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La más tonta de todas

Ferrán Caballero

Decía alguien el miércoles que la igualdad no se alcanzará de verdad hasta el día en que la más tonta de las mujeres acceda al mismo trabajo que el más tonto de los hombres. Y yo entiendo muy bien la tentación de igualarlo todo por abajo, porque suena igual de bien y cuesta mucho menos, pero mucho me temo que aquí serviría para tanto como en la educación; es decir, para nada. Me gustaría saber, por ejemplo, a quién consideramos el más tonto de los hombres. Y mucho más todavía a quién nos atreveríamos a llamar la más tonta de las mujeres. Y en qué trabajo podría darse tan triste y tan ansiada igualdad. Porque yo, que jamás osaría aventurarme por estos jardines, he tratado de imaginar al uno y a la otra y sospecho que la más tonta de las mujeres, que bien podría ser la más bella de las top models, ni podría ni querría hacer el trabajo del más tonto de los hombres, que bien podría ser el más fuertote de los paletas. Y viceversa. Y que, por lo tanto, no tiene ningún sentido aspirar a esta igualdad. 

 

Así que no sé qué sentido tendría seguir insistiendo en una igualdad a la que ni se puede ni se quiere aspirar. Y es que si algo me han dejado claro tantas y tan feministas es que yo no soy nadie para juzgar las decisiones, valores y preferencias de las mujeres, por tontas que fueran. Así que, por el exigido respeto a las mujeres y sus decisiones y por la certeza de vivir en una democracia donde tienen exactamente los mismos derechos que los hombres, me veo obligado a explicar que la diferencia de sueldos y cargos entre hombres y mujeres no es más que la manifestación de sus distintas y legítimas preferencias. Que decir como tanto se dice estos días que las mujeres son menos capaces de los hombres de decidir libremente sus preferencias personales y laborales es un paternalismo muy injusto para con ellas. Y que, como decía Christina Sommers, si alguna quiere acabar con la diferencia salarial e igualarse de verdad, por arriba, con los hombres más bien pagados, lo único que tiene que hacer es estudiar ingeniería electrónica. 

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¿Cuánto dura un orgasmo?

Redacción TO

Foto: Matheus Ferrero
Reuters

“De lo bueno poco”, reza el refrán, y cuando se trata de orgasmos este dicho no pierde vigencia. Mucho se ha dicho sobre los orgasmos. Casi todos los que lo han vivido aseguran que se trata del momento más placentero que se pueda experimentar pero ¿sabes cuánto dura ese magnífico y breve instante?

Aunque el tiempo que lleva alcanzar un orgasmo dependerá de muchos factores, su duración suele estar más estandarizada tanto para hombres como para mujeres, coinciden la mayoría de los estudios que se han hecho al respecto, como los dos más famosos publicados en 1980 por la University of Minnesota Medical School.

“El orgasmo comienza con una serie de 6 a 15 contracciones regulares de alta intensidad que ocurren en aproximadamente 20 a 30 segundos. Hay diferencias individuales (pero no diferencias de género) en lo que ocurre después de esta serie de contracciones regulares. Para algunos hombres y las mujeres, estas contracciones regulares son la experiencia orgásmica primaria. Estos orgasmos (denominados tipo I) son los más frecuentes. Otros hombres y mujeres, sin embargo, pueden continuar experimentando contracciones irregulares … por otros 30 – 90 segundos, llamados orgasmos tipo II “, concluyen estos importantes informes.

Aún así, aunque la diferencia sea mínima de acuerdo al género, una buena noticia para ellas es que mientras el orgasmo promedio de los hombres dura aproximadamente 8.7 segundos, el de las mujeres es de casi 11 segundos (10.9). Esto lo ha reafirmado el año pasado una encuesta realizada por el diario británico The Sun junto al minorista de juguetes sexuales Lovehoney. Así, aunque resulte más fácil para los hombres llegar a tener un orgasmo, las mujeres lo disfrutan por más tiempo.

Psychology Today, también coincide con la publicación de The Sun, al señalar que no hay grandes diferencias en la duración de los orgasmos de acuerdo al género sino que ello depende de la sensibilidad de cada persona. “Las grandes diferencias en los orgasmos suelen depender de las personas pero no del género”, afirmó Alan Fogel en la misma revista especializada.

Por otra parte, un hombre puede tener un orgasmo de 2 o 10 minutos de relaciones sexuales, en cambio, hay mujeres que tardan hasta 20 minutos en llegar, según la página web de información de salud Web MD.

Otro estudio publicado en The Journal of Sex and Marital Therapy, en 2015 encontró que casi el 37% de las mujeres estadounidenses necesitaron estimulación del clítoris para experimentar el clímax, en comparación con el 18% de las mujeres que dijeron que la penetración vaginal por sí sola era suficiente. De modo que para ellas suele ser más difícil.

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El himno nacional de Marta Sánchez

Ignacio Vidal-Folch

Foto: Luca Piergiovanni
EFE

El mismo esfuerzo que Marta Sánchez culminó el otro día en el teatro de la Zarzuela, al cantar con letra propia y mucho énfasis y convicción el himno nacional— se viene repitiendo periódicamente. “Cómo es posible que el himno no tenga letra, vamos a resolverlo ahora mismo.”

Antes de éste, el último intento que recuerdo era una sugerencia de Joaquín Sabina que decía: “Ciudadanos / en guerra por la paz / y la diosa Razón, / mano en el corazón. / Ciudadanos /ni súbditos ni amos / ni resignación / ni carne de cañón. / Pan amasado / con fe y dignidad / no hay nada más sagrado / que la libertad…”

Aunque no me gusta mucho que los ciudadanos estén en guerra por la paz, ni me parece bonito que sean “pan amasado”, se entiende la intención progresista del poeta y no se me ocurriría criticar su buena voluntad, como tampoco hacer befa la especie de nostalgia por la tierra natal que parece haber movido a Marta Sánchez a escribir versos de emigrante como éstos:

“Vuelvo a casa, / a mi amada tierra, / la que vio nacer / mi corazón aquí. / Hoy te canto / para decirte cuánto / orgullo hay en mí, / por eso resistí. / Crece mi amor /cada vez que me voy, / pero no olvides que / sin ti no sé vivir…”

El hecho de que la mayoría de las palabras en lengua española sean llanas es la causa de muchos, muchos ripios, en la poesía y sobre todo en la canción, de muchos versos que riman “ti” con “mí”…

Marta Sánchez parecía genuinamente emocionada cantando el himno en el escenario de la Zarzuela, y me alegro de que su corazón palpite y sea ardiente, pero convengamos en que la autenticidad no garantiza el acierto de la empresa poética. Empresa que se me antoja fallida. Se mire como se mire, la mejor versión de una letra para el himno es la de Pemán –“Viva España, / alzad la frente hijos del pueblo español / que vuelve a resurgir…”—que le encargó el general Primo de Rivera durante su dictadura, si no estoy engañado. Aunque me parece un tanto surreal eso de que la patria siguiese “sobre el azul del mar / el caminar del sol”, en conjunto es una letra correcta, de estrofas bien escandidas y dentro de los parámetros de exaltación de lo que se le pide a un himno.

En fin: Pemán celebra la patria orgullosa y solar de los navegantes y descubridores imperiales y de los trabajadores (“los yunques y las ruedas”); Sabina, una patria izquierdista, indómita, libertaria; y Marta Sánchez el regreso permanente al país soleado del que se siente orgullosa y donde le gustaría ser enterrada: “Y si algún día / no puedo volver / guárdame un sitio para / descansar al fin.”

Yo diría que sería mejor dejar correr este asunto de la letra de la Marcha Real; deberíamos tener en consideración el hecho de que las letras de los himnos nacionales tienen un mensaje agresivo y belicoso –“La Marsellesa” es repugnante en este sentido; del “God save the Queen” actualmente se omite el párrafo más combativo– que hoy día resulta muy desagradable, pero sin esa combatividad no tienen mucho sentido.

Yo diría que es mejor hacer de la necesidad virtud, o sea alegrarnos de que el himno español no tenga letra y celebrar esa carencia como una superioridad de la inteligencia nacional que no se quiso rebajar, cuando tocaba, cuando todos los países lo hacían, a cantar a coro fanfarronadas.

Sería lo mejor, insisto, pero ya sé que insisto en vano. La tentación de poner letra al himno debe de tener un atractivo grande y atávico. Marta Sánchez lo ha hecho de la mejor manera que ha sabido y merece un respeto. Quedamos a la espera de la próxima intentona.

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David contra Goliat

Laura Fàbregas

Foto: ALVARO BARRIENTOS
AP Images / Archivo

En el documental de La Pelota Vasca: la piel contra la piedra, de Julio Medem, hay una afirmación de Arnaldo Otegi que ilustra hasta qué punto el pensamiento reaccionario es consubstancial al nacionalismo. El exlíder de la izquierda abertzale reivindica que los vascos son los “últimos índigenas de Europa” y confiesa que el día que en su tierra “se coma en hamburgueserías”, “se oiga música rock americana”, “todo el mundo vista ropa americana” y “esté en vez de contemplando los montes funcionando con internet”, será “un día tan aburrido que no merecerá la pena vivir”.

El nacionalismo siempre se ha opuesto al progreso, y ha ido en contra de la libertad de elegir de las personas. ¿Qué hay de malo en que la gente prefiera navegar por internet a ver los montes? Cuando hay libertad, hay gustos para todos. Algunos más mayoritarios y otros menos.

La historiadora Elvira Roca Barea ha publicado un ensayo, titulado Imperiofobia y leyenda negra (Siruela), que explica que los que más se han opuesto históricamente a la llegada de nuevas culturas han sido los pequeños líderes y las oligarquías territoriales dueñas de territorios feudales que veían en peligro su dominio cuando los imperios llegaban y derribaban fronteras.

El pensamiento dominante, no obstante, defiende a ese David pequeño y bueno, contra un supuesto Goliat grande y malo. Esto es así, explica Elvira Roca, porque la tendencia natural del ser humano es recluirse en lo propio y lo conocido. Abrirse a nuevas gentes, lenguas y funcionamientos es lo que merece un esfuerzo. En los imperios es donde se encuentran mayores niveles de libertad y de posibilidades. Precisamente por ser tan grandes se asume la crítica interna y la libertad de expresión. Solo hay que observar el nivel de autocrítica que impera en Estados Unidos.

Como pasa con las ideas de la Ilustración, los proyectos de integración son siempre más difíciles de tirar adelante que los de destrucción. Pero es un esfuerzo que merece la pena, porque son muchos los siglos en los que se impusieron la sangre, las guerras y la muerte.

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Oxfam, el negocio de la indignación

José Carlos Rodríguez

Foto: Andres Martinez Casares
Reuters

Somos tan ricos que nos indigna ver pobreza. Nos ofende. Y somos tan ciegos, que al contemplarla nos preguntamos ¿por qué? Cuando lo extraordinario, lo imprevisible, lo que desafía la condición del hombre, es la riqueza. Nosotros somos el fenómeno que crea admiración para quien sepa de historia algo más que unos capítulos de Cuéntame. Pero no. La sociedad opulenta mira la riqueza, heredada de generaciones anteriores y creada de nuevo día a día, con los ojos de un niño. Piensa que siempre ha estado ahí y no se plantea cómo ha legado la tarta que está a punto de tomar.

Hay organizaciones especialmente ciegas, excepto para su propio beneficio. Es el caso de Oxfam. Su modelo de negocio es sencillo. Nos dice que lo nuestro no nos pertenece, que lo que poseemos es la causa de que otros no tengan nada. Y que la desigualdad entre ricos y pobres sólo se solucionará si les entregamos a ellos lo que tenemos para que lo repartan a quien menos tienen. Nos dicen que somos indignos de vivir como lo hacemos, y nos ofrecen el consuelo de pagarles, a ellos, la cantidad de dinero en que valoremos nuestra mala conciencia.

La verdad es que el capitalismo ha llegado allá donde no hay un sátrapa como Nicolás Maduro o Kim Jon-un, y que éste ha hecho que la pobreza se desplome. En 1980 vivía en la pobreza extrema el 44 por ciento de la población mundial. En 2005 se había reducido a la mitad, y hoy estamos por debajo del 10 por ciento. Oxfam lucha, denodadamente, para que la producción y el comercio en libertad, aunque sea vigilada, para que lo que está haciendo de la pobreza un recuerdo para centenares de millones de personas, deje de existir. Y para eso publica unos informes con mentiras sonrojantes, que sólo una prensa adicta a las fake news puede tragarse sin empacho. Mienten para contribuir a que en este mundo se detenga el secular descenso de la verdadera pobreza en el mundo.

Su presidente, Juan Alberto Fuentes, ha sido detenido en una operación contra la corrupción en Guatemala. La organización acoge a personas que abusan de su influencia para organizar fiestas sexuales con menores. Pero la falta de ética ha sido la seña de identidad de Oxfam desde el principio, y por otros motivos.

Oxfam ha hecho de la indignación su negocio. Pero mi indignación es con ellos.

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