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Siglo largo, experiencia corta

José Antonio Montano

Puede que nos hayamos precipitado al declarar corto el siglo XX. La fórmula, leo ahora que de Iván Berend, la popularizó Eric Hobsbawm y la ha utilizado también John Lukacs. Los tres son historiadores de ese siglo, por lo que resulta comprensible la pulsión de dar por concluido su objeto de estudio: solo se puede hacer historia de lo que ha terminado.

Pero yo no dejo de ver siglo XX por todas partes. Para mí está resultando un siglo demasiado largo, que se ha comido ya lo que llevamos del XXI. Por un lado nos encontramos en territorio nuevo, sí: en un mundo globalizado y digitalizado, en el llamado capitalismo posindustrial, con los robots en ciernes, etc., etc. Pero por otro no dejan de zumbarnos las moscas del siglo pasado.

En el momento en que escribo, en Twitter España son ‘trending topics’ La Pasionaria y Carrero Blanco. En Alemania se vende como rosquillas ‘Mein Kampf’. Nuestros comunistas se aprestan a celebrar el centenario de la Revolución Rusa con nostalgia y elogios. Y a la presidencia de Estados Unidos acaba de llegar un mamarracho que parece un espadón del siglo XIX. (Solo en eso podría no parecer del XX: en que parece del XIX). El triunfo de Trump, por cierto, ha implicado reabrir la Guerra Fría… para que la ganen los rusos.

Lo corto ha sido la experiencia. Es desolador ver que la Transición la hicieron en España quienes habían sufrido físicamente la Guerra Civil. Y la construcción  de Europa quienes habían sufrido las dos guerras mundiales. No ha habido aprendizaje mental, racional. En dos o tres generaciones, en cuanto el dolor de los cuerpos apaleados se ha extinguido, se está volviendo a las andadas. Esto es lo que hay, supongo. Y por eso, supongo, la historia siempre ha sido así.

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14 destinos turísticos a los que ir antes de que se pongan definitivamente de moda

Cecilia de la Serna

Foto: Khaled Abdullah Ali Al Mahdi
Reuters

Cada año, la Organización Mundial del Turismo (OMT) hace un exhaustivo seguimiento de las tendencias de viaje con el objetivo de predecir los destinos más prometedores (y que más de moda se pondrán). Para ello, analiza cuáles son los de mayor crecimiento.

Los 14 destinos turísticos de mayor crecimiento en el globo se reparten por la geografía mundial, aunque zonas como el Oriente Medio y el norte de África -a pesar de sus conflictos-, con países como como Palestina, Egipto o Túnez, y Sudamérica, con países como Uruguay y Chile, las que experimentan un crecimiento especialmente destacable.

1. Territorios palestinos

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Un turista toma una fotografía en Belén. | Foto: Mussa Qawasma / Reuters

La industria turística de Cisjordania se vino abajo tras la Guerra de los Seis Días de 1967 y la consiguiente ocupación israelí del territorio, y a pesar de que el conflicto con Israel siga muy vivo, la situación del turismo en Palestina ha mejorado notablemente en 2017. La agencia de la ONU coloca a Palestina como el país donde más ha crecido el turismo a nivel mundial durante el primer semestre de 2017. Durante el año pasado, las visitas turísticas internacionales a Palestina aumentaron casi un 58%. Cisjordania acoge a la mayor parte de los visitantes en Navidad, cuando Belén celebra una misa de medianoche. Un atractivo novedoso en la zona de Belén es el Hotel Walled-Off, un establecimiento hotelero del misterioso artista británico Banksy.

Durante el año pasado, las visitas turísticas internacionales a Palestina aumentaron casi un 58%. Cisjordania acoge a la mayor parte de los visitantes en Navidad, cuando Belén celebra una misa de medianoche.

2. Egipto

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La Vía Láctea reflejada en el cielo del Desierto Blanco al norte del Oasis de Farafra, al suroeste de El Cairo. | Foto: Amr Abdallah / Reuters

Egipto, un clásico del turismo internacional en el norte de África, también ha sufrido un importante batacazo en los últimos años por la escalada violenta de atentados, en ocasiones con el objetivo puesto en los turistas extranjeros. No obstante, y a medida que la violencia en el país ha ido disminuyendo, el número de turistas se ha disparado un 51%. El gran éxito reside, por supuesto, en sus pirámides y vasta historia, pero también en un buen clima.

3. Islas Marianas del norte

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Las playas de las Islas Marianas del Norte son paradisiacas. | Foto: Turismo de Estados Unidos

Las Islas Marianas del Norte son un territorio en unión política con Estados Unidos, al igual que Puerto Rico, pero situado en el Pacífico Norte. Se trata de 14 islas septentrionales, situadas entre Hawái y las Filipinas. No es un territorio especialmente conocido, pero cada vez son más los que se acercan a visitarlo. Las Islas Marianas del Norte experimentaron un crecimiento del 37% en el turismo durante el año pasado. El archipiélago tropical es conocido por sus casinos y playas bordeadas de palmeras.

4. Islandia

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La naturaleza de Islandia es incomparable. | Foto: Stoyan Nenov / Reuters

Desde 2010, el número de turistas extranjeros en Islandia se ha triplicado. Esta tendencia se ha confirmado el pasado año, cuando el turismo aumentó un 35%. A Islandia se la conoce como la isla del hielo y el fuego, y quienes la describen así no lo hacen por capricho. Entre sus montañas, ríos, precipicios, cascadas, volcanes y glaciares se esconden secretos y paisajes que no sólo quedarán bien en una instantánea, sino que dejarán huella hasta en el viajero más viajado que los descubra. Los visitantes tienden a ir entre junio y agosto, cuando el clima es más amable y hay más horas de luz del día.

5. Túnez

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La arquitectura es una muestra de la riqueza histórica de Túnez. | Foto: Zoubeir Souissi / Reuters

Túnez se está recuperando de su ataque terrorista de 2015 con bastante rapidez. El país tuvo un aumento del 33% en turistas extranjeros el año pasado. Los visitantes llegan al país magrebí por sus centros históricos y turísticos, por la hospitalidad de los tunecinos y por sus playas mediterráneas.

6. Vietnam

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Vietnam combina diversidad natural y étnica. | Foto: Nguyen Huy Kham / Reuters

Si el sudeste asiático tiene un lugar apetecible entre todos los lugares ese es Vietnam, como bien confirman las cifras: un 31% más de turistas lo visitaron el año pasado, suponiendo el mayor crecimiento de todo el continente asiático. El país se incorporó no hace mucho al mercado turístico mundial, ya que no se abrió totalmente a los visitantes extranjeros hasta la década del los 90. Su paisaje, sus gentes y pueblos, su riqueza cultural y natural, y el colorido de sus 53 grupos étnicos hacen de este un destino realmente atractivo.

7. Uruguay

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Los paisajes de Uruguay invitan a puestas de sol irrepetibles. | Foto: Andres Stapff / Reuters

El primer puesto de los países latinoamericanos es para Uruguay, que durante el año pasado recibió a 3 millones turistas extranjeros, un aumento del 30% con respecto al año anterior. En su geografía destacan Punta del Este, Piriápolis, Montevideo, Colonia del Sacramento o Rocha, que hacen del turismo un punto cada vez más fuerte en la economía uruguaya.

8. Nicaragua

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¿Conoces las playas más secretas de Nicaragua? Esta es tu oportunidad. | Foto: Oswaldo Rivas

Alrededor de 1,5 millones de personas visitaron Nicaragua en 2016, lo que se traduce en un aumento del 28%. Este tesoro escondido de Centroamérica ofrece atractivos como una variedad de fiestas patronales con interesantes expresiones culturales, donde se puede observar en el fervor religioso, y una mezcla de manifestaciones indígenas y coloniales. Además, sus playas salvajes no dejarán indiferente al más aventurero. Definitivamente, una joya por descubrir.

9. Mongolia

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Mongolia invita a una vida nómada. | Foto: Claro Cortes / Reuters

El turismo en Mongolia, al igual que el nicaragüense, aumentó un 28% el año pasado. Los turistas se sienten especialmente atraídos por los rincones más recónditos del país y por el importante crecimiento de la vida nocturna de su capital, Ulán Bator. Una naturaleza esencialmente diversa según las regiones del país hacen de Mongolia un lugar que merece la pena visitar durante una temporada larga.

10. Israel

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El Muro de las Lamentaciones es uno de los símbolos de la cultura en Israel y recibe a millones de turistas extranjeros. | Foto: Marko Djurica / Reuters

Israel recibió 2,9 millones de visitantes el pasado año, lo que supuso un aumento del 25% con respecto al año anterior, a pesar del conflicto latente en la zona. Israel cuenta con un impacto histórico muy relevante y con una vida cultural muy activa. Los puntos turísticos más “calientes” son, sin duda, el mar Muerto, el Muro de las Lamentaciones en Jerusaeln y la intensa vida nocturna de Tel Aviv, quienes algunos la denominan “el Miami de Oriente Medio”.

11. Malta

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La ‘Ventana Azul’ de Malta fue un icono de la isla, y un importante atractivo turístico, que desgraciadamente desapareció hace unos meses. | Foto: Darrin Zammit Lupi / Reuters

La pequeña isla de Malta, uno de los emblemas del corazón del Mediterráneo, acoge cada vez a más y más turistas foráneos, concretamente el número de visitantes extranjeros aumentó en un 23% el pasado año. Malta, que es a su vez un gran plató (en la isla se han rodado películas como Gladiator, Captain Phillips o El Código Da Vinci, destaca por sus playas y por su riqueza histórica.

12. Seychelles

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Un paraíso tropical en auge. | Foto: Reuters

La popularidad de las exóticas Seychelles está creciendo exponencialmente, con un aumento de las visitas del 20% durante el año pasado. Este conjunto de 115 islas ubicadas en el océano Índico, al noreste de Madagascar, es un auténtico paraíso tropical. Este archipiélago esconde dos de las playas más bellas del mundo, Lazio y Georgette, y la más fotografiada según el Libro Guiness de los Récords, la de Source d’Argent. Aunque se asocia al turismo de lujo, las gangas también están disponibles.

13. Montenegro

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El complejo turístico montenegrino Sveti Stefan es internacionalmente reconocido. | Foto: Stringer / Reuters

Durante el año pasado, Montenegro experimentó un aumento del 20% en el turismo foráneo. El país balcánico muestra una enorme diversidad, con influencia de las culturas serbia, ortodoxa, eslava, centroeuropea y adriática. La vasta historia del país marca especialmente la experiencia del turismo extranjero, que llega atraído por un inmenso patrimonio histórico. Mar y montaña dibujan un diverso itinerario entre pueblos, playas, naturaleza y piedra.

14. Chile

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Esta zona de Santiago, conocida como Sanhattan, es un punto de contrastes. | Foto: Victor Ruiz Caballero / Reuters

Otro de los países sudamericanos que ha experimentado un rápido crecimiento es Chile, que también recibió un 20% más de visitantes el año pasado. Sus diversos paisajes y su entorno lo convierten en un gran destino para los amantes de la naturaleza. Destacan la Patagonia, el lago Chungará, el volcán Parinacota, San Pedro de Atacama o el parque nacional Vicente Pérez Rosales. Chile cuenta con hasta seis sitios declarados patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Además, su cultura de influencias indígenas e hispánicas hace de sus costumbres un atractivo extra. La moderna capital, Santiago de Chile, ofrece riqueza arquitectónica así como natural, ya que los Andes -que rodean la ciudad- generan un contraste panorámico incomparable.

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Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria

Romhy Cubas

En un presente que se alimenta de información y que hace todo lo posible por explotar y exponer la data mediante inagotables plataformas –mientras más mejor- es frecuente que las figuras públicas, y las que no también, cuenten con al menos una biografía visual y escrita que exponga las horas y los días de sus vivencias. Los minutos de una persona encapsulados en cuenta regresiva como aditivo social.  Es tan frecuente que el hecho de que una de las últimas producciones de Netflix sea el primer documental enfocado en la periodista y escritora norteamericana Joan Didion, mágica contadora del siglo XXI, es casi ridículo.

“Things fall apart; the centre cannot hold; / Mere anarchy is loosed upon the world”

 Joan Didion: The Center Will Not Hold, un proyecto dirigido por el sobrino de Didion, el cineasta y actor  Griffin Dunne, es esa primera vez que muchos precisaban para deshilar las capas de cebolla de una de las plumas más lúcidas y honestas de las últimas décadas. Una mujer que recibió de las manos del ex presidente de Estados Unidos Barack Obama la Medalla Nacional de Artes y Humanidades, además del “Premio Nacional a la No Ficción” por su obra The Year of Magical Thinking y de la “Medalla por contribuciones distinguidas a la Letras estadounidenses” otorgada por la Fundación Nacional del Libro. No obstante, los premios son meras consecuencias de una trayectoria que se impone a la muerte y al dolor para encontrarle un nuevo sentido a la vida mediante las palabras.

Joan Didion nació en SacramentoCalifornia el 5 de diciembre de 1934, graduada de la Universidad de California Berkley y con su primera oferta de trabajo recibida a los 20 años directamente de las páginas de la revista Vogue en New York, Didion critica y analiza con agudeza sus alrededores desde antes de juzgarse periodista. En Vogue  ascendió de copywriter a editora asociada en tan solo dos años; en la legendaria revista también publicó sus primeros ensayos y artículos con una voz insolente, fresca, contraria en pequeños detalles a la típica Vogue elitista dedicada a amas de casa y trendings del New York de los 60. Mientras tanto, también publicó su primera y menos conocida novela, Run, River, y conoció a su esposo el escritor John Gregory Dunne, quien para entonces trabajaba en la revista Time.

De aquí en adelante la carrera de Didion ascendió como sucede cuando la pasión y la rutina se juntan en una sola escala. Su figura se sostiene junto a la de grandes periodistas literarios de la nueva escuela de los 60 como Tom WolfeTerry Southern y Hunter S. Thompson. Sus reportajes incisivos y veloces retaron la contemporaneidad y recorrieron los salones de la fama mientras su pluma se codeaba con músicos y actores legendarios como Harrison Ford, Steven Spielberg o Natalie Wood.

Joan Didion: hacer de la literatura un refugio contra la desmemoria
Joan Didion con su esposo John Gregory Dunne, hija, Quintana Roo Dunne y sobrino Anthony Dunne en Malibu 1972 | Foto vía: GettyImages

Aunque por años la cultura y la música ocuparon un espacio enorme en las fiestas de su casa en Malibu y en las páginas de sus columnas, la política también se acercó a Joan casi sin pretenderlo en piezas sociales de mayor espectro como su ensayo Haight-Ashbury sobre el mundo del LSD y las drogas en la comunidad hippie, su ensayo de Vogue  Self-Respect: Its Source, Its Power, su reportaje sobre la guerrilla en el Salvador o una serie de entrevistas privadas que mantuvo con una de las integrantes de la “familia” del asesino en serie Charles Manson, Linda Kasabian, mientras esta se encontraba en prisión y en proceso de testificar contra Manson.

Joan Didion publicaría ensayos y artículos retándose a sí misma en el campo del periodismo literario hasta que decide dedicarse por completo a la literatura y la redacción de guiones y obras personales –incluyendo proyectos comunes con su esposo John Dunne. Pero además de esa voz subjetiva y sensata que con constancia, sin pausa pero sin prisa, va develando pequeñas partes de la cultura americana en sus textos Didion se adueñó de un duelo particular. “Nos contamos historias para sobrevivir” acierta en su libro The White Album antes de sospechar siquiera que en un movimiento de pestañas perdería a su familia y haría de la muerte su biblioteca personal. A ese duelo se sobrepondría observando sus alrededores, para reescribirlos cuando no hubiera más historias que contar.

“El impulso de escribir cosas es peculiarmente compulsivo, inexplicable para aquellos que no lo comparten, útil solo accidentalmente, solo secundariamente, de la forma en la que cualquier compulsión intenta justificarse. Supongo que comienza o no comienza en la cuna. Aunque me he sentido atraída a escribir cosas desde que tenía cinco años, dudo que mi hija lo haga, porque es una niña especialmente bendecida y atenta, encantada con la vida exactamente como se le presenta la vida, sin miedo a irse a dormir. y sin miedo a despertar. Los encargados de los cuadernos privados son una raza completamente diferente, rebeldes solitarios y resistentes, descontentos ansiosos, niños afligidos aparentemente al nacer con algún presentimiento de pérdida.”

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Joan Didion junto al retrato de su esposo John Dunne | Foto de Eugene Richards vía The Red List

Las constantes de Didion

Además de la pluma y las palabras, la vida de Joan estuvo marcada por una constante tan inesperada como la vitalidad con la que recuerda cada sonrisa y discusión de su pasado a los 83 años de edad. En el invierno del 2003, mientras su hija Quintana Didion se encontraba hospitaliza por sepsia producto de una neumonía, su esposo John Gregory Dunne murió de un infarto el 30 de diciembre. Un año y medio después, luego de infinitas horas en el hospital, un deterioro continuo y una cirugía cerebral, su hija​ Quintana falleció de pancreatitis el 26 de agosto de 2005 a los 39 años de edad. En menos de dos años Didion perdió el centro de una vida construida a base de pequeños momentos y vicios retenidos. “La vida cambia rápido. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y tu vida como la conoces acaba”, anotó con cautela tras la muerte de John.

Los libros The Year of Magical Thinking y Blue Nights son el resultado de ese duelo incompleto que el documental reúne entre fotografías, testimonios y la narración personal de Didión mientras lee sus propias líneas y recuerda una rutina que nunca más podrá repetir: levantarse y bajar a la cocina por una coca cola fría en lentes de sol mientras su esposo lleva a Quintana al colegio, discutir sobre quién tiene la razón o pasar las vacaciones en familia en el apartamento de la playa.

“El dolor resulta ser un lugar que ninguno de nosotros conoce hasta que lo alcanza. Anticipamos (sabemos) que alguien cercano a nosotros podría morir, pero no miramos más allá de los pocos días o semanas que siguen inmediatamente a una muerte tan imaginada. Malinterpretamos incluso la naturaleza de esos pocos días o semanas. Podríamos esperar sentirnos conmocionados, si la muerte es repentina. No esperamos que este choque sea obstructivo, desarticulando tanto el cuerpo como la mente. Podemos esperar estar postrados, inconsolables, locos por la pérdida. Pero en realidad no esperamos volvernos literalmente locos”.

Este es uno de los pasajes de The Year of Magical Thinking, anotaciones de una escritora que busca recordar en sus apuntes a los lugares de los cuáles no puede huir. “Un lugar pertenece por siempre a quien lo reclame con mayor intensidad, a quien lo recuerde más obsesivamente, lo despoja, le da forma, lo ama tan radicalmente que lo rehace a su propia imagen.”

En los años 70 Didion fue diagnosticada de esclerosis múltiple. Durante el documental hay un choque entre el desmejoramiento físico de una mujer con un glamour innegable y la voz melodiosa que recuenta sus propias frases sin titubear, enfrentándose con sinceridad y aplomo a  la cámara.

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Quintana Roo Dunne, John Gregory Dunne, y Joan Didion en casa | Foto de John Bryson/Netflix

Recuerdos y cuadernos

De todas las preguntas que se hace Didion durante los años, el sinsentido del destino es el que se afinca en la pantalla. Los “tal vez”, y “que hubiera pasado si” son constantes en la vida de alguien que pierde repentinamente el espectro de su vida. Joan Didion casi podría pasar por una escritora de autoayuda para superar el duelo y la muerte,  experta en estudios y ensayos sobre la superación y los niveles emocionales que se suceden al perder a alguien cercano. Este sería el caso de no ser porque en sus anotaciones hay una clara distinción entre lo que pasó y lo que podría haber pasado, entre el propósito de su presente literario y pasado periodístico.

La verdad sobre los cuadernos de Didion es que son una parte diluida de ella misma. Una manera de preservarse y combatir la desmemoria, de apostar por la vida a pesar de sus muertos.

Joan Didion: The Center Will Not Hold es solo una migaja del extenso trabajo literario y periodístico de una figura que revive los perfiles más elegantes de Truman Capote en su juventud.  Una silueta cuyo recuerdo es necesario para entender el rescate de la palabra que hace un escritor con cada página habitada en su diario.

“Mira lo suficiente y escríbelo, me digo a mí misma, y luego, una mañana, cuando el mundo aparente consumirse, drenarse, algún día cuando solo esté haciendo lo que se supone que debo hacer, que es escribir en esa mañana en bancarrota, simplemente abriré mi libreta y allí estará todo, una cuenta olvidada con interés acumulado, un pasaje pagado al mundo exterior: el diálogo escuchado en los hoteles y ascensores y en el mostrador de pabellón de Pavillon (…) Recordar lo que era ser yo: ese es siempre el punto”. Joan Didion.

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Querida Joan

Laura Ferrero

Foto: Kathy Willens
AP Photo, File

Querida Joan:

Cada vez que abro mi libreta, esa que siempre llevo en el bolso, me sorprende, anotada en una esquina, tu dirección postal. Hace un par de años, cuando trabajaba en una pequeña editorial de Nueva York, la encontré entre archivadores, papeles y contratos, y la apunté. Fue un instinto, algo que hice rápido como si hubiera cámaras y estuviera asumiendo un riesgo mortal.

Pero la historia no se quedó ahí. Un miércoles de agosto me armé de valor y me dirigí a tu casa y, al llegar al portal, me detuve y miré hacia dentro. Pasé tiempo ahí fuera tratando de imaginar cómo serían las paredes y los pasillos entre los que te moverías. Deseaba verte salir, pequeña y frágil, a través de aquella puerta simplemente para decirte: “Hola Joan, gracias por salvarme la vida”. Pero pasé cerca de dos horas ahí, sufriendo el calor, el bochorno y los nervios –¿alguien iba a desenmascarar a la chica que había robado una dirección y quería verte?– y no, claro. No apareciste.

De todas maneras, aunque lo hubieras hecho, no me hubiera atrevido a decirte nada.

Nunca llegué a entrar en tu casa pero ahora ya sé cómo son las paredes entre las que te imaginaba moviéndote y deslizándote de una estancia a la otra con sigilo, como si temieras despertar a los demás, a los que ya no estaban contigo.

Te vi. En el sofá, en la cocina. Y lo hice desde una ciudad extraña, muy lejos de Nueva York, sobre el cubrecama impoluto de un hotel.

Me emocioné al verte. Eran tus manos, la ternura con la que mirabas a tu sobrino, Griffin Dunne en The center will not hold, el documental que ha rodado sobre tu vida. Ese documental del que leí que solo era interesante para fans y del yo diría lo contrario: es una pieza interesante para todos aquellos que crean en la crónica, en el periodismo. Para todos aquellos que alguna vez se hayan preguntado cómo puede narrarse aquello que no tiene nombre, que se llama dolor y que es justamente lo que no puede compartirse.

Te vi: preparabas sándwiches de pepino quitándoles la corteza y yo, que apenas sé cocinar, me imaginé aprendiendo una receta, cocinando para ti para decirte que no sé si a los demás también, pero lo cierto es que a mí me salvaste la vida.

Explicabas en el documental que a los 28 años descubriste que no todas las promesas –tanto las que te habían hecho como las que te habías hecho–  iban a cumplirse. Que algunas cosas eran y son irrevocables y que los errores y evasiones también cuentan en ese camino que vamos trazando al que comúnmente llamamos vida. Cuando te escuché pensaba que hablabas de las evasiones y de aquel verbo que se ha puesto tan de moda, procrastinar, en un sentido negativo. Sin embargo, hace unos días entrevisté a un pintor de 94 años que me dijo que lo importante en la vida es la estructura y la perseverancia; la coherencia con el proyecto vital de cada uno. Al terminar, me acerqué, sibilina, por detrás, cuando nadie me escuchaba y le dije “perdón, maestro, yo es que siempre tengo muchas dudas”. Carlos, que así se llama, sonrió y me dijo que la perfección venía siempre por la acumulación: “la acumulación de errores”, matizó. Así que entendí, claro, que en el documental tú no hablabas de nada en negativo sino únicamente de asumir que la vida surge también de los caminos que no tomamos y de la responsabilidad frente a lo que uno renuncia y se le escapa.

Pero volvamos a esa tarde de agosto en la que me quedé detenida ante tu puerta. Sin saber qué decir, como canta Ariel Roth. Sin saber por qué sentía yo que me habías salvado la vida. El otro día, en mi hotel, mientras veía el documental a través de la pantallita del portátil, lo entendí por fin.

Verás, unos años atrás perdí a alguien muy importante para mí y durante un tiempo no quería, como tú, que el tiempo pasara. Era consciente de que el reloj y el calendario seguían avanzando pero cuando llegaban los grandes acontecimientos como las Navidades, fin de año, veranos y cumpleaños, lo pasaba mal. No podía celebrarlos. Me hablaba a mí misma en estos términos: hace seis meses que, hace nueve meses que, hace ya dos años que. Eran una suerte de fronteras con las que delimitaba mi tiempo y siempre pensé que la mía era una nostalgia extraña, una manera como otra de bajarme del tren y decir “seguid vosotros que yo aquí me quedo”.

En un momento dado de The center will not hold explicabas que no querías dar por concluido El año del pensamiento mágico porque terminarlo significaba decir adiós a John. A veces se escribe para estar cerca de los que se han ido, así que poner el punto final a un libro no deja de ser otra manera de estar lejos. Aún más lejos.

Joan, no puedo decir que te entienda del todo. No he sido madre ni he perdido tantas cosas como tú. Pero, ¿cómo decir entonces que te entiendo? ¿Cómo decir que sé cómo se resquebrajan las cosas hasta que un día desaparecen y ya no son tuyas porque dejan de existir?

Cuando terminó el documental, perpleja, sobre mi colcha blanca de hotel pretencioso, entendí por fin por qué quería darte las gracias aquella tarde de verano de Nueva York. Así que tarde pero aquí va: gracias, Joan Didion porque me hiciste entender que no estaba sola. Que si bien el dolor es una celda en la que cada uno gritamos sin que los demás puedan escucharnos, saber que hay gente allá fuera que también grita y se separa y no quiere que el tiempo pase, es un consuelo. Así que te abrazo desde aquí, Joan. Y que sepas que un día de estos volveré a tu casa para seguir esperándote, abajo, escondida. Me reconocerás pronto: seré la chica que no se atreverá jamás a saludarte pero que te seguirá con la mirada hasta que vayas desapareciendo. Entonces yo volveré a pensar en la receta que un día aprenderé a cocinar para darte las gracias por haberme salvado no solo la vida sino también de mí misma.

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Vox Dei

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: JUAN MEDINA
Reuters/File

Pedro Sánchez ha asegurado que “Ciudadanos es el Vox de la política”. Palabra de Dios. Es verdad que la frase no podría estar peor construida: ¿Qué otra cosa es Vox si no un partido político? Pero atendamos a la comparación. Las encuestas señalan que el procés ha espoleado el ascenso de Ciudadanos en el conjunto de España, mientras en Cataluña la candidatura de Inés Arrimadas se ha consolidado como primera fuerza del constitucionalismo.

Entonces a Pedro Sánchez se le ocurre establecer esa equivalencia, Ciudadanos es Vox. Situar a la formación naranja a la derecha del PP no se compadece con la realidad programática ni parlamentaria, pero además sugiere una estrategia inquietante: la de equiparar la crítica al independentismo con el extremismo ideológico. Ciudadanos es el partido que más ha combatido el nacionalismo y, por tanto, según el líder del PSOE, solo cabe concluir que es un partido de extrema derecha. Sin embargo, me inclino a pensar que el líder del PSOE no se cree lo que dice.

¿O acaso hemos de pensar que el PSOE firmó un acuerdo de gobierno “reformista y de progreso” con Vox? Un pacto que incluía medidas tan reaccionarias como “reformar la Constitución para asegurar eficazmente los derechos sociales y completar el funcionamiento federal de la organización territorial de nuestro Estado”. Un pacto por una Europa “más social y más solidaria”, que diera respuesta a la emergencia que viven los refugiados. Un pacto por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Un pacto contra la pobreza. Un pacto por la ciencia.

¿Firmó un acuerdo de gobierno Sánchez con un partido de extrema derecha? Y, en Andalucía, ¿gobierna el PSOE gracias al apoyo del Vox de la política? ¿Compartirá Susana Díaz las palabras de su secretario general?

En realidad, atendiendo a su posición sobre derechos civiles y libertades individuales, Vox se parece mucho más a Uniò, el partido que se integrará en las listas del PSC de cara a las elecciones del 21 de diciembre, contrario al aborto y que presentó un veto en el Senado contra el matrimonio gay.

Las encuestas coinciden en señalar una tendencia: la subida de los partidos más próximos al centro político, PSOE y Cs, y el retroceso de PP y, sobre todo, Podemos. Aunque sin elecciones generales a la vista es pronto para lanzar vaticinios, no es descabellado pensar que, de cara a un adelanto electoral, PSOE y Cs sumarían más escaños de los que tenían cuando pactaron, tras los comicios de diciembre de 2015.

Eso plantea una posibilidad real de articular una alternativa progresista a Mariano Rajoy. De confirmarse el declive de Podemos, Pedro Sánchez necesitará contar con Ciudadanos si aspira a gobernar algún día, razón por la que haría bien en ser más prudente en sus comparaciones. Le ha dicho a sus votantes que Rivera es el líder de una formación de extrema derecha y, aunque sabemos que en los días de la política líquida las palabras se las lleva el viento, eso dificulta la capacidad de maniobra de cara a una eventual negociación. Así que mejor dejemos que sean los ciudadanos quienes decidan en qué lugar ponen a cada partido. Vox populi, vox Dei.

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