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El abismo invoca al abismo

Daniel Capó

La lectura nos ayuda a redescubrir el rostro oculto de la suavidad. Acudamos a la etimología: suavitas en latín significa dulzura. Se diría que es suave la vida civilizada, el diálogo pausado, la penumbra de las casas burguesas, la serena alegría de los conciertos de Mozart, la pintura holandesa, el bodegón español. Es suave la luz pura del gótico cisterciense, el preciso orden de las columnatas griegas y los pliegues en mármol de una escultura de Miguel Ángel. Es suave Bach, pero no Beethoven; los lamentos isabelinos de Dowland, pero no las trompas wagnerianas. La suavidad puede ser la condición lejana de un eco, tan distante que sólo se percibe en forma de confort. El bienestar, la calma, la seguridad de un hogar, el tranquilo ajetreo de los comercios: todo esto constituye la fotografía amable de la barbarie, un negativo en color. El escritor Pascal Quignard lo explica in extenso. Al afilado estilete de su inteligencia me remito en este artículo. A Pascal Quignard le gusta invocar el abismo y conducirnos hacia él. En uno de sus textos cita a Lucrecio: «Es suave –escribe Tito Lucrecio Caro– cuando los vientos azotan el vasto mar, contemplar desde la orilla la desgracia del prójimo». Y prosigue el filósofo romano: «Es suave además asistir sin riesgo a los grandes combates de la guerra y contemplar desde lo alto las batallas en línea en las planicies». Es suave, se diría, habitar lejos del peligro.

Quignard observa que el sentido latino de la suavidad no reside en el placer de una cínica sensualidad, sino que describe una lejanía. «Estamos demasiado lejos para oír –glosa el autor francés–. No oímos los gritos de los náufragos». Tampoco los escuchamos nosotros, ni les prestamos atención, confundidos en la distancia y el ruido atronador de la vida. La suavidad sería, pues, un anhelo de civilización que se sustenta en un peligroso olvido. O en una forma de sordera. Sin embargo, una de las lecciones que nos ofrece la Historia consiste en que las murallas más altas pueden caer al son de las trompetas. Abyssus Abyssum invocat – “el abismo llama al abismo”– reza el salmo 42 en la Vulgata. Conviene que no lo olvidemos. Ninguna civilización perdura en la suavidad del olvido y de la indiferencia.

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Teoría del soberano

Gregorio Luri

Foto: Francisco Seco
AP Foto

“Es soberano”, decía Carl Schmitt, “quien te está afeitando con una navaja de afeitar”. Si no decía esto, decía algo parecido.

Cansado del “proceso”, quiero hablar de barberos, comenzando por el del rey Midas, que un día descubrió un secreto íntimo de su señor y como no podía contener su poder expansivo en su corazón, hizo una agujero en la tierra, lo susurró y allí lo dejó enterrado. Él no tuvo culpa de que crecieran en aquel lugar unas cañas indiscretas, que pregonaban lo que sabían, como las hojas de la prensa, cada vez que el viento las mecía.

Añoro aquellas barberías de antes que eran un santuario de la masculinidad desacomplejada: el humo del tabaco, la brocha de afeitar de tejón, la navaja, que se afilaba en piedra y se suavizaba en el asentador de cuero, la bacía (o celada de caballero andante), los calendarios con obviedades ilustradas, el after shave, “Floïd”, por supuesto, que distribuía en exclusiva para toda España el empresario catalán Joan B. Cendrós, uno de los fundadores de Òmnium Cultural y del Institud d’Estudis Catalans. La barbería era un lugar al que no se les ocurrió entrar a las mujeres hasta que un barbero holandés afincado en Mallorca, llamado Bob Van den Hoek, puso un letrero prohibiéndoles la entrada. Pero esta es otra historia.

El Floïd escocía. Mucho. En los primeros afeitados a hurtadillas, en los que te dejabas media cara en la cuchilla, resistir su ensañamiento en cada herida era la prueba de fuego de un ritual de paso. En el borde del lavabo un celtas elevaba su hilillo de humo como un sahumerio. “Smoke gets in your eyes”, claro.

¡Qué ambigua -¿verdad?- la añoranza del Floïd!

No sé si conocen ustedes la historia de aquel emperador chino al que todo se le torcía. Primero vinieron las sequías, a las que sucedió el hambre y las epidemias. En palacio se susurraba que en el pasado, en situaciones excepcionales se sacrificaba al emperador, porque sólo su sangre podía modificar el destino de su pueblo. Pero aquel emperador era demasiado débil. Comenzó a escasear el vino en su mesa y sus propias mujeres lo miraban con ojos de verdugo. Cuando se agotaron las despensas de palacio, ordenó a su barbero que un día, sin previo aviso, lo degollara. El barbero, asintió en silencio, empuñó la navaja y comenzó a afilarla como hacía cada mañana. El emperador, muy pálido, con la respiración entrecortada, cerró los ojos. Cuando sintió el frío contacto del filo en la papada, comenzó a sudar. Pero aquel día no ocurrió nada… ni el siguiente… Llegaron mensajeros con pésimas noticias sobre la situación en las fronteras. El emperador dormía intranquilo y se despertaba pensando en el barbero. Dos astrólogos se arrancaron los ojos. El filo de la navaja y su sudor eran cada vez más fríos. Los soldados desertaban en masa. Una noche el emperador se fue a dormir con la noticia de que algunas de sus concubinas se habían cortado las venas. Tuvo sueños extraños. Con los primeros rayos del alba, tomó la decisión definitiva. Mandó llamar al jefe de la guardia y le ordenó escuetamente: “¡Que ejecuten a mi barbero!”.

Este es el sueño del derrotado: ejecutar a la realidad, la soberana inapelable.

Escrito en Cataluña el 13 de diciembre del 2017, día de Santa Lucía, patrona de los ciegos.

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Transnistria: armas y brandy en Nunca Jamás

Enrique Redondo de Lope

Foto: amanderson2
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Agosto de 1992; tras una breve guerra civil se formaliza la creación de un estado englobado entre el río Dniéster y la frontera con Ucrania. Acababa de nacer la autodenominada y pomposa “República Moldava de Pridnestroviana”, aunque será conocida como Transnistria. Un país que no aparecerá en los mapas, sin pasaporte reconocido ni moneda válida.

“Para la URSS, Transnistria siempre fue una de sus cabezas de playa frente a un país de población mayoritariamente latina como era Rumania. Así, el 14º Ejército Soviético estuvo acantonado en esa región desde 1956.”

Y es que Transnistria es un país “diferente” porque diferente ha sido su historia. Territorio habitado por una mayoría de población de origen eslavo, se hizo todavía más profundo su vínculo con Rusia cuando en la década de los 40’s se deportó una gran parte de su minoría rumana hacia Siberia, acusados de haber colaborado con el ejército alemán durante la Guerra Mundial, siendo reemplazados por población de origen ruso y ucraniano. Se adoptó el ruso como lengua oficial y la lengua moldava comenzó a ser escrita en alfabeto cirílico, siendo los más relevantes puestos de gobierno adjudicados a miembros de etnias no rumanas.

Para la URSS, Transnistria siempre fue una de sus cabezas de playa frente a un país de población mayoritariamente latina como era Rumania. Así, el 14º Ejercito Soviético estuvo acantonado en esa región desde 1956 y gran parte de la inversión de origen ruso en Moldavia fue a parar a esta franja de terreno (por ejemplo el 90% de la producción eléctrica de Moldavia correspondía a esta región).

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Mapa de Transnistria vía Offbeat Traveling.

En 1989, la República Socialista Soviética de Moldavia proclamó el moldavo como lengua oficial del país, y comenzaron algunas negociaciones para la reunificación con Rumanía, retomando el uso del idioma rumano, en lugar del ruso, provocando los primeros roces entre la población rusófila y los moldavos de Transnistria, lo que empujaría a parte de los altos mandos militares rusos opuestos a la Perestroika a declarar su independencia el 2 de septiembre de 1990.

La declaración no tuvo ningún efecto inmediato, pero ni la Unión Soviética (que se desintegraría un año más tarde) ni Moldavia hicieron ningún movimiento, por lo que las fuerzas separatistas fueron tomando el control del país. Moldavia al carecer de unas fuerzas armadas relevantes, no pudo recuperar el control real sobre Transnistria.

“Altos mandos militares rusos opuestos a la Perestroika declararon su independencia en 1990, aunque esa declaración no tuvo ningún efecto inmediato, pero ni la Unión Soviética ni Moldavia hicieron ningún movimiento por lo que las fuerzas separatistas fueron tomando el control del país.”

En la actualidad la República de Transnistria puede ser definida como un refugio de criminales enmarcado en un teatro-museo al aire libre; sería poco más que un país de opereta si no fuera porque alberga más de una docena de fábricas de armamento y donde miles de armas que componían el gran arsenal soviético han sido y están siendo vendidas ilegalmente. Y es que estos 4.000 kilómetros cuadrados donde residen poco más de 300.000 de habitantes están siendo un verdadero dolor de cabeza para la Unión Europea como refugio de delincuentes.

Sin embargo, al margen de margen de folklore y contrabando, Transnistria es fundamental para la política exterior rusa; no hay que olvidar que Rumanía ya forma parte de la OTAN, Ucrania es un campo de minas y Moldavia, pese a su inestabilidad, cada mira con más frecuencia hacía Rumanía.

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Imagen de un cartel conmemorativo en Tiraspol… ¡y un Lada! vía Offbeat Traveling.

Tiraspol, la capital de este “oasis”, es un regreso al pasado donde multitud de esculturas de Lenin escoltadas por tanques desvencijados adornan la ciudad, y donde la hoz y el martillo no solo aparece en la bandera de Transnistria, sino que es omnipresente en este extraño país, con abundancia de carteles loando al comunismo y la lucha obrera.

Pero la sovietización es fundamentalmente estética y cultural; así, la propiedad privada es una religión con un sueldo medio de unos 320 euros al mes, superior al de Moldavia, al margen de otras ventajas como el suministro de gas ruso subvencionado. La mayoría de la población activa de este “país” trabaja para dos personas; Ilya Karmaly y Viktor Gushan, creadores de la marca “Sheriff”, que engloba construcción, telefonía móvil, gasolineras, supermercados, e incluso el FC Sheriff, el equipo de fútbol que cuasi monopoliza los títulos de la liga moldava. Porque ser independientes esta muy bien, pero el futbol es el futbol, y así su flamante y nuevo estadio (tiene la máxima catalogación de la FIFA) es el elegido por la selección moldava para disputar sus partidos internacionales.

Otra particularidad de Transnistria es aquí se produce el excepcional brandy Kvint, que se vende por todo el mundo y es el verdadero orgullo nacional.

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Afiches en Tiraspol, capital de Transnistria. | Imagen vía romaniaandmoldova.com/

“La sovietización es fundamentalmente estética y cultural; así, la propiedad privada es una religión, y el sueldo medio de unos 320 euros al mes, superior al de Moldavia.”

¿Pero los “trasnitrios” quieren ser rusos? Pues como todo en este país, “depende”. En 1989 votaron a favor de la creación de la República Socialista de Moldavia, pero en 1991 votaron a favor de permanecer en la Unión Soviética, aunque luego a los pocos meses eligieron en otra votación independizarse, fuera de la Unión Soviética. En 1995 votaron para permitir que las tropas rusas permanecieran en el país, para votar en ese mismo año ciertos aspectos sobre su independencia. Después, en 2006 hubo un referéndum de independencia dirigido a otros. En 2013 el Consejo Supremo de Pridnestrovia aprobó el uso de la legislación rusa en el territorio de la autoproclamada república. Como señalan ciertos analistas: “En los últimos 25 años han elegido independencia, dependencia, interdependencia y codependencia”.

Actualmente  Transnistria  como estado independiente solo esta reconocido por Osetia del Sur y Abjasia, más otro estado fantasma como es Nagorno Karabaj. Poco bagaje, aunque es un tema que tampoco parece preocupar mucho a los habitantes y dirigentes del País de Nunca Jamás.

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Cultivar el corazón

Daniel Capó

Foto: ERIC GAILLARD
Reuters

En 1790, Noah Webster escribió un ensayo sobre la educación necesaria para una joven república. Exigía que sus alumnos conocieran la historia de su país y la de los grandes hombres que habían entregado su vida por la libertad. Sabía que, en una democracia, el adoctrinamiento es imprescindible para inculcar los principios de la virtud republicana en el corazón de los ciudadanos. «Los americanos –escribió Webster– deben creer y actuar con la convicción de que sería deshonesto imitar las locuras que llevan a cabo las otras naciones». Las otras naciones eran, como no podía ser de otro modo, las poderosas monarquías absolutas que regían en Europa. Y, conforme con Tocqueville –que valoraba la cultura y los hábitos de la sociedad, más incluso que la calidad de sus instituciones–, Webster observó que la escuela «debe cultivar el corazón más que la cabeza». Y para ello, aprender a amar y a respetar las leyes resultaba fundamental.  

Las palabras del educador y lexicógrafo estadounidense suenan extrañas a nuestros oídos. En primer lugar, porque las virtudes burguesas que han facilitado la prosperidad del capitalismo pasan por rígidas, aburridas y conservadoras –poco útiles, en definitiva. En segundo, porque uno de los logros del relativismo moral ha sido difuminar los límites precisos del bien y del mal, que se perciben ahora como una construcción cultural, más que como una realidad fundada en la experiencia y en la naturaleza del hombre. Y en tercero, porque los buenos empleos exigen cada vez más un tipo de habilidades asociadas a las matemáticas y a la ciencia, en lugar de ese cultivo del corazón que suponían las letras, la filosofía y la historia.

Pero lo importante aquí es preguntarse si Webster tenía razón o no, es decir, si la democracia debe ser activa en el cultivo de unos valores determinados o si, por el contrario, conviene en que se ocupe sólo de la libertad para que ésta –al decir del filósofo Richard Rorty– se encargue de la verdad. Son preguntas para las que no creo que nadie cuente con respuestas definitivas, aunque sí quizás con algunos atisbos: el primero es que, en efecto, imitar la locura de las naciones fracasadas constituye un delirio del que no saldríamos indemnes. El segundo, que una inteligencia que desprecie el valor de la palabra dada o de la conducta íntegra forzosamente conduce al desastre, a ese mismo que alimentan a diario los actuales populismos. El tercero, que amar y acatar las leyes garantiza la libertad mucho mejor que cualquier idolatría política. Y que, si un Estado debe adoctrinarnos, conviene que sea en los hábitos y las virtudes del corazón, antes que en las aptitudes y herramientas de la mente.

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

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Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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