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Durmió sin las botas puestas

Javier Quero

Y se las mangaron. Las botas. Un alpinista decidió pasar la noche en un refugio del Mont Blanc a 3.800 metros de altura y al despertar le habían birlado el calzado. Ahora entiendo lo que los medios insinúan al informar de una escalada de robos.

Y se las mangaron. Las botas. Un alpinista decidió pasar la noche en un refugio del Mont Blanc a 3.800 metros de altura y al despertar le habían birlado el calzado. Ahora entiendo lo que los medios insinúan al informar de una escalada de robos. A la víctima la tuvieron que rescatar en helicóptero porque por la nieve, descalzo, se camina regular.

Se antoja entre las consecuencias de la crisis que los cacos tengan que buscar nuevos nichos de negocio, aunque eso les suponga emigrar hasta altas cumbres, donde a falta de un nuevo botín se conforman con unas botas viejas. Tan mal está la cosa para el delincuente de poca monta que el asalto se perpetra a salto de mata.

El hecho es más propio de un guión de Woody Allen que de las páginas de sucesos, donde los rateros han cedido protagonismo a otros expertos en el trinque más sofisticado. Cursos de formación inexistentes que chupan el erario para que prebostes sindicales y patronales se lo lleven calentito. Expedientes de regulación de empleo falsos con los que una barahúnda de cargos públicos se monta cargas privadas. Un duque que esconde los ingresos que empalma, un tesorero sobrestimado más sobresaliente que sobre entrante y hasta una ex ministra balanceándose entre el banco y el banquillo pululan en el punto de mira de los tribunales.

Esos sí que se han puesto las botas al llegar a la cima. En medio de esta jungla de la baratería, llegará el día en que la prudencia nos aconseje a todos acostarnos vestidos y calzados para salvaguardar la ropa, y en especial la tela. El pillaje se ha generalizado y no es plan dormir sin las botas puestas. Por precaución o para estar preparados por si hay que salir corriendo.

RefAid, la app para refugiados que fue creada en tan sólo un fin de semana

Redacción TO

Foto: MARKO DJURICA
Reuters

RefAid, una aplicación que utilizan más de 400 ONGs a lo largo y ancho del planeta -incluidas algunas grandes como la Cruz Roja, Save The Children o Médicos del Mundo- ayuda a conectar a miles de refugiados con diferentes e importantes servicios.

Esta app fue creada por Shelley Taylor, un exasesor de gigantes tecnológicos como AOL, Cisco, Microsoft y Yahoo. Ante la crisis humanitaria que vivimos en Europa, Taylor decidió crear una aplicación con la que poder organizar los servicios de las diferentes ONGs y las personas que necesitaran ayuda. A través de una plataforma de su propiedad que se dedica a ayudar a que los usuarios moneticen a sus seguidores y aprendan a manejar su marca, el exasesor de Sillicon Valley utilizó algunas herramientas que ya se usaban en la plataforma, como las de geolocalización y datos en tiempo real, para adaptarlas a RefAid. Tras preguntarle a algunas organizaciones humanitarias sobre sus necesidades más inmediatas en términos de comunicación, Taylor y su equipo crearon RefAid en el transcurso de un fin de semana adaptando Trellyz, la aplicación que había creado previamente para ayudar a las empresas a gestionar sus marcas.

Lo que logra RefAid es poner en manos de refugiados, migrantes y cooperantes un sistema de gestión de contenidos y comunicación que permite a las ONGs gestionar y actualizar sus servicios, con el fin de ofrecer su ayuda a donde, con urgencia, más se necesita.

RefAid solo pide a los refugiados un correo electrónico con el fin de proteger su identidad

RefAid – Refugee Aid App from trellyz on Vimeo.

Los refugiados y migrantes que llegan a Europa han pasado por experiencias a menudo traumáticas, por lo que pedirles que acudan a las autoridades si necesitan algo es complicado, ya que desconfían de ellas. RefAid solo les pide un correo electrónico con el fin de proteger su identidad. De esta forma están seguros que no serán devueltos a sus países de origen.

RefAid se puso en marcha en febrero de 2016 en el Reino Unido e Italia, y ahora está disponible en 14 países: Grecia, Reino Unido, Irlanda, Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Eslovenia, Croacia, Hungría, Bulgaria, Malta, Turquía y Estados Unidos.

Pasaportes y 'freesas' en la bienal de Venecia como respuesta a la crisis de refugiados

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Stefano Rellandini
Reuters

En 1992, en medio del colapso del socialismo y de la desintegración de la Yugoslavia tumultuosa, un grupo de artistas se unieron para crear un estado de ficción utópica en Eslovenia, el ‘Nuevo Arte Esloveno‘ (NSK, por sus siglas en alemán). Ahora, 25 años más tarde, el colectivo NSK tiene un pabellón nacional en la 57ª edición de la Bienal de Venecia y entrega pasaportes a cualquier persona que desee convertirse en un ciudadano de su “nación”, siempre y cuando se cumplan los requisitos y se consiga superar todas las trabas existentes para acceder al documento de identidad.

El colectivo artístico busca mostrar a los visitantes el proceso al que muchos refugiados se enfrentan a diario.

El NSK, el único Estado sin territorio físico que tiene un pabellón en la bienal, se considera un estado sin fronteras y asegura que su “único territorio es la dimensión del tiempo”. Se trata de un país no reconocido oficialmente y su pasaporte no es un documento válido para viajar por otros países, pero sí una reivindicación artística como respuesta a la crisis de refugiados.

Pasaportes y 'freesas' en la bienal de Venecia como respuesta a la crisis de refugiados 1
Pasaportes del NSK | Foto: cortesía del NSK State Pavilion

El artista turco Ahmet Öğüt es el comisario de la instalación, una especie de oficina de expedición de pasaportes a la que pueden acceder los miles de visitantes que fluyen fácilmente y legalmente por Venecia para que puedan enfrentarse al desesperante trámite burocrático que deben superar todos los refugiados que buscan asilo en Europa.

Una vez en el pabellón de NSK, los visitantes son sometidos a una serie de obstáculos. Tras cruzar una cortina,  deben acceder por unas escaleras inclinadas y con ruedas al piso superior, que es donde se encuentra la oficina de expedición de pasaportes. Otra opción, para los más atrevidos, es acceder a través de la cama elástica que hay en la exposición.

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El comisario, Ahmet Öğüt | Foto: Batu Tezyüksel, cortesía del artista

Los cuatro agentes designados por NSK para procesar los documentos legales del estado también son muy diferentes de los burócratas que normalmente se encuentran sentados detrás de un escritorio de emisión de pasaportes. Con la ayuda de las ONGs locales, NSK trabaja con cuatro refugiados que han realizado viajes peligrosos desde Nigeria, Ghana e India, antes de terminar en las costas de Italia. Los refugiados actuarán como los funcionarios del pabellón durante los seis meses que dura la Bienal.

Las ‘freesas‘ de Túnez

El NSK no es el único pabellón que ofrece una propuesta de este estilo en la Bienal. El pabellón de Túnez también ha elegido realizar una exposición de arte no tradicional, y en su lugar ha creado un quiosco de emisión de unas visas muy especiales, las ‘freesas, unos documentos que representan un mundo idílico donde “los seres humanos pueden fluir libremente de un país a otro”.

El colectivo de artistas ‘La ausencia de Caminos’, que representa a Túnez este año en la Bienal de Venecia a través de su comisaria, Lina Lazaar, propone un lugar más simbólico e interactivo para fomentar la reflexión sobre el tema de las fronteras y poner de relieve el espíritu de la propia Bienal, sobre la base de una ausencia de éstas. La exposición se verá enriquecida continuamente por diversas contribuciones de los artistas a lo largo de la Bienal para crear una obra de arte al final, que incluirá las obras más importantes presentadas.

A través de tres puntos simbólicos y una plataforma en línea, permitirá a los visitantes estampar su huella en la visa que recibirán en un pequeño libro azul que incluye estadísticas alarmantes sobre la crisis de los refugiados (3,2 millones de personas se encuentran actualmente en un limbo legal) e información sobre pasaportes (un pasaporte alemán es mucho más poderoso que otros, ya que permite obtener una visa gratuita en 176 países).

En la primera página de este libro azul se puede leer un poema persa del del siglo XIII del estudioso del Islam, Maulana Rumi, que dice:

“Yo no he venido aquí por mi propia voluntad,
y no me puedo ir así.
Quienquiera que me haya traído aquí,
tendrá que llevarme a casa”.

Save

¡Annie Hall cumple 40 años!

Ana Laya

Tal vez deba advertir de entrada que este es un artículo ridículamente subjetivo. Soy fan de Woody Allen (sí, es complicado) y me encanta Annie Hall, esa sutilmente triste historia de un amor tan posible y lógico como absurdo e imposible.

Mis razones son simples y nada originales: me encanta la dupla Allen-Keaton; sueño con el día en el que en mi vida suceda algo parecido como el momento de Marshall McLuhan y el intelectual insoportable en la cola del cine; me he visto intentando recrear -patéticamente- momentos icónicos de una relación (como el de las langostas) y fracasando -patéticamente- como Alvy; me he disfrazado de Annie y jamás me han quedado bien ni el chaleco ni la corbata… pero no pierdo la fe; aprecio que Allen haya logrado percibir y retratar esa urgencia -aún muy patente- de ciertos hombres de “educar” a las mujeres y ayudarlas a “entender el mundo”, esa condescendencia espolvoreada con edulcorante que vendría a ser lo que Rebecca Solnit llama mansplaining... y en general me parece que es un retrato hermoso del Nueva York de los 70s y una fuente inagotable de citas, siendo la que más me gusta repetir aquella famosa de Freud:

“Nunca querré pertenecer a un club que acepte a alguien como yo de miembro”.

Annie Hall, además de ser la sexta película escrita y dirigida por Woody Allen, fue la primera que le valió un Oscar como mejor Director y uno como Mejor Actriz a Keaton, además de llevarse el de Mejor Guión Original y hasta el de Mejor Película, derrotando a Star Wars… ¡a Star Wars! ¡Triunfo para los izquierdosos, comunistas, judíos y pornógrafos gays de Nueva York! El guión, escrito por Allen y Marshall Brickman, fue reconocido en 2015 por la Writers Guild of America como el Mejor Guión de Comedia jamás escrito. Y finalmente, la idea original del proyecto Anhedonia, título que tenía originalmente el proyecto y que afortunadamente se descartó, fue el germen de otra de mis películas preferidas de Allen: Misterioso asesinato en Manhattan. Creo que siento debilidad por los hipocondríacos (y por las enfermedades… pero esa es otra historia).

En fin, podríamos pasar el día entero leyendo artículos que analicen sus méritos, escudriñen sus detalles y enumeren sus trivias, pero honestamente la mejor manera de saber cómo ha envejecido la película es volviéndola a ver.

Si mis razones no son suficientes, aquí 7 escenas neuróticas y geniales para que la recuerden, para que la conozcan si no han tenido hasta ahora el placer, y para que en cualquier caso se la apunten como plan para uno de estos fines de semana de primavera.

¡Disfruten!

1. “Me gusta el cuero.”

2. “La masturbación es sexo con alguien a quien quiero.”

3. Marshall McLuhan is in da house.

4. “Me encanta ser reducida a un estereotipo cultural.”

5. “Se me olvidó mi mantra”.

Sí, Jeff Goldblum aparece en Annie Hall… 5 segundos.

6. Los subtítulos.

7. El inolvidable monólogo inicial.

Sí, la vida está llena de soledad, miseria, sufrimiento, infelicidad… y se acaba demasiado rápido. WoodyAllenada fundamental.

¿A quién pedimos cuentas por no acoger más refugiados?

Antonio García Maldonado

La atención a los que huyen de la guerra e intentan entrar en Europa para salvar su vida debería ser una de las prioridades políticas de todas las administraciones públicas. Y así lo reclama cada manifestación que durante los últimos días se ha convocado a lo largo y ancho del continente, con especial fuerza en Barcelona. Se exige un cambio en la política de acogida: más cuotas, mejor trato. Welcome Refugees. Son reclamos legítimos y esperanzadores que yo comparto y defiendo. Hay un deber moral que no se puede eludir, y no hay un “wonderful and beautiful wall” que pare a personas que no tienen nada que perder.

Pero no deja de sorprender que el foco de los reclamos se haya puesto, precisamente, en las instituciones comunitarias. La UE, dominada por los Estados y el Consejo en un momento de repliegue nacionalista y auge del populismo xenófobo, no es culpable de la cuota rácana que cada país ha decidido con el único criterio de que su panorama político no sea engullido por los Le Pen, Wilders, Farage, Orban o Kazynscki. La Comisión es una institución encargada de realizar el trabajo sucio, el brazo ejecutor y no decisor de una política basada en el repliegue identitario del Estado-nación, no en el federalismo europeo. La culpa, por tanto, no es de la Unión Europea, sino de los Estados, ineficientes a fin de cuentas para resolver un problema de esta envergadura, pero que conservan el poder balsámico de la promesa de la frontera segura. Más Europa es menos Estado. Y eso hay que votarlo.

Aunque, siendo los Estados más responsables que la UE, tampoco son estos entes insolidarios por capricho. La realidad es que, a poco que los países aprueban políticas de asilo generosas, la extrema derecha crece. Pensemos en Merkel, a la que creció a su derecha Alternativa por Alemania apenas soltó un Wilkommen a los refugiados. O en Gert Wilders, que sigue subiendo en las encuestas pese a decir que acabará “con la escoria marroquí” de Holanda. Muchos ciudadanos apoyan estas declaraciones. Y esa presión de base se traslada a sus Gobiernos, que su vez empujan en el Consejo para restringir las cuotas de asilo.

¿Qué tal, por tanto, si empezamos por admitir que este no es un problema de una casta de burócratas insolidarios de Bruselas contra un pueblo deseoso de echar una mano frente al drama? A lo mejor más de uno se encontraba, sin darse cuenta, manifestándose contra sí mismo. Estamos en una lucha política entre unos ciudadanos y otros, y es en el mercado político electoral donde se jugará la partida. No en los despachos de Bruselas. Las manifestaciones contra los gestores son necesarias, pero más aún la persuasión con el vecino receloso.

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