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Les pierde la estética

Jordi Bernal

Sí, he recordado al adusto (y un tanto pelmazo) Unamuno y su célebre “a los catalanes les pierde la estética”. He estado a punto de gritarlo en plena Rambla de Cataluña cuando el azar me ha confundido con una masa uniforme de trapos y veraneantes al sol. Por un momento he temido encontrarme en pleno centro de alguno de esos villorrios costeros de pesadilla ante tanta alpargata fernández, sandalias con calcetines, sombreros de paja, pantalones cortos y riñoneras. Suerte que los guturales acentos del catalán interiorísimo me han devuelto a la realidad pues me ha parecido por un instante estar rodeado de sajones de camping y balconing.

Los delataba, también es cierto, la estrellada a manera de capa de Superman paupérrimo. En cualquier caso, viéndoles comer infectas paellas y fritanga flatulenta en las terrazas de las posadas para turistas de Barcelona me dio por pensar que luego pasa lo que pasa y los ingleses de paso votan Brexit y estos quieren la ruptura unilateral. Definitivamente, somos lo que comemos.

Hasta cierto punto puedo justificar a la multitud festiva que mantiene un iluso espejismo vital. Transmitido de generación en generación. Desde 1714. Estaban desde los abueletes que no hicieron la guerra pero te la cuentan en plan videojuego hasta los padres con pinta de haberse quedado colgados en el Canet Rock de un mal viaje lisérgico. No hablaré de las mujeres porque no están los tiempos para incorrecciones pero diré que esas mamás mandonas, de permanente y teñido, adiposas, asertivas, gritonas y doctrinarias siempre me produjeron pavor. Como soy de Badalona, alguna en su vertiente catódica conozco.

No quisiera yo cortarles el rollo. Se les veía muy satisfechos y orgullosos en sus risotadas de cazalla, su mala educación, sus pintas pintorescas y sus comentarios supuestamente ingeniosos sobre los españoles. Sus consignas torticeras y su hórrida indumentaria.

Volviendo y parafraseando al adusto (y un tanto pelmazo) Unamuno. Ni vencerán ni convencerán. Hoy lo he tenido más claro que nunca.

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Legión española, los novios de la muerte

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Rodrigo Isasi

La Legión es uno de los cuerpos de élite de las Fuerzas Armadas de España (FAS) y uno de los más veteranos. Al grito de “legionarios a luchar, legionarios a morir”, los legionarios han participado en misiones en territorios tan importantes como hostiles en Bosnia, Serbia, Macedonia, Líbano, Afganistán, Irak, Mali o Congo, entre otras. Creada mediante el Real Decreto del 28 de enero de 1920, con el nombre de ‘Tercio de Extranjeros’, fue fundada y comandada por José Millán Astray. No obstante, se considera como fecha de fundación oficial la del alistamiento del primer legionario, un hombre de 30 años, Marcelo Villeval Gaitán, el 20 de septiembre de 1920. Desde sus orígenes, la Legión ha promovido siempre un culto al combate y una disminución de la relevancia de la muerte. Este miércoles, los novios de la muerte cumplen 97 años de servicio a España.

El objetivo original de este cuerpo era hacer frente a la dureza de los combates en la Guerra del Rif, Marruecos, para los que no estaban preparadas las tropas de reemplazo, así como reducir el clamor popular por las bajas recibidas.

La Legión tiene su cuartel general en Almería, donde se encuentra la Brigada ‘Rey Alfonso XIII’, la más joven del Ejército la Unidad más grande de la Legión, con más de 2.000 legionarios. La Legión cuenta con cuatro tercios (llamados regimientos en los demás cuerpos del ejército), y a su vez divididos en banderas (llamados batallones en los demás cuerpos del ejército). Estos son el Tercio ‘Gran Capitán’, 1.º de La Legión, con sede en Melilla, Tercio ‘Duque de Alba’, 2.º de La Legión, con sede en Ceuta,Tercio ‘Don Juan de Austria’, 3.º de La Legión, con sede en Viator, Almería, y Tercio ‘Alejandro Farnesio’, 4.º de La Legión, con sede en Ronda, Málaga.

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Los legionarios portan el Cristo de Mena en Málaga, en 2017 | Foto: Rodrigo Isasi

Desde su fundación, hasta hoy, La Legión ha sobrepasado de largo las 4.000 acciones y misiones. Allá donde van, lesa acompaña el Cristo de la Buena Muerte, o Cristo de Mena, titular de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Nuestra Señora de la Soledad de Málaga, ya que es el protector de la Legión desde 1928, aunque no será hasta el año 2000 cuando las autoridades eclesiásticas le reconocen esa función.

Dicen que en una carta encontrada en el pecho del primer legionario muerto en combate, Baltasar Queija, en 1921, se podía leer: “Si algún día Dios te llama, para mi un puesto reclama”. Este soldado inspiró una de las principales canciones de esta unidad militar, la del “Novio de la Muerte”.

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Los legionarios desfilan en Málaga en la Semana Santa de 2017 | Foto: Rodrigo Isasi

Cada Semana Santa, los aguerridos soldados de La Legión participen en el desfile procesional de esta Hermandad que todos los Jueves Santos recorre las calles de Málaga y entonan este “himno”, un cuplé de 1921 compuesto por Juan Costa letra de Fidel Prado, siendo su primera interprete Mercedes Fernández González, cuyo nombre artístico era Lola Montes. Desde que Millán Astray la escuchó, quedó incorporada al repertorio legionario, cantándose en el acto de homenaje a los que dieron su vida por España.

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Desfile de la Legión en en la base ‘Álvarez de Sotomayor’ de Viator, Almería | Foto: Ministerio de Defensa

Credo legionario

El credo legionario está inspirado en el Bushidocódigo de honor seguido por los Samuráis japoneses. El propio Millán Astray era un gran admirador de este texto, que incluso llegó a traducir al español. Tal y como recoge el Ministerio de Defensa, estos son sus principios:

  • El espíritu del legionario: es único y sin igual, es de ciega y feroz acometividad, de buscar siempre acortar la distancia con el enemigo y llegar a la bayoneta.
  • El espíritu de compañerismo: con el sagrado juramento de no abandonar jamás a un hombre en el campo hasta perecer todos.
  • El espíritu del amistad: de juramento entre cada dos hombres.
  • El espíritu de unión y socorro: a la voz de “A mí la Legión”, sea donde sea, acudirán todos, y con razón o sin ella defenderán al legionario que pide auxilio.
  • El espíritu de marcha: jamás un Legionario dirá que está cansado, hasta caer reventado, será el Cuerpo más veloz y resistente.
  • El espíritu de sufrimiento y dureza: no se quejará: de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed ni de sueño; hará todos los trabajos: cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes trabajará en lo que le manden.
  • El espíritu de acudir al fuego: la Legión, desde el hombre solo hasta la Legión entera acudirá siempre a donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.
  • El espíritu de disciplina: cumplirá su deber, obedecerá hasta morir.
  • El espíritu de combate: la Legión pedirá siempre, siempre combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses ni los años.
  • El espíritu de la muerte: el morir en el combate es el mayor honor. No se muere más que una vez. La muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.
  • La bandera de la Legión: la Bandera de La Legión será la más gloriosa porque la teñirá la sangre de sus legionarios.
  • Todos los hombres legionarios son bravos: todos los hombres legionarios son bravos; cada nación tiene fama de bravura; aquí es preciso demostrar que pueblo es el más valiente.
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Un contingente de legionarios patrullan en Badhis, Afganistán | Foto: Ministerio de Defensa

Curiosidades

  • El gorro que los legionarios llevan se llama Chapiri
  • Su emblema sinspira en las armas utilizadas por los Tercios que, al servicio del Rey de España, combatieron durante los siglos XVI y XVII conquistando y defendiendo el Imperio
  • Es la unidad de las Fuerzas Armadas Españolas que más rápido desfila. Son capaces de dar entre 160 y 180 pasos por minuto.
  • Antonio Banderas y Fernando Alonso son solo algunos de los caballeros legionarios de honor.
  • El Novio de la Muerte es su canción más conocida, pero no es su himno oficial.
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Emblema de la Legión | Foto: Rodrigo Isasi

Mascotas

En los Ejércitos de todo el mundo ha sido es habitual la adopción de animales como mascotas de la unidades. Es también bastante común que las fuerzas expedicionarias y coloniales elijan estas mascotas entre la fauna autóctona de sus zonas de despliegue.

La cabra es la mascota más conocida de la Legión, pero a lo largo de la historia de este cuerpo, no ha sido la única. La primera mascota de la que se tiene referencia en el Tercio fue una gallina. Cabras, borregos, loros, antílopes, monos, jabalis e incluso el famoso osoMagán‘, fueron sus sucesores.

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La cabra de la legión en el desfile del 12 de octubre de 2016 | Foto: Rodrigo Isasi

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El derecho de los catalanes a callarse

Ignacio Vidal-Folch

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Que se le reproche a “los catalanes” no haberse manifestado contra los golpistas, que se reproche a los “empresarios catalanes” y a los “ciudadanos catalanes” el silencio en que se han mantenido hasta el último momento me parece injusto.

Y no sólo porque es discutible que “los catalanes” existan. (Yo mismo no comparto una especial “identidad” con mis vecinos; y menos ese señor del cuarto derecha, que nació a pocos metros de distancia, y fue incluso conmigo al colegio, y será muy respetable, pero no iría con él ni a la esquina).

Lo que explica el “silencio de los catalanes” ante el golpismo es que la gente paga sus impuestos y obedece las leyes en la confianza de que el aparato del Estado le proveerá de pasaporte y DNI y se encargará de asegurar el orden. Para eso exactamente es para lo que existen los Estados; para eso sus aparatos jurídicos y ejecutivos están dotados con un sustancioso presupuesto: votamos en las elecciones para no ocuparnos demasiado de la política y para poder delegar la tarea de mantener el orden y la sensatez pública. Gobierno, Parlamentos, judicatura, guardia urbana, policía nacional, mossos, guardia civil, etcétera. ¿Y encima tenemos que salir a la calle a vociferar contra unos golpistas?

La gente que está ocupada en sus cosas –cosas más o menos serias, no fantasías decimonónicas– paga en la ventanilla que le digan y vota en la urna que le señalan. Y a cambio desea que la dejen en paz, no que la tironeen y le exijan que asista a manifestaciones y enarbole banderas. Es, con perdón, lo de Jesús en los Evangelios cuando le presentan una moneda: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Por eso en esta nueva epidemia de “vacas locas” me parece impropio reprochar a “los catalanes” sensatos su silencio. ¿Y acaso no hemos sido todos los españoles los que hemos contribuido a configurar cacicatos bajo el nombre de “nacionalidades”?

Lo que le corresponde a los golpistas es ir a la cárcel; a judicatura y policía, mantener el orden y poner fuera de la circulación a los rufianes; a la ciudadanía, pagar impuestos, respetar el código de circulación y votar en los comicios. Y poca cosa más. Tiene perfecto derecho a callarse.

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Garzón en Münzer

José Carlos Rodríguez

Foto: Luca Piergiovanni
EFE

Bernt Rothmann, amigo de Lutero, sufrió una violenta conversión a la nueva fe desde su acendrado catolicismo. Era un hombre elocuente, y forjó una pléyade de seguidores en Munzer que creían a pies juntillas la necesidad de imponer el comunismo más estricto. Ya no había tuyo, o mío. Jan Matthys, anabaptista, envió a sus “apóstoles” a la ciudad para que bautizasen a todo Münzer. Rothmann volvió a convertirse y abrazó la fe anabaptista. Aquél 1534 la ciudad alemana era ya un hervidero religioso cuando otro hombre, Jan Bockelson, con el apoyo de un rico industrial inició su apostolado particular. Andaba por las calles profiriendo alaridos y llamando a los vecinos al arrepentimiento por sus pecados. A su paso se retorcían los cuerpos de los vecinos, atormentados por las imágenes de un apocalipsis inminente. En ese ambiente de excitación, los anabaptistas, apoyados por los gremios, tomaron el ayuntamiento. Muchos luteranos, aterrorizados, abandonaron Münzer. La ciudad veía la llegada de anabaptistas procedentes de otros lugares, ávidos por ver con sus propios ojos la Nueva Jerusalén. Se hicieron con el control de la ciudad, lo que celebraron con una inmensa pira de libros, pinturas, estatuas. Una revuelta, una locura, que sólo necesitaba de un líder para que su éxito fuera completo. Fue entonces cuando llegó el propio Jan Matthys.

Matthys se convirtió en el dictador de la ciudad. Ordenó el degollamiento de católicos y luteranos, pero oyó los consejos que le decían que una mera expulsión crearía menos recelos en el negro mar que rodeaba la isla de santidad que era Münzer. Confiscó la propiedad de los expulsados. Un herrero protestó por la política impuesta por un extranjero (Matthis era de Haarlem), y pagó con una ejecución pública su atrevimiento. El terror se combinaba con severas advertencias de que poseer dinero atentaba contra el cristianismo.

La ciudad estaba sitiada por fuerzas católicas. Matthys salió de la ciudad para librarla del cerco junto con unos cuantos hombres, pero fue aplastado. Entonces Münzer cayó en manos de Bockelson. Él abolió todas las instituciones municipales e instituyó un gobierno formado por doce ancianos y él mismo, a los que confirió poder absoluto sobre la vida y la propiedad de los vecinos. La pena capital era la respuesta a cualquier tipo de insubordinación.

Cuando cedió el cerco sobre la ciudad, Bockelson se proclamó Rey y Mesías de los Últimos Días. Comenzó a vestir con todo lujo. Colocó en el centro de la plaza un trono revestido de paño de oro. Bockelson ordenó cambiar los nombres de todas las calles. Confiscó todos los caballos y se los entregó a sus hombres, que pronto comenzaron a compartir los frutos del expolio. Se imponían trabajos forzados y cualquier “excedente” en manos de un ciudadano era penado con la muerte.

El entusiasmo del pueblo por el anabaptismo y la Nueva Jerusalén empezó a brillar mucho menos. Entonces, Bockelson expuso ante todo Münzer cuál era la justificación del nuevo sistema. Él, y los suyos, habían muerto al mundo y a la carne. Eran, pues, espíritus “puros”. Y no importa lo que hicieran, eran incapaces de pecar. Los que aún albergasen alguna duda sólo debían esperar, pues Bockelson y los suyos eran sólo la avanzadilla de un nuevo orden, en el cual también ellos podrían disfrutar de esos lujos. Un nuevo cerco a la ciudad dio fin al régimen del amor impuesto en Münzer, un año después. El final fue agónico para la población, que veía cómo los dictadores de la ciudad comían con desmesura los víveres que a ellos les faltaban.

Predicar el comunismo, la justicia infinita y el gobierno basado en el amor y seguir personalmente un comportamiento contrario no es un invento de Alberto Garzón.

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Cataluña: precisar los términos

Josu de Miguel

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Casi dos semanas después de que el Parlament aprobara las Leyes de Referéndum y Transitoriedad Jurídica, resulta necesario realizar un balance de situación jurídico y conceptual. Me parece que hay un consenso generalizado en la idea de que la aprobación de ambas leyes se hizo sin sustento constitucional y estatutario. Además, en su elaboración se desconocieron las normas del Reglamento interno que regulan la vida de la Cámara, impidiendo que las minorías pudieran ejercer los más elementales derechos de participación democrática.

Entonces sí, estado de excepción. Lo recordaba el otro día Ricardo Calleja Rovira: puestos a jugar las grandes ligas intelectuales, es mejor no quedarse con los refritos postmodernos. Cuando Carl Schmitt disertaba sobre el asunto en La dictadura (1921), convino en denominar estado de excepción a la dictadura soberana ejercida por el poder constituyente que trataba de poner en pie un nuevo edificio constitucional. Nótese que el concepto que ha puesto en circulación Podemos y sus derivas, está sin embargo emparentado con las lecturas políticas que del jurista de Plettenberg hicieron Foucault, Negri o Agamben: la democracia liberal como sistema autoritario característico de las sociedades de control.

Lamentablemente, la opción jugada por los órganos del Estado puede abonar este discurso. Al poner en marcha un sinfín de actuaciones judiciales dirigidas a evitar cualquier actuación pública o privada que pueda entenderse como una desobediencia al Tribunal Constitucional, se termina generalizando y socializando el conflicto. Ello permite al independentismo y a parte de la izquierda española presentar lo que es un burdo golpe al Estado de Derecho como una legítima propuesta democrática y emancipadora que intenta ser sofocada mediante querellas del Ministerio Fiscal. Y este relato se puede estar comprando en España y Cataluña –y veremos si en el extranjero- a ritmo desenfrenado.

Sin embargo, el Gobierno parece querer agotar el espacio de la proporcionalidad para evitar verse sorprendido por supuestos de hecho que impliquen la aplicación del tan temido art. 155 CE. Tomemos como ejemplo la intervención de las cuentas de la Generalitat, que contempla un pago sustitutorio que se aleja de la administración financiera ordinaria y se aproxima claramente a las típicas medidas de ejecución forzosa. En cualquier caso, los independentistas persistirán en una actitud institucional tendente a que finalmente se aplique la coerción federal. Recordemos en tal caso que para tomar este tipo de medidas –lo sabemos por otras experiencias históricas y comparadas- conviene tener un amplio respaldo político. La cuestión central pasa entonces por preguntarnos si Rajoy cuenta al día de hoy con dicho respaldo.

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