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Poddetrop y LePentov

Cristian Campos

Foto: ANDREA COMAS
Reuters

No es que hicieran falta muchas pruebas más. Pero por si alguien aún tenía dudas de en qué bando de la historia se mueve la izquierda reaccionaria que en España encabeza Podemos, Mélenchon se encargó de despejarlas todas de una patada cuando el domingo por la noche rechazó pedir el voto para el centrista Macron o a negárselo a Le Pen, que eran las dos únicas opciones adultas que le quedaban tras su derrota.

Macron tiene ganada la segunda vuelta de las elecciones francesas independientemente de lo que diga Mélenchon porque el comunismo no tiene apenas influencia intelectual y política más allá de las redes sociales y su techo electoral ronda el 15-20%. Pero si Le Pen es realmente la peligrosa ultraderechista de la que habla el Pablo Iglesias francés, resulta difícil de entender su negativa a pedir el voto para Macron. ¿Alguien se imagina al líder de un partido comunista asistiendo impasible al desfile de las tropas nazis por los Campos Elíseos de París o dando libertad de voto a sus afiliados para que voten “en conciencia” respecto a la ocupación? ¿En conciencia con qué y respecto a qué?

Vaya por delante que Le Pen, como es obvio para cualquiera al que no le coman los prejuicios por los pies, no es ni una nazi ni una fascista, y ni siquiera una peligrosa ultraderechista como sí lo era el antisemita de su padre. Lo decía el domingo Jorge Dioni en Twitter: “Trump no es fascismo, Wilders o Le Pen, tampoco. Convendría no banalizar con algo tan concreto y que le costó la vida a tanta gente”. De hecho, el programa electoral de Le Pen se corresponde punto por punto con el de Podemos, excepción hecha de su “los franceses primero”. De ahí que el único reproche que Podemos le ha hecho a Le Pen haya sido su supuesta xenofobia.

Le Pen, una anticapitalista, antiliberal, aislacionista y antieuropea de manual (es decir todo aquello que define a Podemos), no es la rival de Mélenchon sino su competencia, que es algo muy diferente. El 40% de los obreros franceses ha votado a Le Pen y es el voto de aquellos que ganan más de 3.000 euros al mes el que le ha dado la victoria a Macron. Pero entiendo que eso duela a aquellos que se han arrogado la representación de los obreros sin preguntarle antes a los obreros.

Cuando hace unos días la revista CXTX tituló impecablemente uno de sus artículos “Marine, la candidata de los obreros” sus lectores se indignaron por lo que consideraron un insulto. “¿Estáis llamando nazis a los obreros?”. “De los obreros alienados, es el pequeño matiz”. “Que el FN sea el único que se muestra discursivamente anticapitalista no basta para considerarlo obrero”. “Le Pen es una fascista. Los obreros están huérfanos en esas elecciones”.

El error de los votantes de Podemos es pensar que los obreros votan a Le Pen a pesar de que ella es una fascista. Andan los pobres convirtiendo la anécdota (la postura de Le Pen respecto a la inmigración) en categoría cuando Podemos tendría ganadas las elecciones en España con mayoría casi absoluta si defendiera el cierre de fronteras. Porque los obreros no votan a Podemos por su oposición a un supuesto fascismo que ya no existe en la Europa de 2017 sino precisamente porque el viejo fascismo obrerista de los años 20 y 30 del siglo pasado ha sido perfectamente reciclado y empaquetado para los obreros del siglo XXI con la etiqueta de “izquierdismo” por partidos como Podemos.

Le Pen y Podemos/Mélenchon, en definitiva, son los Ribbentrop-Mólotov de hoy. El viejo totalitarismo antiliberal que discute por un quítame allá esas pajas mientras se reparte Europa entre sus distintas facciones. Lástima que Europa, con buen criterio, le haya dado la patada tanto a los unos como a los hunos. Parece que no saben tanto de marketing político como se pensaban.

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Por qué deben importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania

Jorge Raya Pons

Foto: Stefanie Loos
Reuters

Las elecciones alemanas se celebran este domingo 24 de septiembre y es una de las citas electorales del año. La atención mediática es tímida en España y es difícil encontrar el motivo. Lo es si comparamos la cobertura que recibe en comparación con la carrera presidencial en Estados Unidos, el referéndum para salir de la Unión Europea en Reino Unido o la batalla entre el europeísta Emmanuel Macron y la euroescéptica Marine Le Pen en Francia.

Por esta razón, en The Objective lanzamos cinco preguntas y cinco respuestas para resolver no solo las claves sobre qué está en juego en Alemania, sino también para comprender por qué debe importarnos.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 1
Un cartel electoral en Berlín que pide el voto para Angela Merkel. | Foto:
Hannibal Hanschke/Reuters

¿Por qué estas elecciones merecen la atención de las estadounidenses o las francesas?

La respuesta a esta pregunta se puede solventar rápido: porque es la primera potencia europea y una de las economías más fuertes del mundo. Además, Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y miembro fundador de la revista Politikon, añade: “Es importante porque es un elemento fundamental del método de integración europea”. Simón resalta que estas elecciones son particularmente decisivas en un contexto turbulento por motivo del Brexit, tras el cual “se está reconfigurando el poder dentro de Europa”.

En este sentido, la fuerza del eje franco-alemán es clave y la sintonía entre la canciller actual y candidata Angela Merkel y su homólogo francés parece evidente. La unidad de las dos grandes fuerzas europeas es fundamental para el futuro de la Unión. “Estas elecciones llegan en un año electoral que se presentaba negro para la Unión Europea tras el éxito del Brexit e incluso de Trump”, explica Pilar Requena, corresponsal de TVE en Alemania, antigua profesora asociada de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y autora del libro La potencia reticente. La nueva Alemania vista de cerca (Debate). “La extrema derecha tanto de Francia como de Holanda e incluso de Austria se sintió envalentonada. Hubo peligro de que ganase en Holanda y de que ganase en Francia, pero al final no se ha producido. Nos encontramos ante un panorama nuevo en Europa con un posible impulso de la Unión Europea y también de la Eurozona, y tienen que celebrarse las elecciones alemanas para que eso ya sea efectivo”.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 2
Un manifestante sostiene un cartel donde se lee ‘Angie no, gracias’, durante un meeting del CDU en Fritzlar. | Foto: Kai Pfaffenbach/Reuters

¿Qué partido es el favorito en las encuestas?

Los últimos sondeos dan como clara vencedora a Angela Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su ala en Bavaria, la Unión Socialcristiana (CSU). “Merkel va a ganar por goleada”, anticipa Requena. De acuerdo con la encuesta publicada el pasado domingo por el diario Bild, Merkel lograría el 36% de los votos, por lo que se posicionaría 14 puntos por delante del Partido Socialdemócrata (SPD), encabezado por el ex presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, que obtendría el 22% de los votos.

La alarma llega con el que sería el tercer partido, según las encuestas: la extrema derecha de Alternativa por Alemania conseguiría el 11% de los votos. También obtendrían participación parlamentaria la izquierda de Die Linke (10%), los liberales del FDP (9%) y el ecologismo de Los Verdes (8%).

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Mariano Rajoy y Angela Merkel, en rueda de prensa. | Foto: Markus Schreiber/AP

¿Cómo afectaría a España y la UE la continuidad de Merkel?

Dado que la mayoría absoluta del CDU se da por descartada, la respuesta a esta pregunta tendría más que ver con las formaciones con las que decida aliarse Merkel. Simón cree que de repetirse una gran coalición –esto es, la unión de los democristianos y los socialdemócratas–, una hipotética vicepresidencia de Schulz permitiría una política menos restrictiva en materia económica a nivel europeo. En cambio, si el CDU se alía con los liberales –su socio natural– podrían endurecerse algunas exigencias, como el cumplimiento del déficit por parte de los Estados miembros. Requena agrega que, de la mano de Francia, Merkel empujaría hacia una gobernanza del euro y la unidad fiscal.

En cualquier caso, los dos expertos consultados coinciden en que España es vista con buenos ojos por parte de Merkel. “La sintonía entre Madrid y Berlín es total”, dice Simón. “Y lo es hasta cierto punto porque, pese a las pocas reformas estructurales que ha hecho el Gobierno de España, a Angela Merkel le conviene exhibir que hay un país del sur que cumple. Nos utilizan un poco –pese a que no hemos hecho gran cosa– para decir: ‘Veis cómo se pueden hacer cosas y volver a crecer y recuperarse’. Un poco para demostrar sus tesis. Nos beneficiamos de esa posición”.

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Una valla publicitaria del candidato socialdemócrata Martin Schulz. | Foto: Fabrizio Bensch/Reuters

¿Cómo afectaría a España y la UE una victoria sorpresiva de los socialdemócratas?

Requena responde con contundencia: “Esa posibilidad no existe”. Y continúa: “Se tendrían que equivocar de cabo a rabo las encuestas para que eso ocurriera. Es cierto que hay un número de indecisos mayor que en otras elecciones, pero no creo que lo estén tanto por los grandes partidos como por los pequeños. Remontar los 12, 13 ó 14 puntos que hay entre el CDU y el SPD es inviable”.

Además, incluye un factor profundamente cultural para que la hipótesis de un gobierno presidido por Schulz no se convierta en realidad: “No sería aceptable para los votantes alemanes que el que ha perdido con una diferencia de más de 10 puntos forme gobierno, aun si fuera posible matemáticamente”.

Simón cree que un gobierno de Schulz sería positivo: conllevaría una “suavización de las políticas en términos como los objetivos presupuestarios”. No obstante, recuerda que “las probabilidades de que se diera son tan bajas que no deberíamos preocuparnos demasiado”.

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Frauke Petry (derecha), candidata del partido ultraderechista Alternativa para Alemania, junto al excandidato Joerg Meuthen durante un acto de la formación en Stuttgart. | Foto: Wolfgang Rattay/Reuters

¿Hay un riesgo real de que la extrema derecha entre en el gobierno?

Todos los sondeos muestran que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania entrará en el Parlamento, y –como destaca Requena– esto no ocurre desde la II Guerra Mundial. De producirse la gran coalición, este partido quedaría como líder de la oposición. En cualquier caso, sostiene que Merkel nunca formaría gobierno con los radicales.

Simón, por su parte, argumenta que esta opción es “harto improbable”, recordando que la propia Merkel lo ha comunicado públicamente. “Es un partido importante que en algunos länder han sido segundo partido, pero en el ámbito estatal no se plantea como un socio viable”, dice Simón. “Si no hubiera un abanico de alternativas, pues a lo mejor podríamos plantearnos si Merkel es sincera o no cuando lo dice. Pero habiendo tantas alternativas…”.

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Tras la legalización de las FARC, sus víctimas aspiran a formar un partido político

Anna Carolina Maier

Foto: John Vizcaino
Reuters

Jorge Vásquez permaneció cuatro años escondido pues la amenaza de las Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) era que si se se lo encontraban “acababan” con él y con su familia. “Esa era la orden”, afirma 16 años más tarde. The Objective lo ha entrevistado para conocer cuál es la postura de las víctimas de la guerrilla que mantuvo al país sudamericano en un conflicto que se cobró más de 200 mil muertes y que este mes ha pasado a convertirse en un partido político legal. 

Vásquez formó parte de las primeras 12 víctimas del grupo guerrillero que viajaron en agosto de 2014 a La Habana para participar en los diálogos de paz. Fue a Cuba en el rol de coordinador de la Mesa Nacional de Víctimas.

Hoy en día, es secretario técnico de la Mesa Departamental de Fortalecimiento y forma parte del Comité Ejecutivo de la Mesa Nacional de Fortalecimiento con las que, entre otras cosas, se pretende hacer seguimiento a que los acuerdos logrados en La Habana sean cumplidos por las partes.

Vásquez recuerda que durante el viaje, uno de los comandantes de la guerrilla le había contado cómo había sido el entramado de las amenazas que por años le hicieron. “La verdad es que era un tema político”, afirma.

“El Desplazamiento forzado se da porque llegaban amenazas, panfletos, mensajes, cd’s y comunicados en los que señalaban que nosotros éramos objetivo militar de ellos”.

La decisión de dejar el departamento de Tolima en 2001 se concreta cuando el grupo armado amenaza con reclutar a uno de sus hijos.

Para formar parte de la mesa que fue a La Habana, se dio un proceso.  “En 2013, 900 organizaciones, a través de unas elecciones, me eligen como primer Coordinador de la Mesa Nacional de participación de víctimas. Por esa condición, por ser víctima de las FARC y por tener una posición política frente al proceso, me llevan a La Habana”.

Las FARC se constituyeron como una guerrilla campesina en la población de Marquetalia al sur de Colombia en 1964. 53 años más tarde, el pasado primero de septiembre, culminó el congreso nacional en el que pasaron a convertirse en partido político acordaron incluso el nombre y el slogan que utilizarán.

Víctima de las FARC: Estamos conversando sobre la posibilidad de conformarnos en partido político
Un militante de las FARC escucha el líder del movimiento Rodrigo Londoño durante el lanzamiento del nuevo partido político llamado Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. | Foto: Jaime Saldarriaga / Reuters

¿Cómo fue el proceso para que las FARC llegara a convertirse en partido político?

Todo lo que está sucediendo no es otra cosa sino parte de los acuerdos que se hicieron en La Habana entre el Gobierno Nacional y el grupo de las FARC. Es parte de los acuerdos. Nosotros hicimos parte inicial del proceso. En este momento, nos estamos conformando como comité verificador de la implementación de los acuerdos logrados allí.

Nosotros creemos que, como víctimas, debemos seguir haciéndoles un seguimiento porque allí se dan garantías, tanto a las víctimas del conflicto armado como a la guerrilla. Es la única forma de que se normalice (la situación) para que el proceso tenga un buen final en la región, que es donde se ha sentido el dolor, el desarraigo y la pobreza.

Queremos que (lo sucedido) pase a la Historia y haya una nueva forma de vivir para los campesinos en Colombia.

¿Qué piensa usted de la entrada a la política de parte de las FARC, conociendo el pasado violento y siendo usted una víctima?

Hay varias posiciones y yo como dirigente tengo que hablar de las dos que más escucho entre las víctimas. Una parte está muy dolida por todo el daño que se hizo, por las muertes de sus familiares, de sus seres queridos, por el desarraigo de la región, de esa real cantidad de cosas que pasaron allá, inhumanas producto de la guerra.

La otra posición, es que sabemos que es mejor eso (su legalización como partido) que el que sigan secuestrando a niños, adolescentes y pensar que se puedan seguir haciendo tantas cosas como las que se hicieron siempre: descuartizamientos de personas, tiros de gracia, secuestros, mutilaciones.

Mi posición personal es que es una gran oportunidad para Colombia, a pesar de todas las diferencias existentes, para que de alguna manera se pueda vivir más tranquilo. Que se pueda ir al campo. La idea aquí es que todos cabemos en Colombia.

Yo hace mucho rato superé la situación de tenerles a ellos fobia. Inclusive, antes de viajar a La Habana yo pensaba que cuando me encontrara con ellos iba a tener una reacción diferente. Pero lo he superado porque la vida nos enseña que tenemos una familia, que tenemos que trabajar por ella y que hay que salir adelante.

Tenemos, además, una familia que es Colombia, tenemos un trabajo que hacer.

¿Entre las propuestas de las víctimas ha estado el de la participación de ustedes en la política? Sobre todo, ahora tras la legalización de las FARC.

Nosotros llevamos esa propuesta a La Habana. Fue un escrito que pusimos en la mesa. Nosotros manifestamos que las víctimas teníamos igual o mayor derecho de participar en política ya que hoy los políticos utilizan a las víctimas para sacar sus votos pero no les interesa el proceso.

Es una gran oportunidad para que las mismas víctimas representen a las víctimas. No hay nadie que sienta más el dolor que una víctima. Por eso, buscamos la oportunidad de que se diera esa cosa que terminó siendo la Circunscripción Especial para la Paz pero donde, de alguna manera, condicionan la elección porque se limitaron a cuatro municipios del sur. Allí no quedamos muy conformes con el mecanismo pero algo se logró.

La creación de las denominadas Circunscripciones Especiales de Paz -pactadas en Cuba- darían, durante la transición, representación adicional en la Cámara de Representantes a las zonas más afectadas por el conflicto armado.

De acuerdo a una entrevista del medio colombiano El Tiempo hecha a Fernando Giraldo, profesor investigador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad del Norte, estas circunscripciones “serían creadas de manera transitoria para brindar participación política a aquellas poblaciones cuyos territorios han sido históricamente afectados por la guerra”.

Tres características serían decisivas a la hora de escoger las zonas que las integrarían: “que sean lugares donde la presencia el conflicto armado haya sido considerable; que sus poblaciones hayan sido víctimas de condiciones de abandono y pobreza muy fuerte; y donde la presencia institucional del Estado es muy débil o inexistente”, explicó a ese medio el profesor. Por su parte, Vásquez considera que faltaron zonas por incluir.

De modo que propusieron que las víctimas también crearan un partido político…

Sí, estamos en esa idea. Estamos hablando con algunos departamentos donde nosotros estamos conversando sobre la posibilidad de conformarnos en partido político. En Colombia, a pesar de que es tan limitante la participación ciudadana, pues los partidos políticos han absorbido el proceso y no dejan que se constituya uno nuevo, nosotros estamos en esa gran tarea.

Hacia el final de la página, sostenemos que las víctimas, que somos ocho millones y medio de personas, algún día podamos andar como un partido político y tener nuestros parlamentarios e inclusive un aspirante a la Presidencia.

¿Cree posible que las FARC llegue al poder en algún momento?

Va a ser muy difícil porque hay mucho escepticismo en la población. Incluso en las zonas donde ellos estuvieron. Hay mucho dolor en ese proceso. Pero por eso es un proceso. Nada más importante y claro es que uno se mide con los hechos. Entonces vamos a mirar, seguramente, en las próximas elecciones cómo será la opinión de los colombianos ante la constitución de las FARC como partido.  Ahí vamos a hacer una medición de aceptación o no de un grupo de izquierda que llega a legalizarse en estos tiempos y en estos escenarios participativos.

Entre los políticos se rumorea que el nuevo partido que el 1 de septiembre se bautizó como Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común -manteniendo así sus siglas originales- no va a presentar a candidatos para las próximas elecciones de 2018 pero sí dará apoyo a algunos como, posiblemente, Piedad Córdoba.

El 30 de mayo, concluyó el desarme de la guerrilla bajo la supervisión de la Organización de Naciones Unidas y el presidente Juan Manuel Santos ese día proclamó que el conflicto con las FARC, que durante medio siglo desangró, a Colombia “realmente” había terminado. Tras la legalización de las FARC comienza una nueva historia. 

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Vértigo

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: ANDREA COMAS
Reuters/File

Fue una imagen triste. El Pleno del Congreso de los Diputados rechazó este martes una proposición no de ley para cerrar filas en la defensa del Estado de derecho. Algunos señalaron la inconveniencia de la iniciativa planteada por Ciudadanos, y otros reprocharon a los socialistas su falta de arrojo para votar con populares y naranjas. No es el cometido de este artículo analizar las razones de una y otra posturas políticas, sino extraer conclusiones de ese desafortunado desencuentro que parece haber debilitado la acción constitucionalista en su misión de frenar el desafío independentista.

La primera de ellas tiene que ver con el alcance geográfico del problema secesionista. Hace ya muchas semanas que constatamos con dolor que, pasara lo que pasara en Cataluña en las próximas fechas, aquella sociedad y sus instituciones quedarían fracturadas y enfrentadas por largo tiempo. Ahora, esa quiebra amenaza con extenderse también al Parlamento nacional. Es cierto que la división no ha llegado a las calles de España, donde los ciudadanos siguen los acontecimientos con una mezcla distancia y desafección, pero la votación del martes ha puesto de manifiesto hasta qué punto el procés ha mediatizado a la cámara legislativa. Es como si ese eje centro-periferia que lleva décadas condicionando las elecciones autonómicas catalanas se hubiera trasladado al Congreso, afectando a la estrategia, el juego de alianzas y el equilibrio de fuerzas políticas, quién sabe si de forma permanente.

La segunda conclusión sugiere un viraje en las filas de la oposición. Aquella alianza moderada que hizo posible un pacto de gobierno, después frustrado, entre PSOE y Ciudadanos hoy sería irrepetible. Ambos partidos parecen haber derivado en oposiciones mutuamente excluyentes, tendencia que aleja la posibilidad de una alternativa al PP que pivote sobre el centro del espectro ideológico. El retorno de Pedro Sánchez al frente de la dirección socialista ha supuesto un desplazamiento hacia posiciones más escoradas a la izquierda, en un intento por recuperar a los votantes que se marcharon a Podemos en las últimas citas electorales, y una reacción casi alérgica a cualquier contacto con la derecha.

Con todo, los flujos de votos que se produzcan entre PSOE y Podemos no alterarán de forma sustancial el peso neto de la izquierda nacional parlamentaria. Así, una vez escenificada la ruptura con sus antiguos socios naranjas, es posible que Sánchez busque el apoyo de las formaciones independentistas para plantear una moción de censura con opciones de prosperar. Es posible también que ese apoyo tenga lugar a cambio de respaldar un gobierno tripartito en unas hipotéticas elecciones autonómicas, presidido por ERC y con PSC y Catalunya sí que es pot como socios comprometidos con la celebración de un referéndum pactado.

Por su parte, Podemos constituye un elemento de inestabilidad parlamentaria, habida cuenta de su carácter antisistema o semileal al sistema, y de su capacidad para condicionar la acción política. La formación no pudo acometer el desborde popular al que aspiraba en las pasadas elecciones y ha perdido apoyo social en los últimos meses. Íñigo Errejón atribuyó los límites electorales del proyecto populista a la ausencia de una crisis orgánica en España. Es decir, el descontento político y social no consiguió deslegitimar las instituciones democráticas, que continuaron contando con el respaldo y el reconocimiento de la mayor parte de los ciudadanos.

En este sentido, Podemos parece haber descubierto en el procés una ventana de oportunidad para desencadenar la anhelada crisis del sistema, y a este propósito parecen encaminadas sus acciones en el conjunto de España. Al mismo tiempo, la formación morada espera que las arriesgadas maniobras emprendidas por Pedro Sánchez y Miquel Iceta terminen por propiciar la ruptura del PSOE. Algo de eso se vislumbró también el pasado martes, cuando varios diputados socialistas rompieron la disciplina de partido para abstenerse en la votación de la iniciativa de Ciudadanos.

En resumen, la votación del pasado martes nos deja la imagen de un bloque constitucionalista dividido que ha de hacer frente a un independentismo sin fisuras. Estas diferencias dan cuenta de que la cuestión nacionalista no ha conseguido difuminar los matices del discurso político de los grandes partidos, pero también evidencian que el eje centro-periferia se ha instalado en el Congreso y que va a debilitar la respuesta común que exige el reto secesionista. Hace unos meses, despedíamos con optimismo un bipartidismo de décadas para dar la bienvenida a un pluralismo que creíamos moderado. Sin embargo, los últimos acontecimientos nos hablan de polarización y crisis orgánica. Nos hemos instalado en el vértigo.

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Choque de trenes

Gregorio Luri

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Una parte de Cataluña, convencida de que representa a la Cataluña genuina, ha decidido crear una situación constituyente para dar forma de Estado a lo que tiene por patria. No soy tan ingenuo como para no saber que las naciones suelen cubrir sus orígenes con un velo púdico, porque así como la moralidad surge con frecuencia de la inmoralidad, la legalidad más de una vez ha nacido de la ilegalidad. No estamos viviendo el primer intento histórico de crear un momento constituyente. Léase a Kelsen o a Schmitt.

Todo momento constituyente es un acto de violencia fundadora que no necesariamente ha de ser sangriento, pero que inevitablemente deja heridas, porque pretende instaurar un nuevo orden jurídico fuera del marco jurídico existente, precisamente porque éste último no contempla otro momento constituyente legítimo que el que de su autoconstitución. Es una apelación a la fuerza de los hechos para romper, de facto, con el orden jurídico que hasta ese momento se había acatado; un intento de crear un contrapoder capaz de impugnar la legalidad imperante por medios no legales para fundar así una fuente legítima de derecho. Se pretende, en suma, imponer la voluntad sobre la legalidad mediante el recurso de presentar a la primera como “voluntad popular”.

En agosto del 2011 Jordi Pujol advirtió: “cal que passi alguna cosa, ni que sigui en forma de xoc de trens, en els anys immediats”. La profecía se ha cumplido. Pero en la Europa actual a nadie le gusta ser señalado como el responsable de un choque de trenes o, de lo que es lo mismo, de un momento constituyente. Por eso hay que presentar verosímilmente el encontronazo como un acto de justicia e incluso como un deber moral. No lo crítico. Lo constato. También constato la torpeza del Estado que, no solamente ha ido siempre detrás de los acontecimientos sino que se muestra incapaz de desarrollar un discurso retórico y simbólico que pueda enfrentarse al discurso independentista. Parece carecer de recursos ideológicos para hacerlo, quizás porque lo que llaman “régimen del 78” los hijos mimados del mismo, sólo supo desarrollar un argumento absurdo para desmontar ideológicamente el nacionalismo vasco y catalán: criticar el nacionalismo.

Pierre Vilar recordaba que mientras Menéndez Pelayo inventaba a “España como ideología”, Michelet, en Francia, se sacaba de la chistera a “Francia como persona”. Quizás por eso cuando hemos querido saber qué era España nos hemos perdido en enigmas, problemas y “vividuras”, mientras que Rovira i Virgili o Soldevila creaban una historia nacional en la que “Cataluña es una persona, no un problema”.

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