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Incompetencia parlamentaria

Jordi Bernal

Más allá de la sanjurjada con tricornio y todos al suelo del 81, la política parlamentaria española no ha ido nada mal y ha mantenido unas formas aceptables. Anecdóticas y excepcionales las salidas de tono y formas de algunos diputados. En mis años mozos gozábamos con aquellas intervenciones del mala leche andaluz Guerra. Tahúr del Mississipi llamó a Suárez como si las cortes fueran un lodazal que enfrentara a conceptistas y culteranistas. Todo muy barroco. Spanish. Anguita (qué bien habla este señor, decía mi abuela tal vez recordando su juventud pecaminosa con carné del POUM, desconociendo sin embargo que el Califa de Córdoba no sentía especial simpatía por los trotskistas) tuvo sus enganchadas dialécticas con González, pero nunca llegaron a las manos pese a que el odio mutuo traspasaba la pantalla panzuda del televisor y aquello era tan intenso en miradas y silencios mascullados como un duelo en Ok Corral. Luego llegó el inspector de Hacienda con su “váyase, señor González”, claim impecable que estoy tentando de pensar que ideó el figura Miguel Ángel Rodríguez, aquel casposo del anodino Valladolizzz que piropea a las chatis en edad de merecer.

También es cierto que donde Espartero exhibió a su caballo bien nutrido ha tenido que aguantar presencias impresentables como las de algún vasco despistado en esencias empalagosas y a los inefables catalanes Tardà y Rufián, pareja esperpéntica que movería a la risa sin fin si no fuera porque nos encontramos en unos tiempos pocos aptos para la frivolidad desternillante.

No hay hostias, en fin, pero los pactos brillan por su ausencia. Deberemos concluir que los políticos que teóricamente nos gobiernan no se caracterizan por su eficacia ni capacidad para resolver los problemas de los ciudadanos. Soy partidario de suspender de sueldo a los líderes de los partidos políticos hasta que lleguen a un pacto de gobernabilidad. Apelando al sentido común y a la mayoría democrática, PP y PSOE, con el apoyo de Ciudadanos, deberían ponerse de acuerdo y atender a las necesidades del país. Pero esto es España, niña Isabel.

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6 series que casi nadie conoce y que van a ser los clásicos del futuro

Nerea Dolara

Foto: HBO
hbo.com

Son excelentes pero casi nadie las ha visto… eso no elimina la posibilidad, muy real, de que en el futuro se les valore por lo que son: clásicos contemporáneos.

Aunque parezca descabellado nadie se esperó que Friends fuese un clásico de las sitcoms en sus inicios; Seinfeld fue cancelada tras emitir su piloto y requirió un ejecutivo muy entusiasmado para lograr que un año después se produjeran sólo cuatro episodios más; y el final de la primera temporada de Six Feet Under es tan redondo porque Alan Ball no estaba nada seguro de que HBO renovara la serie… estos son algunos ejemplos de éxitos imprevistos.

En televisión, aunque ahora parezca diferente, las apuestas son altas y los resultados muchas veces no son los esperados. Friends, Seinfeld y Six Feet Under se convirtieron en modelos e incluso, cuando se trata de series con menor audiencia y cancelaciones tempranas, como Freaks and Geeks o Arrested Development, las cadenas se han tenido que arrepentir porque los shows se han convertido en objetos de culto. Pero, cuáles series poco conocidas de esta última década serán clásicos del futuro.

No vamos a hablar de Modern Family o Mad Men, son opciones obvias. Miremos un poco más allá y seleccionemos contenidos que todos deberíamos haber visto ya (aunque muchos no lo hayan hecho) y que serán recordados en el futuro como lo que realmente fueron: series que merecían mucho más.

Parks and Recreation (2009-2015)

Creador: Greg Daniels y Mike Schur.

Reparto: Amy Poehler, Nick Offerman, Chris Pratt, Aubrey Plaza, Aziz Ansari, Adam Scott, Rob Lowe, Rashida Jones.

Por qué va a ser un clásico: Esta serie comenzó como una pobre imitación de The Office con su estilo documental y sus testimonios a cámara, incluso su protagonista Leslie Knope comenzó como una tonta trabajadora gubernamental… pero en la segunda temporada la serie encontró su ritmo y su encanto: Leslie es un personaje a la vez exasperante y adorable, una mujer enamorada de su trabajo como servidora pública y altamente eficiente que tiene ganado el respeto de sus compañeros incluso cuando todos piensan que es una persona absurda.

El reparto de esta serie es mágico, una de esas sumas que son muchísimo más que sus partes y que genera personajes que para siempre se querrán como amigos. Mike Schur sabe hacer esto bien. Después de Parks lo ha vuelto a hacer con Brooklyn Nine-Nine y The Good Place (dos series que podrían estar en esta lista, pero no vamos a hacer una oda a Schur) pero nunca de esa manera tan orgánica y genial. Esta serie no sólo es una excelente comedia (de las de reírse en voz alta) sino que además es una mirada crítica a la burocracia política y el espectáculo amarillista de los medios, pero siempre con espacio para resaltar la importancia de las relaciones humanas.

Happy Endings (2011-2013)

Creador: David Caspe.

Reparto: Elisha Cuthbert, Marlon Wayans Jr., Eliza Coupe, Adam Pally, Zachary Knighton y Casey Wilson.

Por qué se va convertir en un clásico: Con un humor a veces descabellado, personajes geniales y con una química radiante, esta comedia sobre un grupo de amigos es como un Friends que se fue de fiesta y se metió algunas rayas (la serie se burla con regularidad de la posibilidad de que estos seis se parezcan a los personajes de Friends). Cada uno de estos amigos es un estereotipo que nada tiene que ver con ese mismo estereotipo y el guión es una máquina veloz de chistes y frases memorables. Además, Happy Endings le dio a las audiencias una pareja como pocas (Brad y Jane) y un personaje gay que está tan lejos de cualquier otro que es increíble.

The Leftovers (2014-2017)

Creador: Damon Lindelof

Reparto: Justin Theroux, Carrie Coon, Amy Brenneman, Liv Tyler, Margaret Qualley, Ann Dowd.

Por qué se va a convertir en un clásico: Tristemente este excelente drama pasó sin pena ni gloria en los premios de los años en que estuvo al aire. Su creador, el responsable de Lost, explora aquí, con una premisa misteriosa y poderosa (la repentina desaparición del 2% de la población mundial en un día) sus preocupaciones filosóficas y espirituales, se podría decir que mucho mejor que en Lost. Amada hasta la locura por los críticos, esta oscura metáfora sobre el ser humano es una obra maestra y no se parece a nada que hayas visto antes.

The Americans (2013-2018)

Creador: Joe Weisberg y Joel Fields.

Reparto: Keri Russell, Matthew Rhys, Noah Emmerich.

Por qué se va a convertir en un clásico: porque debería. Este drama de época, se desarrolla en los ochenta durante la Guerra Fría, no sólo habla de una familia y sus problemas y alegrías, es un thriller sobre dos espías rusos encubiertos (el matrimonio Jennings) y sus operaciones en EEUU. La serie es un comentario complejo sobre la política de Rusia y EEUU durante ese tiempo, un análisis de la psique de alguien que vive varias vidas al mismo tiempo, un retrato humano hermoso y duro.

Atlanta (2016-)

Creador: Donald Glover.

Reparto: Donald Glover, Keith Stanfield, Brian Tyree Henry, Zazie Betz.

Por qué se va a convertir en un clásico: Glover, que se hizo conocido como Troy en Community (otra genialidad televisiva) y que dentro de poco será Lando en Solo, escribe, produce y protagoniza esta serie que es a la vez dura y crítica, y surrealista e hilarante. Su protagonista comienza como un joven brillante que dejó la universidad y vive en la pobreza -también tiene una hija pequeña-, y decide convertirse en el manager de su primo, un rapero poco conocido. La serie tiene un tono indescriptible y las actuaciones son memorables.

Bojack Horseman (2014-)

Creador: Raphael Bob-Waksberg

Reparto (voces): Will Arnett, Alison Brie, Aaron Paul, Amy Sedaris, Paul F. Tompkins.

Por qué se va a convertir en un clásico: no sólo es una de las mejores series animadas de los últimos años, es también una de las mejores representaciones del antihéroe masculino como protagonista que se ha emitido. Suma de humor ridículo y genial y de tramas desgarradoras, esta serie hace que sus personajes antropomorfos se conviertan en compañeros del espectador. Y es también dueña de algunos de los mejores chistes de los últimos diez años y de algunos de los mejores episodios (y más traumáticos) de la década. ¿Un plus? Todas, y es en serio, todas, las voces que aparecen, hasta para personajes mínimos, son gente famosa (miren aquí).

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La imposibilidad del abrazo

Laura Ferrero

Foto: Huseyin Aldemir
Reuters

Para abrazarse bien hay que encontrar el hueco en el cuerpo del otro y en el propio. Para abrazarse bien hay que conseguir que esos huecos, esas cavidades, se acoplen, se encuentren. Como si en última instancia, lo que permitiera el abrazo fuera una comunión de ausencias. Dos superficies perfectamente redondas y completas nunca podrían encontrarse en el espacio. De manera que si nos abrazamos es porque nos falta algo.

De eso habla Manuel Vilas en Ordesa. De eso, y de los vínculos que sobreviven a la desaparición de los objetos que los generan. No diría que Ordesa es un libro sino una elegía y una carta llena de amor a ese pasado de los padres escrito en fotografías en blanco y negro a los que Vilas no está seguro de haber conocido. Como tampoco lo está ahora de conocer a esos hijos, los suyos, que comen silenciosos junto a él.

Terminé Ordesa en una ciudad que une dos continentes. Llovía mucho y entré en un restaurante paquistaní del barrio de Fatih, justo cruzando el puente de Ataturk. El dueño, Zahid me preparó un té. Le dije que era de Barcelona y curiosamente no me preguntó si era del Barça o si me gustaba Messi. Solo señaló las paredes, cubiertas de pequeñas fotos y recortes de periódico, y dijo “Lahore”.

Ordesa me conmovió de una manera que hacía tiempo en que nada lo hacía. No supe por qué hasta que llegué a aquel lugar sórdido y a la vez misteriosamente cálido al que conforme pasaba el tiempo, fueron llegando más hombres que me saludaban y se sentaban en las mesas de mi alrededor mientras yo trataba de descifrar lo que ocurría en el canal de televisión paquistaní.

–Un actor famoso de mi país ha muerto –dijo un hombre mayor.

Asentí.

Zahid se sentó frente a mí y me preguntó por el libro que estaba terminando. Leyó el título O-r-d-e-s-a.

–Es un lugar –dije.

–¿Es la historia de un lugar?

–Bueno, sí, también. Pero es la historia de una vida. Y del pasado.

Y del lugar de los padres, pensé, pero eso no sabía cómo contárselo en inglés. Entonces Zahid me dijo que le contara cómo era Barcelona. Si era grande, si llovía, si los inviernos, si la comida, si los mercados. Por último, si sabía de algún lugar dónde cocinaran un buen biryani.

–¿Biryani?

Se levantó y se ausentó cinco minutos para después aparecer con un plató de arroz con pollo.

–Biryani –afirmó.

Zahid señaló una de entre las fotografías que colgaba de la pared, una en la que no me había fijado.

–Es mi padre. Era cocinero. Su especialidad era el Biryani. Yo aprendí a cocinar con él.

Cuando dejó de llover, me levanté para ir a pagar pero Zahid no me dejó. Al salir, en medio de mis agradecimientos torpes, vi que del pasillo que conducía a la cocina, colgaban fotos plastificadas de aquel plato que acababa de comer. Entonces entendí que Ordesa quería decir lo mismo que Biryani, ambas palabras cuentan la historia de los mundos que van quedándose atrás, mundos herméticos encerrados en misteriosas fotografías que no cuentan más que lo que vemos, o sea: nada.

Dice Manuel Vilas que una relación que muere da origen a una lengua muerta. Y mientras cruzaba el puente, de vuelta hacia el hotel, pensaba en ellas, en las lenguas muertas, en las maneras de decir que quedan sepultadas en otros lugares, en otros países que se llaman Lahore o Ordesa. También las lenguas muertas hacen que nos falte algo irremplazable, algo que crea un hueco, el hueco sin el que nadie luego podría abrazarnos.

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Se lo llevaron hasta con el Papa de Roma

Melchor Miralles

Foto: Francisco Camps
Flickr

En Valencia, con los gobiernos del PP, no se pararon en barras y la corrupción fue la norma. Se lo llevaron hasta con la visita del Papa de Roma. El juzgado de Valencia que investiga las irregularidades en los contratos con la fundación que organizó la visita a valencia del papa Benedicto XVI, en el año 2006, con la tardanza habitual, esta vez doce años después de suceder los hechos, ha citado para declarar como investigados, lo que antes era imputar, al ex presidente Francisco Camps y al obispo auxiliar de Valencia, Esteban Escudero, por los presuntos delitos de prevaricación, malversación y falsedad. También han sido citados Juan Cotino, perejil de todas las salsas del trinque valenciano, Víctor Campos, ex vicepresidente del Gobierno autonómico con Camps y varios miembros de la Fundación V Encuentro Mundial de Familias, en una investigación que es una pieza separada del Caso Gurtel.

Se investigan supuestas irregularidades en la adjudicación de contratos por parte de la Fundación, que se ocupó de organizar la visita papal, contratos que podrían haberse adjudicado sin respetar mínimamente las normal generales de contratación, sin concurrencia pública,. o sea, por la cara, saltándose todos los controles legales.

Andan de por medio en el caso los acusados de la Gurtel y directivos de la Radio Televisión Pública valenciana de la época. Todo un muestrario de corruptos que lo fueron, más los que no están, pero estaban en el ajo, y los que se van de rositas siempre, aunque se sepa quiénes son.

El PP mirará para otro lado, como siempre, pero cada vez lo tiene más difícil. En Valencia, como en otras Comunidades Autónomas, se replicaba el modelo de Génova, porque las Autonomías no eran autónomas, no hacían la guerra por su cuenta, pese a que muchos barones se lo creyeran. Había control desde Madrid, y consultas, y se favorecía a quien estaba bendecido por la presidencia de la Generalitat, y también a quién mandaban desde Madrid, más de uno y de dos. Y como no se cortaban ni con la visita del Papa, quedan muchos casos por salir, y saldrán, porque los cadáveres que se acumulan en los armarios simpre salen a flote, y porque lo hicieron mal, además, y dejaron mucho perjudicado por su codicia y avaricia. No se cortaban ni con el Papa, se lo querían llevar todo, no había límites, y ahora llega, tarde como siempre, la Justicia, tira del hilo, y van cayendo como fruta madura.

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Madurez

Jesús Terrés

Foto: Malpaso

Dijo Lord Beaconsfield que “la madurez es una lucha y la vejez un lamento” pero yo no puedo estar más en desacuerdo, porque al menos la mía (madurez, todavía) se dibuja más bien con los tonos de la ternura y el asentimiento. Tengo poquitas ganas de luchar. Ya no peleo el café torrefacto y las cartas sin responder, ¿para qué? Y abrazo las cosas de siempre y el cajón con su ropa y defiendo, como Gómez Dávila, “que rutinario sea hoy insulto comprueba nuestra ignorancia en el arte de vivir”.

Me interesan las lámparas bonitas y las mantas de lino, porque ya (casi) no compro ropa. Me aburren los escaparates del Zara y me aburre infinitamente aquel ideal tan imbécil del “molar”; pero lo respeto, mola tú si quieres. Entiendo el cashmere y los platos de cuchara, que abrigan —también el corazón. Y vuelvo al cuello vuelto, a las ciudades de siempre y a la belleza serena de Meryl Streep. Los perfumes caros, los Tondonias viejos y las personas sin dobleces; madurez es dejar un libro a medias (si no te gusta, para qué), intuir que la elegancia es pasar desapercibido y abrazar (siempre) con ganas. Con calor. Madurez es entender que esto no es un ensayo, que no habrá prórroga en tu obra y que la única prisa es el amor. Pero el amor no entiende de prisas.

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