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Siglo largo, experiencia corta

José Antonio Montano

Puede que nos hayamos precipitado al declarar corto el siglo XX. La fórmula, leo ahora que de Iván Berend, la popularizó Eric Hobsbawm y la ha utilizado también John Lukacs. Los tres son historiadores de ese siglo, por lo que resulta comprensible la pulsión de dar por concluido su objeto de estudio: solo se puede hacer historia de lo que ha terminado.

Pero yo no dejo de ver siglo XX por todas partes. Para mí está resultando un siglo demasiado largo, que se ha comido ya lo que llevamos del XXI. Por un lado nos encontramos en territorio nuevo, sí: en un mundo globalizado y digitalizado, en el llamado capitalismo posindustrial, con los robots en ciernes, etc., etc. Pero por otro no dejan de zumbarnos las moscas del siglo pasado.

En el momento en que escribo, en Twitter España son ‘trending topics’ La Pasionaria y Carrero Blanco. En Alemania se vende como rosquillas ‘Mein Kampf’. Nuestros comunistas se aprestan a celebrar el centenario de la Revolución Rusa con nostalgia y elogios. Y a la presidencia de Estados Unidos acaba de llegar un mamarracho que parece un espadón del siglo XIX. (Solo en eso podría no parecer del XX: en que parece del XIX). El triunfo de Trump, por cierto, ha implicado reabrir la Guerra Fría… para que la ganen los rusos.

Lo corto ha sido la experiencia. Es desolador ver que la Transición la hicieron en España quienes habían sufrido físicamente la Guerra Civil. Y la construcción  de Europa quienes habían sufrido las dos guerras mundiales. No ha habido aprendizaje mental, racional. En dos o tres generaciones, en cuanto el dolor de los cuerpos apaleados se ha extinguido, se está volviendo a las andadas. Esto es lo que hay, supongo. Y por eso, supongo, la historia siempre ha sido así.

La casa de oro

Juan Claudio de Ramón

Acaso la visita turística más emocionante que pueda hacerse hoy en Roma sea la más desacostumbrada. También la menos visible, o, por así decir, la más irreal o ficticia. Porque poco queda de la legendaria Domus Aurea, el impensable palacio que el emperador Nerón se hizo construir tras el incendio del año 64. El mundo no había conocido ni iba a conocer un lujo semejante. Nosotros tenemos que reconstruirlo en la imaginación. Una tras otra, la joven y pizpireta guía nos conduce por las estancias hoy subterráneas –sirvieron para cimentar las termas de Trajano– conjeturando sobre su posible uso. Sobre las paredes resisten, tercas, algunas capas de un estuco macilento, en otro tiempo dorado, y las improntas en los muros delatan la presencia pasada de grandes placas de mármol, perdidas o expoliadas. En los techos de las bóvedas son visibles unas amplias hendiduras: por Suetonio sabemos que servían para escanciar perfume y arrojar flores durante las fiestas ofrecidas por Nerón, el tirano matricida, con veleidades de artista, que gastaba sin tasa y acusó a los cristianos de provocar un incendio que se murmura, quizá de forma injusta, fue su propia maquinación y obra, porque necesitaba un vasto solar para construirse un nuevo palacio.

Y sabemos también que por esas brechas se descolgaron como espeleólogos, antorcha en mano, los grandes artistas del cinquecento, para estudiar las decoraciones murales, elegantes tramas de motivos vegetales y animales fantásticos, que hoy, veladas por un sudario reseco, pugnan por saltar de nuevo a la vida si es que los trabajos de restauración concluyen algún día. Por ahí deben de andar las firmas de Rafael, Pinturicchio, Juan de Udine, y, según dicen –leyenda sobre leyenda– las de Casanova y el Marqués de Sade, que acaso aspiraron a replicar entre escombros las saturnales del rey monstruo. Nosotros nos conformamos, en el momento culminante de la visita, con viajar, gracias a unas gafas de realidad aumentada, a los jardines fragantes de palacio. La tecnología que lo hace posible es una maravilla: de pronto, la gruta entera queda bañada por el sol y juraría que pude tocar el césped alto, levemente agitado por la brisa, mientras levitaba por la terraza que del monte Esquilino se asoma a la capital imperial. Y alguno más debió de sentirse príncipe, porque al quebrarse la ilusión el grupo rompió en aplausos.

Cuando finalmente una conspiración acertó con el precio del pretoriano, el recuerdo de Nerón era tan odioso que, según la tradición, se decretó la damnatio memoriae: la cancelación de su memoria en discursos y monumentos. Un fenómeno que parece congénito al ejercicio desvergonzado del poder: el de la caída en desgracia. Como si todo aquel que pretenda disponer para sí de la casa de oro haya de recorrer, antes o después, el camino que lleva del pedestal al cadalso, del trono a la trena.

80 años del bombardeo a Eibar

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Eibarko udal Artxiboa/Archivo municipal de Eibar

25 de abril de 1937. Los Flechas Negras italianos surcan el cielo y descargan sus bombas rompedoras sobre la ciudad vasca de Eibar. 21 bombas de 100 kilos y 103 de 50 kilos, lanzadas desde una altura aproximada de 1.500 metros, impactan contra el suelo de la ciudad, dejando varios muertos y terminando por destrozar la Villa Armera. Un día después, los aviones alemanes de la Legión Cóndor y de la Aviación Legionaria Italiana hacen lo mismo sobre la vecina localidad de Gernika, lo que movería posteriormente a Pablo Picasso a pintar su conocida obra del mismo nombre en la que denuncia la barbarie de la guerra.

Aunque las autoridades declararon el mismo día 24 la evacuación definitiva de Eibar, que ya estaba siendo bombardeada desde hacía varias jornadas, al día siguiente los aviones italianos volvieron a la carga. Salieron a las 11:00 horas desde el aeropuerto de Gasteiz para terminar de destrozar la ciudad guipuzcoana. Eibar, ya llevaba varios meses resistiendo el avance fascista y sufriendo los bombardeos y ataques enemigos. Hasta el final de la Guerra Civil se registraron alrededor de 250 muertos en la ciudad. La devastación que se aprecia en las imágenes de aquellos días no solo corresponde a los bombardeos, sino también a los varios meses en los que Eibar se encontró en la línea del frente.

Los bombardeos en esta zona del norte de España se iniciaron el 31 de marzo de 1937, con un ataque aéreo realizado por la Aviación Legionaria italiana sobre la villa vizcaína de Durango. Esta acción bélica se encuadró en la ofensiva del Frente Norte que realizaron las tropas nacionales entre marzo y octubre de 1937 en la Guerra Civil española bajo las órdenes del general Emilio Mola.

El bombardeo de Eibar 80 años después
Socavón en Eibar provocado por una bomba | Foto: Egoibarra/Indalecio Ojanguren

Juan de los Toyos, sobrino del alcalde socialista Juan de los Toyos, que izó la bandera republicana en el ayuntamiento de la ciudad el 14 de abril de 1931, cuenta a sus 94 años de edad a The Objective como vivió el bombardeo y los ataques fascistas que destruyeron Eibar y permitieron alzarse con la victoria al bando nacional. Nos reunimos con él en la plaza principal de Eibar, por donde antes de la guerra, discurría el río, hoy cubierto por adoquines.

“Yo tenía 13 años cuando hubo el primer bombardeo en Eibar; aquí había pocas casas, la inmensa mayoría de viviendas se realizó durante la época industrial en el periodo franquista, y recuerdo ver dos aviones, que eran italianos o alemanes” asegura de los Toyos. “Estaba en una campa cuando llegaron los aviones, en esa campa había un cañón antiaéreo de una fábrica de Placencia de las Armas, una ciudad donde se construía armamento, y ahí andaban los aviones dando vueltas. Recuerdo cómo intentaban apuntar con el antiaéreo para acertar a los aviones enemigos. Tiró un obús, pero claro, no acertó. Era muy difícil. No se si el antiaéreo tenia holgura o yo que sé, pero el caso es que había que controlar mucho para poder derribar a los aviones”.

“Recuerdo cómo cada vez que venían aviones enemigos, sonaban las campanas y una sirena”

Con estos bombardeos Eibar quedó muy destrozada“, y remarca “muy, muy destrozada, una cosa terrible”. “Recuerdo cómo cada vez que venían aviones enemigos, sonaban las campanas y una sirena para que las personas se escondieran en túneles o en algún refugio seguro”. Recuerda que cerca de la plaza donde nos encontramos había un puente sobre el río, en el que “en uno de los bombardeos, mucha gente se escondió bajo él, pero como había mucho chivato, se había avisado previamente de este escondite a las tropas que atacaban y tiraron ahí mismo un bombazo que mató a 50 personas que estaban resguardadas de los bombardeos”. Juan de los Toyos solo vivió en primera persona los primeros bombardeos ya que después se marcó con su familia a Bilbao, huyendo de la guerra.

El estallido de la Guerra Civil provocó un cambio radical en la vida eibarresa. Nada más sublevarse las tropas el 18 de julio de 1936, los vecinos formaron el batallón Amuategi. Se encargaron de frenar a las puertas de Eibar la ofensiva de las tropas nacionales, hasta abril del año 1937. La mayoría de sus integrantes murieron en la guerra o fusilados, o tuvieron que huir a Francia y América.

80 años del bombardeo a Eibar
Batallón Amuategi, 1937 | Foto: Fondo Castrillo Ortuoste/Archivo Municipal de Eibar

Una vez que se veía que la guerra estaba perdida, Juan y su familia tuvieron que huir de Bilbao a Castro y posteriormente a Santander. Desde allí, mediante un barco que cargaba carbón y acababa de llegar de Reino Unido, “nos metimos en su bodega llena de hollín y nos trasladamos hasta Francia, donde estuvimos en una colonia apoyados por el gobierno vasco”, cuenta con cierta tristeza. “Como aquello no iba a durar para todo la vida, mi tío embarcó en Marsella para México, donde murió en el exilio. Mi padre y yo nos quedamos en Bayona donde se hicieron cargo de nosotros unos americanos cuáqueros”, asegura.

“Nosotros intentamos ir a Marsella para embarcar hacia México, pero a mi padre le pidieron un día la documentación unos gendarmes, y no tenía los papeles en regla, ya que seguíamos empadronados en Burdeos. Uno de los gendarmes hablaba español y nos dijo que no teníamos permitido ir a Marsella, por lo que nos deportaron a España y regresamos a Eibar”, rememora de los Toyos su periplo antes de regresar a su ciudad natal.

“La socialdemocracia europea anda bastante al garete, no hay un entendimiento a nivel europeo”

La reconstrucción física de la ciudad requirió más de una década, mientras que otras heridas más profundas siguieron abiertas durante años. Eibar fue incluida dentro del Plan de Regiones Devastadas, junto con Gernika y Amorebieta, entre otras localidades.

Juan no quiere despedirse sin decir antes que “ahora nos iría mejor con una república, con un gobierno de izquierdas. La política actual ha cambiado una barbaridad, ahora hay otra forma de hacer política y la derecha ha cogido mucha fuerza, mientras que a la izquierda le va a costar mucho recuperar poder, porque la socialdemocracia europea anda bastante al garete, no hay un entendimiento a nivel europeo”.

Eibar recuerda su bombardeo 80 años después
Los generales Mola y Solchaga en Eibar en 1937, tras la victoria del bando nacional | Foto: Eibarko udal artxiboa

Actos por el 80 aniversario

La Villa Armera celebra entre el 25 y el 30 de abril los actos conmemorativos del 80 aniversario del bombardeo, organizados por el ayuntamiento de la localidad. Este martes dan comienzo las actividades con la conferencia Reflexiones sobre la guerra civil, del catedrático Juan Pablo Fusi Aizpurua, en el Coliseo, a las 19:30 horas. Además, también se puede descargar la aplicación gratuita ‘gerrazibilaeibarren’, que cuenta con los recorridos militares llevados a cabo durante la guerra. La jornada culmina con la realización de un trampantojo en la calle Egogain, en la zona en la que cayó una bomba.

Por su parte, el día 28, se representará en el Coliseo la obra Bonbardaketak Eibar 1937. 80 urte, una conferencia dramatizada, que contará con la presencia del historiador Jesús Gutiérrez, además de otros expertos y artistas como Nerea Arriola, Biraka dantza taldea, Koro Gaztea, Kezka dantza taldea, Lekim animazioak y Itzamna, entre otros.

El 29 de abril se impartirá un taller de tiza, en el que se realizará un plano de la ciudad antes de que lo asediara la guerra. Y para acabar, el día 30 habrá un concierto de la banda musical Cielito, que ha preparado un repertorio bélico especial para la ocasión.

El final de Aguirre

Ignacio Vidal-Folch

La estrepitosa caída de los ayudantes de Esperanza Aguirre –primero, Granados, y ahora González— dan el punto y final a un tono de entender la política: tono desacomplejado, soberbio y hasta jactancioso, característico de Aznar, que era hasta cierto punto sugestivo, hartos como estábamos de tanto “mea culpa”, pero que ha quedado descalificado; si no por el proceso a sus más destacados colaboradores –Rato, Zaplana, Matas, etcétera, etcétera—, por las lágrimas de la lideresa de Madrid, que era su último bastión y parecía incombustible. Des imperdonable llorar en público. Cuando apelas a la débil femineidad es que ya has perdido Granada y no te queda nada…

Cabe lamentarlo. Cabe pensar que será más triste un escenario político que se muerde los labios, completamente sometido a la corrección política y despojado de figurones de perfil tan pronunciado como el de Aguirre, tan llamativo, interesante, voluntarioso. Y ello al margen de las realizaciones de su ejecutoria.

También cabe encogerse de hombros ante el final de una época: a lo que está muriendo, según decía el sabio, hay que ayudarlo a morir.

El factor O’Reilly

José Carlos Rodríguez

Fox News ha despedido a su periodista estrella, Bill O’Reilly, tras comprobar la acumulación de denuncias de acoso por parte de sus compañeras. Los detalles pueden satisfacer a cualquier devorador de debilidades ajenas. O’Reilly se había convertido en una mancha con la que no querían tiznarse decenas de anunciantes, que han retirado su presencia en la cadena. No hay ninguna gran cadena que quisiera contar con O’Reilly antes de salir a la luz estas denuncias, y mucho menos ahora. De modo que se puede decir que su carrera televisiva se ha terminado.

Es el periodista que más ha contribuido al éxito de la cadena. Un éxito cuya lógica implacable deja absortos a muchos. En los Estados Unidos hay más ciudadanos que se declaran conservadores que quienes se consideran de izquierdas o independientes. Sordas a esa realidad, y con el ánimo de cambiarla, las grandes cadenas de televisión asumían el relato de la izquierda como el canon, y trataban las posiciones conservadoras como una excentricidad o una peligrosa reliquia. Fox News es algo tan lógico como una empresa que cubre un hueco desatendido en un mercado libre, y una pieza que da contenido a la pluralidad en una democracia. Y sin embargo para muchos, que no creen ni en la libertad económica ni en la política, es una anomalía.

Tim Groseclose, profesor de la Universidad George Mason, es el autor de un libro titulado ‘Left turn: how liberal media bias distorts the american mind’. En él muestra cómo los medios de comunicación están a la izquierda de la sociedad estadounidense y le arrastran hacia su terreno. No creo que los medios deban ser un fiel reflejo de la sociedad, sino que deben ir hacia donde la libertad les lleve.

O’Reilly ni siquiera es muy conservador. No es como John Hannity, que parece darse un chute de conservadurina al despertarse. Ha combinado sus ideas con un cierto sentido común, y le ha dado voz a todos. Seguramente por eso ha tenido tanto éxito y ha generado enormes beneficios (446 millones de dólares en ingresos de 2014 a 2016) a su cadena. Pero el mismo sistema que le encumbró le lanza ahora a los pies de los caballos.

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