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Doble espanto para “los jóvenes”

José Antonio Montano

Foto: LUCAS JACKSON
Reuters/Archivo

Leí con resignación melancólica la reseña que escribió el profesor Jordi Gracia en ‘Babelia’ del nuevo libro de Félix de Azúa, ‘Nuevas lecturas compulsivas’, recopilación de artículos literarios, filosóficos y culturales que continúan las ‘Lecturas compulsivas’ de hace veinte años (en Anagrama entonces, en Círculo de Tiza ahora). Como azuísta agradecí el canto y el elogio, la recomendación entusiasta. La melancolía (y la resignación) me la produjo el intento de salvar a Azúa de sí mismo. Un intento bienintencionado y, por ello, a un tiempo enternecedor e irritante. En estas ‘salvaciones’, quien intenta salvar lo que pretende ante todo es salvarse: que no se le confunda con el condenado…

Espigo lo chungo de la reseña Gracia (de entre lo bueno, que es más): “Es natural que los decibelios del columnista hayan espantado a muchos lectores (jóvenes) que no sepan quién es Félix de Azúa o que solo sepan que es una firma a menudo estridente y rompetechos en las páginas de ‘El País’ […] la mejor versión de Azúa, irreemplazable y fastuoso para el lector culto, medio, curioso, ocioso y dispuesto a disfrutar de la otra cara del apocalíptico desatado, lejos del ‘tuit’ de la columna y de los truenos del capitán del fin de la alta cultura […] desconfíen (desconfiad) del alboroto mediático”.

Dos meses después de leer la reseña, he leído el libro. Me ha parecido una maravilla. Les remito, para que se dejen contagiar de admiración, a la reseña de Gonzalo Torné en ‘Letras Libres’. Una reseña arrebatadora que, sin embargo, también contiene su motita en la línea de Gracia: “en los artículos políticos [de Azúa] asoma a menudo un ‘clown’ incontrolable”.

Será porque suelo estar políticamente de acuerdo con Azúa –y sus exageraciones me las tomo como eso: como exageraciones (bernhardianas) –, por lo que no veo yo la contradicción, ni la necesidad de esas salvedades; como no sea, como he apuntado, para que se salve el salvador. Las consideraciones políticas son ciertamente las menos valiosas de Azúa; pero porque la política es siempre lo menos valioso, en Azúa y en todos. Una vez aceptado esto, encuentro una plena coherencia entre sus ataques y sus celebraciones. Ambas se asientan en lo mismo: en la lucidez apasionada. O en su radical celebración de la libertad y su no menos radical ataque a lo que la coarta o enturbia.

Lo gracioso es que en ‘Nuevas lecturas compulsivas’ abundan también las andanadas estridentes. Como no podía ser menos, ya que Azúa es Azúa. (Véase, por ejemplo, el artículo “Borrón y cuenta nueva”). De manera que “los jóvenes” que intentaba captar Jordi Gracia con su prevención se sentirán doblemente espantados si le hacen caso y leen el libro.

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AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo

Redacción TO

Foto: Antonio Calanni
AP

Hay pocas circunstancias más frustrantes en la vida de un viajero que la cancelación o retraso de un vuelo, y sobre todo si ese viaje se hace por placer. En The Objective ya publicamos una breve guía de cómo proceder ante la cancelación de vuelo, que puede servir de ayuda a cualquier pasajero en apuros. Ahora presentamos AirHelp, la aplicación que te hace la vida más fácil si sufres alguna de las circunstancias citadas.

Según esta empresa especializada en la defensa de los derechos de los pasajeros, más de 110.000 personas en España sufrieron en julio retrasos, cancelaciones y sobreventa en aproximadamente unos 800 vuelos. Además, concreta que sólo un 1% de los afectados reclamaron una compensación, lo que se traduce en que las compañías aéreas deberían haber abonado 30 millones de euros tan sólo en ese mes por los retrasos, cancelaciones y casos de overbooking.

Para muchos, el proceso de reclamación se revela arduo y largo, por lo que no se plantean siquiera el ejercer su derecho como pasajero. Por suerte, la tecnología nos abre un mundo de posibilidades también en el fatigoso mundo de las solicitudes burocráticas.

Reclamación a golpe de clic

Desde AirHelp aseguran que el trámite con ellos pasa de durar horas a tan sólo 3 minutos, por lo que reclamar con este servicio, que cuenta con aplicación para smartphones, puede ser tan sencillo como hacer clic.

AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo 1
Una app que te quita dolores de cabeza. Literal. | Imagen: AirHelp

Para los retrasos de vuelo en los viajes hacia y desde los países de la Unión Europea, la compensación puede llegar hasta los 600 euros, y desde AirHelp aseguran que con su servicio los viajeros obtienen una compensación media de 400 euros por vuelo. Las cosas son más complicadas si tu vuelo se retrasa en suelo estadounidense: según Scott Ginsberg, gerente de AirHelp, las aerolíneas en Estados Unidos sólo están obligadas a compensar los retrasos prolongados en la pista, con lo que los derechos de los pasajeros se ven más limitados.

Para poder luchar correctamente por la debida compensación, y a pesar de la ayuda de AirHelp, el pasajero debe proceder a tenerlo todo muy bien acotado. Desde conservar la tarjeta de embarque, a preguntar por el motivo del retraso al personal o anotar la hora real de llegada al destino final, todos los datos que tengamos harán más fácil todo el proceso. Desde AirHelp resaltan además la importancia de no firmar ningún documento ni aceptar ninguna oferta o vale que pueden acarrear la pérdida de los derechos de reclamación.

Vuelos de hasta 5 años de antigüedad

AirHelp te permite comprobar tus vuelos de los últimos 5 años para conocer si tienes derecho a compensación, un servicio completamente gratuito, y reclamar cuando uno de tus vuelo esté afectado. Siempre sale más barato hacerlo uno mismo, ya que AirHelp se reserva una comisión del 25% por el servicio en el caso de ganar el caso, pero si la reclamación no llega a buen puerto, el usuario no debe pagar nada.

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Identidad

José Carlos Rodríguez

Foto: Alejandro Alvarez
Reuters

Un grupo de supremacistas blancos convocó una manifestación contra la retirada de una estatua del General Robert E. Lee en la ciudad de Charlottesville, Virginia. Es la ciudad en la que Thomas Jefferson construyó Monticello. Hubo una contramanifestación, convocada en parte por grupos no menos totalitarios, y el intercambio de argumentos se saldó con la muerte de una mujer. Ahora, la Universidad de Tejas retira los monumentos a los confederados. Ya se sabe, la historia la borran los vencedores. Pues de eso se trata. De reducir la historia a un conjunto de sloganes, vincularlos a unos símbolos, y borrar con ellos lo que quede del relato compartido del pasado. No sólo eso, sino que borran los símbolos en los que una parte de la sociedad puede verse reflejada.

El fondo ideológico de esta práctica orwelliana es la identidad. ¿Qué es la identidad? El camino de llegada de la igualdad. Si las personas han de ser iguales, deben serlo también a algo, que les otorgue su carácter; deben tener una identidad. Los individuos, con su infinita variedad, no tienen lugar aquí. Lo que eres entra dentro de tal o cual identidad. Y lo que pienses o hagas, poco importa. Lo que cuenta es en qué cajón te meten. Y qué conjunto de epítetos (pocos, para que se puedan recordar), asignan a cada identidad. ¿Hombre? Maltratador, explotador. ¿Afroamericano? Víctima. Y así, todo.

Se dice que la política de identidad es la gran contribución de Barack Obama a la política, que no todo va a ser encantar a la audiencia diciendo vaciedades. Pero el Partido Demócrata ya había hecho de las identidades su programa político desde Franklin D. Roosevelt. Sea como fuere, es a donde hemos llegado. La estatua del general Lee no es un monumento a una historia compartida. Es un instrumento político, el símbolo de una identidad. Una pieza en su tablero de ajedrez.

La identidad es una política de la izquierda. Y han tenido tanto éxito, o se han enfrentado a una derecha tan incapaz, que ahora hay personas que dicen pertenecer a una derecha identitaria. Cuando ocupas ambos lados del espectro político, está claro que has ganado.

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Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

Lorena G. Maldonado

La frigidez no es un pecado, pero sí una lástima. Ayer salí de ver La seducción, de Sofia Coppola, cargando con una anorgasmia militante -en mi barrio se dice revenía’- y corrí al Burger King a meterme entre pecho y espalda una vulgar pero sincera tendercrisp que me devolviese a la tierra, que me conectase de nuevo con la carne, la saliva y la culpa, con la lascivia del queso americano y la grosera humanidad de dos labios abriéndose. La parte de la vida que me interesa suele alojarse al otro lado de la boca que se desprende, que se ensancha como una flor carnívora llena de fascinaciones, admiración, estupor o apetitos. La película fue como el antónimo: más o menos un rictus.

Claro que no todo el mundo va a ser folclórico emocional, pero una cosa es la sobriedad -esa que nos angustió en la exquisita Shame– y otra la abulia: ahí Coppola en su filme protagonizado por un corrillo de hembras psicópatas y un macho castrado -qué iracundo, el cabo, cuando tiró la tortuga-. Casi extrañé la testosterona trumpista de Eastwood, que fue El Seductor en la de Don Siegel (¡1971!). Qué sangre tan acuosa aquí, qué raza tan pocha, qué poco cachondos estamos en este banquete de la revolución sexual.

La seducción: madre mía. A los que quiero les deseo que nunca les tonteen así. Una hora y media asistiendo a un cortejo de amebas. En los lavacabezas de la peluquería he vivido más tensión sexual. Al terminar, sentí por fin una trémula excitación mientras hundía mi patata gajo en la salsa, y recordé que no sé nada de cine -algunos amigos han montado un cinefórum y se esfuerzan, con mucha paciencia, en corregirme esta anemia cultural-, pero oye, me dije a mí misma, en el relato del deseo te defiendes, como todos los veleidosos. En el relato, por lo menos, que los engranajes ya son otra cosa -y sólo marchan si no se comete la torpeza de desmontarlos para entenderlos-.

¿Por qué me entusiasman Roberto Álamo, Bardem, Luis Tosar, Paul Dano o Alan Rickman y me quedo gélida con el mismísimo Brad Pitt? Miren: no lo sé. La vida tiene estas cosas. También el bueno de Colin Farrell me dejó en La seducción mortalmente aburrida, con las papilas gustativas de vacaciones, con una tristeza muy rara, parecida a la que uno siente cuando ve a una pareja besarse mal.

Sí. En el deseo llevamos años auscultándonos; pero en la seducción todos somos un poco bisoños, porque cada cuadrilátero es una historia. Entre los breves apuntes: uno, lo importante no es follar, lo importante es el contexto -o, si quieren, como decía Pessoa, lo fundamental del amor es lo que lo rodea-. En la película el contexto es delicioso, pero Coppola se pone muy esteta e ignora nuestro mejor secreto como civilización: debajo de tantas capas de diplomacia, seguimos debiéndonos a la suciedad.

Dos, el capricho físico no tiene nada que ver con la belleza del otro, sino con algo menos canónico y más oscuro: algo que está, quizá, en el sonido de una risa, en el olor, en el tacto, en el ping-pong dialéctico, en el látigo imperceptible de la pestaña. No sé ustedes, pero yo me he quedado noqueada alguna vez con una carcajada perfectamente ejecutada, libre, limpísima, y se me han contraído las piernas. Colgarse de una risa -de sus ojos guiñados y su barbilla oscilante, redimida- es muy parecido al amor: inexplicable, sombrío. Ya quisiera esa autoridad ese Colin Farrell de rasgos preceptivos que arrastra la perversión de un chupete.

Tres. Hay un aviso, siempre. El deseo tiene ese decoro: el del golpe primero, el de “huye o juega, pero no balbucees”. Y después todo eso tan hermoso que ha muerto a manos de Tinder: el ser conscientes de que cuando se enseñan las cartas, se acaba la partida. Todos empezamos de cero en cada conquista, todos hemos entendido que nadie, por suerte, es infalible, todos nos hemos puesto alhajas -como las cursis de la peli- y hemos comprobado, no sin cierto patetismo, que no sirven para nada, todos hemos experimentado celos verdosos y todos nos hemos vengado de forma más o menos poética -esto ya según la elegancia-. Pero ninguna de estas similitudes entre la sentimentalidad humana y La seducción me conectó en ningún momento con la historia: por poco reveladoras, por superficiales.

Me niego a creer -repito, desde mi corta educación cinematográfica, pero con mi derecho al desencanto a nivel usuario- que la de Coppola trascienda a reflejar ni un milímetro del alma de la mujer: no albergamos en el pecho esa casa de locas. No sacia mis ansias feministas que Colin Farrell sea un animal pánfilo, sin maldades: el sexo y la violencia requieren de un contrario a la altura. No, menoscabar la virilidad de un hombre no te subrayará como mujer. La poderosa Nicole Kidman no asume que el despecho no sólo es antierótico, sino que practicarlo jamás hizo a una ganadora.

Es irónico: tal vez en los setenta, cuando se estrenó El seductor, el espectador aún pudiese encontrar en el cine el morbo que no rascaba en su vida. Hoy, en medio del neoliberalismo rústico y su espesa oferta sexual, nos estamos volviendo unos reprimidos culturales. O peor: hemos dejado de reinventar las posibilidades del cuerpo. En seducción hemos desaprendido, es obvio -miren ahí a la gente en sus aplicaciones, llamando “tomar un café” al “echar un polvo”- y el sexo lo hemos cursado tanto que nos hastía. Quizá algún día, de nuevo, una risa. Quizá algún día, otra vez, la tensión dialéctica y las cartas boca abajo, en partida tirante y lenta. Mientras, contra la oquedad existencial, nos quedan las hamburguesas.

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Estas son las mejores imágenes del eclipse solar de 2017

Redacción TO

Foto: GEORGE FREY
AFP

Estados Unidos ha sido el mayor afortunado a la hora de contemplar la belleza del eclipse solar que ha tenido lugar este lunes. La Luna se ha interpuesto entre la Tierra y el Sol, ofreciendo en algunos lugares del mundo un espectáculo visual del que los estadounidenses han sido los espectadores más privilegiados, ya que este país ha sido el único donde se ha podido ver el eclipse solar total.

La última vez que Estados Unidos presenció un eclipse de estas características fue en 1979, y el próximo que podrá ver será en el año 2024. Por eso este año, el país se ha convertido en el lugar de peregrinación de todos aquellos aficionados a la astronomía y a muchos curiosos que quieren presenciar este extraño fenómeno, que ha comenzado en Oregón y ha acabado en Carolina del Sur.

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El eclipse solar visto desde la Bahía Depoe, en Oregón. | Foto: Mike Blake/ Reuters

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El efecto del anillo de diamante se observa en Madras, Oregón. | Foto: NASA/ Reuters
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El Sol forma una Luna creciente durante el eclipse solar en Charleston, Carolina del Sur. | Foto: Mandel Ngan/ AFP

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La Luna comienza a pasar frente al Sol en el Lago Ross, en Washington. | Foto: NASA/Reuters
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Las nubes oscurecen el eclipse solar en Mount Pleasant, Carolina del Sur. | Foto: Randall Hill/Reuters
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El eclipse solar visto desde el instituto de Madras, en Oregon. | Foto: Jason Redmond/Reuters

Sin embargo, también se ha podido observar este fenómeno astronómico desde otros lugares, como México, desde donde también han llegado imágenes que muestran la belleza de este esperado fenómeno astronómico. En España, el mejor lugar para ver el eclipse solar, aunque solo de una manera parcial, han las Islas Canarias. También se ha podido observar de manera parcial en lugares como Galicia o Cáceres, pero no ha tenido esta posibilidad la parte occidental del país.

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El eclipse solar parcial visto desde Ciudad de México. | Foto: Alfredo Estrella/AFP
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Vista del eclipse solar parcial visto desde el Museo de Historia Natural de Ciudad de México. | Foto: Pedro Pardo/ AFP


Así se vivió el eclipse solar desde las alturas. RTCV muestra el vídeo grabado desde un avión.

Así lo han visto los estadounidenses

Este eclipse solar ha sido un fenómeno muy esperado en varios lugares del mundo, pero especialmente en Estados Unidos. A lo largo del día, numerosas personas se han concentrado en distintos puntos del país para encontrar el mejor punto para poder ver sin ningún obstáculo el paso de la Luna frente al Sol. Nadie ha querido perderse este inusual fenómeno, e incluso el propio Donald Trump ha sido fotografiado disfrutando del eclipse desde la Casa Blanca.

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Donald Trump y Melania Trump ven el eclipse solar en la Casa Blanca. | Foto: Kevin Lamarque/ Reuters
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Un grupo de gente observa el eclipse solar desde el estadio Saluki en Illinois. | Foto: Scott Olson/ AFP
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Un grupo de gente observa cómo se aproxima el eclipse solar en Tennesee. | Foto: Jonathan Ernst/ Reuters

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