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El abismo invoca al abismo

Daniel Capó

La lectura nos ayuda a redescubrir el rostro oculto de la suavidad. Acudamos a la etimología: suavitas en latín significa dulzura. Se diría que es suave la vida civilizada, el diálogo pausado, la penumbra de las casas burguesas, la serena alegría de los conciertos de Mozart, la pintura holandesa, el bodegón español. Es suave la luz pura del gótico cisterciense, el preciso orden de las columnatas griegas y los pliegues en mármol de una escultura de Miguel Ángel. Es suave Bach, pero no Beethoven; los lamentos isabelinos de Dowland, pero no las trompas wagnerianas. La suavidad puede ser la condición lejana de un eco, tan distante que sólo se percibe en forma de confort. El bienestar, la calma, la seguridad de un hogar, el tranquilo ajetreo de los comercios: todo esto constituye la fotografía amable de la barbarie, un negativo en color. El escritor Pascal Quignard lo explica in extenso. Al afilado estilete de su inteligencia me remito en este artículo. A Pascal Quignard le gusta invocar el abismo y conducirnos hacia él. En uno de sus textos cita a Lucrecio: «Es suave –escribe Tito Lucrecio Caro– cuando los vientos azotan el vasto mar, contemplar desde la orilla la desgracia del prójimo». Y prosigue el filósofo romano: «Es suave además asistir sin riesgo a los grandes combates de la guerra y contemplar desde lo alto las batallas en línea en las planicies». Es suave, se diría, habitar lejos del peligro.

Quignard observa que el sentido latino de la suavidad no reside en el placer de una cínica sensualidad, sino que describe una lejanía. «Estamos demasiado lejos para oír –glosa el autor francés–. No oímos los gritos de los náufragos». Tampoco los escuchamos nosotros, ni les prestamos atención, confundidos en la distancia y el ruido atronador de la vida. La suavidad sería, pues, un anhelo de civilización que se sustenta en un peligroso olvido. O en una forma de sordera. Sin embargo, una de las lecciones que nos ofrece la Historia consiste en que las murallas más altas pueden caer al son de las trompetas. Abyssus Abyssum invocat – “el abismo llama al abismo”– reza el salmo 42 en la Vulgata. Conviene que no lo olvidemos. Ninguna civilización perdura en la suavidad del olvido y de la indiferencia.

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Una revolución

José Carlos Rodríguez

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Ya sabemos lo que ha organizado el gobierno autonómico liderado por Puigdemont. Conocemos bien el papel de villano que el torpe gobierno de Mariano Rajoy ha representado en ese teatro. Tenemos claro, hoy como hace cuatro semanas, hoy como hace cuatro décadas, que el gobierno regional de Cataluña va a declarar la independencia del resto de España. Lo que muchos no ven con suficiente claridad es que estamos ante una auténtica revolución.

Será el polvo levantado por los escombros del Estado. Será el descreimiento con el que miran los españoles a su país. Será la derrota por incomparecencia del nefando gobierno liderado por este Don Julián redivivo. Será porque la palabra revolución se ha utilizado para cualquier ocurrencia y ha perdido su sentido. Será que en España el fin de la historia llegó la las aulas hace décadas. Será que la hemos gestado durante cuarenta años y hemos tolerado, cuando no comprendido, sus motivaciones xenófobas e insolidarias. Pero la tenemos aquí y muchos no la pueden ver.

Es una revolución porque se subvierte el orden legal, y porque se hace en nombre de un sujeto político distinto del actual. Es una revolución porque, si Rajoy permite, con su inacción culposa e inane, la secesión de Cataluña, todo, absolutamente todo, quedará en entredicho. El nombre de España quedará temblando. Su territorio se quebrará por una o dos heridas más. La Constitución tendrá el mismo crédito que le ha concedido Mariano. Y en Cataluña regirá un régimen dizquedemocrático dedicado a la construcción nacional; es decir, a hacer de la región lo que nunca ha sido y a dividir a sus ciudadanos entre fieles y sospechosos. Lo que conocemos quedará en entredicho. Nuestras referencias serán más pequeñas e inseguras.

Y aún se publicarán unas memorias de Mariano que no se titulen “Mis vergüenzas”.

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Documentales en Netflix que te harán parecer más inteligente

Cecilia de la Serna

Foto: Frank Okay
Unsplash

Ser inteligente es fácil, lo difícil es parecerlo. O igual era al revés. Lo que es innegable es que parecer inteligente, además de serlo, es primordial para causar sensación en cualquier reunión social. Para avanzar en nuestro cometido de parecer más inteligentes podemos leer, por ejemplo. Leer está bien. Pero seamos honestos: la tasa de lectura entre los más jóvenes en España es realmente baja, y a pesar de que el fomento de esta práctica milenaria es algo a promover, leer no es la única forma de obtener conocimiento.

Un género cinematográfico antes olvidado, y hoy en día recuperado en parte por la proliferación de plataformas de visionado en streaming, es el documental. Hay documentales que son auténticas obras maestras del Séptimo Arte. Muchas de ellas las podemos encontrar en Netflix, y las historias que cuentan llenarán nuestro repertorio de conversaciones interesantes.

Los siguientes son perfectos para enriquecer el conocimiento del más erudito:

1. Ai Weiwei: Never Sorry (2012)

En los últimos años, Ai Weiwei ha captado la atención internacional tanto por su ambiciosa obra como por sus provocaciones políticas. Este documental dirigido por Alison Klayman analiza la confluencia entre arte y activismo social a través de la vida y la creación de los artistas contemporáneos más importantes de China. Una ocasión perfecta para poner en contexto esta confluencia entre arte contemporáneo y la situación política en el gigante asiático.

Puedes verlo en Netflix aquí.

2. What The Health (2017)

Después del boom de Super Size Me, los documentales sobre alimentación han ido proliferando exponencialmente. Uno de los que merece la pena es What The Health, la última película de los creadores de Cowspiracy, que exploran la gran cantidad de amenazas a la salud pública que se derivan de la alimentación con un alto contenido de carne. Es un must para veganos y vegetarianos, y para todo aquel que quiera acercarse a una realidad cada vez más común. Los estudios que salen en el documental se pueden consultar en su totalidad en este enlace.

Puedes verlo en Netflix aquí.

3. The Keepers (2017)

Esta serie documental original de Netflix consta de siete capítulos y es una de las sensaciones de la temporada. Trata sobre un asesinato sin resolver que tuvo lugar hace casi 50 años en Baltimore. La Hermana Cathy era una monja compasiva que fue asesinada en la ciudad norteamericana y la sospecha de que las pruebas del asesinato fueron encubiertas empiezan a crecer. A través de numerosas entrevistas con amigos, parientes, periodistas, funcionarios del gobierno y ciudadanos de Baltimore, el director del documental Ryan White compone una historia que va más allá de la muerte. Involucra a instituciones como el Clero, el Gobierno y a la Iglesia, que en el mejor de los casos no investigó el tema y en el peor, lo encubrió.

Puedes verlo en Netflix aquí.

4. Winter on Fire: Ukraine’s Fight for Freedom (2015)

Este fue uno de los títulos nominados al Oscar a mejor documental en la edición de 2015, y que retrata a la perfección uno de los conflictos contemporáneos más retratados en la prensa. Esta es una crónica de los sucesos que se produjeron durante 93 días en 2013 y 2014. Lo que empezó como una serie de manifestaciones pacíficas en apoyo a la integración europea de Ucrania terminó convirtiéndose en una revolución violenta pidiendo la renuncia del presidente de la nación. Winter of Fire presencia la formación de un nuevo movimiento de derechos civiles en el país y coloca en contexto el conflicto ucraniano.

Puedes verlo en Netflix aquí.

5. Cuba Libre (2015)

Esta serie de ocho episodios retrata ampliamente la historia de Cuba, desde la etapa colonial hasta los últimos años del gobierno de Fidel Castro y el acercamiento diplomático a Estados Unidos. Una ocasión perfecta para dar contexto a la peculiar situación en el mundo del país caribeño.

Puedes verlo en Netflix aquí.

6. What Our Fathers Did: A Nazi Legacy (2015)

Este documental nos presenta a tres hombres que viajan juntos por Europa. Para dos de ellos este viaje supone una confrontación con los actos de sus padres, antiguos oficiales nazis. Para el tercero, el escritor y defensor de los Derechos Humanos Philippe Sands, significa visitar los lugares en donde miembros de su propia familia judía fueron destruidos por los padres de sus compañeros de viaje. Es la exploración emocional y psicológica de tres hombres en lucha con su pasado, el presente de Europa y las distintas versiones de la verdad. Imprescindible documento que nos confronta con nuestro pasado.

Puedes verlo en Netflix aquí.

7. Under the Sun (2015)

Esta inusual película documental, rodada bajo el control férreo del Gobierno norcoreano, nos descubre la vida de una niña que ha sido elegida para formar parte de la Unión de Niños de Corea del Norte. Constituye un fidedigno y fascinante estudio sobre la propaganda del Estado y un retrato de una sociedad hermética y despojada de una vida privada.

Puedes verlo en Netflix aquí.

8. Minimalism: A Documentary About the Important Things (2015)

Este documental es una mirada más allá de los planos y ordenadores en el arte y la ciencia del diseño, mostrando a grandes diseñadores de todas las disciplinas cuyo trabajo da forma a nuestro mundo.

Puedes verlo en Netflix aquí.

9. Paris is Burning (1990)

Es la más antigua de nuestra lista, pero no podía faltar ya que parece que por ella no pasan los años. Paris is burning es un documental dirigido por Jennie Livingston y filmada en la segunda mitad de la década de los 80. Retrata con gran fidelidad el movimiento conocido como cultura del baile en el Nueva York de aquella época, centrándose los sectores sociales más implicados en él: gays latinos y afro-americanos, además de la comunidad transgénero, todos ellos muchas veces envueltos en el riesgo de exclusión social y la pobreza. Esta es una extraordinaria mirada del fin de la llamada “Edad Dorada” de los bailes drag en Nueva York, además de una delicada exploración de los conflictos derivados de la raza, la clase social, la identidad sexual y el género en Estados Unidos.

Puedes verlo en Netflix aquí.

10. El fin de ETA (2017)

La producción española de nuestra lista es El fin de ETA, una película escrita por José María Izquierdo y Luis Aizpeolea, y dirigida por el británico Justin Webster. El documental arranca con las conversaciones entre el entonces presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Eguiguren, y el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi, en el caserío Txillarre, de Elgoibar (Guipúzcoa), que tienen lugar desde 2000 a 2004, y continúa narrando los diez años de negociaciones que concluyeron con el cese de la actividad armada. Es un acercamiento a veces espeluznante al mundo etarra, y un retrato del final de la banda terrorista.

Puedes verlo en Netflix aquí.

11. Abstract: el arte del diseño (2017)

Esta serie documental original de Netflix está compuesta por ocho episodios. Cada uno de ellos se adentra en el mundo y el trabajo de un diseñador de diferentes disciplinas. Muestra cómo son sus procesos creativos, la forma en que realizan sus trabajos o la forma en que sus diseños han afectado tanto a su propia vida como a la de todos los que les rodean. Es una mirada detallada del mundo del diseño, que influye como pocos en nuestra cultura.

Puedes verlo en Netflix aquí.

12. Inside Job (2010)

Last but not least, el último de nuestra lista es uno de los documentales más influyentes de la Historia más reciente del cine. Salió a la luz en 2010, en medio de la dura recesión que siguió a la crisis de 2008, y ésta es precisamente la que retrata. Inside Job, que recibió un Oscar a mejor película documental el año de su estreno, habla no sólo sobre las causas, sino también sobre los responsables de la crisis económica mundial de 2008, que significó la ruina de millones de personas que perdieron sus hogares y empleos, y que, además, puso en peligro la estabilidad económica de los países desarrollados. A través de una extensa investigación y de entrevistas a financieros, políticos y periodistas, muestra el auge de empresarios sin escrúpulos y la degradación de la política y la educación. Un crudo retrato de las entrañas de Wall Street que afectaron a la economía del planeta entero.

Puedes verlo en Netflix aquí.

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Las imágenes más influyentes de la Historia que no habrían pasado el escrutinio de Twitter

Cecilia de la Serna

Foto: Eddie Adams
AP

Tras el atentado en las Ramblas de Barcelona el debate sobre la pertinencia de ciertas imágenes en los medios de comunicación volvió a la palestra. Lo ideal sería poder preservar la intimidad de las víctimas y cuidar la sensibilidad de los lectores, pero sin olvidarnos de mostrar sin filtros la realidad. Es una ecuación difícil de resolver, aunque no imposible.

Twitter y otras redes se plagaron de fotos y vídeos de víctimas, muchas de ellas sin pixelar, que hirieron sensibilidades y que valieron la rectificación de más de un gran medio nacional. El debate estaba servido: ¿Qué prima: la intimidad de las víctimas o el derecho a la información? ¿Dónde está el límite?

La prestigiosa revista Time ha publicado una lista de las 100 imágenes más influyentes de todos los tiempos. Lo ha hecho a través de la mirada de expertos en la materia, que han seleccionado minuciosamente cada fotografía por su trascendencia, basándose siempre en criterios muy marcados. Desde Time explican que algunas imágenes están en su lista porque “eran las primeras de su clase, otras porque formaron la manera en que pensamos” o porque “cambiaron la forma en que vivimos”. Muchas de ellas, si fueran publicadas en el año 2017, podrían suscitar debates parecidos en redes al que siguió a la cobertura de los atentados en Cataluña.

Recopilamos a continuación algunas de esas imágenes y las acompañamos del contexto en que fueron tomadas y publicadas:

1. La ejecución de Saigón, 1968 – Eddie Adams

La primera de estas imágenes es la fotografía que encabeza este artículo, tomada por el fotógrafo estadounidense Eddie Adams en 1968. Este fotoperiodista de la agencia Associated Press paseaba por Saigón, la entonces capital de Vietnam del Sur, cuando se topó con la cruda escena que presenta en esta foto. Adams vio al general de brigada Nguyen Ngoc Loan, jefe de la policía nacional, junto a Nguyen Van Lem, el capitán de un escuadrón terrorista que acababa de matar a la familia de uno de los amigos de Loan. El fotógrafo creyó estar ante el interrogatorio de un prisionero, pero lo que sucedió después le sorprendió: el asesinato a sangre fría de un prisionero en plena calle.

La foto se tomó dos días después de que las fuerzas del Ejército Popular de Vietnam y el Viet Cong salieran de la ofensiva de Tet y llegaran a decenas de ciudades de Vietnam del Sur, y valió un premio Pulitzer. Sobre el poder de esta imagen, Adams llegó a afirmar que “las fotografías son el arma más poderosa del mundo”, y algunas como ésta misma ayudaron a convencer a los estadounidenses del absurdo de mantener el conflicto en Vietnam.

2. El hombre que cae, 2001 – Richard Drew

Foto: Richard Drew / AP

Esta es una de las fotos más icónicas del siglo XXI. Retrata un momento clave de nuestra Historia más reciente: los atentados del 11-S en Nueva York. La mayoría de imágenes que se muestran sobre aquellos ataques están protagonizadas por torres y aviones, no por personas. Ésta, sin embargo, toma un cariz más íntimo. Se trata de un hombre cayendo de la Torre Norte tras el ataque, tratando seguramente de no asfixiarse dentro. No fue la única persona que se lanzó al vacío aquel día en aquellas torres, y no se conoce su identidad, aunque se cree que era un empleado del restaurante Windows on the World.

Quien tomó esta fotografía fue Richard Drew, un veterano fotoperiodista de Associated Press. La imagen fue publicada en periódicos de Estados Unidos y del resto del mundo en los días posteriores a los ataques, pero la reacción negativa de los lectores provocó que cayera en el olvido durante muchos años. Es sin duda una imagen difícil de procesar pero que, a fin de cuentas, captura un instante que fue real.

3. Muerte de un miliciano, 1936 – Robert Capa

Foto: Robert Capa

A Robert Capa se le conoce por plasmar muchos y diversos iconos a través del objetivo de su cámara, pero si por uno es célebre en España ese es Muerte de un miliciano, una imagen reconocida a escala global. De hecho, tiene un sitio indiscutible en la lista de las 100 imágenes más influyentes para la revista Time.

Muerte de un miliciano es una de las fotografías más conocidas de la Guerra Civil española. Tomada por el fotógrafo húngaro el 5 de septiembre de 1936 en el término municipal de Espejo, en Córdoba, la imagen muestra la muerte de Federico Borrell García, un miliciano anarquista. La veracidad de la foto ha sido cuestionada, y ha sido objeto de controversia. No obstante, sigue siendo un emblema del gran conflicto bélico español en el siglo XX. Fue publicada por primera vez en el número 447 de la revista Vu el 23 de septiembre de 1936 en un reportaje titulado Comment sont-ils tombés (en francés, “Cómo cayeron”), pero no se hizo mundialmente famosa hasta que apareció en la revista LIFE en un reportaje titulado Death in Spain: the civil war has taken 500.000 lives in one year (en inglés, “Muerte en España: la guerra civil ha segado 500.000 vidas en un año”).

4. Sábado Sangriento, 1937 – H.S. Wong

Foto: HS Wong

La imagen tomada por el fotógrafo chino HS Wong muestra a un bebé llorando dentro de las ruinas bombardeadas de la Estación de Tren Sur de Shanghái, minutos después de un ataque aéreo sobre civiles durante la Batalla de la ciudad china, un conflicto entre Japón y China.

Su autor no dio a conocer jamás la identidad o el sexo del bebé que protagoniza la foto, cuya madre yacía muerta a unos metros. Fue una imagen de notable trascendencia, que generó una gran ola de indignación en occidente por la violencia ejercida por parte de las fuerzas imperiales de Japón en China. Apareció por primera vez en la revista LIFE el 4 de octubre de 1937, fecha en la que se estima que unos 136 millones de personas la habían visto.  Su amplísima difusión revela la fuerza de una imagen para influir en la opinión pública.

5. Pena, 1942 – Dmitri Baltermants

Foto: Dmitri Baltermants

Esta dramática fotografía es obra del fotoperiodista ruso Dmitri Baltermants, que durante muchos años trabajó como fotógrafo oficial del Kremlin soviético. Durante la Segunda Guerra Mundial, cubrió la batalla de Stalingrado, así como las batallas del ejército rojo en Ucrania, Polonia y Alemania. Una de sus imágenes más famosas es la que encabeza estas líneas. En ella se representa una masacre nazi ocurrida en 1942 en Kerch, una aldea situada en Crimea. Podemos ver la pena de las mujeres de la localidad mientras buscan los cuerpos de sus seres queridos.

Las imágenes de asesinatos masivos nazis en suelo soviético eran demasiado gráficas y violentas para los líderes, que se cuidaban mucho de mostrar públicamente el sufrimiento de su pueblo. Al igual que muchas de las fotos Baltermants, Pena fue censurada. No se mostró hasta décadas más tarde, concretamente hasta 1975.

6. Masacre de la Universidad Estatal de Kent, 1970 – John Paul Filo

Foto: John Paul Filo / AP

A principios de la década de los años 70, un suceso violento en la Universidad Estatal de Kent, en el estado de Ohio, conmocionó a la opinión pública norteamericana. El 4 de mayo de 1970, una protesta estudiantil terminó con la muerte de 4 manifestantes a manos de agentes de la Guardia Nacional de Estados Unidos, que habían recibido la orden de contener a los manifestantes. Los estudiantes protestaban por la invasión estadounidense de Camboya en el marco de la guerra de Vietnam y las protestas pacifistas en Estados Unidos.

John Filo, un estudiante y fotoperiodista a tiempo parcial, fue quien capturó este instante lleno de rabia y desolación. La foto de un aficionado llegó a la portada del New York Times y mereció un Pulitzer. Los trágicos sucesos de Kent recibieron respuestas por toda la nación: cientos de universidades, colegios e institutos promovieron una huelga estudiantil, mostrando su solidaridad. El tiroteo duró 13 segundos, pero esta imagen ha terminado pasando a la Historia.

7. El barcos sin sonrisas, 1977 – Eddie Adams

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Foto: Eddie Adams / AP

Eddie Adams, de quien ya hemos hablado en la primera foto de esta lista, era prolifero a la hora de captar iconos en fotografía. En este caso, la instantánea se fue tomada en un barco. Adams acompañaba a una patrulla marítima de las autoridades tailandesas cuando vio acercarse a un barco repleto de refugiados llegados de Vietnam del Sur que trataban de llegar hasta la costa de Tailandia. Miles de vietnamitas habían huido del país tras la retirada del país de las tropas norteamericanas dos años antes, en 1975, huyendo del comunismo survietnamita.

“Esta es la primera vez en mi vida que nadie sonrió, ni siquiera los niños”, llegó a decir el fotógrafo tiempo después de publicarse la foto. La imagen tuvo tal repercusión que el Congreso norteamericano finalmente abrió las puertas a unos 200.000 survietnamitas asilados, que entraron en Estados Unidos entre 1978 y 1981.

8. El buitre, 1993 – Kevin Carter

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Foto: Kevin Carter

En 1993, el fotógrafo sudafricano Kevin Cater decidió, tras cubrir los sucesos más violentos del Apartheid en su país de origen, viajar hasta Sudán. Su intención era mostrar al mundo la grave hambruna que azotaba en el territorio centroafricano. Agotado tras pasar el día tomando fotografías en la aldea de Ayod, se dirigió hacia el bosque para descansar. Allí escuchó unos gemidos, a los que decidió acercarse y fue cuando se topó con la impactante escena que muestra su fotografía: un niño escuálido, aturdido y que se había derrumbado de camino a un centro de alimentación. Cuando tomó la imagen del niño, un buitre aterrizó cerca. Carter había sido advertido de no tocar a las víctimas en el desarrollo de su labor, por lo que en vez de ayudar, pasó 20 minutos aguardando con la esperanza de que el ave, que estaba al acecho, abriera sus alas y echara a volar. No lo hizo, por lo que la ahuyentó y observó finalmente cómo el niño continuaba su camino hacia el centro.

Esta imagen copó la portada de varios periódicos, incluido el New York Times, y marcó profundamente a su autor, que se suicidó un año después. Su carta de suicidio decía “estoy atormentado por los recuerdos vívidos de matanzas y cadáveres y la ira y el dolor”.

9. Bosnia, 1992 – Ron Haviv

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Foto: Ron Haviv

La guerra en Bosnia aún no había comenzado cuando el estadounidense Ron Haviv hizo esta foto de un serbio pateando a una mujer musulmana que había sido fusilada por las fuerzas serbias. Haviv, que es conocido por su amplia cobertura de los conflictos yugoslavos, viajó hasta Bosnia para documentar la guerra que estaba a punto de estallar, y se centró en aquel momento en la práctica de la limpieza étnica realizada por los Tigres de Arkan, una brutal milicia nacionalista que le había advertido de que no fotografiara ningún asesinato. Haciendo caso omiso, y arriesgándose a ser descubierto, decidió capturar el instante en que un miliciano pateaba a una mujer muerta.

La revista Time publicó la foto una semana después del suceso, y la imagen, repleta de odio, provocó un amplio debate sobre la respuesta internacional al empeoramiento del conflicto en Bosnia, y evidenció la limpieza étnica realizada por esta milicia nacionalista.

10. El terror de la guerra, 1972 – Nick Ut

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Foto: Nick Ut / AP

La última de esta lista de imágenes influyentes es, muy seguramente, la más icónica de todas. El terror de la guerra supuso un auténtico revuelo mediático tras su publicación, fue la revelación al mundo de la crudeza de una guerra que ya duraba más de 15 años y que había provocado una ola de indignación y de protestas antibélicas en muchos países de occidente, especialmente en uno de los beligerantes del conflicto, Estados Unidos.

El 8 de junio de 1972, el fotógrafo de Associated Press Nick Ut estaba en las afueras de Trang Bang, una localidad situada a unos 50 kilómetros al noreste de Saigón, cuando la Fuerza Aérea de Vietnam del Sur lanzó una carga de napalm sobre el pueblo. Ut comenzó a tomar fotografías, en mitad del caos, de todo lo que tenía ante sus ojos y capturó el horror de unos niños gritando y corriendo por una carretera secundaria. En el centro de la imagen, Kim Phuc, la niña del napalm, una pequeña de 9 años desnuda con gesto de pánico a la que salvó la vida el propio Ut al trasladarla a un hospital. Allí, le pidió a los médicos que la atendieran y se aseguró de que no la olvidaran.

Tras ayudar a la pequeña, envió su instantánea a Associated Press, donde tras un largo debate deontológico -entre otras cosas porque la imagen mostraba a una menor desnuda- decidieron publicar la foto, que le valió a Nick Ut el Pulitzer. La imagen se convirtió rápidamente en un icono cultural y su crudeza convenció aún a más gente de que el conflicto de Vietnam se estaba alargando demasiado.

Después de todo, la historia tuvo un final feliz, o algo parecido. Tras terminar la Guerra de Vietnam, Kim Phuc fue utilizada por el Gobierno comunista del país para realizar diversas campañas de propaganda hasta que logró que le permitieran ir a estudiar a Cuba, donde conoció a su marido. En 1992, cuando regresaba de su luna de miel de Moscú a La Habana, aprovechó una escala en Canadá para pedir allí asilo político. Desde hace 20 años es embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO.

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Cuando los españoles liberaron París de los nazis

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Peter J. Carroll
AP Photo, File

El 25 de agosto de 1944 París fue liberada de los nazis. La noche del 24 de agosto, las tanquetas aliadas, así como los soldados que iban a bordo, comenzaron a repeler el ataque de los nazis. Eran las primeras tropas en entrar en la ciudad. Horas más tarde, se harían con el control y derrotarían a los fascistas alemanes. Lo que no mucha gente sabe es que los cerca de 150 hombres que formaban ese grupo eran españoles. Ellos eran la novena compañía de la División Blindada Leclerc, más conocidos como ‘La Nueve’,  formada en su mayoría por republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y antifranquistas españoles, bajo el mando del por entonces capitán Raymond Dronne.

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La Tanqueta Guadalajara llegando a la alcaldía de París el 24 de agosto de 1944 | Foto: EFE/EDICIONES B

En 1936, tras finalizar la Guerra Civil española con el triunfo del bando nacional, miles de republicanos, anarquistas y comunistas huyeron a Francia. Poco tiempo después, el 24 de junio de 1940, el III Reich vencía a Francia y le imponía el Armisticio tras una campaña de 40 días y establecía al sur del país un Estado soberano, la República de Vichy.

Ante esta situación, muchos españoles decidieron emigrar a las colonias de Francia en el norte de África, mientras que otros se unieron a la resistencia y a la Legión Extranjera del Ejército francés, para combatir al nazismo. Los soldados, con experiencia de combate, fueron enrolados en la 2ª División Blindada del general Philippe Leclerc.

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El general Leclerc, comandante de la 2ª División Blindada, desfila junto al Arco de Triunfo en las celebraciones por la liberación de París | Foto: AP Photo

La ciudad de París se sublevó contra los alemanes el 20 de agosto de 1944. Ante esto, el general estadounidense Eisenhower quería atacar masivamente a las tropas alemanas que se encontraban al norte de París y retardar la conquista de dicha ciudad, pero el francés Charles De Gaulle, fundador del movimiento Francia Libre en contra del gobierno de Vichy, decidió enviar a la la División Leclerc a tomar París y apoyar a la resistencia. Cuentan que el general francés se acercó al capitán Dronne y le dijo: “Dronne, entre en París, vaya con todo lo que tenga, pero entre en París”.

En ese contexto, la 9ª Compañía formó la vanguardia de su División, y se convirtió en la primera tropa en penetrar en la ciudad, a las 21:30 horas del 24 de agosto. El capitán que les comandaba, Raymond Dronne, ya dijo de ellos en sus Memorias que “eran hombres muy valientes. Difíciles de mandar, orgullosos, temerarios. Con una experiencia inmediata de la guerra. Muchos de ellos atravesaban una crisis moral grave, como consecuencia de la guerra civil española”.

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‘La Nueve’ alcanza el Ayuntamiento de París | Foto: AHCC La Nueve

‘La Nueve’ entró en París con once carros de combate, concretamente half-trucks (auto orugas blindados): ‘Guadalajara’, ‘Brunete’, ‘Ebro’, ‘Santander’, ‘Belchite’, ‘Jarama’, ‘Teruel’, ‘Guernica’, ‘Madrid’, ‘España cañí’ y ‘Don Quijote’. El ‘Guadalajara’ fue el primero en llegar a la plaza del Ayuntamiento, donde fue recibido por la resistencia francesa. Tras algunos enfrentamientos con las tropas nazis, Raymond Dronne se dirigió hacia la comandancia del general alemán Dietrich von Choltitz para requerir su rendición. Mientras, los soldados españoles asaltaron y tomaron la Cámara de los Diputados, el Hôtel Majestic y la Plaza de la Concordia.

Apenas unas horas después, la tarde del 25 de agosto, la guarnición alemana de París se rindió y fueron los soldados de ‘La Nueve’ los que se hicieron cargo de los prisioneros alemanes, incluido von Choltilz. Cuentan que fue entonces cuando en las calles de París la gente cantaba la Marsellesa.

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Miles de ciudadanos se concentran en la plaza del Ayuntamiento de París para ver el gran desfile del general Charles DeGaulle, el 26 de agosto de 1944 | Foto: Peter J. Carroll / AP

Al día siguiente, el 26 de agosto, las tropas aliadas entraron en París, y tanto los militares americanos, como el propio Charles de Gaulle, desfilaron triunfantes por los Campos Elíseos. La ciudad de la luz había sido oficialmente liberada.

Los soldados de ‘La Nueve’ desfilan por los Campos Elíseos de París hondeando banderas republicanas | Foto: AHCC La Nueve

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