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Podemos o la política como pasatiempo

Aurora Nacarino-Brabo

Animados por la pasión deambulatoria y motorizada que inagurara Hazte Oír, Podemos ha decidido iniciar una andadura política sobre ruedas a bordo de un autobús. Puede parecer la sinopsis de algún programa de telerrealidad de poca audiencia, pero lo cierto es que esa es exactamente la última ocurrencia del partido que dirige Pablo Iglesias.

El Tramabús ha comenzado a recorrer España con una vocación inequívoca por conocida: dar la nota. Los líderes de Podemos parecen haber asumido que el trabajo parlamentario no es su punto fuerte, y lejos de pretender enmendarlo, han decidido dedicar el periodo de entre-elecciones a hacer lo que mejor se les da: campaña.

Estos días de Semana Santa anunciaban su nueva iniciativa en las redes sociales, difundiendo su mensaje junto con un autobús recortable, que después uno podía dar forma hasta aparecer una maqueta bien chula. Es una idea estupenda para amenizar las vacaciones tirado al sol, en la playa, o a resguardo de las procesiones, en casa. También podían haber inventado una sopa de letras en la que encontrar los nombres de los grandes protagonistas de “la trama”, o un juego de unir puntos hasta conformar la silueta del majestuoso autocar.

La última actuación de Podemos pone de manifiesto su renuncia a tener un impacto transformador en la política española: elaborar proposiciones de ley exige destreza, dedicación y constituye una labor ardua y farragosa que con frecuencia tiene poco reflejo mediático. En cambio, el ingenio comunicativo resulta mucho más recreativo y encaja mejor con esa visión romántica y lúdica de la política que tienen muchos de los cuadros de Podemos. 

El compadreo entre el poder político y económico es digno de denunciarse y perseguirse, pero no se combate a bordo de un autobús escolar. Vienen del activismo social y de urdir revoluciones divertidas en la cafetería de la facultad y parece que, al cabo, eso es todo lo que querían hacer. Como un autobús recortable, la política es para Podemos un pasatiempo. Pero uno, ahora sí, muy bien remunerado.

El precio del burro está en alza y es culpa de China

Redacción TO

Foto: Sue Ogrocki
AP Foto

Gulsumoh Sharbatova lleva dos meses sin ver a su burro. En condiciones normales, esto no sería una cuestión de alarma, pero tras los numerosos casos de burros asesinados en Tayikistán, no descarta que el suyo esté muerto y le hayan quitado la piel para venderla.

En una pequeña región rural y montañosa del país asiático, los vecinos permiten que sus burros vayan a pastar libremente cuando ya no hay trabajo para ellos. Ahora, Sharbatova cuenta a Radio Free Europe que confía en que el animal aparezca para poder aprovechar la temporada de siembra de la primavera.


¿Pero qué está pasando con los burros?

Miles de ejemplares de estos animales se venden a China desde países pobres o países que están en desarrollo. Para la población local de dichos países, los animales son imprescindibles en las tareas de carga; y en China los utilizan para medicina tradicional. La gelatina fabricada de la piel del burro es un ingrediente clave de uno de los remedios chinos más valorados conocido como ejiao, y que se utiliza para tratar diversas dolencias, entre ellas el resfriado y el insomnio.

El aumento de la clase media en China, y la percepción de que el ejiao es eficaz, ha hecho que se llegue a pagar hasta 350 euros por un kilo de esta medicación. Con todo ello, la demanda de burro está superando a la oferta. Se comercializan alrededor de 1,8 millones de pieles por año, pero la demanda mundial de pieles asciende a entre 4 y 10 millones, según un informe publicado en enero por la organización británica Donkey Sanctuary, del que se ha hecho eco The Guardian.

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Un burro que el año pasado podía costar 120 dólares, este año puede costar 240. | Foto: Carolyn Kaster / AP Photo

La población de burros en China se ha reducido a la mitad desde 1991. Según publica CNN, de los 11 millones de asnos que había hace unos años en el país asiático, ahora solo hay alrededor de seis millones. Al no poder hacer frente a la demanda, China decidió importar de diferentes países y puso sus ojos, sobre todo, en África donde se encuentra la mayor población del burros en el mundo.

El aumento de esas importaciones ha provocado que cinco países (Pakistán, Senegal, Mali, Burkina Faso y Níger) ya hayan tomado cartas en el asunto, y hayan decidido prohibir las exportaciones de piel de burro. Es posible que Tayikistán, uno de los países más pobres del mundo con un 36% de su población por debajo del umbral de la pobreza, vaya por el mismo camino.

Los precios se han duplicado

El precio de estos animales ha aumentado tanto que los ha hecho innaccesibles para la población de algunos países que los utilizaban para llevar productos, cultivar la tierra o buscar agua. “Los compradores nos dicen que están haciéndose con los burros para sacrificarlos y enviar su piel a China”, cuenta Sharif Nazarov, un residente de la aldea norteña de Basmanda. Nazarov afirma que un asno joven y saludable podría costar unos 240 dólares, mientras que el año pasado costaba 120.

En enero, la agencia reguladora veterinaria de Tayikistán envió una carta a las autoridades del Estado pidiendo la adopción de medidas ante las crecientes masacres contra estos animales. En la carta aseguraba que había recibido numerosas “peticiones escritas” para conseguir licencias para la instalación de empresas de recogida de burros, mataderos y para la exportación de estos animales. Desde la agencia reguladora de veterinaria exigieron a las autoridades que no se acepten esas solicitudes debido a los problemas a los que se enfrentan los países en las que ya se han concedido.

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En países pobres o en desarrollo utilizan los burros en labores agrícolas vitales para su supervivencia. | Foto: K.M. Chaudary / AP Photo


Pero hay personas que lo ven más como una oportunidad que como un problema.
Un vecino de la región sur de Vakhsh sugiere a las autoridades legalizar el comercio de burros para proporcionar una fuente de ingresos a los aldeanos.

Mientras tanto, en la aldea montañosa de Bulakdasht, Sharbatova sigue preocupada por su propio sustento. “La temporada de cultivo ha comenzado y necesitamos el burro más que nunca”, dice.

Cómo los millennials árabes cambiaron el Mediterráneo

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Nasser Nasser
AP Photo, File

Los jóvenes que nacieron entre 1982 y 2004, los llamados millennials y postmillennials, serán más del 70% de la fuerza laboral del mundo desarrollado en 2025. No todos los grupos de adolescentes y veinteañeros producen movimientos históricos centrados en su identidad juvenil, pero parece que los millennials árabes lo hicieron. Hace seis años una juventud urbana irrumpió en el escenario, empujada por el malestar social y económico y por el descubrimiento de nuevas expectativas vitales, frente a unos regímenes cuyo único interés era perpetuarse en el poder.

En el el marco del Arabismos: Festival de jóvenes creadoresCasa Árabe en Madrid organizó una conferencia en la que participaron Juan Cole, intelectual público, prominente blogger y ensayista, y profesor de Historia en la Universidad de Michigan, y Nessrin el Hachlaf, licenciada en Derecho y Periodismo y miembro del Observatorio de Justicia y del Observatorio Euromediterráneo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Ambos expusieron su particular punto de vista sobre estas revueltas.

Egipto y Túnez, revueltas con final agridulce

Cole asegura que las revoluciones en estos países fueron impulsadas por jóvenes, con apoyo de la clase trabajadora y que su principal preocupación actual es el terrorismo, pero con una concepción diferente a la de occidente, en la que prima el terror y el miedo. Las siguientes preocupaciones son el empleo, la seguridad y la política. Asimismo, considera que los periodistas han interpretado erróneamente estos movimientos y que el motivo fundamental de los revolucionarios no era conseguir una democracia al estilo occidental. Los jóvenes creían que los gobiernos corruptos estaban acabando con el empleo y las inversiones extranjeras, algo que se sabe por unas filtraciones de WikiLeaks de 2006.

“De hecho, McDonald’s intentó implantarse en Túnez, pero el gobierno de Ben Ali le pidió un soborno a la compañía, por lo que esta se negó y no llegó a entrar en el país africano, aunque quizá esto fue algo bueno para la salud de los tunecinos”, bromea Cole.

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Un manifestante durante las revueltas en Egipto de 2011 | Foto: Muhammed Muheisen/AP Photo File

Según este experto estadounidense estos movimientos no se fundaron con un fin religioso. Los laicos lideraron las revueltas en Egipto, a los que se unieron posteriormente los Hermanos Musulmanes. Las estadísticas indican que solo un 25% de los revolucionarios de Tahrir pertenecían a los Hermanos Musulmanes. A esto se le añade que “en países como Palestina o Túnez un gran porcentaje de los jóvenes no se sienten identificados con los islamistas, los consideran anquilosados, anticuados y que no avanzan”.

Las principales causas que impulsaron las revueltas de 2011-2013 de los millennials árabes fueron la corrupción y las denominadas “monarquías republicanas”, es decir los regímenes autoritarios hereditarios, como el de Bashar Al Assad. “Se puede decir que la llamada Primavera Árabe no fue perfecta, pero los jóvenes consiguieron acabar con las ‘monarquías republicanas’ hereditarias, como las de Gadafi, en Libia, o las de Ben Ali en Túnez”.

Lo que está claro es que los jóvenes no pudieron tener éxito sin apoyos. Los millennials que participaron en estas revueltas eran de clase media, pero con apoyos de los sindicatos y de los trabajadores. Un ejemplo claro es el Movimiento 6 de abril, que surgió a causa de una huelga de trabajadores de la industria textil en Egipto. La muhabarat – policía secreta – no dejó manifestarse a los trabajadores de  Al Mahalla en El Cairo, pero los jóvenes pudieron grabar vídeos de la represión y de esta situación con sus smartphones y compartirlos en internet. Más tarde, cadenas como Al Jazeera los difundieron a más de 20 millones de espectadores.

Cómo los millennials árabes cambiaron el Mediterráneo
Manifestantes pisan un cartel con la efigie de Ben Ali | Foto: Hassene Dridi/AP Photo Dile

Uno de los casos más sonados en Egipto fue el de Khaled Said, un joven egipcio con estudios en Estados Unidos, bloguero en Egipto y perseguido por la policía. Los revolucionarios afirman que le perseguían por recoger en su blog los abusos policiales que se llevaban a cabo en Egipto, mientras que las Fuerzas de Seguridad del entonces presidente Hosni Mubarak, aseguraba que lo hacía porque Said consumía drogas.

El 6 de junio de 2010, Said se encontraba en un cibercafé de Alejandría cuando llegó la policía y le obligó a salir a la calle, lo llevaron a un callejón, y acabaron matándolo a golpes. Cuando su familia tuvo que ir a la morgue a identificar el cadáver, su hermano no dudó ni un momento en sacar una foto, que no tardó en hacerse viral en las redes y generó protestas que derivaron en la revolución egipcia que acabaría derrocando el 11 de febrero de 2011 a Mubarak.

En cuanto a Túnez ,el caso más sonado y que también fue la mecha que prendió fuego a la revolución en el país fue el de Mohamed Bouazizi, un joven vendedor ambulante tunecino que se inmoló -se plantó delante del Ayuntamiento y se quemó vivo– el 17 de diciembre de 2010; esta fue su forma de protestar por la confiscación de su puesto de frutas y la humillación que dijo haber recibido de los oficiales municipales cuando fue a presentar una queja por este hecho. Fue un caso muy mediático y desencadenó en protestas que llevaron a las revueltas en el país y a la huida del dictador Zine El Abidine Ben Ali a Arabia Saudí.

Una de las principales tácticas de las revueltas en ambos países fue usar los flashmob como herramienta política, con quedadas en la Plaza de Tahrir de El Cairo o la avenida Habib Bourguiba de Túnez.

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Una manifestante durante las protestas de 2011 en El Cairo | Foto: Amr Nabil/AP Photo File

En Túnez, según asegura Cole, al principio tan solo un 25% de los jóvenes conocía las quedadas y manifestaciones por redes sociales, el resto lo hacía a través de llamadas, del puerta a puerta o de panfletos. Este uso de las nuevas tecnologías y de las maneras tradicionales hizo que triunfaran las revueltas.

Si bien es cierto que con estas revueltas se consiguieron algunas mejoras, según Cole, los jóvenes fueron un poco ingenuos, tras haber cumplido bien la primera parte de las protestas, pero despreocupándose de la segunda parte, las elecciones políticas, pasando el testigo a generaciones mayores. Incluso algunos jóvenes no tenían la edad necesaria para votar.  Esto derivó en el triunfo en las urnas de los partidos de derechas y los islamistas.

Para combatir estos nuevos gobiernos islamistas (Enahda en Túnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto), los jóvenes volvieron a salir a las calles a protestar. El final en Egipto fue una regresión al antiguo régimen y un Gobierno militarizado y represor, sin haber avanzado en derechos. En Túnez, “el final fue más feliz”, con la reforma de la Constitución.

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Carros de combate en las inmediaciones de la Plaza Tahrir de El Cairo | Foto: Rodrigo Isasi

15M, la “primavera española”

“Crecimos con la caída del muro de Berlín, con la muerte de Kurt Cobain, con las olimpiadas de 1992. Nuestros padres no nos dejaron usar el móvil hasta que teníamos 16 años, pero somos adictos a él, a las redes sociales. No somos una generación dormida, como dicen de nosotros”. Así se expresa Nessrin el Hachlaf sobre los millennials españoles, y no duda en hacer una comparación de estos movimientos revolucionarios árabes con los que ocurrieron en España.

“En España nacimos en una sociedad distinta a la de nuestros padres, más estable, pero de repente chocamos con la crisis económica”. El Hachlaf también asegura que la diferencia con la generación anterior es que ellos trabajaban para sobrevivir, pero que los millennials trabajan para “vivir bien”.

El 53% de los millennials españoles, según datos de la conferenciante, tiene formación universitaria, y muchos de ellos se han visto obligados a emigrar al extranjero para “acabar trabajando en los empleos que hacían los inmigrantes en España durante la década de los 90”.

“Es una generación narcisista que quiere vivir por encima de sus posibilidades”

Según Nessrin, los millennials españoles crecieron con el 15M pero “defraudados por la democracia y la política, algo que tampoco han conseguido arreglar nuevos partidos  como Podemos o Ciudadanos”. Ante esto, los jóvenes españoles no sienten pereza por la política, pero sí por “sus políticos y por la corrupción”.

Antes se decía que no había esperanza en la política pero sí en la Justicia, en la actualidad, esto ha cambiado. “Como jurista estoy perdiendo la fe en la Fiscalía”, dice Nessrin. “Los fiscales ya no están libres de pecado”, añade.

Es verdad que las redes sociales han permitido cambiar las cosas, realizar mayores llamamientos colectivos de protestas pero, “detrás de una pantalla no se puede luchar contra la brecha salarial, la guerra en Siria, la violencia de género…”. Para Nessrin tanto el 15M como la Primavera Árabe han sido “oportunidades fallidas” y, en el caso de los países árabes, “han acabado dando mayor visibilidad a los islamistas”. “Por muchos tweets que realicemos y acampadas en Tahrir o en Sol que hagamos, no vamos a conseguir nada. Las revueltas han sido un fracaso”.

España es también un país que no cumple con las cuotas de refugiados. “Ojalá (la alcaldesa de Madrid) Carmena quitara la pancarta de ‘Refugees Welcome‘ y la pusiera cuando se cumplan las cuotas y no se niegue el asilo a miles de refugiados y no se les deje morir en las fronteras”, asegura Nessrin.

11 cosas que no sabías sobre los carbohidratos

Redacción TO

Foto: VINCENT KESSLER
Reuters

Los hidratos de carbono son una de las tres fuentes de energía de las que el ser humano dispone, junto con las proteínas y las grasas. Los carbohidratos se han considerado desde siempre imprescindibles para el correcto funcionamiento del organismo. A pesar de este dato, en la última década, numerosos nutricionistas afirman que no son buenos en demasía y si lo que quieres es mantener la línea, deberías evitarlos. De esta afirmación nace el dilema… ¿Son buenos o son malos los carbohidratos para nuestro organismo?  ¿Engordan? ¿Se puede bajar de peso sin dejar de consumirlos? Artiem Fresh People, creadores del proyecto gastro sostenible APORTAM, nos ofrecen 11 datos decisivos sobre este macronutriente para que sepas lo que comes y por qué:

  • Existen dos tipos de carbohidratos: los simples (malos) y los complejos (buenos). Los carbohidratos complejos, como granos integrales y legumbres, contienen largas cadenas de moléculas de azúcar, y por lo general el organismo se toma más tiempo para descomponerlos y utilizarlos. Esto, a su vez, le proporciona al cuerpo una cantidad más equitativa de energía.
  •  Las frutas y verduras son carbohidratos simples compuestas de azúcares básicos aunque diferentes a las galletas, pasteles o bebidas edulcoradas, ya que su fibra cambia la forma en que el cuerpo procesa los azúcares y ralentiza la digestión; se parecen a los carbohidratos complejos y debes consumirlos abundantemente.
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Las frutas y las verduras a pesar de ser carbohidratos simples deben consumirse abundantemente. | Foto: Rafael Marchante/Reuters

  • Los carbohidratos simples se componen de azúcares básicos fáciles de digerir, con poco valor para tu cuerpo. Cuanto más alto en azúcar y más bajo en fibra, peor es el carbohidrato.
  • Podemos encontrar hidratos de carbono complejos en alimentos como el arroz integral, pasta de trigo integral, los frutos secos, la avena, el pan integral, el marisco, etc.
  • Es importante consumir este tipo de macronutriente para la salud intestinal y para la eliminación de residuos.
  • La cantidad de glúcidos que debes consumir dependerá directamente de la actividad física que realices ya que cuando tu cuerpo necesita realizar ejercicio, la fuente que se utiliza para moverte es el carbohidrato.
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Si llevas una vida sedentaria debes reducir la ingesta de carbohidratos. | Kacper Pempel / Reuters

  • Debes disminuir el consumo de los hidratos de carbono simples como el azúcar, las harinas refinadas y los dulces y eso incluye, los zumos de frutas.
  • Los hidratos de carbono aportan 4 calorías por gramo, pero son fácilmente asimilables y rápidas de quemar por parte del organismo. Las calorías que nos tienen que preocupar realmente son las que provienen de las grasas, ya que son las que el organismo acumula con más facilidad y apenas quema.
  • Las mejores fuentes de glúcidos son las naturales y de un solo ingrediente: la quinoa, el plátano, las lentejas, la avena, etc.
  • Los hidratos de carbono son muy necesarios para el correcto funcionamiento del sistema nervioso central, los riñones, el cerebro y los músculos.
  • Los carbohidratos producen sensación de bienestar y elevan los niveles de serotonina.

La nada nadea

Ferrán Caballero

Lo que les gusta olvidar a los analistas de la catástrofe es que la alternativa a Pedro Sánchez eran Susana Díaz o Patxi López. Y ese no es un problema de la socialdemocracia, sino del Partido Socialista Obrero Español. 

Cuando se pregunta ¿qué pasa con la socialdemocracia? hay que responder como Máiquez: “Está muriendo de éxito en lo ideológico (todos los partidos son socialdemócratas y le han robado el discurso social) y de fracaso en lo pragmático (cuando gobiernan, las cuentas no salen).” Hay que responder que la crisis de la socialdemocracia no es, en realidad, sino la crisis de los partidos socialistas de Europa. Y que, así las cosas, las únicas salidas que parecen quedarle son presumir de gestión o cambiar de discurso. 

Cuando se pregunta qué pasa con el PSOE, hay que responder que no puede hacer ni una cosa ni la otra. Que no puede presumir de gestión, como sí puede hacer el PP, porque no gobierna. Y que no puede apartarse del discurso socialdemócrata, como hace Podemos, porque eso sería renunciar al único hecho que presumen diferencial. 

Así las cosas, el PSOE ha comprado el discurso Podemita según el cual el consenso socialdemócrata, el sistema, está en una crisis insalvable y, al hacerlo, ha dejado el futuro en manos de sus populistas adversarios. El PSOE ha asumido que el problema de la socialdemocracia es el gobierno del PP y que la única salvación de su proyecto y su partido pasa, por lo tanto, por echar al PP del gobierno. 

Aceptado este relato, las alternativas se reducían a un candidato que se había negado a entregar el poder al Partido Popular, asumiendo incluso el riesgo de su propia destrucción y la de su partido; y a la mujer que entre las sombras conspiraba para entregarle el poder al enemigo y ante las cámaras seguía insistiendo en que lo fundamental era quitárselo para siempre. Entre el nihilismo de Sánchez y el cinismo de Díaz. Pedro Sánchez es el único candidato que ha asumido el discurso único del PSOE, y aunque con ello haya demostrado su propia inconsistencia también ha puesto en evidencia la hipocresía de los demás. Pedro Sánchez es el único que ha asumido el abismo bajo los pies del PSOE y esa es la primera condición de su salvación. Su desgracia es que el PP no es el problema y que, por lo tanto, él no puede ser la solución”.

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