Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Cosas que he aprendido del "procés"

Gregorio Luri

Foto: EMILIO MORENATTI
AP Foto

He ido tomando notas de las cosas que iba aprendiendo con este laberíntico proceso del “procés” (que tendrá la virtud, sin duda, de dar de comer a hermeneutas políticos durante décadas). Os las cuento:

El político que habla sólo con la razón, apenas alza la voz. Es como si fuera mudo.

La historia la escriben los empeñados en someter el azar a la coherencia del relato.

No se puede llevar el estandarte del Señor sin arrogancia.

En política la correlación de fuerzas importa mucho más que la correlación de ideas o de buenas intenciones.

Sea el que sea el peso de los argumentos, lo que realmente decide el fiel de la balanza es quiénes son los nuestros.

La convicción secreta del demócrata: “Quien no vota como yo, no es tan demócrata como cree”.

Llamamos inteligencia política al azar que ha tenido consecuencias positivas; al que ha tenido consecuencias negativas, preferimos llamarlo coerción.

El moderado tiene pocos admiradores entusiastas.

La historia siempre improvisa.

Cualquiera que siga una hoja de ruta corre el riesgo de acabar donde no quiere ir.

En política el bufón tiene más crédito social que el sabio.

Se puede respetar al que temes o al que amas, no al que te burlas.

Cuando crees que no sucede nada es que se están incubando las sorpresas.

Todo héroe es un audaz afortunado.

Cuando afirmas que “el pueblo quiere…”, te refieres a ti mismo ¿y a quién más?”

El consuelo del terco: si los giros de la historia son imprevisibles, ¿por qué no le han de llegar vientos portantes más tarde o más temprano?

Es soberano el que puede hacerse esperar.

Se puede iniciar un conflicto cuando apetezca. Pero no se puede acabar cuando apetece.

Si nos creemos con derecho a romper la legalidad que no nos gusta, a nadie le podremos criticar por no respetar la ilegalidad que nos gusta.

Las minorías no pintan nada cuando las mayorías no las necesitan.

Si has de ofender (léase “vencer”), no lo hagas a medias.

Equidistante es quien no cree que haya que odiar al contrario para vencerlo.

A los principios no les gusta el tiempo. Si les gustase, serían principios políticos.

No importa que te acusen los medios si te excusan los resultados.

No hay pueblo más derrotado que el que no entiende las razones de su derrota.

El político sensato elige ayudantes de cámara sordomudos.

No hay deshonestidad donde hay convicciones. Y este es el mayor peligro de la política.

No quiero llegar a Granada como extranjero.

Finalmente algo que he recordado frecuentemente de Maquiavelo, quien, a su vez, recordaba de Fernando el Católico: Los hombres a menudo se comportan como las pequeñas rapaces, que están tan ansiosas de conseguir su presa, incitadas por su naturaleza, que no se dan cuenta que un pájaro grande se ha colocado encima de ellas.

Continúa leyendo: #NeverAgain: el movimiento de los jóvenes de Parkland para acabar con las armas

#NeverAgain: el movimiento de los jóvenes de Parkland para acabar con las armas

Anna Carolina Maier

Foto: JOE SKIPPER
Reuters

Hay muchas formas de llevar un duelo. Algunos prefieren mantenerse en silencio sin salir de casa pero, definitivamente, este no es el mecanismo que prefieren los estudiantes del instituto Marjory Stoneman Douglas que sobrevivieron al tiroteo del 14 de febrero en el que fueron asesinadas 17 personas.

Por el contrario, tan solo cuatro días después de la matanza, los jóvenes iniciaron el movimiento #NeverAgain (Nuncá más). El objetivo es que se hagan “verificaciones más estrictas de antecedentes para los compradores de armas”. También han organizado una protesta, denominada Marcha por Nuestras Vidas, para el 24 de marzo en Washington en la que exigirán un mayor control de armas en Estados Unidos.

Cameron Kasky pertenece al club de teatro de la escuela. Comenzó a publicar en Facebook algunos mensajes desde el coche después de que él y su hermano fueran recogidos por su padre tras sobrevivir al tiroteo. “Estoy a salvo”, publicó dos horas después de la masacre. Durante la tarde de ese oscuro día de San Valentín, la frustración de Kasky fue creciendo.

“No puedo dormir. Pensando en tantas cosas. Estoy tan enfadado que ya no estoy asustado ni nervioso… Estoy enfadado”, escribió. “Solo quiero que la gente entienda lo que sucedió y que no hacer nada no conducirá a nada. ¿Quién hubiera pensado que ese concepto era tan difícil de entender?”, se preguntó.

Estas publicaciones dieron lugar a una invitación por parte de la cadena CNN para que el chico escribiese un artículo de opinión que luego dio lugar a entrevistas televisadas, relata The New Yorker. Poco antes había sido entrevistado por el periodista, también de la CNN, Anderson Cooper.

La noche del jueves, tras la vigilia por los fallecidos, Kasky invitó a algunos amigos a su casa para tratar de iniciar un movimiento. “Manténganse alerta. #NeverAgain (Nunca más)”, puso en sus redes.

Kasky confesó que, al comienzo, había criticado al Partido Republicano, pero él y sus amigos habían decidido que el movimiento no debería ser partidista. Consideró que la mayoría de la gente, sin importar las ideologías, estaría de acuerdo en que las masacres escolares deben terminar.

De hecho, en una publicación en Facebook se disculpó y manifestó: “El objetivo de este movimiento es unir al país y a los que nos apoyan en todo el mundo para hacer algo sobre la violencia armada. Todavía apoyo mis declaraciones sobre Rick Scott y Marco Rubio, pero por el momento, no se trata de eso. Esto es sobre dos cosas: sanar el dolor de la pérdida y recordar a aquellos que hemos perdido, promoviendo el control de armas. Los maestros no necesitan armas. Esa no es la forma de combatir este problema”.

 1

El grupo se quedó despierto toda la noche creando cuentas para redes sociales y concretando el mensaje clave que querían transmitir, “porque lo importante aquí no era hablar de sangre derramada”, dijo Kasky. Fue entonces cuando surgió la idea concreta de solicitar a los políticos que creen una norma que exija una verificación de antecedentes más exhaustiva para aquellas personas que quieran adquirir armas.

Alfonso Calderón, un español nacido en Alcobendas (Madrid), estuvo con Kasky esa noche creando la organización. “Nikolas Cruz, el tirador de mi escuela, fue denunciado a la policía treinta y nueve veces”, contó a The New Yorker.

Antes de la medianoche del 15 de febrero #NeverAgain lanzó su página de Facebook. “Gracias a todos los que han apoyado a nuestra comunidad y, por favor, recuerden mantener en sus mentes el recuerdo de las personas queridas que hemos perdido”, escribió entonces Kasky.

 1

Además de Kasky y de Calderón, Jaclyn Corin -presidenta del curso de primero de bachillerato de Marjory Stoneman Douglas- se despertó la mañana después del ataque ante la confirmación de que su amigo desaparecido, Joaquín Oliver, un joven venezolano de 17 años, estaba entre los muertos.

La hermanastra de Oliver, Andre Ghersi, había compartido horas antes una foto del chico y pedía pistas sobre su paradero. “No hemos oído nada de él. Por favor compartan esta foto y contacténme si tienen cualquier información”. Sin embargo, en la madrugada del jueves la madre de Joaquín confirmó a Univision Noticias que Oliver había fallecido. Llevaba viviendo en Estados Unidos 15 años.

Por esto, Jaclyn Corin comenzó a publicar -al igual que Kasky- su frustración en redes sociales. “Póngase en contacto con sus representantes locales y estatales, ya que debemos tener leyes sobre armas más estrictas de inmediato”, escribió en Instagram.

Please pray for my school, and the students and teachers that were injured or killed in this horrific event. Never would I have EVER thought this would happen in Parkland, my home, for it has long been labeled the safest neighborhood in all of Florida before today. This is NOT something ANYONE should go have to go through or worry about, and I would not wish for any human to endure the petrifying experience that my classmates and I did today. This traumatic event will stay with me for the rest of my life – seeing Marjory Stoneman Douglas on the same list as places like Virginia Tech, Columbine, and Sandy Hook is unbelievable. I am so grateful for the people who comforted and protected me today, along with the law enforcements that reacted so quickly to this emergency. PLEASE contact your local and state representatives, as we must have stricter gun laws IMMEDIATELY. We NEED to work together to bring change to this country so that something like this NEVER happens again. #MSDStrong #ProudToBeAnEagle

Una publicación compartida de Jaclyn Corin (@jackiecorin) el

La joven es hoy una de las líderes que organizó el viaje de más de un centenar de estudiantes a Tallahassee, para pedir al gobernador de Florida y a los legisladores que pongan freno a las armas.

Llegaron este miércoles, tras más de siete horas de trayecto. Amanecieron con una apretada agenda de 70 reuniones planificadas a contrarreloj, según Univisión. Corin ha confesado a varios medios que antes de esta situación no había sido políticamente activa. “Es tan personal ahora. Me sentiría horrible si no hiciera nada al respecto”, señaló. Corin y Kasky han unido fuerzas bajo el mismo movimiento Never Again.

Lo mismo ha hecho Emma González, una chica de padres cubanos, que se ha convertido en uno de los rostros más visibles de esta valiente generación. Salvó su vida al esconderse en un armario del centro y dio un conmovedor discurso en un un mitin en Ft. Lauderdale en contra de las armas que se volvió viral.

“Ciertamente no entendemos por qué es más complicado hacer planes con amigos los fines de semana que comprar un arma automática o semiautomática en Florida”, dijo entonces Emma. También afirmó: “Seremos los niños sobre los que se leerá en los libros de historia. No porque vayamos a ser otra estadística sobre tiroteos masivos en colegios de Estados Unidos, sino porque, tal como dijo David (Hogg), vamos a ser el último”. David Hogg, que lleva adelante el periódico escolar del instituto de Parkland, fue otro de los primeros en presentarse en la televisión para exigir a los legisladores estatales y federales leyes más duras sobre las armas de fuego.

Volviendo a Alfonso Calderón, impulsor de #NeverAgain, le contó a un periodista de The New Yorker que una vez se encontró, junto a un amigo, con Nikolas Cruz en un Walmart. Esto fue después de que Cruz fuese expulsado del instituto donde atentó. Los dos amigos se pararon y escucharon mientras este alardeaba de una escopeta que acababa de comprar. Ese momento pesa sobre Calderón. Insiste en que debió haberlo contado a alguien más pero sus compañeros aseguran que ninguno fue escuchado por las autoridades. El primer paso del movimiento Never Again fue creer en una idea que el resto de Estados Unidos pudiese considerar imposible: que el de Marjory Stoneman Douglas High realmente podría ser el último tiroteo escolar en Estados Unidos. El impulso de hacer del dolor acción podría convertir a esta idea en una realidad.

Entre otros “héroes” se encuentra Anthony Borges. No ha podido unirse al movimiento porque se encuentra convaleciente. El jóven de 15 años y de origen venezolano que junto a una profesora que murió en el acto, logró cerrar la puerta de su aula para evitar que Nicolás Cruz, de 19 años, atentara contra sus 20 compañeros. Recibió cinco balazos y ahora se recupera en un hospital de Broward.

Sus padres tuvieron que apelar a la ayuda económica para pagar los gastos clínicos. La página GoFundMe inició una campaña que en cinco días superó el objetivo de 500.000 dólares.

Uno de sus amigos, Carlos Rodríguez, contó a ABC News que la acción rápida de Borges salvó su vida. “Ninguno de nosotros sabía qué hacer. Él tomó la iniciativa para salvar a sus otros compañeros”, dijo Rodríguez.

Su padre, Royer Borges, señaló en una entrevista en el programa ‘Un nuevo día’ de Telemundo, que una de las balas le afectó un pulmón y el hígado, aunque aseguró que ya Anthony está fuera de peligro. “Es mi héroe. Solo pido a la gente que recen por él”, dijo.

Continúa leyendo: Qué ideología defiende hoy Rusia (y por qué conviene conocer a San Pablo para saberlo)

Qué ideología defiende hoy Rusia (y por qué conviene conocer a San Pablo para saberlo)

Miguel Ángel Quintana Paz

Foto: Natallia Ablazhei
Reuters/File

Pocas dudas existen de que la política rusa sigue recabando interés en lares occidentales, y por buenos motivos. Los vínculos de Rusia con las últimas elecciones en EE. UU., su amenaza hacia los más recientes comicios europeos, su papel durante los turbios sucesos catalanes del pasado otoño: todo ello está siendo investigado, a menudo de modo bien competente, por nuestros periodistas, académicos, jueces y agencias de inteligencia.

Ahora bien, quizá también nos pueda aportar algo el análisis filosófico de las ideas que están detrás de esas actividades rusas. Ello no significa olvidar, ni mucho menos, que Vladímir Putin es ante todo un político pragmático; y que, por lo tanto, ninguna ideología resulta capaz de explicar todas y cada una de sus acciones. Pero incluso ante el más pragmático de los gobernantes cabe parafrasear aquello que John Maynard Keynes aseveraba de los “hombres prácticos”: que hasta aquel que se cree más exento de toda influencia intelectual, en realidad es solo el esclavo de algún intelectual difunto. En el caso de Rusia no son solo difuntos, además, sino pensadores bien vivitos y coleando los que están proporcionando al proyecto político de Putin cierto empaque en el mundo de las ideas. ¿Cuáles son aquellos y qué tesis son estas?

La verdad es que sus nombres (Alexander Projanov, Serguei Kurguinian, Leonid Ivashov, Natalia Narochnitskaya…) resultan poco conocidos entre nosotros, con excepción del principal de ellos, Alexander Duguin. Aunque Putin se cuida mucho de elevarles al rol de ideólogos oficiales de su política (pues implicaría compartir con ellos cierto poder, lo cual le resulta más antipático al mandatario ruso que compartir su cepillo de dientes), tampoco ha ocultado las buenas relaciones que les ligan: cuando hace dos años visitó con oropeles de nuevo emperador bizantino el Monte Athos, epicentro espiritual de la iglesia ortodoxa, no solo se hizo acompañar por el patriarca de su propia iglesia rusa, Kirill, sino también por Duguin mismo. Y la mejor prueba de que esas relaciones son buenas de verdad es que tienen una traducción contante y sonante: el Izborsk Club, think tank que reúne a los principales intelectuales de esta corriente, halla generosa financiación en el Kremlin.

Ahora bien, ¿qué ideas caracterizan a este grupo? Una primera paradoja que nos encontraremos al abordarlas es el papel central que ellas juega el marxista Antonio Gramsci, a pesar de que los autores citados se muevan hoy (aunque no siempre en su pasado) lejos del pensamiento comunista. En efecto, para estos intelectuales lo más importante en el mundo actual no es tanto ejercer directamente el poder (rol que dejan gustosos a Putin, y a él no le resulta menos gustosa tal dejación). Por encima de la política está lo que llaman “metapolítica”, que tiene que ver con lo que Gramsci llamaba “hegemonía cultural”: esa lenta tarea de ir influyendo a la opinión pública a través de los medios de comunicación, internet, la educación, las creaciones culturales, los pequeños grupos de estudiosos; en definitiva, todo aquello que vaya haciendo calar entre las masas, silenciosamente, un clima favorable a su propia forma de pensar.

Hablo de “forma de pensar”, pero quizá debería referirme más bien a “forma de sentir”. Pues este es otro punto clave del movimiento que estamos analizando. Para los representantes de este “nuevo conservadurismo ruso” o “conservadurismo postsoviético” (tales son los nombres que se les han atribuido) o “cuarta teoría política” (este es el nombre que a veces se atribuyen ellos mismos, frente a liberalismo, comunismo y fascismo) no importa tanto convencer con razones cuanto persuadir con emociones. De hecho, uno de los muchos errores que atribuyen al liberalismo occidental (su bestia negra) es la mentira, que este propaga, de que la política tiene que ver con argumentos racionales, con “datos” o con “verdades” que uno capte con su mera razón. Las democracias liberales engañan a sus ciudadanos y al resto de pueblos de la Tierra desde tiempos de la Ilustración, según estos rusos, porque en realidad la política tiene que ver con sentir juntos cosas importantes (la patria, la religión, la comunidad propia), y no tanto con hallar soluciones meramente cerebrales a los problemas del día a día.

En coherencia con tales planteamientos, los neoconservadores rusos no critican a Occidente mostrando sus errores o sus contradicciones, sino sobre todo su fealdad: nuestras democracias están vacías por dentro; son moralmente deformes; vagan ayunas de sacrificio, heroísmo y todas las virtudes que hacen la vida digna de ser vivida; en ellas triunfan solo los mercaderes, los mangantes, los rebaños satisfechos y los mediocres. Al igual que una mala película, lo malo de Europa y Estados Unidos no es que no tengan razón, sino que son aburridas y deprimentes. Y, por tanto, los textos de Duguin y sus compañeros no son tanto monótonos tratados academicistas en que se refuten una a una las libertades occidentales, sino más bien vibrantes manifiestos, de tono panfletario, repletos de símbolos y metáforas, en los que se aspira a ofrecer una alternativa más alta y noble a la plebeyez de nuestras decadentes sociedades.

Es en ese juego de símbolos y alegorías donde entra en juego San Pablo. Y lo hace de la mano de un autor del pasado, Carl Schmitt, que junto con el antes citado, Gramsci, suele figurar en el arsenal de todos los críticos radicales de nuestras democracias (algunos bien próximos a nosotros los españolitos). En efecto, Schmitt recuperó para la teoría política una palabra que en los textos de San Pablo aparece solo una vez (es, pues, lo que se llama un hápax legómenon) y que ha traído siempre de cabeza a los intérpretes de la Biblia. La palabra en cuestión es “katechon”.

Pablo la utiliza en el segundo capítulo de la segunda carta a los tesalonicenses, cuando explica a sus discípulos que no esperen de inmediato la Segunda Venida de Jesús, porque antes debe triunfar “el hijo de la perdición”, “el hombre de iniquidad” (no sabemos exactamente a quién se refería; quizá al Anticristo del que hablaba San Juan). Y hay sin embargo, siempre según San Pablo, algo que está reteniendo la victoria de este malvado: se trata de un “retenedor” o, en griego, katechon (aún sabemos menos a qué o quién aludía). Si nos fijamos en lo dicho, además (y ello complica aún más las cosas), resulta que ese katechon tiene un papel terriblemente ambivalente: por una parte, impide el triunfo momentáneo del Mal; pero, por otro, como este triunfo es requisito previo para la posterior llegada definitiva de Cristo, de hecho, está impidiendo también la victoria definitiva del Bien y el Paraíso final.

Como es previsible, esta ambigüedad del término katechon ha dado lugar a ríos de tinta durante dos milenios que lo han interpretado de una u otra forma; y Carl Schmitt contribuyó, con su particular afluente, a ello. Schmitt utilizó además esta metáfora de manera no menos ambivalente que el propio San Pablo. A veces resaltó su rol positivo (aquello que impide el triunfo del desorden, por ejemplo, los reyes medievales que, a la caída del Imperio, preservaron Europa del caos). Otras veces, en cambio, empleó el término de modo más bien peyorativo (se lo atribuyó verbigracia a EE. UU. y al Reino Unido que, para él, como simpatizante con el nazismo, no es que representaran lo mejorcito del mundo posterior a la II Guerra Mundial).

Toda esa ambivalencia se deja sin embargo de lado en Alexander Duguin, aunque recoja el término de las manos de Schmitt: el katechon para este ruso y los suyos es siempre alguien o algo positivo (no en vano han dado ese nombre a su principal web de difusión internacional). Se encarna en aquello (por ejemplo, Rusia) que preserva al mundo cristiano actual del caos, amenazado como se halla tanto por la superficialidad espiritual de Occidente como por el fanatismo violento del islam. La Rusia-katechon retiene en nuestro mundo la nobleza del mensaje evangélico, las culturas nacionales de los países cristianos, que si no fuera por ella (y por Putin, claro) quedarían sepultadas por culpa tanto de los debiluchos occidentales (que, como no creen en nada, dejan que sus países se inunden de musulmanes y ateos), como por un islamismo que no duda en recurrir a la violencia para ampliar su poder.

Ahora bien, resulta palpable que, pese a todo, la postura de esta ideología rusa frente a Occidente no puede escapar a cierta ambigüedad: por una parte, los occidentales somos para ella unos réprobos decadentes; por otra parte, sin embargo, pertenecemos a la antigua Cristiandad y, por consiguiente, somos potenciales aliados suyos en su tarea del katechon, de “detener el mal”. Con lo que resulta que, después de todo, la ambivalencia que había en San Pablo no la han perdido estos rusos por completo. Y eso quizá ayude a explicar un tanto la, por otra parte, paradójica política exterior rusa: que lo mismo apoya la unidad de España que juguetea con la secesión de Cataluña; lo mismo apoya a la ultraderecha de nuestro país que a la ultraizquierda ídem; lo mismo parece querer salvarnos de nuestros demonios que ansiar enfrentarnos de una vez por todas con ellos. Sin que además quede muy claro que lo que venga luego vaya a ser el Paraíso Final.

Continúa leyendo: Odiosamente español

Odiosamente español

Jordi Bernal

Foto: Manu Fernandez
AP Foto

La instrumentalización partidista de los medios de comunicación públicos no es una anomalía catalana. Todas las televisiones y radios municipales, autonómicas y estatales conservan su punto paniaguado y su servicio tiene menos el propósito de servicio social que de altavoz áulico de los logros gubernamentales. Sin embargo, TV3 y Catalunya Ràdio detentan además la condición singular de millonaria estructura de estado. Desde su nacimiento se concibieron como armas ideológicas, lingüísticas y culturales al servicio de una causa.

En los últimos tiempos, los medios públicos catalanes han redoblado su misión propagandística provocando, por ejemplo, la deserción de sus programas –ya de por sí carentes del más elemental pluralismo- de aquellos tertulianos no alineados con el pensamiento dominante: o sea aquellos catalanes que no comulgan con el minoritario y lastimero independentismo.

Entretanto, hemos asistido a la quema de constituciones en directo, entrevistas a terroristas presentados como salvapatrias, a la suspensión de programas humorísticos por el mal humor de sus responsables, llamadas al chivatazo de las posiciones de la guardia civil en carretera, insultos de sus colaboradores a representantes de la oposición en las redes, insultos al padre de la líder de la oposición en la misma cara de esta y un largo y cansino etcétera que desmonta la leyenda según la cual los bárbaros son los mesetarios y TV3 el paradigma de una asepsia y rigor informativos dignos de la mitológica BBC.

La última muestra de desfachatez se produjo en un programa que junta la flor y nata de los retoños mediáticos de la convergencia más desinhibida. Uno de sus colaboradores apareció con una pleonástica nariz de payaso para informar a los tele(in)videntes de que esa noche se sentía “odiosamente español”. Luego se ofenden si se urge a la desinfección del chiringuito.

Y a todo esto el simpático Enric Millo afirma que están deseando poner punto final al 155 y retornar a la normalidad. ¿155? Ya nos contarán algún día cómo y cuándo lo aplicaron.

Continúa leyendo: Teólogos en el infierno

Teólogos en el infierno

Jorge San Miguel

Foto: Geert Vanden Wijngaert
AP Foto

Cuando el teólogo Melanchton murió, nos cuenta Emmanuel Swedenborg por boca de Borges, se recreó su casa en el infierno, y los ángeles lo visitaban mientras él creía seguir su vida corriente. Así se hacía con todos los difuntos. Al cabo de un tiempo, como Melanchton persistía en sus errores, la casa se redujo a unas pobres paredes encaladas, los muebles se evaporaron -sólo quedaron los de la habitación donde el teólogo escribía-, y los papeles que llenaba con débiles justificaciones aparecían blancos al día siguiente.

De manera similar, hay en España quien ha entrado en el nuevo año creyendo que está aún en su casa, cuando es posible que solo habite un mundo de sombras. En Cataluña, las elecciones de diciembre no modificaron la aritmética fundamental del Procés, que tiene un sólido origen social y es la misma desde hace muchos años; pero sí trajeron, tras las manifestaciones de octubre, el fenómeno de una contestación al proyecto nacionalista que es por primera vez masiva, desacomplejada y exitosa en las urnas, y que está empezando a arañar supuestos consensos aceptados como dogma durante años.

Basta ver los escozores que provoca por doquier el nombre de Tabarnia para entender que quienes se beneficiaron desde 2012 de marcos conceptuales y comunicativos favorables -y muy hábilmente construidos- están empezando a chapotear en aguas más turbias. Es fácil imaginarse al expresident fugado como al Melanchton difunto: escribiendo en su escritorio de Waterloo, como si aún estuviese en la plaza de Sant Jaume, proclamas que mañana amanecerán en blanco. (Aunque no es menos cierto, y lo digo como antiguo habitante de Bruselas, que seguramente es más fácil creerse en casa de uno en el infierno que en Bélgica).

Pero no sólo se está difuminando el mobiliario del independentismo. Está quedando malparada también la tradicional condescendencia, cuando no abierto desprecio, de parte de las élites españolas -las progresistas, soi-disant- por las preferencias de esa significativa parte de la población que, a derecha e izquierda y en todos los territorios, no quiere más descentralización ni más desigualdad de trato. Y, sobre todo, se está congelando la sonrisa de suficiencia de quienes durante años han bendecido desde ese progresismo los proyectos de una u otra oligarquía por complejos históricos, cálculo electoral o apuesta a la quiebra del régimen. La ruptura generacional del 78 que se empezó a avizorar hace siete años puede derivar también en agrietamiento de algunos consensos que las izquierdas políticas y académicas del país no se esperaban.

Finalmente, en la habitación del teólogo pueden quedar también los discursos de ruptura y el partido que los encarnó. Llegamos siempre tarde donde nunca pasa nada, decía Serrat, y siempre estamos preparados para la última guerra, pero no para la próxima. Los marcos y los tonos que tan bien se ajustaban a la España de principios de la década han envejecido en poco tiempo. Pasados los momentos más duros de la crisis, es necesario plantearse qué se le ofrece a esa amplia parte de la sociedad que, herederos del crecimiento de la segunda mitad del S. XX, se han desclasado durante la crisis o están en riesgo permanente de hacerlo.

Una legión que incluye trabajadores, nuevas clases medias y jóvenes hijos de la prosperidad castigados por el mercado laboral. La política de la pura “representación descriptiva”, por usar los términos de Pitkin, está dejando al descubierto sus carencias, y agotándose en la búsqueda de golpes de efecto, y en algún momento deberá dar paso a arreglos viables que traduzcan los nuevos equilibrios políticos en acuerdos redistributivos entre clases y generaciones.

TOP