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El canto de Orfeo

Daniel Capó

Foto: Fabrizio Bensch
Reuters

Para el mundo clásico Orfeo fue el primer teólogo, es decir, el primer cantor de lo divino. Su origen se pierde en el confín de los tiempos, entre las montañas de Tracia, junto a los animales del bosque, los manantiales y las grutas de las ninfas. Hablaba el lenguaje de los dioses, de la naturaleza y de los hombres. Ann Wroe nos cuenta, en su mitografía del personaje, que Orfeo “podía escuchar sonidos que nadie más era capaz de intuir”, como corresponde a un cazador de lo inaudible: el movimiento melodioso de los astros, la brisa sobre la hierba, el lento merodear de los insectos al caer la tarde, el relente que anuncia la escarcha matinal, la primavera que se anuncia en las primeras flores. El constante piar de los pájaros le revelaba los arcanos de lo que acontece en el mundo y permanece oculto, del mismo modo que el secreto de la vida se esconde en los relatos, en los cantos y en los poemas que nos contamos los unos a los otros. Cuando Jasón y sus argonautas salieron a la búsqueda del vellocino de oro, fue Orfeo –con su lira– quien protegió a la tripulación de la amenaza del canto de las sirenas.

En la mitología griega, las sirenas representaban una belleza seductora y peligrosa de la que hombre clásico debía defenderse ya fuera con la astucia de Ulises –sellando el oído de los marineros– o con un canto aún más hermoso y verdadero, como el de Orfeo. Los paralelismos con nuestra época resultan obvios. Cuando el canto de las sirenas –sea cual sea su melodía– busca la destrucción de nuestras libertades, de nuestros derechos y de nuestra democracia, necesitamos o bien recuperar la astucia homérica u ofrecer el fulgor de un relato para hacer frente a un mal que ya ha penetrado entre nosotros y se ha hecho fuerte, igual que una falsa quimera enquistada entre las teselas de la realidad.

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El truco de 5 minutos para mejorar tu memoria cuando estudias

Redacción TO

Foto: JIM BOURG
Reuters

Hay técnicas para estudiar que todos interiorizamos: dormir las horas necesarias, tomar las dosis de café adecuadas, eliminar todos los estímulos posibles –el Whatsapp nunca fue un aliado–. Ahora, un estudio científico determina que hay una técnica que aumenta considerablemente la capacidad de nuestra mente para aprender y retener datos. Y esta guarda relación directa con el ejercicio físico, dando validez al viejo aforismo latino de mens sana, in corpore sano.

La investigación, publicada en la revista especializada Cognitive Research: Principles and Implications, demuestra que aquellas personas que hacían cinco minutos de step después de estudiar eran capaces de recordar mucho mejor la materia que aquellos que no hacían el ejercicio. Los investigadores sostienen que el ejercicio instantáneo ayuda al proceso de consolidación de la memoria.

En este proceso, el cerebro retiene y refuerza el recuerdo de la información que acaba de aprehender. Esta acción cerebral ya era conocida por nuestros antepasados e incluso el emperador romano Quintiliano escribió al respecto. Con todo, se limitaban a desarrollar los beneficios del sueño a la hora de interiorizar datos. Pero, de acuerdo con los autores de estudio, el descubrimiento del impacto positivo del deporte en nuestra capacidad para memorizar es toda una revelación.

El truco de 5 minutos para mejorar tu memoria cuando estudias
Una mujer, corriendo en un paseo marítimo. | Foto: Filip Mroz/ Unsplash

Curiosamente, esta circunstancia se evidenció en las mujeres y no en los hombres. Quizá porque el experimento consistía en memorizar rostros de hombres y asociarlos con sus nombres. Solo las mujeres retuvieron la información. “No está claro si se trata de una verdadera diferencia de sexo o si había algo en las condiciones del experimento que provocaba que el efecto surgiera entre las mujeres y no entre los hombres”, dice Steven Most, autor del estudio y profesor de la Universidad de Sidney, en una declaraciones recogidas por Psyblog.

El estudio, tal y como aventuran los científicos, abre camino para otros tantos sobre la materia. Aunque Most defiende que sus conclusiones pueden comenzar a ponerse en práctica. “Algunas escuelas podrían impulsar las pausas para hacer ejercicio en diferentes momentos del día para ayudar a que los alumnos retengan mejor lo que aprenden en el aula”, dice Most, que acaba: “Es necesario realizar más investigaciones para concluir con mayor certeza. Hay margen para desarrollar estudios adicionales que nos permitan entender cuánto ejercicio es óptimo hacer, en qué momentos o cuánto tiempo es necesario para que sea más efectivo o incluso qué personas se benefician más de esto”.

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El verano de Piglia

José Antonio Montano

Foto: JORGE SILVA
Reuters

No hay nada como tener un autor para un verano lector. Yo este verano he tenido a Piglia. Ha sido, para mí, el verano de Piglia.

Recuerdo otros veranos: el verano de Jünger (1991), el verano de Bernhard (2004). Ernst Jünger, con su fama de frío, me estuvo calentando después todo el invierno; sentía vivamente la brasa de aquella lectura –el calor del verano y el calor de ‘Radiaciones’–, como una estufita para los días desapacibles. Y Thomas Bernhard dejó electrificados, tensos y sin grasa, vigorosos, regocijantes, los meses (¡y años!) que siguieron.

Ahora ha sido el escritor argentino Ricardo Piglia, que murió a los setenta y cinco años en enero de este 2017. Yo no lo había leído, porque por lo que había leído sobre él pensaba que era un autor programático. Es decir, de los que tienen una teoría y luego escriben sus obras como ‘ejemplos’ de su teoría; obras que salen entonces medio muertas y como forzadas: aquejadas de abstracción. Pero Piglia no es eso. Tuve la suerte de empezar por ‘Los diarios de Emilio Renzi’ (y no porque me interesara Piglia, sino porque me interesan los diarios) y ahí me encontré su relación apasionada y nada programática con la literatura. También me había hecho la idea de que Piglia era pomposo y tampoco: como todos los maestros, es ligero, juguetón. Abre más que cierra.

Los dos primeros tomos de los diarios los leí a principio de julio. Para finales de agosto me había leído en total once libros de Piglia. El duodécimo ha sido el tercer y último tomo de los diarios, que se ha publicado en septiembre. He vuelto ahora a Piglia para terminar el verano y que sea así, definitivamente (¡programáticamente!) el verano de Piglia.

De los diarios me ha gustado su textura: cómo da cabida al ruido diarístico, el ruido de la escritura sin pulir; y que eso funcione. He leído diarios así que no funcionan, que se hacen aburridos. El de Piglia no, por puro mérito literario. Todo diario trabajado es un jardín, y la mayor sofisticación es que ese jardín retenga su aspecto agreste. Piglia lo consigue. Y además introduce variables estructurales que constituyen (¡por decirlo con el lenguaje de los profesores!) una reflexión sobre el género diarístico.

Los elementos del mundo de Piglia son limitados, controlables. Por eso se familiariza uno enseguida con él y los disfruta. Profundizando en ellos, naturalmente: son elementos contados pero fecundos. Escribe sobre la relación entre la ficción y la verdad (sobre el secreto, el enigma y el misterio, y sobre lo que él llama “la ficción paranoica”), sobre el acto de la lectura y sobre el lector como personaje, sobre el escritor también como personaje, sobre el escritor como crítico, sobre el amor y la pérdida, sobre el dinero, sobre filosofía, sobre psicoanálisis, sobre las quiebras del sujeto, sobre la vida en los márgenes, sobre la incidencia de la política en la vida (algo particularmente abrasivo en Argentina; se aprecia como en ningún otro sitio en la primera parte del tercer tomo de sus diarios, titulada “Los años de la peste”). De su mundo forman igualmente parte ‘sus’ escritores: los argentinos Borges, Arlt, Sarmiento, Alberdi, Macedonio Fernández o Manuel Puig; los extranjeros que vivieron en Argentina Gombrowicz o Hudson; y Kafka, Hemingway, Pavese, Joyce, Faulkner, Brecht o Bernhard, al que imita a veces.

En una de las anotaciones diarísticas, escrita cuando arrasa la moda del ‘boom’, se dice (y le dice al lector futuro) que debe mantenerse apartado de esa moda, trabajando a su ritmo y en su silencio. Uno de los gustos de leerlo ahora es comprobar que acertó: sus libros se mantienen cuando muchos de los otros han pasado.

¿Qué le aconsejaría al lector que quiera iniciarse en Piglia (¡aunque sé que son muchos los lectores ya iniciados en Piglia!)? Propongo los tres tomos de los diarios (o al menos el primero); el libro de cuentos ‘Nombre falso’, que incluye la novela corta de igual título; la novela ‘Respiración artificial’; y los libros de ensayos ‘Formas breves’ y ‘El último lector’. (De entre sus numerosos vídeos, recomiendo también las conferencias sobre Borges).

Por mi parte, tengo aún tres libros de Piglia sin leer, tres novelas: ‘La ciudad ausente’, ‘Plata quemada’ y ‘Blanco nocturno’. Me las dejo ya para el invierno. O sea, para el verano austral.

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La verdad detrás de las aplicaciones anticonceptivas

Redacción TO

Foto: Brooke Cagle
Reuters

Controlar la natalidad es un deseo ancestral. Antes era más difícil, pero en las últimas décadas la ciencia ha desarrollado nuevas técnicas anticonceptivas, así como mejorado la efectividad de las que conocemos, con un resultado muy positivo para la mujer y su libertad sexual.

Que las mujeres tengan el control sobre su cuerpo, y por ende sobre su actividad reproductora, es una clave del feminismo. Por ello, que proliferen todo tipo de técnicas es fundamental para mantener ese control. La tecnología no se ha quedado atrás, y ha hecho mucho más flexible y accesible la anticoncepción en el mundo. No obstante, hay que tener cuidado con la efectividad de algunas herramientas, y siempre escuchar el consejo de los expertos sanitarios.

Aplicaciones que nos ayudarán a contar nuestro días

Son muchas las apps para móvil que funcionan como controlador del ciclo menstrual. La propia Agrupación Ginecológica Española (AGE) recomienda diversas aplicaciones para controlar la toma de la píldora y los ciclos menstruales, una de las técnicas anticonceptivas más extendidas.

Aunque la alarma del móvil puede hacer las veces de controlador avisándonos de la toma, existen otras aplicaciones que nos aseguran un mayor control, además de ofrecernos otras opciones complementarias. Entre las que están en la lista de de la AGE, destacamos tres:

– Lady Pill Reminder: Esta app es gratuita y está disponible para sistemas operativos Android e iOS. La aplicación pide que indiques el tipo de píldora, el número de píldorasy el horario de la toma. A raíz de esta información, la app te va avisando a través de notificaciones cuando tengas que tomar la píldora. Además, en cualquier momento puedes consultar el estado de la tableta de píldoras del ciclo actual. También sirve como recordatorio de cuándo debemos comprar más píldoras. Es muy visual, lo que permite llevar el control de una forma muy sencilla.

– My Pill: Esta otra app, también gratuita y disponible en Android e iOS, y funciona como la anterior aunque acepta, además de la píldora anticonceptiva, la configuración para otro tipo de anticonceptivos como el anillo o el parche.

– No te olvides: Esta aplicación, también para Android e iOS, además de gratuita, funciona como calendario y, gracias a la geolocalización, ofrece un listado de farmacias para que sepas cuál es la más cercana a ti. También incorpora un formulario para enviar tus dudas al personal médico encargado de la app.

Natural Cycle, la súpercampeona de las apps anticonceptivas

Por muchas aplicaciones que nos sirvan de ayuda, hasta la llegada de Natural Cycles no había forma de convertir nuestro móvil en una verdadera herramienta anticonceptiva. Esta aplicación para smartphones, de la que ya hablamos en The Objective, es el método anticonceptivo definitivo para nuestro móvil.

Esta alternativa a los anticonceptivos tradicionales ofrece la posibilidad de calcular, a través de un algoritmo y de la temperatura de las usuarias, si pueden mantener relaciones sexuales sin protección sin ningún riesgo de quedarse embarazadas.

Su creadora, la física Elina Berglund, formaba parte del grupo que trabajó en el descubrimiento el bosón de Higgs en el CERN, el laboratorio europeo de investigación nuclear. Este descubrimiento, que se ganó el Nobel de Física, no parecía suficiente para ella. Por ello, decidió crear Natural Cycles, la app que promete regular tus ciclos como una píldora ¡y sin los efectos secundarios de ésta!

Su modelo de negocio se basa en una suscripción, tienen varios planes de precios en los que cientos de miles de usuarias ya están pagando los 5,40 euros al mes que cuesta Natural Cycles, y por esa cantidad incluyen el termómetro necesario para hacer las mediciones de temperatura. La aplicación está disponible en Android e iOS.

Basándose en un estudio realizado en 100 mujeres -solo cinco se quedaron embarazadas-, la compañía asegura que su aplicación tiene una efectividad muy alta, situándola solo por debajo de la del DIU y por encima del uso de preservativos. Efectividad comprobada.

Después de ayudar a miles de mujeres a no quedarse embarazadas cada mes, a Natural Cycles le queda tiempo para mantener una buena y didáctica política de redes, como los posts que compartimos a continuación:

“Puedes quedarte embarazada en cualquier día de tu ciclo. Spoiler: nop, no puedes”.

“La educación sobre la menstruación puede cambiarlo todo”.

“¿Puedo quedarme embaraza durante la regla?” Natural Cycles responde: “es posible, pero tendrías que tener ciclos muy cortos”.

Quieras quedarte embarazada, o no -es tu decisión, recuerda-, utiliza todos los medios a tu alcance para controlar tu fertilidad, incluida la tecnología. Y no creas más bulos, los expertos de apps como Natural Cycles harán que caigan mitos.

Continúa leyendo: Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"

Lidia Ramírez

Foto: Jorge Raya
The Objective

Parece cansada, apoya la barbilla en sus dos manos. En una de ella lleva un rosario, asegura no separarse de él nunca. Con la mirada perdida me pregunta: “¿Cómo estás?”. Le sonrío.

–”Yo emocionada y agradecida de estar aquí” –responde mirando ahora todo con detalle.

Rebeca Bitrus sólo tiene 29 años, y los últimos dos los cumplió en manos del grupo terrorista de carácter fundamentalista islámico, Boko Haram. Ahora, gracias a la organización española Ayuda a la Iglesia Necesitada, especializada en la denuncia de la persecución religiosa, se encuentra en España para relatar su calvario; el mismo que miles de víctimas llevan años sufriendo en Nigeria a manos de este grupo islamista.

Madre de dos hijos, estuvo dos años en garras de esta milicia activa en Nigeria, Camerún, Chad, Níger y Malí.

El secuestro

Era 21 de agosto de 2014 cuando Boko Haram asaltó su localidad, Baga, al noreste de Nigeria. Con mirada seria y un sentimiento de honda tristeza cuenta cómo junto a su marido, Bitrus, y sus dos hijos (Zacarías, de 3 años, y Jonatan, de uno) huyeron de su hogar. “Pensábamos que el objetivo principal era mi esposo porque a los hombres cristianos los mataban”, cuenta visiblemente emocionada, “así que decidimos que él escapara y se escondiera dejándonos a nosotros atrás”.

Bitrus pudo escapar de las garras de Boko Haram, pero Rebeca y sus pequeños no. Lo que ocurrió a partir de ese momento nunca lo olvidará. “Cuando los milicianos me encontraron, me dijeron: ‘Tú y tus hijos vais a trabajar para Alá’. Después me golpearon con un arma pesada y me sacaron de cuajo varios dientes”.

Ahí comenzó su pesadilla. Fue vendida varias veces a varios milicianos que la torturaban –”cada día me propinaban 98 golpes”– y usaban como esclava sexual. Rebeca cuenta cómo cada día se frotaba por su cuerpo las heces de sus hijos para mantener alejado a sus secuestradores. Fruto de una de esas violaciones quedó embarazada. Hoy día aún lucha por aceptar a ese “hijo de Boko Haram”, como ella se refiere a él. “Me atormenta saber que tengo un hijo con un terrorista, ¿y si cuando sea mayor es como su padre?”. Esa, asegura, es su mayor preocupación.

Rebeca, ex esclava de Boko Haram: "Me atormenta saber que tengo un hijo con uno de ellos"
Rebeca, junto a su marido y sus hijos, en Nigeria. | Foto: Ayuda a la Iglesia Necesitada

Dos años en manos de Boko Haram

Rebeca habla hausa, idioma oficial de Nigeria. Un intérprete nos acompaña durante toda la entrevista. Junto con más de 100 mujeres secuestradas, cuenta, lo primero que debían hacer antes de comenzar el día era hacer el rezo musulmán. “Posteriormente nos adoctrinaban y pasábamos a hacer las tareas del hogar, como limpiar y cocinar”. Muchos días eran los que se quedaba sin comer porque su comida era las sobras de sus secuestradores.

También las obligaban a memorizar varios versículos del Corán para, una vez aprendidos, inmolarse. “Yo quería que me dieran un cinturón de explosivos, pero nunca lograba memorizar los versículos”, cuenta la joven, quien asegura que su único objetivo era escapar.

–¿Conociste a algunas de las niñas de Chibouk?

–Conocí a varias de ellas. Una de ellas me aconsejó que me convirtiera al islam –responde.

Pero Rebeca no lo hizo, y como consecuencia, uno de sus hijos, de tan sólo un año, fue asesinado por un terrorista de Boko Haram. Lo tiró al lago Chad. Murió ahogado.

Nigeria fue el tercer país más castigado del mundo por el terrorismo en 2016, después de Irak y Afganistán, y en lo que va de año más de 400 civiles han sido asesinados por el grupo terrorista Boko Haram. 12 de sus 19 estados están bajo la ley de la sharía.

La huida 

Después de algo más de dos años, al fin llegó la luz de la libertad. Rebeca recuerda que fue una madrugada cuando escuchó hablar a varios milicianos que los soldados de Nigeria se acercaban. “Aproveché la situación de pánico para coger a mis hijos y huir”, explica. Pasó un día entero escondida en el bosque: “Los terroristas me buscaban por todos lados, pude ver a varios coches patrullando el bosque para encontrarme, pero pude esconderme bien”.

Finalmente, tras varios días caminando, llegaron a Diffa, sureste de Níger, donde se encontraron con soldados estadounidenses. Estos atendieron a su hijo y les dieron algo de pan. Al poco los llevaron a Damaturu, Nigeria, donde había soldados nigerianos. “Ellos fueron maravillosos: me llevaron directamente a la ciudad de Maiduguri, junto a mi marido”, sonríe al fin.

–¿Volverás algún día a tu aldea?

–Quizás algún día vuelva, pero ahora allí no hay nada –responde–. Todo fue quemado y destruido por Boko Haram.

Hoy, junto a más de 500 personas en su situación, se encuentra en un campamento de desplazados de la Diócesis de Maiduguri. Poco a poco, gracias al cariño que allí recibe ella, sus hijos y su marido, están saliendo adelante.

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