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La Iglesia se inventó el amor romántico

José Carlos Rodríguez

San Agustín, apóstol de Inglaterra y primer arzobispo de Canterbury, le envió una misiva al Papa Gregorio I, llamado “el Grande” por sobrados motivos. En la carta le pedía que le iluminase con la mejor doctrina de la Iglesia sobre nueve cuestiones; cinco de ellas se referían a cuestiones familiares.

En la época de ambos santos, a decir de Jack Goody, los usos familiares “permitían e incluso favorecían las prácticas de, en primer lugar, casarse con parientes cercanos. En segundo lugar, casarse con viudas que sean parientes cercanas (probablemente por herencia, del cual el levirato era su forma más extrema). En tercer lugar, la transferencia de niños por medio de la adopción. Y, finalmente, el concubinato, una forma de unión secundaria”. Esas costumbres facilitaban las uniones en una época en la que las oportunidades de conocer a otras personas eran muy escasas. Gregorio I prohibió las cuatro prácticas. No se pudo basar en las Sagradas Escrituras, pues allí no se recogen esas prohibiciones. Ni en el Derecho Romano. No.

Pero San Gregorio tenía motivos sobrados para hacerlo. Al imponerse sus vetos en la práctica, resultó que “un 40 por ciento de las familias quedarán sin ningún heredero varón inmediato”. ¿Quién saldría reforzada de esta nueva situación de herencias sin destinatarios naturales? La Iglesia, que recibía gran parte de esos bienes huérfanos. Pero las consecuencias sociales de ese cambio en los usos matrimoniales fueron mucho más allá del beneficio de la Iglesia. Para empezar, los usos prohibidos cambiaron el cariz del matrimonio, de una unión obligada por la situación económica, como era en muchas ocasiones, a una unión con una persona buscada. La Iglesia se inventó el amor romántico.

Pasaron más cosas. El nuevo matrimonio, buscado, anhelado, hizo que la edad para contraerlo se retrasase, y que los novios trabajasen más tiempo que antes fuera del mismo. Esto favoreció el control de la natalidad y la paulatina salida de la trampa malthusiana. Y se aceleró el desarrollo de Europa frente a otras sociedades. La Iglesia, por su parte, acumuló gran cantidad de riqueza. Esa concomitancia con la propiedad debió de contribuir a aceptar esta institución, más santa que la propia Iglesia, como un hecho natural y positivo para el hombre.

El mismo cambio social que favoreció el amor romántico hizo lo propio con el capitalismo. ¿Qué forma más adecuada de celebrar ambos que hacer un regalo con motivo de San Valentín?

Más allá de Miguel Ángel: 7 artistas que diseñaron espacios religiosos

Cecilia de la Serna

Foto: Berliner Stiftungswoche

La relación entre arte y religión es tan estrecha como centenaria. Los artistas han dibujado en los templos, y los templos han servido sus muros a las obras de los artistas. Este vínculo, más común antaño que hoy en día, lleva a veces a verdaderas obras maestras que envuelven las liturgias de pura belleza. Ahí está la Capilla Sixtina, que desde que Miguel Ángel terminó de pintarla en 1512, es uno de los lugares donde por antonomasia la creatividad y la técnica se unen a la espiritualidad y a la solemnidad religiosa.

En tiempos más recientes, los artistas modernos y contemporáneos han continuado activamente con esta tradición de impregnar los espacios religiosos con su arte, creando vitrinas, murales, retablos, y mucho más. A continuación, compartimos siete notables capillas diseñadas por artistas que incluyen obras de arte que redefinen la espiritualidad en los términos del artista y fomentan momentos de contemplación e introspección.

1. James Turrell, Dorotheenstadt Cemetery Memorial Chapel, 2016 (Berlín, Alemania)

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El espectáculo de neón creado por James Turrell en Berlín. | Foto: Pinterest
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La capilla iluminada por Turrell vista desde el exterior. | Foto: mangtronix / Flickr

La primera instalación de nuestra lista coincide con la foto destacada al principio del artículo. El artista contemporáneo norteamericano James Turrell personalizó la arquitectura interior de la capilla de este cementerio situado en el barrio berlinés de Mitte para optimizar la iluminación. El resultado: un espectáculo de luz de una hora diseñado para coincidir con la puesta del sol. Toda una experiencia pacífica y silenciosa tintada de neón.

2. Henri Matisse, Chapelle du Rosaire de Vence, 1948–51 (Vence, Francia)

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Esta es para Matisse su gran obra de arte. | Foto: Pinterest

Esta capilla enteramente diseñada y decorada por Henri Matisse, y localizada en una pequeña localidad del sureste de Francia, está considerada por el propio pintor como su obra maestra. Muy simple en apariencia, con sus vidrieras coloridas, despierta la curiosidad de turistas y creyentes. Pero una vez que se ingresa en su interior, la capilla revela todo su esplendor gracias al reflejo de las vidrieras sobre el suelo de mármol, y a los tres murales que representan las Estaciones de la Cruz, la Virgen con el Niño y San Dominique.

3. Mark Rothko, Rothko Chapel, 1964–71 (Houston, Estados Unidos)

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La Rothko Chapel acepta todas las creencias. | Foto: Pinterest

Esta capilla diseñada por el célebre expresionista abstracto Mark Rothko es un centro abierto a todas las creencias y religiones en Houston, Texas, al sur de Estados Unidos. Fue fundada por John y Dominique de Menil en 1971. Rothko recibió la comisión por parte de los De Menil en 1965 y trabajó estrechamente con los arquitectos para crear la planta octogonal con un espacio central de meditación con luz cenital, alrededor del cual colgó catorce grandes lienzos.

4. Louise Nevelson, The Chapel Of The Good Shepherd, 1975 (Nueva York, Estados Unidos)

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El interior de la capilla concebida por la artista Louise Nevelson. | Foto: Saint Peters Church

Louise Nevelson, pintora y escultora estadounidense de origen ruso, creó la Capilla del Buen Pastor, totalmente blanca, ubicada en la iglesia luterana de San Pedro en Nueva York. Para esta artista, la espiritualidad estaba directamente relacionada con la creatividad, y concibió este espacio lo suficientemente abstracto como para ser universal.

5. Ellsworth Kelly, Austin Chapel, 2015 (Austin, Estados Unidos)

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Modelo de la capilla diseñada por Kelly. | Foto: Blanton Museum of Art

La obra póstuma del escultor y pintor abstracto estadounidense Ellsworth Kelly fue diseñada en 1986 para un coleccionista privado. El artista se inspiró en las arquitecturas románica y bizantina que encontró en París cuando era estudiante. La construcción de esta capilla situada en Austin, en el estado de Texas, comenzó dos meses antes de su muerte, a la edad de 92 años. Se espera que abra al público a principios de 2018.

6. Terence Koh, Bee Chapel, 2016 (Nueva York, Estados Unidos)

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La capilla feminista concebida por Ilise Greenstein. | Foto: Andrew D. Hottle

En los años 70, mientras Greenstein admiraba la Capilla Sixtina, le llamó la atención un ‘pequeño’ detalle: “¿Dónde está la relación de la mujer con Dios? ¿Dónde está Eva?”. Greenstein se inspiró entonces para crear una capilla alternativa, hecha por mujeres, para las mujeres. Así nació esta instalación de artes visuales, concebida por Ilise Greenstein y creada por 13 mujeres artistas durante el movimiento de arte feminista. En ella se pueden ver 11 paneles que representan mujeres contemporáneas e históricamente significativas, deidades y figuras mitológicas, y mujeres heroicas conceptuales.

7. Theaster Gates, Sanctum, 2015 (Bristol, Reino Unido)

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Una instalación sobre las ruinas de una iglesia medieval. | Foto: Max McClure

Se trata de la primera instalación del artista norteamericano Theaster Gates en el Reino Unido. El sitio elegido fue la iglesia medieval del Templo de Bristol, originalmente diseñada por los Caballeros Templarios, que había sido bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial, dejando sólo una parte del edificio en pie. Gates utilizó material reciclado de lugares cercanos para crear una estructura dentro de las paredes huecas de la antigua iglesia, incluyendo puertas de una antigua fábrica de chocolate y ladrillos de casas demolidas. El espacio acogió un ambicioso programa de 522 horas de duración, en el que participaron músicos y DJs locales, poesía y coros gospel, y todo tipo de actividades culturales.

Un joven Papa para ateos viejunos

Ferrán Caballero

En una de las mejores escenas de Seinfeld, Jerry se presenta en la iglesia para hablar con el párroco sobre su dentista, porque sospecha que se ha hecho judío simplemente por los chistes. “¿Y eso te ofende como judío?”, le pregunta el párroco. “No. Me ofende como cómico”.

 

Algo parecido nos pasa a tantos con la serie de The Young Pope. No es que nos convirtamos por los chistes, pero sí que nos fascinamos, como decía aquí mismo Cristian Campos, por “su intransigencia e intolerancia. Que no es más que coherencia suicida”.

 

Nos fascina porque entendemos más la necesidad del dogma que su verdad. Por eso nos cuesta menos creer en la Iglesia que en Dios, porque a veces nos gustaría creer como creemos que creen los que creen, aunque seamos incapaces de hacerlo. Por eso nos fascina la Iglesia por estética, como les pasa a Sorrentino y a ese conocido mío que se haría ordenar sacerdote para poder llevar alzacuellos. Y nos fascina por la ética; por la pretendida capacidad de sobreponerse al absurdo de una vida sin porqué.

 

Yo creo que estaría muy bien encontrar un virtuoso término medio entre el esteticismo de Sorrentino y el oscuro rigorismo de su Papa, pero no me parece raro que el espacio que el cristianismo deja libre al retirarse lo ocupen el budismo de jardines y gimnasios y el islamismo de burka y terrorismo. No es raro que a nuestra incapacidad para reconocer la trascendencia de lo bello, lo bueno y lo cierto, la siga la adoración de la mera autenticidad. Es decir, que donde no podemos juzgar a la gente a la luz del bien, la admiremos por la firmeza de su compromiso; por la intensidad con la que se equivoca; por la coherencia con la que se suicida.

 

Por eso da lo mismo incluso que el Papa sea ateo. Porque más importante que la fe es el rigor del Padre y el poder de un Dios ansiolítico. Más nos costará entender al Papa que duda, porque para dudar ya nos bastamos y nos sobramos solos.

 

Y eso, claro está, dice más de los viejos ateos que del joven Papa y su religión.

Por un beso

Gonzalo Gragera

Foto: Victor Jorgensen
AP Photo

El jueves de la pasada semana fue el Día Internacional del Beso. Aunque mantengamos, firmes en nuestra sospecha sobre el mundo de hoy, que esto de los días internacionales es un santoral laico repleto de cursiladas, acaso demasiado ingenuas, por tanto prescindibles, este día en concreto levanta ternura y debilidades a los que somos esquivos y distantes. No obstante, besos en la historia los ha habido de todo tipo y condición. No hay que irse demasiado lejos. Esta pasada semana tuvimos un ejemplo: el beso de Judas. Beso de traidor. De una traición que, para la historia de la humanidad, cambió el curso de todo lo que estaba por venir. ¿Qué hubiese sido del humanismo y de la dignidad de la persona, del concepto del ser del individuo –en hombres y en dioses- sin ese beso del amigo fariseo y vendido por treinta monedas? Y es que los besos son eso, perdón por el ripio: revoluciones, cambios, transformaciones, ¡terremotos emocionales!, si nos dejamos llevar por ese horror llamado sentimentalidad.

Hay besos que han trastocado los planes de la historia, de la historia oficial y de la historia personal, de la historia colectiva y de la historia de cada individuo, de la historia de los manuales y las academias y de la historia de los olvidados, que es la única que importa. Y sobre ellos se han construido novelas, y propósitos, y familias, y recuerdos. ¿Quién olvida el primero? Ese beso que nos lleva de la mano a la pubertad por el camino de los instintos y de las sensaciones, binomio que nos ayuda a dar el primer paso a la madurez, y a decir hasta luego a la infancia. Y ya nada será lo mismo, empezando por nosotros.

Un beso nos recibe en el mundo y, probablemente, un beso nos despida. La primera y última palabra de lo que todo dice sin decir nada. Aquí en el ahora y allí en el siempre. Aquí en el escritorio y allí en donde cada uno imagina: un metro de Londres, una playa de Dubái, una granja perdida en cualquier poblado de Australia, qué se yo. Día Internacional de Beso solo hay uno, me temo. Sin embargo, procuraremos marcarlo a diario en el almanaque.

Sale a subasta la Biblia más pequeña del mundo

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Catawiki

La Biblia es el libro más vendido y leído de la historia, además de haber sido traducido a más de 2.000 idiomas y a lo largo de los siglos se han editado incontables ejemplares diferentes. Se dice que el primer volumen impreso de las Santas Escrituras fue realizado por Gutenberg en en la primera imprenta dotada de tipos móviles, en torno al año 1455. Si para muchos ya estaba todo visto sobre este libro sagrado, el portal de subastas online de artículos singulares de mayor crecimiento, Catawiki, está subastando la que ya ha sido catalogada como la Biblia más pequeña del mundo.

Sale a subasta la Biblia más pequeña del mundo
La subasta de esta Biblia finaliza el 23 de abril | Foto: Catawiki

Se trata de una rara edición de la primera mitad del siglo XVIII, en concreto, de 1727 impresa en Londres por el autor R. Wilkin. Es considerada la Biblia más pequeña en impresión tradicional y no se tiene constancia de que haya ninguna otra igual o similar en otra parte del planeta. Solo al cogerla se pueden percibir sus diminutas dimensiones entre los dedos. Su tamaño es de tan solo de 4×3 centímetros, está encuadernada en piel y cuenta con un total de 278 mini páginas en las que se resume el Antiguo y Nuevo Testamento y en las que, además, se pueden observar 14 bellos grabados que ilustran alguno de sus pasajes.

“Ésta es una auténtica joya literaria pues nunca en el mercado se ha podido tener acceso a una Biblia de estas características. Es por esa singularidad y rareza, que nuestros expertos han estimado que el precio de este libro sagrado podría alcanzar entre los 3.000 y 4.000 euros al término de la subasta”, ha señalado Alejandro Sánchez, director general de Catawiki en España y Portugal.

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Una de las ilustraciones de la Biblia | Foto: Catawiki

La primera Biblia impresa fue realizada por Gutenberg y apenas se conservan cincuenta ejemplares de la misma. Este texto es conocido también como la Biblia de 42 líneas o Biblia de Mazarino, y es una edición de la Vulgata, impresa por Johannes Gutenberg en Maguncia, Alemania, en el siglo XV. Se cree que se produjeron alrededor de 180 ejemplares: 45 en pergamino y 135 en papel, pero en la actualidad solo quedan medio centenar, aproximadamente. España tiene la suerte de contar con dos de estas Biblias.

La ciudad española de Burgos custodia uno de los dos ejemplares, totalmente completo, que se conservan en España. La Universidad de Sevilla alberga el segundo de estos ejemplares, aunque sólo el volumen segundo, correspondiente al Nuevo Testamento, que ya ha sido restaurado y que se puede consultar en la biblioteca de la Universidad de Sevilla y en alta definición de manera online. La propia universidad asegura que la Biblia de Gutenberg se trata sin duda del libro más valioso de un fondo bibliográfico y documental que merece figurar entre los más importantes de España. Valioso porque es el libro que inaugura la era de la imprenta, en torno a 1454, y porque está considerado por muchos como el libro más hermoso jamás impreso. El ejemplar de Sevilla procede de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, según reza el sello en el primer folio del libro.

Por su parte, la primera edición de una Biblia en español se remonta al año 1569, cuando el monje jerónimo sevillano Casiodoro Reina, tradujo al castellano los textos bíblicos originales. La revisión de los mismos fue realizado por su compañero Cipriano de Valera. Esta primera Biblia en español fue denominada ‘Biblia del Oso’ por el emblema que aparecía en su portada: un oso junto a un árbol, tratando de alcanzar una colmena para beber su miel, logotipo del impresor bávaro Mattias Apiarius. Su publicación se realizó en la ciudad suiza de Basilea, el 28 de septiembre de 1569, y a día de hoy sigue siendo la traducción más aceptada por el cristianismo.

Para hacerse con esta diminuta Biblia del siglo XVIII basta con registrarse gratuitamente en la página y pujar por ella. La persona que al final de la subasta haya realizado la última puja de mayor importe será quien se adjudique el artículo y lo recibirá por correo en su domicilio pasado unos días. La subasta finaliza el próximo domingo 23 de abril a las 20:00 horas.

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