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Woody

Iker Izquierdo

Woody Allen sucumbe a la fiebre de la televisión y dirigirá su propia serie, producida por Amazon.

Woody Allen sucumbe a la fiebre de la televisión y dirigirá su propia serie, producida por Amazon. Seguramente sea su primer contacto con la televisión desde la década de los 60 cuando escribía para el Ed Sullivan Show, The Tonight Show o Candid Camera.

En los últimos años, Woody Allen ya no es el Woody de siempre. Desde Sweet & Lowdown no ha hecho una sola película que me haya encandilado como lo hicieron muchas de sus anteriores films. Pero afortunadamente nos ha dejado un puñado de obras maestras para la posteridad.
Allen no pasará a la historia como uno de los más grandes del 7º arte. Ese honor lo comparten sólo unos pocos que hicieron sus películas en la época dorada de Hollywood: los 30, 40 y 50. Pero hay tres largometrajes que valen por toda una carrera. Pocos tienen en su haber obras de la calidad de Annie Hall, Manhattan o Hannah y sus hermanas.

Las imágenes de Nueva York en blanco y negro al ritmo de la música de George Gershwin; Michael Caine enamorando a una preciosa exalcohólica en una extraordinaria librería de Manhattan, o el propio Woody matando una araña en el apartamento de Diane Keaton, son escenas que quedarán por siempre en nuestra retina.

Su humor judío, tan compasivo y a veces tan corrosivo, colorea cada película con una pátina especial, al igual que el romanticismo y las controversias morales que hacen de sus películas algo muy personal, pero que es fácilmente compartido por no pocos individuos.

No podemos saber lo que deparará este nuevo proyecto televisivo de Woody Allen, pero esperemos que nos traiga de vuelta el Allen más divertido, romántico e inteligente que una vez fue y parece haber desaparecido. Y si no, siempre nos quedará Manhattan.

Continua leyendo: ¡Annie Hall cumple 40 años!

¡Annie Hall cumple 40 años!

Ana Laya

Tal vez deba advertir de entrada que este es un artículo ridículamente subjetivo. Soy fan de Woody Allen (sí, es complicado) y me encanta Annie Hall, esa sutilmente triste historia de un amor tan posible y lógico como absurdo e imposible.

Mis razones son simples y nada originales: me encanta la dupla Allen-Keaton; sueño con el día en el que en mi vida suceda algo parecido como el momento de Marshall McLuhan y el intelectual insoportable en la cola del cine; me he visto intentando recrear -patéticamente- momentos icónicos de una relación (como el de las langostas) y fracasando -patéticamente- como Alvy; me he disfrazado de Annie y jamás me han quedado bien ni el chaleco ni la corbata… pero no pierdo la fe; aprecio que Allen haya logrado percibir y retratar esa urgencia -aún muy patente- de ciertos hombres de “educar” a las mujeres y ayudarlas a “entender el mundo”, esa condescendencia espolvoreada con edulcorante que vendría a ser lo que Rebecca Solnit llama mansplaining... y en general me parece que es un retrato hermoso del Nueva York de los 70s y una fuente inagotable de citas, siendo la que más me gusta repetir aquella famosa de Freud:

“Nunca querré pertenecer a un club que acepte a alguien como yo de miembro”.

Annie Hall, además de ser la sexta película escrita y dirigida por Woody Allen, fue la primera que le valió un Oscar como mejor Director y uno como Mejor Actriz a Keaton, además de llevarse el de Mejor Guión Original y hasta el de Mejor Película, derrotando a Star Wars… ¡a Star Wars! ¡Triunfo para los izquierdosos, comunistas, judíos y pornógrafos gays de Nueva York! El guión, escrito por Allen y Marshall Brickman, fue reconocido en 2015 por la Writers Guild of America como el Mejor Guión de Comedia jamás escrito. Y finalmente, la idea original del proyecto Anhedonia, título que tenía originalmente el proyecto y que afortunadamente se descartó, fue el germen de otra de mis películas preferidas de Allen: Misterioso asesinato en Manhattan. Creo que siento debilidad por los hipocondríacos (y por las enfermedades… pero esa es otra historia).

En fin, podríamos pasar el día entero leyendo artículos que analicen sus méritos, escudriñen sus detalles y enumeren sus trivias, pero honestamente la mejor manera de saber cómo ha envejecido la película es volviéndola a ver.

Si mis razones no son suficientes, aquí 7 escenas neuróticas y geniales para que la recuerden, para que la conozcan si no han tenido hasta ahora el placer, y para que en cualquier caso se la apunten como plan para uno de estos fines de semana de primavera.

¡Disfruten!

1. “Me gusta el cuero.”

2. “La masturbación es sexo con alguien a quien quiero.”

3. Marshall McLuhan is in da house.

4. “Me encanta ser reducida a un estereotipo cultural.”

5. “Se me olvidó mi mantra”.

Sí, Jeff Goldblum aparece en Annie Hall… 5 segundos.

6. Los subtítulos.

7. El inolvidable monólogo inicial.

Sí, la vida está llena de soledad, miseria, sufrimiento, infelicidad… y se acaba demasiado rápido. WoodyAllenada fundamental.

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La tristeza también tiene su lado bueno

María Hernández

Cada vez más vemos cómo las empresas intentan fomentar entre sus empleados la positividad y la felicidad. En algunas agencias de publicidad, por ejemplo, los creativos cuentan con lo que llaman “sala de pensar”, un espacio diferente y divertido para fomentar la creatividad. Y no solo pasa esto en las empresas: anuncios a todas horas nos recuerdan que debemos evitar la tristeza, buscar motivos para ser felices, para estar alegres.
Sin embargo, varios estudios científicos han demostrado que las emociones negativas despiertan mucho más la creatividad. Si no, que se lo digan a cantantes y poetas del mundo entero, que nos ofrecen constantemente sus letras más profundas sobre sus amores, o más bien sus desamores. Vamos, que si necesitas buenas ideas, mejor estar triste.

Todo tiene una explicación

El hecho de que las emociones negativas faciliten la creatividad tiene una explicación bastante sencilla: una de las habilidades necesarias para ser creativo es la de solucionar problemas, y esto es mucho más sencillo si se han tenido problemas reales. La científica Anna Jordanous, de la Universidad de Kent, y el lingüista Bill Keller, de la Universidad de Sussex, han llevado a cabo un estudio en el que han determinado cuáles son los componentes que intervienen en el proceso creativo. Son catorce en total, entre los que se encuentran la capacidad de tratar con lo incierto, la independencia y la libertad, la originalidad o la espontaneidad. Según la actividad que tengamos que llevar a cabo, estos catorce componentes deberán encontrarse en un nivel u otro para ser efectivos, es decir, no existe la fórmula exacta de la creatividad.

Pero no han sido ellos los únicos en estudiar este tema. Numerosos estudios han tratado de establecer la relación entre la creatividad y enfermedades mentales como la depresión. El danés Karol Jan Borowiecki examinó en un estudio el estado emocional de Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven y Franz Liszt, tres de los compositores más influyentes en la cultura occidental.

Partitura identificada como una creación de Mozart durante su infancia (Foto: Kerstin Joensson/AP)
Partitura identificada como una creación de Mozart durante su infancia. (Foto: Kerstin Joensson/AP)

Utilizó un software de análisis del lenguaje para estudiar textos escritos por estos tres artistas en busca de emociones, tanto positivas como negativas, y después los comparó con sus composiciones más importantes en ese periodo de tiempo. Así, el autor de este estudio descubrió que había una unión entre los períodos más tristes de la vida de estos compositores y sus mejores piezas musicales. “La creatividad, medida por el número de composiciones importantes, es atribuible causalmente a estados de ánimo negativos, especialmente a la tristeza”, explica el investigador.
“La tristeza es una emoción importante, muy importante. La tristeza se genera por la constatación y aceptación de una pérdida, pérdida que incide en nuestro mundo afectivo-relacional”, explica Antonio Esquivias, especialista en educación emocional, y añade que “los artistas, que necesitan crear algo nuevo, encuentran con mucha frecuencia inspiración en la tristeza y esta emoción se encuentra en el origen de algunas de las más bellas obras de arte, tanto de la literatura, como de la música o la pintura y el cine”.

” Los artistas, que necesitan crear algo nuevo, encuentran con mucha frecuencia inspiración en la tristeza”

Como todo, esto se ve mucho mejor con ejemplos. Por eso hemos decidido ahondar un poco más en el mundo de la música y la pintura para buscar signos de esta relación en algunos de los artistas más reconocidos, tanto nacional como internacionalmente.

La “nube negra” de Joaquín Sabina

El famoso cantautor andaluz Joaquín Sabina es un perfecto ejemplo de que una depresión puede ser la causa de la creación de verdaderas obras de arte.

En el año 2005, tras superar una depresión causada por una enfermedad y una ruptura, el cantante publicó su disco “Alivio de luto”. Este álbum dio un paso hacia la sencillez, con una instrumentación más básica para centrarse en la sensibilidad de la música.

“Cuando juego mi muerte al verso que no escribo, cuando solo recibo noticias de la muerte”

“Cuando juego mi muerte al verso que no escribo, cuando solo recibo noticias de la muerte, cuando corta la espada de lo que ya no existe, cuando deshojo el triste racimo de la nada”. Estos son algunos de los versos de “Nube negra”, una de las canciones de este disco, que expresa claramente la difícil época por la que pasó el artista.
Sabina, en numerosas entrevistas, declaró que fue adicto a la cocaína y que, durante la época en que consumía, también se bebía a menudo más de una botella de whisky. Explica que fueron sus amigos los que lo sacaron de esta depresión en la que no sabe cómo entró.

Joaquín Sabina ofrece un concierto en el Hammerstein Ballroom de Nueva York, su primero en EEUU  (Foto: Donald Traill/AP)
Joaquín Sabina ofrece un concierto en el Hammerstein Ballroom de Nueva York, su primero en EEUU. (Foto: Donald Traill/AP)

“Me falta una mujer, me sobran seis tequilas, no ver para querer, malditas sean las pilas que me hacen trasnochar echándonos de menos, echándome de más, almíbar y centeno”. Así comienza la canción “Seis tequilas”, otra muestra de que los malos momentos por los que pasó el cantautor le inspiraron la creación de canciones que, como la mayoría de sus letras, son verdaderas obras de arte.

El rock más triste

Saliendo del territorio nacional y acercándonos a otro género musical, nos encontramos con los casos de Axl Rose, el vocalista del grupo Guns n Roses, y Kurt Cobain, el nombre más conocido del grupo Nirvana.

Kurt Cobain en un documental emitido en 1993 (Foto: Mark J.Terrill/AP)
Kurt Cobain en un documental emitido en 1993. (Foto: Mark J.Terrill/AP)

De ambos artistas se ha dicho durante años que fueron diagnosticados como bipolares. Aunque ha habido mucha polémica y mucha especulación alrededor de estos diagnósticos, lo cierto es que, bipolares o no, ambos cantantes pasaron por etapas realmente complicadas durante su vida, tanto que Kurt Cobain se acabó suicidando a los 27 años.
El último albúm del grupo Nirvana, “In Utero”, es considerado por algunos como una nota de suicidio del cantante. Canciones como “Rape me” (Viólame) muestran su rabia: “Rape me, rape me my friend, rape me, rape me again” (viólame, viólame mi amigo, viólame, viólame otra vez). Y otras, como Heart-Shaped Box, son una muestra de su melancolía y su tristeza: “I’ve been locked inside your Heart-Shaped box for weeks” (he estado encerrado en tu caja con forma de corazón durante semanas).
Lo mismo ocurre con “Appetite for destruction”, el primer álbum de Guns n’ Roses, en el que encontramos letras con mucha fuerza y rabia, como las de “Out ta get me”: “They scream and yell, and fight all night, you can’t tell me, I lose my head, I close my eyes, they won’t touch me, cause I got somethin, I been buildin up inside, for so fuckin long” (Chillan y gritan, y pelean toda la noche, no puedes decírmelo, pierdo la cabeza, cierro los ojos, no me tocarán, porque tengo algo, que he estado construyendo dentro de mí, durante un jodido largo tiempo).

Axl Rose en un concierto de Guns n' Roses en el O2 Arena de Londres (Foto: Mark Allan/AP)
Axl Rose en un concierto de Guns n’ Roses en el O2 Arena de Londres. (Foto: Mark Allan/AP)

La tristeza también se pinta

Pero la tristeza no solo se manifiesta con palabras. Y una prueba de ello son las numerosas obras de Vincent Van Gogh. El famoso pintor holandés sufrió numerosos problemas de salud durante su vida, entre los que se encontraban ataques de epilepsia y episodios de lo que se cree que podría ser bipolaridad. Además, el artista ingería grandes cantidades de Absenta, cuyos componentes agravaban su epilepsia y depresión.

En Mayo de 1889, Van Gogh ingresó en un hospital psiquiátrico, y durante el año que permaneció allí pintó algunos de sus cuadros más conocidos, como “Lirios” o “La noche estrellada”. Durante ese año pintó alrededor de 140 cuadros.

"La noche estrellada" de Van Gogh en una exposición en Beijing (Foto: Mark Schiefelbein/AP)
“La noche estrellada” de Van Gogh en una exposición en Beijing. (Foto: Mark Schiefelbein/AP)

Esto es una prueba más de que no es necesario ser feliz o estar contento para tener ideas creativas o para crear obras de arte realmente buenas.

Estos cuatro artistas son solo un ejemplo de todas las teorías que relacionan la tristeza y la creatividad, pero no son los únicos: Woody Allen, Agatha Christie, Charles Dickens, Ernest Hemingway, Joan Miró, Sylvia Plath, Edgar Allan Poe, Paul Gauguin, Franz Kafka y muchos otros, que nos han dejado un increíble legado cultural, también sufrieron depresiones a lo largo de su vida.
Pero, como dice la frase popular “la excepción confirma la regla”, no todas las obras de arte vienen de la tristeza o la depresión. Así que todavía nos quedan opciones de convertirnos en artistas. Y si no, pues al menos seremos felices.

Continua leyendo: Pattani: gambas, bombas y ganja

Pattani: gambas, bombas y ganja

Iker Izquierdo

Durante siglos desde la islamización del sudeste asiático, la actual provincia de Pattani, en la frontera sur de Tailandia, fue un rico sultanato que prosperó gracias al comercio cruzado entre Siam, China, las factorías portuguesas y holandesas, y otros sultanatos de las actuales Malasia e Indonesia.

Durante siglos desde la islamización del sudeste asiático, la actual provincia de Pattani, en la frontera sur de Tailandia, fue un rico sultanato que prosperó gracias al comercio cruzado entre Siam, China, las factorías portuguesas y holandesas, y otros sultanatos de las actuales Malasia e Indonesia. A finales del s.XIX, Pattani y otros territorios vecinos fueron incorporados al naciente estado tailandés moderno gracias al rey Chulalongkorn tras varias décadas de vasallaje.

Pattani nunca encajó bien en Tailandia, un país de población mayoritariamente budista y de etnia tai, china o la mezcla entre ambas. Hasta los años 30 del s.XX, no hubo demasiados problemas, pero ya en los años 40 los movimientos autonomistas o nacionalistas comenzaron a reivindicar una autonomía, independencia o integración en la vecina Malasia. Pattani no fue inmune al “resurgimiento” del islamismo en los años 70 y 80, cuando comenzaron a actuar grupos terroristas, los cuales fueron desactivados tras reformas administrativas que venían a aplicar efectivamente la legislación de tipo autonomista, relativa sobre todo a la educación en lengua malaya y a la práctica de la religión islámica.

No obstante, la guerra de las drogas lanzada por el primer ministro Thaksin Shinawatra (hoy en el exilio) a principios de este siglo y la presión sobre las provincias del sur desataron una nueva ola de terrorismo que sigue hasta hoy. El problema sobre todo, es que este terrorismo asociado al independentismo de Pattani se confunde con la lucha contra el tráfico de drogas en el que la frontera entre la policía y los grupos mafiosos está muy diluida. Los atentados con bomba tanto indiscriminados como selectivos son bastante comunes en la zona, tanto como las granjas de gambas, propiedad de tailandeses de etnia china, o el ganja (marihuana) que se cultiva ilegalmente y acompaña a otras drogas que van y vienen desde el norte hasta el sur pasando por Malasia y hasta Singapur.

Lo de Pattani tiene difícil solución, y su situación geoestratégica actualmente es de tercera división de ahí que un lugar tan castigado por el terrorismo, las luchas del narcotráfico y la presión policial no aparezca habitualmente en los periódicos internacionales.

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Esos espíritus puros

Iker Izquierdo

Foto: LUCAS JACKSON

Imagínense que el rudo texano hubiese dicho que no, que hay que poner la otra mejilla y abrazarse con los talibanes porque lo dijo John Lennon en su canción. Y lo que dice el Papa va a misa, ya se sabe.

Yoko Ono quiere celebrar el 75 aniversario de su difunto marido, John Lennon, con un gran símbolo de la Paz en Nueva York que consiga batir todos los récords de tamaño.

Lennon, famoso integrante de los Beatles, dejó una huella duradera en la culturilla occidental gracias a su canción “Imagine”, esa que dice “imagina que no hay fronteras, ni religiones y que todos nos abrazamos y nos damos caramelos y chocolate con churros”. Sin duda, tras la decadencia de la religión católica, la canción de Lennon ha venido a simbolizar en el mundo actual la idea de la Paz Celestial, mezclada con la cesación de toda guerra; en fin, una versión moderna de la profecía bíblica según la cual descansarán uno junto al otro, el león y el cordero, el perro y el gato, la mosca y el matamoscas.

Hace pocos días conmemorábamos los atentados del 11-S, los mismos tras los cuales se organizó en la sede de la ONU una especie de responso laico donde no sonó el Requiem de Mozart sino el Imagine de John Lennon. Pocas veces he sentido tanta vergüenza ajena. Menos mal que estaba Bush para invadir Afganistán e Iraq, y organizar una búsqueda a escala global de los autores de los atentados, que era lo que le pedía el pueblo estadounidense, como es normal.

Imagínense que el rudo texano hubiese dicho que no, que hay que poner la otra mejilla y abrazarse con los talibanes porque lo dijo John Lennon en su canción. Y lo que dice el Papa va a misa, ya se sabe. Se hubiese armado la de Dios es Cristo y no es para menos. Libres nos veamos de esos espíritus puros como Lennon, que como dice Gustavo Bueno, poseen la blancura de la estupidez sin la menor mancha de inteligencia.

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