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La excepción política francesa

Antonio García Maldonado

Francia es el país más singular de los grandes de Europa. La razón principal son los traumas nacionales que produjo su proceso de descolonización, especialmente la “herida argelina” por la que sangra desde que De Gaulle –contraviniendo sus promesas, e incluso el hecho que explica su llegada al poder– le concediera la independencia en 1962.

Desde entonces, Francia no ha dejado de preguntarse en su literatura, en su cine, en su debate público, por aquellos sucesos que marcarían, hasta hoy, su cultura política. Para luchar contra aquella decisión y espoleada por el resentimiento, nació la extremista y paramilitar Organización de l´Armée Secrète (OAS), que tuvo refugio especial en la Costa Azul, uno de los bastiones actuales del Frente Nacional. El FN es un partido-esqueje de aquella organización de exparacaidistas que intentó matar en varias ocasiones al presidente, entre ellas en 1963 en el atentado fallido con el que se abre la mítica Chacal (1973), de Fred Zinnemann.

Aquella división entre franceses de la metrópoli, pied-noirs y árabes siguió parcialmente en pie, pero a medida que los pied-noirs se decantaban por una cultura francesa y europea, el cemento que unía a los franceses de origen árabe con el resto de la sociedad se fue erosionando, con la ayuda inestimable de una política que, lejos de favorecer la integración, fomentó la creación de guetos en las banlieues. Así se llegó a la fractura social que los recurrentes estallidos de violencia nos recuerdan cada semana. Francia no digirió bien la descolonización de lo que ellos consideraban un departamento más, se replegó en sí misma y, como si el corte hubiera sido radical, dejó de prestar atención a los árabes a los que alguna vez había pretendido sumar a la Grandeur. Parte de Francia no reconoce legitimidad a la otra, lo que lleva a que los procesos de radicalización islámica hayan encontrado en Francia terrero fértil en los barrios empobrecidos o en muchos inmigrantes de tercera generación que no tienen ningún sentimiento de pertenencia.

Por eso hay que ser muy cautos a la hora de encuadrar a Francia en la ola populista reaccionaria. Sin duda, la fuerza de Le Pen no sería la misma en otro momento político más alegre, pero la cepa del virus extremista lleva al menos cinco décadas en Francia, amenazando recurrentemente con dar la campanada. Que Le Pen padre pasara a la segunda vuelta de las presidenciales de 2002 (en medio de los años felices, no en plena austeridad) muestra hasta qué punto la lógica francesa no está siempre relacionada con la de otros países occidentales. Por suerte para ellos, es tan imprevisible que es capaz también de producir a un Macron, el auténtico candidato gaullista de estas elecciones en su llamada republicana al rassemblement ajeno a los partidos.

Algunas claves sobre el Brexit

Redacción TO

Foto: YVES HERMAN
Reuters

La notificación oficial por parte de Reino Unido a sus todavía socios de la Unión Europea de abandonar el bloque, ha puesto en marcha este miércoles un mecanismo hasta ahora desconocido en la historia de la UE, acostumbrada a realizar ampliaciones desde su creación en 1957. Han pasado 40 años desde que Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, Francia y Luxemburgo pusieron en marcha una comunidad europea que en la actualidad cuenta con 28 socios.
La Unión Europea ha protagonizado seis ampliaciones y ningún abandono hasta ahora, con la invocación del artículo 50 del Tratado de Lisboa y el envío de la carta formal del gobierno británico a Bruselas que pone en marcha oficialmente el Brexit, la desconexión del Reino Unido, y un proceso de negociaciones que durará dos años como máximo.

La promesa del referéndum

Reino Unido ha mantenido desde que se integró en la UE el 1 de enero de 1973 una relación en el que no han faltado los desencuentros con el bloque que ha provocado la desconfianza mutua y el aumento del número de euroescépticos entre los ciudadanos británicos, según las encuestas publicadas durante años.

En el ámbito político, el pistoletazo de salida del Brexit lo inició en 2013 David Cameron. El entonces primer ministro del Partido Conservador se comprometió a celebrar un referéndum antes de 2018 sobre la permanencia o salida del Reino Unido de la UE si ganaba las elecciones en mayo de 2015. El Partido Conservador ganó los comicios con mayoría absoluta y en septiembre el parlamento autorizó la convocatoria de una consulta popular.

Resultado inesperado

El prometido referéndum se celebró el 23 de junio de 2016. El gobierno de Cameron protagonizó una campaña a favor de la continuidad de Reino Unido en una Unión Europea “reformada” que, confiaba, calara entre los ciudadanos tal y como apuntaban las encuestas, que daba una estrecha victoria a los defensores de permanecer en Europa. Ni el gobierno británico ni la Unión Europea imaginaron que el referéndum lo ganaría la opción del Brexit, que se impuso con un 51,9% de los votos al 48,1% de quienes votaron a favor de seguir en la UE.

Por regiones, en Inglaterra se impuso la opción del Brexit con un 53,4% frente al 46,6%. También Gales votó a favor de la desconexión (52,5% contra 47,5%). Escocia votó mayoritariamente a favor de la permanencia con un 62% frente al 38%. También en Irlanda del Norte ganó el no al Brexit aunque por una diferencia menor (55,8% frente al 44,2%).

La sociedad británica quedó dividida y tras el referéndum se han sucedido las manifestaciones a favor y, sobre todo, en contra del Brexit.

Claves para entender el Brexit 1
Portada de un periódico con el anuncio de la dimisión de Cameron tras perder el referéndum | Foto: Matt Dunham / AP Photo

Para los que defienden la salida de la UE, el principal argumento es que el bloque impone muchas exigencias que perjudican los negocios británicos y, sobre todo, los euroescépticos consideran que Reino Unido paga una contribución económica muy alta por pertenecer al bloque y recuperar el control de la fronteras, además de reducir el número de inmigrantes que llegan al país.

Theresa May

La derrota de la opción defendida por David Cameron le llevó a anunciar su dimisión el mismo día del referéndum, aunque no se hizo efectiva hasta julio, cuando la titular de Interior, Theresa May, es proclamada líder del Partido Conservador, pese a haber defendido la permanencia en la UE aunque manteniendo un perfil bajo durante la campaña. Dos días después, el 13 de julio, Cameron presenta su dimisión a la reina Isabel II y May recibe el encargo para formar Gobierno.

Empiezan entonces a tomarse las primeras decisiones  para cumplir con el mandato de los ciudadanos, empezando por el nombramiento de David Davis como ministro encargado de negociar la salida del país de la UE. May deja claro desde el primer momento que “Brexit means Brexit”, y, por tanto, que Reino Unido dejará de formar parte de la Unión Europea, y por tanto del Mercado Único y de la Unión Aduanera. Se compromete a iniciar el proceso antes de finales de marzo de 2017, como así ha sido, después de cumplir con la obligación del Tribunal Superior de Londres de consultar al Parlamento británico antes de activar el Brexit, tras perder el recurso presentado contra esta decisión.

La libre circulación de los ciudadanos europeos es la principal preocupación para Reino Unido y la Unión Europea 

El pasado mes de enero el Gobierno presentó el ‘Proyecto de ley de la Unión Europea (Notificación para la retirada)’ para invocar el artículo 50 y lo somete a debate y votación en la Cámara de los Comunes que el 8 de febrero aprueba la ley del Brexit con 494 votos a favor y 122 en contra. El texto pasa a la Cámara de los Lores que da su visto bueno con la inclusión de una enmienda para “garantizar los derechos de los ciudadanos comunitarios que viven en Reino Unido”, uno de los temas que más preocupan. El proyecto es aprobado definitivamente por el Parlamento el 13 de marzo y tres días después es sancionado por la reina, dando luz verde al Gobierno de Londres a comunicar a Bruselas su decisión de activa la salida del Reino Unido de la UE.

El artículo 50

Mucho se ha hablado del artículo 50 y su vinculación con el Brexit. Incluido en el Tratado de Lisboa suscrito por los Estados miembros en 2009, establece el mecanismo formal para que un país de la UE pueda abandonar el grupo con la exigencia de que, una vez activado, el proceso finalice antes de los dos años desde su invocación.

¿Y ahora qué?

Existen muchas incertidumbres sobre lo que va a pasar a partir de ahora y cómo y en qué términos se van a llevar las negociaciones para el proceso que ponga fin a la presencia de Reino Unido como socio de la UE. Ambas partes deben establecer las bases de dicha negociación y cómo se articularán las relaciones entre ambas partes. Las autoridades de la Unión Europea ya han dicho que quieren empezar abordando el espinoso tema de la factura que supondrá para Reino Unido abandonar el grupo y que cifra en 60.000 millones de euros.

Tras la notificación formal de la invocación del artículo 50, se sentarán las bases para comenzar la histórica negociación. Está previsto que el 29 de abril, la UE ofrezca una respuesta formal a la iniciativa de Reino Unido en la cumbre de jefes de Estado y del Gobierno que, por primera vez se celebrará con 27 miembros, ya sin Reino Unido.

El tema que más preocupa a ambas partes es la libre circulación de los ciudadanos. May ya expresó en su momento su deseo de “garantizar los derechos de los ciudadanos de la Unión Europea residentes en Reino Unido y los de los británicos que se encuentran en otros países” del bloque “lo antes posible”. Algo en lo que coincide con los estados miembros.

Desde Bruselas se ha insistido en que la salida de Reino Unido no será un castigo pero está claro que el ex socio quedará en una situación de desventaja en muchos aspectos con respecto al resto de los países del grupo. La UE teme el efecto dominó si las negociaciones benefician a los intereses de Reino Unido.

“Queremos un Brexit fluido y tranquilo”, ha declarado Theresa May durante su intervención en el Parlamento británico tras invocar el artículo 50. “Habrá consecuencias para Reino Unido, sabemos que perderemos influencia”, ha admitido, “pero nos acercamos a una posición de cooperación sincera a la negociación”, ha añadido. Reino Unido quiere seguir siendo amigo de la UE y ambas partes deben salir beneficiadas de este proceso, ha indicado.

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La primera ministra Theresa May firma la invocación del artículo 50 para iniciar el proceso del Brexit | Foto: Christopher Furlong / Reuters

Cortos imprescindibles que ver en Vimeo

Redaccion The Objective

Foto: Stephane Mahe
Reuters

Logran el máximo impacto en el mínimo de tiempo, sintetizan lo complejo eliminando toda impureza innecesaria y ofrecen la droga que es el cine en una poderosa píldora de efecto inmediato. Así son los buenos cortos, e internet está plagado de ellos.

Para disfrutar del buen cine no hace falta pagar, salir de casa, ni siquiera disponer de tiempo. La cantidad y calidad de cortometrajes disponibles online aumenta cada segundo, y aunque en su gran mayoría continúan siendo invisibles para el público amante de los blockbusters, también son el indispensable caldo de cultivo que ve emerger a grandes directores de cine independiente.

A pesar de lo limitado de sus presupuestos, un sistema de distribución en salas que roza lo inexistente y la creencia generalizada de que sean un género menor, los cortometrajes demuestran una buena dosis de pasión, talento e intensidad audiovisual pueden llegar a suponer una oferta irrechazable.  Para demostrarlo, aquí una lista de cortometrajes disponibles en Vimeo que no dejan indiferente a nadie.

La Huida | Víctor Carrey

Seleccionado en más de 200 festivales y con 80 galardones en su poder, La Huída expone con agilidad diferentes puntos de vista sobre una misma narración en poco más de 10 minutos. Un corto imprescindible de la filmografía patria.

Pipas | Manuela Burló Moreno

Comedia española en estado puro. Ganador de los premios al mejor Guión y a la mejor dirección en la XI Edición del Notodofilmfest y nominado a los premios Goya 2014, Pipas ha pasado de ser un sencillo corto a convertirse en todo un clásico.

Odessa | Cidney Hue

Antes de embarcarse en un viaje de 135 años al lejano planeta Odessa, la astronauta de la misión pasa su última noche en Nueva York.  Bajo la emocionante anticipación del descubrimiento, la nostalgia de un mundo a punro de dejarse atrás.

‘Bla Bla Bla’ | Alexis Morante

“Compartir coche es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar” y si no que se lo digan a cualquier persona que haya compartido trayecto en BlaBlaCar.  El que fue uno de los cortometrajes nominados a los Premios Goya 2017, logra condensar en 3 minutos y medio buenas dosis de humor, crítica, drama y suspense.

Mother | Morgan Jouquand

Las imágenes más espectaculares de la Tierra  en apenas unos minutos. Placer visual a borbotones.

La Ruta Natural | Álex Pastor

Ganador del Festival de Sundance hace ya una década, un cortometraje plagado de significativos detalles y narrativa magistral, previo a la incursión de Álex Pastor en el largo.

Que pase la siguiente generación

Cristian Campos

Foto: Manu Fernandez
AP Photo
De los asaltantes de la sede del PP en Barcelona sorprende, además de la carencia absoluta de sentido de la melodía con la que cantan, su juventud. Sorpresa relativa, porque cantar bien es difícil y requiere esfuerzo. En cuanto a la juventud, es un indicador estadístico infalible de vejez prematura. Con el tiempo casi todos rejuvenecemos intelectualmente para acabar votando conservador como pimpollos, pero a mayor cercanía a los potitos Nutribén mayor simpatía ontológica por Iglesias, Colau, Maduro, Castro, los nacionalismos, el socialismo y demás rebañaduras ideológicas de lo más vetusto del siglo XX.
El caso es que hacía al menos cincuenta o sesenta años que no gozábamos de una generación perdida como la de aquellos que ahora rondan la veintena. Si políticamente son una generación banal, hipersensible y victimista, unas plañideras de mesa camilla y vaso de Cola Cao, culturalmente son intrascendentes.
Los cabezas de cartel de sus festivales de música rondan la edad de jubilación. El trap, probablemente el culmen de su malotismo, le sonaría beato a cualquier cantante folk de los años sesenta, no digamos ya a los Ice-T y NWA de los años ochenta. No compran libros y cuando lo hacen resultan ser los de Marwan, Rayden y Defreds, lo más cerca que la poesía estará jamás de las tazas motivacionales de Mr. Wonderful. Cinematográficamente no se les conoce una sola idea original, un solo director a seguir, un solo ramalazo de talento que invite a pensar que quizá, ojalá, si acaso, tal vez, haya por ahí algo que rascar. Sólo Chazelle y Dolan se salvan de la quema, y sólo el segundo de ellos es lo que podría denominarse un director “generacional”. Sus youtubers son, en el mejor de los casos, interesantes como fenómeno antropológico y poco más.
Su moda es intrascendente y no surge espontáneamente de la calle o de tendencias políticas,  intelectuales, musicales o literarias sino de los intereses comerciales de la marca de moda de turno. Su egocentrismo y su narcisismo los convierten en desesperados attention whores cuya autoestima depende del número de me gusta que reciba su última foto en las redes sociales. Su uso de la tecnología es alienante, gregario e impersonal. Sus aplicaciones de ligoteo, un mercado de carne que convierte en vanguardistas a los autobuses cargados de mujeres solteras que de vez en cuando llegaban a tal o cual villorrio solitario de la España profunda con gran alharaca de los labriegos locales, de la prensa regional y de Televisión Española. Un chollo para los departamentos de marketing de la multinacional de turno, que los prefiere acríticos, uniformados y apelotonaditos.
Sus principales reivindicaciones en el terreno educativo se basan en peregrinas teorías pedagógicas que ya sonaban pánfilamente caducas en 1970. Eso cuando no se limitan a demandar menos exámenes y exigencia con una visión de la realidad que convierte a los defensores de la ley del mínimo esfuerzo y de la teoría de la ciencia infusa en severos calvinistas. Ideológicamente son pasto fácil de las políticas de la identidad, probablemente la superstición más individualista, disgregadora y egoísta de todas las que tenemos el privilegio de disfrutar en la actualidad. Su desconocimiento y desprecio de la ciencia es deprimente.
Parecen obsesionados con sus genitales y sus apetencias sexuales, esas que a nadie más que a ellos le importan un soberano pimiento, hasta el punto de convertirlas en rasgos definitorios, esenciales y sustanciales de su persona. Suelen describirlas con decenas de siglas y acrónimos por cuya pureza y ortodoxia discuten entre ellos hasta el delirio.
Cuando dejan de despellejarse entre sí por el dogma de fe de turno, organizan multitudinarias orgías de pensamiento gregario en las redes sociales. Los medios los llaman “linchamientos” pero no son más que botellones del miedo y el apocamiento, que ellos disimulan amenazando a todo aquel adulto que osa elevar su pensamiento por encima del simplismo del quinceañero medio. Su carencia de herramientas válidas para lidiar con la realidad los convierte en pasto fácil de aprendices de cacique, empresarios del sector de la cultura y populismos varios.
Son grandes devotos de los conceptos del safe space y el apropiacionismo cultural y con eso está todo dicho.
Que pase la siguiente generación, que esta ha salido defectuosa.

Las 7 mejores cabeceras de serie de la historia

Redacción TO

Foto: Adam Arkapaw
HBO

Aunque puede que muchas personas pasen por alto estas cabeceras, consumidos por la impaciencia, hambrientos de más episodios, algunas de ellas son obras maestras en sí mismas. La mayor parte de la selección corresponde a series de la última década, salvo por una honrosa excepción. Y aunque otras grandes cabeceras han quedado fuera, esta es sin duda una muestra representativa de la deslumbrante creatividad de las series televisivas norteamericanas, con las productoras Netflix y HBO a la cabeza.

A continuación, la lista:

True Detective (Temporada 1):

La serie de un macabro crimen por resolver es absorbente desde los títulos de crédito. Esta superposición de capas con vistas a escenas de vicio y paisajes de Lousiana sugiere un clima oscuro que luego se reafirma en este guión extraordinario de Nic Pizzolatto. La melodía de Far from any road, de The Handsome Family, hace el resto.

Stranger Things:

Los sintetizadores del opening consiguen ponernos los pelos de punta. Las aventuras de estos niños de Hawking, que habitan el pueblo remoto de Hawkins (y, según parece, otros territorios más hostiles), cohabitan a la perfección con la música de Survive, pero también con canciones que trasladan a otra época: Jefferson Airplane, The Clash, Echo & Bunnymen, Joy Division…

BoJack Horseman:

Esta no será probablemente una elección justa; se trata de la única serie de animación de la lista. Pero BoJack Horseman tiene un espíritu que la hace especial, con esa nostalgia de actor deprimido y venido a menos que se recluye en el alcohol y las drogas y las fiestas salvajes en una mansión que preside una colina de Hollywoo (así, sin la D). La música es obra de Patrick Carney. Ajá, el batería de los Black Keys.

Los Soprano:

El recorrido de Tony Soprano, puro en mano, hasta las calles de Nueva Jersey, bordeando la grandilocuente Nueva York, como diciendo ‘Estas son mis calles, aquí mando yo’. Una serie que marcó a una época y a una generación y que imprime su esencia en esta cabecera, donde resulta imposible no reconocer la canción Woke up this morning, de Alabama 3.

“…and mama always said
you’d be the chosen one”.

Mad Men:

Apenas supera el medio minuto y parece revelar un final anticipado, con Don Draper, el protagonista, descendiendo a los infiernos o, simplemente, lanzándose por la ventana. En cualquier caso, es una de las cabeceras más evocadoras que se haya visto y la canción A beautiful mine, de RJD2, acompaña en la travesía.

Vinyl:

El polvo del vinilo y la cocaína y los escenarios locos del rock and roll de los setenta visitados desde las entrañas en esta serie que no llegó muy lejos a pesar de tanta creatividad desbordante. Mick Jagger, Martin Scorsese, Terence Winter y Rich Cohe apostaron bien fuerte por ella, pero no fue suficiente. La canción Sugar Daddy, de Sturgill Simpson, es la dignísima antesala de lo que está por venir.

Breaking Bad:

Si algo puede decirse de esta cabecera es que va al grano, sin florituras. Es ingeniosa y creativa, un viaje breve por la tabla periódica que reúne la vida y muerte de esta serie que ha convertido la Química (y la metanfetamina) en temas casi ordinarios. La música, aunque simple, se instala en tu cabeza y no te abandona y, tras el episodio final, se convierte en algo más que una sintonía. La compuso, por cierto, Dave Porter.

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