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Jordi Amat

La editorial presentó la instancia el 12 de junio de 1942. Del Viaje en autobús de Josep Pla, en su primera edición, Destino pensaba imprimir unos 1.000 ejemplares. En aquellos días de escaseces materiales y miserias civiles, esa tirada representaba unos 27 kilos de papel. El proceso administrativo fue relativamente rápido. El censor –Conde te llamabas– ya había redactado su informe el día 21. “La obra es un conjunto de impresiones y pinceladas literarias sobre diferentes motivos que impresionan al Autor, con ocasión de un viaje por tierras catalanas. Estimamos se puede APROBAR con TACHADURAS en las páginas indicadas”. No sé si existía el manual del buen censor en la Delegación Nacional de Propaganda, pero al pensar en el sentido de esas tachaduras parece cómo si se estuviese intentando dar una nueva vida al fósil de esa época.

Algunas de las tachaduras en rojo eran tan pintorescas como francamente fanáticas. Era intolerable, por ejemplo, que Pla caracterizase a Nietzsche como “este tipo extraordinario”. A ese amoral, ni agua. Fuera. El pesimismo sobre la moral colectiva, más bien tampoco. No colaba ni en una conversación de tertulia. “En realidad hoy en España, todos, quien más quien menos, tenemos las hormonas muy tristes”. Fuera. Una larga descripción de la Plaza Roja de Moscú, al limbo y ahí sigue. Ni se toleraba una referencia irónica al socialismo -¡fuera!- ni mentar la existencia de Rusia – ¡fuera¡ ¡fuera! ¡fuera!-. Y sobre todo nada pero nada que evidenciase la incapacidad del Estado para organizar una convivencia justa y ordenada. Del estraperlo, que empapaba la cotidianeidad de corrupción, mejor pasar de refilón: se trataba de ocultar que “todos hemos puesto nuestras pecadoras manos en el straperlo”. El rojo patriótico como terapia “por Dios, España y su Revolución Nacional-Sindicalista”. La censura es la cruz de la propaganda. ¿Qué oculta nuestra censura? Se tacha, hoy como ayer, para no poder ver, es decir, para que el ciudadano común no pueda saber. Hoy como ayer censurar –otorgarse la potestad de decidir qué es lo visible– es imponer la castración de libertad de conciencia y amputar así la capacidad para intentar descodificar la jodida realidad.

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La ruta Pla

Jaime G. Mora

Tengo por costumbre matar a todos mis ídolos cada 31 de diciembre, y luego voy renovando la fascinación por ellos, si se lo merecen, poco a poco. Para volver a admirar a Josep Pla me marché a Palafrugell recién comenzado el año, a hacer la ruta del escritor, con la idea de conocer la Costa Brava con el autor catalán como anfitrión. En el primer día de la escapada M. y yo caímos en la plaza Nova para comer en el Centro Fraternal, mientras los abuelos echaban la partida. Allí Pla se estrenó en el arte de la tertulia. “Al atardecer voy al café del Centro Fraternal. Encuentro a casi todos mis amigos —escribió—. Larga conversación sobre mujeres. La conversación de siempre”.

La plaza Nova es el tercero de los diez puntos de la ruta Pla. El itinerario comienza en la casa natal del autor: “Nací en el Carrer Nou, que es una calle muy triste y larga, derecha como una vela, que va desde la calle de la Caritat a la vía del tren de PalamósAllí se ubica hoy la fundación Pla, que el escritor impulsó diez años antes de su muerte con la donación de parte de su biblioteca particular. Otros puntos de la ruta llevan a otra residencia de su familia, que hoy es un restaurante exquisito, varias playas que acostumbraba a visitar, el imponente faro de Sant Sebastià, el cementerio donde lo enterraron, en Llofriu, y el mas Pla.

“Hace ya muchos años —en realidad, desde que me organicé una habitación y una pequeña biblioteca en el mas Pla, en la parroquia de Llofriu— que llevo la misma vida. En este caserón hecho un considerable desbarajuste, frío en invierno, agradable en verano, vivo completamente solo”, dice en ‘El cuaderno gris’.

La masía está indicado como uno de los puntos de la ruta por motivos obvios, pero no se puede visitar, pues en la enorme casa donde el escritor se recluyó las cuatro últimas décadas de su vida viven ahora familiares. Quizá por eso no hay indicaciones, y llegar a ella no es nada fácil. Para hacerlo es necesario tomar un desvío en medio de una carretera y no hacer caso al cartel que avisa que es una propiedad privada, y que no está permitido el paso. Allí dejamos el coche, mientras intentábamos cotejar con las fotos colgadas en internet si lo que se veía al otro lado de la verja era en efecto el mas Pla.

No es, ¿no ves que no es igual?

—Pero tiene que ser esto, no puede ser otra cosa.

Me subí a unos altos, por si veía algo más claro. El sol se estaba despidiendo del díaBusqué la placa con la que se indica cada punto de la ruta. Nada. Miré los nombres del timbre. Y cuando ya nos rendíamos apareció al otro lado de la finca un hombre, rodeado de dos perros. Le hice una señal, abrió la puerta de la entrada y se acercó a nosotros. En efecto, esa mole era el mas Pla. Ahora vive allí un sobrino, y la casa suele estar vacía entre semana.

En esa casa Pla leía y leía, y escribía, al lado de la chimenea y en su cama, vestido con una chaqueta de comando y cubierto por una manta eléctrica: “Me levanto entre la una y las dos, aunque a veces estoy tan dormido que son las dos y media. Debido a mis largos años de periodismo nocturno, siempre he considerado la mañana como la parte más inútil del día. Cuando madrugo, encuentro que el día tiene demasiadas horas, que es demasiado largo, que su dilatación es excesiva. Es un inmenso error, pero la desagradable realidad es esta. Una vez levantado, almuerzo bajo la campana de la chimenea. Hasta el atardecer, paso las horas escribiendo una cosa u otra, un artículo u otro, o bien leyendo lo que tengo en curso, o contestando a alguna carta”.

¿Queréis entrar? —nos ofreció el hombre—. Meted el coche y os dais una vuelta, aunque ya esté oscuro.

Un árbol de Navidad iluminaba la sala de la entrada principal de la casa. El escritor murió en esa masía el día del libro de 1981, y por esa puerta sacaron su cadáver. Cuando rodeamos la esquina de la famosa foto de Pla, esa en la que lo retrataron con una mano en el bolsillo y un abrigo en el otro brazo, vestido con chaleco y corbata y por supuesto con boina, un escalofrío nos recorrió el espinazo. La sensación de haber estado ahí, con ese grado de exclusividad, es una cosa indescriptible, que diría Pla. La masía de Llofriu es el Vaticano de los defensores de la frase inteligible.

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Rocío Peralta lleva la moda del s. XIX a sus trajes de flamenca

Lidia Ramírez

Foto: Rocío Peralta

Predominio del blanco, los lunares, telas bordadas y perforadas… La nueva temporada 2018 de Rocío Peralta en sus trajes de flamenca es un viaje en el tiempo. En concreto al siglo XIX, a la Sevilla de la primera mitad de siglo de la Ilustración.

Primeras ferias de Sevilla –por entonces sólo de ganado–, parque de María Luisa en la capital andaluza, mujeres con faldas ensanchadas y de talle alto, mangas infladas, abanicos y sombreros con flores. Inspirada en estas localizaciones y en este cambio de tendencia que tuvo lugar alrededor del año 1820, la popular diseñadora de trajes de flamenca, Rocío Peralta, ha creado su nueva colección de moda flamenca 2018: Montpensier. 

Una nueva línea, que lleva preparando aproximadamente desde agosto, con trajes diseñados exclusivamente por la andaluza y que tiene un precio de en torno a unos 600 euros. Según apunta la creadora a The Objective, este año ha apostado “por el blanco, los colores alegres, como el verde y el rojo, y los lunares”.  Los lunares de todos los tamaños y colores, porque si algo caracteriza a los diseños de esta joven empresaria perteneciente a una de las familias más conocidas del Sur, son estos topos siempre asociados al mundo del flamenco.

Rocío Peralta lleva la moda del s. XIX a sus trajes de flamenca
El blanco es uno de los colores predominantes en la nueva colección de Montpensier. | Foto: Rocío Peralta
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Rocío Peralta siempre apuesta por los lunares y los colores alegres. | Foto: Rocío Peralta

La semana pasada, Montpensier, que hace homenaje a la acaudalada familia Montpensier que vivió durante más de 40 años en Sevilla, era presentada en el Salón Real del emblemático Hotel Alfonso XIII, sede de la pasarela We Love Flamenco, una de las más esperadas y conocidas que presenta cada año la temporada flamenca. La pasarela, decorada con unos impresionante arcos de hojas y flores, te transportaba a la feria del Prado, cuando las vendedoras acudían a con los tratantes de ganado vestidas con modestas batas de percal adornadas con volantes. El baile por sevillana hasta las coplas más icónicas acompañaron como banda sonora la salida de las modelos. El duende y el arte no faltaron.

Errepe, la línea prêt-à-porter de Rocío Peralta

Dejándose llevar por el “crecimiento natural” de la marca Rocío Peralta, la diseñadora ha creado una línea prêt-à-porter, Errepe, “con precios más asequibles a todo tipo de público”. “Se trata de una línea de flamenca industrializada con prendas que las compradoras puedan ponerse de un año para otro, no es como la línea Rocío Peralta que cada año tiene una tendencia y una temática”.

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Los precios oscilan entre los 170 y 345 euros. | Foto: Errepe.com
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Errepe presenta una línea de trajes con cortes clásicos y tradicionales. | Foto: Errepe.com

Con precios que oscilan entre los 170 y 345 euros, Errepe presenta unos diseños más comerciales, con telas más clásicas de lunares y lisos, nada arriesgados. Con cuatro modelos de niñas y cinco de señora pero en mucha modalidad de telas, son trajes con cortes clásicas y telas tradicionales, para que, según la de Sevilla, estos no pasen de moda de una feria a otra.

“Nuestro mayor ‘boom’ de ventas es durante la feria de Sevilla, Jerez, Córdoba y El Rocío. Después viene meses de no actividad en la moda flamenca y con Errepe lo que queremos es ampliar el negocio para llegar también a las ferias de otros pueblos”, nos cuenta Rocío, con la mirada ahora puesta también en el mercado exterior.

Ya huele a feria

Pasadas las navidades, son muchas las mujeres que comienzan a elegir sus vestidos para lucir guapas en, para muchas, la fiesta más importante del año: la Feria de Abril o Feria de Sevilla. Uno de los eventos sociales más importantes y conocidos de Andalucía y España al que cada año acuden más de tres millones de personas de todas partes del mundo.

Los talleres, tiendas y estudios de los diseñadores de moda flamenca están ya que echan humo. Además, el Ayuntamiento ha abierto ya el plazo para abonar las tasas fiscales que correspondan de las casetas adjudicadas para la Feria de Abril 2018. Con una superficie total del recinto de 1.200.000 m², el año pasado 1.047 casetas conformaron el sitio con más arte y duende de Andalucía y, por qué no, de España.

Este año, la feria tendrá lugar del domingo 15 al domingo 22 de abril y su portada, diseñada por el arquitecto y pintor César Ramírez, ya ha comenzado a construirse. Con tres arcos de acceso, contará con una altura en sus torres laterales de 40 metros y más de 250.000 kilos de peso. Estará iluminada por 25.000 bombillas y tendrá 50 metros de frente. Además, se estima que se dedicarán unas 16.500 horas al montaje de la portada. Inspirada en la caseta arabesca del Mercantil de 1905, una institución a la que se rinde homenaje en el 150 aniversario de su fundación, tendrá un coste de unos 560.000 euros, aproximadamente.

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Ser guionista en España: una realidad precaria incluso para los nominados a los Goya

Jorge Raya Pons

Foto: ACADEMIA DE CINE
RRSS

A pocos metros de la sede del Partido Popular en Madrid, compartiendo incluso fachada, está el edificio de la Academia de Cine, apenas reconocible por una placa en una calle particularmente lustrosa de Madrid –Zurbano, lo dijo The New York Times en 2015, es una de las mejores calles para vivir en Europa–. Allí se congregaban, a menos de tres semanas de la entrega de los Goya, siete de los autores nominados a mejor guión original y a mejor guión adaptado (Pablo Berger, Carla Simón, Andoni de Carlos, Paco Plaza, Fernando Navarro, Alejandro Hernández y Coral Cruz) y todos ellos compartieron las virtudes y miserias de ser guionista en una industria tan dura. También las experiencias de escribir las películas que ahora representan.

La moderadora arranca y les plantea una cuestión: la dificultad de encontrar superficies comunes entre todas las cintas, tan diversas. Hay terror, hay drama, hay comedia. “Quizá que todas salen de las tripas”, responde Alejandro Hernández, guionista de El autor. Y Pablo Berger, que escribe los propios guiones que dirige –está nominado por Abracadabra–, encuentra la afinidad de sus compañeros cuando dice que el patrón común que todos comparten es que son los “raritos” del circuito: “No vamos por autopistas, sino por carreteras secundarias”.

Ser guionista en España: una realidad precaria incluso para los nominados a los Goya
Tres de las favoritas a mejor guión de los Goya.

En estas carreteras transita desde muy poco Carla Simón, que fue el gran descubrimiento del cine español. Tanto que su debut en el largometraje, Estiu 1993, es la candidata a representar al país en los próximos Oscar. En aquel guión puso el corazón y su historia: siendo una niña perdió a sus padres y fueron sus tíos quienes la acogieron en su familia. Curiosamente, en una película donde la muerte está tan presente apenas se menciona: la propia Simón no supo que sus padres estaban muertos hasta que cumplió los 12. Sí comprendió, en cambio, que nunca volvería a verlos. Su reto en este guion, dice, no fue tanto rebajar la sensibilidad como añadirla: ella es mucho más fría.

Paco Plaza y Fernando Navarro comparten su experiencia como tándem creativo detrás de Verónica: ellos aspiraban a construir el gótico vallecano [sic] con esta película. Esto es, respetar el género de terror pero también el costumbrismo español, contar una historia con personajes que conocemos y con brotes de humor necesario. Es una cuestión fundamental en su manera de comprender el cine: reivindican que el verdadero género no solo asusta, sino que ilumina los laberintos de la psicología humana: Verónica, reivindican, es también la historia de una adolescente que se resiste a crecer. Igual que El exorcista es el relato de una chica poseída, sí, pero también la imagen de una madre que se siente culpable por no prestar las atenciones que reclama su hija.

Sorprende, en cualquier caso, que en este evento apenas contemos dos mujeres: es una situación que no pasa desapercibida para Cruz y Simón, que tienen perspectivas distintas de un mismo escenario. “Tendría que haber muchas más mujeres”, dice Simón. “Es un proceso largo, pero cada vez hay más mujeres educándose. Se necesitan referentes. Hay trabajo por delante. Yo conservo la esperanza y en Cataluña tengo más amigas directoras que amigos directores”.

Hernández cuenta que estudió cine en Noruega, donde asegura que, durante aquel año, de 27 películas que se hicieron, 14 estaban dirigidas por mujeres, y sostiene que como profesor ha descubierto que las mujeres –sus alumnas– son más talentosas que los chicos en promedio, tienen historias más interesantes que compartir. “Tenemos un manantial que se pierde en las tuberías”, dice, con cierto lamento. Cruz considera que si las mujeres son minoría en el cine es responsabilidad, al menos en parte, de las propias mujeres: “Tenemos que ser más ambiciosas, escribir género”. Cree que la mujer debe pensar en grande y en la taquilla para ser considerada, no limitarse a proyecto pequeño, casi íntimos. Y luego se disculpa con Simón, que es una honrosa excepción.

Ser guionista en España: una realidad precaria incluso para los nominados a los Goya 1
Tres de las películas nominadas al Goya por su guión.

La cita, llegada a su conclusión, comienza a cobrar tintes reivindicativos, especialmente por Navarro, al que secunda el resto. Porque un conflicto con el que tienen que lidiar los guionistas, cada día, es la precariedad y el olvido. No hay película sin guión y nunca la hubo, protestan. Esta situación –el olvido– se remarca cuando Simón y Plaza tienen que abandonar la sala por compromisos relativos a la ceremonia: nadie reclama, sin embargo, a los guionistas. Esta observación corre a cargo de Navarro, entre el humor y la resignación.

Él mismo recuerda la ocasión en que quisieron plantear –hace cinco años– una tabla salarial de mínimos que permitiera unas retribuciones acordes al trabajo que ejercen los guionistas, así como una serie de derechos fundamentales: muchos invierten meses de trabajo sin cobrar, no reciben el dinero hasta que el proyecto se consolida. Las claves para la subsistencia hasta entonces son un misterio. En aquel momento, la respuesta de Competencia fue contundente: una multa de 36.000 euros para Alma, el sindicato del que forman parte. Ahora negocian con el Gobierno para conseguir unas condiciones más favorables, tal y como ocurre en Estados Unidos. El éxito de esta medida, sospechan, pasa por la unidad del colectivo y la comprensión de las televisiones: a día de hoy, son las que más ficciones producen en España.

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Las 7 frases más memorables de Martin Luther King

Redacción TO

La histórica lucha de Martin Luther King por la igualdad y contra la segregación racial dejó algunos de los discursos y frases más memorables en la historia de la lucha por los derechos humanos. Hasta su muerte en 1968, cuando fue asesinado por un francotirador, el activista luchó sin descanso y, sobre todo, de manera pacífica, por la igualdad entre blancos y negros, por un futuro en el que no existiera la discriminación racial.

Estas son algunas de las frases más recordadas del activista:

1. “Yo tengo un sueño”

“Yo tengo un sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por su carácter. Yo tengo un sueño…” Sin duda, la frase más recordada del activista es la que salió de su discurso I have a dream (yo tengo un sueño), palabras que más de 50 años después siguen teniendo la misma fuerza que en los años 60.

El 28 de agosto de 1963, Martin Luther King, que entonces tenía 34 años, dio un discurso al que acudieron alrededor de 200.000 personas sin saber que estaban asistiendo al que se convertiría en uno de los mayores actos a favor de la igualdad de la historia.

2. “Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán finalmente la palabra en realidad”

Martin Luther King se convirtió, en 1964, en el hombre más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz. En un emotivo y esperanzador discurso, Martin Luther King habló de un futuro en el que todavía había lugar para la igualdad y la justicia.

“Creo que incluso entre las balas de mortero de hoy y las gimientes balas, todavía hay esperanza para un mañana más brillante”, dijo Martin Luther King. “Creo que la justicia herida, postrada en las sangrientas calles de nuestras naciones, puede ser levantada de este polvo de vergüenza para reinar entre los hijos de los hombres. Tengo la audacia de creer que los pueblos de todo el mundo pueden tener tres comidas al día para sus cuerpos, educación y cultura para sus mentes, y dignidad, igualdad y libertad para sus espíritus”.

 3. “Puede que haya un conflicto entre los religiosos de ‘mente suave’ y los científicos ‘de mente dura’, pero no entre la ciencia y la religión”

Martin Luther King no solo fue un activista defensor de los derechos humanos y la igualdad, sino que también era un religioso que desde 1954 fue el pastor de la Iglesia Baptista de la Avenida Dexter en Montgomery, Alabama.

Las 7 frases más memorables de Martin Luther King para recordar al activista 2
Martin Luther King, durante una entrevista tras abandonar la cárcel en 1965. | Foto: AP

En su libro La fuerza de Amar, el religioso recoge una serie de sermones sobre diferentes temas, entre los que se encontraba la relación entre la religión y la ciencia. “La ciencia investiga, la religión interpreta. La ciencia le da al hombre conocimiento, que es energía; la religión da al hombre sabiduría, que es control”.

4. “Incluso si supiera que el mundo se romperá en pedazos mañana, todavía plantaría mi árbol de manzanas”

Los discursos de Martin Luther King se caracterizaban por su fe en el futuro, su esperanza de que todo puede mejorar y lo hará. Esta frase es un claro ejemplo de esa esperanza, de su incansable lucha por la igualdad aun cuando se veía casi imposible lograrla.

5. “La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión, es la presencia de justicia”

Esta fue la respuesta de Martin Luther King cuando fue acusado de perturbar la paz tras el boicot de autobuses de Montgomery, un movimiento social en protesta por la segregación racial en el transporte público de esta ciudad.

Las 7 frases más memorables de Martin Luther King para recordar al activista
Martin Luther King fue uno de los primeros en subir a un autobús tras el final del boicot a los autobuses de Montgomery. | Foto: AP

El movimiento empezó en diciembre de 1955 tras el arresto de Rosa Parks, una mujer negra que se resistió a ceder su asiento a una persona blanca. Finalizó un año más tarde, cuando las leyes de segregación racial en los autobuses fueron declaradas inconstitucionales.

6. “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia y la estupidez consciente”

En La fuerza de amar, otro de los temas principales es la educación y la necesidad de que esta sea la base para evitar la discriminación y lograr finalmente la igualdad. El activista estaba convencido de que la mejor manera de acabar con la segregación racial era la educación, algo que, más de medio siglo después, sigue totalmente vigente.

7. “Si la vida es el precio que debo pagar para que mis hermanos y hermanas sean libres de una permanente muerte del espíritu, entonces nada puede inspirarme más”

El 5 de junio de 1964, el activista fue amenazado de muerte y su respuesta fue muy clara: estaba dispuesto a seguir luchando, aun cuando su vida estaba en juego, si eso servía para conseguir la igualdad entre negros y blancos.

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