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No basta con tener razón

Antonio García Maldonado

Foto: ALBERT GEA
Reuters

El anuncio del referéndum de independencia para el próximo 1 de octubre anunciado por Carles Puigdemont no es ninguna sorpresa. El Govern no tenía opción de echarse atrás dados los compromisos retóricos que había ido adquiriendo. Y si hacía falta alguna otra evidencia que mostrara que este movimiento ha perdido contacto con la mitad de la propia Cataluña y con la realidad, ahí está la seriedad con la que Pep Guardiola pidió auxilio internacional contra “un Estado autoritario”. Lo triste no es que él lo pronunciara, sino la sospecha de que es un pensamiento relativamente extendido. Aunque quien amenazara con un nuevo Estado autoritario fuera Lluis Llach al advertir de que los funcionarios que no siguieran las leyes de desconexión “serían perseguidos”.

Pero no basta con tener razón. Desde que el Tribunal Constitucional recortara parcialmente el Estatut pactado entre la Generalitat y el Gobierno y aprobado en referéndum en Cataluña, la política de Moncloa hacia Cataluña ha adolecido de falta de estrategia clara, a diferencia del Gobierno de JxS y sus socios en su órdago. Unos días se lanzaba a los portavoces más duros y otros se filtraba a los medios una postrera Operación Diálogo en los minutos de descuento. El Gobierno ha confiado demasiado en el peso de sus argumentos, en la incuestionable verdad de que hay que cumplir las leyes y que no siempre votar es democracia ni democrático.

Durante el diseño de la política norteamericana contra los soviéticos de la Guerra Fría, circulaba por el Departamento de Estado como mantra una cita del filósofo Karl Jaspers con la que se puso en marcha toda una estrategia de persuasión en una Europa en el punto de vista político del Kremlin: “La verdad también necesita hacerse propaganda”. Frente a la puesta en escena permanente del movimiento soberanista, hacía y hace falta jugar en su terreno. Frente a las emociones a las que apelan los diseñadores del Procés, no ha funcionado esgrimir códigos legales ni datos que desmonten el mito de las balanzas fiscales. Mucho menos descubrir eso que se ha dado en llamar ‘Policía patriótica’, todo un gol por la escuadra al Estado que, lógicamente, los independentistas celebran y blanden.

Hay un hecho clave que aún mantiene la movilización independentista como lo que es, una movilización exclusivamente independentista. Y es la indefinición de los Comunes frente al referéndum. La pujante fuerza de Colau y Domènech aún mantiene que sólo apoyará una consulta legal y pactada, y parece esencial que esta formación no se decanté por el Procés sin disimulo. Es la clave de bóveda. De que lo haga o no dependerá en gran medida la solución de este problema. ¿Cómo conseguirlo? ¿O cómo intentarlo? Creo que la antipatía que despierta el PP en Cataluña (injusta o no, no es el debate) hace que cualquier solución deba venir avalada por algún tipo de frente multipartidista, con protagonismo de líderes menos señalados en la gestión de este asunto durante los últimos años. Reforma federal, traspaso de algunas competencias, blindaje de otras. Cuesta creer que, si esto se diera, un porcentaje importante (y clave) de los que hoy se declaran a favor de un referéndum no daría un paso atrás.

Aunque, como decía Juan Linz, “federalismo e igualdad” tienen una relación difícil porque cuestiona uno de los principios que damos por sentado en la democracia. Principio que, desde el conocido como ´café para todos’ de la Transición, ha sido incuestionable en nuestro sistema político. Y eso abriría la espita de los agravios comparativos de otras comunidades. Hará falta también pedagogía en el resto de España, porque no parece que haya solución si no se acepta que cierto grado de desigualdad es el precio de la unidad. No es fácil ni grato de asimilar, pero como escribió el catalán Joan Manuel Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Hará falta pedagogía y liderazgo en los partidos para no hacer un uso partidista de una política que ya es hora de que todos asuman y diseñen como una política de Estado. Porque es eso, el Estado, lo que está en juego.

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País Vasco y Cataluña lideran la venta de armas españolas

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi

En 2016 España vendió armas al exterior por las que facturó 177,5 millones de euros. País Vasco y Cataluña, exportaron el 70% de todo el material calificado como “armas, municiones y sus partes y accesorios” durante ese año. Concretamente, País Vasco se encargó  del 44%, unos 85 millones de euros, y Cataluña un 26%, unos 45 millones de euros. La siguiente en el ranking, Madrid, exporta unos 15 millones. Así lo constatan los datos oficiales de las Cámaras de Comercio y Aduanas, dependientes de la Agencia Tributaria. Las exportaciones que recogen las instituciones mencionadas se refieren a armas largas, pistolas, granadas o minas, entre otros artefactos, y no incluyen barcos de guerra, componentes para aviones de combate o carros de combate blindados. Si a todo ello ello se le suman otros materiales de defensa, la cifra de ventas total en España asciende a 4.000 millones de euros, de los que 116, fueron a parar a Arabia Saudí, según un informe del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad.

No obstante, centrándonos única y exclusivamente en la venta de armas y munición y dejando de lado el resto de “material de defensa y doble uso”, este sector constituye una parte relevante de las exportaciones españolas. Los principales clientes de España en la venta de armas son: Estados Unidos (53,5 millones), Italia (16,6 millones), Reino Unido (16,5 millones), Irak (7 millones) y Portugal (6,5 millones).

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Exportación de armas de España en 2016 | Foto: elaboración propia

Los datos de exportaciones españolas son públicos y la Agencia Tributaria tiene una herramienta de búsqueda que permite ver qué productos se exportan a qué países, pudiendo obtener datos de comunidades autónomas y provincias. La venta de armamento en 2016 por el País Vasco y Cataluña queda de esta manera:

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País Vasco y Cataluña lideran la venta de armas de España
Exportaciones de armas del País Vasco y Cataluña durante 2016. | Foto: Agencia Tributaria

España es el séptimo país del mundo y el cuarto de Europa que más armas exporta, según el análisis de ‘Tendencias mundiales en las transferencias de armas’ que ha realizado el Instituto Internacional de Investigación por la Paz de Estocolmo (SIPRI). Los tres principales importadores de estas son: Australia (29%), Arabia Saudí (12%) y Turquía (8,7%).

A nivel global, India ostenta su liderazgo como primer importador armamentístico mundial, con el 13 % total y una subida del 43%, por delante de otros países asiáticos como Arabia Saudí (8,2 %), Emiratos Árabes Unidos (4,6%), y China (4,5%), y Argelia (3,7%) en quinto lugar. Según el mismo informe del SIPRI,  Arabia Saudí aumentó sus importaciones de armas un 212% respecto al periodo 2007-2011.

Ventas a Arabia Saudí

Aunque muchos medios han publicado que España facturó 116 millones de euros por vender armas a Arabia Saudí en 2016, no es correcto y merece una explicación detallada. España exportó a este país árabe “material de defensa y doble uso (puede ser utilizado también en el sector civil)”, que incluye el armamento, pero es mucho más amplio. Es decir, aquí se puede encontrar desde repuestos para aviones y barcos militares, hasta botas o calzado, o cristales blindados, entre muchos otros. De esos 116 millones facturados 2,26 son exclusivamente armas.

En la manifestación del pasado día 26 de agosto en Barcelona, de condena a los atentado de la Ciudad Condal y Cambrils, fueron numerosas las pancartas y las críticas contra la asistencia del rey Felipe VI y los acuerdos de venta de armas a Arabia Saudí por parte de España. Lo que no todos saben es que de los 2,26 millones de euros que nuestro país se embolsó con las exportaciones de armas a dicho país árabe en 2016 (116 si contamos todo el material de Defensa), 1,5 millones de euros fueron a parar a la industria armamentística catalana, un 66% del total, y 0,8 millones a la vasca, un 34% del total.

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Venta de armas de España a Arabia Saudí en 2016 | Foto: elaboración propia

El 100% de las armas y sus municiones españolas vendidas a Arabia Saudí vienen del País Vasco y Cataluña; o lo que es lo mismo, dos de cada tres armas españolas en este país del Golfo Pérsico salen de Cataluña y la restante sale del País Vasco.

España y Arabia Saudí firmaron en 2016 un acuerdo de cooperación en Defensa, aunque no se ha publicado en el BOE hasta septiembre de 2017. El acuerdo, que entró en vigor el pasado 25 de agosto, establece una protección mutua de información clasificada en el ámbito de la Defensa durante los próximos cinco años, aunque puede ser prorrogado por periodos consecutivos de un año, a menos que una de las partes rompa el acuerdo y pretenda denunciarlo. El documento ha sido firmado por el director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, y el ayudante del Ministerio de Defensa saudí, Mohamed ben Abdullah Alaiesh.

Regulación de las exportaciones

Técnicamente, la venta de armas en España está estrictamente regulada por la ley española sobre comercio de armas (Ley 53/2007), que cumple 10 años. Uno de sus objetivos es evitar las transferencias de armas españolas que puedan ser utilizadas para cometer atrocidades.

La Junta Interministerial Reguladora del Comercio Exterior de Material de Defensa y de Doble Uso (JIMDDU), en la que están representados la mayoría de los ministerios, se reúne una vez al mes, excepto en agosto, y decide por mayoría sobre las solicitudes de autorización de exportación de armas.

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Granada de fabricación española en la feria de Defensa de Abu Dhabi 2017 (IDEX) | Foto: Rodrigo Isasi

Por su parte, el Tratado sobre el Comercio de Armas prohíbe, en su artículo 6, párrafo 3, las transferencias “si, en el momento de autorizar la exportación, tiene conocimiento que podrían utilizarse para cometer genocidio, crímenes de lesa humanidad, infracciones graves de los Convenios de Ginebra de 1949, ataques dirigidos contra bienes de carácter civil o personas civiles protegidas como tales, u otros crímenes de guerra”.

El Gobierno, a través de la JIMDDU, analiza de manera completa cada operación de exportación a Arabia Saudí y a los países que forman la coalición de la Liga Árabe que está interviniendo en Yemen. Para ello tiene en cuenta los ocho criterios de la Posición Común 2008/944/PESC, de 8 de diciembre, por la que se definen las normas comunes que rigen el control de las exportaciones de tecnología y equipos militares, así como los criterios del Documento de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre armas pequeñas y armas ligeras.

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DOS HELICÓPTEROS ‘TIGRE’ DEL EJÉRCITO DE TIERRA DE ESPAÑA | FOTO: RODRIGO ISASI

En el estudio de las solicitudes se evalúa muy especialmente el cumplimiento en los países importadores de los criterios 1 (embargos), 2 (respeto de derechos humanos), 3 (situación interna), 4 (situación regional) y 7 (riesgo de desvío) de la citada Posición Común, no autorizándose ninguna operación en la que no se cumplan estrictamente estos criterios. “Cada solicitud de exportación que ha sido autorizada a Arabia Saudí y a los países de la Liga Árabe ha estado acompañada de garantías de uso final, de no empleo del producto o equipo exportado fuera del territorio del país de destino y de cláusulas de no reexportación”, se puede leer en una respuesta del Gobierno en el Senado a la oposición.

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Exhibición en la feria de Defensa de Abu Dhabi 2017 (IDEX) | Foto: Rodrigo Isasi

Críticas de las ONG

Varias organizaciones han denunciado que el armamento que nuestro país vende a Arabia Saudí, se acaba usando en la guerra que este país mantiene con Yemen desde 2015. Amnistía Internacional, Greenpeace, FundiPau y Oxfam Intermón, han presentado el informe “Armas sin control: Un oscuro negocio Marca España”criticando la transparencia en la venta de armas por parte de España.

La transparencia radica en la Ley de Secretos Oficiales, la Ley 9/1968, de 5 de abril. Su artículo 2 establece que “podrán ser declaradas materias clasificadas los asuntos, actos, documentos, informaciones, datos y objetos cuyo conocimiento por personas no autorizadas pueda dañar o poner en riesgo la seguridad y defensa del Estado”. Las consideraciones de “materia clasificada” son competencia del Consejo de Ministros y de la Junta de Jefes de Estado Mayor, según el art. 4 de la Ley 48/1978, de 7 de octubre, por la que se modifica la Ley de 5 de abril de 1968, sobre Secretos Oficiales.

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Por qué deben importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania

Jorge Raya Pons

Foto: Stefanie Loos
Reuters

Las elecciones alemanas se celebran este domingo 24 de septiembre y es una de las citas electorales del año. La atención mediática es tímida en España y es difícil encontrar el motivo. Lo es si comparamos la cobertura que recibe en comparación con la carrera presidencial en Estados Unidos, el referéndum para salir de la Unión Europea en Reino Unido o la batalla entre el europeísta Emmanuel Macron y la euroescéptica Marine Le Pen en Francia.

Por esta razón, en The Objective lanzamos cinco preguntas y cinco respuestas para resolver no solo las claves sobre qué está en juego en Alemania, sino también para comprender por qué debe importarnos.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 1
Un cartel electoral en Berlín que pide el voto para Angela Merkel. | Foto:
Hannibal Hanschke/Reuters

¿Por qué estas elecciones merecen la atención de las estadounidenses o las francesas?

La respuesta a esta pregunta se puede solventar rápido: porque es la primera potencia europea y una de las economías más fuertes del mundo. Además, Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y miembro fundador de la revista Politikon, añade: “Es importante porque es un elemento fundamental del método de integración europea”. Simón resalta que estas elecciones son particularmente decisivas en un contexto turbulento por motivo del Brexit, tras el cual “se está reconfigurando el poder dentro de Europa”.

En este sentido, la fuerza del eje franco-alemán es clave y la sintonía entre la canciller actual y candidata Angela Merkel y su homólogo francés parece evidente. La unidad de las dos grandes fuerzas europeas es fundamental para el futuro de la Unión. “Estas elecciones llegan en un año electoral que se presentaba negro para la Unión Europea tras el éxito del Brexit e incluso de Trump”, explica Pilar Requena, corresponsal de TVE en Alemania, antigua profesora asociada de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y autora del libro La potencia reticente. La nueva Alemania vista de cerca (Debate). “La extrema derecha tanto de Francia como de Holanda e incluso de Austria se sintió envalentonada. Hubo peligro de que ganase en Holanda y de que ganase en Francia, pero al final no se ha producido. Nos encontramos ante un panorama nuevo en Europa con un posible impulso de la Unión Europea y también de la Eurozona, y tienen que celebrarse las elecciones alemanas para que eso ya sea efectivo”.

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Un manifestante sostiene un cartel donde se lee ‘Angie no, gracias’, durante un meeting del CDU en Fritzlar. | Foto: Kai Pfaffenbach/Reuters

¿Qué partido es el favorito en las encuestas?

Los últimos sondeos dan como clara vencedora a Angela Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su ala en Bavaria, la Unión Socialcristiana (CSU). “Merkel va a ganar por goleada”, anticipa Requena. De acuerdo con la encuesta publicada el pasado domingo por el diario Bild, Merkel lograría el 36% de los votos, por lo que se posicionaría 14 puntos por delante del Partido Socialdemócrata (SPD), encabezado por el ex presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, que obtendría el 22% de los votos.

La alarma llega con el que sería el tercer partido, según las encuestas: la extrema derecha de Alternativa por Alemania conseguiría el 11% de los votos. También obtendrían participación parlamentaria la izquierda de Die Linke (10%), los liberales del FDP (9%) y el ecologismo de Los Verdes (8%).

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Mariano Rajoy y Angela Merkel, en rueda de prensa. | Foto: Markus Schreiber/AP

¿Cómo afectaría a España y la UE la continuidad de Merkel?

Dado que la mayoría absoluta del CDU se da por descartada, la respuesta a esta pregunta tendría más que ver con las formaciones con las que decida aliarse Merkel. Simón cree que de repetirse una gran coalición –esto es, la unión de los democristianos y los socialdemócratas–, una hipotética vicepresidencia de Schulz permitiría una política menos restrictiva en materia económica a nivel europeo. En cambio, si el CDU se alía con los liberales –su socio natural– podrían endurecerse algunas exigencias, como el cumplimiento del déficit por parte de los Estados miembros. Requena agrega que, de la mano de Francia, Merkel empujaría hacia una gobernanza del euro y la unidad fiscal.

En cualquier caso, los dos expertos consultados coinciden en que España es vista con buenos ojos por parte de Merkel. “La sintonía entre Madrid y Berlín es total”, dice Simón. “Y lo es hasta cierto punto porque, pese a las pocas reformas estructurales que ha hecho el Gobierno de España, a Angela Merkel le conviene exhibir que hay un país del sur que cumple. Nos utilizan un poco –pese a que no hemos hecho gran cosa– para decir: ‘Veis cómo se pueden hacer cosas y volver a crecer y recuperarse’. Un poco para demostrar sus tesis. Nos beneficiamos de esa posición”.

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Una valla publicitaria del candidato socialdemócrata Martin Schulz. | Foto: Fabrizio Bensch/Reuters

¿Cómo afectaría a España y la UE una victoria sorpresiva de los socialdemócratas?

Requena responde con contundencia: “Esa posibilidad no existe”. Y continúa: “Se tendrían que equivocar de cabo a rabo las encuestas para que eso ocurriera. Es cierto que hay un número de indecisos mayor que en otras elecciones, pero no creo que lo estén tanto por los grandes partidos como por los pequeños. Remontar los 12, 13 ó 14 puntos que hay entre el CDU y el SPD es inviable”.

Además, incluye un factor profundamente cultural para que la hipótesis de un gobierno presidido por Schulz no se convierta en realidad: “No sería aceptable para los votantes alemanes que el que ha perdido con una diferencia de más de 10 puntos forme gobierno, aun si fuera posible matemáticamente”.

Simón cree que un gobierno de Schulz sería positivo: conllevaría una “suavización de las políticas en términos como los objetivos presupuestarios”. No obstante, recuerda que “las probabilidades de que se diera son tan bajas que no deberíamos preocuparnos demasiado”.

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Frauke Petry (derecha), candidata del partido ultraderechista Alternativa para Alemania, junto al excandidato Joerg Meuthen durante un acto de la formación en Stuttgart. | Foto: Wolfgang Rattay/Reuters

¿Hay un riesgo real de que la extrema derecha entre en el gobierno?

Todos los sondeos muestran que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania entrará en el Parlamento, y –como destaca Requena– esto no ocurre desde la II Guerra Mundial. De producirse la gran coalición, este partido quedaría como líder de la oposición. En cualquier caso, sostiene que Merkel nunca formaría gobierno con los radicales.

Simón, por su parte, argumenta que esta opción es “harto improbable”, recordando que la propia Merkel lo ha comunicado públicamente. “Es un partido importante que en algunos länder han sido segundo partido, pero en el ámbito estatal no se plantea como un socio viable”, dice Simón. “Si no hubiera un abanico de alternativas, pues a lo mejor podríamos plantearnos si Merkel es sincera o no cuando lo dice. Pero habiendo tantas alternativas…”.

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Vértigo

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: ANDREA COMAS
Reuters/File

Fue una imagen triste. El Pleno del Congreso de los Diputados rechazó este martes una proposición no de ley para cerrar filas en la defensa del Estado de derecho. Algunos señalaron la inconveniencia de la iniciativa planteada por Ciudadanos, y otros reprocharon a los socialistas su falta de arrojo para votar con populares y naranjas. No es el cometido de este artículo analizar las razones de una y otra posturas políticas, sino extraer conclusiones de ese desafortunado desencuentro que parece haber debilitado la acción constitucionalista en su misión de frenar el desafío independentista.

La primera de ellas tiene que ver con el alcance geográfico del problema secesionista. Hace ya muchas semanas que constatamos con dolor que, pasara lo que pasara en Cataluña en las próximas fechas, aquella sociedad y sus instituciones quedarían fracturadas y enfrentadas por largo tiempo. Ahora, esa quiebra amenaza con extenderse también al Parlamento nacional. Es cierto que la división no ha llegado a las calles de España, donde los ciudadanos siguen los acontecimientos con una mezcla distancia y desafección, pero la votación del martes ha puesto de manifiesto hasta qué punto el procés ha mediatizado a la cámara legislativa. Es como si ese eje centro-periferia que lleva décadas condicionando las elecciones autonómicas catalanas se hubiera trasladado al Congreso, afectando a la estrategia, el juego de alianzas y el equilibrio de fuerzas políticas, quién sabe si de forma permanente.

La segunda conclusión sugiere un viraje en las filas de la oposición. Aquella alianza moderada que hizo posible un pacto de gobierno, después frustrado, entre PSOE y Ciudadanos hoy sería irrepetible. Ambos partidos parecen haber derivado en oposiciones mutuamente excluyentes, tendencia que aleja la posibilidad de una alternativa al PP que pivote sobre el centro del espectro ideológico. El retorno de Pedro Sánchez al frente de la dirección socialista ha supuesto un desplazamiento hacia posiciones más escoradas a la izquierda, en un intento por recuperar a los votantes que se marcharon a Podemos en las últimas citas electorales, y una reacción casi alérgica a cualquier contacto con la derecha.

Con todo, los flujos de votos que se produzcan entre PSOE y Podemos no alterarán de forma sustancial el peso neto de la izquierda nacional parlamentaria. Así, una vez escenificada la ruptura con sus antiguos socios naranjas, es posible que Sánchez busque el apoyo de las formaciones independentistas para plantear una moción de censura con opciones de prosperar. Es posible también que ese apoyo tenga lugar a cambio de respaldar un gobierno tripartito en unas hipotéticas elecciones autonómicas, presidido por ERC y con PSC y Catalunya sí que es pot como socios comprometidos con la celebración de un referéndum pactado.

Por su parte, Podemos constituye un elemento de inestabilidad parlamentaria, habida cuenta de su carácter antisistema o semileal al sistema, y de su capacidad para condicionar la acción política. La formación no pudo acometer el desborde popular al que aspiraba en las pasadas elecciones y ha perdido apoyo social en los últimos meses. Íñigo Errejón atribuyó los límites electorales del proyecto populista a la ausencia de una crisis orgánica en España. Es decir, el descontento político y social no consiguió deslegitimar las instituciones democráticas, que continuaron contando con el respaldo y el reconocimiento de la mayor parte de los ciudadanos.

En este sentido, Podemos parece haber descubierto en el procés una ventana de oportunidad para desencadenar la anhelada crisis del sistema, y a este propósito parecen encaminadas sus acciones en el conjunto de España. Al mismo tiempo, la formación morada espera que las arriesgadas maniobras emprendidas por Pedro Sánchez y Miquel Iceta terminen por propiciar la ruptura del PSOE. Algo de eso se vislumbró también el pasado martes, cuando varios diputados socialistas rompieron la disciplina de partido para abstenerse en la votación de la iniciativa de Ciudadanos.

En resumen, la votación del pasado martes nos deja la imagen de un bloque constitucionalista dividido que ha de hacer frente a un independentismo sin fisuras. Estas diferencias dan cuenta de que la cuestión nacionalista no ha conseguido difuminar los matices del discurso político de los grandes partidos, pero también evidencian que el eje centro-periferia se ha instalado en el Congreso y que va a debilitar la respuesta común que exige el reto secesionista. Hace unos meses, despedíamos con optimismo un bipartidismo de décadas para dar la bienvenida a un pluralismo que creíamos moderado. Sin embargo, los últimos acontecimientos nos hablan de polarización y crisis orgánica. Nos hemos instalado en el vértigo.

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Choque de trenes

Gregorio Luri

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Una parte de Cataluña, convencida de que representa a la Cataluña genuina, ha decidido crear una situación constituyente para dar forma de Estado a lo que tiene por patria. No soy tan ingenuo como para no saber que las naciones suelen cubrir sus orígenes con un velo púdico, porque así como la moralidad surge con frecuencia de la inmoralidad, la legalidad más de una vez ha nacido de la ilegalidad. No estamos viviendo el primer intento histórico de crear un momento constituyente. Léase a Kelsen o a Schmitt.

Todo momento constituyente es un acto de violencia fundadora que no necesariamente ha de ser sangriento, pero que inevitablemente deja heridas, porque pretende instaurar un nuevo orden jurídico fuera del marco jurídico existente, precisamente porque éste último no contempla otro momento constituyente legítimo que el que de su autoconstitución. Es una apelación a la fuerza de los hechos para romper, de facto, con el orden jurídico que hasta ese momento se había acatado; un intento de crear un contrapoder capaz de impugnar la legalidad imperante por medios no legales para fundar así una fuente legítima de derecho. Se pretende, en suma, imponer la voluntad sobre la legalidad mediante el recurso de presentar a la primera como “voluntad popular”.

En agosto del 2011 Jordi Pujol advirtió: “cal que passi alguna cosa, ni que sigui en forma de xoc de trens, en els anys immediats”. La profecía se ha cumplido. Pero en la Europa actual a nadie le gusta ser señalado como el responsable de un choque de trenes o, de lo que es lo mismo, de un momento constituyente. Por eso hay que presentar verosímilmente el encontronazo como un acto de justicia e incluso como un deber moral. No lo crítico. Lo constato. También constato la torpeza del Estado que, no solamente ha ido siempre detrás de los acontecimientos sino que se muestra incapaz de desarrollar un discurso retórico y simbólico que pueda enfrentarse al discurso independentista. Parece carecer de recursos ideológicos para hacerlo, quizás porque lo que llaman “régimen del 78” los hijos mimados del mismo, sólo supo desarrollar un argumento absurdo para desmontar ideológicamente el nacionalismo vasco y catalán: criticar el nacionalismo.

Pierre Vilar recordaba que mientras Menéndez Pelayo inventaba a “España como ideología”, Michelet, en Francia, se sacaba de la chistera a “Francia como persona”. Quizás por eso cuando hemos querido saber qué era España nos hemos perdido en enigmas, problemas y “vividuras”, mientras que Rovira i Virgili o Soldevila creaban una historia nacional en la que “Cataluña es una persona, no un problema”.

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