Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Mateen

José Carlos Rodríguez

Cuando la realidad es fluvial, en lugar de parecerse a una avalancha, el periodismo se vale de los números para contarla. El de los números es un código elocuente, aprehensible y eficaz, aunque generalmente promete una precisión que se escapa como la misma agua del río. El Centro Europeo contra el Terrorismo de la agencia Europol ha reunido lo que sabe de los europeos que tienen estrechos vínculos con el terrorismo islamista. Hydra, que es el nombre del fichero conjunto de terroristas, ha vomitado el número 65.000.

Eso es un ejército de dos cuerpos. Sólo que su carácter disperso e irregular no le permite aspirar a esa categoría. Tampoco es una milicia, que esa venerable institución es la del pueblo en armas, y es el epítome del ideal republicano. Ellos no son el pueblo, y desde luego no están aquí para defenderlo, sino para destruirlo. Hay otro fichero, Travellers, que cifra en 33.911 las personas que proceden de Siria e Irak, de donde traen el deseo de matar y la preparación para hacerlo.

Los retornados de la yihad son “la principal amenaza” para la sociedad europea, dice el director del Centro, Manuel Navarrete. Bien está. No vamos a desmentir, en el calibrado de los riesgos, los que los expertos achaquen a cada grupo de musulmanes fidelísimos. Pero pensemos en Omar Mateen. Visitaba habitualmente la discoteca de ambiente gay Pulse, y veía ahí a sus habituales. Era “divertido”, según sus absortos colegas. Pero en algún momento, sabe Dios porqué, se revolvió contra su propia vida y se acordó de que era musulmán. Un día entró en Pulse para matar a medio centenar de personas.

Y la cuenta de los Omar Mateen de Europa se le escapa incluso al Centro Europeo contra el Terrorismo de la agencia Europol.

Continúa leyendo: París se indigna con la polémica donación del artista Jeff Koons

París se indigna con la polémica donación del artista Jeff Koons

Redacción TO

Foto: REGINA KUEHNE
AP

El artista estadounidense Jeff Koons ha generado una gran polémica en París a raíz de un acto aparentemente solidario. El cotizado artista anunció en noviembre de 2016 que quería crear una escultura con la forma de un ramo gigante de tulipanes de colores sujetos por una mano para y donarla a París en solidaridad con las víctimas de los atentados de 2015, que provocaron la muerte de 130 personas.

Este ofrecimiento fue recibido con gran entusiasmo por la alcaldía de París, que decidió que la obra se colocaría frente al Museo de Arte Moderno y el Palacio de Tokio, en una elegante avenida a orillas del Sena.

Sin embargo, no todo es tan bonito y solidario como parece. El artista anunció que donaría su obra, pero solo el concepto. Esto implicaba que los fondos necesarios para construir la escultura, que ascienden a unos 3,5 millones de euros, tenían que ser recaudados para que Koons creara su obra.

París se indigna con la polémica donación del artista Jeff Koons 1
Jeff Koons, durante la presentación de la obra en París. | Foto: Michel Euler
/AP

Tras varios retrasos en la construcción de la escultura debido a la dificultad para recaudar el dinero necesario, se ha generado un movimiento en contra de esta donación y del lugar elegido para colocar la obra, formado por numerosos ciudadanos y destacadas figuras del mundo del arte y la cultura del país.

En una carta publicada por el diario Libération, varias personalidades, entre las que se encuentran el cineasta Olivier Assayas y el ex ministro de Cultura, Frederic Mitterand, se oponen a aceptar esta escultura, que consideran que se ha convertido en “un emblema del arte industrial, espectacular y especulativo”.

Aunque la obra ha sido financiada por un mecenazgo privado, algunas de cuyas donaciones permitían obtener beneficios fiscales, sus detractores consideran que un regalo debería ser un acto altruista y no debería pagarse por él. “Apreciamos los regalos”, dice la carta, pero aquellos que son “gratis, incondicionales y sin motivos ocultos”.

París se indigna con la polémica donación del artista Jeff Koons 3
Una escultura de Jeff Koons en el museo The Broad de Los Ángeles, California. | Foto: Nick Ut/ AP

“La elección de la obra, y sobre todo su ubicación, no guardan relación alguna con los eventos trágicos invocados”, aseguran los firmantes en la citada carta. “Por su impacto visual, su dimensión gigantesca y su situación, esta escultura rompería la armonía actual” de la zona, añaden.

Critican que la escultura se vaya a situar en una zona turística, cerca de la Torre Eiffel, y lejos de donde tuvieron lugar los atentados terroristas de 2015, donde consideran que debería colocarse.

Por otra parte, varios escritores y filósofos han calificado la escultura de “regalo denigrante”. “Impedirlo es una necesidad no solo artística, financiera, moral y política, es la necesidad de rechazar ser denigrados”, escriben en una tribuna autores como Pierre Alfieri, Eric Hazan y Jean-Luc Nancy.

París se indigna con la polémica donación del artista Jeff Koons 2
Una de las obras de Jeff Koons, en el Centro Pompidou de París. | Foto: Jacques Brinon/ AP

La obra no ha sido aprobada todavía por las autoridades francesas, y las numerosas críticas forzaron una reunión entre Koons y la ministra de Cultura de Francia, Françoise Nyssen, de la que no ha trascendido nada.

Koons aseguró a The New York Times en 2016, cuando anunció la creación de la obra, que esperaba que “pueda comunicar un sentimiento de futuro, de optimismo, de alegría de ofrecer”.

Las obras de Koons, conocido por esculturas metálicas de globos de animales, generan habitualmente polémica en el mundo del arte, algo que ha vuelto a ocurrir ahora.

Continúa leyendo: Valtonyc, ¿libertad de expresión o enealtecimiento del terrorismo?

Valtonyc, ¿libertad de expresión o enealtecimiento del terrorismo?

Redacción TO

Foto: @valtonyc
RRSS

El rapero mallorquín José Miguel Arenas Beltrán, más conocido como Valtonyc, de 23 años de edad, fue condenado por la Audiencia Nacional a tres años y seis meses de prisión por sus canciones. Este martes, el Tribunal Supremo ha confirmado la condena por delitos de enaltecimiento del terrorismo, calumnias e injurias graves a la Corona, y amenazas no condicionales, al considerar que las canciones incluyen expresiones en apoyo y alabanza a las organizaciones terroristas GRAPO, ETA, y a algunos de sus miembros, así como contra la Corona y contra el presidente del Circulo Balear, Jorge Campos. El joven rapero alude a la libertad de expresión y a la creación artística, y subrayando que el lenguaje del rap es extremo, provocador, alegórico y simbólico. Nuevamente, surge el debate en torno a lo que es libertad de expresión y lo que deja de serlo.

Las muestras de apoyo al rapero no se han hecho esperar, y una de las primeras ha sido la de la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI), que ha denunciado que la condena a Valtonyc es “inaudita” e “impropia de una democracia” y vulnera los principios internacionales sobre libertad de expresión.  “Valtonyc va a ser el primer cantante que entre en prisión en España acusado de enaltecimiento del terrorismo. Lo que estamos viendo es inaudito e impropio de una democracia plural: la persecución de la canción protesta”, ha subrayado en un comunicado su presidenta, Virginia Pérez Alonso.

Más de 200 artistas y personalidades ligadas al mundo de la cultura se han sumado a un manifiesto de apoyo al rapero para pedir su “total y completa absolución”. Entre los firmantes se encuentran músicos como Tomeu Penya, Miquela Lladò o Joan Miquel Oliver; actores como Joan Bibiloni, Laura Pons, Lluqui Herrero o Toni Gomila; y directores como Mariantonia Oliver, Pere Fullana, Rafel Duran, Joan Fullana o Joan Carles Bellviure Además, se han sumado a la petición los escritores Sebastià Alzamora y Biel Mesquida y los directores de cine Agustí Villaronga y Luis Ortas, entre otros.

SHO-HAI, miembro de VioladoresVerso

La revista satírica El Jueves

Algunas organizaciones, como la ANC, y simpatizantes independentistas catalanes, también se han pronunciado:

La exdiputada de la CUP Anna Gabriel, que se encuentra en Suiza para evitar declarar en el Supremo.

Algunos miembros de Podemos, en Comú Podem e Izquierda Unida también se han pronunciado.

Continúa leyendo: ¿Cuál de estas imágenes debería ganar el World Press Photo 2018?

¿Cuál de estas imágenes debería ganar el World Press Photo 2018?

Bea Guillén Torres

El 3 de mayo de 2017, el fotógrafo venezolano Ronaldo Schemidt captó una de las imágenes más icónicas de la violencia policial en Venezuela. Era José Víctor Salazar Balza, de 28 años, envuelto en llamas. Ahora esa fotografía ha sido elegida por el World Press Photo de 2018 como una de las imágenes del año, junto a otras cinco. La ganadora se conocerá el 12 de abril en una ceremonia en Amsterdam. Schemidt es uno de los nominados al premio principal que incluye, además del prestigioso reconocimiento, 10.000 euros y un equipo de material fotográfico.

En esta edición se han presentado más de 73.000 imágenes de fotógrafos de 125 países. Para elegir a las seis imágenes finalistas, el jurado ha valorado que traten acontecimientos de actualidad y que supongan una nueva forma de contar historias. “Con una foto World Press Photo tienes que sentir un puñetazo en tu estómago“, dijo Thomas Borberg, miembro del jurado y jefe de fotografía del periódico danés Politiken.

Eso es lo que ocurre con la imagen de Schemidt, fotógrafo de AFP. “Es una imagen simbólica. El hombre en llamas lleva una máscara en la cara. No se representa a sí mismo. Representa cómo está quemándose Venezuela“, consideraron los miembros del jurado. La fotografía muestra a un protestante contra Maduro, después de incendiar una moto abandonada de la Guardia Nacional, atrapado por el fuego de la explosión del vehículo.

El fotógrafo Ronaldo Schemidt cubriendo las protestas de Caracas. | Foto: CRISTIAN HERNANDEZ / AFP

“Yo estaba muy, muy cerca y de espaldas. Solo sentí la explosión, el calor en mi espalda. Reaccioné volteándome rápidamente. Tenía mi cámara colgada en el hombro derecho, la levanté y disparé y no paré de disparar en la bola de fuego. En ese momento no sabía qué estaba sucediendo realmente. Todo se desarrolló en pocos segundos, no más de cinco. Cuando revisé mi cámara, sentí impresión cuando vi las fotos, por el muchacho, por el accidente, por el nivel de violencia al que había escalado el conflicto”, cuenta Schemidt a The Objective.

“El muchacho fue rápidamente ayudado por sus compañeros y luego por los paramédicos, que lo enviaron a un hospital”, recuerda Schemidt. Se recuperó físicamente de las quemaduras, después de una intensa rehabilitación, pero en un país desabastecido de medicamentos aún sufre las dificultades de la recuperación.

El fotógrafo venezolano recuerda esta imagen como una de las más duras que ha tomado. “Otras coberturas también me han marcado, como el incendio de una guardería en México, donde murieron más de 50 niños quemados”, cuenta. Respecto al debate sobre la responsabilidad de los fotógrafos cuando presencian este tipo de escenas, Schemidt tiene clara su posición: “Creo que la verdadera ayuda es hacer nuestro trabajo, estar presentes y hacer fotos de las historias que aquejan a las sociedades, darles visibilidad. Gracias a muchas fotos fuertes, terribles, que la gente preferiría no ver, se han denunciado tragedias, se han cambiado historias“.

Las otras imágenes que compiten por el World Press Photo son:

Boko Haram les ató bombas suicidas. De alguna manera estas adolescentes sobrevivieron”, así tituló el fotógrafo freelance Adam Ferguson esta imagen. Vemos unas cortinas azules, veladas por la luz de fuera. Vemos unas paredes y en el centro de ellas, ella. Aisha, una niña de 14 años fue secuestrada por Boko Haram y asignada, obligada, forzada a una misión suicida. No vemos sus ojos, ni su rostro. Pero sabemos su historia. De alguna manera consiguió escapar y pedir ayuda. Nunca detonó las bombas. “Se nota que el fotógrafo tuvo una gran conexión con la niña. Es como una Mona Lisa”, dijo el jurado para elegir como candidata. “No hay sangre, no hay violencia, no hay fuego, pero no lo necesita para transmitir el mensaje”.

En una Europa conmocionada por los continuos ataques yihadistas, el puente de Westminster en Londres se convirtió el 22 de marzo en un nuevo escenario del pánico. A las 14:40 horas, un vehículo irrumpió en la acera que une el palacio de Westminster y el Big Ben con el otro lado del Tamésis. Una de las zona más concurridas y turísticas de Londres. Khalid Masood atropelló a decenas de personas y después estrelló su coche contra las vallas que rodean el palacio de Westminster. Esta fotografía de Toby Melville para Reuters es una de las imágenes que inmortalizó el caos. Una mujer socorre a otra, mientras los heridos y los muertos siguen en las aceras. En el ataque fallecieron seis personas: cuatro peatones, un guardia que vigilaba el palacio y el propio Masood. “Es la fotografía de noticias perfecta, es capaz de contar al mundo lo que está ocurriendo en ese momento. Describe el terrorismo, el miedo, la confusión, pero también las relaciones humanas. Los ojos de la víctima miran directamente a la cámara, te miran a ti como observador, te confronta con la persona que fue atacada directamente. Ella te está mirando a ti”, consideró el jurado para elegirla.

El drama, la tristeza, la decepción humana. Eso es lo que representa “la crisis de los rohingya”, inmortalizada por Patrick Brown. Los cuerpos sin vida de niños refugiados que se ahogaron cuando trataban de escapar de la limpieza étnica, las violaciones, las torturas, la destrucción que el ejército birmano estaba —y está— ejerciendo sobre esta minoría musulmana. Se ahogaron donde se han ahogado miles de ellos. En la playa de Inani, cerca de Cox’s Bazar, ya en Bangladesh. Cruzan con barcas tan precarias que solo esa noche, explica Brown, de las 100 personas que iban en la embarcación sobrevivieron 17. La imagen fue tomada en septiembre de 2017 y utilizada por Unicef para tratar de concienciar sobre la catástrofe. “Esta foto es capaz de contar lo que supone la muerte de niños. Es algo muy difícil de conseguir. Y él lo hizo”, consideró el jurado.

Estas dos fotografías candidatas pertenecen al mismo fotógrafo: Ivor Prickett. Ambas pertenecen a la batalla de Mosul. Están tomadas con unos meses de diferencia. La primera es en marzo. Muestra a dos filas de civiles, divididos por sexos. “Muestra a los que no tienen voz. A veces, nosotros somos su voz y tenemos que hacer nuestro trabajo. El mundo se está cayendo y ahí está esa niña que tiene, esperas, toda la vida delante de ella. Tú te sientes vinculado con esa niña pequeña. Eso es lo que la hace poderosa“, concluyó el jurado.

La siguiente fotografía es todavía más poderosa: un grupo de soldados iraquíes rescata a un niño entro los escombros de una zona tomada por el ISIS. “Es una historia sobre la vida, sobre la muerte, sobre el dolor. El soldado que lo rescató fue el mismo que luego lo adoptó. Puedes ver la esperanza. Esta foto tiene que afectarte”, dijeron los miembros del jurado.

La foto ganadora del año pasado la captó Burhan Ozbilici, fotógrafo turco que captó el momento después de que el embajador ruso Andrey Karlov fuera asesinado en una galería de arte en Ankara (Turquía), el 19 de diciembre de 2016. Karlov fue asesinado por un oficial de la policía turca fuera de servicio, Mevlüt Mert Altıntas, que gritó justo en el que Ozbilici disparó su cámara: “Allahu akbar. No olvides a Aleppo. No te olvides de Siria”. 

¿Cuál de estas imágenes debería ganar el World Press Photo 2018? 6

Además de la fotografía del año, hay ocho categorías más: gente, naturaleza, proyectos a largo plazo, noticias generales, medio ambiente (incluida este año), asuntos contemporáneos, deportes y cobertura de deportes. Y hay seis fotografías —excepto en proyectos largos que hay únicamente tres—nominadas por cada categoría. De los 42 fotógrafos nominados, 15 han ganado ya premios anteriores de World Press Photo. Estas son algunas de las fotografías nominadas:

Musulmanes rohingya huyen de las limpiezas étnicas del ejército birmano. Imagen nominada en la categoría de Noticias Generales. | Foto: Kevin Frayer/World Press Photo 2010/Getty Images

Un joven rinoceronte blanco, drogado y con los ojos vendados, a punto de ser liberado en el delta del Okavango, Botswana, después de su traslado desde Sudáfrica para protegerse de los cazadores furtivos. Imagen nominada en la categoría de Medio Ambiente. | Foto: Neil Aldridge/Wild Press Photo

Un hombre lleva basura sobre sus hombros en Lados Nigeria. Imagen nominada en la categoría de medio ambiente. | Foto: Kadir van Lohuizen/World Press Photo 2018

La práctica del planchado de mamas para niñas en Camerún se lleva a cabo con la creencia de que esto retrasará la madurez y ayudará a prevenir las violaciones. Imagen nominada en la categoría de asuntos contemporáneos. | Foto: Heba Khamis/World Press Photo

Preparan a una cría de elefante huérfana y abandonada para rehabilitarla y devolverla a la naturaleza, en el santuario de elefantes Reteti. Nominada en la categoría de Naturaleza. | Foto: Ami Vitale/World Press Photo

El jurado está formado por nueve mujeres y ocho hombres, pero los seis finalistas para ganar el premios a la imagen del año son todos hombres. Durante el proceso de elección de las fotos finalistas, los jueces en ningún momento conocen quienes son los autores. Aun así, Magdalena Herrera, la presidenta del jurado, asegura que no hubiera supuesto ninguna diferencia: “No podemos elegir según si es una mujer o hombre, elegimos porque es una imagen potente y emocionante”.

“Me hubiera gustado que hubiera más mujeres en las categorías de noticias, porque siempre es importante tener diferentes puntos de vista en las coberturas”, dijo Herrera a The New York Times. Solo el 16% de las personas que se presentaron al premio fueron por mujeres. “Me decepcionó que fueran solo hubiera un 1% más de mujeres solicitantes que el año anterior, porque tratamos este tema como una prioridad y nos asociamos con organizaciones de mujeres fotógrafas y periodistas”, dijo Lars Boering, director general de World Press Photo Foundation.

Continúa leyendo: Por qué decide hacerse cura un millennial

Por qué decide hacerse cura un millennial

Rodrigo Isasi Arce

Foto: SUSANA VERA
Reuters/File

“Yo nunca quise ser sacerdote, pero Dios me llamó”. Quien así se expresa es uno de los tres seminaristas millennials con los que hemos hablado. Estudiantes en el Seminario Conciliar de la Inmaculada y San Dámaso de Madrid, recibieron la llamada del Señor antes de ingresar y dedicar seis largos años de estudio y reflexión para poder vestir el hábito que les defina como curas. En 2016 había 1.246 seminaristas en España, 137 de ellos no acabaron de recorrer el camino y abandonaron antes de ser ordenados sacerdotes. Este seminario de Madrid es el que posee un mayor número de aspirantes al sacerdocio; más de 120. En un contexto en el que los millennials de los países desarrollados van a ser la generación que se enfrente a la peor desigualdad de ingresos de la historia reciente, según un informe de Credit Suisse, Fernando Marías, Ignacio Ozores y Jorge Olabarri, de 24, 18 y 22 años respectivamente, han optado por la vía del sacerdocio como modo de vida, y estas son sus razones:

Fernando María Rubio, 24 años, 2º curso de seminario

Por qué un millennial decide hacerse cura 2
Fernando Marías, 24 años, seminarista de 2º. | Foto: Rodrigo Isasi/ The Objective

Fernando Marías tiene 24 años y es licenciado en Periodismo. El joven asegura que en ningún momento se había planteado ser sacerdote, pero que en segundo de carrera tuvo un encuentro “muy basto” con Dios y la Iglesia, y entonces se dio cuenta de que “esta movida no es solo para viejas y para frikis” y que ser cristiano tenía algo para él. Tanto es así, que en una oración escuchó cómo Dios le decía “quiero que seas sacerdote”.

Fue entonces cuando con esa llamada sintió dentro de su corazón como, todo lo que es, sus talentos, su forma de ser, encajaban perfectamente con el sacerdocio, conformaban el puzzle. “He nacido para esto, para vivir como sacerdote y entregarme a lo grande”.

Pese a esa llamada, este joven millennial decidió, aconsejado por su familia, acabar su carrera y retrasar dos años su ingreso en el seminario. Marías asegura que lo bonito es la diversidad, y es que precisamente sus mejores amigos no son creyentes. “Eso es lo bonito, hay gente a la que le gusta el rock, y a otros no; a mí me gusta Jesucristo y vivo para ello”.

En cuanto a renunciar a algunas cosas y optar por la senda del sacerdocio, remarca que “no es fácil”, pero que “merece mucho la pena”, pese a que señala que “la vida en el Seminario es un poco como el día de la marmota”, todo muy rutinario.

Este joven no sabe si acabará ordenándose cura, pero sí tiene claro que la experiencia es maravillosa y que “hay gente que pagaría por ello”.

Ignacio Ozores, 18 años, 1º curso de seminario

Por qué un millennial decide hacerse cura 3
Ignacio Ozores, 18 años, seminarista de 1º. | Foto: Rodrigo Isasi/ The Objective

Nació en Barcelona, a los 10 años se mudó a Madrid y a los 17 a Lima, Perú. Fue en este país latinoamericano donde este millennial tuvo un contacto directo con la pobreza, “tanto material como espiritual”. Su familia le inscribió en un colegio religioso, pero asegura que allí se encontró a “gente que era de todo menos religiosa” y vio cómo sus compañeros vivían todo con una tibieza espectacular, algo que le llamó mucho la atención y por lo que decidió ayudar a los demás y optar por la vía del voluntariado.

Cuenta que no fue fácil abandonar a sus amigos en España y que el último año de colegio se le hizo cuesta arriba; no lo estaba pasando bien. Fue en ese momento cuando experimentó la llamada de Dios. “En un momento que estaba bastante mal, en una misa, el Señor me llamó. Tuve que decir que sí, caí rendido a su pies, y salí de la iglesia llorando y gritando: ‘¿Por qué a mi?'”. Después de aquello, no tuvo ninguna duda en ingresar en el Seminario, pese a dejar atrás as su familia. “Mi familia lo lleva bien, aunque mi hermana pequeña algo peor, he estado siempre muy unido a ella”, señala.

La llamada de Dios es una sensación que tampoco sé muy bien cómo describirla, es algo que te envuelve totalmente y algo a lo que tienes que decir que sí, porque no ves otra opción. Notas cómo alguien que te quiere tanto, y alguien que te lo ha dado todo, te pide una cosa mínima, dejarle todo lo que tienes”.

Olabarri asegura que la vida en el Seminario es “apasionadamente sencilla; una experiencia única”, y que espera que siga siendo así, ya que si no lo es, no dudará en abandonar.

Jorge Olabarri, 22 años, 5º curso de seminario

Por qué un millennial decide hacerse cura 4
Jorge Olabarri, 22 años, seminarista de 5º. | Foto: Rodrigo Isasi/ The Objective

Entró al Seminario porque Dios se lo pedía. “Dios me lo había dado todo, una familia maravillosa, un colegio maravilloso y, siguiendo el ejemplo de un hermano mío que es sacerdote, descubrí que Dios me llamaba a entregar toda la vida”.

Olabarri remarca que sintió la llamada en las cosas ordinarias de cada día, en el ejemplo de los sacerdotes. “El sacerdocio es algo muy grande y que lleva amor, que es un poco lo que yo quiero hacer, entregarme por amor y hacer una cosa grande. Yo he sido creado para esto”.

Para entrar en el Seminario hay que renunciar a varias cosas y acatar otras, como el celibato. “Yo intento no pensar casi en las renuncias, sino en las elecciones que he hecho. Al final, el que no elige nada, es el que renuncia a todo”, dice este joven, y añade: “Esta decisión de vida merece mucho la pena siempre y cuando Dios te haya llamado, esto no es para todo el mundo, y se debe contestar al momento, porque si no, serán años perdidos”.

Los seminaristas se despiertan pronto, rezan todos junto laudes y posteriormente tienen una hora de oración hasta las 08:30. Posteriormente desayunan “rápidamente” y a las 09:00 comienzan sus clases en el edificio contiguo de la Universidad de San Dámaso. En torno a las 13:00 o 14:00 horas, dependiendo del día, finalizan las horas lectivas y, tras una breve comida, pueden dedicar el tiempo de la tarde al estudio, el deporte y el ocio, sin olvidar las reuniones periódicas con sus formadores, “para ir discerniendo poco a poco la vocación”, y con el director espiritual. Los futuros sacerdotes finalizan la jornada con el momento más importante del día, la eucaristía.

Los fines de semana, los seminaristas acuden a diferentes parroquias para colaborar y aprender de los sacerdotes. El domingo es el día en que pueden comer con sus familias y estar con ellas antes de regresar al anochecer al Seminario. “En todo este proceso para mí es especialmente importante mi familia, somos 11 hermanos”, sentencia Olabarri.

TOP