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Tolerancia cero a las teologías del terror

José Antonio Montano

Foto: Neil Hall
Reuters

Cuchilladas y atropellos: tendremos que ir acostumbrándonos a esa nueva modalidad del terror. Nueva y retrógrada. Y a los hachazos, las bombas, los disparos… El terrorismo islamista es casi el terrorismo perfecto, porque lo que pretende implantar es directamente el terror. Los otros terrorismos también lo implantaban en la práctica, pero en sus discursos eran más enrevesados; si predicaban el terror, era acogiéndose a instancias supuestamente limpias como “la necesidad histórica”, etcétera. El carácter teológico del terrorismo islamista le hace ser implacable y, de algún modo, “sincero”: la sinceridad absoluta y absolutista del fanático.

Ha vuelto a suceder con el atentado de Londres, mientras se jugaba la final de la Champions en Cardiff y se preparaba en Manchester el concierto en recuerdo del atentado de hace diez días. Ese parece ser el ritmo: atentados presentes mientras se recuerdan atentados pasados. Un estado permanente de terror. La vida cotidiana se ha convertido en el frente de batalla y si algo está claro es que la resistencia está justo ahí: en la vida cotidiana. En la medida en que esta se altere, los terroristas estarán ganando. El miedo será inevitable, pero debemos seguir haciendo lo mismo.

La única solución es el afianzamiento de los valores occidentales, porque son los universales; y de los que tantos occidentales se ríen y que tantos occidentales menoscaban. Entre esos valores está el de la libertad religiosa: con unos límites racionales, éticos, legales, democráticos, cívicos y convivenciales que hay que reforzar con firmeza, sin pamplinas. Tolerancia cero a las teologías del terror.

La Policía británica detiene a 12 personas relacionadas con el doble atentado de Londres

Foto: Hannah Mckay
Reuters

La policía británica ha anunciado este domingo la detención de 12 personas relacionadas con el doble atentado de este sábado que ha provocado siete muertos y 48 heridos en Londres. Los tres terroristas fueron abatidos por un grupo de agentes después de atropellar con una furgoneta y luego acuchillar a decenas de personas en el tramo que une el puente de Londres con el mercado de Borough.

Varios furgones de la unidad antiterrorista de la policía metropolitana han acordonado desde el mediodía el edificio en el que vivía uno de los terroristas en el barrio de Barking, en el este de Londres, y, por el momento, el operativo se ha saldado con 12 arrestos.

Las autoridades siguen haciendo registros en todo el vecindario y no se descarta que el número de detenidos aumente.

Por otra parte, la primera ministra Theresa May ha comparecido ante la prensa para informar que está dispuesta a endurecer su estrategia contraterrorista, asumiendo que existe “demasiada tolerancia” en Reino Unido con el extremismo.

May propone revisar la estrategia contraterrorista tras los atentados de Londres

Foto: Kevin Coombs
Reuters

La primera ministra del Reino Unido, Theresa May, ha comparecido este domingo ante los medios de comunicación tras la conclusión de la reunión con el comité de emergencia Cobra, donde se ha decidido no aumentar el nivel de alerta de ‘severo’ a ‘crítico’.

A las puertas de Down Street, May ha confirmado las siete muertes, los 48 hospitalizados -entre ellos un español, “con heridas que no revisten gravedad”, según el Ministerio de Exteriores- y el abatimiento de los tres terroristas por parte de la policía, que llegó al mercado de Borough ocho minutos después de recibir el aviso, tras el doble ataque sufrido este sábado por la noche.

Con un tono serio, la primera ministra ha dicho que hay “demasiada tolerancia hacia el extremismo” en Reino Unido y que debe endurecerse la acción de su Gobierno tras sufrir el tercer atentado terrorista en solo tres meses, después del de Westminster y el de Mánchester.

“No podemos dar a los terroristas un espacio seguro”, ha afirmado. “Pero es lo que internet les proporciona“.

En este sentido, ha hecho un llamamiento a la unidad y ha destacado que necesitan “revisar la estrategia contraterrorista” y asegurarse de que están dotando a la policía de “los medios que necesitan”.

En último lugar y a pesar de los rumores, May ha garantizado que las elecciones no se pospondrán y se celebrarán el próximo jueves. Minutos más tarde, ha condensado sus planes y reflexiones en un texto publicado en su página oficial de Facebook.

Macron y los estados de gracia

Valenti Puig

Foto: Etienne Laurent
AFP

La norma no escrita de dar una tregua crítica a los cien primeros días de todo gobierno ha ido quedando arrumbada como un uso vetusto. En coincidencia cuantitativa con la duración del retorno de Napoleón desde la isla de Elba hasta Waterloo, esos cien primeros días a veces han ido a la par con el estado de gracia, un período de levitación en el que la confianza en el nuevo elegido parece casi unánime. No lo hemos visto con Theresa May pero sí con Macron. En general, una nueva presidencia de la Quinta República garantiza ese período de gracia. Tras la victoria presidencial, haber conseguido una nueva mayoría parlamentaria –para un partido de hace dos días- convierte a Macron en un político en estado de gracia, llegado en el momento más oportuno para, después del “Brexit”, rehacer el eje franco-alemán dándole un toque gaullista. ¿Hasta cuándo? En un mundo tan acelerado, la erosión política parece haber liquidado los privilegios del estado de gracia. Lo hemos visto otras veces: un político de nuevo cuño –caso Obama- se convierte en paradigma, para acabar entrando y saliendo del taller de reparaciones.

Ahora la fulguración del nuevo presidente de la República Francesa genera un efecto mimético aunque lo realmente significativo es que haya llegado al poder gracias al hundimiento del socialismo francés y las torpezas habituales de la derecha. ¿Macron o Corbyn? ¿Macron o Bernie Sanders? ¿Qué queda del modelo Blair? Son interrogantes que pueden aplicarse al retorno de Pedro Sánchez a la secretaría general del PSOE, más bien dispuesto a romper con las tesis de centro-izquierda propias del felipismo y presuroso por expansionarse hacia la izquierda, colindando arriesgadamente con Podemos para conjugar una alternativa.

La posición de Sánchez en contra del acuerdo comercial con Canadá –CETA- ha resultado incómoda para Bruselas, como ya se ha cuidado de exponer el comisario Moscovici, procedente de la izquierda radical y luego ubicado en el sector rocardiano del socialismo francés. Curiosamente, Sánchez ha sido proclamado a menudo por sus partidarios como gran conocedor del laberinto comunitario, dado que de muy joven fue asesor en Bruselas antes de ser jefe de gabinete de Carlos Westendorp, alto representante de las Naciones Unidas en Bosnia, en pleno conflicto de Kosovo.

Tampoco en la oposición perduran los efectos del estado de gracia. El futuro de Pedro Sánchez, por ejemplo, depende mucho de que logre zafarse de la presión de Podemos y de la militancia socialista más radical para lograr la adhesión del electorado real de centro-izquierda, marcando de cerca a un gobierno de Rajoy debilitado por la corrupción siempre que decida, cuanto antes mejor, si quiere ser un Macron o un Corbyn. La crisis del socialismo europeo tiene una sombra muy alargada. Ahora mismo, para Bruselas, aunque Donald Tusk parafrasee a John Lennon, un PSOE deslizándose hacia la izquierda es una mala noticia. Hay abundantes quejas sindicalistas pero el PSOE todavía no ha dado un contenido coherente a su rechazo a los acuerdos comerciales EU-Canadá. ¿Qué hay de malo en mantener relaciones de libre comercio con Canadá?

Cataluña: fiarlo todo al día después

Iñaki Ellakuría

Foto: ALBERT GEA
Reuters

En estos días de verano, cuando el curso político catalán se acerca al breve parón estival, una pregunta se cuela en la mayoría de conversaciones: ¿Qué ocurrirá en otoño? A veces es planteada con una mueca de satisfacción, la del independentista que anhela tras cinco años de proceso que se rompa la baraja; otras, con un rictus de preocupación y hartazgo por un horizonte de agitación, inestabilidad y más ruido. Y en ninguno de los casos, actores del proceso, espectadores o rehenes del mismo, nadie sabe exactamente qué responder. ¡Qué decir si los dirigentes en Barcelona y Madrid parecen huidizos adolescentes cuando se les cuestiona sobre el cacareado choque de trenes!

El proceso se ha instalado en un tiempo de espera e incertidumbre, donde cualquier predicción es una osadía. Con todo, hay elementos que no invitan al optimismo de los moderados. Veamos:

Los funcionarios. El informe de los letrados del Parlament expresando su preocupación y consejos técnicos a la propuesta de modificar el reglamento de la Cámara, una treta urdida por el bloque separatista para agilizar la tramitación de la llamada ley de “desconexión”, pone en evidencia como la estrategia de la confrontación iniciada por el Gobierno de Puigdemont empieza a romper las costuras de las instituciones catalanas e incomodar a muchos funcionarios que no quieren subvertir el marco legal. Ya sea por convicción o simplemente para evitar una inhabilitación.

Escalada verbal. A medida que el proceso se ha ido acercando a la frontera que separa la retórica de los hechos (y sus consecuencias), el discurso independentista ha optado por dividir, ya sin disimulo, la sociedad entre el pueblo, los independentistas, y los “antidemócratas”, todo aquel (persona, partido o institución) que no asuma como legítimo un referéndum unilateral. Esta escalada verbal recibe, ciertamente, el aplauso del núcleo duro separatista, al tiempo que enciende redes sociales y tertulias radiofónicas, pero también agranda la brecha político/sentimental que reflejaron las urnas el 27-S. Incomoda, asimismo, al independentismo moderado y expulsa a los catalanes que apuestan por modificar desde el pacto el actual marco constitucional. Mientras, el inmovilismo del Gobierno central alimenta a los predicadores de la confrontación.

Abucheos. Un síntoma del malestar que acumulan los tildados de “antidemócratas”, fueron los abucheos dirigidos a Puigdemont en Llefiá (Badalona) y Meridiana (Barcelona), dos barrios populares y populosos, donde, como en tantos otros del área metropolitana, el artero relato del “España nos roba” no cuela. La reacción de algunos independentistas, incluido un alto cargo de la Generalitat, fue la de calificar a los presentes de arrabaleros, colonos y fascistas.

Resignación. Recientes declaraciones confirman que Gobierno y Generalitat, uno confiado en la acción de la justicia, el otro anhelando una movilización como la de la cairota plaza Tahir, dan por hecho el choque otoñal. Soraya Sáenz de Santamaría, en un acto en Barcelona, afirmó: “Se habla mucho del 1 de octubre, pero la inmensa mayoría de los que están en el debate público están pensando en el 2 de octubre, y espero que sea el día del sosiego”. Oriol Junqueras, en La Vanguardia, declaró: “Hay que pensar en el día después del 1-O y actuar con responsabilidad”.

Nos aventuramos, pues, a tres mes de larga cuenta atrás y guerra de posiciones. Paciencia y cuerpo a tierra.

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