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En 2018, que calle el viejo

David Blázquez

Foto: TOBY MELVILLE
Reuters

El primero del año tiene la virtud de abemolarnos el alma, devolviéndola, aunque solo sea durante unas horas, a su timbre original: la apertura y la espera. Al debe y al haber de lo vivido, a los cálculos del año que termina, le siguen sin solución de continuidad las esperanzas ante el año que nace.

Los comienzos son siempre promesas, para quienes todavía no han matado al niño que nunca debería morírsenos en las entrañas. Escribía Borges –y nos lo recordaba ayer J.A. Montano– que la mañana “nos depara la ilusión de un principio”. Y es que todo comienzo –un nuevo trabajo, una relación en ciernes, el albor de una vida que echa a andar– encierra un grito de esperanza. En 1937, con 29 años recién cumplidos, el poeta italiano Cesare Pavese anotaba en un cuaderno que “la única alegría en el mundo es comenzar”, que “vivir es hermoso porque es comenzar, siempre, a cada instante”.

Pero a ninguno se nos escapa que la vida, con sus embates, pone con frecuencia el tintineo del corazón en sordina. Tanto, que a veces ya no nos parece nuevo ni lo que estrenamos. No hablemos de otro año más, después de tantos. Un viejo escéptico –ese que manda callar al niño que tenemos dentro– nos susurra al oído la fórmula cóncava de la parábola que cada año se dibuja entre los ejes de la realidad y el deseo. El ímpetu decae, nos dice, ¿para qué esperar? Jorge Guillén lo describe bien en su poema Alba del cansado: “Un día más. Y cansancio. / O peor, vejez. … A cada sol más se ahondan / Hacia el alma desde el cuerpo / Los minutos de un cansancio / Que yo como siglos cuento. … Día que empieza sin brío, / Alba con grises de Enero, / Cansancio como vejez /Que me centuplica el tedio…”. Quizás los reveses del 1 de enero hayan bastado para que el 2 sea ya uno más en esa larga lista de “días que empiezan sin brío” que nos “centuplican el tedio”.

Que en 2018 callemos al viejo y demos voz al niño, y que grite fuerte, con Guillén, que el tedio no es el final, que “Los prodigios de este mundo / Siguen en pie, siempre nuevos, / Y por fortuna a vivir / Me obligan también. / Acepto”.

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1917: una luz para el futuro

David Blázquez

Foto: Archivo

Las celebraciones de octubre de 1917 se han multiplicado por doquier, excepto en Rusia. Allí lo que se festeja es un zarismo redivivo. La Revolución de Octubre, que fue en noviembre, ha dejado tras de sí muchos números, el más macabro de los cuales, el de los muertos de esa fecha y de las que siguieron. Pensar en los lager es pensar en sus millones de muertos, en sus incontables sufrimientos. Y sin embargo, lo más aterrador del proceso totalitario no fue la escala del mal, sino su esencia completamente nueva: lo que estaba en juego era la misma naturaleza humana. Se trataba de recrear al hombre, no de mejorarlo. Con toda su crueldad, 1789, 1830 y 1848 habían sido revoluciones transformadoras. Transformadoras del hombre y de la realidad. 1917 fue el laboratorio de un sujeto radicalmente nuevo.

La violencia ejercida por el sistema totalitario comunista fue capaz de paralizar, anestesiándolos, millones de espíritus durante décadas. El experimento totalitario ha llegado a término cuando los súbditos del régimen han perdido el contacto con sus semejantes y con la realidad que los rodea. Y es que, como escribía Hannah Arendt, de quien ayer se celebraba el aniversario de su muerte, “el súbdito ideal del régimen totalitario no es el comunista convencido o el nazi convencido, sino el individuo para el que ya no hay diferencia entre la realidad y la ficción, entre lo verdadero y lo falso”. El convencimiento requiere argumentos fuertes y éstos reflexión. Y nada hay más peligroso para la ideología totalitaria que el pensamiento. El soldado perfecto es el que no reflexiona, el que ha roto todo vínculo concreto con los hechos. Lo decía proféticamente en 1911 Nikolái Berdiáyev, uno de los observadores más lúcidos de su tiempo, describiendo la Rusia de comienzos del siglo XX: “El problema es recuperar la realidad, superar la abstracción de la ideología, recuperar la concreción”. Pero Rusia optó por la abstracción, por forjar el “Hombre Nuevo”. Ahí quedan los testimonios de Svetlana Alexiévich: la destrucción de la naturaleza humana, de la capacidad de discernimiento y de vínculo con nuestros semejantes y con la realidad parecía haber vencido.

Y sin embargo, 1917 nos recuerda el origen de una historia dramática y a la vez luminosa. Como subrayaba hace unos días en Madrid Adriano Dell’Asta en la presentación de su libro Rusia, 1917: El sueño roto de «un mundo nunca visto» (Ediciones Encuentro) incluso Shalamov, el más negativo de los cronistas de la barbarie comunista lo admitía: no, ni siquiera el lager destruye por completo al hombre. La aspiración por la verdad y por la libertad puede ser pisoteada y narcotizada hasta la extenuación, pero no completamente aniquilada.

Esa es, en palabras de Vassili Grossman, “la luz de nuestro tiempo, la luz del futuro”.

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Salir de uno mismo (también en política)

David Blázquez

La política –liberal, conservadora o progresista – ha tenido siempre como uno de sus atributos más nobles la capacidad de abrir el horizonte de los ciudadanos, llevándolos de lo particular a lo común. Los partidos necesitaban dar con elementos compartidos y llegar a acuerdos para definir objetivos y estrategias compartidas. Fuera por convencimiento o necesidad electoral, los políticos se veían obligados a reflexionar y hablar del “bien común”.

Los avances tecnológicos permiten hoy rastrear cada vez con mayor éxito nuestras huellas digitales, consintiendo a los equipos de campaña de los partidos políticos (con la ayuda de empresas como Cambridge Analytica) identificar con precisión quirúrgica nuestros desvelos y preocupaciones. La inagotable información acerca de las preferencias de los potenciales votantes de la que disponen los partidos ha ido transformando el discurso político: ya no se trata de convencerte de algo distinto de lo que piensas, sino de reforzar tu convencimiento acerca de lo que ya saben que te preocupa, de manera que termines “comprando” el proyecto que responda con más precisión a tu “necesidad”.

Empujados por los datos, los partidos han ido mutando su estructura, pasando de ser plataformas en las que confluían diversidades que tenían que persuadir y ser persuadidas para converger, hasta convertirse en agrupaciones de particularidades cada vez más polarizadas y amalgamadas por un único cemento común: el sentimiento de agravio. Lo importante no es lograr que te identifiques con un proyecto potencialmente interesante para otros, sino que encuentres un rincón para tu insatisfacción y alguien contra quien gritarla. La tendencia introspectiva e individualizadora de las campañas y de los partidos aglutinadores de “movimientos”, encuentra un terreno fértil en sociedades como la nuestra en las que la propia identidad está cada vez más definida por la interacción con otros en términos de autorreferencialidad. Todo esto suena a la enésima vuelta a la tuerca del individualismo del que hablaba Tocqueville en 1840, ese pecado democrático que “elimina la fuente de las virtudes públicas y termina, a la larga, por destruir el resto de virtudes y desembocar en el egoísmo”. Mark Lilla lo ha llamado “el modelo Facebook de personalidad”: el otro es importante no porque me saque de mí mismo y amplíe mi horizonte –esa debería ser la función primordial de la amistad y la política–, sino porque, like tras like, refuerza mi personalidad en los términos en que yo la imagino y la presento en mi muro.

En un momento en que todo parece empujarnos hacia nosotros mismos, urgen iniciativas sociales y políticas que compensen la fuerza centrípeta de la tecnología, recuperando la pasión por encontrar lo que nos une y favoreciendo el encuentro con quien piensa y siente diferente.

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Un año de portadas: Donald Trump, el presidente más ridiculizado de la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: Der Spiegel

Donald Trump cumple ahora su primer año de mandato. El magnate, que atrajo una gran atención hacia sí mismo tanto durante la campaña de los republicanos como durante la presidencial norteamericana, seguirá previsiblemente tres años más en la Casa Blanca (a falta de un impeachment inmediato a la vista).

El primero de sus ejercicios en el poder ha estado marcado por no pocas controversias: su veto a la entrada de ciudadanos de países de mayoría musulmana, sus comentarios racistas, la relación de su entorno más próximo con agentes rusos o la construcción de un muro con México que por ahora parece más obra de su imaginación que de la realidad.

Una de esas polémicas que ha planeado constantemente sobre Trump y su propio ego ha sido la relación con la prensa, a la que ha acusado constantemente de verter noticias falsas sobre él cada vez que había un tema de actualidad que podía afectarle. La expresión “fake news” ha servido como una especie de escudo, transmitiendo un mensaje que sin duda ha calado sobre sus seguidores y provocando un descrédito desmesurado de la prensa.

Esa prensa a la que él ha acusado de mentirosa ha publicado numerosas portadas, algunas auténticas obras maestras de la ilustración y el humor, que lo han convertido no sólo en el presidente más controvertido sino también en el más ridiculizado que se recuerde. A continuación, un repaso de esas portadas, tanto de medios serios como de publicaciones satíricas, de uno y otro lado del charco.

La revista New Yorker

Desde la polémica por las largas estancias del presidente Trump en sus complejos de golf, al apoyo por parte de grupos de supremacía blanca o el pozo en el que para muchos está el mandatario a estas alturas, las célebres ilustraciones de portada de la prestigiosa revista New Yorker han mostrado a un Donald Trump poco adecuado para el cargo que ostenta.

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

La revista Time

La famosa publicación Time ha sido una de las más incisivas a la hora de retratar a Donald Trump en su portada. Las dos imágenes que hemos seleccionado son muy violentas, y muestran ese odio y esa furia que lo caracterizan.

Imagen: Time

Imagen: Time

La revista The Week

Con ocasión del lanzamiento de Fire and Fury del periodista Michael Wolff, la publicación The Week divulgó esta portada en la que mostraban al Trump que ama la comida rápida totalmente furioso por lo que el libro cuenta.

Imagen: The Week

El New York Magazine

Por el mismo sendero caminaba New York Magazine cuando publicó esta portada en la que se representan los malos hábitos alimenticios de Donald Trump y que se ven reflejados en el libro de Wolff.

Imagen: New York Magazine

Der Spiegel

Más allá de las fronteras norteamericanas, una de las publicaciones que ha publicado las portadas más notables durante el primer año de Trump en la Casa Blanca ha sido el alemán Der Spiegel. En ellas ha puesto de relevancia temas como el exacerbado patriotismo del presidente e incluso ha llegado a retratarle como la viva imagen de la involución humana.

Imagen: Der Spiegel

Imagen: Der Spiegel

La revista The Economist

Con sus siempre acertados análisis, The Economist ha dedicado varias portadas al presidente norteamericano. De entre todas destacamos la última, en la que pretenden hacer balance del primer año del presidente en el poder ilustrando a un bebé Trump.

Imagen: The Economist

Bloomberg Businessweek

Las polémicas medidas firmadas durante este año por el mandatario estadounidense inspiraron la portada de Bloomberg Businessweek en la que, en lugar de una orden ejecutiva, podemos leer en un documento firmado por Trump: “insertar orden ejecutiva redactada precipitadamente, jurídicamente dudosa y económicamente desestabilizadora”.

Imagen: Bloomberg Businessweek

La revista elJueves

Para terminar: una publicación española. Los chicos de elJueves utilizaron su acertado sentido del humor para alumbrar la boca de Trump con una antorcha sostenida por un miembro del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan.

Imagen: elJueves

Un nuevo año comienza para Trump, y para todos aquellos maestros ilustradores a los que les espera mucho trabajo para retratar las facetas de un icono mediático irrepetible.

Continúa leyendo: Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Redacción TO

Foto: DADO RUVIC
Reuters

De las 100 principales criptomonedas que actualmente están en el mercado, un total de 96 están en números rojos, es decir, la práctica totalidad de las criptodivisas pierde dinero (y con ellas, sus inversores). Solo se salvan de esta guillotina económica Tether, Gas, Neblio y Cryptonex. El martes se conocía la noticia de que la criptomoneda por antonomasia, bitcoin, se desplomaba un 16% y que sus casi igualmente famosas compañeras Ethereum y Ripple (las dos más populares después de bitcoin) perdían un 16% y un 24% de su valor, respectivamente. Uno podría pensar que este pesimista panorama alertaría a los inversores y que estos cruzarían tierra, mar y aire para salir de semejante embrollo. Pero se equivocaría. Los grandes inversores han cruzado mar sí, pero en crucero, con toda la calma.

Alrededor de 600 entusiastas de las criptomonedas se embarcaron el lunes por la noche en Singapur en el segundo Blockchain Cruise anual, una suerte de vacaciones en el mar con una temática entrada en las criptodivisas. El valor del bitcoin se situaba entonces cómodamente por encima de los 13.500 dólares (unos 11.000 euros) pero para cuando el buque llegó a el miércoles a Tailandia, donde los viajeros pudieron dedicarse a beber, a tomar el sol y a disfrutar de conferencias sobe la criptoeconomía, el bitcoin había caído ya hasta los 10.000 dólares (algo más de 8.000 euros), informa Bloomberg. En el transcurso de esos días, el grupo, compuesto en su mayoría de hombres jóvenes, muchos de los cuales han hecho fortunas gracias a bitcoin, habían perdido probablemente millones de dólares.

Pero el batacazo no detuvo la fiesta. Según ha explicado Ronnie Moas, uno de los conferenciantes del miércoles, el bitcoin alcanzaría, en el mejor de los casos, los 300.000 dólares (más de 245.000 euros) en tan solo siete años. “Nada crece en línea recta”, razona. Pero la lista de conferenciantes del exclusivo crucero no acaba ahí e incluye nombres fuertes como José Gómez, hombre cercano al expresidente de Venezuela Hugo Chávez; Kaspar Korjus, el hombre detrás de la “nación digital” de las e-residencias impulsada por el Gobierno de Estonia; Jorg Molt, que -de ser cierta su afirmación de que posee un cuarto de millón de bitcoins– tiene una fortuna de 2.800 millones de dólares (casi 2.300 millones de euros), e incluso el mismísimo John McAfee, el empresario de la compañía de ciberseguridad McAfee (cuyos antivirus se encuentran hoy en día en dispositivos de todo el mundo).

Precisamente McAfee se ha convertido en los últimos tiempos en un gran promotor de las criptodivisas a través de su cuenta de Twitter, donde también ha incluido una fotografía del crucero.

“¡Que todo el mundo se relaje!”, ha dicho recientemente, citado por International Business Times. “No sé si será el bitcoin o múltiples divisas pero habrá un estándar de criptomonedas para el mundo les guste a los gobiernos o no”.

Con este panorama, el mundo de las criptomonedas sigue festejando su repentino éxito, ajeno a los últimos datos, que apuntan a que estas divisas experimentarán una caída tan potente como lo fue su ascenso. Y olvidan el tortazo que se pegaron en 2007 las hipotecas subprime (disparador de la crisis económica) y de la explosión de la burbuja de las puntocom a principios de siglo. Los seguidores más acérrimos de la moda del bitcoin, según una de las conferencias, tendrán que ver una caída de más del 50% del valor antes de que salgan espantados. 

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