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Democracia de ultratumba

Enrique García-Máiquez

Quien sabe de esto me aconseja que aproveche estos días efervescentes para escribir artículos de actualidad política. Ya vendrá, después, la rutina, pero ahora todo está fraguándose: alianzas, posiciones, discursos, ministerios, secretarías generales, etc. Claro que, coincidiendo con el día de difuntos, tras el día de todos los santos, ¿quién no habla de la eternidad política?

La Edad Media se recreó en una idea extraordinariamente igualitaria: la democracia de ultratumba. La muerte era para príncipes y siervos, para obispos y mendigos, inexorable, idéntica e impasible. Aquello compensaba de una sociedad jerárquica y estamentalizada. Véase a Jorge Manrique: “Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar,/ qu’es el morir;/ allí van los señoríos/ derechos a se acabar/ e consumir;/ allí los ríos caudales,/ allí los otros medianos/ e más chicos,/ allegados, son iguales/ los que viven por sus manos/ e los ricos”. La idea venía de la Antigüedad, pero en el Medievo gustó tanto que se le quitó el austero manto estoico y se transformó en una danza.

La modernidad, que está hecha, parafraseando a Chesterton, de ideas medievales que se volvieron locas, ha llevado al paroxismo la idea de la muerte como epítome de la democracia. Tras el frenesí de muertes a millones que ha acompañado a toda revolución, empezando por la francesa y siguiendo por las socialistas y las nacionalsocialistas, puede verse la impaciencia del igualitarismo por extender su nivelado ideal. Visto así, cualquier diferencia se convierte de inmediato en una muestra de vitalidad y en una salvaguarda de libertad. ¿Cómo no amarla? Por la igualdad, tan mortecina en el fondo, no hay prisa ninguna, diría uno, si le dejasen votar.

Un teórico político neo-güelfo-blanco tendría, pues, que desplazar la apoteosis democrática del día de los difuntos al día de todos los santos, tratando de reflejar en el mundo la estructura del reino eterno. Tendríamos entonces jerarquías, al estilo de las descritas por Dante, con la democrática denominación de origen, además, de que el punto de partida sería la igualdad de la muerte, sólo que trascendida. El gran inconveniente, en cambio, es ¿que a quién le importa nada de esto, tan pendientes como estamos de alianzas, posiciones, discursos, ministerios, secretarías generales, etc? Hay días en que la visita a los cementerios, más que una costumbre, es una necesidad. La de hallar una audiencia receptiva.

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Por qué el Ministerio de Defensa quiere que adoptes un pingüino

Redacción TO

Foto: Mark Baker
Reuters/Archivo

En su afán y compromiso por salvaguardar la Antártida y el medio ambiente, el Ministerio de Defensa puso en marcha hace ya años una curiosa y original campaña de apadrinamiento de pingüinos. La de esta edición hace el número 31 y comenzó el 8 de enero y finalizará el 15 de Marzo.

Apadrinar un pingüino es muy sencillo, además de gratis, ya que se trata de rellenar un formulario que el personal de Defensa encargado de la campaña se ocupará de gestionar lo antes posible, aunque ante la avalancha de peticiones ya ha indicado que el proceso puede sufrir algún retraso.

En la ficha debes incluir el nombre que quieres que lleve tu pingüino. Defensa te enviará un diploma con tus datos y los de tu pingüino.

¿Qué supone apadrinar un pingüino?

Cuando uno cumplimenta el formulario está adquiriendo un compromiso personal de “cuidar el medio ambiente” en general. Es una manera, aseguran los responsables de la campaña, de garantizar que nuestros pingüinos apadrinados y sus crías puedan seguir viviendo en la Antártida.

En esta ocasión y como novedad respecto a las anteriores campañas, esta edición va acompañada por otra buena causa. El ‘RETO DE 5.000 pingüinos contra el Cáncer‘, cuya finalidad es recaudar fondos para la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), donde se podrán hacer fácilmente donaciones a esta asociación. “El 100% del dinero recaudado será entregado a dicha asociación”, asegura Defensa, quien anima a todos a colaborar.

Científicos y militares españoles en la Antártida

La pregunta es ¿qué tiene que ver el Ministerio de Defensa con los pingüinos? Lo cierto es que el origen de estas campañas está directamente relacionado con la presencia del Ejército de Tierra en la base española Gabriel de Castilla situada en la Isla Decepción, en el archipiélago de la Sethland del Sur, donde científicos y militares realizan diversas actividades en el marco de la Campaña Antártica.

Por qué el Ministerio de Defensa quiere que adoptes un pingüino
Investigadores del proyecto PINGUFOR estudianel comportamiento y fisiología de los pingüinos barbijos en relación con el cambio climático. Foto: Campaña Antártica ET / RRSS

Algo que ocurre desde 1988 en colaboración con el Ministerio de Educación y Ciencia y el Comité Polar Español. “Nuestra misión en la Antártida tiene como finalidad proporcionar apoyo logístico a la investigación científica en la base Gabriel de Castilla y realizar proyectos de investigación y experimentación de interés para el Ejército en las áreas de transmisiones, medio ambiente, sanidad, bromatología o vestuario y material de campamento”, explica el ministerio.

El Comité Científico para la Investigación en la Antártida, órgano en el que están representados 32 países, recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2002, como “reconocimiento al conjunto de la investigación científica en la Antártida, el único continente virgen, libre de tensiones políticas y económicas, y dedicado a la ciencia”.

La representación de España en el continente se encuentra en la base Gabriel de Castilla de la isla Decepción y, según Defensa, es “un símbolo de las capacidades de nuestras Fuerzas Armadas para desempeñar misiones a gran distancia, en condiciones climatológicas extremas, y en cooperación con otros sectores muy diversos de la sociedad como los investigadores científicos y universidades de toda España”.

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El quinto mandamiento

José Carlos Rodríguez

Foto: Alessandro Bianchi
Reuters

No sé si Francisco es capaz de realizar milagros, pero sí ha logrado obrar maravillas, como tenernos a los agnósticos rezando por su conversión. El Vicario de Cristo es un hombre muy mundano. Está apegado a esta tierra como el catoblepas; con un ojo mirando al frente y otro al suelo. Aquí abajo se manifiesta sobre las cuestiones que nos interesan a los pecadores. Cristina Kirchner buena, Mauricio Macri malo. Nicolás Maduro bueno, Sebastián Piñera malo. En este sentido, el de la comunicación, es un hombre eminentemente moderno. Contemporáneo. Digital. Atrás quedan las tortuosas sutilidades del escolasticismo. El pensamiento hashtag es lo que se lleva. Manes tuitero.

Los cascotes del materialismo forman parte de su dialéctica. El evangelio de Francisco es el nuevo Libro verde de Gadafi, el nuevo Libro rojo de Mao. Francisco es el nuevo líder moral de los no alineados. Y así aprendemos que el hombre ya no es el guardián de la Tierra, como ha defendido la Iglesia hasta Benedicto XVI, sino su devorador malvado e inconsciente. Y la libertad humana ya no está cerca de la verdad. La verdad de la doctrina social de Francisco es que la libertad de producir e intercambiar el fruto de ese esfuerzo es el camino hacia el mal.

Ahora sabemos que de las interioridades de la conciencia de Francisco sale el juicio moral según el cual los terroristas de Sendero Luminoso son mejores que las “monjas chismosas”. Será una broma. Cabe pensar que lo es. Cabe pensar que no lo es. Y que en su escalafón moral las bombas que sueltan las monjas cotillas son comparables a las del grupo terrorista, con sus 70.000 muertos.

El escándalo y el oxímoron han formado parte del mensaje cristiano desde su mismo profeta. Pero dejan de hacer gracia cuando la chanza se refiere al quinto mandamiento.

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El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas

Borja Bauzá

Foto: Pedro Szekely
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Hace cinco siglos que Covilhã dejó de aportar nombres a la lista de “personalidades ilustres” que elabora la Wikipedia. Los últimos covillanenses que aparecen en ella son los hermanos Faleiro, dos cosmógrafos del siglo XVI que colaboraron estrechamente con Fernando de Magallanes. Pero esto puede cambiar en los próximos años si Paulo Gonçalves, un vecino de este antiguo castro lusitano reconvertido en ciudad de provincias, consigue su objetivo: crear una suerte de confederación ibérica para que España, Andorra y Portugal vuelvan a tener peso en el mundo.

Gonçalves no está solo. A unos 515 kilómetros y una frontera de distancia se encuentra Casimiro Calderón, el antiguo alcalde socialista de Puertollano, provincia de Ciudad Real. Él también piensa que la creación de una Comunidad Ibérica de Naciones mejoraría la vida de todos los habitantes de la península. Gonçalves y Calderón se conocieron hace cinco años gracias a un bloguero de Málaga que gestionaba una bitácora sobre iberismo, que es como se conoce al movimiento que promueve algún tipo de unión entre España y Portugal. Se entendieron inmediatamente y tras meses de correspondencia el portugués pagó visita al español. “Hoy –dice Gonçalves– Casimiro es como parte de mi familia”.

Poco antes de saber de la existencia de Calderón, concretamente el 12 de febrero del 2012, Gonçalves dio un paso importante: fundó el Movimiento Partido Ibérico, una plataforma dedicada a defender las ventajas del macroestado ibérico en Portugal. Cuando se conocieron y le comentó su iniciativa a Calderón, el ex alcalde de Puertollano se entusiasmó y decidió montar una organización hermana al otro lado de la frontera. Así nació el Partido Íber.

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Paulo Gonçalves y un militante del Partido Íber en la Cumbre Luso-Española de 2017. Autor: Foto cedida por Paulo Gonçalves

Ambas formaciones se pusieron manos a la obra inmediatamente. El trabajo acabó dando sus frutos y en octubre del 2016, tras organizar una cumbre en Lisboa para presentarse ante el mundo, la prensa se hizo eco de sus intenciones. En ese encuentro también leyeron una carta –colgada en su página web en castellano, portugués y catalán– que ya se conoce como la Declaración de Lisboa. Es un documento que llama a “los ibéricos, como pioneros de la globalización y el mestizaje, a liderar un mundo de futuro incierto donde vuelven a levantarse fronteras y se profundiza la crisis de valores”. Los autores de la carta también se quejan de que el iberismo, una tradición política con varios siglos de existencia, ha sido borrado de los libros de historia con bastante alevosía.

*

Lo primero que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que nadie se pone de acuerdo a la hora de establecer cuándo y cómo surge el fenómeno.

Para Gonçalves el iberismo nació el 7 de junio de 1494, cuando los Reyes Católicos y Juan II de Portugal acordaron repartirse el mundo en el Tratado de Tordesillas. “Ese día ambos reinos apostaron por un futuro sin conflicto”, explica el fundador del MPI. Los académicos, sin embargo, manejan otras teorías. Gabriel Magalhães, escritor y catedrático especializado en el estudio de las identidades de España y Portugal, también apunta al siglo XV como el origen del iberismo, pero se desmarca del Tratado de Tordesillas y opina que la clave reside en la política matrimonial de la monarquía lusa, que pretendía conseguir por esa vía una unión peninsular de proyección mundial. Con capital en Lisboa, por supuesto. No está de acuerdo el historiador José Miguel Sardica, quien sostiene que hace nueve siglos ya existían acercamientos diplomáticos entre los reinos de la época. Estos serían, en su opinión, los primeros síntomas de iberismo. Una nueva voz discordante: la de Santiago Pérez Isasi, investigador en la Universidad de Lisboa. Este académico vasco argumenta que si se habla con propiedad entonces no se puede hablar de iberismo hasta el siglo XIX, pese a todas las relaciones políticas, comerciales y culturales que existieron antes.

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Portada de Ibéria. | Imagen: Aletheia Editores

Lo segundo que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que, tenga o no tenga su origen en el XIX, este siglo fue la época dorada del movimiento gracias al florecimiento de los nacionalismos unificadores. En un tiempo en el que se pensaba que sólo las naciones más grandes sobrevivirían, y teniendo en cuenta la pérdida de las colonias en Sudamérica, la idea de un Estado Ibérico, de una Iberia fuerte y unida que siguiese los pasos de las recientemente formadas Alemania e Italia, resultaba tentadora.

Durante las primeras décadas del siglo, el iberismo estuvo estrechamente ligado al liberalismo y, por lo tanto, se opuso frontalmente al absolutismo. Eran los tiempos de Fernando VII, del vivan las cadenas y del exilio de un número importante de liberales españoles, que escogieron Londres como refugio. En la capital británica coincidieron con un buen puñado de liberales portugueses que no se fiaban de los absolutistas lusos –Juan VI y Miguel I– y preferían mantener las distancias. Se habló largo y tendido de la posibilidad de unir ambos reinos bajo un monarca constitucional liberal que gobernase sobre toda la Península Ibérica. El nombre de Pedro I de Brasil, hijo de Juan VI y sobrino de Fernando VII, un rey liberal que se había enfrentado a las aspiraciones absolutistas de su padre, sonó con fuerza. Le enviaron cartas pidiéndole que aceptase el reto mientras el poeta Almeida Garrett se paseaba por Europa elogiando a aquellos ciudadanos de la Península Ibérica –a aquellos “hispanos”– dispuestos a luchar por las libertades individuales.

Sin embargo, esta primera ola de iberismo decimonónico se topó de bruces con las tensiones internas de ambos países; la guerra civil portuguesa y la primera guerra carlista silenciaron cualquier proyecto unificador.

La segunda ola de iberismo decimonónico, más fuerte que la primera, viene marcada por la publicación de un libro escrito por el diplomático español Sinibaldo de Mas en 1851: La Iberia. En su obra, el que fuera el primer embajador de España en China defendía las ventajas políticas y, sobre todo, las ventajas económicas de una unión ibérica. Tal fue su adherencia a la causa que hasta llegó a sugerir un nuevo escudo para la nueva nación.

Fue durante esta segunda ola cuando el iberismo se dividió en dos corrientes bien diferenciadas: frente a la que promovía la unión bajo una forma monárquica y centralista surgió otra que defendía una unión republicana y federal. Este último modelo incluía desde posturas liberales, ergo burguesas, hasta otras influenciadas por el incipiente movimiento obrero y la doctrina socialista.

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Praça do Comércio de Lisboa y el Rey José I, estatua de Machado de Castro (1775) | Foto: Han van Hoof vía Flickr bajo licencia Creative Commons.

“El siglo XIX fue una especie de casino en el que se podían hacer todo tipo de apuestas”, apunta Gabriel Magalhães. “Se propuso un iberismo neocolonial y otro que se podría decir de izquierdas, y que pretendía renovar muchas cosas”, añade el catedrático antes de concluir, esbozando una tímida sonrisa, que el iberismo podría definirse “como uno de esos espejismos que surgen a lo largo de la historia”. Uno de esos proyectos quijotescos que no llegan a ningún puerto.

Desterrado el absolutismo, la recta final del siglo trajo otros adversarios. “Los pequeños avances del iberismo tenían como respuesta una defensa acérrima del nacionalismo portugués”, explica Pérez Isasi. Poco después surgiría el Integralismo Lusitano, un movimiento tradicionalista que se presentó como defensor de la monarquía portuguesa frente a injerencias extranjeras.

¿Y en España? “Exceptuando a un reducido grupo de intelectuales, escritores y políticos, la mayoría de los debates iban por otro lado y tenían más que ver con la idea de regeneración o la relación con Europa”, explica el investigador vasco. La única excepción sería Cataluña, donde sí hubo una tradición iberista fuerte encabezada por intelectuales vinculados a la Renaixença que vieron en el hipotético Estado Ibérico una forma de debilitar el poder de Castilla en beneficio de las demás “naciones ibéricas”. Francisco Pi i Maragall, que llegó a ser presidente de la (brevísima) primera república española, defendió en varios de sus escritos la creación de una federación autonomista.

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Fotografía del poeta Antero de Quental (1875) vía pedroteixeiradamota.blogspot.com

Resumiendo: el iberismo tuvo que enfrentarse al nacionalismo portugués y al desinterés español. Y perdió. Con la llegada del siglo XX las relaciones entre ambos países se enrarecieron; en Portugal se proclamó la república mientras en España unos Borbones cada vez más recelosos del país vecino lograban perpetuarse en el poder. Aunque el iberismo cultural, derivado del iberismo político, siguió contando con defensores, la unión política se volvió más utópica que nunca.

Lo tercero que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que era un proyecto promovido por las élites intelectuales y que, como tal, tuvo escaso calado social pese a la cantidad de revistas y periódicos –A Iberia, A Peninsula, Revista de Mediodía, Revista Peninsular o el diario barcelonés La Corona de Aragón– que defendieron la causa.

Uno de los principales referentes del iberismo decimonónico junto a Sinibaldo de Mas fue, según Pérez Isasi, el poeta Antero de Quental. En el marco de unas jornadas de debate celebradas en Lisboa en 1871, Quental pronunció una conferencia titulada Causas da decadência dos povos peninsulares. Poco después de su intervención, las autoridades prohibieron el evento alegando que iba demasiado lejos a la hora de cuestionar el statu quo. El intelectual y político Oliveira Martins, que escribió la Historia de la Civilización Ibérica, fue otro de los grandes defensores del iberismo en Portugal. Al otro lado de la frontera el diplomático y escritor Juan Valera, el novelista Clarín y la ensayista de noble cuna Emilia Pardo Bazán propusieron un acercamiento con la nación vecina. Aunque, en opinión de Pérez Isasi, “llamarles iberistas quizás sea exagerar”.

Pero quizás los dos representantes más famosos del iberismo sean Miguel de Unamuno y Fernando Pessoa. Paradójicamente, ambos se involucran en el fenómeno ya en el siglo XX. Y, curiosamente, nunca se trataron.

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Portada de Iberia. Introducción a un imperialismo futuro. | Iamagen: Editorial Pre-Textos

“Miguel de Unamuno fue una especie de fantasma para Pessoa”, explica Antonio Sáez Delgado, profesor de la Universidad de Évora especializado en las relaciones literarias entre España y Portugal a principios del siglo XX y autor de Pessoa y España (Pre-Textos).

En 1915, poco después de publicar Por tierras de Portugal y España, que de algún modo convirtió al filósofo vasco en el faro del iberismo cultural de la época, Unamuno recibió una carta de Pessoa en la que el entonces joven escritor portugués le invitaba a colaborar en la revista Orpheu. Sáez Delgado explica que Unamuno nunca se dignó a contestar, hecho que dejó bastante tocado a Pessoa. Pero la anécdota no acaba ahí. Años más tarde, en 1930, un amigo de Pessoa, António Ferro, consigue entrevistar a Unamuno en Salamanca. En esa entrevista, que apareció publicada en el Diário de Notícias, el de Bilbao declara que los escritores vascos, gallegos y catalanes deberían escribir en castellano para aspirar a un público mayor. “Tras la muerte de Pessoa se encontró entre sus papeles un recorte de la entrevista junto a un texto en el que refuta a Unamuno diciendo que, por esa máxima, los escritores deberían escribir todos en inglés”, explica el investigador de la Universidad Évora. El texto, por cierto, estaba escrito en inglés.

En España se ha discutido mucho en torno al proyecto ibérico que tenía Pessoa en la cabeza, sobre todo a raíz de la crisis territorial que surge en 2012 con el proceso soberanista catalán. No obstante, Sáez Delgado advierte que conviene aproximarse con prudencia a los textos que escribió reflexionando sobre su idea de Iberia entre 1910 y 1930 (las reflexiones del luso han sido publicadas en castellano por la editorial Pre-Textos con el título Iberia. Introducción a un imperialismo futuro).

“Pessoa no fue un gran conocedor de España”, empieza diciendo Sáez Delgado. Pero pese a no ser un experto, le interesaba mucho la pluralidad de la Península Ibérica. “Él habla del País Vasco, de Galicia y de Cataluña, incluso habla del problema catalán, pero lo hace desde un prisma cultural y desde el respeto que otorga la lejanía”. Y aunque es cierto que Pessoa tenía ciertas reservas con el centralismo español y el papel dominante de Castilla –“a quien veía como el gran enemigo secular de Portugal”–, Sáez Delgado opina que algunas interpretaciones políticas que se han hecho recientemente del Pessoa más iberista caen en el dramatismo y la exageración. “Él no pensó en términos de arquitectura política; lo que esbozó fue una especie de confederación espiritual marcada por la pluralidad cultural”.

Gabriel Magalhães es algo más crítico en su análisis, y sostiene que el iberismo de Pessoa venía “con cargas de dinamita”. “El proyecto iberista de Pessoa busca destrozar Castilla”, asegura el catedrático.

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Portada de Los secretos de Portugal. | Imagen: RBA

En lo que ambos académicos están de acuerdo es en el carácter cambiante del literato portugués. En 1934, cuatro años después de sus últimos textos iberistas, salió a la calle el único libro que Pessoa publicó en vida: Mensagem, una colección de poemas en clave nacionalista. Lo curioso del caso es que algunos de los versos que incluía el volumen habían sido redactados en la misma época que los textos iberistas

Lo que se deduce de la vida y obra de Pessoa, según Pérez Isasi, es que el escritor mantuvo una reflexión constante sobre la cuestión ibérica, aunque enfocada siempre desde sus propios intereses y obsesiones particulares. “Es cierto que Pessoa habla de una unidad cultural ibérica, que uniría lo Mediterráneo con lo Atlántico, pero lo hace con la vista puesta en un imperialismo americano”, sostiene. Es decir: que para Pessoa el iberismo no sería un fin en sí mismo sino un proyecto que nace del deseo de volver a convertir a Portugal en el dominador del orbe. “Y en ese nuevo Portugal futuro –termina Pérez Isasi– Pessoa sería su gran poeta-profeta”.

El historiador José Miguel Sardica está de acuerdo con esta interpretación solo a medias: “Pessoa es un hispanófilo adicto al descubrimiento mutuo de pueblos que suscribía la visión de que la Península Ibérica es una suma de partes y que, por tanto, repudiaba cualquier absorción por parte de una sola de esas partes”. En su opinión, Pessoa creía que una unión ibérica podía volver a situar a los pueblos peninsulares en el centro del escenario global.

*

“El día en que España y Portugal se presenten juntos en Bruselas, a Europa le van a temblar las piernas”. Es Paulo Gonçalves, el fundador del MPI, quien hace esta afirmación. “Fíjate en una cosa: ¿cuántos europarlamentarios pueden tener, en conjunto, nuestros dos países?” La respuesta, según la distribución actual del Parlamento Europeo, es 75. Es decir: sería el segundo estado por número de escaños, solo siendo superado por Alemania (96) y quedando a uno de Francia (74).

A Gonçalves le gusta recurrir a un ejemplo concreto: cuando Mariano Rajoy y el entonces primer ministro portugués Pedro Passos-Coelho acudieron, en el año 2014, a un Consejo Europeo dispuestos a exigir, juntos, un mercado común de la energía beneficioso para la Península Ibérica. Ambos salieron de aquel encuentro satisfechos por haber conseguido lo que pedían. “Es un ejemplo claro de cooperación ibérica y el camino a seguir, por mucho que fastidie a franceses e ingleses”, añade el covillanense.

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Paulo Gonçalves con varios coordinadores regionales del MPI. Autor: | Foto cedida por Paulo Gonçalves

Pero, precisamente, si cuando hay un interés común ya existe una cooperación, ¿por qué unir a España y Portugal? ¿Quizás para plantear, a medio plazo, un macroestado ibérico que sirva como alternativa a la Unión Europea? “No, no, no –niega, con vehemencia, Gonçalves– no planteamos un futuro por fuera de la Unión Europea sino ganar peso dentro de la misma”. En opinión del fundador del MPI, la Europa actual ya no es la Europa idealista y solidaria de hace tres décadas, sino una organización comercial que se debate entre la tecnocracia de los países del norte y los populismos de derechas procedentes, sobre todo, del oriente continental. “El iberismo lo que busca es desplazar el centro de gravedad hacia Iberia, una región solidaria y que, además, serviría de enlace con Latinoamérica”.

José Miguel Sardica cree que, efectivamente, el resurgimiento que el iberismo está registrando de unos años a esta parte tiene como objeto hacer piña en una Europa cada vez más escorada hacia el Este.

Sin embargo, Gabriel Magalhães, que se define como alguien muy crítico con el iberismo hoy en día, no termina de entender la postura de Gonçalves. “Pero si el mejor iberismo que se ha inventado ya lo tenemos: se llama europeísmo”. El europeísmo, añade, permite una estrechísima colaboración entre los estados miembros, la libre circulación de personas, la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas dentro del marco establecido y toda una serie de alianzas estratégicas impensable hace apenas medio siglo. Las fronteras están, pero por estar. “Y sí, el iberismo cultural es bueno, es sano y es entrañable, pero hoy en día también existe un interés cultural mutuo importantísimo entre España y Portugal, así que… ¿iberismo para qué?”.

¿Quizás como posible salida a la crisis territorial de España si con el tiempo la situación empeora?

Gonçalves evita meterse en jardines. Dice que la posición de su organización es la de perseguir una unión ibérica esté quien esté. Si hay tres estados como ahora (el MPI cuenta Andorra, que es de hecho el territorio que justifica el uso del catalán en sus documentos) pues serán tres los actores que tengan que sentarse a hablar. Si hay cuatro estados, pues hablarán cuatro. Y si hay cinco, pues cinco. “Nosotros creemos que los españoles tienen inteligencia suficiente como para saber organizarse”, dice. Aclara, no obstante, que el proyecto sólo se plantea por vía democrática; si uno de los estados candidatos decidiese no entrar a formar parte del proyecto, su decisión se respetaría en todo momento. “El proyecto es para los que están y para los que quieren estar”.

Desde que el MPI y el Partido Íber comenzaron su andadura, las encuestas que se han realizado en ambos países respecto a una hipotética unión ibérica no han obtenido malos resultados. En todos los casos los encuestados han mostrado gran simpatía por el país vecino y han respondido positivamente a preguntas sobre una mayor cooperación entre España y Portugal. Esas son las expectativas que manejan las formaciones iberistas ahora mismo. “Aunque en el pasado se ha llegado a hablar de fusión, hoy no parece la mejor opción”, explica Gonçalves antes de exponer que lo idóneo sería empezar a caminar juntos fusionando solamente algunas competencias como Medio Ambiente, Economía o Transporte. Los aspectos más delicados –Defensa, Interior, Justicia– no se tocarían. De momento.

*

Es evidente que a Paulo Gonçalves no le falta idealismo, pero es prudente. Sabe que la recuperación del iberismo como planteamiento político va a llevar mucho tiempo. También es consciente de que, incluso si se consigue extender el fenómeno, puede volver a repetirse la performance del XIX, cuando todo quedó en agua de borrajas. Puede, como dice Gabriel Magalhães, que el iberismo sea un espejismo quijotesco condenado a estrellarse una y otra vez. En definitiva: puede que lo que está haciendo con su vida no sirva para nada.

Con todo, Gonçalves, un huérfano de padre que se costeó la vida vendiendo pescado de puerta en puerta en su Covilhã natal, sigue empeñado en poner este proyecto a velocidad de crucero cueste lo que cueste. Luego, dice, podrá morirse en paz.

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La muerte de Óscar Pérez narrada en directo a través de Instagram

Anna Carolina Maier

Foto: Stringer
Reuters

“El lunes 15 de enero ocurrió algo en nuestro país que quedará inscrito en la memoria de todos. Una masacre pública con un desmesurado uso de armas letales. La brutal exterminación de un grupo de venezolanos que optaron por una vía de rebelión, discutible, sin duda, pero dictada por una genuina preocupación ante la bota horrida de la dictadura”. Así lo explicaba el escritor Leonardo Padrón en un texto en el que evidencia la incredulidad por parte de la mayoría de los venezolanos a la autenticidad de este grupo rebelde. Incredulidad que ha sembrado durante 20 años el chavismo y el Gobierno de Nicolás Maduro.

Mientras el cuerpo de Óscar Pérez  descansa bajo tierra en El Cementerio del Este de Caracas, su imagen se ha revitalizado y ha tomado forma en una especie de ídolo post-mortem. Abundan sus fotos en las redes, así como los textos en los grupos de discusión, que tras su asesinato, lo han llegado a comparar con personajes históricos como “El Cid, que muerto, se hizo más vivo que nunca”, como dice el artículo de opinión del columnista Alfredo Salgado, que se volvió viral. 

Los venezolanos siguieron los detalles de la muerte de Óscar Pérez a través de las redes sociales y los medios digitales por donde se informan, en un país marcado por la censura a la prensa. El preludio a su ejecución -transmitida por él mismo en vivo mediante Instagram– conmocionó al país.

Pérez era piloto e inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), lo que correspondería en España a la Policía Científica. Fue por primera vez noticia cuando sobrevoló el 27 de junio de 2017 con un helicóptero robado el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y, supuestamente, disparó granadas sonoras contra esa sede de Gobierno y otra del Ministerio del Interior mostrando una pancarta en la que se leía el número 350 en grande. Hacía referencia al artículo constitucional que llama a la desobediencia civil, en medio de las protestas contra Maduro -las manifestaciones masivas más constantes registradas en América– que el año pasado dejaron al menos 150 muertos, la mayoría jóvenes entre 17 y 30 años.

Óscar tenía 36 años de edad y estaba casado con Danahis Vivas​, con quien tuvo tres hijos: Sebastián, Santiago y Dereck, que residen con su abuela desde 2017 en México por razones de seguridad. Hace poco tiempo se dio a conocer que perteneció a la filosofía masónica. Uno de sus hermanos, Edgar Alexander Velásquez Pérez, fue asesinado en un asalto en Venezuela, una de las razones que impulsó al joven policía rebelarse en contra de las injusticias de su país. En sus primeros discursos difundidos por Youtube, insistía en que lucharía por sacar al país de la crisis, donde se registra la inflación más alta del mundo -que cerró el año pasado en un 2.000%-; la violencia ciudadana anualmente se cobra la vida de más de 27 mil personas; y la escasez de medicinas y el hambre mata a cientos de personas, muchos de ellos niños.

La muerte narrada en redes sociales

La escena del 15 de enero recordaría una película de acción como la que transmite la televisión en horario estelar. Como en cualquier filme, hay tomas de interiores y exteriores.  A través de un vídeo filtrado por los agentes policiales, se pudo ver cómo los funcionarios que participaron en el operativo dispararon un lanza cohetes contra el pequeño chalet -que parecía abandonado- en donde se encontraba Pérez junto a otros seis compañeros, protagonistas de su rebelión.

La muerte narrada en directo de Óscar Pérez a través de Instagram

El grupo se escondía en El Junquito -una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital-. El Gobierno llevaba siete meses buscándolos. Como en otros momentos de su fama mediática en las redes, Pérez usó su teléfono para documentar lo que ocurría. Narró -entre disparos- lo que sucedía e hizo un llamamiento a los venezolanos a “tomar las calles”. Se trataba, además, de la primera inminente ejecución política narrada en vídeo por la persona sitiada. La última transmisión la publicó a las 11:00am. El silencio después de esto dio a entender que los habían matado.

En los vídeos de las horas previas a su muerte, Óscar Pérez explicaba: “Aquí nos encontramos en la carretera nueva de El Junquito… Estamos negociando, no queremos hacer frente a funcionarios… Somos patriotas, nacionalistas, venimos con toda nuestra convicción. Para los que tuvieron dudas, aquí estamos peleando. Estamos agazapados pero ya estamos negociando. Venezuela vamos a seguir, en nombre de Dios, de Jesucristo”.

La muerte narrada en directo de Óscar Pérez a través de Instagram 2
El grupo se escondía en El Junquito, una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital. | Foto: Marco Bello / Reuters

Pérez insistía en que el grupo había bajado las armas e estaba intentando llegar a un acuerdo, pero las fuerzas del Estado continuaron con la arremetida. En otro de los vídeos se escuchó a uno de los agentes del Gobierno responderle a Pérez con tono amenazante: “Usted va ha hacer historia con este procedimiento ¿oyó?”.

En el epílogo de la ejecución, algunos abogados penalistas analizaron las circunstancias del operativo oficial y afirmaron que de terminar en muerte, se trataría de un crimen de guerra. Según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, se establece este delito, entre otras cosas, como “causar la muerte o lesiones a un combatiente que haya depuesto las armas o que, al no tener medios para defenderse, se haya rendido a discreción”.

Las ejecuciones extrajudiciales son una práctica constante y permanente de las fuerzas de seguridad del Estado para combatir a sospechosos delincuentes en operativos policiales, conocidos como OLP ( siglas de Operación de Liberación del Pueblo). La fiscal general de la República en el exilio, Luisa Ortega Díaz, denunció ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya a Maduro por los crímenes de lesa humanidad cometidos por funcionarios del Gobierno en estas operaciones. En noviembre del año pasado, ya contaba más de 500 acciones de este tipo. Pérez logró que un procedimiento de estos quedará documentado y registrado. 

“Nos están disparando con RPG (granada propulsada por un cohete), granadas, lanza granadas, dijimos que nos queremos entregar pero no dejan que nos entreguen, nos quieren asesinar”; “No disparen, aquí hay civiles, hay mujeres y niños”, son algunas de las frases que se escucharon en vivo por parte de Pérez. Había civiles y niños, como lo advirtió. Lisbeth Andreina Ramírez Mantilla, de 30 años, resultó abatida. Estaba embarazada. Se encontraba con el grupo subversivo porque se había sumado a la causa de su novio que pertenecía al equipo del inspector rebelado.

“Alfredo, soy yo, Andreína… aquí nos agarraron con Jairo… Los amo, los amo mucho; dile a mami que me perdone y a mi papá que me perdone por todo. Los amo, perdónenme por favor”, dijo en un mensaje de 13 segundos que envió a su hermano por Whatsapp poco antes de morir, que también se volvió viral.

Licencia para matar 

La confirmación oficial de la muerte de Pérez y de sus compañeros por parte del Gobierno tardó más de 24 horas. Lo que sí se supo casi de inmediato fue que en el operativo habían caído dos funcionarios al servicio del Estado. El presidente Nicolás Maduro dió su Memoria y Cuenta -ante la Asamblea Nacional Constituyente– el mismo día de los acontecimientos.

El mandatario venezolano felicitó a los agentes de seguridad del Estado por cumplir la orden que había dado tan solo 17 días antes y desmantelar lo que calificó como un “grupo terrorista que había amenazado al país”.  El 17 de enero, había dicho que cuando encontraran a Pérez, “plomo con él”. También acotó que, durante el operativo, dos hombres pertenecientes a la Policía Nacional Bolivariana (PNB) murieron con “tiros en la cabeza”.

Para añadir a esta trágica realidad un nuevo elemento más propio de Hollywood, es que entre los policías del Gobierno había delincuentes de renombre. De hecho, uno de los muertos mencionados por Maduro pertenecía a una de las bandas paramilitares más peligrosas del país.

Se trataba de Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera, miembro del colectivo Tres Raíces de la parroquia 23 de enero de Caracas, que fue enterrado el martes 16 por un grupo de efectivos de Fuerzas Especiales (FAES) de la PNB, con armas largas, pasamontañas y uniformados de negro en el mismo cementerio donde está enterrado el cuerpo de Pérez.

La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram 2
Entierro del colectivo Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera. | Foto: redes sociales

Desde hace tiempo que los colectivos armados forman parte del escenario político. Son militantes del partido gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En tiempos del presidente fallecido Hugo Chávez, fueron fundados como organizaciones comunitarias a favor del Gobierno. Según los expertos que estudian su conformación, son civiles con entrenamiento policial, armados por las autoridades para amedrentar a los opositores y evitar alzamientos populares. Controlan varios territorios del país y, en muchas ocasiones, se financian con actos delictivos como la extorsión, el secuestro, el contrabando en el mercado negro de alimentos regulados y el narcotráfico. El Gobierno permite sus actividades a cambio de lealtad y defensa.

“Heyker ha caído en combate, como caen los revolucionarios de todos los días, los revolucionarios de siempre, los que son capaces más allá del discurso de arriesgar la vida por las ideas, y en esta oportunidad por el legado del comandante Hugo Chávez (…) Así es la guerra, compatriotas. En la guerra o se triunfa o se muere”. Fueron las palabras del ministro de Agricultura Urbana, Freddy Bernal, el lunes 15 de enero en otro audio difundido por Whatsapp.

El caso del miembro del colectivo, quien tiene un expediente en la Fiscalía por cinco homicidios y una extorsión, fue confuso debido a que el hombre tenía dos identidades. Mientras los miembros del colectivo en el entierro despedían a “Heyker”, los agentes de seguridad hablaban de él como el supervisor jefe de la Policía Nacional Bolivariana, Adriun Domingo Ugarte Ferrera, como también era identificado el difunto paramilitar.

Además, en la lista de heridos y muertos del parte policial sobre la actuación de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), que partició en el operativo de El Junquito -difundido la noche del 15 de enero-, se menciona a dos agentes muertos en el “enfrentamiento con grupo subversivo”: Domingo Ugarte (sin cédula de identidad) y Nelson Antonio Chirino Cruz. No aparece el nombre de Heyker Vásquez.

Una impactante foto filtrada por trabajadores de la morgue del cuerpo de Heyker muerto tiene valor noticioso. Muestra una herida que, según los expertos, es producto de un impacto a larga distancia por la espalda, muy probablemente por un francotirador, justo en el punto vulnerable dejado por el chaleco antibalas. Un impacto difícil de lograr desde la casa donde estaban los sitiados.

Pérez y el cine

Óscar Pérez, además de ser técnico aeronáutico y segundo a cargo de la División de Apoyo Aéreo de la policía científica, no limitó su vida a combatir la delincuencia o a intentar buscar la justicia. Llegó a incursionar en el cine. Protagonizó en 2015 el filme Muerte Suspendida, del cual también fue co-productor. En aquel año, explicaba al diario Panorama: “Soy piloto de helicóptero, buzo de combate y paracaidista libre. También soy padre, compañero y actor porque Oscar Rivas me lo propuso… Soy un hombre que sale a la calle sin saber si va a volver a la casa… porque la muerte forma parte de la evolución”. Pérez parecía ser consciente de su destino.

En aquél momento, decía que la cinta buscaba “demostrar la capacidad que tiene la institución a la hora de emprender una investigación que termine con la desarticulación de grupos criminales. Somos la institución policial del país con más detenidos y procedimientos, también queremos decirles que contamos con las herramientas y el conocimiento para evitar el delito. Los caminos de los delincuentes son muy marcados: la cárcel y morir en un enfrentamiento”. La película de bajo presupuesto contó con el apoyo del cuerpo policial Cicipc.

De hecho, su pasado como actor fue una de las cosas que sembró dudas sobre la autenticidad de su rebelión. Cuando Pérez hizo su primera aparición en contra del Gobierno y de la indolencia de los dirigentes, muchos justificaron su incredulidad en el interés que podía tener Pérez en ser un personaje famoso. También, en su momento, estos comentarios invadieron las redes sociales. Lo llamaron incluso farsante. Otros, consideraban que se trataba de una ‘bomba de humo’ para desviar la atención de las protestas opositoras o un doble agente para hacer quedar mal a la oposición por mostrarse armado. 

“Ni siquiera con el rostro salpicado de sangre por las esquirlas de una granada la gente le creía. Ni siquiera a minutos de ser asesinado grabando un mensaje de despedida para sus hijos. Se hacían chistes sobre su pelo decolorado. Se ironizaba sobre la satisfactoria señal de internet que tenía para colgar sus mensajes en las redes. Se hablaba de show, de circo, de trapo rojo y pote de humo. Ni siquiera muerto se le creía muerto. Se necesitaba ver el cadáver. Incluso ya con la siniestra estampa de su cuerpo derrumbado sobre su propia muerte y la de sus compañeros de faena, también se especulaba, se tejían hipótesis rocambolescas. Porque todo parecía rocambolesco. Pero ya, con su cadáver en la morgue, finalmente todos le creen a Oscar Pérez”, diría Leonardo Padrón en la misma reflexión citada al comienzo del artículo.

Un vía crucis para llegar a camposanto

Seis de los siete muertos en el operativo contra Óscar Pérez y su grupo fallecieron por disparos en la cabeza, según las actas de defunción publicadas por la prensa, filtradas desde la morgue. Las organizaciones de derechos humanos alertan de posibles “ejecuciones extrajudiciales”, aunque el Gobierno sostiene que militares y policías respondieron a fuego enemigo.

Las familias de Óscar Pérez y de los otros seis rebeldes, llevaban toda la semana en las puertas de la morgue reclamando que les entregaran los cuerpos de los fallecidos. Por un momento, esta exigencia pareció una utopía -como la de Óscar de “librar al país de la dictadura”- cuando trascendió que los iban a incinerar sin consentimiento para ocultar posibles pruebas judiciales. Llevar los cuerpos al cementerio también fue un vía crucis. La Guardia Nacional bloqueó la entrada de los camposantos para los siete entierros.

Los restos de Abraham Agostini y José Díaz Pimentel fueron sepultados el sábado en el mismo lugar donde un día después iría a parar Pérez, en un entierro que las familias no habían autorizado y con la única presencia permitida de sus parientes más próximos. Las fotos en las que se ve la  llegada de más ciudadanos son de horas más tarde cuando ya los restos estaban bajo tierra y sellados, según periodistas en el lugar.

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La Policía Nacional Bolivariana impide el acceso a la morgue de Bello Monte en Caracas. | Foto: Marco Bello /Reuters
La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram
Civiles visitan la tumba de Óscar Pérez. | Foto: Marco Bello / Reuters

En el caso de Díaz Pimentel, la historia tiene además otra arista. Su mujer, Dayana Santana de Pimentel, se enteró de la muerte de su esposo desde la sede la prisión de la policía política (Helicoide) donde lleva recluida más de seis meses. El Estado la mantuvo como rehén -ya que no ha habido procedimiento judicial- para fozar la entrega de su marido y compañeros. Según algunos periodistas, las autoridades han sostenido que no la liberarían hasta que él apareciera “vivo o muerto”. Y muerto está. Dayana sigue presa.

Los cadáveres de las otras cuatro personas asesinadas -el periodista Daniel Soto, los militares hermanos Abraham y Jairo Lugo y la novia de este último, la enfermera Lisbeth Ramírez-, fueron trasladados a sus estados de origen en un avión militar para ser allí sepultados . Los parientes de Ramírez esperaron durante horas en un cementerio para descubrir finalmente que el cuerpo de la enfermera embarazada había llegado a otro camposanto en el que fue enterrada de noche. 

“Dios con nosotros y Jesucristo me acompaña. Dereck, Santiago, Sebastián, los amo con todo mi corazón, hijos. Espero volverlos a ver”, dijo Óscar Pérez en uno de sus últimos mensajes antes de que dejara de transmitir su muerte en directo a través de Instagram.

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Tumba de Óscar Pérez en el Cementerio del Este. | Foto: Marco Bello / Reuters

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