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El sueño (destruido) de Pasqual Maragall

Jordi Amat

Puede ser nuestra gran noche. Esa sí. Esa más que cualquier otra. 25 de julio de 1992. Después de tantos años, tantísimos años, de cochambrosa excepcionalidad, una normalidad pletórica. Lo pareció y en gran medida lo fue. Una normalidad que parecía secularmente imposible y que se supo convertir en realidad (Juan Antonio Samaranch mediante) sin que incluso hoy, después de tanto fango, la atenúe una sola sombra de corrupción económica.

Normalidad. Tras años de diplomáticas negociaciones políticas y tensiones apaciguadas (por la vía de la represión pura y dura, ojo, en algunos casos), una normalidad que era catalana y española al mismo tiempo proyectándose en su constitutiva pluralidad hacía Europa. La periferia convertida en centro. El centro reconciliado con la periferia. Inauguración de los Juegos Olímpicos. Barcelona 92. Medalla de oro para la CT. Una marca no superada. No hemos vivido una noche mejor.

A eso de las diez, cuando el mundo nos miraba pero para descubrir el optimismo en nuestro rostro, el alcalde Pasqual Maragall (51 años) tomó la palabra. Habló durante 3 minutos y 33 segundos usando cuatro lenguas. Nuestras lenguas. Catalán y español, inglés y francés. El sentido y tanta sensibilidad de ese discurso lo reconstruye Jaume Badia –que fue su joven editor– en un libro colectivo publicado hace pocos meses. Se titula Pasqual Maragall. Pensament i acció y lo coordina un tal Jaume Claret. Es un gran libro. Tras este verano, que en Barcelona se presenta políticamente tan y tan placido, podrá leerse también en castellano. Intuyo que su silenciosa recepción será un índice más del sueño inacabado (hoy destruido) de Maragall.

Pero esa noche de verano, esa sí, el sueño fue tan real como la vida que se toca. Maragall se ahijó a la tradición de civilidad republicana, la suya, recordando a Lluís Companys, el presidente de la Generalitat en cuyo asesinato estuvieron implicados casi todos los fascismos. Clamó por que hubiera una tregua en la antigua Yugoslavia, refiriéndose a la carta que había recibido del secretario general de Naciones Unidas. E hizo una afirmación programática que, sin olvidar América Latina, enlazaba Barcelona, Catalunya y España con Europa, “nuestra nueva grande patria”.

Gracias al éxito de los Juegos Olímpicos, que pusieron las bases para que mi ciudad fuese percibida como una de las urbes más atractivas del mundo, el alcalde Maragall conquistó un prestigio internacional considerable. Lo puso en valor para intentar un ambicioso cambio de escala. Piensa en grande. Piensa, ay, más allá de la lógica de su partido. Maduraba un nuevo horizonte político que partiendo de lo urbano trascendía los límites de la ciudad. En último término se trataba de replantear los mecanismos de gobernanza a la vista de una transformación radical del mundo que se iba a imponer tras la caída del Muro de Berlín. Lo pensó desde el territorio. El suyo. Cataluña sería el punto de partida de un proyecto que tenía como punto de llegada una vertebración europea mejor y más densa. Sostenía Maragall que Cataluña sólo maduraría un encaje positivo con España en el marco de una Europa federal en construcción.

A mediados de la década de los 90, más que un programa de acción concreto, digamos que Maragall estaba madurando una filosofía política nueva e invertebrada cuyo horizonte era continental: una reflexión que asumía el desafío de las identidades y que pretendía ir amansando en diálogo con algunos de los principales referentes morales, políticos e intelectuales europeos. Es la hora de las cartas, memorables, a Rocard y Delors, a Semprún y Havel. De esa ambición teórica a su concreción en acción política acabaría por mediar un abismo. No funcionó. Porque el primer paso para avanzar, más allá de las buenas ideas, era no sólo elaborar una alternativa de gobierno para desbancar al nacionalismo pujolista menguante sino ganar la Generalitat. Y ganarla lo suficientemente bien. El instrumento para conseguir la victoria, construido en alianza con las otras fuerzas de izquierda catalanas, acabaría por ser la propuesta de reforma del Estatut.

La idea era una más en el conjunto de propuestas de Segunda Transición que se propusieron durante esos años. Propuestas en muchos casos contrapuestas porque iban desde el descaramiento nacionalista del aznarato a la soberanista Declaración de Barcelona firmada por el BNG, CIU y el PNB. La propuesta de España plural de Maragall –la que entroncaba con su venerable abuelo poeta, la que ETA obturaba matando y matando, la que se ajusta más a la realidad plurinacional del país (así lo sigo creyendo)– nunca tuvo el aval suficiente. Ni aquí ni allí. Y acometerla en esas condiciones fue su pecado original.

Cuando llegó la hora, con la cultura política de la aznaridad convertida ya en la hegemónica, la reforma fue elaborándose a trompicones, pecando de tacticismo y sin el consenso suficiente. Al contrario. El proceso de reforma, que al fin implicaba también una reforma de la Constitución de facto (repensar España desde Cataluña, el viejo sueño del catalanismo), actuó como una taladradora de los consensos. En Cataluña y en España. La legislatura Maragall, concebida por él mismo como una fase avanzada de estabilización del sistema constitucional, fue involuntariamente desestabilizadora, como acertó a definirla Guillem Martínez en La gran ilusión.

Por entonces vivíamos nuestro momento neocon. Un momento del que habla José María Lassaslle en su espléndido ensayo Contra el populismo. Cómo olvidarlo. Se elaboraban listas de productos catalanes invitando con animosa algarabía al boicot y el Partido Popular recogía firmas contra el Estatuto por las plazas de España. Eso sí era populismo. Puro populismo cañí. Los posteriores recursos presentados ante el Tribunal Constitucional contra el Estatut ya refrendado no digo que no fueran pertinentes pero, sin duda, también tendrían un precio negativo. Lo seguimos pagando. Corregir lo que había sido refrendado no fue una anécdota. Tesis Rubio Llorente: iba a quebrarse el pacto constitucional entre las instituciones nucleares del estado y la ciudadanía de Cataluña. Declarar inconstitucional, entre otras cosas, lo que afectaba a la piel de la ciudadanía –esto es, la negación de una afirmación de identidad nacional- fue un profundo agravio emocional y por ello la sentencia debería describirse también como una victoria del nacionalismo español. Pensar que el modelo de estado así quedaba clausurado ha sido fatal. Porque así se destruyó el sueño de Pasqual Maragall. Y así estamos.

Hace pocos días se organizó una ruta literaria por el barrio de La Marina de Barcelona. Uno de los altos del camino era en las afueras del Estadi Olímpic. Sonaba la canción histriónica que cantaron a duo Freddy Mercury y Montserrat Caballé para promocionar la candidatura de la ciudad. Allí tumbado, como un indigente –resacoso, muerto o agonizante-, estaba un hombre que vestía una vieja camiseta de los Juegos. No se le veía el rostro. Lo tenía oculto. Llevaba una máscara deshinchada de la mascota del 92. No era una escena improvisada. Formaba parte de la ruta. Hoy, definitivamente, parece que Cobi haya muerto.

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Claves para detectar si un e-mail es un fraude

Redacción TO

Foto: Farrel Nobel
Unsplash

El phishing es una de las estafas digitales más extendidas. Consiste en el intento, por parte de un ciberdelincuente, de obtener información confidencial de forma fraudulenta (como puede ser una contraseña, información detallada sobre tarjetas de crédito u otra información bancaria) a través de un correo electrónico.

A pesar de ser uno de los clásicos más longevos del cibercrimen, millones de personas siguen cayendo año tras año en la trampa de los e-mails falsos. Concretamente, y según un estudio de la compañía de ciberseguridad Norton, de 978 millones de personas que se vieron afectadas por el cibercrimen en 2017 a escala global, el 32% sufrió un ataque de phishing, o lo que es lo mismo, abrió un enlace o archivo adjunto en un e-mail malicioso.

Recientemente, una estafa masiva tuvo como objetivo a los usuarios del servicio de series y películas en streaming Netflix. Según alertó la compañá Panda Security en un comunicado, los ciberdelincuentes enviaron cientos de correos electrónicos falsos a usuarios de varios países en los que suplantaban “con bastante acierto” la identidad corporativa de Netflix. Los e-mails fueron enviados con el asunto Notice – Document, seguido por una serie de números, y solicitaban a las víctimas que verificaran sus datos de acceso a Netflix a través de un enlace. El objetivo final no era, según apuntan desde Panda Security, utilizar dichas cuentas, sino revender los datos a terceros para llevar a cabo ataques a mayor escala dada la extendida costumbre de los usuarios de tener una misma contraseña para distintos servicios.

Cuantos más usuarios sean conscientes de que existen estos tipos de ataques, más ejemplos conozcan, y más consejos reciban para saber cómo identificarlos, las víctimas de phishing disminuirán considerablemente. Por ello recopilamos las claves para detectar si un e-mail es un fraude que busca robarnos nuestra información:

1. Fíjate en el correo del remitente

Una forma de detectar de primeras si un correo es malicioso es su remitente. Si el e-mail lo envía una cuenta de correo llena de cifras y letras incongruentes, seguramente sea un fraude. Si este además busca suplantar la identidad corporativa de alguna empresa, como en el caso de los correos falsos de Netflix que comentábamos anteriormente, es importante que nos fijemos en el dominio de la cuenta. Un @nelflix.com podría llevar a engaño de una pasada, pero no si releemos bien.

2. Comprueba el asunto del e-mail

El asunto es otro indicador que puede mostrarnos, incluso antes de abrir el correo, es el asunto del mismo. Desconfía si la línea del asunto es muy vaga o no concreta realmente sobre lo que trata el interior del correo -ese Notice – Document del falso Netflix sería un ejemplo perfecto-. Si el asunto no te convence, elimina directamente el correo antes de abrirlo.

Claves para detectar si un e-mail es un fraude
‘Mensaje nuevo – Apple’ no parece un asunto muy convincente.

3. Desconfía: ninguna compañía pide datos personales por e-mail

Si comprendemos el punto básico de que ninguna compañía en ninguna circunstancia va a pedirnos nuestros datos personales vía e-mail, tendremos muchas menos posibilidades de caer en las garras del phishing.

4. Cada detalle cuenta: examina la identidad corporativa

La identidad corporativa es la suma de la identidad verbal y la identidad visual de una compañía. Esta identidad puede ser imitada, al fin y al cabo buscar un logo de una gran empresa no lleva más de dos minutos. No obstante, hacerlo de forma perfecta no es tarea fácil. No solo es el logo, sino también la tipografía, el fondo del correo, entre otros elementos. Muy bueno tiene que ser el imitador para que nos engañe cuando comparamos su correo con otro verdadero del mismo remitente.

Claves para detectar si un e-mail es un fraude 2
¿Estás seguro de que BBVA pondría un link de forma tan burda?

5. No hagas clic en ningún enlace sospechoso

Un enlace malicioso es el gancho perfecto para el fraude. Para no caer en la trampa, lo mejor es buscar ese enlace directamente en la barra de búsqueda del navegador o entre nuestros marcadores, y no hacer nunca clic en él.

6. Pregúntate si estabas esperando esa información o ese archivo adjunto

¿Estabas esperando un correo con un archivo en particular? Si la respuesta es no, lo más probable es que al recibirlo estés ante un fraude. Para comprobarlo, ten en cuenta el siguiente punto.

7. Ponte en contacto directo con el supuesto remitente del correo

Ante cualquier duda, ponte siempre en contacto directo con el remitente real. Es decir, que si tu banco u otro servicio te envía un e-mail solicitando algún tipo de información, utiliza los canales oficiales de comunicación de la entidad para preguntar si ese correo es suyo para salir de dudas.

8. Analiza la gramática o la forma en la que está estructurado el correo

Si la redacción es torpe, la gramática brilla por su ausencia, la puntuación es errónea, la ortografía es incorrecta o vemos un uso repetido de las palabras “por favor” en el cuerpo del correo electrónico, ese correo será un fraude. Los departamentos de comunicación de las grandes compañías suelen estar repletos de profesionales que saben perfectamente redactar un correo electrónico sin errores.

Claves para detectar si un e-mail es un fraude 3
¿Un gran banco escribiría con faltas de puntuación o generaría errores en sus tildes? Seguramente no.

9. Utiliza los filtros anti spam y los servicios de ciberseguridad

Una manera de prevenir antes de curar es tener al día los filtros anti spam de nuestros correos -los grandes proveedores como Gmail o Hotmail suelen tener los suyos propios-. Los anti virus también pueden ser de gran ayuda en esta labor.

Continúa leyendo: Vídeo | Nahuel Pérez Biscayart, actor de '120 pulsaciones por minuto': "Los jóvenes tratan el sida como algo del pasado"

Vídeo | Nahuel Pérez Biscayart, actor de '120 pulsaciones por minuto': "Los jóvenes tratan el sida como algo del pasado"

Néstor Villamor

Foto: The Objective
The Objective

“Conozco casos de gente joven a la que, de golpe, diagnostican [como seropositivos] y uno dice: ‘Guau, ¿cómo puede ser que después de tanto trabajo, después de tantas muertes, tanta lucha dada no haya disminuido?’”. Lo dice Nahuel Pérez Biscayart, protagonista de 120 pulsaciones por minuto, un drama sobre la lucha contra el VIH que ha triunfado en Cannes. Lee la historia completa aquí.

Continúa leyendo: Scott Kelly, el hombre transformado que regresó tras 340 días en el espacio

Scott Kelly, el hombre transformado que regresó tras 340 días en el espacio

Jorge Raya Pons

Foto: Alfonso Monteserín
Penguin Random House

Es fascinante el interés que despiertan los astronautas: captan la atención de los héroes. Scott Kelly está en Madrid para presentar su libroResistencia (Debate)– en la Fundación Telefónica y la cola en la calle es inmensa: algunas personas llevan incluso chupas y accesorios variados de la NASA y parece más una convención intergaláctica que una conferencia literaria. Eso revela la dimensión del personaje.

Scott Kelly nació en un pequeño pueblo llamado Orange, en Nueva Jersey, y tiene el confuso aspecto de un hincha inglés: es bajo de estatura y tiene la piel rojiza y una prominente barriga. Sin embargo, este estadounidense ha orbitado la Tierra sin pisar el suelo y en compañía de nadie durante 340 días, lo que le convierte en el único hombre en conseguirlo de manera continuada. Habitualmente pensamos en las condiciones físicas que requiere un reto como este, pero ¿cómo se prepara a una persona para vivir en completa soledad y en el vacío durante tanto tiempo sin desmoronarse?

Kelly parece tener la situación bajo control, se siente cómodo ante la insistencia mediática. “Es un placer estar aquí con ustedes”, dice, a modo de presentación. “Es más, es un placer estar en cualquier lugar donde hay gravedad”. [¿Cuántas veces habrá empleado esta broma?]. Una de las preguntas obligadas al astronauta llega a las primeras de cambio: ¿sufres las secuelas físicas y psicológicas de volver del espacio? Kelly responde con una mueca, dice que todo está bien, que le gusta la Tierra, y mientras el público ríe, matiza que solo el tiempo determinará el impacto de la radiación en su organismo. El entrevistador le plantea, entonces, otra cuestión: ¿sigues disfrutando de los amaneceres y de los anocheceres en la Tierra, o son, para ti, nada más que una minucia? Kelly finge perplejidad y sonríe levemente: “Prefiero los anocheceres: falta más tiempo para despertarme”.

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Scott Kelly, posando en la Fundación Telefónica. | Foto: Alfonso Monteserín/Penguin Random House

Las respuestas de Kelly son siempre escuetas y apenas se alargan si la pregunta la plantea él mismo. Tiene un sentido del humor muy ácido y agudo, casi cínico, y una gran inteligencia. Hay una circunstancia que define con precisión su carácter, a menos que todo se trate de una escenificación. Cuando le piden que explique cómo fue la despedida con su mujer y sus hijos antes de introducirse en una nave que podía estallar con toneladas de combustible en su depósito, Kelly responde con frialdad: “No recuerdo demasiado de aquello, quizá con un ‘Hasta luego’”. Se escucha una breve carcajada de fondo y el entrevistador le recuerda que aquella misión era altamente peligrosa: su vida estaba en juego. Kelly le resta importancia y dice que asumir riesgos nunca fue un desafío para él: “Nunca tuve miedo al fracaso. Sé que no soy el mejor en nada, salvo en no rendirme nunca”.

“Necesitamos cuidar de este planeta porque no encontraremos un ambiente mejor en el que vivir”

La sala de conferencias está llena de niños y es reconfortante: no es extraño que mientras Kelly relata su aventura en el espacio, se escuche el susurro de unos niños sentados al final de la sala, un bebé reclamando la atención de su padre. Están presentes, también, algunos adolescentes probablemente entusiasmados por su historia y escuchando en silencio. Kelly fue un adolescente como ellos, rendido al romanticismo de viajar por el espacio, y cuenta cómo el descubrimiento de un libroThe Right Stuff, de Tom Wolfe–, que describe la formación de los primeros astronautas de la NASA, le condujo a la determinación de hacia dónde dirigirse. Hasta entonces fue un mal estudiante que invertía más tiempo observando el movimiento de las agujas del reloj que escuchando las lecciones de clase. Kelly le debe tanto a Wolfe que decidió llamarle desde el espacio para agradecerle que su vida nació de la inspiración de su libro.

Debido a esa revelación, Kelly descubrió la belleza de las grandes extensiones verdes del planeta, de la intensidad del azul en los océanos, del rojo violento de los desiertos. “La Tierra es increíblemente bonita desde el espacio”, asegura. “Pero también parece muy frágil”. Kelly lamenta la falta de compromiso de la Administración de Donald Trump hacia la conservación del medioambiente –el público responde con un aplauso– y sostiene una afirmación que preocupa: “Necesitamos cuidar de este planeta, debemos frenar su destrucción, porque no encontraremos un ambiente mejor en el que vivir”.

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Scott Kelly, durante la conferencia. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

El entrevistador, recogiendo el guante, le comenta que Trump –pese a todo– plantea un regreso temprano a la Luna. Kelly considera que el presidente no cumplirá con las condiciones de tiempo y dinero que requiere una misión tan importante: “No tengo esperanzas de que ocurra pronto”.

–¿Ni siquiera con proyectos como el de Elon Musk? –le replantea.

Entonces sonríe y mira al público, y dice que la primera vez que se anunció el lanzamiento de un cohete de SpaceX, pensó que Musk estaba loco. Sin embargo, tantos despegues y aterrizajes exitosos después, piensa que simplemente es ambicioso. “Y es bueno ser ambicioso”, añade.

–¿Volvería usted al espacio? –le pregunta el entrevistador.

–Sí –responde Kelly.

–¿Por un año? –insiste.

Kelly concede un par de segundos y responde con un rotundo “Sí” que acompaña con la cabeza.

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Por qué el Ministerio de Defensa quiere que adoptes un pingüino

Redacción TO

Foto: Mark Baker
Reuters/Archivo

En su afán y compromiso por salvaguardar la Antártida y el medio ambiente, el Ministerio de Defensa puso en marcha hace ya años una curiosa y original campaña de apadrinamiento de pingüinos. La de esta edición hace el número 31 y comenzó el 8 de enero y finalizará el 15 de Marzo.

Apadrinar un pingüino es muy sencillo, además de gratis, ya que se trata de rellenar un formulario que el personal de Defensa encargado de la campaña se ocupará de gestionar lo antes posible, aunque ante la avalancha de peticiones ya ha indicado que el proceso puede sufrir algún retraso.

En la ficha debes incluir el nombre que quieres que lleve tu pingüino. Defensa te enviará un diploma con tus datos y los de tu pingüino.

¿Qué supone apadrinar un pingüino?

Cuando uno cumplimenta el formulario está adquiriendo un compromiso personal de “cuidar el medio ambiente” en general. Es una manera, aseguran los responsables de la campaña, de garantizar que nuestros pingüinos apadrinados y sus crías puedan seguir viviendo en la Antártida.

En esta ocasión y como novedad respecto a las anteriores campañas, esta edición va acompañada por otra buena causa. El ‘RETO DE 5.000 pingüinos contra el Cáncer‘, cuya finalidad es recaudar fondos para la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), donde se podrán hacer fácilmente donaciones a esta asociación. “El 100% del dinero recaudado será entregado a dicha asociación”, asegura Defensa, quien anima a todos a colaborar.

Científicos y militares españoles en la Antártida

La pregunta es ¿qué tiene que ver el Ministerio de Defensa con los pingüinos? Lo cierto es que el origen de estas campañas está directamente relacionado con la presencia del Ejército de Tierra en la base española Gabriel de Castilla situada en la Isla Decepción, en el archipiélago de la Sethland del Sur, donde científicos y militares realizan diversas actividades en el marco de la Campaña Antártica.

Por qué el Ministerio de Defensa quiere que adoptes un pingüino
Investigadores del proyecto PINGUFOR estudianel comportamiento y fisiología de los pingüinos barbijos en relación con el cambio climático. Foto: Campaña Antártica ET / RRSS

Algo que ocurre desde 1988 en colaboración con el Ministerio de Educación y Ciencia y el Comité Polar Español. “Nuestra misión en la Antártida tiene como finalidad proporcionar apoyo logístico a la investigación científica en la base Gabriel de Castilla y realizar proyectos de investigación y experimentación de interés para el Ejército en las áreas de transmisiones, medio ambiente, sanidad, bromatología o vestuario y material de campamento”, explica el ministerio.

El Comité Científico para la Investigación en la Antártida, órgano en el que están representados 32 países, recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2002, como “reconocimiento al conjunto de la investigación científica en la Antártida, el único continente virgen, libre de tensiones políticas y económicas, y dedicado a la ciencia”.

La representación de España en el continente se encuentra en la base Gabriel de Castilla de la isla Decepción y, según Defensa, es “un símbolo de las capacidades de nuestras Fuerzas Armadas para desempeñar misiones a gran distancia, en condiciones climatológicas extremas, y en cooperación con otros sectores muy diversos de la sociedad como los investigadores científicos y universidades de toda España”.

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