar de cabo a rabo las encuestas para que eso ocurriera. Es cierto que hay un número de indecisos mayor que en otras elecciones, pero no creo que lo estén tanto por los grandes partidos como por los pequeños. Remontar los 12, 13 ó 14 puntos que hay entre el CDU y el SPD es inviable”.

Además, incluye un factor profundamente cultural para que la hipótesis de un gobierno presidido por Schulz no se convierta en realidad: “No sería aceptable para los votantes alemanes que el que ha perdido con una diferencia de más de 10 puntos forme gobierno, aun si fuera posible matemáticamente”.

Simón cree que un gobierno de Schulz sería positivo: conllevaría una “suavización de las políticas en términos como los objetivos presupuestarios”. No obstante, recuerda que “las probabilidades de que se diera son tan bajas que no deberíamos preocuparnos demasiado”.

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Frauke Petry (derecha), candidata del partido ultraderechista Alternativa para Alemania, junto al excandidato Joerg Meuthen durante un acto de la formación en Stuttgart. | Foto: Wolfgang Rattay/Reuters

¿Hay un riesgo real de que la extrema derecha entre en el gobierno?

Todos los sondeos muestran que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania entrará en el Parlamento, y –como destaca Requena– esto no ocurre desde la II Guerra Mundial. De producirse la gran coalición, este partido quedaría como líder de la oposición. En cualquier caso, sostiene que Merkel nunca formaría gobierno con los radicales.

Simón, por su parte, argumenta que esta opción es “harto improbable”, recordando que la propia Merkel lo ha comunicado públicamente. “Es un partido importante que en algunos länder han sido segundo partido, pero en el ámbito estatal no se plantea como un socio viable”, dice Simón. “Si no hubiera un abanico de alternativas, pues a lo mejor podríamos plantearnos si Merkel es sincera o no cuando lo dice. Pero habiendo tantas alternativas…”.

Continúa leyendo: ¿Son realmente privados tus mensajes de Facebook Messenger? Descúbrelo y protégelos

¿Son realmente privados tus mensajes de Facebook Messenger? Descúbrelo y protégelos

Redacción TO

Foto: Eric Risberg
AP

Más de 1.000 millones de personas se comunican diariamente a través de la aplicación de mensajería de Facebook Messenger. El gigante de las redes sociales asegura que está tomando medidas para mantener segura la información privada de los usuarios. Pero, ¿son seguros realmente esos millones de mensajes? Vyas Sekar, miembro del laboratorio de ciberseguridad de la Universidad Carnegie Mellon de Pensilvania (Estados Unidos) y profesor de Ingeniería Informática, ha dado a la revista Time las claves para descubrirlo y proteger nuestras conversaciones.

¿Qué medidas de seguridad ha implantado Facebook?

La red social utiliza los mismos protocolos de seguridad que los bancos y las páginas web de tiendas, según la propia red social. Además, en Facebook aseguran que utilizan una protección adicional para frenar el spam y el malware. En 2016, la compañía de Mark Zuckerberg incorporó un filtro adicional de seguridad llamado “conversaciones secretas” que ofrece una encriptación similar a la que ya utiliza WhatsApp (también propiedad de Facebook): de extremo a extremo. Eso supone que los mensajes están cifrados desde el emisor hasta el receptor de manera que ni la propia red social puede tener acceso a ello. Sin embargo, mientras, esta opción de cifrado está activada por defecto en WhatsApp y otras apps como Signal, hay que activarlas manualmente en Facebook Messenger. Ese es uno de los primeros pasos necesarios para proteger la cuenta.

¿Se puede burlar la seguridad de Facebook?

“Es importante recalcar que todo puede ser hackeado“, ha dicho el experto en ciberseguridad. Sekar ha añadido que en ocasiones no cuenta solo la seguridad interna del cifrado, sino también si alguien puede tener acceso físico a los dispositivos. Esta última parte es la más importante, puesto que en el momento en el que dejamos que alguien tenga acceso físico al dispositivo la seguridad se puede ver gravemente comprometida con la instalación de una aplicación espía que de un acceso continuo a la información del teléfono o el ordenador, explica el experto.

¿Son realmente privados tus mensajes de Facebook Messenger? Así puedes descubrirlo
Conferencia de desarrolladores de Facebook en San José, California. | Foto: Noah Berger/AP

Otro punto débil son las contraseñas. Al contrario que apps como WhatsApp a las que se solo se puede acceder desde el teléfono del usuario, Facebook es una web con entrada por contraseña. “Para los hackers es posible utilizar herramientas de robo de contraseñas para entrar en la cuenta de Facebook de la víctima. Además, es muy frecuente que la gente dé en su perfil público suficiente información para encontrar la contraseña”, ha advertido Sekar. Por lo que, otro consejo: utilizar contraseñas elaboradas, los expertos recomiendan una mezcla de números, letras y signos, además de utilizar distintas combinaciones para cada red social, correo y aplicaciones.

Además, los hackers también pueden lanzar una aplicación falsa que imite a la interfaz de Facebook y Messenger, lo que implica que el usuario al intentar entrar con su propia contraseña está, en realidad, dándosela a terceras personas, ha avisado Sekar.

Entonces, ¿cómo puedo proteger mis mensajes?

Esta es la recopilación de consejos:

1. Activar el cifrado de extremo a extremo en Facebook Messenger.

2. Mantener el dispositivo físico seguro, con un código de acceso que solo el usuario sepa para entrar al terminar.

3. Poner contraseñas largas, con letras, números y símbolos, diferentes para el resto de cuentas.

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Vértigo

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: ANDREA COMAS
Reuters/File

Fue una imagen triste. El Pleno del Congreso de los Diputados rechazó este martes una proposición no de ley para cerrar filas en la defensa del Estado de derecho. Algunos señalaron la inconveniencia de la iniciativa planteada por Ciudadanos, y otros reprocharon a los socialistas su falta de arrojo para votar con populares y naranjas. No es el cometido de este artículo analizar las razones de una y otra posturas políticas, sino extraer conclusiones de ese desafortunado desencuentro que parece haber debilitado la acción constitucionalista en su misión de frenar el desafío independentista.

La primera de ellas tiene que ver con el alcance geográfico del problema secesionista. Hace ya muchas semanas que constatamos con dolor que, pasara lo que pasara en Cataluña en las próximas fechas, aquella sociedad y sus instituciones quedarían fracturadas y enfrentadas por largo tiempo. Ahora, esa quiebra amenaza con extenderse también al Parlamento nacional. Es cierto que la división no ha llegado a las calles de España, donde los ciudadanos siguen los acontecimientos con una mezcla distancia y desafección, pero la votación del martes ha puesto de manifiesto hasta qué punto el procés ha mediatizado a la cámara legislativa. Es como si ese eje centro-periferia que lleva décadas condicionando las elecciones autonómicas catalanas se hubiera trasladado al Congreso, afectando a la estrategia, el juego de alianzas y el equilibrio de fuerzas políticas, quién sabe si de forma permanente.

La segunda conclusión sugiere un viraje en las filas de la oposición. Aquella alianza moderada que hizo posible un pacto de gobierno, después frustrado, entre PSOE y Ciudadanos hoy sería irrepetible. Ambos partidos parecen haber derivado en oposiciones mutuamente excluyentes, tendencia que aleja la posibilidad de una alternativa al PP que pivote sobre el centro del espectro ideológico. El retorno de Pedro Sánchez al frente de la dirección socialista ha supuesto un desplazamiento hacia posiciones más escoradas a la izquierda, en un intento por recuperar a los votantes que se marcharon a Podemos en las últimas citas electorales, y una reacción casi alérgica a cualquier contacto con la derecha.

Con todo, los flujos de votos que se produzcan entre PSOE y Podemos no alterarán de forma sustancial el peso neto de la izquierda nacional parlamentaria. Así, una vez escenificada la ruptura con sus antiguos socios naranjas, es posible que Sánchez busque el apoyo de las formaciones independentistas para plantear una moción de censura con opciones de prosperar. Es posible también que ese apoyo tenga lugar a cambio de respaldar un gobierno tripartito en unas hipotéticas elecciones autonómicas, presidido por ERC y con PSC y Catalunya sí que es pot como socios comprometidos con la celebración de un referéndum pactado.

Por su parte, Podemos constituye un elemento de inestabilidad parlamentaria, habida cuenta de su carácter antisistema o semileal al sistema, y de su capacidad para condicionar la acción política. La formación no pudo acometer el desborde popular al que aspiraba en las pasadas elecciones y ha perdido apoyo social en los últimos meses. Íñigo Errejón atribuyó los límites electorales del proyecto populista a la ausencia de una crisis orgánica en España. Es decir, el descontento político y social no consiguió deslegitimar las instituciones democráticas, que continuaron contando con el respaldo y el reconocimiento de la mayor parte de los ciudadanos.

En este sentido, Podemos parece haber descubierto en el procés una ventana de oportunidad para desencadenar la anhelada crisis del sistema, y a este propósito parecen encaminadas sus acciones en el conjunto de España. Al mismo tiempo, la formación morada espera que las arriesgadas maniobras emprendidas por Pedro Sánchez y Miquel Iceta terminen por propiciar la ruptura del PSOE. Algo de eso se vislumbró también el pasado martes, cuando varios diputados socialistas rompieron la disciplina de partido para abstenerse en la votación de la iniciativa de Ciudadanos.

En resumen, la votación del pasado martes nos deja la imagen de un bloque constitucionalista dividido que ha de hacer frente a un independentismo sin fisuras. Estas diferencias dan cuenta de que la cuestión nacionalista no ha conseguido difuminar los matices del discurso político de los grandes partidos, pero también evidencian que el eje centro-periferia se ha instalado en el Congreso y que va a debilitar la respuesta común que exige el reto secesionista. Hace unos meses, despedíamos con optimismo un bipartidismo de décadas para dar la bienvenida a un pluralismo que creíamos moderado. Sin embargo, los últimos acontecimientos nos hablan de polarización y crisis orgánica. Nos hemos instalado en el vértigo.

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Choque de trenes

Gregorio Luri

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Una parte de Cataluña, convencida de que representa a la Cataluña genuina, ha decidido crear una situación constituyente para dar forma de Estado a lo que tiene por patria. No soy tan ingenuo como para no saber que las naciones suelen cubrir sus orígenes con un velo púdico, porque así como la moralidad surge con frecuencia de la inmoralidad, la legalidad más de una vez ha nacido de la ilegalidad. No estamos viviendo el primer intento histórico de crear un momento constituyente. Léase a Kelsen o a Schmitt.

Todo momento constituyente es un acto de violencia fundadora que no necesariamente ha de ser sangriento, pero que inevitablemente deja heridas, porque pretende instaurar un nuevo orden jurídico fuera del marco jurídico existente, precisamente porque éste último no contempla otro momento constituyente legítimo que el que de su autoconstitución. Es una apelación a la fuerza de los hechos para romper, de facto, con el orden jurídico que hasta ese momento se había acatado; un intento de crear un contrapoder capaz de impugnar la legalidad imperante por medios no legales para fundar así una fuente legítima de derecho. Se pretende, en suma, imponer la voluntad sobre la legalidad mediante el recurso de presentar a la primera como “voluntad popular”.

En agosto del 2011 Jordi Pujol advirtió: “cal que passi alguna cosa, ni que sigui en forma de xoc de trens, en els anys immediats”. La profecía se ha cumplido. Pero en la Europa actual a nadie le gusta ser señalado como el responsable de un choque de trenes o, de lo que es lo mismo, de un momento constituyente. Por eso hay que presentar verosímilmente el encontronazo como un acto de justicia e incluso como un deber moral. No lo crítico. Lo constato. También constato la torpeza del Estado que, no solamente ha ido siempre detrás de los acontecimientos sino que se muestra incapaz de desarrollar un discurso retórico y simbólico que pueda enfrentarse al discurso independentista. Parece carecer de recursos ideológicos para hacerlo, quizás porque lo que llaman “régimen del 78” los hijos mimados del mismo, sólo supo desarrollar un argumento absurdo para desmontar ideológicamente el nacionalismo vasco y catalán: criticar el nacionalismo.

Pierre Vilar recordaba que mientras Menéndez Pelayo inventaba a “España como ideología”, Michelet, en Francia, se sacaba de la chistera a “Francia como persona”. Quizás por eso cuando hemos querido saber qué era España nos hemos perdido en enigmas, problemas y “vividuras”, mientras que Rovira i Virgili o Soldevila creaban una historia nacional en la que “Cataluña es una persona, no un problema”.

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