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Al fin una buena razón para frecuentar librerías

Joaquín Jesús Sánchez

Foto: CHARLES PLATIAU
Reuters

A una librería no hay que ir (¡contra todo pronóstico!) a comprar libros. No, al menos, desde que el progreso nos permite comprar cualquier cosa en pijama y babuchas. Es cierto que el librero te recomienda buenos libros, pero, ¿no hay algoritmos de publicidad mucho más documentados (y con mucho más empeño)? La única diferencia es eso que se llama «el toque humano». Y no exageres: todavía existen los culturales y la crítica; y algún amigo lector tendrás, digo yo.

Por eso, a las librerías no hay que ir a comprar libros: hay que ir a husmear. Verás: la gente que sigue comprando libros, ahora que se puede tener la biblioteca de Alejandría en una pantallita, establece unas relaciones curiosísimas con estos objetos. ¡Objetos! Un libro no es un texto: un libro es una cosa. Por eso importa el gramaje del papel, el tipo de impresión, el modo en que está encuadernado, la tipografía y la portada. ¡Qué divertido es verlos escoger! Los tocan, los abren, los comparan. Preguntan alguna cosa al librero. Los vuelven a mirar. Hay una multitud de gestos a los que hay que estar atento: cómo se pasan las yemas por el papel, cómo se arquean los dedos al abrir las páginas, cómo se entornan los ojos al examinar las tapas. ¡Estás siendo testigo de un momento privadísimo! Y completamente a salvo, haciendo como que estás a otra cosa; como en esas películas de espías de sombrero y gabardina, que se refugian detrás de un periódico (qué grandes eran esos periódicos, ¿no?).

Y si la librería no es la sucursal de una cadena, ¡qué gran felicidad! ¡También se puede diseccionar al librero! ¿Qué extraña sucesión de apetencias le habrá hecho tener esos libros y no otros? ¿Y ese orden? Si el orden de una biblioteca pretende ser científico, el de una librería no sólo eso, ¡también mercadotécnico! Repasar los estantes es como oír una confesión o jugar al psicoanalista (¿hay entre estas cosas alguna diferencia?). Si se busca con atención, en algún momento aparece el ejemplar a la moda, desentonando: ah, ¡el deseo de vender!¡Los vicios del mundo! Qué gran consuelo encontrar la bajeza ajena.

Es difícil curiosear en las bibliotecas ajenas, salvo que uno pertenezca a una experimentada estirpe de atracadores nocturnos. Mayorga, el dramaturgo, me hablaba hace unas semanas de un supuesto coleccionista que no enseña su colección, porque el que la viese accedería a algo íntimo, como un retrato; porque el coleccionista, para acrecentarla, habría cometido, en algún momento, hechos vergonzosos. Pero tú, frecuentador de librerías, puedes disfrutar del momento inicial, de los detalles de la adquisición de una nueva pieza: de los titubeos, del entusiasmo o de la resignación. ¡Ni todos los Amazones del mundo pueden procurar eso! Así que ve a hacer de mirón y no te preocupes con moralinas: ¿cree que los otros no te observan?

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Llegó el 155

Melchor Miralles

Foto: Francisco Seco
Reuters

Era inevitable. Ya llegó el 155. Puigdemont y los suyos estarán celebrándolo. Han puesto todo de su parte. Ahora veremos lo que sucede. Es un artículo de la Constitución, como tantos otros, sin desarrollar, y dependerá de la resistencia que apliquen las autoridades, o sea, la Generalitat, que genere incidentes o no. Si cada uno cumple con sus obligaciones no sucederá nada más que seguirá aplicándose cada día la legislación que se han dado los catalanes.

Hay más de uno ye de dos entre los independentistas que quiere jaleo, resistencia, más palos, fotos de altercados para ocupar escaparate en la prensa internacional y nacional. El papel de los Mossos d’Esquadra, de los mandos, va a ser esencial.

El Gobierno no tenía otra alternativa. Incluso es probable que haya puesto en marcha la maquinaria con retraso. El 155 no suspende la autonomía catalana, es un artículo que pretende que se cumpla la legalidad vigente. No es un Estado de sitio, excepción o guerra, como algunos quieren hacer ver. Lo que se pretende con su aplicación es que aquellas autoridades autonómicas que no están cumpliendo con sus obligaciones sí lo hagan, es, en definitiva, restablecer la normalidad democrática y garantizar que se respetan las leyes.

Si la Generalitat no desobedece, como viene siendo habitual desde hace tiempo, no pasará nada más en Cataluña que los ciudadanos tendrán garantías de que se cumplen la Constitución y el Estatuto en su territorio. Así de difícil y así ee complicado, a la vez. El 155 que ya ha llegado.

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Las calles de Lavapiés se llenan de gastronomía y música con Tapapiés

Redacción TO

Foto: Tapapiés

Este jueves 19 de octubre vuelve una de las rutas de tapas más conocidas de Madrid. Tapapiés llega a las calles del barrio madrileño de Lavapiés con más de 100 tapas de todo el mundo, a las que se suman 68 actuaciones, para llenar de vida aún más este barrio multicultural de la capital.

Hasta el domingo 29 de octubre, Lavapiés se convertirá en un lugar donde poder disfrutar de una gran oferta gastronómica y cultural que acercará a todo aquel que se paseé por sus calles los sabores y ritmos de diferentes lugares del mundo.

Concurso de tapas

Tapapiés, organizada por la Asociación de Comerciantes de Lavapiés Distrito 12 y patrocinada por Estrella Damm, no es una ruta de tapas cualquiera. Más de 80 bares y restaurantes se preparan durante todo el año para ofrecer a los madrileños y a los numerosos turistas de la ciudad sus mejores creaciones.

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La cucutapa, la tapa del bar La Chulapa. | Foto: Tapapiés

Entre todas ellas, con una gran variedad de sabores del mundo y fusión de cocinas de diferentes lugares con la gastronomía española, el público otorga el premio popular a la mejor tapa.

Todo aquel que quiera votar para que su tapa favorita reciba este premio popular puede hacerlo a través de la página web de Tapapiés o a través de su app gratuita. Se puede valorar cada tapa, y además tiene premio, porque los comercios del barrio también participan en esta iniciativa, y quienes voten entrarán en el sorteo de vales de regalo para gastar en los locales de Lavapiés.

Música y mucho más

Tapapiés no es sólo una ruta gastronómica, también cuenta con una gran oferta cultural. Las calles de Lavapiés se convertirán en el escenario de 30 bandas de música, obras de teatro y actuaciones circenses que llenarán de vida las tardes y noches de uno de los barrios más vivos de Madrid.

Del 20 al 22 y del 27 al 29 de octubre tendrán lugar las actuaciones a pie de calle, en las que se escuchará desde rock’n roll, soul, swing o jazz hasta flamenco y reggae, entre otros estilos musicales. Grupos como Blues Lee, Afro Jam, Club del Río o Mighty Vamp alegrarán con sus actuaciones las plazas y calles más típicas de Lavapiés.

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El grupo Hakuna Ma Samba actúa en las calles de Lavapiés. | Foto: Tapapiés

La música será la principal protagonista de las calles de Lavapiés en los días en los que dura esta ruta de tapas, pero también habrá otras actividades culturales para que quienes quieran disfrutar al máximo de Tapapiés puedan asistir a jornadas de cine, clases de baile o exposiciones de arte.

Las tapas

En la aplicación de Tapapiés y en su página web se puede ver qué tapa ofrece cada bar o restaurante. Todas ellas cuestan 1,5 o 2,5 euros con un botellín de Estrella Damm, y entre ellas hay algunas de lo más tradicional, como los caracoles de ‘Donde da la vuelta el viento’ o los callos a la madrileña de ‘Peñalaire’, hasta cocina fusión, como el gazpacho de flor de jamaica del ‘Ven ven ven’, pasando por platos de casi todo el mundo.

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El gazpacho de flor de Jamaica del ‘Ven ven ven’. | Foto:

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La tapa de Caracoles de ‘Donde da la vuelta el viento’. | Foto: Tapapiés

Entre la oferta de Tapapiés hay cocina italiana, senegalesa, india, japonesa o mexicana. Además, entre las tapas hay una muchas aptas para vegetarianos y veganos.

Chollopiés

Los comercios de Lavapiés quieren participar también en estos días de cultura y gastronomía. Por eso, han creado Chollopiés. A través de esta iniciativa, los comercios han preparado un concurso cuyo premio son cheques regalo para gastar en los locales participantes.

Para participar, hay que realizar una compra en dos de los comercios que forman parte de Chollopiés. Con cada compra, el consumidor recibirá un sello en una papeleta que se puede encontrar en el libro de Tapapiés 2017 y que deberán depositar en alguna de las urnas que se encuentran en los propios comercios.

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La fe política

Gregorio Luri

Foto: Gonzalo Fuentes
Reuters

Cuando la fe religiosa impregnaba el ambiente, depositábamos pocas esperanzas en la política. Teníamos por evidente que las cosas humanas son sui generis y que el futuro siempre llega con sorpresas. Así que confiábamos en el más allá para culminar la aspiración a la perfección que de vez en cuando nos tienta.

La fe política fue creciendo a expensas de la fe religiosa. La fe, cuando parece ausente, es que se ha ido a vivir a otro sitio, a las ideologías supuestamente laicas, por ejemplo. ¿Qué era Marx, sino un predicador que se dirigía al mundo desde un púlpito de creencias? “Esto es así”, clamaba. Pero cuando alguien de otra fe acudía a ver lo que es así, se encontraba con una jaculatoria.

Con el triunfo de la fe política se impuso la convicción de que para todo problema político hay en algún lugar una solución. Por eso el político que elevamos al poder es el que nos ofrece de manera verosímil las soluciones que no sabe que no tiene y lo bajamos en cuanto intuimos que ha descubierto que en las cuestiones políticas –digan lo que digan los profetas a posteriori- nunca sabemos muy bien ni cómo hemos ido a parar en un atolladero ni, cómo, en el caso en que lo consigamos, hemos logrado salir de él. Sabemos cómo hacerlo mal, pero no sabemos garantizar que nuestras buenas intenciones garanticen buenos resultados.

Para desesperación de los que asistían con una vela encendida al entierro de la historia, el predicador político sigue vivo y coleando. Esto del fin de la historia, dicho sea de paso, era la fe en que las categorías políticas ya no tenían nada que ver con las teológicas, pero estamos asistiendo a la entrega de la credibilidad colectiva a políticos que nos aseguran que están en condiciones de conseguir que todo lo que nos va mal nos vaya no ya bien, sino estupendamente y que, además, se muestran dispuestos a cualquier sacrificio por nuestro bien (¿no es esto, exactamente, el populismo?).

La fe, lejos de ser una muleta en la conciencia de los débiles, es la confianza ciega que los fuertes depositan en lo que admiran, sin darse cuenta de que lo admiran porque lo ilumina su fe. La fe precede al ver. De hecho, eso que vemos como mundo no es sino lo que nuestros dioses nos entregan a cambio de la fe que depositamos como ofrenda en sus altares.

Hoy por hoy, a los que vivimos en Cataluña nos separa el mundo que vemos: nos separan los hechos, lo obvio, las evidencias, las perogrulladas. Nos separa, radicalmente, nuestra manera de pensar sintiendo.

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MeTro, el pegamento que sella heridas en 60 segundos ya es una realidad

Redacción TO

Foto: MeTro
Universidad de Sidney

Eliminar la sutura de nuestras vidas parece una quimera, pero no lo es. Numerosas iniciativas, como la de la Universidad de Harvard -que ha creado una nueva sustancia que permite sellar de manera eficaz las heridas resultantes de una cirugía, para la que se fijaron en el moco defensivo que crean las babosas.- están boga. Ahora hemos conocido la más innovadora. Una investigación participada por algunas instituciones de prestigio como la Harvard Medical School o la Universidad de Sydney ha dado con un sistema revolucionario que promete acabar con una de los intervenciones médicas más incómodas.

Este estudio ha dado con un innovador gel válido para cicatrizar rápidamente tejidos internos, tan rápido que puede hacerlo en tan sólo un minuto. Su nombre es MeTro y se trata de un pegamento quirúrgico capaz de proporcionar flexibilidad a los tejidos, un ‘pequeño detalle’ que se presentaba como el gran escollo de la investigación.

En vez de coser para unir la piel humana -lo que viene siendo una sutura-, este pegamento ofrece una alternativa menos invasiva y más higiénica. Entre sus virtudes que harán del cicatrizado algo mucho más cómodo, están el control de la degradación o la regeneración de los tejidos.

Más allá de cicatrizar heridas, en un futuro muy próximo podría ser empleado en el sellado de órganos. Así lo asegura Anthony Weiss, investigador de la Universidad de Sydney, que esclarece el enorme potencial del pegamento: “MeTro funciona en distintos marcos de actuación y soluciona problemas que otros no pueden. Sus aplicaciones son increíblemente variadas: desde tratar heridas graves internas hasta para emergencias como accidentes de tráfico, en guerras… Y, claro, las cirugías hospitalarias”.

Se trata, efectivamente, de un invento claramente esperanzador. Especialmente en las ocasiones en las que sellar una herida es fundamental, como en grandes pérdidas de sangre. En situaciones de conflicto puede ser un resolutivo muy conveniente. Por el momento, MeTro se está todavía en desarrollo, habiéndose probado con éxito en pulmones y arterias de animales de laboratorio.

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