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Maleducados

Jordi Bernal

No me gustan los tipos maleducados. No los soporto. Tampoco los diplomáticos (eufemismo de falsos sonrientes falsos), que conste. Cuando uno es (siniestramente) joven siente cierta atracción por los malditos. O al menos ese fue mi caso. Con los años, sin embargo, las tonterías de divos aburren. Uno de los mayores aburridores de ovejas es el sobrevalorado y plasta Bob Dylan. No he asistido a ninguno de sus conciertos, pero parece ser que hay gente que paga mucha pasta para que el tipo te cante cuatro canciones con voz de gallo desafinado y de perfil. Y ni sabe tocar la guitarra. Y con unas letras que dan pena empanadas.

De hecho la mayoría de sus composiciones son un plúmbeo regodearse en metáforas abrumadoras y pesadísimas. Pocas veces ha sabido narrar una historia emocionante. Like a Rolling Stone es excepcional.  Y a mí que me gusta la versión de los Stones…

Pero decía que no soporto a tipos que no saben comportarse. Ese desaire de imbécil hacia el incomprensible Nobel de Literatura. Esa tontería de aceptarlo pero no presentarse.  Al fin y al cabo estamos hablando de un pobre trovador peludo y palurdo que no hace más que engarzar imágenes sonsas sin fin.

Por otra parte, considero que Chuck Berry y Lou Reed escriben mejor que Dylan.

No me gustan los tipos maleducados. Admiro a los hombres nobles. Leonard Cohen agradeciendo el Príncipe de Asturias. Es el mejor discurso que he leído y escuchado. Un caballero.

Por no hablar del discurso de Albert Camus cuando el Nobel. Aquí un hombre:

“Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de cualquier cosa.”

Siento mucho respeto por la gente educada. Y por Albert Camus. Por los hombres que anteponen la educación de caballero al arte mediocre de literatos metafóricos. Por los hombres que anteponen cualquier cosa”.

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5 razones por las que 'Nunca me abandones' es completamente vigente en 2017

Nerea Dolara

Kazuo Ishiguro se ganó el Nobel de Literatura de 2017 y Nunca me abandones es una de sus mejores novelas. La adaptación al cine es genial. Aquí te decimos por qué hay que verla (o leer e libro) en 2017.

Kazuo Ishiguro se ganó un merecido Nobel de Literatura por una carrera discreta pero excelente escribiendo silenciosos dramas que marcaron tanto a sus lectores que terminó llevándose este premio 35 años después de escribir su primer libro. Ishiguro es un autor delicado y muy particular que se extiende entre dramas muy íntimos, como Lo que resta del día (que ganó el Booker Prize en 1989), hasta historias ubicadas en mundo imaginarios muy complejos, como El gigante enterrado (2015). Pero es una de sus novelas, publicada en 2005 y adaptada al cine en 2010, la que salta para muchos como la más memorable de su no muy extensa bibliografía (tiende a tomarse unos 5 o 6 años de promedio para escribir sus novelas, aunque también escribe cuentos y guiones): Nunca me abandones.

El libro, un hermoso ejemplo de narración en primera persona, y de desapego calculado que destruye al lector en cuanto llega a los tres momentos más emocionales de la historia porque sorprende y conmueve de forma intensa y real (es un relato que saca lágrimas, sin duda), fue incluido en la lista de Times como una de las 100 mejores novelas en lengua inglesa desde la fundación de la publicación, en 1923. Cinco años después de su publicación la historia llegó al cine en una adaptación fiel, conmovedora y excelente que tuvo poca o ninguna repercusión (para sorpresa general de críticos y quienes la vieron). Y hoy, para celebrar el Nobel de Ishiguro (y para invitar a comprar el libro, que es una joya), vamos a revisar las razones por las que la película (y la novela) son indispensables en el presente en que vivimos.

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Imagen de la adaptación al cine de la novela de Ishiguro | Imagen vía Fox Searchlight Pictures.

La trama

Nunca me dejes ir es una historia dura, pero también misteriosa. Saber su secreto no cambia su impacto, pero sería ignorar los deseos del autor, que revela la terrorífica realidad lentamente, no decir SPOILER ALERT antes de seguir. En este relato tres niños, Kathy, Tommy y Ruth, crecen en un internado británico, al parecer son huérfanos, como todos los niños del lugar, en que, a cierta edad, los adolescentes son llevados a otro sitio. Desde el principio se habla de deber y servicio y cuando los niños, que crecen en una infancia casi tan idílica que es sospechosa, son informados de su responsabilidad de vida la narradora, Kathy, lo cuenta sin inmutarse: ellos, todos ellos, son clones de personas vivientes que quieren desafiar la muerte, para hacerlo sus copias humanas se convierten en donantes de órganos vitales que fallan, hasta que mueren tras haber cumplido su función.

Puede que ya en el año 2005 este futuro pareciese a la vez una paranoia retro y una escabrosa visión de futuro. Como si de un episodio de Black Mirror se tratara, pero mucho antes de que existiese, esta historia parece alcanzable en poco tiempo y tan posible que es terrorífica. ¿Quién no imagina a clases privilegiadas, a ese 1% que acumula más del 80% de la riqueza mundial, cultivando donadores eternos de órganos? ¿Quién no se imagina que esto podría pasar ya?

El problema que tienen Kathy, Ruth y Tommy es que son humanos, aunque no lo sean en origen. Sienten amor y dolor, son capaces de la traición y la amistad, son seres con emociones que serán despedazados por piezas… y eso, salvo que nos neguemos a la realidad de un mundo cada vez más indiferente y relativista, resulta altamente posible.

La estética

Mark Romanek es un buen director. Miembro de una generación de directores de vídeos musicales (como Spike Jonze), es el responsable de los vídeos de Criminal, de Fiona Apple; de Hurt, de Johnny Cash y otros cientos más. Su currículo cinematográfico tenía, antes de Nunca me abandones, a Retratos de una obsesión (esa película en que Robin Williams traumó a todo el mundo como el dependiente de un sitio de revelado fotográfico que acosa a una familia) a la cabeza, pero poco más relacionado con cine. Sin embargo, la estética retro-futurista de Nunca me abandones parece sacada de la cabeza de alguien mucho más avezado en el mundo del cine. Romanek tiñe los espacios de blancos y azules fríos, y a sus personajes de ropas entre vintage y roñosas de colores terrenales. Nunca hay colores intensos, nunca una paleta que exude felicidad… más bien una suma de colores escandinavos y estética minimalista y marrones y mostazas y espacios antiguos y descuidados. Un balance que hace de este futuro incierto (nunca se sabe el año en que se desarrolla) algo tan posible como atemporal para el espectador.

El reparto

Los tres personajes principales tienen nombres de actores británicos que en ese entonces ya eran conocidos, pero no eran nombres alla Hollywood como ahora. Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield interpretan a los adultos en que se convierten los niños protagonistas, quienes viven la desgracia y la rutina de ser quienes son y tener las responsabilidades que tienen. Charlotte Rampling es la encargada del internado en que crecen, distante y señorial, y Sally Hawkins es una de sus profesoras que, agobiada por el peso de la culpa, los abandona en su infancia y mira hacia otro lado. Hay pocos más personajes importantes. El drama, aunque plagado de ciencia ficción, se relata muy cerca del alma, del ser de cada uno, de su reducida experiencia vital.

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Imagen de la adaptación al cine de la novela de Ishiguro | Imagen vía Fox Searchlight Pictures.

La narración

Como la adaptación televisiva de The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood, esta adaptación al cine adopta con propiedad el monólogo interno de su narradora (ambas son mujeres). Y como en el de Atwood (aunque no en la serie, que opta por darle un espíritu más rebelde), la narradora de esta historia retrata sus circunstancias sin criticar en exceso. Ambas mujeres asumen su doloroso estatus quo porque un cambio es completamente inviable cuando el abuso y la injusticia están tan asumidas como normales. Nunca me abandones recuerda a The Handmaid’s Tale y aunque más apagada en su versión fílmica (es mucho más fiel al material original) genera la misma angustia existencial sobre el valor de la vida y el peligro del mal manejo del poder en nombre del miedo.

Las preguntas

Nunca me abandones plantea una pregunta que es casi tan vieja como la ciencia ficción: si un ser creado (sea un clon, sea un robot…) piensa y siente, ¿es humano? ¿Qué lo diferencia? ¿Ser humano está definido por la forma de nacimiento? Mucha literatura y audiovisual han explorado el tema, y en este caso no está ahí como una discusión abierta, ni siquiera los propios personajes que lo sufren se rebelan ante la idea de su “naturaleza útil”, y es justo esa indiferencia, esa normalización, ese aire de fábrica y de producción en serie lo que hacen de esta pequeña historia algo universalmente conmovedor.

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¿Quién ganará el Nobel de Literatura? La sorpresa puede ser el keniano Ngugi Wa Thiong'o

Redacción TO

Foto: Antony Njuguna
Reuters

Como todos los años la ludopatía se dispara con la llegada del Nobel de Literatura y este año la Academia sueca puede dar una nueva sorpresa, como el año pasado, que galardonó al cantautor Bob Dylan, en una decisión muy discutida. Apenas faltan unas horas, con la llegada del jueves 5 de octubre, para conocer el fallo. Si atendemos a las casas de apuestas, las listas están repletas de autores de fama internacional, con gran trayectoria y éxito de ventas –Haruki Murakami, Amos Oz, Javier Marías, Don DeLillo…–, pero también de otros que se han curtido en el terreno de la periferia –y que no han sido por ello ignorados por los académicos, que los mantienen año tras año entre los aspirantes–, como el poeta sirio Adunis o el novelista keniano Ngügï wa Thiong’o.

Este último nombre ha sonado con fuerza en los últimos días y puede que este autor, que en los 70 renunció a seguir escribiendo en inglés, la lengua de los colonialistas de su país, para hacerlo en la lengua de su etnia, el kikuyu, sea el elegido por los académicos. De ser así, se embolsaría 8 millones de coronas suecas –al cambio, algo más de 750.000 euros–. Entre los autores españoles, destaca Javier Marías, a quien las casas de apuesta lo sitúan entre los principales candidatos. En castellano, aparece con timidez el argentino César Aira, que como siempre entra en las quinielas, aunque nunca entre los cinco primeros. Este año irrumpe con fuerza el nombre de la canadiense Margaret Atwood, que ha regresado a la primera plana tras la adaptación televisiva de uno de sus libros más célebres, El cuento de la criada.

Así están las apuestas, en euros:

Unibet

1. Haruki Murakami (3.50)

2. Ngügï wa Thiong’o (5.50)

3. Amos Oz/Margaret Atwood (7.50)

5. Adunis/Yan Lianke (13.00)

7. Claudio Magris/Ko Un (15.00)

9. Javier Marías/Jon Fosse (18.00)

Ladbrokes

1. Ngügï wa Thiong’o (4.00)

2. Haruki Murakami (5.00)

3. Margaret Atwood (6.00)

4. Ko Un/Yan Lianke (8.00)

6. Amos Oz/Javier Marías (10.00)

8. Adunis (12.00)

9. Don DeLillo (14.00)

10. Jon Fosse (18.00)

PAF

1. Haruki Murakami (3.50)

2. Ngügï wa Thiong’o (5.50)

3. Amos Oz/Margaret Atwood (7.50)

5. Adunis/Yan Lianke (13.00)

7. Claudio Magris/Ko Un (15.00)

9. Javier Marías/Jon Fosse (18.00)

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7 escritores que murieron sin Nobel

Redacción TO

Foto: TINA FINEBERG
AP

A los 90 años, ha muerto John Ashbery. “Nadie escribiendo poemas en idioma inglés tiene más probabilidades que Ashbery de sobrevivir al severo juicio del tiempo”, escribió sobre él el profesor y crítico literario Harold Bloom. “Se une a la secuencia estadounidense que incluye a Whitman, Dickinson, Stevens y Hart Crane”. Y, sin embargo, se muere sin premio Nobel, a pesar de sonar siempre en las casas de apuestas. No es el primero. Ni será el último. A cerca de un mes de que la Academia Sueca anuncie al ganador de 2017, el autor de Autorretrato en espejo convexo se une a una incómoda lista de escritores que murieron sin haber recibido el mayor reconocimiento literario del mundo. Estos son algunos:

Marcel Proust

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El escritor, en una imagen sin datar.

Uno de los escritores más influyentes del siglo XX, el francés Marcel Proust (1871-1922), se murió sin Nobel pero se murió también sin ver finalizada la publicación de su principal obra. El quinto, sexto y séptimo volumen de En busca del tiempo perdido, la monumental novela publicada en siete tomos, vieron la luz en 1923, 1925 y 1927, respectivamente. La publicación de los tres últimos libros de la obra (La prisionera, La fugitiva y El tiempo recobrado) corrió a cargo del hermano del autor, Robert Proust, y de Jacques Rivière, escritor, crítico literario, editor y amigo personal de Proust.

Franz Kafka

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El autor de ‘La metamorfosis’, en una fotografía sin datar.

De kafkiana se podría tildar la historia del austrohúngaro con el premio Nobel. Porque Franz Kafka (1883-1924) definió en buena parte la narrativa universal del siglo XX. Uno de los motivos de la omisión del galardón al creador de La metamorfosis hay que buscarlo en el hecho de que dos de sus novelas más aclamadas, El castillo y El proceso, fueron publicadas póstumamente y el Nobel solo se concede a literatos vivos. De hecho, Kafka dejó instrucciones para que se destruyeran sus manuscritos no publicados tras su fallecimiento. Afortunadamente, su amigo Max Brod ignoró su petición y hoy todo su trabajo está en las librerías.

James Joyce

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El escritor de ‘Ulises’, en una foto sin datar.

Con cuatro galardones a William Butler Yeats, Bernard Shaw, Samuel Beckett y Seamus Heaney, Irlanda es el octavo país del mundo con más premios Nobel de literatura, una cifra ya de por sí notable, pero más aún tratándose de una nación de algo más de seis millones de habitantes. Sin embargo, el que está considerado como el mejor literato de la historia de Irlanda nunca recibió el mismo reconocimiento. Uno de los motivos que jugaron en contra de James Joyce (1882-1941) fue el mismo que lo convirtió en histórico: la innovación que presentaba su obra, entre la que destaca Ulises o Retrato del artista adolescente, supuso que también fuera incomprendida.

Virginia Woolf

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La autora de ‘La señora Dolloway’, en una imagen sin datar.

En la historia del premio Nobel de Literatura, que empezó a otorgarse en 1901, solo 14 mujeres han recibido el honor. Fue un factor que jugó en contra de la británica Virginia Woolf (1882-1941). En el año de su fallecimiento solo cuatro escritoras habían ganado el premio, de las cuales dos eran escandinavas. El machismo de la época es un factor determinante a la hora de entender por qué la autora de La señora Dolloway murió sin el reconocimiento. En la actualidad, la Academia sueca ha cambiado sus criterios y está más abierta a las letras femeninas. En lo que va de siglo, cinco mujeres han ganado el premio: Elfriede Jelinek (2004), Doris Lessing (2007), Herta Müller (2007), Alice Munro (2011) y Svetlana Alexievich (2015).

Vladimir Nabokov

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El escritor, en Montreux, Suiza, en 1973. | Foto: STF / AP

Uno de los escritores estadounidenses más influyentes del siglo XX, Valdimir Nabokov, nacido en Rusia (1899-1977) fue también uno de los grandes olvidados por Estocolmo. Una de las mayores críticas a las que se tuvo que enfrentar el autor de Ada o el ardor llegó a raíz de la publicación de Lolita, una novela que explora la relación entre un hombre maduro y una niña de 12 años. Precisamente esta obra se tuvo que enfrentar en el momento de su publicación (1955) a la censura y quizá fue demasiado explícita para el conservador comité del Nobel.

Julio Cortázar

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El escritor argentino, en Madrid en 1981. | Foto: Ángel Millán / EFE

El boom latinoamericano en la segunda mitad del siglo XX se cristalizó en cinco premios Nobel para la región: el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1967), el chileno Pablo Neruda (1971), el colombiano Gabriel García Márquez (1982), el mexicano Octavio Paz (1990) y el peruano-español Mario Vargas Llosa (2010). Argentina tuvo su oportunidad con Julio Cortázar (1914-1984), pero la Academia sueca decidió no otorgarle el honor. Si bien la monumental Rayuela es una de las novelas más reconocidas de la lengua española, el autor de Historias de cronopios y de famas destacó también en el relato corto, un género al que el Nobel no empezó a prestar atención hasta que en 2013 premió a Alice Munro.

Jorge Luis Borges

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El escritor, en 1980 en Madrid. | Foto: Efe

De nuevo el comité pasó por alto a un argentino. Jorge Luis Borges (1899-1986) dejó obras como Ficciones o El Aleph, pero una de sus mayores contribuciones es también Historia universal de la infamia, considerada como el germen del realismo mágico. Sin embargo, todo eso fue insuficiente para convencer a la Academia sueca de que el bonaerense merecía el mayor galardón de las letras universales. “No otorgarme el Premio Nobel se ha convertido en una tradición escandinava; desde que nací no me lo vienen dando”, llegó a bromear el autor. Los críticos actuales ven en su cercanía con el dictador chileno Augusto Pinochet uno de los motivos que pudieron haber causado rechazo en Estocolmo.

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Premio Cervantes, un recorrido por los 'Nobel' de la literatura en lengua hispana

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Daniel Ochoa de Olza
AP Photo/Archivo

El Premio Cervantes está considerado como el Premio Nobel de las letras hispánicas y la ceremonia de entrega del galardón se celebra el 23 de abril con motivo del Día del Libro. Este año es una excepción porque el último galardonado, el escritor catalán Eduardo Mendoza, ha recibido su merecido premio de manos del rey Felipe en una ceremonia celebrada este jueves en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, porque el 23 cae en domingo.

El prestigioso premio fue instituido en 1974. El objetivo era y sigue siendo honrar la obra literaria completa de escritores de habla hispana. Los candidatos se presentan por el pleno de la Real Academia Española y por las Academias de los países hispanos y los premiados en años anteriores. El jurado lo preside el ministro de Cultura y Educación de España.

Si hubiera que poner alguna pega a este importante galardón de las letras es el escaso número de mujeres reconocidas con el Cervantes. Sólo cuatro escritoras de una larga listas de hombres.

Relación de premiados y sus discursos:

1976 – Jorge Guillén, tuvo el honor, como dijo él mismo, de estrenar este premio en su primera edición celebrada en 1976. El poeta español y crítico literario integrante de la Generación del 27 agradeció la elección de los académicos en un emotivo y breve discurso en el que destacó su “gratísima sorpresa, y, más aún, en este siglo que nos ha tocado gozar y padecer. Todos los oráculos coinciden: la historia desemboca en una realidad que se reduce a dos culminaciones: economía y política”.

1977 – Alejo Carpentier, se convirtió, por su parte, en el primer galardonado iberoamericano y en su intervención rindió homenaje a la novela en general y a Miguel de Cervantes en particular, del que dijo ser fiel admirador. “No hay ni habrá crisis de la novela mientras la novela sea novela abierta, novela de muchos, novela de buenas y fuertes variaciones -valga el término musical- sobre los grandes temas de la época, como lo fue en su tiempo la ejemplar novela, a la vez local y universal, de Miguel de Cervantes Saavedra”.

1978  – Dámaso Alonso, poeta, crítico y lingüista español, aceptó el galardón haciendo una encendida defensa de la lengua española. “Todos los que usamos nuestra lengua estamos obligados (los cultos especialmente) a que entre nuestros veinte países se conserve la perfecta nitidez, la claridad total que aún tiene hoy a pesar de las diferencias aisladas de fonética, léxico, etc. Tenemos todos que defender la unidad del español”.

1979  – Gerardo Diego, poeta cántabro, en su alocución recordó que “todos los años, primaveras, otoños, son el año de Cervantes. Y por eso Miguel remuere todas las primaveras para renacer todos los otoños y cantar quijotesco contrapunto a la infinita melodía vegetal”.

1979 – Jorge Luis Borges, una de las más prestigiosas figuras de la literatura argentina compartió el Cervantes en esta edición con un breve discurso en el que habló de Cervantes pero, sobre todo, expresó su agradecimiento por recibir de manos del rey tan honroso reconocimiento. “Me conmueve mucho el hecho de recibir este honor en manos de un Rey, ya que un Rey, como un Poeta, recibe un destino, acepta un destino y cumple un destino y no lo busca, es decir, se trata de algo fatal, hermosamente fatal”.

1980 – Juan Carlos Onetti, el novelista uruguayo y gran fabulador de historias. “Que un hombre, a mi edad, se vea rodeado de pronto, sin merecerlas, por tantas formas de amor y de la comprensión, ya es, en sí mismo, uno de los mejores dones que el destino puede depararle, un regalo de los dioses, algo que, por desgracia, sucede muy pocas veces”, dijo emocionado.

1981 – Octavio Pazel gran poeta mexicano hizo gala de su reconocida humildad cuando dijo “soy apenas un episodio en la historia de nuestra literatura, la transitoria y fortuita encarnación de un momento de la lengua española”.

1982 – Luis Rosales, la voz de Granada hecha poesía y su elogio a Cervantes. “Con Cervantes comienza la crítica de los absolutos, y comienza con una sonrisa, no de placer sino de sabiduría. Cervantes sonríe. Aprender a ser libre es aprender a sonreír”.

1983 – Rafael Alberti, el poeta gaditano y el recuerdo del exilio centraron su discurso. “Cuando un poeta español llega como exiliado a aquella América en la que aún, con toda su variedad y riqueza de modulaciones, se habla la castilla, aquellas dolorosas raíces que llevaba fuera, rotas, expuestas a los vientos, al cabo de los años se vivifican, renacen, crecen, se llena de hojas, de brotes nuevos, gulas largas, inmensas, que por encima del mar vuelan a ciegas a encontrarse con aquellas otras desgajadas, partidas, que allá lejos quedaron”.

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El Rey Juan Carlos entrega el Premio Cervantes 1983 al poeta gaditano Rafael Alberti, durante un acto solemne celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. EFE//ct

1984 – Ernesto Sábato, el novelista argentino comprometido. “El hombre podría haber sido feliz como un animal sin conciencia de la muerte o como espíritu puro, no como hombre: desde el momento en que se levantó sobre sus dos pies, inauguró su infelicidad metafísica”.

1985 – Gonzalo Torrente Ballesterel novelista y profesor rindió homenaje a la profesión del enseñante. “Yo he sido profesor, y aunque no esté aquí como tal, no puedo dejar de serlo, menos aún olvidarlo en esta ocasión. Durante medio siglo intenté comunicar a muchas generaciones de mozos y mozas el arte de la Lengua y el secreto de la Literatura”.

1986 – Antonio Buero Vallejo, un premio al dramaturgo español por excelencia. “Al recibir hoy este premio de las augustas personas cuya presencia tanto me honra, me conforta suponer que, si se me ha concedido porque deleité algo, también se me habrá otorgado porque algo inquieté”.

1987 – Carlos Fuentes, el narrador mexicano nacido en Panamá que alabó el habla castellana al destacar que “esta lengua nuestra se está convirtiendo, cada vez más, en una lengua universal, hablada, leída, cantada, pensada y soñada por un número creciente de personas”.

1988 – María Zambrano, la primera mujer y filósofa ganadora del Cervantes que no pudo recoger personalmente debido a su delicado estado de salud pero que en su discurso destacó dicha condición. “Gracias por concederme, en esta hora de España y en la Universidad de Alcalá de Henares, la ocasión de haber sido la primera mujer galardonada con el Premio Cervantes”.

1989 – Augusto Roa Bastos, el narrador y poeta considerado el escritor paraguayo más importante del siglo XX que reivindicó el fin de la dictadura en su país. “Señala este hecho, en consecuencia, el comienzo de la restauración moral y material de mi país en un sistema de pacífica convivencia; la entrada de Paraguay en el concierto de naciones democráticas del continente”.

1990 – Adolfo Bioy Casares, el novelista argentino que concluyó con un particular agradecimiento. “Quiero también expresar mi gratitud a un escritor que no está aquí, pero que está presente: Cervantes, a quien le debo la literatura, que dio sentido a mi vida”.

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Adolfo Bioy Casares en la rueda de prensa en Madrid de 1990, tras ganar el Premio Cervantesl de Cervantes | Foto: Desmond Boylan / AP

1991 – Francisco Ayala, novelista y ensayista andaluz afincado en Madrid, y su elogio a la lectura. “Creo oportuno, cuando nos hallamos reunidos para honrar la memoria de Cervantes, insistir sobre las indispensables virtudes del ejercicio literario, que no consiste tan sólo en escribir, sino también, por supuesto, en leer”.

1992 – Dulce María Loynaz, la primera mujer poeta llegada de Cuba, que rindió tributo a la risa de la que dice que “cuando puede participarse, hermana a los hombres”.

1993 – Miguel Delibes, el castellano más universal y su elogio a la labor del novelista como creador. “La imaginación del novelista debe ser tan dúctil como para poder intuir lo que hubiera sido su vida de haber encaminado sus pasos por senderos que en la realidad desdeñó”.

1994 – Mario Vargas Llosa, el novelista peruano que mostró al mundo su Arequipa natal, entre la ficción y la realidad. “Combatir la realidad con la fantasía, que es lo que hacemos todos cuando contamos o fabricamos historias es un juego entretenido mientras nos mantengamos lúcidos sobre las fronteras inquebrantables entre ficción y realidad”.

1995 – Camilo José Cela, el gallego universal que cambió la medicina por las letras, vio cumplido su deseo de recibir el Cervantes como el novelista admitió en su discurso. “Nunca se llega tarde a ningún sitio, jamás se nace ni se muere cinco minutos antes, y todos los puertos son seguros tan pronto como se rinde en ellos la más azarosa y difícil singladura”.

1996 – José García Nieto, el poeta español y periodista cuyo estado de salud le impidió pronunciar su discurso aunque sí estuvo presente en la ceremonia. Su su amigo el poeta Joaquín Benito de Lucas quien lo leyó en su nombre. “Se ha querido (dice) rendir tributo y homenaje a todos los poetas que, surgidos en la década de los años cuarenta, comenzaron a crear su obra en esos años tan atribulados y conflictivos de la moderna historia de España”.

1997 – Guillermo Cabrera Infante, ensayista y novelista cubano no decepcionó con sus juegos y preguntas que llenan sus obras. ¿Qué les parece Don Quijote de las Indias? ¿Qué tal Sancho Pampa? No habría habido molinos, pero habría vientos”.

1998 – José Hierro el poeta vinculado a Santander y su elogio de la palabra. “El sistema del poeta, recordé antes, consiste en hacer accesible a la razón lo que, en su origen, es música errante que ha de encadenarse al pentagrama, lo que le permitirá ser interpretada y, en consecuencia, hacerse audible para todos”.

1999 – Jorge Edwards, polifacético autor chileno que no imaginó alcanzar tales honores. “Debo decir que nunca estuve destinado por las circunstancias, por mi formación, por el ambiente en el que me tocó crecer, a convertirme en un autor de artefactos verbales en verso o en prosa”.

2000 – Francisco Umbral, un paradigma del periodismo literario que rindió homenaje a Don Quijote, el personaje más famoso de Cervantes. “El Quijote no es el libro que vive sino la vida que no ha vivido”.

2001 – Álvaro Mutispoesía y novela entremezcladas de un escrito exigente, como se encargó de recordar en su intervención. “Mi relación con lo que he escrito ha estado siempre señalada por el rigor de una autocrítica implacable y la angustia de no haber alcanzado la plenitud y claridad de lo que he querido decir

2002 – José Jiménez Lozano, un abogado entre literatos apasionado de Cervantes y su arte de escribir. “Este señor Miguel de Cervantes se alimenta de la memoria y de la escucha, que son la materia del contar”.   

2003 – Gonzalo Rojas, el poeta chileno y su original inicio del discurso de agradecimiento. “Discursos van, discursos vienen y no dicen gran cosa. He medido las páginas. No pasaré de diez con letra grande”.

2004 – Rafael Sánchez Ferlosio, un novelista a caballo entre España e Italia. “En mis tiempos era muy difícil encontrar un padre joven, medianamente instruido, que, en el trato con sus hijos, no se creyese un pedagogo consumado”.

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Rafael Sánchez Ferlosio escucha las intervenciones previas a su discurso de agradecimiento por el Cervantes en la ceremonia celebrada en el Paraninfo de Alcalá de Henares | Foto: Sergio Pérez / Reuters

2005 – Sergio Pitol, novelista mexicano y el recuerdo de una intensa vida. “Tal vez el mayor deslumbramiento en mi adolescencia fue el idioma de Borges”.

2006 – Antonio Gamoneda, el poeta asturiano hijo de poeta. “Increíble y cierta es también, en su esencialidad, la poesía”.

2007 – Juan Gelman, poeta bonaerense y su pasión por El Quijote. “Lo leí por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo después de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares”.

2008 – Juan Marsé, novelista, periodista y guionista de cine, un alarde de humildad. “La verdad es que yo nunca me vi donde ustedes me ven ahora”.

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El novelista catalán Juan Marsé en la ceremonia de entrega del Cervantes en 2009 | Foto: Susana Vera / AP

2009 – José Emilio Pacheco, el poeta mexicano y su relación con lo español. “Para volver al plano de la realidad irreal o de la irrealidad real en que los personajes del Quijote pueden ser al mismo tiempo lectores del Quijote, me gustaría que el Premio Cervantes hubiera sido para Cervantes”.

2010 – Ana María Matutela escritora barcelonesa que ya desde su primera infancia escribía e ilustraba sus propios cuentos y en su emotivo discurso habló de ella, de su relación con la literatura. “Sólo tenía un amigo, mi muñeco Gorogó, que, naturalmente, más tarde incorporé a una de las novelas con las que me siento más identificada, Primera memoria”.

2011 – Nicanor Parra, el poeta chileno, dada su avanzada edad, no pudo acudir a recoger el galardón y envió en su lugar a su nieto Cristóbal Ugarte, encargado de leer el discurso del premiado en el que recitó algunos de sus poemas.

2012 – José Manuel Caballero Bonaldel novelista de raíces españolas y cubanas, apasionado de las aventuras de Don Quijote. “Aún puedo revivir las emociones que me transferían esas precisas andanzas de don Quijote”.

2013 – Elena Poniatowskaparisina y mexicana a partes iguales, defensora de la lengua castellana. “Lo que se aprende de niña permanece indeleble en la conciencia y fui del castellano colonizador al mundo esplendoroso que encontraron los conquistadores”.

Premio Cervantes, un recorrido por los 'Nobel' de la literatura en lengua hispana 2
La escritora Elena Poniatowska en la ceremonia del Cervantes en Alcalá de Henares, en 2014 | Foto: J.J.Guillen / REUTERS

2014 – Juan Goytisolo, no podía sino dedicarse a las letras viniendo de una familia de escritores  y defensor de la libertad en el más amplio sentido de la palabra. “Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia”.

2015 – Fernando del Paso, el economista mexicano atrapado por la literatura. “Quizá debí haber comenzado este discurso de otra forma y decirles que yo nací en el ámbito de la lengua castellana el 1º de abril de 1935 en la ciudad de México”.

2016 – Eduardo Mendoza, el escritor catalán que mejor refleja la excelencia del humor en la literatura y que ha negado que se trate de un género menor, como a menudo se considera.

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