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En ‘topless’ y a lo loco, por la patria

Gemma Bargues

¿Dónde han quedado aquellos adorables personajes de Disney con los que todos los niños ansiábamos hacernos una foto? Pues ahora, junto a héroes tan legendarios como Mickey o Spiderman, estas ‘artistas callejeras’ se pasean por la Gran Manzana sirviendo en bandeja una polémica, un tanto casposa ya: ¿degradación de la mujer, turismo sexual y exhibicionismo o derecho a la libertad de expresión?

Pecho derecho: fondo azul con sus estrellas blancas de cinco puntas; el pecho izquierdo completa la bandera con sus franjas rojas y blancas. Visto desde atrás, nalga izquierda: ‘N’, nalga derecha: ‘Y’. Ropa cero, bueno sí, un tímido tanga y una corona de plumas en la cabeza, que les da un toque muy carnavalesco. Así lucen en Nueva York las chicas ‘topless’, un grupo de jóvenes que buscan atraer a los turistas para fotografiarse con ellos a cambio de una propina.

¿Dónde han quedado aquellos adorables personajes de Disney con los que todos los niños ansiábamos hacernos una foto? Pues ahora, junto a héroes tan legendarios como Mickey o Spiderman, estas ‘artistas callejeras’ se pasean por la Gran Manzana sirviendo en bandeja una polémica, un tanto casposa ya: ¿degradación de la mujer, turismo sexual y exhibicionismo o derecho a la libertad de expresión?

Pues ni una cosa ni la otra; lo que creo es que hemos llegado a un punto en que exigimos derechos por encima de nuestras posibilidades y en que la libertad se confunde con el libertinaje. ¿Quieres tu derecho a enseñar palmito en mitad de Times Square? Pues asume también que de las miles de personas que te lo ven, es mínimamente normal que no todas lo hagan con buenos ojos. Punto. ¿Que algunas de estas chicas ensucian tu profesión? Sí, lo hay en todos los sectores profesionales, reina. ¿Qué algunos turistas se quejan? Que no te compren y sigan caminando. Fin.

Eso sí, envidia debería darnos el orgullo con el que estas mujeres lucen los colores de su bandera a flor de piel, sin complejos históricos. Allí nadie hace polémica sobre el excesivo patriotismo, porque se lo tatuarían en la frente y sin anestesia, sin problema; aquí, el “rojo-amarillo-rojo” ya no mola tanto.

Pero es Estados Unidos y allí todo vale; todo sea por la patria.

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La sofisticación del terrorismo islámico

Gemma Bargues

El Estado Islámico lo ha vuelto hacer. Una vez más, su fanatismo ha vuelto a poner a un país -de los que ellos denominan “infieles”-, entre la vida y la muerte de un civil inocente. Y esta vez le ha tocado a Noruega, tras hacerse oficial el secuestro de uno de sus ciudadanos en Siria.

El Estado Islámico lo ha vuelto a hacer. Una vez más, su fanatismo ha vuelto a poner a un país -de los que ellos denominan “infieles”-, entre la vida y la muerte de un civil inocente. Y esta vez le ha tocado a Noruega, tras hacerse oficial el secuestro de uno de sus ciudadanos en Siria. ¿Salvar la vida de este hombre y no ceder a las presiones terroristas servirá para evitar que otros corran su misma suerte?

Las palabras de Erna Solberg, primera ministra noruega, parecen claras: “No podemos ni vamos a ceder a la presión de los criminales. Noruega no paga rescates”. No sorprende, es la opción políticamente correcta para cualquier líder mandatario que, de cara al escaparate social, lucha por el fin del terrorismo. Pero la realidad es otra: el ISIS sigue tomando decenas de rehenes internacionales, a menudo en busca de rescates para engrosar sus arcas. Unas arcas destinadas a engrosar, a su vez, la huella de la destrucción humana. Cruel, injusto y asqueroso, teniendo en cuenta que quienes empuñan las armas son también personas ¿humanas?

Pero más allá de esto, me deja de piedra conocer el medio por el que se pide el rescate de este ciudadano (a quien también le acompaña otro de origen chino): Dabiq, la revista oficial del Estado Islámico, el órgano promotor de su maniobra. Es dinámica, visual e increíblemente profesional; con una maquetación elegante, grandes titulares y fotos. Es la sofisticación de la propaganda yihadista y una visión romántica de su actividad; porque la Guerra Santa debe llegar a todos los rincones de Occidente.

Y ahí están los dos rehenes, en modo anuncio publicitario en las páginas de esta revista: de pie, vestidos de amarillo y mirando a cámara con un escalofriante mensaje bajo sus rostros: “En venta”. Todo muy fino y elegante.

¿Quizás muchos líderes políticos deberían leer el contenido de este magazine para entender las motivaciones que impulsan al EI a cometer sus atrocidades? Lejos de esto, seguramente encontrarían en él cien mil motivos más por los que seguir defendiendo la aniquilación del terrorismo y de sus matanzas. Demasiado lejos hemos llegado ya como para ponerse finos.

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Si Aylan levantara la cabeza

Gemma Bargues

Entre tanta infoxicación sobre lo ocurrido en Siria y la crisis migratoria que atraviesa Europa, me topo con un vídeo emitido en el canal de Al Jazeera en el que un niño sirio lanza un mensaje claro a cámara: “Nosotros no queremos ir a Europa, solo pedimos que pare la guerra”. Más razón que un santo.

Entre tanta infoxicación sobre lo ocurrido en Siria y la crisis migratoria que atraviesa Europa, me topo con un vídeo emitido en el canal de Al Jazeera en el que un niño sirio lanza un mensaje claro a cámara: “Nosotros no queremos ir a Europa, solo pedimos que pare la guerra”. Más razón que un santo.

Y me encuentro con otro vídeo, en este caso, de un periodista entrevistando a una niña cristiana iraquí. Me deja perpleja la madurez con la que, a sus 10 años, asume la realidad que le ha tocado vivir: “Dios es sabio, nos ama y no dejó que el ISIS nos matara. Ese mismo Dios también ama a quienes están haciendo el mal en Siria; yo rezo cada noche pidiéndole que les perdone y tenga piedad de ellos”. El periodista se queda mudo, y yo, ante el amor incondicional que esta niña siente por Él; un amor que no admite rencores ni venganzas, ni siquiera contra hombres que asesinan a su propia familia y amigos.

Y mientras, ahí anda Europa “gestionando” el drama migratorio en el que está metido. ¿De quién es el problema, de Europa que no da a basto para acoger a los refugiados o de una guerra eterna marcada por las masacres colectivas, violaciones sexuales masivas y la principal y más trágica, la muerte? Porque ojo al dato: cerca de 7.000 mujeres y 15.000 niños han fallecido en el conflicto; civiles inocentes echados al montón de la basura, como un daño colateral del que ahora Europa ha de hacerse cargo, a modo de recogedor que se ha visto desbordado por los cuatro costados.

No miremos a otro lado, no digo eso, pero tampoco le quitemos responsabilidad a quienes tienen el poder y el deber de acabar con toda esta porquería.

¿Qué diría Aylan si levantara la cabeza? Seguramente, sentiría pena de ver que su maldita suerte ha sido nacer en un país en guerra –una guerra que le vendría diez tallas grande, pues él solo desearía ser un niño y tener vida de niño-, como igualmente lo querría el de esta imagen.

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Los niños del corro

Gemma Bargues

No es ningún secreto que los niños negritos de África de tripa hinchada y mirada lacrimosa venden y son el perfecto gancho publicitario con el que la mayoría de ONGs del mundo tratan de captar adopciones.

No es ningún secreto que los niños negritos de África con latripa hinchada y mirada lacrimosa venden y son el perfecto gancho publicitario con el que la mayoría de ONGs del mundo tratan de captar adopciones. Todos lo habréis visto en televisión, en forma de anuncios sobreactuados que muchas veces distan mucho de la realidad. Solo alguien cruel -y tacaño- diría ‘no’ a gastarse un mísero euro al día si con ello puede cambiar la vida de esos pequeños,¿lo harías tú?

Pues sí, pasas de largo y cambias de canal, porque se te pone hasta mal cuerpo y piensas que poco o nada puedes hacer tú por cambiar el mundo, ya lo harán otros, véase los políticos por ejemplo.

Pues lejos de todo eso está Sole Hope, una organización que me ha seducido por todo lo que tiene de diferente, por sus acciones y por cómo las comunican al mundo: niños pletóricos y que sí llaman mi atención y me enamoran. Tanto como su lucha: tratar y aplicar métodos preventivos en Uganda para combatir las enfermedades que entran a través de los pies.

Y ahí están esosniños del corro, con sus pies a salvo del dolor, estrenando zapatos nuevos y burlando a la muerte con una sonrisa que les recorre toda la cara, sin esperar nada más de la vida que sobrevivir. Lo que daría por plantarme en mitad de ese corrillo y contagiarme de un mínimo de su felicidad; una felicidad sana, pura y sin dobleces.

Es una pena que en el sistema occidental los niños ya nazcan con los peúcos puestos, de algodón 100%, rositas o azules según se tercie y que, mientras tanto, muchos otros como los del corro, nazcan con la muerte pisándole los talones. Asumen que su forma de vida es sentir la tierra en cada paso y luchar contra una pobreza extrema que les ha venido impuesta, como una mancha de nacimiento. Una pena todo.

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El negocio chino de nacer, parir y morir

Gemma Bargues

¿Qué problema grave sufre la mente humana para anteponer la fe a la vida? Me niego a aceptar que este tipo de tradiciones sigan dejándose como herencia a futuras generaciones; la muerte de estas dos madres no servirá para frenar el obsesivo control demográfico en China y que hace que, cada año, más de 10.000 bebés sean abandonados. Porque en el Gigante Asiático todo es negocio, desde que naces y pares, hasta que mueres.

Dicen que ser mamá es de lo más maravilloso que le puede pasar a una mujer. Un flechazo de amor incondicional y un cambio radical en tu orden de prioridades; ya no eres tú, sino él. Pues no: si acabas de parir y vives en China, puede que el tema se vuelva un poco menos romántico; y sino, que se lo pregunten a las dos mujeres que han fallecido en Shanghái por hacer culto al “zuoyuezi”, una especie de reclutamiento postparto que, lejos de fortalecer el vínculo madre-hijo, lo debilita; en el caso de estas dos mujeres, lo rompe para siempre.

Y no es de broma; la lista de normas que impone esta tradición milenaria es para echarse a temblar. Un mes entero, tal que así: pasar todo el tiempo postrada en la cama, lejos de las ventanas. Nada de aire acondicionado ni duchas. Las más estrictas no leen ni ven la televisión. Y cuidado con mostrar grandes expresiones de sentimientos, como llorar o reír, no es sano. Y lo que más impotencia me causa: no deben tener al bebé en brazos demasiado tiempo porque se cree que éste puede volverse excesivamente dependiente.

Dudo mucho que una buena madre, pensad en la vuestra, fuera capaz de dejarse morir y renunciar a su hijo por ser fiel a una creencia que nada tiene que ofrecerle. Al contrario, les ha arrancado la vida, a ellas y a sus recién nacidos.

¿Qué problema grave sufre la mente humana para anteponer la fe a la vida? Me niego a aceptar que este tipo de tradiciones sigan dejándose como herencia a futuras generaciones; la muerte de estas dos madres no servirá para frenar el obsesivo control demográfico en China y que hace que, cada año, más de 10.000 bebés sean abandonados. Porque en el Gigante Asiático todo es negocio, desde que naces y pares, hasta que mueres.

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