Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Justicia sin sentimientos

Gonzalo Gragera

Foto: Pool new
Reuters/Archivo

Las sentencias cumplen en el ruedo ibérico un doble cometido: tanto enjuician y determinan una causa como, no sé si por acción u omisión, emiten un juicio crítico, o un retrato, sobre la sociedad en la que persisten. Daños, benditos daños, colaterales del Estado de derecho, acaso. Lo vemos con frecuencia en las reacciones del español medio a las noticias vinculadas a casos de corrupción –que en el argot jurídico se apodan cohecho, malversación, tráfico de influencias-: “Más años le deberían haber caído”, “poco es para lo que ha hecho”, “la justicia es un cachondeo”. Estos comentarios se deben a que al individuo en cuestión no le satisfacen las penas, las instrucciones o los años de pena de prisión, pues en su criterio el resultado o el, perdón por la exageración, castigo no se corresponde con el hecho delictivo que aquí los magistrados tratan de dirimir. Pero, ah, el asunto no es tan simple, y detrás de toda esta nimiedad se esconde un complejo laberinto de intereses y conductas.

Desconozco si este comportamiento es usual en otras naciones, pero en España no cesa. Un ejemplo: la condena de dos años al ex presidente de la Generalitat, Artur Mas, por perpetrar ese esperpento que llamaron referéndum. Sí, el del 9 de noviembre. Los apuntes no se han demorado. En la mayoría de los casos tratados, personales, y leídos, vecindario del post y los 140 caracteres, la disconformidad es notable. Y es que nadie anduvo satisfecho, ya sea por exceso o por defecto. Hay dos grupos: los que creen en que es un final decepcionante, que más dura debía haber sido la pena; y los que piensan en que todo es una exageración, como así lo estima Pablo Iglesias, quien a golpe de tratado tuitero consideró que condenar a una persona por sacar las urnas a las calles es un despropósito. Es evidente que Mas no solo sacó las urnas a las calles sino que en esas urnas propuso una secesión que vulnera cualquier precepto constitucional. Iglesias, al ser jurista y politólogo, lo sabrá, claro: por eso mismo sesga tal advertencia. Pero bueno, para qué mayores indicaciones sobre los modos de lo que ya cansa. En este caso, la situación se presta más al humor que al análisis.

Lo que aquí ocurre es una colisión entre ideología y derecho, choque de trenes del que, a pesar de todo, la justicia española escapa con la destreza que da el conocimiento; es decir, el saber qué se hace, con independencia de otras inclinaciones. Parece que nada más punk que la defensa de los tribunales como garantes del funcionamiento de la democracia, y de su sociedad, que no es más que el consenso de las leyes; vamos, el cumplimiento de sus deberes y el goce de sus derechos. Que se podría retocar y acicalar el edificio, pues claro, ¿pero dónde está el pacto que acordaron Ciudadanos y Partido Popular, pacto que, entre otros puntos, trataba una reforma en la elección de los magistrados del CGPJ? Mientras llega la buena nueva, nos conformamos con la cita del clásico, esa que dice que la justicia es la continua y perpetua voluntad de atribuir a cada su derecho. Por aquí, pese a los instintos, no cabe contrario.

80 años del bombardeo a Eibar

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Eibarko udal Artxiboa/Archivo municipal de Eibar

25 de abril de 1937. Los Flechas Negras italianos surcan el cielo y descargan sus bombas rompedoras sobre la ciudad vasca de Eibar. 21 bombas de 100 kilos y 103 de 50 kilos, lanzadas desde una altura aproximada de 1.500 metros, impactan contra el suelo de la ciudad, dejando varios muertos y terminando por destrozar la Villa Armera. Un día después, los aviones alemanes de la Legión Cóndor y de la Aviación Legionaria Italiana hacen lo mismo sobre la vecina localidad de Gernika, lo que movería posteriormente a Pablo Picasso a pintar su conocida obra del mismo nombre en la que denuncia la barbarie de la guerra.

Aunque las autoridades declararon el mismo día 24 la evacuación definitiva de Eibar, que ya estaba siendo bombardeada desde hacía varias jornadas, al día siguiente los aviones italianos volvieron a la carga. Salieron a las 11:00 horas desde el aeropuerto de Gasteiz para terminar de destrozar la ciudad guipuzcoana. Eibar, ya llevaba varios meses resistiendo el avance fascista y sufriendo los bombardeos y ataques enemigos. Hasta el final de la Guerra Civil se registraron alrededor de 250 muertos en la ciudad. La devastación que se aprecia en las imágenes de aquellos días no solo corresponde a los bombardeos, sino también a los varios meses en los que Eibar se encontró en la línea del frente.

Los bombardeos en esta zona del norte de España se iniciaron el 31 de marzo de 1937, con un ataque aéreo realizado por la Aviación Legionaria italiana sobre la villa vizcaína de Durango. Esta acción bélica se encuadró en la ofensiva del Frente Norte que realizaron las tropas nacionales entre marzo y octubre de 1937 en la Guerra Civil española bajo las órdenes del general Emilio Mola.

El bombardeo de Eibar 80 años después
Socavón en Eibar provocado por una bomba | Foto: Egoibarra/Indalecio Ojanguren

Juan de los Toyos, sobrino del alcalde socialista Juan de los Toyos, que izó la bandera republicana en el ayuntamiento de la ciudad el 14 de abril de 1931, cuenta a sus 94 años de edad a The Objective como vivió el bombardeo y los ataques fascistas que destruyeron Eibar y permitieron alzarse con la victoria al bando nacional. Nos reunimos con él en la plaza principal de Eibar, por donde antes de la guerra, discurría el río, hoy cubierto por adoquines.

“Yo tenía 13 años cuando hubo el primer bombardeo en Eibar; aquí había pocas casas, la inmensa mayoría de viviendas se realizó durante la época industrial en el periodo franquista, y recuerdo ver dos aviones, que eran italianos o alemanes” asegura de los Toyos. “Estaba en una campa cuando llegaron los aviones, en esa campa había un cañón antiaéreo de una fábrica de Placencia de las Armas, una ciudad donde se construía armamento, y ahí andaban los aviones dando vueltas. Recuerdo cómo intentaban apuntar con el antiaéreo para acertar a los aviones enemigos. Tiró un obús, pero claro, no acertó. Era muy difícil. No se si el antiaéreo tenia holgura o yo que sé, pero el caso es que había que controlar mucho para poder derribar a los aviones”.

“Recuerdo cómo cada vez que venían aviones enemigos, sonaban las campanas y una sirena”

Con estos bombardeos Eibar quedó muy destrozada“, y remarca “muy, muy destrozada, una cosa terrible”. “Recuerdo cómo cada vez que venían aviones enemigos, sonaban las campanas y una sirena para que las personas se escondieran en túneles o en algún refugio seguro”. Recuerda que cerca de la plaza donde nos encontramos había un puente sobre el río, en el que “en uno de los bombardeos, mucha gente se escondió bajo él, pero como había mucho chivato, se había avisado previamente de este escondite a las tropas que atacaban y tiraron ahí mismo un bombazo que mató a 50 personas que estaban resguardadas de los bombardeos”. Juan de los Toyos solo vivió en primera persona los primeros bombardeos ya que después se marcó con su familia a Bilbao, huyendo de la guerra.

El estallido de la Guerra Civil provocó un cambio radical en la vida eibarresa. Nada más sublevarse las tropas el 18 de julio de 1936, los vecinos formaron el batallón Amuategi. Se encargaron de frenar a las puertas de Eibar la ofensiva de las tropas nacionales, hasta abril del año 1937. La mayoría de sus integrantes murieron en la guerra o fusilados, o tuvieron que huir a Francia y América.

80 años del bombardeo a Eibar
Batallón Amuategi, 1937 | Foto: Fondo Castrillo Ortuoste/Archivo Municipal de Eibar

Una vez que se veía que la guerra estaba perdida, Juan y su familia tuvieron que huir de Bilbao a Castro y posteriormente a Santander. Desde allí, mediante un barco que cargaba carbón y acababa de llegar de Reino Unido, “nos metimos en su bodega llena de hollín y nos trasladamos hasta Francia, donde estuvimos en una colonia apoyados por el gobierno vasco”, cuenta con cierta tristeza. “Como aquello no iba a durar para todo la vida, mi tío embarcó en Marsella para México, donde murió en el exilio. Mi padre y yo nos quedamos en Bayona donde se hicieron cargo de nosotros unos americanos cuáqueros”, asegura.

“Nosotros intentamos ir a Marsella para embarcar hacia México, pero a mi padre le pidieron un día la documentación unos gendarmes, y no tenía los papeles en regla, ya que seguíamos empadronados en Burdeos. Uno de los gendarmes hablaba español y nos dijo que no teníamos permitido ir a Marsella, por lo que nos deportaron a España y regresamos a Eibar”, rememora de los Toyos su periplo antes de regresar a su ciudad natal.

“La socialdemocracia europea anda bastante al garete, no hay un entendimiento a nivel europeo”

La reconstrucción física de la ciudad requirió más de una década, mientras que otras heridas más profundas siguieron abiertas durante años. Eibar fue incluida dentro del Plan de Regiones Devastadas, junto con Gernika y Amorebieta, entre otras localidades.

Juan no quiere despedirse sin decir antes que “ahora nos iría mejor con una república, con un gobierno de izquierdas. La política actual ha cambiado una barbaridad, ahora hay otra forma de hacer política y la derecha ha cogido mucha fuerza, mientras que a la izquierda le va a costar mucho recuperar poder, porque la socialdemocracia europea anda bastante al garete, no hay un entendimiento a nivel europeo”.

Eibar recuerda su bombardeo 80 años después
Los generales Mola y Solchaga en Eibar en 1937, tras la victoria del bando nacional | Foto: Eibarko udal artxiboa

Actos por el 80 aniversario

La Villa Armera celebra entre el 25 y el 30 de abril los actos conmemorativos del 80 aniversario del bombardeo, organizados por el ayuntamiento de la localidad. Este martes dan comienzo las actividades con la conferencia Reflexiones sobre la guerra civil, del catedrático Juan Pablo Fusi Aizpurua, en el Coliseo, a las 19:30 horas. Además, también se puede descargar la aplicación gratuita ‘gerrazibilaeibarren’, que cuenta con los recorridos militares llevados a cabo durante la guerra. La jornada culmina con la realización de un trampantojo en la calle Egogain, en la zona en la que cayó una bomba.

Por su parte, el día 28, se representará en el Coliseo la obra Bonbardaketak Eibar 1937. 80 urte, una conferencia dramatizada, que contará con la presencia del historiador Jesús Gutiérrez, además de otros expertos y artistas como Nerea Arriola, Biraka dantza taldea, Koro Gaztea, Kezka dantza taldea, Lekim animazioak y Itzamna, entre otros.

El 29 de abril se impartirá un taller de tiza, en el que se realizará un plano de la ciudad antes de que lo asediara la guerra. Y para acabar, el día 30 habrá un concierto de la banda musical Cielito, que ha preparado un repertorio bélico especial para la ocasión.

El final de Aguirre

Ignacio Vidal-Folch

La estrepitosa caída de los ayudantes de Esperanza Aguirre –primero, Granados, y ahora González— dan el punto y final a un tono de entender la política: tono desacomplejado, soberbio y hasta jactancioso, característico de Aznar, que era hasta cierto punto sugestivo, hartos como estábamos de tanto “mea culpa”, pero que ha quedado descalificado; si no por el proceso a sus más destacados colaboradores –Rato, Zaplana, Matas, etcétera, etcétera—, por las lágrimas de la lideresa de Madrid, que era su último bastión y parecía incombustible. Des imperdonable llorar en público. Cuando apelas a la débil femineidad es que ya has perdido Granada y no te queda nada…

Cabe lamentarlo. Cabe pensar que será más triste un escenario político que se muerde los labios, completamente sometido a la corrección política y despojado de figurones de perfil tan pronunciado como el de Aguirre, tan llamativo, interesante, voluntarioso. Y ello al margen de las realizaciones de su ejecutoria.

También cabe encogerse de hombros ante el final de una época: a lo que está muriendo, según decía el sabio, hay que ayudarlo a morir.

Poddetrop y LePentov

Cristian Campos

Foto: ANDREA COMAS
Reuters

No es que hicieran falta muchas pruebas más. Pero por si alguien aún tenía dudas de en qué bando de la historia se mueve la izquierda reaccionaria que en España encabeza Podemos, Mélenchon se encargó de despejarlas todas de una patada cuando el domingo por la noche rechazó pedir el voto para el centrista Macron o a negárselo a Le Pen, que eran las dos únicas opciones adultas que le quedaban tras su derrota.

Macron tiene ganada la segunda vuelta de las elecciones francesas independientemente de lo que diga Mélenchon porque el comunismo no tiene apenas influencia intelectual y política más allá de las redes sociales y su techo electoral ronda el 15-20%. Pero si Le Pen es realmente la peligrosa ultraderechista de la que habla el Pablo Iglesias francés, resulta difícil de entender su negativa a pedir el voto para Macron. ¿Alguien se imagina al líder de un partido comunista asistiendo impasible al desfile de las tropas nazis por los Campos Elíseos de París o dando libertad de voto a sus afiliados para que voten “en conciencia” respecto a la ocupación? ¿En conciencia con qué y respecto a qué?

Vaya por delante que Le Pen, como es obvio para cualquiera al que no le coman los prejuicios por los pies, no es ni una nazi ni una fascista, y ni siquiera una peligrosa ultraderechista como sí lo era el antisemita de su padre. Lo decía el domingo Jorge Dioni en Twitter: “Trump no es fascismo, Wilders o Le Pen, tampoco. Convendría no banalizar con algo tan concreto y que le costó la vida a tanta gente”. De hecho, el programa electoral de Le Pen se corresponde punto por punto con el de Podemos, excepción hecha de su “los franceses primero”. De ahí que el único reproche que Podemos le ha hecho a Le Pen haya sido su supuesta xenofobia.

Le Pen, una anticapitalista, antiliberal, aislacionista y antieuropea de manual (es decir todo aquello que define a Podemos), no es la rival de Mélenchon sino su competencia, que es algo muy diferente. El 40% de los obreros franceses ha votado a Le Pen y es el voto de aquellos que ganan más de 3.000 euros al mes el que le ha dado la victoria a Macron. Pero entiendo que eso duela a aquellos que se han arrogado la representación de los obreros sin preguntarle antes a los obreros.

Cuando hace unos días la revista CXTX tituló impecablemente uno de sus artículos “Marine, la candidata de los obreros” sus lectores se indignaron por lo que consideraron un insulto. “¿Estáis llamando nazis a los obreros?”. “De los obreros alienados, es el pequeño matiz”. “Que el FN sea el único que se muestra discursivamente anticapitalista no basta para considerarlo obrero”. “Le Pen es una fascista. Los obreros están huérfanos en esas elecciones”.

El error de los votantes de Podemos es pensar que los obreros votan a Le Pen a pesar de que ella es una fascista. Andan los pobres convirtiendo la anécdota (la postura de Le Pen respecto a la inmigración) en categoría cuando Podemos tendría ganadas las elecciones en España con mayoría casi absoluta si defendiera el cierre de fronteras. Porque los obreros no votan a Podemos por su oposición a un supuesto fascismo que ya no existe en la Europa de 2017 sino precisamente porque el viejo fascismo obrerista de los años 20 y 30 del siglo pasado ha sido perfectamente reciclado y empaquetado para los obreros del siglo XXI con la etiqueta de “izquierdismo” por partidos como Podemos.

Le Pen y Podemos/Mélenchon, en definitiva, son los Ribbentrop-Mólotov de hoy. El viejo totalitarismo antiliberal que discute por un quítame allá esas pajas mientras se reparte Europa entre sus distintas facciones. Lástima que Europa, con buen criterio, le haya dado la patada tanto a los unos como a los hunos. Parece que no saben tanto de marketing político como se pensaban.

¡Que viajen más!

Andrea Mármol

Foto: Manu Fernandez
AP

El pasado miércoles acudí a dar una conferencia en la sede barcelonesa del Colegio de Periodistas de Cataluña a un grupo de estudiantes holandeses. Los alumnos, del Máster de Políticas Públicas, habían fijado la visita de final de estudios en Barcelona, interesados en conocer más acerca de la situación política en Cataluña. En realidad, la charla tomó la forma habitual de debate entre partidarios y detractores de la secesión. Los holandeses, claro, habían considerado oportuno que los contertulios tuvieran opiniones encontradas respecto a la independencia de Cataluña.

No sabría decir por qué, pero a medida que, tal y como procuró mi contertulio, nos enzarzábamos en la sempiterna discusión sobre la inmersión lingüística y los hechos diferenciales, el público mostraba señales de fatiga, por lo que la moderadora no dudó en abrir un inusualmente largo turno de preguntas. Al contrario de lo que suele pasar en sesiones similares, las preguntas no hicieron sino arrojar luz a una conversación probablemente enviciada de las menudencias que monopolizan el debate público catalán.

“¿En qué sentido puede un catalán sentirse oprimido por España?”, preguntó uno de los asistentes, señalando hacia el exterior, como diciendo: “he estado paseando y nada parece indicar que esto sea una colonia”. Otro chico –todos muy jóvenes- alzó la mano para reflexionar en voz alta: “Parece lógico que no se permita hacer un referéndum contrario a la Constitución, al cabo, España es una democracia”. Obviedades, sí, pero olvidadas a menudo en las tertulias catalanas, donde defender la unidad constitucional de España y el proyecto común parece reservado a opiniones residuales y estrafalarias.

No pude evitar sentir cierta pena al comprobar que para que uno encuentre sus argumentos secundados en Barcelona hagan falta los observadores ajenos a la realidad catalana –y en algunos casos, española-. Sin embargo, que el episodio tuviera lugar apenas una semana después del ridículo internacional de los líderes separatistas intentado que algún dirigente democrático se enrole en su causa tuvo algo de alentador. Lejos del fervor patrio, el sentido común puede reservarse todavía unos cuantos reveses para quienes tienen el único plan de volar las leyes en Cataluña.

Defender la Constitución no es una extravagancia y sí lo contrario: Carles Puigdemont cada vez hace más el ridículo sólo en su nombre y no en el de todos los catalanes. Si no fuera porque sí somos todos nosotros quienes padecemos los efectos económicos de esos gastos, sería positivo animarles a que viajen más y sigan coleccionado proclamas contrarias a la ruptura proferidas por líderes internacionales. Las mismas, por cierto, que son tachadas de subalternas si se hacen desde dentro.

TOP