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Gracias, Malala

La vida y las acciones de Malala son un gran ejemplo para cualquier sociedad, para toda democracia que respete los derechos fundamentales de las personas.

La mujer a la que dedico mi columna de esta semana se llama Malala Yousafzai, nació en Pakistán hace menos de dieciocho años y es la persona más joven de la historia en ganar el Premio Nobel de La Paz. 

Consiguió el distinguido galardón por su decidida lucha contra la represión de los niños y por el derecho de todos ellos a la educación. Pero la historia de aquella niña significa, sobre todo, valentía, generosidad y madurez. La vida y las acciones de Malala son un gran ejemplo para cualquier sociedad, para toda democracia que respete los derechos fundamentales de las personas.

Con trece años, la niña paquistaní nacida en Míngora, cargaba a sus espaldas no solo con su mochila escolar. Malala compaginaba aulas y libros con otras aficiones tan justas y necesarias como poco convencionales. Con esa edad ya escribía un blog para la prestigiosa empresa británica de medios, la BBC, bajo el seudónimo Gul Makai, explicando su vida bajo el régimen Talibán (TTP), cuya ocupación militar les obligaba a salir a las zonas rurales. Los talibanes obligaron el cierre de las escuelas y se prohibió la educación de las niñas entre 2003 y 2009.

Es fácil imaginar lo que cualquier menor o adulto habría hecho en aquellos años ante las amenazas y violencia de los terroristas. Sin embargo, Malala no se dejó amedrentar. Entendió que la mejor forma posible para ayudar a los suyos, era luchar. Y luchó. Denunció los abusos y las violaciones cometidas por los terroristas y, utilizando su única arma, la palabra, gritó al mundo entero para que respetasen los derechos civiles de su comunidad.

Un 9 de octubre de 2012, camino a su casa, la pequeña gran Malala fue tiroteada por un grupo de talibanes paquistaníes. Ella sobrevivió porque aún tenía mucho que denunciar, porque todavía quedan muchos derechos fundamentales que defender.

Esta semana hemos conocido la sentencia de condena, a penas de 25 años de prisión, para los diez terroristas que dispararon contra Malala Yousafzai. Mientras, ella, seguirá luchando por lo que defendió al recoger el premio Nobel de la Paz: “Voy a continuar esta lucha hasta que vea a todos los niños en la escuela”.

Gracias, Malala.

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