El Subjetivo
El equipo Trump
JOSHUA ROBERTS / REUTERS
13.12.2016 Hay algo en lo que coincidimos quienes seguimos la figura de Donald Trump desde hace tiempo, tenemos familiaridad con la política estadounidense y hemos llenado nuestras horas con las elecciones presidenciales: no tenemos ni idea de cuáles son los planes del presidente Trump. Y lo sabemos porque hemos visto que su política económica es contradictoria, que su política exterior también lo es, y que sus grandes propuestas de política interna son irrealizables o consisten en demoliciones sin alternativa.

No se puede descartar que Trump, que ha sabido ganar unas elecciones utilizando a su favor unos medios de comunicación que tenía en contra, sepa exactamente dónde quiere llegar, y tenga una idea de cómo hacerlo. Su primera responsabilidad como jefe de la Administración que llevará su nombre es la de nombrar hasta 4.000 altos cargos, y los primeros nombres nos dejan algunas pistas sobre cómo puede ser la 45ª presidencia.

Para empezar, y en una concesión a lo que allí se llama “bipartidismo”, que es la voluntad política de colaborar con el partido contrario, Donald Trump ha hecho lo que le prometió (en secreto) Hillary Clinton a los dirigentes de Goldman Sachs: contar con ellos. El Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, sale de esa cantera de banqueros y políticos de la que también ha elegido a Gary Cohn como presidente del Consejo de Economía Nacional de la Casa Blanca; es decir, su principal asesor. Adiós a su discurso populista de que GS se había enriquecido chupándole la sangre a los honrados trabajadores americanos.

Trump ha elegido a Rex Tillerson (Exxon Mobil) como secretario de Estado; esto es, ministro de exteriores. Tillerson recibió del Zar Putin la Orden de la Amistad de Rusia, vaya eso por lo que tiene de enfriamiento de la guerra tibia entre los dos países bajo la era Obama. El petróleo también tiñe la elección de la secretaria de Interior, Cathy McMorris. Es crítica con el cambio climático, y votó a favor de la Native American Energy Act, que permite extraer el mineral de los territorios indios, unos territorios que ahora caen bajo su responsabilidad. Y si por un lado parece que rebaja la tensión con Rusia y China, por otro muestra su lado más duro en Defensa, con nombres como James ‘perro loco’ Mattis de secretario de Defensa o K.T. McFarland.

Luego están los nombramientos de calado ideológico. Scott Pruitt, gran crítico con el intervencionismo de la agencia medioambiental, EPA, será quien la dirija. Andrew Puzder será el secretario de Empleo, y es otro gran crítico de las regulaciones en este mercado, y del salario mínimo. Una política de libre mercado beneficiaría especialmente a los trabajadores con menos cualificación, lo cual incluye a los inmigrantes. Linda McMahon llevaría otra agencia, la que regula las empresas medianas y pequeñas, y ha destacado por su trayectoria empresarial y por la defensa del papel de la mujer en el mundo de los negocios. Le propuso el cargo de secretario de Vivienda a Ben Carson, otro partidario de la desregulación. Pero Carson parece que va a declinar la oferta. Betsy deVos impulsará, más que probablemente, el cheque escolar desde la secretaría de Educación. Y en el capítulo de demoliciones está Tom Price, acerado crítico de Obamacare, en Sanidad.

Parece que no tiene mayor interés en buscar guerras ajenas, ni va a asumir acríticamente los modelos energéticos de otros, ni va a aceptar las políticas de Obama como hechos consumados. Desde luego no tiene ningún problema en poner a las mujeres al frente de puestos de alta responsabilidad, ni ha mostrado un ápice de racismo en sus nombramientos. Ha nombrado como director de la CIA a un enemigo declarado de Hillary y como jefe de gabinete a un hombre del Partido Republicano. Amenazas a los demócratas, puentes con el GOP. También demuestra tener una visión política de alcance. Da la impresión de que Trump sabe lo que hace. Lo que no sé es si eso me da más miedo o más tranquilidad.