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La excepción política francesa

Antonio García Maldonado

Francia es el país más singular de los grandes de Europa. La razón principal son los traumas nacionales que produjo su proceso de descolonización, especialmente la “herida argelina” por la que sangra desde que De Gaulle –contraviniendo sus promesas, e incluso el hecho que explica su llegada al poder– le concediera la independencia en 1962.

Desde entonces, Francia no ha dejado de preguntarse en su literatura, en su cine, en su debate público, por aquellos sucesos que marcarían, hasta hoy, su cultura política. Para luchar contra aquella decisión y espoleada por el resentimiento, nació la extremista y paramilitar Organización de l´Armée Secrète (OAS), que tuvo refugio especial en la Costa Azul, uno de los bastiones actuales del Frente Nacional. El FN es un partido-esqueje de aquella organización de exparacaidistas que intentó matar en varias ocasiones al presidente, entre ellas en 1963 en el atentado fallido con el que se abre la mítica Chacal (1973), de Fred Zinnemann.

Aquella división entre franceses de la metrópoli, pied-noirs y árabes siguió parcialmente en pie, pero a medida que los pied-noirs se decantaban por una cultura francesa y europea, el cemento que unía a los franceses de origen árabe con el resto de la sociedad se fue erosionando, con la ayuda inestimable de una política que, lejos de favorecer la integración, fomentó la creación de guetos en las banlieues. Así se llegó a la fractura social que los recurrentes estallidos de violencia nos recuerdan cada semana. Francia no digirió bien la descolonización de lo que ellos consideraban un departamento más, se replegó en sí misma y, como si el corte hubiera sido radical, dejó de prestar atención a los árabes a los que alguna vez había pretendido sumar a la Grandeur. Parte de Francia no reconoce legitimidad a la otra, lo que lleva a que los procesos de radicalización islámica hayan encontrado en Francia terrero fértil en los barrios empobrecidos o en muchos inmigrantes de tercera generación que no tienen ningún sentimiento de pertenencia.

Por eso hay que ser muy cautos a la hora de encuadrar a Francia en la ola populista reaccionaria. Sin duda, la fuerza de Le Pen no sería la misma en otro momento político más alegre, pero la cepa del virus extremista lleva al menos cinco décadas en Francia, amenazando recurrentemente con dar la campanada. Que Le Pen padre pasara a la segunda vuelta de las presidenciales de 2002 (en medio de los años felices, no en plena austeridad) muestra hasta qué punto la lógica francesa no está siempre relacionada con la de otros países occidentales. Por suerte para ellos, es tan imprevisible que es capaz también de producir a un Macron, el auténtico candidato gaullista de estas elecciones en su llamada republicana al rassemblement ajeno a los partidos.

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Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Museo Guggenheim Bilbao

El 19 de octubre de 1997 abrió sus puertas al público el Museo Guggenheim Bilbao,  tras la inauguración oficial el día anterior por el rey Juan Carlos. Un proyecto ambicioso situado junto a la ría de la capital vizcaína, una ciudad de Euskadi principalmente industrial que hasta entonces vivía un poco de espaldas al turismo, más allá de su excepcional oferta gastronómica. Veinte años después, sin duda, queda la esencia de sus gentes y, por supuesto, su oferta gastronómica, pero su transformación ha sido tal que la ciudad puede estar orgullosa de ser uno de los destinos turísticos por excelencia, con visitantes procedentes de todas partes del planeta. El Museo Guggenheim tiene mucho que ver con esa transformación de Bilbao, pero también la acción de las instituciones que se pusieron manos a la obra para que el emblemático edificio de Frank Gehry contara con un entorno y unas infraestructuras acordes al museo. Como así ha sido.

“El museo es, quizá, lo más representativo, como el barco tractor de esta transformación, pero no es lo único, ya que ha habido una apuesta firme por parte de las instituciones que dijeron ‘a ver, aquí hay que pensar en un plan para el futuro porque si no esto se nos cae a pedazos’. Todas estas acciones del metro, el tranvía, la regeneración de toda esta zona de la ría como eje vertebrador de la ciudad, el Palacio Euskalduna, los nuevos puentes, ahora el aeropuerto…todo tiene un sentido porque, si no, seguramente el museo no habría funcionado tan bien – si una persona que viene de Japón, ve el museo por dentro y dice qué maravilla, pero fuera ya no hay nada más, no vuelve. Aquí ha habido también siempre una oferta gastronómica pero hacía falta como un repaso general para que las referencias sean buenas”, nos comenta Begoña Martínez Goyenaga, subdirectora de Marketing y Comunicación del Museo Guggenheim Bilbao, en conversación telefónica.

Celebraciones durante todo el año

En el famoso bolero Volver, Carlos Gardel cantaba “que veinte no es nada”, pero si echamos la vista atrás, podemos decir que veinte años dan para mucho. En el caso del Museo Guggenheim Bilbao han sido dos décadas frenéticas de superación constante, de ofrecer lo mejor y con un estilo muy distinto a otros museos. Sus responsables han apostado por esa capacidad para asombrar para celebrar sus primeros veinte años de vida y, en este sentido, han querido que este 2017 se un año de conmemoración.

“Llevamos celebrando los 20 años a lo largo de todo el año y lo hemos abordado desde tres áreas diferentes”, explica Martínez Goyenaga. “Por un lado, a través de la programación artística, que este año ha sido muy dinámica y de muy alta calidad a lo largo de todo el año, con exposiciones muy fuertes. Por otro lado, desde el punto de vista de educación y divulgación tenemos el programa TopARTE, que consiste en buscar alianzas con otras entidades culturales del entorno. Por ejemplo, el museo cede sus espacios gratuitamente, el auditorio u otros espacios a entidades del mundo de la música, de la danza, del teatro, de la gastronomía…a todas las disciplinas del ámbito de la cultura en el sentido más amplio, y hemos tenido espacios del museo para que otras disciplinas hayan podido realizar y mostrar su trabajo. Hubo una muy buena respuesta, se presentaron un montón de proyectos y de una gran calidad. De hecho, ha sido tan positiva la experiencia que se va a extender en el tiempo y vamos a repetir el año que viene”.

“En tercer lugar, ha habido unos eventos de celebración con la ciudadanía durante el mes de octubre, en particular, durante la semana pasada. La estrella o plato fuerte ha sido Reflections, un espectáculo que se celebró entre el miércoles y el sábado pasados. La valoración que hacemos es tremendamente positiva porque se han acercado más de 300.000 personas a verlo a lo largo de los cuatro días; ha gustado muchísimo y la opinión de la gente es que ha merecido mucho la pena ver el museo de esta manera tan innovadora y de forma virtual”, comenta entusiasmada la subdirectora de Marketing y Comunicación.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 2 Espectáculo de luz y sonido como parte de los actos conmemorativos. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 3 Reflections tuvo una gran acogida por parte del público. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

“El lunes pasado también se celebró otro evento- Chasmata – en el auditorio en el que se aunaba arte y ciencia. Es uno de los eventos de los cuales el museo se siente más orgulloso que se hizo en colaboración con la Agencia Espacial Europea, que nos aportó un montón de material para hacer posible la sonorización de lo que ellos han logrado a lo largo de los años a través de sus ondas espaciales, se ha convertido en música”.

Otras iniciativas han sido Dibujando el Museo, donde el público podía hacer dibujos de sus rincones favoritos, postearlos y compartirlos en redes, con los públicos de los Museos Guggenheim de Nueva York y Venecia.

Este miércoles se celebra la cena de gala anual con artistas, patronos y personalidades para conmemorar que hace veinte años el rey Juan Carlos inauguró el museo y, un día después se abrió al público. Un público en el que se ha volcado el Guggenheim Bilbao en las celebraciones, con “Reflections como plato fuerte; ha sido mucho trabajo, con un resultado espectacular y estamos muy contentos porque la ciudadanía así nos lo ha transmitido”.

Transformación

Nos detenemos en un apartado que bajo el epígrafe ‘Transformación’ englobada la frase “El arte lo cambia todo”. Frase clave de lo que es, de lo que significa el Museo Guggenheim Bilbao, como nos comenta su responsable de Marketing y Comunicación.

“Efectivamente, es una de las claves del museo. Me parece maravilloso que un museo sea capaz, tenga la fuerza suficiente como para transformar una ciudad, para cambiar la forma en que es percibida. Pasar de un pasado industrial a darle un nuevo rumbo y que todo haya salido tan bien. También porque creemos firmemente en la capacidad del arte para cambiar a las personas y, a lo grande, a la propia ciudad; ha cambiado para bien la ciudad, para ser más amigable, más interesante de cara al público que viene. También en esta frase queremos destacar la capacidad que tiene el arte para cambiar la forma de mirar, para que uno mismo sea más abierto, más cosmopolita; afrontar esos retos, esos desafíos que presenta el arte que a veces es incómodo, con esa respuesta del público. Nos parece que la frase define muy bien lo que ha pasado aquí y lo que sigue pasando y lo que tiene que seguir pasando”.

“Creemos firmemente en la capacidad del arte para cambiar a las personas y, a lo grande, a la propia ciudad”.

En Transformación, lo que el museo hizo fue una exposición fotográfica en la parte que da a la ría con paneles con imágenes del pasado, desde finales del siglo XIX hasta llegar al momento actual. “Sacamos esas mismas fotos desde el mismo punto de vista, desde la misma perspectiva, mostrando claramente qué transformación tan brutal ha habido, de pasar un poco de esas montañas, de los contenedores del puerto, ahora, a ver no sólo el museo en el mismo sitio, sino también los árboles, el paseo, las bicicletas, los niños…en una zona que antes era inviable porque estaba totalmente degradada.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 5 Mamá, la escultura con forma de araña de la artista Louise Bourgeois. |Foto: Museo Guggenheim Bilbao

La serie de fotografías es el resultado del trabajo de documentación llevado a cabo en los fondos fotográficos del Archivo Municipal de Bilbao, el Museo Vasco, la Autoridad Portuaria de Bilbao y los fotógrafos locales Mikel Alonso y Fede Merino, y completado por la réplica de esas mismas fotografías tomadas en la actualidad y desde cada enclave exacto.

Balance

El Museo Guggenheim desde el principio, desde que abrió sus puertas ahora hace veinte años, ha tenido el favor del público y la atención de la prensa nacional e internacional. “Desde el principio, ha sido capaz de generar una atención y una expectación capaces de atraer un millón de personas al año en una ciudad como Bilbao, que nunca antes había sido turística, con lo cual, nos puso en el mapa internacional hace veinte años”, cuenta Martínez Goyenaga.

Le preguntamos qué destacaría de estas dos décadas. “Lo que más destacaría es que veinte años después, hemos sabido y conseguido mantener ese pulso de atención; seguimos en las mismas cifras de más de un millón de visitantes al año y para una ciudad como Bilbao que tiene como 300.000 habitantes es una burrada. No es Londres, no es París, no es Madrid, con lo cual, haber sido capaces de haber mantenido una programación artística muy exigente, de mucha calidad y muy dinámica”.

“Veinte años después seguimos en las mismas cifras de más de un millón de visitantes al año”.

El museo, añade, se transforma “varias veces al año de arriba abajo para ofrecer exposiciones que aporten, además, una mirada propia porque así lo permiten los espacios de este museo; si por fuera es espectacular, por dentro todavía es más versátil y tiene unas posibilidades que permiten que cada exposición sea diferente, encuentre su lugar y siempre nuestro objetivo es presentar una propuesta muy única”.

Gracias a ese trabajo, a ese esfuerzo diario de quienes trabajan aquí, “veinte años después hemos seguido manteniendo esa gente que viene a ver el museo, una vez pasada la moda, digamos, de sus inicios de acudir al ver el edificio fantástico de Frank Gehry, siendo capaces de estar en esa pelea diaria sin desgaste y con tan buenos resultados, que hacemos una valoración tremendamente positiva”.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 6 Un detalle del interior del museo. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

Los responsables del museo se sienten muy satisfechos porque han cumplido las expectativas, pero “no nos quedamos con eso”, subraya Begoña. “Somos muy conscientes de que seguiremos atrayendo la atención del público y las buenas críticas que estamos teniendo en la medida en que seamos capaces de seguir sorprendiendo, de seguir ofreciendo algo único al que viene a visitar el museo. Así que, satisfechos sí, pero ya mirando al futuro con las próximas exposiciones, trabajando un montón con mucha ilusión y con esa satisfacción de tener la confianza del público y el interés demostrado durante todos estos años”.

“Yo creo que la clave veinte años después, es seguir apostando por ser muy ambiciosos con la programación, con el diseño de las exposiciones, porque no queremos que sea igual a lo que ya se hizo en otro sitio, trabajamos siempre para sacarle esa chispa que nos da el museo para que sea único”.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 4 Puppy, la popular mascota del museo. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

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Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista

Anna Maria Iglesia

Foto: DANIEL AGUILAR
Reuters

El legado de Leonora Carrington, artista surrealista británica, no solo está compuesto por una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX, sino también por textos de indudable interés, entre ellos uno de los más importantes es Memorias de Abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora publica Alpha Decay con prólogo de Elena Poniatowska.

“¡No admito su fuerza, el poder de ninguno de ustedes, sobre mí. Quiero ser libre para obrar y pensar; odio y rechazo sus fuerzas hipnóticas!”, se rebeló de pronto Leonora Carrington al doctor Luis Morales, bajo cuya supervisión médica estaba recluida en el sanatorio mental de Santander. Pocos meses antes, Max Ernst, había sido detenido por la República de Vichy. De origen judío y vinculado a la resistencia, Ernst fue detenido en su casa de Saint Martin d’Ardèche, donde vivía con una jovencísima Leonora, una joven inglesa llamada a ser una de las pintoras más relevantes del surrealismo. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, lo cambió todo: Ernst terminó detenido en el campo de concentración de Les Milles,  en la República de Vichy, y Leonora encerrada en una clínica psiquiátrica en Santander.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista 1

Los gritos de Leonora, reclamando su libertad, retumbaban en la clínica santanderina el agosto de 1940. Tan solo unas semanas antes, la pintora había sido obligada por su padre a un internamiento forzoso en la clínica del Dr. Morales, un psiquiatra de ideología nazi que, por entonces, regentaba una de las clínicas psiquiátricas con más prestigio entre la burguesía europea. El Dr. Morales era considerado una excelencia por llevar a cabo “milagrosas” y experimentales curaciones sobre sus pacientes, curaciones que se basaban principalmente en un choque convulsivo químico con cardiazol. A pesar de que el Dr. Morales la cogiera del brazo, afirmando, sin titubear, “aquí soy yo el amo”, aquellos gritos de Carrington anunciaban el final de su encierro. Ella estaba en aquella clínica por orden de su padre, un tradicional hombre de la burguesía inglesa que nunca había aprobado la conducta de su “rebelde” hija, y bajo el control permanente del Dr. Morales, ocupado, más que preocupado, en quitarle las ideas delirantes que la joven padecía desde la detención de Ernst.

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La posada del Caballo del Alba (1936-1937), autorretrato de Leonora Carrington | Imagen vía: Wikimedia Commons

“Cuando los alemanes invadieron Francia, temiendo por su propia seguridad, Leonora decidió escapar a España, con la intención de obtener un visado para el pasaporte de Max, que ella guardaba consigo”, cuenta Victoria Combalía en Amazonas con pincel. Por entonces, Carrington “ya comenzaba a ser presa de alucinaciones que le desencadenarían ataques de locura”, unos ataques que la acompañarían a lo largo de su huida de Francia, desde Andorra, pasando por la Seu d’Urgell y Barcelona, hasta Madrid, donde llegó acompañada por Catherine Yarrow y Michel Lucas.

La locura de Carrington era resultado de lo vivido, ¿cómo sino podría reaccionar alguien a quien, en palabras de Elena Poniatowska “de pronto los gendarmes se presentan y se llevan a su amor alegando razones de religión o de raza o de ideología”. La violencia, sin embargo, no abandonó a Leonora: no sólo llegaba a una España que acaba de salir de la Guerra Civil, una España cruel, dice Poniatowska, un país que “con su guardia civil intentó destruir su mundo imaginario y afectivo”, sino que nada más llegar sería víctima de una banda de requetés, que la raptaron y la violaron.

“Se levantaron algunos de aquellos hombres y me metieron a empujones en un coche. Más tarde estaba ante una casa de balcones adornados con barandillas de hierro forjado, al estilo español. Me llevaron a una habitación decorada con elementos chinos, me arrojaron sobre una cama, y después de arrancarme las ropas me violaron el uno después del otro”, recordaría tiempo después en Memorias de abajo. A partir de entonces, Carrington ya no pudo más, los delirios se incrementaron como si delirar fuera la única manera de huir de aquella vida hostil a la que parecía estar condenada.

“En sus raptos de locura, Leonora asumía el comportamiento de varios animales: rugía como una hiena, relinchaba como un caballo, ladraba como un perro…” cuenta Combalía. Fue entonces cuando el padre de Leonora entró en escena y obligó su internamiento: “Mi primer despertar a la conciencia fue doloroso: me creí víctima de un accidente de automóvil; el lugar me sugería un hospital, y estaba siendo vigilada por una enfermera de aspecto repulsivo y que parecía una enorme botella de Lysol. Me sentía dolorida, y descubrí que tenía las manos y los pies atados con correas de cuero. Después me enteré de que había entrado en el establecimiento luchando como una tigresa, que la tarde de mi llegada, don Mariano, el médico director del sanatorio, había intentado convencerme para que comiera y que yo le había arañado”.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista
Leonora Carrington | Imagen vía Alpha Decay

Así recuerda Leonora Carrington su llegada a la clínica psiquiátrica en Memorias de abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora la editorial Alpha Decay publica en una nueva edición con prólogo de Elena Poniatowska. Como cuenta Poniatowska, autora del libro Leonora, en la vejez, la pintora apenas hablaba de Max Ernst, pero sí de su estancia en la clínica: “De su niñez, Leonora habló con felicidad; del Cardiazol en la clínica del doctor Mariano Morales en Santander, en cambio, con verdadera angustia”. De hecho, añade la escritora mexicana, “con el terror impreso en sus ojos, volvía a caer en el agujero negro: ‘Me impidieron cualquier movimiento, me amarraron, me inyectaron…’”. Si bien para Bretón el libro de Leonora fue un texto imprescindible para sus estudios en torno a la locura y los delirios, no debe olvidarse que Memorias de abajo es, ante todo, un libro sobre la reclusión y el abandono.

Carrington no sólo se siente atrapada en esa clínica, no sólo siente que aquellos tratamientos, hoy absolutamente superados, no hacían otra cosa que hundirla más en su locura, sino que se sentía abandonada, sobre todo por un padre que parecía estar haciéndole pagar el precio de la libertad disfrutada años atrás en París. Como relataba hace algunos meses en The Guardian su sobrina Joanna Morhead, Carrington –Prim, así la llamaban- era considerada la “niña salvaje” de la familia: “Nunca escuché ni una sola buena palabra hacia ella”, recuerda Morhead, para quien fue todo un descubrimiento saber que su tía era un nombre imprescindible dentro de la historia de la pintura. “Durante décadas, ella fue relativamente desconocida: el convencional mundo artístico pasó por encima de ella y los comerciantes la ignoraron. Cuando entró en los ochenta años, sin embargo, encontró, con lentitud, pero con firmeza, la fama”, afirma Morhead y sigue: “Su trabajo fue redescubierto por los historiadores; las mujeres surrealistas fueron ‘recuperadas’ y conocidas por sus talentos individuales antes que por su papel de musas. Al inicio del siglo XXI, ella se convirtió en una especie de tesoro nacional para su país de adopción”, México.

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Cocodrilo de Leonora Carrington, en Ciudad de México. | Imagen vía Carlos Valenzuela/Wikicommons

Carrington llegó a México en 1942, tras un año en Estados Unidos. A finales de 1940, gracias a la intermediación de un primo suyo, salió de la clínica de Santander, aunque su padre ya había decidido su destino: “Su familia ha decidido enviarla a Sudáfrica, a un sanatorio donde será muy feliz porque es delicioso”, le dijeron nada más llegar a Madrid, primera etapa de un viaje que Leonora no estaba dispuesta a realizar. Acompañada por Frau Asegurado, encargada de su cuidado y vigilancia, fue embarcada a Lisboa, teóricamente la segunda parada antes que Sudáfrica. Sin embargo, Leonora, consciente de que “no había que luchar con esa clase de gente, sino pensar más deprisa que ellos”, no dudó en escapar en cuanto tuvo la posibilidad y esconderse en la Embajada de México, habiendo conocido al diplomático mexicano, Renato Leduc, pocos días antes en Madrid: “El embajador se portó maravillosamente conmigo, después. Tuve que entrar a verle, y dijo: ‘Está usted en territorio mexicano. Ni siquiera los ingleses pueden tocarla’. No sé cuándo apareció Renato. Al final, dijo: ‘Vamos a casarnos. Sé que es horrible para los dos, porque no creo en esa clase de cosas, pero…’”.

Fue así como Leonora pudo escapar. ¿Fue un matrimonio concertado aquello que le concedió la libertad? Ella nunca lo negó. Si bien el matrimonio con Renato durara tan solo un año, su amistad perduró hasta el final y él nunca dejó de visitarla en su casa de Chihuahua. En México, Leonora retomó su carrera como pintora que la guerra había interrumpido y aquellas alucinaciones cabalísticas y astrológicas sufridas durante su estancia en Santander terminaron plasmando un mundo interior, del cual sus pinturas fueron reflejo: “su pintura desvela la vertiente mística de la vida cotidiana. Sus escenas recuerdan los cuentos de hadas y los relatos infantiles irlandeses y celtas que le contaban de niña, repletos de druidas y magos que conocen una dimensión superior de la realidad. Personajes como la diosa Danu o la figura del caballo como símbolo de la búsqueda de renovación abundan en sus lienzos, así como gatos, cisnes, serpientes y alusiones a la cábala y a la alquimia”, apunta Victoria Combalía.

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El mundo mágico de los mayas de Leonora Carrington en el Museo Nacional de Antropología de México | Imagen vía Loppear / Wikimedia Commons

Leonora Carrington murió en 2011 en México. Tenía 91 años. Nunca quiso volver a Europa para vivir, aunque sus viajes a Inglaterra y Francia fueron constantes. Tras de sí, no sólo deja textos de indudable interés, sino una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX. “Su trabajo evoca de muchas cosas y su enormemente complejo”, comenta Matthew Gale de la Tate Modern, “su producción no fue masiva porque su técnica es muy meticulosa y su trabajo muy detallista”.  

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Madrid se prepara para conquistar a la Unesco con la fiesta cultural Luna de Octubre

Redacción TO

Foto: Luna de Octubre

La noche del próximo 21 de octubre, en el eje Prado-Retiro, Madrid acogerá una fiesta cultural, artística y sensorial al aire libre como homenaje a más de trescientos años de historia que el Paseo del Prado y los Jardines de El Buen Retiro llevan dedicados a la cultura, las ciencias, el ocio y el disfrute de los ciudadanos. “Luna de Octubre es una invitación a un diálogo diferente entre el público y el paisaje cultural, una noche para la contemplación sin perjuicios del arte y el entorno”, se puede leer en la web del evento, que tendrá lugar entre las 20.00 y las 3.00 y que recuerda a la ya extinta Noche en Blanco que, creada en París en 2000, en Madrid tuvo lugar durante 2006 y 2010 de forma bianual. Sin embargo, en 2011, Ana Botella (PP) decidió suprimirla por motivos económicos. 

Dirigido por Delia Piccirilli, Luna de Octubre cuenta con un presupuesto de un millón de euros, el mismo que tenía la Noche en Blanco, para  ofrecer a los asistentes un paseo nocturno donde la luz es la gran protagonista. “Una noche de contemplación amable y participativa en la que los ciudadanos se irán encontrando piezas y juegos visuales que interactúan con los museos que en esta área confluyen”. Además, esta fiesta cultural se ha vinculado a la candidatura de la zona Prado-Retiro para ser reconocida como Paisaje Cultural por la Unesco

Narcissus, un proyecto que pone de manifiesto la obsesión de una sociedad centrada en el sí mismo. | Foto: Luna de Octubre

Así, durante siente horas los ciudadanos podrán disfrutar de decenas de actividades gratuitas que tendrán lugar en diferentes emplazamientos de la capital madrileña, como una cabeza de siete metros en la explanada de Cibeles servirá para reflexionar sobre el yoísmo y la sociedad del ‘selfie’; 60.0000 botellas de plástico en las fuentes de Cibeles, Apolo y Neptuno en señal de denuncia sobre el uso masivo de ese material; o una hormigonera facetada en el Salón de Reinos que invita en primera instancia a la reflexión e, inmediatamente, a la participación festiva y hedonista.

Además, siete instituciones culturales de la zona —como el Thyssen, el CaixaFórum o el Museo Naval— abrirán sus puertas en horario nocturno.

Consulta el programa completo, así como los diferentes emplazamientos, aquí.

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15 canciones por las que fregarías los platos antes de la siesta, por MÄBU

Redacción TO

Foto: MÄBU

Como cada viernes, os traemos una nueva playlist curada por un artista para amenizar el fin de semana. Esta vez es el turno de MÄBU, una banda de Bilbao pero afincada en Madrid. Podríamos considerar a MÄBU como emergente, aunque lo bastante consolidada como para que su nombre no pueda pasarte desapercibido.

Este grupo bilbaíno nace a principios del año 2008. Está formada por María Blanco (voz y guitarra), Txarlie Solano (bajo, teclados y coros) y Cesar Uña (batería y percusión).
Hasta hoy, con más de 200 conciertos a sus espaldas a lo largo y ancho de la geografía española, MÄBU se ha convertido en una banda imprescindible en la escena musical independiente española y comienza a tener una gran proyección en México, donde ya han realizado varias giras. MÄBU bebe de fuentes tan clásicas como la canción de autor (principalmente anglosajona), no obstante es una banda capaz de deshacerse de tópicos y fórmulas manidas, aglutinando influencias del rock independiente, el pop, o las bandas sonoras, con el fin de definir un estilo inequívocamente personal.

En su ya dilatada experiencia, cabe destacar la participación en 2012 como teloneros de Luz Casal fruto del interés suscitado en la artista por el trabajo del grupo. También han colaborado con artistas de la talla de Rayden, Vega o Marlango.

Este año 2017 ya se les ha visto programados en varios festivales del panorama español como el Sansan Festival (Benicàssim) Ciucuito Son Estrella Galicia, Casa Corona, Escenarios Mahou o el Leturalma (Letur, Albacete), actuando tanto en formato acústico como eléctrico.

Próximamente, se les podrá ver el 14 de octubre en Madrid y el 3 de noviembre en Alcalá de Henares. Para 2018 ya tienen cerradas dos fechas en Portugal: el 19 de enero en Oporto, y el 20 de enero en Lisboa. No os los perdáis en directo y seguidlos en redes que suelen dar gratas sorpresas.

La playlist que nos traen los chicos de MÄBU busca amenizar una tarea bastante engorrosa: fregar los platos, sobre todo si es antes de la siesta.

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