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Susana, mártir

Enrique García-Máiquez

Foto: Marcelo del Pozo
Reuters

Durante mucho tiempo he abrigado la duda de si algunos piensan en serio —como dicen en público— que Susana Díaz será una líder ganadora. Incluso ella, ¿se cree eso? Lo tiene crudo, a poco que se analice, porque habría de pagar el impuesto de sucesiones de su gestión en Andalucía, que no es rutilante y que le echarían en cara en cuanto empezara la campaña nacional. Luego está el nivel: quizá ustedes no la viesen debatir con Juanma Moreno, un recién llegado, y perder los nervios y los debates. Por dentro, tiene bastante achicharrados a los partidarios de Pedro Sánchez, que la culpan de la maniobrera defenestración del líder, y que se resistirán a votarla. Y por delante, su política de pactos, cerrada en banda a Podemos, la dejaría con poco margen de negociación.
 
Cabe, por fortuna, una lectura martiriológica, que no desdeña los hechos ni subestima la inteligencia de los socialistas. Éstos serían conscientes de que Susana no va a ganar unas elecciones generales jamás; pero también de que es la mejor opción para asegurar un PSOE que apoye el régimen constitucional con escaños suficientes en estos momentos de máxima tensión territorial, cuya gravedad nos ocultan, pero no se nos oculta. Se trataría de cruzar la zona de tormentas, y luego ya veríamos. Para eso, Susana, sin resquicios en su discurso nacional y capaz de sostener al menos el suelo del partido, no tiene rival. Si ella, además, asumiese que ése es su papel, sería admirable. Y más comprensibles entonces tantos titubeos y retrasos en abandonar el confortable feudo andaluz y lanzarse a la carrera por la secretaría general. Al martirio, como supo Tomás Moro, no se acude dando saltos de alegría.
 
Por supuesto, por mucho que mi hipótesis fuese cierta, no se reconocería jamás. Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, podríamos decir, ya instalados en el ambiente sacrificial. El PSOE necesita vender la esperanza de una victoria socialista para aguantar en escaños y para sostener después al PP desde cierta solvencia. En sus primarias, de ser como sospecho, se enfrentan un suicida, Pedro, un zombie, Patxi, y una mártir, Susana. Ni qué decir tiene con quién voy yo.

Cine interactivo: La aventura de escoger finales en Netflix

Redacción TO

Foto: Netflix

Hace unos años era común que los niños anduvieran con sus libros de Elige tu propia aventura, donde habitaban aquellas historias que podían dar saltos tremendos si el niño se aburría del cuento o si elegía una trama secundaria –a veces terciaria- que cambiaba por completo la línea narrativa, conduciendo al protagonista hacia un final inesperado. Era novedoso porque creaba la impresión en el lector de estar participando en la historia como algo más que un espectador; se convertía en el dueño de los destinos de los personajes.

Estas novelas interactivas fueron rompedoras desde su irrupción en la década de los 80. Ahora, Netflix pretende seguir esta línea ofreciendo a sus clientes la capacidad de decidir el rumbo de las tramas argumentativas de algunas de sus ficciones. Con esta opción, el espectador puede escoger con su mando de la televisión o desde la pantalla de la tableta o del móvil, el camino que han de tomar los personajes principales del entretenimiento. Por el momento solo es posible hacerlo en una película, pero pronto se sumarán más. El título señalado se llama Puss in Book: Trapped in an Epic Tale.

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Puss in book, la primera animación interactiva de la compañía. | Fuente: Netflix

Los creadores de contenido tenían el deseo de contar historias no lineales como esta, y Netflix les ofrece la libertad de divagar, intentar cosas nuevas y permitir que hagan su mejor trabajo”, explica Carla Engelbrecht Fisher, directora de Innovación de la compañía, en un comunicado publicado en su blog. “Ser una empresa que funciona en internet nos permite innovar con nuevos formatos, ofrecer nuestros productos en múltiples dispositivos y, lo que es más importante, aprender de ellos”.

Después de dos años de trabajo, sale a la luz una plataforma interactiva cuyo principal público son los niños

La empresa californiana ha trabajado durante dos años en el desarrollo de esta plataforma que permite el funcionamiento de un sistema interactivo. Para ello requirieron de un equipo de varias decenas de desarrolladores, quienes decidieron dar un tiempo limitado a los consumidores para realizar su elección. Este tiempo se estima que oscila entre los 15 y los 20 segundos.

Además, su primera película, Puss in Book, demuestra que el primer objetivo de este tipo de producto son los niños. Esto se debe a que la mitad de los usuarios de Netflix consume contenidos infantiles. Así, en esta primera historia se narran las aventuras del gato con botas, tal y como lo conocimos en Shrek, tras quedar atrapado dentro de un libro de cuentos. Durante la evolución de la ficción, los niños pueden tomar hasta 13 decisiones que derivan en cierres completamente distintos y convertir el cuento en una narración de 13 minutos o de 39. Esto nos trae de nuevo a aquellos libros donde uno podía terminar con el caballero salvando a la princesa o derrotado y en el barro tras una batalla. Los cuentos antes eran así.

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Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile será la segunda ficción en aprovechar esta función. | Fuente: Netflix

Los títulos interactivos estarán disponibles solo en algunos soportes. Esto significa que si eres cliente de Apple TV, Android, Chromecast o la propia web, no puedes disfrutar de este servicio. En cambio, sí podrán disfrutarlos los usuarios de Smart TV, videoconsolas y dispositivos con el sistema operativo iOS (Apple).

El 14 de julio llegará el segundo título interactivo, Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile, una animación realizada con la técnica stop-motion protagonizada por Buddy, un perro piloto de camiones, y su amigo Darnell, un hurón mecánico de coches.

Asimismo, está previsto para el año que viene el estreno de otra animación: Stretch Armstrong: The Breakout. Habrá que esperar, por el momento, para ver si los buques insignia de Netflix se suman a esta iniciativa; se hace difícil imaginar que se abra esta posibilidad a series como House of cards u Orange is the new black.

Las Noches del Botánico vuelven a refrescar el verano madrileño

Redacción TO

Foto: Noches del Botánico

Madrid en verano se vacía. Como bien apuntaba Benedetti en Pausa de Agosto, la capital se convierte en la época estival en una calma unánime. El calor arrecia durante el día, y las pocas almas que aún vagan por sus calles salen al atardecer a beberse las terrazas. Por eso, los planes de ocio se adivinan imprescindibles en los meses de verano. Para animar y refrescar estas noches vuelve un plan más que apetecible de los veranos madrileños: las Noches del Botánico.

Este evento cultural obtuvo el año pasado un rotundo éxito al confirmarse, en su primera edición, como la gran sorpresa de la escena musical y cultural de la ciudad. Fueron más de 40.000 los asistentes que acudieron a esta gran cita y la clave del éxito residió, en un cartel musical imperdible, como el que se presenta en esta edición.

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40.000 personas refrescaron sus noches gracias a este festival el pasado verano. | Foto: Noches del Botánico

Frente a las cancelaciones de última hora de Tony Bennett e Il Volo, destacan grandes nombres propios nacionales e internacionales como Anastacia, Tequila, Rosendo, Orishas, Devendra Banhart, Buika con la colaboración de Chucho Valdés, Jamie Cullum o Franco Battiato. Estos y otros nombres no tan reconocibles pero igual de talentosos animarán las noches madrileñas del 29 de junio al 29 de julio en el Real Jardín Botánico de Alfonso XIII, ubicado en la Universidad Complutense, un marco incomparable.

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El cartel del festival previo a las cancelaciones de Tony Bennett e Il Volo. | Imagen: Noches del Botánico

Esta iniciativa es una realidad gracias al acuerdo suscrito con la Universidad Complutense de Madrid. Además, este año se une a la celebración del 90 Aniversario de la Ciudad Universitaria, un espacio singular e histórico para el encuentro con la cultura.

El ambiente íntimo de las Noches del Botánico convierte a este evento en una experiencia casi mágica, en la que hasta las cálidas temperaturas mínimas pasan desapercibidas. Es precisamente este carácter de cita especial el que le ha valido el Premio Fest al mejor festival nacional de pequeño formato y a ser uno de los finalistas en los Iberian Festival Awards. Además de música, los asistentes pueden visitar su mercadillo de diseño y los distintos foodtrucks que este año ampliarán su oferta gastronómica. Quedarse en Madrid este mes de julio va a ser mejor de lo que pensábamos.

Los mejores lugares para escapar del calor este verano

Redacción TO

Foto: Peter Huggins
Flickr

Ya ha llegado el verano, y con él los helados, los pantalones cortos y sandalias, las terrazas, las gafas de sol, los abanicos… Pero, sobre todo, con el verano ha llegado el calor, las playas abarrotadas de gente y sombrillas, la búsqueda desesperada por los locales con aire acondicionado y la necesidad casi constante de refrescarse de alguna manera.

Hay quien adora y espera con los brazos abiertos esta época del año, pero también hay otros que lo único que quieren es escapar a algún lugar más frío hasta que acaben los días de calor. Además, el verano es la época de vacaciones por excelencia, lo que dificulta aún más las cosas para aquellos que quieren disfrutar de sus días libres en un lugar fresco y agradable, sin sombrillas ni aguas cálidas.

Afortunadamente, existen lugares en el norte de Europa donde es posible darse un baño bien frío en verano, disfrutar de la tranquilidad en unos meses en los que su popularidad, aunque en aumento en los últimos años, baja porque, tanto extranjeros como locales, viajan al sur en busca del sol.

Los fiordos noruegos

Símbolo de Noruega por su belleza, los fiordos son un lugar ideal para pasar unos días de verano. Con un clima relativamente estable y unas temperaturas que no llegan a los 30 grados, recorrer sus aguas en kayak o canoa o, simplemente, darse un baño refrescante disfrutando de las vistas puede ser el día veraniego perfecto para quienes sufren con el sofocante calor.

Para practicar actividades como el kayak, las aguas de la costa de Helgeland, en el noroeste del país, se han ganado la fama de ser una de las mejores zonas. Las grandes montañas que rodean las aguas saladas de los fiordos hacen de sus orillas un paisaje bonito de visitar, ya sea a bordo de una canoa o disfrutando de un baño en sus aguas.

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Los fiordos noruegos están considerados Patrimonio de la Humanidad. | Foto: Chiara Baldassarri/Flickr

Si lo de remar suena del todo apetecible, los fiordos del oeste del país, por ejemplo el Nærøyfjord, reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, ofrecen aguas menos frías y más tranquilas donde los rayos del sol calientan durante el día, invitando al visitante a darse un chapuzón.

Además de un baño frío, los fiordos noruegos cuentan con numerosos lugares en los interiores de los lagos y ríos donde acampar durante un par de días. En Noruega, la ley permite acampar un máximo de 48 horas en cualquier lugar de la naturaleza donde no haya vallas, ofreciendo así la posibilidad de disfrutar de la tranquilidad alejados de lugares turísticos, de la rutina y de las aglomeraciones.

La región de los lagos en Finlandia

Finlandia cuenta en su geografía con un laberinto de lagos, islas, ríos y canales intercalados entre bosques y colinas, que se extiende a lo largo de cientos de kilómetros por el país y es conocida como la región de los mil lagos.

Los lagos de Finlandia están rodeados de bosques y vegetación. | Foto: Marjaana Pato/Flickr
Los lagos de Finlandia están rodeados de bosques y vegetación. | Foto: Marjaana Pato/Flickr

Esta extensión cubierta de agua incluye los rincones favoritos de los finlandeses para sus vacaciones de verano. Sus aguas cristalinas, de las más limpias del mundo, unidas a sus paisajes verdes y su agradable clima hacen de este lugar uno de los más atractivos para darse un baño durante el estío.

Además de un baño refrescante, sus temperaturas nocturnas, sumadas a la tranquilidad de estos parajes naturales, permiten que las vacaciones sean un verdadero descanso.

La Laguna Azul de Islandia

Sus aguas no son precisamente frías, pero las temperaturas del exterior, incluso en verano, piden al cuerpo un baño en las aguas geotermales de uno de los lugares más populares de Islandia.

El Blue Lagoon o Laguna Azul es un balneario geotermal que se encuentra en el campo de lava más joven del oeste de Islandia, a unos 45 minutos en coche desde Reikiavik, y es reconocida mundialmente por las propiedades medicinales de sus aguas.

Las aguas calientes de la Laguna Azul se agradecen después de un día frío de verano. | Foto: Gwladys Fouche/Reuters
Las aguas calientes de la Laguna Azul se agradecen después de un día frío de verano. | Foto: Gwladys Fouche/Reuters

Las aguas cálidas y cristalinas de este balneario son el lugar ideal para descansar y disfrutar de las temperaturas del lugar que, incluso en verano, no suelen llegar a los 15 grados.

Pero si lo que buscamos es un lugar más tranquilo aún y alejado de aglomeraciones, los pueblos islandeses suelen contar con una piscina, además de pozas calientes, que pueden alcanzar los 40 grados.

Los lagos de Berlín

La capital alemana no solo tiene monumentos y museos. A solo unos minutos en transporte público, o incluso en bicicleta, es posible escapar del ruido y el ajetreo de la ciudad para adentrarse en alguno de sus casi 100 lagos.

Populares y familiares algunos, pequeños y recónditos otros, todos ofrecen la posibilidad de darse un baño sin necesidad de renunciar a un turismo urbano en un lugar donde las temperaturas no suelen ser muy elevadas.

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Los lagos son los lugares favoritos de las familias alemanas en verano. | Foto: Fabrizio Bensch/Reuters

Uno de los más recomendados es el Sacrower See, conocido por sus aguas transparentes. Aunque el espacio para bañarse en este lago es reducido, incluso en verano no es excesivamente visitado.

El Straussee es otro de los lagos más populares de esta zona. Situado en el noreste de la ciudad, reúne a familias y grupos de amigos en torno a sus orillas de arena. Si lo que buscas es alejarte de los lugares concurridos, el Straussee también cuenta con varias pequeñas bahías para nadar e incluso bucear sin apenas gente.

Sallent de Gállego, en Huesca

No hace falta ir al norte de Europa para escapar del calor en verano, basta con irse al norte de España existen opciones como Sallent de Gállego.

Su temperatura media en verano es de las más bajas de España. | Foto: www.twin-loc.fr/Flickr
Su temperatura media en verano es de las más bajas de España. | Foto: www.twin-loc.fr/Flickr

Este municipio aragonés, perteneciente a la comarca del alto Gállego, es uno de los lugares españoles con las temperaturas más bajas durante los meses de verano. Se encuentra a orillas del Embalse de Lanuza y al pie de altas cumbres montañosas, por lo que es ideal tanto para hacer turismo de montaña y senderismo como para darse un frío baño veraniego, si es que alguien se atreve, pues la temperatura media del verano es de 13,4 grados en este municipio de Huesca, situado a 1.305 metros de altitud.

Pues mira que aquel 1967...

Víctor de la Serna

Con esto de las elecciones del 77 hemos tenido estos días en los periódicos una racioncilla de recuerdos de hace 40 años, y yo mismo he rebuscado en algunos de ellos y los he publicado aquí. Puesto ya a la nostalgia, ansiando hallar en ella algo de solaz y también alguna clave del monumental caos en el que angustiadamente nos encontramos hoy -y como he cumplido ya demasiados años- me deslizo traicioneramente y sin apenas intentarlo hasta otra efeméride aún más redonda. Medio siglo: mi verano de 1967. O, lo que es lo mismo, lo que fue conocer en un instante las experiencias del inmigrante indeseado, del europeo integrado y esperanzado y del descubridor de remotas culturas culinarias. Pensándolo bien, cada una de ellas tiene algo que ver con el resto de mi vida…

Terminaba yo Segundo de Derecho en la Complutense, la dictadura seguía en pie y sin haber sufrido aún los embates de ETA, y yo salía cada vez que podía de aquel país nuestro, estrecho y pacato. Me apunté al curso de verano de la Academia de Derecho Internacional de La Haya, aun a sabiendas de que sólo me darían un papelito como asistente pero que no podría optar a sacar el diploma oficial, ya que éste era para graduados. Pero, todavía indeciso entre la diplomacia y el periodismo, me lancé con mucho entusiasmo a ello.

La cosa pudo terminar antes de empezar, y es que en 1967 los españoles no es que fuésemos como los pobres refugiados sirios de hoy, pero sí lo más parecido a los rumanos o los marroquíes o los ecuatorianos que hoy buscan una vida mejor en la próspera Unión Europea. No nos vendría mal recordarlo alguna vez.

A partir de 1960 los españoles nos habíamos lanzado a la emigración, en una oleada sin parangón desde el exilio de 1939, y esta vez hacia Europa, no hacia América. En las fronteras no éramos bien recibidos si no presentábamos contratos de trabajo, y en el aeropuerto de Schiphol pasé media hora bastante desagradable bajo la mirada hosca de un poli holandés que no acababa de creerse las explicaciones de un chaval español que decía algo tan raro como que iba a estudiar Derecho Internacional. Tras presentar el papel de la Academia y la dirección de mi pensión, y mostrar los pocos florines que llevaba en el bolsillo, por fin conseguí que me sellara el pasaporte tras enseñar el único documento que de verdad le interesaba: mi billete de vuelta para el mes siguiente.

En La Haya aprendí más en la calle, tomando cafés o cervezas con los compañeros, o visitando la maravillosa Mauritshuis para reencontrarme con el inigualable Vermeer y descubrir esa chica de la perla y esa vista de Delft, que en unas clases muy por encima de mi nivel académico primerizo. Sí que me esforcé con los conflictos entre Bolivia y Chile o con la caza de criminales de la II Guerra Mundial, pero todo eso era de Primera División y yo daba el nivel de alevín, y gracias. La mayoría de los alumnos eran mayores, ya con la licenciatura en el bolsillo, e incluso me susurraron, señalando a una menuda chica española: “Tiene 27 años y ya es doctora. Se llama Elisa Pérez Vera”. Nunca más nos hemos vuelto a encontrar, pero estoy bien enterado, como todos, de su distinguida carrera posterior, que incluye unos años en el Tribunal Constitucional.

Pese a mi insuficiencia académica, fue un buen verano, rodeado de chicos y chicas llegados de países más libres que el mío y a los que no me cansaba de hacer preguntas, porque ya estaba convencido de que pronto íbamos a dejar de ser los parientes pobres de la Europa democrática y había que empezar a ponerse las pilas.

Y, miren por donde, en ese país supuestamente tan poco gastronómico como es Holanda empecé yo a descubrir mi otra vocación: aquel delicioso arenque fresco, el ‘groene haring’, que te vendían los de los carritos al borde de la playa de Scheveningen y te tomabas de un bocado con una cañita de cerveza, y aquella revelación asiática, la noche en que los tres compañeros de piso quisimos invitar a nuestra encantadora casera, una viuda muy mayor que soñaba con cenar en el Garoeda, el clásico restaurante indonesio de la Lange Voorhout. (La Haya fue, tras la independencia de su colonia asiática en 1956, el lugar de refugio de gran parte de la burguesía de Yakarta que optó por el exilio).

Aquella noche, justo antes de regresar a Madrid, ante los innumerables platillos de una ‘rijsttafel’ o ‘mesa de arroz’ -que es lo que nosotros llamaríamos ‘menú de degustación’-, entre ‘nasi goreng’ y ‘bami goreng’, disfrutando hasta de los picantes algo salvajes de alguno de ellos, me preguntaba yo si sabría explicar esas sensaciones inéditas a los amigos. Tardé unos años, pero no mucho más tarde ya reseñaba yo mis cenas y almuerzos en letra de molde.

Quizá, sin saberlo, empezaba yo ese verano de 1967 más cerca de la diplomacia y lo acababa girando hacia el periodismo…

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