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El niño como guinda

José Antonio Montano

Foto: JUAN MEDINA
Reuters

“¿Qué les pasa a estos tíos con los niños?”, me escribe un amigo a propósito de una de las muchas fotos de niños catalanes envueltos en la ‘estelada’ junto a adultos independentistas. “Hasta hace pocos años este uso de los niños hubiera sido inconcebible en este país. A cualquiera se le hubiera caído la cara de vergüenza. Todo empezó con los castellers: ¡el niño como guinda!”.

Es verdad. Y no podemos permitir que por su insistencia deje de escandalizarnos. No me cuesta reconocerles a esos adultos, para salvarles la intención, que piensan que hacen lo mejor para sus niños: que los engañan porque se engañan (vuelve el “nuestros padres mintieron, eso es todo”). Pero esto no sería más que otro indicio –espeluznante– del delirio en que viven. Y que si algo no tiene ya es justamente engaño: se ha demostrado suicida.

Lo último ha sido el uso lacrimógeno de los niños que no podrán pasar las navidades con sus padres presos… Los llevan al precipicio, los embuten en banderas y pancartas, pero lo que lamentan es que no cuadre la foto navideña.

Cuando esos niños crezcan y se den cuenta de lo que han estado haciendo con ellos, despreciarán a sus padres. Esto, en el mejor de los casos. En el peor, serán como ellos. Pero si no son todavía los hijos, serán los hijos de los hijos, o los hijos de los hijos de los hijos. Hasta que llegue la generación correcta, la no engañada y libre. Porque llegará.

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La ruta Pla

Jaime G. Mora

Tengo por costumbre matar a todos mis ídolos cada 31 de diciembre, y luego voy renovando la fascinación por ellos, si se lo merecen, poco a poco. Para volver a admirar a Josep Pla me marché a Palafrugell recién comenzado el año, a hacer la ruta del escritor, con la idea de conocer la Costa Brava con el autor catalán como anfitrión. En el primer día de la escapada M. y yo caímos en la plaza Nova para comer en el Centro Fraternal, mientras los abuelos echaban la partida. Allí Pla se estrenó en el arte de la tertulia. “Al atardecer voy al café del Centro Fraternal. Encuentro a casi todos mis amigos —escribió—. Larga conversación sobre mujeres. La conversación de siempre”.

La plaza Nova es el tercero de los diez puntos de la ruta Pla. El itinerario comienza en la casa natal del autor: “Nací en el Carrer Nou, que es una calle muy triste y larga, derecha como una vela, que va desde la calle de la Caritat a la vía del tren de PalamósAllí se ubica hoy la fundación Pla, que el escritor impulsó diez años antes de su muerte con la donación de parte de su biblioteca particular. Otros puntos de la ruta llevan a otra residencia de su familia, que hoy es un restaurante exquisito, varias playas que acostumbraba a visitar, el imponente faro de Sant Sebastià, el cementerio donde lo enterraron, en Llofriu, y el mas Pla.

“Hace ya muchos años —en realidad, desde que me organicé una habitación y una pequeña biblioteca en el mas Pla, en la parroquia de Llofriu— que llevo la misma vida. En este caserón hecho un considerable desbarajuste, frío en invierno, agradable en verano, vivo completamente solo”, dice en ‘El cuaderno gris’.

La masía está indicado como uno de los puntos de la ruta por motivos obvios, pero no se puede visitar, pues en la enorme casa donde el escritor se recluyó las cuatro últimas décadas de su vida viven ahora familiares. Quizá por eso no hay indicaciones, y llegar a ella no es nada fácil. Para hacerlo es necesario tomar un desvío en medio de una carretera y no hacer caso al cartel que avisa que es una propiedad privada, y que no está permitido el paso. Allí dejamos el coche, mientras intentábamos cotejar con las fotos colgadas en internet si lo que se veía al otro lado de la verja era en efecto el mas Pla.

No es, ¿no ves que no es igual?

—Pero tiene que ser esto, no puede ser otra cosa.

Me subí a unos altos, por si veía algo más claro. El sol se estaba despidiendo del díaBusqué la placa con la que se indica cada punto de la ruta. Nada. Miré los nombres del timbre. Y cuando ya nos rendíamos apareció al otro lado de la finca un hombre, rodeado de dos perros. Le hice una señal, abrió la puerta de la entrada y se acercó a nosotros. En efecto, esa mole era el mas Pla. Ahora vive allí un sobrino, y la casa suele estar vacía entre semana.

En esa casa Pla leía y leía, y escribía, al lado de la chimenea y en su cama, vestido con una chaqueta de comando y cubierto por una manta eléctrica: “Me levanto entre la una y las dos, aunque a veces estoy tan dormido que son las dos y media. Debido a mis largos años de periodismo nocturno, siempre he considerado la mañana como la parte más inútil del día. Cuando madrugo, encuentro que el día tiene demasiadas horas, que es demasiado largo, que su dilatación es excesiva. Es un inmenso error, pero la desagradable realidad es esta. Una vez levantado, almuerzo bajo la campana de la chimenea. Hasta el atardecer, paso las horas escribiendo una cosa u otra, un artículo u otro, o bien leyendo lo que tengo en curso, o contestando a alguna carta”.

¿Queréis entrar? —nos ofreció el hombre—. Meted el coche y os dais una vuelta, aunque ya esté oscuro.

Un árbol de Navidad iluminaba la sala de la entrada principal de la casa. El escritor murió en esa masía el día del libro de 1981, y por esa puerta sacaron su cadáver. Cuando rodeamos la esquina de la famosa foto de Pla, esa en la que lo retrataron con una mano en el bolsillo y un abrigo en el otro brazo, vestido con chaleco y corbata y por supuesto con boina, un escalofrío nos recorrió el espinazo. La sensación de haber estado ahí, con ese grado de exclusividad, es una cosa indescriptible, que diría Pla. La masía de Llofriu es el Vaticano de los defensores de la frase inteligible.

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El muro

Jordi Bernal

Cada vez que la justicia condena a los nacionalistas por corruptos es casi inevitable recordar aquellas palabras que, desde el balcón de la Generalitat y a propósito de la querella que interpuso Carlos Jiménez Villarejo, a la sazón fiscal general del Estado, contra ex dirigentes de Banca Catalana, Jordi Pujol arrojó hace más de treinta años a una masa enfebrecida de patrioterismo: “El Gobierno central ha hecho una jugada indigna. A partir de ahora, cuando alguien hable de ética, de moral o de juego limpio, hablaremos nosotros, no ellos”.

Cada vez que las excrecencias convergentes salen a flote se debería resquebrajar un poco más el infame muro que el pujolismo alzó para dividir el nosotros del ellos. El pueblo pacífico y laborioso del yermo bronco y parasitario. La nación sonriente y solidaria del Estado cruel y opresor.

Sin embargo, el desvarío ha llegado a tales extremos que, en lugar de entender la corrupción como un mal no exclusivo pero sí intrínseco de cualquier nacionalismo, se excusa tratando al mangante de anécdota, de quintacolumnista (el pobre santo inocente Rufián señalando a Millet como miembro de FAES, por ejemplo) o de hipérbole pergeñada por los enemigos de la patria con fines espurios.

Para el catalanismo siempre ha habido y habrá una justificación que impida la posibilidad de que el muro se desmorone al fin y la realidad se muestre de nuevo tal y como siempre ha sido. De hecho, la supervivencia del nacionalismo necesita de ese muro que sirve tanto de lamentaciones en la fase depresiva como de euforias supremacistas en fase maniaca.

Así acabó el constructor Pujol su arenga triunfal: “Podéis estar orgullosos de vuestra condición de catalanes y, ahora, con la confianza en nosotros mismos, hemos de volver al trabajo, después de la gran victoria que hemos conseguido con esta rotunda manifestación de catalanidad, de democracia y de convivencia (…) Hoy hemos hecho una cosa bien hecha, de la que hablará la historia. No lo dudéis, el de hoy es un acto histórico”.

Unas palabras que bien pudieran escribirse hoy en un hilo de twitter desde Bruselas o en una epístola de Estremera.

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Las 7 frases más memorables de Martin Luther King

Redacción TO

La histórica lucha de Martin Luther King por la igualdad y contra la segregación racial dejó algunos de los discursos y frases más memorables en la historia de la lucha por los derechos humanos. Hasta su muerte en 1968, cuando fue asesinado por un francotirador, el activista luchó sin descanso y, sobre todo, de manera pacífica, por la igualdad entre blancos y negros, por un futuro en el que no existiera la discriminación racial.

Estas son algunas de las frases más recordadas del activista:

1. “Yo tengo un sueño”

“Yo tengo un sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por su carácter. Yo tengo un sueño…” Sin duda, la frase más recordada del activista es la que salió de su discurso I have a dream (yo tengo un sueño), palabras que más de 50 años después siguen teniendo la misma fuerza que en los años 60.

El 28 de agosto de 1963, Martin Luther King, que entonces tenía 34 años, dio un discurso al que acudieron alrededor de 200.000 personas sin saber que estaban asistiendo al que se convertiría en uno de los mayores actos a favor de la igualdad de la historia.

2. “Creo que la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán finalmente la palabra en realidad”

Martin Luther King se convirtió, en 1964, en el hombre más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz. En un emotivo y esperanzador discurso, Martin Luther King habló de un futuro en el que todavía había lugar para la igualdad y la justicia.

“Creo que incluso entre las balas de mortero de hoy y las gimientes balas, todavía hay esperanza para un mañana más brillante”, dijo Martin Luther King. “Creo que la justicia herida, postrada en las sangrientas calles de nuestras naciones, puede ser levantada de este polvo de vergüenza para reinar entre los hijos de los hombres. Tengo la audacia de creer que los pueblos de todo el mundo pueden tener tres comidas al día para sus cuerpos, educación y cultura para sus mentes, y dignidad, igualdad y libertad para sus espíritus”.

 3. “Puede que haya un conflicto entre los religiosos de ‘mente suave’ y los científicos ‘de mente dura’, pero no entre la ciencia y la religión”

Martin Luther King no solo fue un activista defensor de los derechos humanos y la igualdad, sino que también era un religioso que desde 1954 fue el pastor de la Iglesia Baptista de la Avenida Dexter en Montgomery, Alabama.

Las 7 frases más memorables de Martin Luther King para recordar al activista 2
Martin Luther King, durante una entrevista tras abandonar la cárcel en 1965. | Foto: AP

En su libro La fuerza de Amar, el religioso recoge una serie de sermones sobre diferentes temas, entre los que se encontraba la relación entre la religión y la ciencia. “La ciencia investiga, la religión interpreta. La ciencia le da al hombre conocimiento, que es energía; la religión da al hombre sabiduría, que es control”.

4. “Incluso si supiera que el mundo se romperá en pedazos mañana, todavía plantaría mi árbol de manzanas”

Los discursos de Martin Luther King se caracterizaban por su fe en el futuro, su esperanza de que todo puede mejorar y lo hará. Esta frase es un claro ejemplo de esa esperanza, de su incansable lucha por la igualdad aun cuando se veía casi imposible lograrla.

5. “La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión, es la presencia de justicia”

Esta fue la respuesta de Martin Luther King cuando fue acusado de perturbar la paz tras el boicot de autobuses de Montgomery, un movimiento social en protesta por la segregación racial en el transporte público de esta ciudad.

Las 7 frases más memorables de Martin Luther King para recordar al activista
Martin Luther King fue uno de los primeros en subir a un autobús tras el final del boicot a los autobuses de Montgomery. | Foto: AP

El movimiento empezó en diciembre de 1955 tras el arresto de Rosa Parks, una mujer negra que se resistió a ceder su asiento a una persona blanca. Finalizó un año más tarde, cuando las leyes de segregación racial en los autobuses fueron declaradas inconstitucionales.

6. “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia y la estupidez consciente”

En La fuerza de amar, otro de los temas principales es la educación y la necesidad de que esta sea la base para evitar la discriminación y lograr finalmente la igualdad. El activista estaba convencido de que la mejor manera de acabar con la segregación racial era la educación, algo que, más de medio siglo después, sigue totalmente vigente.

7. “Si la vida es el precio que debo pagar para que mis hermanos y hermanas sean libres de una permanente muerte del espíritu, entonces nada puede inspirarme más”

El 5 de junio de 1964, el activista fue amenazado de muerte y su respuesta fue muy clara: estaba dispuesto a seguir luchando, aun cuando su vida estaba en juego, si eso servía para conseguir la igualdad entre negros y blancos.

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El dilema de Rivera

David Blázquez

Foto: JAVIER BARBANCHO
Reuters

Decía san Pablo en una de sus cartas que quien está en pie debe cuidar de no caer. Otro Pablo, santón para los suyos, parece que no supo –o no pudo, paradojas del lenguaje– mantenerse en pie. Al espaldarazo interno del Bis de Vistalegre le siguieron trompicones varios hasta que Cataluña le dio la puntilla. Puntilla política, se entiende, que la taurina habría obligado a los Mossos a llevar a alguno a la cárcel.

El domingo pasado El País publicaba una entrevista con Albert Rivera, la primera desde que Metroscopia situara a Ciudadanos como primera fuerza política en España, casi cuatro puntos por delante del Partido Popular. Descontemos o no el margen de posible patinazo metroscópico, los resultados de la encuesta marcan sin duda, como dice bien Rivera, “una tendencia”. Ciudadanos se sitúa por primera vez como alternativa de gobierno al PP, lo que podría ser una tentación demasiado grande para un buen número de votantes de centro-derecha que llevan años depositando su papeleta con una sola mano, ocupada como tienen la otra en taparse la nariz.

En Ciudadanos saben que la euforia desmedida podría pasarles factura, como ya sucedió en diciembre de 2015, cuando el partido se desinfló en una recta final de campaña de pesadilla, justo antes de Navidad. Escribe Camus, precisamente en La Caída, que “no hay que esperar al Juicio Final, porque éste se celebra cada día”. Albert sabe que el orgullo puede enfadar a los dioses y por eso predica la modestia y habla de prudencia. En el partido saben, además, que demasiada exposición podría dañarlo, por lo que algunos hablan ya de “congelar al líder” para evitar reveses imprevistos antes de las próximas generales. Pero Albert, que ya presumió de físico, es consciente de que la naturaleza, como el poder, aborrece el vacío y que, dicen los chismosos, una ausencia demasiado grande podría dejar demasiado espacio a la popularidad a otros dentro del partido.

Hasta el momento, Ciudadanos ha sabido tocar el segundo violín y no ha aventado luchas intestinas significativas. Los excelentes resultados en Cataluña y la proyección a nivel nacional invitan a Rivera a asumir mayor protagonismo. Sin embargo, el riesgo de la sobreexposición existe y una nota mal dada podría pasar factura a un partido con un doloroso historial de volatilidad y al que se acusa en ocasiones de depender demasiado del liderazgo de Rivera. La opción de recular tiene su sentido estratégico, pero podría suponer un incentivo demasiado grande para algunas figuras, deseosas quizás de arrimarse a las ascuas del poder interno del partido. Pero quizás esas sospechas no sean más que eso, chismes.

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