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Olvidarse de recordar

Javier Mauricio

Olvidar es un problema. Por eso resulta tan complicado escribir sobre ideas de las que deshacerse, y más cuando uno tiende a enterrar el dolor y la tristeza, práctica habitual hoy en día y que nos lleva, aunque alguno diga lo contrario, a enquistar la miseria. De ahí que se me plantee la tarea como algo imposible, pues la letanía de desgracias que se nos acumulan desde hace años podría llenar el papel -e incluso faltaría espacio- hasta terminar con un “las cosas van mal, eso está claro”. Pero de qué serviría -y a quién le importa- semejante despliegue de infortunios, si además se hace evidente la desdicha que nos espera en un horizonte cada vez más cercano.

No me interesa el derrotismo, y mucho menos el convertirme en el culpable de una mala mañana, o tarde, o noche -o cuando sea que tenga usted, querido lector, la amabilidad de leer mis catástrofes mentales-, por lo que evitaré centrarme en esa retahíla de descalabros y pasaré, con su permiso, por encima de tanta diarrea social. Y es que la respuesta a la pregunta “¿qué ideas debemos olvidar en 2017?” es sencilla: absolutamente nada.

Algunos querrán desterrar términos como opaco, confianza, romper, populismo y demagogia. El primero nos provoca una fuerte congoja cuando aparece vinculado a la palabra tarjeta; el segundo nos hace huir si la Casa Real está cerca; el tercero se convierte en un pavor rancio cuando alguien habla de nacionalismo, y el cuarto y quinto, como si fuesen inseparables en la diatriba política, nos llenaron el pasado año de argumentos vacíos.

Y aquí estamos, corriendo en un patio de colegio y sin saber hacia dónde ir, porque de tanto “y tú más”, y “él lo hizo peor” y “nosotros nos llevamos, pero ellos cogieron el doble”, la historia se nos complicó y acabamos por asumir que algunas cosas no tienen remedio.

Quizá este punto, el último, sea el más importante, y el motivo de que me niegue a decirles que debemos olvidar. Porque enterrar o mirar para otro lado -que viene a ser lo mismo- nos sumergirá aún más profundo en este pozo -y disculpen la expresión- de mierda.

No voy a seguir, que bastante he abusado ya de su tiempo y su interés. Eso sí, si han perdido un minuto en leer todo esto, permítanme el consejo y no olviden.

Aunque “las cosas vayan mal, y eso esté claro”.

Un poli de plástico para la policía de Río

Melchor Miralles

Foto: YASUYOSHI CHIBA
AFP PHOTO

Buceo en las cloacas de Río de Janeiro, cuerdo de atar, siguiendo los pasos del hombre que no fue. Sorteo transeúntes por las favelas. Transito por una ciudad con elevado índice de delincuencia. Pero en dos días no me he cruzado con un solo policía por las calles. Me extraña. Mucho. Y me topo con lo increíble, lo insólito, que es el culmen del periodismo.

Me acerco con mi equipo, pertrechados de cámaras de televisión, focos, micros y esas cosas, a la sede de la Policía Federal de Río de Janeiro. El corazón de la lucha contra el crimen, que aquí es cosa seria. Fuera del edificio no hay ni un agente. Entro. Solicito a un funcionario en un mostrador un portavoz para que me aclare cosas. Doy con un policía uniformado. Me dice que me olvide, que llevan seis meses de huelgas parciales y que no habla ni Dios. Cero posibilidades.

Educado, pregunto si podemos grabar en el exterior, imágenes del edificio. Y una entrevista. Me dice, literal: “el jefe se ha ido a comer. Tienes dos horas para grabar lo que quieras”. Salgo. Tiramos de cámaras. Y veo a un policía en la garita de entrada de vehículos. Me acerco a ver si me cuenta algo. Y me quedo de piedra.

Un poli de plástico para la policía de Río 1
Poli de plástico. Foto: Melchor Miralles.

Llevaba varios segundos interrogándole cuando mi operador de cámara me dice: “Hablas con un muñeco”. ¿Perdoooooooón? Y sí. Un muñeco de plástico instalado para disuadir. Y allí entraba y salía el personal, en coche o caminando. Y el muñeco ahí instalado. De plástico. O de caucho. Pero muñeco. La locura. El descojono. Lo increíble. Una samba del despropósito.

Buceo en la prensa local. En las últimas cuarenta y ocho horas no ha habido ningún asesinato en Río. No hay noticia de ningún delito grave. Igual es que los muñecos son más efectivos que los humanos. Sobre todo tienes la garantía de que no se corrompen. Brasil. Brasil. Brasil. Un carnaval del despropósito.

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Algunas claves sobre el Brexit

Redacción TO

Foto: YVES HERMAN
Reuters

La notificación oficial por parte de Reino Unido a sus todavía socios de la Unión Europea de abandonar el bloque, ha puesto en marcha este miércoles un mecanismo hasta ahora desconocido en la historia de la UE, acostumbrada a realizar ampliaciones desde su creación en 1957. Han pasado 40 años desde que Alemania, Italia, Bélgica, Holanda, Francia y Luxemburgo pusieron en marcha una comunidad europea que en la actualidad cuenta con 28 socios.
La Unión Europea ha protagonizado seis ampliaciones y ningún abandono hasta ahora, con la invocación del artículo 50 del Tratado de Lisboa y el envío de la carta formal del gobierno británico a Bruselas que pone en marcha oficialmente el Brexit, la desconexión del Reino Unido, y un proceso de negociaciones que durará dos años como máximo.

La promesa del referéndum

Reino Unido ha mantenido desde que se integró en la UE el 1 de enero de 1973 una relación en el que no han faltado los desencuentros con el bloque que ha provocado la desconfianza mutua y el aumento del número de euroescépticos entre los ciudadanos británicos, según las encuestas publicadas durante años.

En el ámbito político, el pistoletazo de salida del Brexit lo inició en 2013 David Cameron. El entonces primer ministro del Partido Conservador se comprometió a celebrar un referéndum antes de 2018 sobre la permanencia o salida del Reino Unido de la UE si ganaba las elecciones en mayo de 2015. El Partido Conservador ganó los comicios con mayoría absoluta y en septiembre el parlamento autorizó la convocatoria de una consulta popular.

Resultado inesperado

El prometido referéndum se celebró el 23 de junio de 2016. El gobierno de Cameron protagonizó una campaña a favor de la continuidad de Reino Unido en una Unión Europea “reformada” que, confiaba, calara entre los ciudadanos tal y como apuntaban las encuestas, que daba una estrecha victoria a los defensores de permanecer en Europa. Ni el gobierno británico ni la Unión Europea imaginaron que el referéndum lo ganaría la opción del Brexit, que se impuso con un 51,9% de los votos al 48,1% de quienes votaron a favor de seguir en la UE.

Por regiones, en Inglaterra se impuso la opción del Brexit con un 53,4% frente al 46,6%. También Gales votó a favor de la desconexión (52,5% contra 47,5%). Escocia votó mayoritariamente a favor de la permanencia con un 62% frente al 38%. También en Irlanda del Norte ganó el no al Brexit aunque por una diferencia menor (55,8% frente al 44,2%).

La sociedad británica quedó dividida y tras el referéndum se han sucedido las manifestaciones a favor y, sobre todo, en contra del Brexit.

Claves para entender el Brexit 1
Portada de un periódico con el anuncio de la dimisión de Cameron tras perder el referéndum | Foto: Matt Dunham / AP Photo

Para los que defienden la salida de la UE, el principal argumento es que el bloque impone muchas exigencias que perjudican los negocios británicos y, sobre todo, los euroescépticos consideran que Reino Unido paga una contribución económica muy alta por pertenecer al bloque y recuperar el control de la fronteras, además de reducir el número de inmigrantes que llegan al país.

Theresa May

La derrota de la opción defendida por David Cameron le llevó a anunciar su dimisión el mismo día del referéndum, aunque no se hizo efectiva hasta julio, cuando la titular de Interior, Theresa May, es proclamada líder del Partido Conservador, pese a haber defendido la permanencia en la UE aunque manteniendo un perfil bajo durante la campaña. Dos días después, el 13 de julio, Cameron presenta su dimisión a la reina Isabel II y May recibe el encargo para formar Gobierno.

Empiezan entonces a tomarse las primeras decisiones  para cumplir con el mandato de los ciudadanos, empezando por el nombramiento de David Davis como ministro encargado de negociar la salida del país de la UE. May deja claro desde el primer momento que “Brexit means Brexit”, y, por tanto, que Reino Unido dejará de formar parte de la Unión Europea, y por tanto del Mercado Único y de la Unión Aduanera. Se compromete a iniciar el proceso antes de finales de marzo de 2017, como así ha sido, después de cumplir con la obligación del Tribunal Superior de Londres de consultar al Parlamento británico antes de activar el Brexit, tras perder el recurso presentado contra esta decisión.

La libre circulación de los ciudadanos europeos es la principal preocupación para Reino Unido y la Unión Europea 

El pasado mes de enero el Gobierno presentó el ‘Proyecto de ley de la Unión Europea (Notificación para la retirada)’ para invocar el artículo 50 y lo somete a debate y votación en la Cámara de los Comunes que el 8 de febrero aprueba la ley del Brexit con 494 votos a favor y 122 en contra. El texto pasa a la Cámara de los Lores que da su visto bueno con la inclusión de una enmienda para “garantizar los derechos de los ciudadanos comunitarios que viven en Reino Unido”, uno de los temas que más preocupan. El proyecto es aprobado definitivamente por el Parlamento el 13 de marzo y tres días después es sancionado por la reina, dando luz verde al Gobierno de Londres a comunicar a Bruselas su decisión de activa la salida del Reino Unido de la UE.

El artículo 50

Mucho se ha hablado del artículo 50 y su vinculación con el Brexit. Incluido en el Tratado de Lisboa suscrito por los Estados miembros en 2009, establece el mecanismo formal para que un país de la UE pueda abandonar el grupo con la exigencia de que, una vez activado, el proceso finalice antes de los dos años desde su invocación.

¿Y ahora qué?

Existen muchas incertidumbres sobre lo que va a pasar a partir de ahora y cómo y en qué términos se van a llevar las negociaciones para el proceso que ponga fin a la presencia de Reino Unido como socio de la UE. Ambas partes deben establecer las bases de dicha negociación y cómo se articularán las relaciones entre ambas partes. Las autoridades de la Unión Europea ya han dicho que quieren empezar abordando el espinoso tema de la factura que supondrá para Reino Unido abandonar el grupo y que cifra en 60.000 millones de euros.

Tras la notificación formal de la invocación del artículo 50, se sentarán las bases para comenzar la histórica negociación. Está previsto que el 29 de abril, la UE ofrezca una respuesta formal a la iniciativa de Reino Unido en la cumbre de jefes de Estado y del Gobierno que, por primera vez se celebrará con 27 miembros, ya sin Reino Unido.

El tema que más preocupa a ambas partes es la libre circulación de los ciudadanos. May ya expresó en su momento su deseo de “garantizar los derechos de los ciudadanos de la Unión Europea residentes en Reino Unido y los de los británicos que se encuentran en otros países” del bloque “lo antes posible”. Algo en lo que coincide con los estados miembros.

Desde Bruselas se ha insistido en que la salida de Reino Unido no será un castigo pero está claro que el ex socio quedará en una situación de desventaja en muchos aspectos con respecto al resto de los países del grupo. La UE teme el efecto dominó si las negociaciones benefician a los intereses de Reino Unido.

“Queremos un Brexit fluido y tranquilo”, ha declarado Theresa May durante su intervención en el Parlamento británico tras invocar el artículo 50. “Habrá consecuencias para Reino Unido, sabemos que perderemos influencia”, ha admitido, “pero nos acercamos a una posición de cooperación sincera a la negociación”, ha añadido. Reino Unido quiere seguir siendo amigo de la UE y ambas partes deben salir beneficiadas de este proceso, ha indicado.

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La primera ministra Theresa May firma la invocación del artículo 50 para iniciar el proceso del Brexit | Foto: Christopher Furlong / Reuters

El ridículo de Harvard

Jordi Bernal

Foto: Manu Fernandez
AP Photo/Archivo

Conocida y repetida es la sentencia de Tarradellas: “En política se puede hacer de todo menos el ridículo”. No parecen los políticos independentistas actuales muy dados al recuerdo del presidente que reinstauró la Generalitat de Cataluña democrática en los años de la Transición. El ridículo es su modo de actuar. Ridículo Junqueras cuando, sin ruborizarse ni abrocharse la americana por imperativo físico, afirmó que podía parar la economía catalana unos días sin más y más chulo que un pisador ubérrimo de uvas. La cara de los eurodiputados debió de ser inenarrable. No entro ya en el hecho de que Junqueras afirmara en otra ocasión que el torturador Miquel Badia fue un demócrata ejemplar. Como siempre, tratándose de Junqueras, la historia es pura mitomanía falsaria. De meapilas mixtificador, vamos. De programa bien-pagá-y-Soler de TV3.

Luego está el ministro de exteriores (sic) del estalinista Psuc Romeva. El nadador sin pelo ni Cheever que le escriba. El compañero de viaje borderline. Ahí está quejándose de que cazas españoles sobrevuelen cielo catalán. Una vez más, el flipe de los representantes europeos tuvo que ser considerable: un tipo que lloriquea porque las fuerzas armadas de su país realizan ejercicios militares en su espacio aéreo.

Si no fuera suficiente, superando a Nat King Cole 4% Arturo Mas, o sería Luther King, yo ya no sé, aparece en escena haciendo el clown uno de Gerona. Y dice, previo viaje pagado por usted y moi, que los EEUU son muy libres y España una cacicada decimonónica. Les recuerda, con apuntes de bachiller, los fundamentos de la democracia norteamericana. Sí, esa que no admite segregaciones ni deslealtades tejanas ni tonterías de pastelero. Se le olvida apuntar al convergente que, en Cataluña, se utiliza el calificativo “unionista” como estigma. Y que su Frente de Liberación Popular para un referéndum se basa en un pacto con comunistas que quieren acabar con la democracia liberal.

También se le olvida, en Harvard oh yeah y pagado por usted y moi, al pastelero de Gerona recordar que la soberanía de España, al igual que la de Estados Unidos, reside en el conjunto de sus ciudadanos. Valor de ley, si atendemos a la formación cultural puramente yanqui.

No se puede ir por la vida haciendo el ridículo, pastelero. Incluso más acá de la política.

Que pase la siguiente generación

Cristian Campos

Foto: Manu Fernandez
AP Photo
De los asaltantes de la sede del PP en Barcelona sorprende, además de la carencia absoluta de sentido de la melodía con la que cantan, su juventud. Sorpresa relativa, porque cantar bien es difícil y requiere esfuerzo. En cuanto a la juventud, es un indicador estadístico infalible de vejez prematura. Con el tiempo casi todos rejuvenecemos intelectualmente para acabar votando conservador como pimpollos, pero a mayor cercanía a los potitos Nutribén mayor simpatía ontológica por Iglesias, Colau, Maduro, Castro, los nacionalismos, el socialismo y demás rebañaduras ideológicas de lo más vetusto del siglo XX.
El caso es que hacía al menos cincuenta o sesenta años que no gozábamos de una generación perdida como la de aquellos que ahora rondan la veintena. Si políticamente son una generación banal, hipersensible y victimista, unas plañideras de mesa camilla y vaso de Cola Cao, culturalmente son intrascendentes.
Los cabezas de cartel de sus festivales de música rondan la edad de jubilación. El trap, probablemente el culmen de su malotismo, le sonaría beato a cualquier cantante folk de los años sesenta, no digamos ya a los Ice-T y NWA de los años ochenta. No compran libros y cuando lo hacen resultan ser los de Marwan, Rayden y Defreds, lo más cerca que la poesía estará jamás de las tazas motivacionales de Mr. Wonderful. Cinematográficamente no se les conoce una sola idea original, un solo director a seguir, un solo ramalazo de talento que invite a pensar que quizá, ojalá, si acaso, tal vez, haya por ahí algo que rascar. Sólo Chazelle y Dolan se salvan de la quema, y sólo el segundo de ellos es lo que podría denominarse un director “generacional”. Sus youtubers son, en el mejor de los casos, interesantes como fenómeno antropológico y poco más.
Su moda es intrascendente y no surge espontáneamente de la calle o de tendencias políticas,  intelectuales, musicales o literarias sino de los intereses comerciales de la marca de moda de turno. Su egocentrismo y su narcisismo los convierten en desesperados attention whores cuya autoestima depende del número de me gusta que reciba su última foto en las redes sociales. Su uso de la tecnología es alienante, gregario e impersonal. Sus aplicaciones de ligoteo, un mercado de carne que convierte en vanguardistas a los autobuses cargados de mujeres solteras que de vez en cuando llegaban a tal o cual villorrio solitario de la España profunda con gran alharaca de los labriegos locales, de la prensa regional y de Televisión Española. Un chollo para los departamentos de marketing de la multinacional de turno, que los prefiere acríticos, uniformados y apelotonaditos.
Sus principales reivindicaciones en el terreno educativo se basan en peregrinas teorías pedagógicas que ya sonaban pánfilamente caducas en 1970. Eso cuando no se limitan a demandar menos exámenes y exigencia con una visión de la realidad que convierte a los defensores de la ley del mínimo esfuerzo y de la teoría de la ciencia infusa en severos calvinistas. Ideológicamente son pasto fácil de las políticas de la identidad, probablemente la superstición más individualista, disgregadora y egoísta de todas las que tenemos el privilegio de disfrutar en la actualidad. Su desconocimiento y desprecio de la ciencia es deprimente.
Parecen obsesionados con sus genitales y sus apetencias sexuales, esas que a nadie más que a ellos le importan un soberano pimiento, hasta el punto de convertirlas en rasgos definitorios, esenciales y sustanciales de su persona. Suelen describirlas con decenas de siglas y acrónimos por cuya pureza y ortodoxia discuten entre ellos hasta el delirio.
Cuando dejan de despellejarse entre sí por el dogma de fe de turno, organizan multitudinarias orgías de pensamiento gregario en las redes sociales. Los medios los llaman “linchamientos” pero no son más que botellones del miedo y el apocamiento, que ellos disimulan amenazando a todo aquel adulto que osa elevar su pensamiento por encima del simplismo del quinceañero medio. Su carencia de herramientas válidas para lidiar con la realidad los convierte en pasto fácil de aprendices de cacique, empresarios del sector de la cultura y populismos varios.
Son grandes devotos de los conceptos del safe space y el apropiacionismo cultural y con eso está todo dicho.
Que pase la siguiente generación, que esta ha salido defectuosa.

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