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Lo posible y lo imposible

Daniel Capó

Foto: Manu Fernandez
AP Foto

La negociación solo admite el registro de lo posible. Se diría que es la principal garantía del respeto a la libertad frente a todo tipo de abusos: la ruptura de las leyes y las ideologías utópicas, la confusión banal entre democracia y plebiscito o la pulsión de un deseo falto de límites. La idea misma de diálogo, de acuerdo y de consenso forma parte del mejor legado que recibimos de los padres de la democracia y que ahora, como sucede con tantas otras cosas, se ha visto vapuleada por la retórica pedestre de los populismos.

Hace apenas unos días, en su último ensayo, publicado poco antes de morir, Peter Augustine Lawler constató que “todas las instituciones que Tocqueville había registrado como medios para combatir el individualismo de los estadounidenses (gobierno local, familia, religión, etc.) han sido demolidas por una mutación en los valores culturales que afecta a todos los ciudadanos americanos sofisticados”.

La evolución europea es distinta, aunque haya amenazas comunes a la convivencia. En el caso español, el asunto crucial es el referéndum y la aparente imposibilidad de encontrar puntos de encuentro entre el Gobierno catalán y el central.

Parece lógico que Rajoy se niegue a dialogar sobre lo que la ley no autoriza y que además rompería los acuerdos básicos que sustentan la democracia en nuestro país. El empecinamiento de la Generalitat solo se explica desde una lectura maximalista de su posición, que se traduce en un “cuanto peor, mejor”; seguramente porque saben que la independencia exige una previa descomposición del Estado, algo que no parece plausible a corto plazo.

Frente a la hábil flexibilidad mostrada por los nacionalistas vascos a la hora de acordar con el Gobierno el voto favorable a los presupuestos generales, sorprende el dogmatismo que rige en la política catalana. Querer negociar fuera de la ley solo conduce al desastre. A no ser que lo que se pretenda sea otra cosa: pavimentar el suelo para unas próximas autonómicas.

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Pequeños

José Antonio Montano

Qué pequeños han sido los nacionalistas en estos días tristísimos para Barcelona, Cataluña, España. Y los que no han sido pequeños es que no son del todo nacionalistas. Serían estos los nacionalistas llevaderos, o ‘conllevaderos’: aquellos para los que, aunque se consideren nacionalistas, el nacionalismo no es la razón principal –tendente a absoluta– de su vivir. Aquí  hablo de los otros, los nacionalistas puros. Esos insoportables.

El espectáculo que han dado, sobre los cadáveres calientes, ha sido abyecto y repulsivo. Se ha impuesto en ellos la pulsión de abusar, tergiversar, usurpar. Están en una dinámica delirante en la que la realidad se ha disipado; también la de los muertos. Todo vale exclusivamente para la causa. En este sentido, los separatistas han ganado: se han separado por su cuenta y no hay nada que hacer. Solo dejar constancia de la porquería, para que el nacimiento de su nación apeste. (Como ha apestado, por otra parte, el nacimiento de todas las naciones: pero a nosotros nos ha tocado asistir a este).

Además del ‘conseller’ catalán de Interior, Joaquim Forn, distinguiendo entre víctimas españolas y catalanas, sirvan varios como muestra. Raül Romeva, exhibiéndose en la prensa internacional como “ministro de Exteriores”, satisfecho de que lo tomen en serio al fin. La Asamblea Nacional Catalana, pidiendo a un medio de Estados Unidos que no utilice la bandera española en sus homenajes. Josep Maria Mainat, haciendo propaganda independentista y llamando a votar el 1 de octubre en el referéndum golpista. O este tuit de Súmate: “No sé cómo lo veis pero la frase ‘Si la Guardia Civil viene a cerrar el Parlament se encontrará a los Mossos’ hoy ha tomado otro significado”…

Sí, los nacionalistas han sido pequeños estos días. Aunque la cosa va al revés: por ser pequeños es por lo que son nacionalistas.

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La fisura incurable

Ignacio Vidal-Folch

¿Pero cómo pudo ser? ¿Cómo pudieron cambiarles así? Sobre la alienación que permitió al imán diabólico lavar el cerebro a unos chicos de Ripoll a quienes todos, o casi todos los que les conocían, consideraban encantadores, honestos, simpáticos, generosos, sociables y plenamente integrados en la comunidad, y que de repente resultaron ser unos asesinos de masas, lo más veraz, sencillo y sensato que se ha escrito en estos días –o por lo menos, que yo haya leído—es lo que le dijo un tal Raschid, primo de uno de los terroristas y vecino de Ripoll, a Nacho Carretero, de El País:

“Sí, nos criamos aquí y no tenemos problemas de convivencia, pero somos y siempre seremos los moros. En el colegio éramos los moros y las chicas no querían salir con nosotros. Y los mayores creen que vendemos hachís.”

Claro que no por eso cualquiera coge un coche y mata a quien se le ponga por delante. Pero ése es el trauma esencial, la fisura en el orgullo personal por donde se puede colar el discurso destructivo del imán, y no hay programa integrador, por bienintencionado y encomiable que sea, que cierre esa fisura, ese verdadero “hecho diferencial”. Ni los vecinos más cordiales, como hay que suponer que son los de Ripoll, pueden hacerlo. Y así sucede en todo el mundo: incluso en el “melting pot” de Nueva York las comunidades raciales y hasta nacionales siguen instaladas cada una en su propio barrio, y hasta el anterior presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, tuvo que sufrir que quien le sucedería en el cargo, Donald Trump, le acusase de no ser realmente americano de nacimiento.

Es una lástima grande tener que resignarse a una realidad cuya peligrosidad potencial el recurso de la razón, de la política y de la educación puede paliar, pero no suprimir. Puede ser que reconocerlo no ayude a resolver el problema, pero puede por lo menos ayudar a entenderlo.

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Armagedon

Daniel Capó

Foto: PASCAL GUYOT
AFP

Desconozco la biografía de Younes Abouyaaqoub, principal sospechoso de la matanza de Barcelona, pero puedo imaginármela: el hijo de una ideología del resentimiento, a la que se le superpone el fracaso social y educativo. Lo que en otra época se hubiera denominado “lumpen”. Nada lo distingue de tantos otros asesinos islamistas, ni del fanatismo de sus compañeros de grupo. Joven y falto de un futuro, el odio –porque sólo se mata por odio– prende en ese fuel del resentimiento, mezclado con un complejo de inferioridad que se asume de forma dolorosa. La ideología del radicalismo islámico ofrece, en definitiva, un marco de redención que canaliza esa rabia y justifica el asesinato: un sentido que resulta, además, claramente apocalíptico. Para empezar, un Armagedón en cualquier esquina de cualquier país libre.

Las ideas tienen implicaciones, al igual que los sentimientos. Y nosotros debemos sabernos guiar por el realismo. En primer lugar, reconociendo que se trata de una guerra, aunque no en un formato tradicional, que se dirige contra nuestras creencias. En segundo lugar, siendo conscientes de que la cooperación internacional es fundamental para contener el yihadismo. En tercero, contando con la necesidad de asfixiar las distintas fuentes de financiación del terrorismo. En cuarto, acompañando la contundente actuación policial de un proceso, a medio y largo plazo, de integración cultural, profesional y humana que permita desacreditar el Apocalipsis. Por varios motivos también, esto último será lo más complicado.

Primero, porque la propia dinámica tecnológica y económica de la globalización acelera la quiebra de clases sociales en Occidente (pero no en los países en vías de desarrollo). Segundo, porque sin éxito académico apenas habrá trabajo de calidad en el futuro y es cosa sabida la influencia del entorno social en la excelencia académica. Tercero, y quizás el más importante, porque –por decirlo a la manera de Rémi Brague– se trata del difícil intento de integrar no sólo una cultura o una religión distintas, sino toda una civilización que engloba desde la superstición al derecho, desde la fe al funcionamiento de la economía. Y no entenderlo, me temo, resulta sencillamente suicida.  

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Barcelona el día después del atentado

Redacción TO

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Con menos movilización turística en sitios emblemáticos como la Sagrada Familia (que permanece abierta) y en el transporte público en general, Barcelona amanece golpeada por el atentado terrorista del que fue víctima ayer. Sin embargo, muchas personas han decidido trasladarse hasta la Rambla para rendir homenaje a las víctimas, cuyo número asciende a 14,  y para hacer acto de presencia en el minuto de silencio convocado en Plaza Cataluña al mediodía al que acudieron desde las máximas autoridades locales: Ada Colau, Carles Puigdemont y Carme Forcadell, así como el rey Felipe VI  y el presidente de gobierno Mariano Rajoy.

Aquí una breve crónica en imágenes.

Así amanece Barcelona después del atentado 1
Así amanece La Rambla, de luto, pero abierta | Foto: Sergio Pérez / Reuters

Barcelona el día después del atentado 14
Memorial en el mosaico de Miró en La Rambla. | Foto Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 13
Memorial en el mosaico de Miró en La Rambla. | Foto Diana Rangel / The Objective.

Así amanece Barcelona después del atentado 3
Símbolos de luto se están colocando a todo lo largo de La Rambla | Foto: Diana Rangel / The Objective

Asciende a 14 el número de fallecidos en los atentados de Barcelona y Cambrils
Foto Diana Rangel / The Objective

Barcelona el día después del atentado 29
“Todos unidos por la paz”. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 30
En el mosaico de Miró. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 31
Foto: Diana Rangel / The Objective.

El punto neurálgico de la congregación era el mosaico de Miró en el centro de La Rambla, en donde la gente desde tempranas horas comenzó a depositar flores, velas y todo tipo de memorabilia en homenaje a las víctimas.

Allí conversamos con el portavoz de la comunidad Sikh en Barcelona, Gagandeep Singh Khalsa, quien se apersonó con otros representantes para expresar su repudio al atentado, expresar su preocupación ante el rechazo que algunos individuos le manifiestan a su comunidad por el uso de las prendas tradicionales de su cultura, y ponerse a la orden para cualquier colaboración que pudiera necesitar.

Barcelona el día después del atentado 15
Gagandeep Singh Khalsa conversa con Andrea Daza de The Objective. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Save

Save

Poco tiempo después Ada Colau y las autoridades del Ayuntamiento se apersonaron en La Rambla para dirigirse al punto de la convocatoria para el minuto de silencio: la Plaza Cataluña. Luego de encontrarse con Carme Forcadell, la presidenta del Parlamento, el grupo se encontró en la plaza con el rey Felipe VI, Mariano Rajoy y Carles Puigdemont.

Representantes de los representantes de los principales partidos también acudieron al acto, allí pudimos observar a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Miguel Iceta, Xavier Domènech y Soraya Sánchez de Santamaría, entre otros.

Barcelona el día después del atentado
Ada Colau en La Rambla | Foto: Andrea Daza / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 8
Rajoy, el rey Felipe VI, Puigdemont y Colau, juntos, encabezan el homenaje. | Foto: Andrea Daza / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 20
Pablo Iglesias y los representantes de Podemos llegan a Plaza Cataluña para el minuto de silencio. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 22
Pedro Sánchez al llegar a Plaza Cataluña | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 19
Miguel Iceta, presente en Barcelona. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

La comunidad Sikh en España se desmarca de los atentados de Barcelona y Cambrils
Rajoy, Felipe VI y Puigdemont, breves minutos antes de comenzar el minuto de silencio. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 4
Durante el minuto de silencio | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 9
Minuto de silencio. | Foto: Sergio Pérez / Reuters.

La multitud congregada en Plaza Cataluña aplaudió por varios minutos luego de finalizado el minuto de silencio. Se escucharon proclamas de “no tenim por” (no tenemos miedo).  Los castellers también hicieron acto de presencia para brindarle a las víctimas y a todos los presentes un homenaje muy simbólico: Barcelona, se levanta.

Barcelona el día después del atentado 10
Foto: Sergio Pérez / Reuters.

Barcelona el día después del atentado 18
Multitud congregada para el minuto de silencio frente a El Corte Inglés de Plaza Cataluña. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Barcelona el día después del atentado 1
El rey Felipe VI saluda a las personas congregadas en Plaza Cataluña | Foto: Andrea Daza / The Objective

Barcelona el día después del atentado 21
Albert Rivera responde a los medios luego del minuto de silencio. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

En sus declaraciones a los medios, Albert Rivera habló de la convocatoria al Pacto Antiterrorista. “No estamos en guerra, pero tampoco estamos en paz”. No es un día para las críticas, pero se debe hacer un llamamiento a la unidad, agregó.

Mientras los políticos de partidos opuestos esperaban para dar sus declaraciones, algunas personas en el público expresaron demandas claras: “Un CNI europeo”, pidió José Manuel García de 74 años. “No puede ser que tengamos tres policías, la Nacional, la de Euskadi, la de Catalunya”. Albiol, del PP catalán le respondía a García que sí, que estaban en ello.

Ramón Ros, catalán de 67 años, por su parte replicaba que no, que el problema es de competencias, que Euskadi lo tenía mejor, que cómo era posible que la policía autonómica no pudiera acceder a los archivos de la nacional.

Barcelona el día después del atentado 2
¿Inevitables selfies? | Foto: Andrea Daza / The Objective.

Pedro Sánchez intentaba mediar en la discusión mientras muchas personas en la multitud, parecían olvidar el motivo de la congregación e insistían en hacerse selfies con el máximo líder del PSOE.

En general todos los partidos fueron muy cautelosos con sus declaraciones, mientras que entre los asistentes reinaba la confusión, el ansia de reinvindicación y el reclamo a los políticos y a los cuerpos policiales.

Barcelona el día después del atentado 12
Grafitti en Madrid cerca del Congreso de Diputados: “Unidos somos fuertes. Todos somos Barcelona”. | Foto: Juan Medina / Reuters.

Para cerrar esta pequeña crónica un vídeo de un grupo de personas que espontáneamente se reunió pocos momentos después del minuto de silencio de Plaça Catalunya a rendir un pequeño, pero emotivo, homenaje a las víctimas cantando Imagine de John Lennon.

Textos y fotos: Andrea Daza, Ariana Basciani, Diana Rangel y Ana Laya. 

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