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Requiem for a pizza

Jesús Terrés

Pero para chulos, nosotros. Así que subimos la ciega: os devolvemos la lista de las narices aportando nuestro granito de arena. Los diez alimentos más adictivos (y poco recomendables) del mundo, pero con nombres y apellidos.

“Si tienes problemas en el trabajo por el alcohol y las drogas. Deja el trabajo.” Keith Richards

Traigo malas noticias. En concreto, dos malas noticias. La primera: científicos estadounidenses (la Universidad de Michigan y el New York Obesity Research Center de Mount Sinai) han demostrado que existen alimentos tan adictivos que actúan en nuestros pusilánimes cerebros como una droga y los han plantado ahí, en una fría lista, uno sobre otro: placa, placa. La segunda —e indudablemente más importante: la pizza encabeza la lista prohibida. Obviamente el ranking está plagado de grasas y carbohidratos refinados, ni rastro de coliflor hervida o tofu.

Pero para chulos, nosotros. Así que subimos la ciega: os devolvemos la lista de las narices aportando nuestro granito de arena. Los diez alimentos más adictivos (y poco recomendables) del mundo, pero con nombres y apellidos. Estos son nuestros placeres culpables “ilegales” favoritos:

—Pizza: de papada de cerdo ibérico y alcachofas en Picsa.

—Chocolate: rocas de almendras caramelizadas de Paco Torreblanca.

—Patatas fritas (de bolsa): Bonilla, sin ningún lugar a dudas.

—Galletas: Jules Destrooper, mantequilla hasta decir basta.

—Helado: Maxibon cookie de vainilla. Sí, ¿qué pasa?

—Patatas fritas: Las de Meat Madrid.

—Hamburguesa con queso: New York Burger.

—Panceta: “Saam” de panceta ibérica a la brasa en StreetXo.

—Torta: del Casar, obviamente.

—Quesos: Hoy Camembert de Normandía, mañana quién sabe.

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El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack

Jorge Raya Pons

Foto: Reuters

David Carr vivió una larga cuesta abajo disparado y sin frenos cuando descubrió los senderos de la droga, que le transformaron en un hombre terrible. Muchos años después, siendo un periodista exitoso y reverenciado en The New York Times, quiso explorar aquella sala oscura que era su pasado y abordarla en un libro que se llamaría La noche de la pistola, editado ahora en España por esa caja de sorpresas que es Libros del K.O. Carr viajó a los lugares donde vivió, entrevistó a docenas de personas que conocieron al antiguo yo y le quitó el polvo a un buen puñado de documentos archivados que incluían fichas policiales y sentencias.

No es sencillo encontrar personas tan esforzadas por alcanzar un grado tan elevado de autoconsciencia. David Carr era –fue– un maltratador –golpeó a dos de sus exparejas– y un yonqui, un periodista extraordinario y un padre entregado. Tendemos a imaginar que hay todo un mundo entre los polos, y sin embargo está a un tiro de coca de distancia. En este libro, Carr rescata un puñado generoso de experiencias especialmente repugnantes. Como el día en que olvidó a sus hijas en el coche cuando hizo una visita nocturna a su camello, con quien pasó la noche entera. Cuando salió de la casa, las niñas continuaban allí, en sus sillitas, vestidas con sus monos de invierno.

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David Carr, junto a sus hijas, Erin y Meagan. | Fuente: Archivo de David Carr

En otro momento, el periodista cuenta la historia emotiva, reveladora y profundamente trágica de su amigo Dave, a quien conoció en desintoxicación y de quien escribe que “tenía hijos” y le enseñó “muchas cosas, no solo sobre ser padre, sino sobre ser un hombre de verdad”. Dave fue una mano tendida en su rehabilitación: cuidó de él, cuidó de las niñas, se aseguró de que asistiera a cada una de las reuniones. Los años pasaron, Carr logró recuperarse, y ambos tomaron distancia.

Algunos años después, Carr visitó a Dave; un amigo común le avisó de que era momento de hacerlo. Dave estaba en su cama, hinchado y sin fuerzas y terriblemente enfermo. Hablaron de las niñas, de deporte, y prometieron volver a verse otro día. Carr se despidió, y supo en ese momento que no volverían a verse. Así que le dijo: “Te debo todo lo que tengo en el mundo. Has hecho mucho. Ahora puedes descansar”. Y se marchó.

Es posible que David Carr carezca del virtuosismo literario de Burroughs y de tantos otros que exploraron la mística y la ruina de la adicción a las drogas. Pero tampoco importa: Carr lo hace con una honestidad brutal, abriéndose en dos y exponiéndose sin reparos. Y aunque a menudo cae en la bravuconería y en un punto nada lejano a la autocomplacencia, el libro deja a las claras que su vocación principal es la expiación de sus pecados. Una confesión larga y documentada ante Dios y ante sus lectores.

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La noche de la pistola, de David Carr (Libros del K.O.) | Foto: The Objective

Carr, que tantos méritos hizo para morir en una sobredosis, o en una pelea entre colgados, o en un accidente de tráfico, que sobrevivió a un cáncer particularmente agresivo y que recayó en el alcoholismo, murió muchos años después, en 2015, tras desplomarse por un infarto frente a su mesa en el Times. Tenía 58 años.

Carr escribió un libro valiente. Detrás de sus gemelas, que crecieron felices y fueron a la universidad –he obviado que crecieron entre jeringuillas; su madre también era yonqui–, su gran legado es este libro que sirve como advertencia: hay épica y diversión con las drogas, pero solo antes de crear descontrol y una probabilidad muy alta de destrucción. Su amigo Ike se lo dijo en otras palabras: “¿Vas a ser leal a un jodido concepto como el de ser artista? ¿O vas a ser leal a unos seres humanos de los que eres responsable?”. Y Carr, casi en los últimos párrafos, escribe: “Siempre te dicen que tienes que curarte por tu bien, pero lo único que me permitió dejar de hacer el imbécil fue recordar que otras personas dependían de mí”. Este libro es la declaración de amor a sus hijas.

Continúa leyendo: Elvis Presley: 7 cosas que quizá no conocías sobre el Rey

Elvis Presley: 7 cosas que quizá no conocías sobre el Rey

Jorge Raya Pons

Foto: AP Photo

La sombra de Elvis es alargada: no solo ha vendido entre 500 y 600 millones de discos —parece imposible dar una cifra exacta—, sino que se ha convertido en una referencia cultural básica del siglo XX. Con su pelo engrasado, los mechones meciéndose en su frente cuando movía las rodillas y las caderas. Antes de morir el 16 de agosto de 1977, hace 40 años, Elvis apenas podía respirar cuando se presentaba ante el público, obeso y cansado, pero conservaba ese atributo hipnótico y nada común de absorber todas las miradas. Desde entonces nadie ha conseguido alcanzarle y, a día de hoy, mantiene el trono del rock and roll.

Si quieres conocer un poco más sobre el Rey, te contamos siete cosas que quizá no conocías sobre él.

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Cocinar con golosinas, gastronomía de chefs y de aficionados

Redacción TO

Foto: The Objective
The Objective

La alimentación es una de las mayores preocupaciones de nuestro día a día. Concienciados de que tenemos que cuidar nuestra salud y llevar una dieta equilibrada, solemos privarnos de algunos caprichos que nos encantaría probar, entre ellos, las golosinas. Sin embargo, éstas empiezan a estar incluidas, cada vez más, en la gastronomía contemporánea, convirtiéndose en protagonistas, con sus colores y sabores, de las recetas de los mejores chefs o de los hogares qué más disfrutan elaborando menús especiales.

Todos recordamos los dulces de nuestra infancia, acomodados a las tardes de los fines de semana o en algún día especial en el que solíamos ir con los amigos a la tienda y elegir las mejores chucherías con la paga semanal. Ahora esos recuerdos siguen formando parte de nuestro día a día porque el arte culinario ha ido cambiando y desarrollando tantas combinaciones que las golosinas ya forman parte de diferentes y originales platos culinarios.

La restauración avanza a pasos agigantados, adaptándose a las nuevas tecnologías en los fogones y a la hora de presentar modernos bocados. Es por ello que la innovación es una pieza clave para seducir a nuevos paladares pero también para seguir conquistando a los más selectos. El chef y el sociólogo Adoni Aduriz e Iñaki Martínez lo tienen claro. Ambos defienden la importancia cultural y culinaria de estos dulces y nos dan algunas ideas para incluir las golosinas en nuestra dieta diaria de una forma saludable.

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Dulces llenos de chocolate. | Foto: Edgard Garrido / Reuters

Encontrar el rato idóneo para ponerse a cocinar no debería costarnos nada si el resultado es un apetecible postre hacia el que se nos va la vista y la cuchara. Las opciones son variadas y la más destacada y socorrida es el típico bizcocho casero que todos sabemos meter en el horno, hecho a base de harina, huevos y aceite. Una buena decoración entra por los ojos así que por qué no añadirle una cubierta de golosinas y hacer algo más vistoso el picoteo final.

Para los más pequeños de la casa, hace falta más imaginación pero esto tampoco es problema. Después de una costosa comida verde, la prometida recompensa puede ayudar; unas galletas adornadas con pequeños trocitos golosos o unos ricos crepes rellenos de fruta pero con alguna sorpresa dulce entremedias para dar color y sabor a los caprichos más deseados.

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Crepe de frambuesa. | Foto: Alisa Anton / Unsplash

Y si queremos que la comida desaparezca rápidamente de la mesa, una original propuesta es una tarta de chucherías, cuya preparación es bastante fácil; bajo una lámina de corcho blanco, se van colocando los dulces sobre palillos anclados a la base. Otra alternativa para impresionar a alguien es preparar, de igual manera, un bonito ramo y enmarcar un momento importante o una cita especial.

Ahora que los alimentos son tan examinados por su valor calórico y por las sustancias perjudiciales que contienen, es el momento oportuno para innovar. Para ello, la clave está en seguir descubriendo productos que no perjudiquen nuestra salud y que, además, configuren unos platos atractivos a la vista y que combinen a la perfección con nuestro día a día para que la rutina no invada también nuestras cocinas.

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La marihuana, la nueva mina de oro para los planificadores de bodas

Redacción TO

Foto: RRSS

Camareros con canapés, un cortador de jamón, marisco, bandejas con champagne, un hombre liando cigarros… ¿Cigarros? No, porros. La legalización de la marihuana recreativa en un puñado de estados americanos ha agudizado el ingenio de los planificadores de bodas que han visto en esta droga todo un tirón económico en Estados Unidos, sobre todo en aquellos estados en los que el cannabis es legal.

Ramos de novia hechos con plantas de marihuana, mermelada para los invitados elaborada con cannabis, boutonnieres de yemas y hojas de marihuana, vestidos de novia con motivos de esta planta… La industria de la marihuana llega pisando fuerte haciéndose un hueco entre los wedding planners, desde el servicio de cena hasta los paquetes de vacaciones. 

En Colorado, donde la marihuana recreativa ha sido vendida legalmente desde 2014, cada año tiene lugar Cannabis Wedding Expo, un evento donde los novios pueden reunirse con vendedores de marihuana para preparar su día más especial. “Cannabis Wedding Expo da a las parejas la oportunidad de interactuar con planificadores de bodas tradicionales y proveedores de cannabis para incorporar la marihuana en su boda con clase y con gusto”, apunta la empresa en su web.

Sn embargo, la empresa líder en este servicio es Love and Marij, que se definen como “vendedores amistosos de bodas de cannabis” ofrecen a las parejas todo tipo de ofertas.

Barra libre de marihuana

Muchos entusiastas de esta nueva moda piensan en el alcohol como una “toxina anticuada”, de la vieja escuela, cuyo abuso puede provocar “conflictos familiares ya que su consumo en exceso puede alterar a los asistentes”. Por ello apuestan por los ‘canna -bar’, barra libre de cannabis para todos los invitados –excepto menores, claro-.

La empresa Cultivating Spirits, que organiza todo tipo de eventos con esta droga como protagonista, ofrece dos horas de barra libre de cannabis por 300$, con un adicional de 100$ por hora más, incluyendo instrumentos como prerolled, vaporizadores y tubos de vidrio.

Di hola a una nueva moda dentro de una profesión en auge. ¡Porque ahora el cannabis es el nuevo champagne!

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