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¿A cuánto cotiza el toro?

Cristian Campos

Foto: JAVIER BARBANCHO
Reuters

En 2011 se celebraron 2290 festejos taurinos en España. Eso incluye corridas de toros, pero también festejos de rejones, novilladas con picadores, festivales y becerradas, entre muchos otros espectáculos.

En 2015 se celebraron 1736. Un 25% menos. No es un descenso puntual: la caída es acusada y constante desde hace décadas.

La mayoría de esos festejos se celebraron en sólo cuatro comunidades autónomas. Andalucía, las dos Castillas y Madrid concentran el 78% de los espectáculos taurinos que se organizan en España.

En España trabajan 10.481 profesionales taurinos. De ellos, sólo 258, el 2,5%, son mujeres.

A los espectáculos taurinos asiste aproximadamente el 9,5% de la población española. El 7% de las mujeres y el 12,1% de los hombres.

Los aficionados a los toros están más interesados en la cultura y en los espectáculos que el resto de los españoles. El 33,2% de los españoles, por ejemplo, van a museos. Entre los aficionados a los toros esa cifra se eleva hasta el 40,4%. El 62,2% de los españoles leen de forma habitual por el 65,8% de los taurinos. Los aficionados a los toros también van más al teatro (31,2% frente al 23,2% general) y mucho más a conciertos (el 40,9 frente al 29,2).

Todos estos son datos de mayo de 2016 de la Subdirección General de Estadística y Estudios del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Y ahora piensen en qué futuro comercial le espera a un espectáculo para minorías que menguan año tras año, en el que apenas trabajan mujeres, que gusta mucho más a los hombres que a las mujeres, que sólo gusta a andaluces, castellanos y madrileños, y cuyo público habitual lee más y está más interesado en la cultura y los espectáculos que el español medio.

Efectivamente. Una muerte lenta y dolorosa.

Y el resto, es decir todos esos cansinos debates políticos y filosóficos sobre la ética, la crueldad, la empatía, la sangre, el arte, Picasso, el Minotauro, la extinción del toro bravo, la mística, lo telúrico, lo ecológico y lo civilizado y lo incivilizado son sólo parloteos banales y lejanos para ese Dios en cuyas manos está, efectivamente, el destino de la fiesta de los toros.

El mercado.

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La historia de Max, el perro del anuncio de la Lotería de Navidad

Carola Melguizo

Foto: Anuncio Lotería de Navidad 2017 – #DANIELLE, una película de Alejandro Amenábar [Oficial]
Leo Burnett

Todavía falta un mes para el sorteo de la Lotería de Navidad, pero gracias a su anuncio -un cortometraje de 20 minutos dirigido por Alejandro Amenábar- ya se siente la magia en el ambiente. Una magia que adquiere mayor significado cuando descubres la historia de Max, el perro que acompaña a los protagonistas en el spot.

Es un cruce de podenco portugués, tiene cinco años y se llama Maximiliano, pero los amigos le dicen Max. Su vida ha sido una auténtica película. Nació en Sevilla y a los pocos días fue abandonado en una caja de zapatos. En la Asociación Protectora El Buen Amigo lo cuidaron y le pusieron por nombre Bolita. A los 7 meses encontró un hogar, pero la felicidad duró poco y el pequeño volvió al refugio. Dos abandonos en menos de un año. Una realidad tristísima que, por desgracia, se repite con demasiada frecuencia en nuestro país.

El ‘Estudio de la Fundación Affinity sobre el abandono, la pérdida y la adopción de animales de compañía en España (2016)’ arroja cifras alarmantes. El año pasado, más de 100.000 perros fueron recogidos por refugios y protectoras en todo el territorio español. Las camadas no deseadas son la principal motivo de abandono. De ahí la importancia de fomentar la adopción y la esterilización como estrategia para reducir la población de animales abandonados.

La suerte de Bolita cambió el día que Ainhoa Larregui Echenique vió una foto suya y decidió adoptarlo. Con el cambio de familia vino también el cambio nombre y de ciudad. Madrid lo recibió con los brazos abiertos y él demostró que con el cariño y los conocimientos de adiestramiento de su humana podía aprender lo que le pidieran. Consciente de las habilidades de Max, Larregui contactó con Rafael Casado, experto en el adiestramiento de perros para cine y televisión. Con él se formó profesionalmente y las ofertas laborales no tardaron en llegar: anuncios para empresas extranjeras, cortometrajes, etc.

Fue Casado precisamente quien avisó a Larregui que una agencia buscaba un perro que supiera bostezar. Habilidad difícil de encontrar que resultó decisiva a la hora de elegir al perro que acompañaría a Danielle por las calles de Madrid y que al final encontraría su propio final feliz en los brazos del lotero. Un hombre que expresa su simpatía por el animal desde el primer encuentro y que aboga por la tenencia responsable al recordarle a la extraterrestre que el perro debe ir atado. Más allá de sus capacidades interpretativas, en el plano emocional, el papel parece escrito para Max. Son varias las similitudes entre las dos historias.

Max: un viejo conocido

Si su cara te parece familiar, no es porque se trata de un perro mestizo, sino porque lo has visto un montón de veces. Amenábar lo consagró como perro estrella, pero ya había hecho trabajos importantes antes del spot de lotería. Max es el perro que presentaba los cortes de publicidad en Antena3 y el que bailaba al ritmo de la canción de The Bangles en los brazos de la abuela de la familia Sandoval en el anuncio de La Casera de hace un par de veranos.

Son muchas las protectoras que aprovechan la popularidad del sorteo de Navidad para vender décimos o participaciones que les permiten recaudar fondos para financiar la labor que desempeñan durante todo el año. Que la historia del pequeño Max sirva para impulsar estas ventas y que sean muchos los perros sin hogar que se beneficien este año del Sorteo Extraordinario de Navidad. Si el mayor premio es compartirlo, qué mejor que compartirlo con ellos.

Continúa leyendo: 7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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El más viejo fantasma

Pablo Mediavilla

Foto: Jean-Marc Bouju
AP

Diría que es un sueño, si no estuviera seguro de haberlo vivido. Eran dos o tres mansiones blancas en lo alto de una colina de tierra roja. No tenían puertas, ventanas o muebles; eran carcasas de otro tiempo habitadas por familias enteras; la lumbre al pie de la escalinata y las miradas desconfiadas -quizás solo cansadas- hacia los recién llegados. Los niños, que no tienen miedo, se acercaron, y rieron a carcajadas con la crema solar que les aclaraba las mejillas. Estábamos en una antigua hacienda belga en la región de Bunia, al noreste de la República Democrática del Congo, y los descendientes de los esclavos ocupaban las residencias de los amos.

Cada brazo amputado, cada castigo bíblico que los belgas infligieron a los congoleños para que sacaran más caucho y maderas y oro, engrosó la fortuna del rey Leopoldo II y de Bélgica. Con ella pagó la construcción de la estación de tren de Amberes, una de las más fastuosas del mundo, en la que, como describe W.G. Sebald en su novela Austerlitz: “resultaba apropiado que en los lugares elevados, desde los que, en el Panteón romano, los dioses miraban a los visitantes, en la estación de Amberes se mostraran, en orden jerárquico, las divinidades del s. XIX: la Minería, la Industria, el Transporte, el Comercio y el Capital”. Es una historia vieja y, como todas, ilumina el presente.

Llegan ahora imágenes de ventas de esclavos en Libia. Se sabía ya, pero la CNN ha conseguido las primeras imágenes, grabadas con un teléfono móvil, vehículo del horror contemporáneo. Son jóvenes negros, fuertes, aterrados, y, como antaño, sus cualidades tienen precio. Dice el periodista que el negocio se solventa en minutos. En París, otros jóvenes negros se manifestaron contra la ignominia, y futbolistas negros, como Kondogbia, del Valencia, o Pogba, del Manchester United, han expresado su indignación por el asunto. Desde que Italia -la Italia sobrepasada y abandonada por el resto de Europa en el rescate de refugiados en el mar- paga a los señores de la guerra libios para frenar los envíos a sus costas, el tráfico se ha reducido en un 85%. Los tratantes han virado el negocio, sin más.

La esclavitud no desapareció, solo dejó de practicarse a la luz del día. Es probable que, por cuestiones demográficas, haya más esclavos ahora que en el siglo XIX. Está presente en todos los continentes, en los burdeles de nuestras nacionales y en los campos de cultivo de medio mundo; en los talleres de costura y en las fábricas que, por no saber, no sabemos ni que existen. En la soltura de la transacción libia está la costumbre de lo que nunca se ha abandonado. La imagen digital nos devuelve la incredulidad y el terror ante el más viejo fantasma. Querríamos olvidarlo, devolverlo a la oscuridad, pero una vez visto, ya no es posible.

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Los vencedores siempre pagan mejor

Jordi Bernal

Foto: YouTube
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Se cumplen 75 años de Casablanca. No es objetivamente la mejor película de la historia del cine, y sin embargo es puro cine. En Casablanca, más precisamente en el humeante bar de Rick, se hacina una manera de hacer cine, de verlo, destriparlo y sobre todo vivirlo. Una mitología anclada en el siglo XX y convertida irremediablemente en nostalgia cinéfila. Aunque algunas líneas de guión todavía refuljan como navajas ansiosas, su invocación solo sirve ya como un guiño cansado o como material con que se forjan ocurrentes tuits.

El film nació con una voluntad manufacturera. Un producto más en la cadena de montaje de la gran fábrica de sueños que fue Hollywood antes de la avalancha de tipos disfrazados de fantoches que vuelan y mareantes videojuegos para adultos infantilizados. Fue pura carambola y azar. Es bien sabido que el libreto se escribió a salto de mata, en orgía de guionistas e improvisando diálogos en el set, que Bogart daba por perdido su pasaje a la fama, que el director de fotografía Arthur Edeson bordeó el ataque de nervios intentando primeros planos de Bergman sin sombras en su peculiar nariz, que el realizador Michael Curtiz naufragó en su intento de imponer control al caos o que los capitostes de la Warner se planearon en varias ocasiones cargarse el proyecto.

Pero tal vez la improvisación y la urgencia sean dos de las condiciones más admirables en esta obra inmarcesible. Pues detrás de una acartonada historia de amor a manera de triángulo melodramático y zurcido con lapidarias sentencias de corazón latiendo a cañonazos, palpamos el transcurrir vertiginoso de su tiempo. El cínico Rick encarna esa América que no tuvo más remedio que mojarse frente a la propagación del horror. Pese a que finja que su nacionalidad es el alcohol y su única bandera un dólar ondeante, el sentimental toma al fin partido por esa Europa amada y perdida (Ilsa) con su mítica y mitificada resistencia (Victor Laszlo). Como compañero de fatigas, el turbio y fascinante capitán Louis Renault, quien mandará al infame gobierno de Vichy a la basura de la historia.

Esa es a mí entender la más emocionante cualidad de Casablanca: convertir un estridente melodrama en un talentoso aldabonazo propagandístico requerido por las circunstancias. Mientras Leni Riefenstahl ofrecía al III Reich un imaginario colosal de fuerza mecánica y masa enardecida, en defensa de los aliados sonaba La Marsellesa empañando ojos y sacudiendo conciencias en un tugurio clandestino de África.

Frente a estadios erizados de antorchas, trapos sangrientos y cánticos oscuros, un enclenque buscavidas neoyorquino prefigura la ética y la estética del héroe existencialista. Luchador contra la anexión de Austria y del lado de los perdedores en la Guerra Civil española. ‘Pagaban bien’, le dice al respecto Rick al capitán Renault. A lo que este último responde inapelable: ‘Los vencedores pagaban mejor’.
Así es. La enseñanza de Rick también supone la aceptación cargada de hombros de que los vencedores siempre pagan mejor.

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