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Mateen

José Carlos Rodríguez

Cuando la realidad es fluvial, en lugar de parecerse a una avalancha, el periodismo se vale de los números para contarla. El de los números es un código elocuente, aprehensible y eficaz, aunque generalmente promete una precisión que se escapa como la misma agua del río. El Centro Europeo contra el Terrorismo de la agencia Europol ha reunido lo que sabe de los europeos que tienen estrechos vínculos con el terrorismo islamista. Hydra, que es el nombre del fichero conjunto de terroristas, ha vomitado el número 65.000.

Eso es un ejército de dos cuerpos. Sólo que su carácter disperso e irregular no le permite aspirar a esa categoría. Tampoco es una milicia, que esa venerable institución es la del pueblo en armas, y es el epítome del ideal republicano. Ellos no son el pueblo, y desde luego no están aquí para defenderlo, sino para destruirlo. Hay otro fichero, Travellers, que cifra en 33.911 las personas que proceden de Siria e Irak, de donde traen el deseo de matar y la preparación para hacerlo.

Los retornados de la yihad son “la principal amenaza” para la sociedad europea, dice el director del Centro, Manuel Navarrete. Bien está. No vamos a desmentir, en el calibrado de los riesgos, los que los expertos achaquen a cada grupo de musulmanes fidelísimos. Pero pensemos en Omar Mateen. Visitaba habitualmente la discoteca de ambiente gay Pulse, y veía ahí a sus habituales. Era “divertido”, según sus absortos colegas. Pero en algún momento, sabe Dios porqué, se revolvió contra su propia vida y se acordó de que era musulmán. Un día entró en Pulse para matar a medio centenar de personas.

Y la cuenta de los Omar Mateen de Europa se le escapa incluso al Centro Europeo contra el Terrorismo de la agencia Europol.

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Comienza el Hanukkah, la fiesta judía de las luces

Natalia Salguero

Foto: Natalia Salguero
The Objective

El Hanukkah o fiesta de las luces, es un evento judío que se celebra este año del 12 al 20 de diciembre, lo equivalente al día 25 del mes hebreo de Kislev (mes abundante de lluvia), que tiene su origen en la época de los griegos. Cuando estos reinaban prohibieron a los judíos que practicasen su religión y que leyeran la Torá, el libro sagrado de la religión judía.

En aquella época los Macabeos, un grupo reducido de hebreos, lucharon contra los griegos para recuperar el templo y devolverle al pueblo judío la libertad de practicar su religión. “Los judíos no solemos celebrar los milagros bélicos, aunque en este caso sí que lo fue”, cuenta a The Objective Carolina Aguilar, practicante del judaísmo. “Un ejército tan grande como el de los griegos fue vencido por un grupo de hebreos sin recursos”, añade.

Al recuperar el templo, los Macabeos encontraron una vasija con aceite de oliva virgen refinado, con el que se encendían las luces del templo para poder venerar a Ashem, el dios judío, suficiente para un sólo día de alumbrado, aunque se necesitaban ocho días de lumbre para volver a refinar el aceite.

“El milagro fue que el aceite se pudo usar durante los ocho días que necesitaban y la luz del templo nunca estuvo apagada”, cuenta Carolina que, a continuación, nos explica los objetos sagrados con los que los judíos celebran la fiesta del Hanukkah estos días.

La Hanukkiyah

La hanukkiyah es un candelabro de nueve brazos, a diferencia de la menorah, que solo tiene ocho. En la hanukkiyah los ocho brazos simétricos representan los ocho días que pasaron los Macabeos defendiendo el templo y la vela del noveno brazo, que es el central, se usa para encender todas las demás. Las velas se colocan de izquierda a derecha y se encienden de derecha a izquierda.

“Existe un enorme respeto por las velas en el judaísmo, por lo que no se puede usar la luz de ninguna de ellas para otra cosa, como leer o encender otras velas”, explica Carolina.

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Ornamento para la oración en el judaísmo. | Foto: Natalia Salguero / The Objective

Cada noche de Hanukkah se coloca en la hanukkiyah la vela central y la vela correspondiente a cada día de los ocho que dura. En este proceso se reza la Berajá, que es una oración de bendición, que exclusivamente se pronuncia en esta fiesta. “Cuando enseñamos esta oración a los niños, se dice una variante que no es la real, para no mancillar la Berajá y no decirla en vano”, subraya.

El sebibón

Es una peonza de madera que usaban los judíos para estudiar la Torá y rezar, debido a que los griegos no les permitían tener contacto con su religión. “Cuando pasaban los griegos, los judíos hacían como que jugaban con el sebibón, pero en realidad estaban estudiando la Torá”, tal y como explica la hija de Carolina, Galit Chocrón, de siete años de edad.

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Dos sebibones. | Foto: Natalia Salguero / The Objective

En el sebibon hay escritas cuatro letras, una en cada cara, y cada una tiene un significado. “La Nun, que equivaldría a la palabra Nes, la letra Gimel, que equivale a Gadol, la letra Hei, que equivale a la palabra Hayah y por último el símbolo Pei que significa Poh”, cuenta Galit con todo detalle. “Todas esta palabras se unen y forman la frase Nes Gadol Hayah Poh que se traduce en “el gran milagro ocurrió aquí”, añade la joven practicante.

La comida

La comida es considerada una manera de alegrar el alma, por lo que en Hanukkah, como fiesta que celebra el milagro del aceite, se cocinan platos elaborados en aceite. Según su procedencia de Europa del Este o de Sefarad (la Península Ibérica), los judíos pueden ser ashkenazi o sefardíes. Estos últimos son aquellos procedentes de Marruecos, España o Portugal, entre otros países, y tienen una dieta repleta de especias, cus cus, o cordero.

El plato por excelencia para ellos son los sufganiyot, una especie de donut que se prepara en aceite y se rellena con mermelada, chocolate o pueden ir sin rellenar, simplemente espolvoreados con azúcar glass. Para los ashkenazi, el plato típico en esta fiesta son los latkes, unas tortitas saladas de patata y cebolla fritas en aceite.

Los macabim

Son aquellos que salvaron a los judíos de los griegos y, al ser los salvadores, son los que traen cada Hanukkah un único regalo por noche a los niños. Los primeros siete días dejan un regalo pequeño, y el octavo y último día, un regalo grande.

Ellos se guían por la luz de las velas encendidas en la hanukkiyah para llegar a cada casa que celebra esta fiesta de las luces. “Si os preguntáis como nos traen los regalos, pues nadie lo sabe excepto ellos, porque lo traen por la noche cuando estamos durmiendo”, revela Galit.

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Galit jugando con el sebibón. | Foto: Natalia Salguero / The Objective

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Contra la navidad

José María Albert de Paco

Foto: JON NAZCA
Reuters

Cuánto añoro las Navidades sin afeites ni plusvalías, aquellas en que sólo se celebraba eso, la Navidad, y  que habrían de pasar a la historia por frugalidades como los tortazos de Lussón a Codeso, las empanadillas de Encarna o que una niña de San Ildefonso fuera negrita. Aquellas Navidades, en fin, cuya luz se descomponía en expectación, contento y melancolía, y que apenas precisaban de alegorías mundanas, como no precisa el fútbol del rugido de la vida. Un Belén entrañaba la posibilidad de que los niños rehiciéramos el mundo con arreglo a un orden que intuíamos trascendente, y Dios atendía la disposición de los patitos en el río con el mismo celo con que hubo de velar la construcción de las más excelsas catedrales góticas, siendo así que el poblado entero parecía hallarse bajo una tutela cenital, un ojo de halcón hogareño que nos impelía, al pasar frente a la librería, a mover unos milímetros una oveja rezagada, evitando así su descarrío, o a enderezar la fila por la que discurrían los Reyes Magos, en un vívido remedo de la Cabalgata que en la noche del 5 recorrería la ciudad. O a abrigar al Niño, no fuera a coger frío. Nunca tuve la impresión de estar ante una maqueta. Y sí la tengo hoy, en cambio, al ver los belenes institucionales, esas soft parades inclusivas, transgresoras, sostenibles y aun antifascistas, inequívocamente comprometidas con la política de déficit cero y quién sabe si portadoras, a modo de pasatiempo infantil, de un mensaje cifrado de solidaridad con los presos.

Unas Navidades que son, definitivamente, más, mucho más que unas Navidades. O lo que es lo mismo: menos.

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Cuando Naciones Unidas dividió Palestina en dos

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Sebastian Scheiner
AP Photo, File

Hace 70 años, el 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el Plan de Partición de Palestina, que establecía la división del territorio en dos partes, una para los judíos, a los que otorgó el 55% de la tierra y otra para los árabes, que se quedaron con el 45% restante. La resolución 181 de la ONU derivó en una guerra civil en el territorio del Mandato de Palestina que estalló al día siguiente de la votación del Plan, seguida de la guerra árabe-israelí de 1948 y los sucesivos enfrentamientos entre árabes y judíos que se mantienen hasta la actualidad. La resolución establecía que debían constituirse ambos estados, Israel lo hizo el 14 de mayo de 1948, Palestina, a día de hoy, sigue sin ser un Estado reconocido por muchos países. Los palestinos apenas controlan ya un 22% del territorio.

“La resolución 181 quería solucionar el problema de los judíos en Europa a costa de los palestinos”, asegura a The Objective el embajador de la delegación de Palestina en España, Musa Amer Odeh. “El plan supuso que más de la mitad de los palestinos se convirtieran en refugiados, una limpieza étnica contra el pueblo palestino”.

Desde 1977, la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Resolución 32/40 pidió que se estableciera el 29 de noviembre como Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. “Nosotros nunca hemos estado en contra de los judíos; el judaísmo, al igual que el islam o el cristianismo, goza de nuestro respeto, somos un pueblo que busca la libertad, la paz y la dignidad, remarca el diplomático palestino. “Nuestro problema no es con los judíos, es con la ocupación de nuestra tierra”.

El problema de los refugiados

Los palestinos guardan en su memoria un día histórico, el 15 de mayo de 1948, y lo han bautizado como el día de la ‘Nakba’ (la catástrofe), en referencia al éxodo palestino y a la declaración de independencia del Estado de Israel. No obstante, muchos de ellos consideran que la ‘Nakba’ se gestó mucho antes. A raíz de la partición del territorio, más de 700.000 palestinos tuvieron que abandonar sus casas y convertirse en refugiados dentro de su propio país o en naciones vecinas como Siria o Líbano. Hoy ya son más de cinco millones los refugiados palestinos que hay en el mundo. Este crecimiento exponencial se debe a que la ONU considera hereditario el estatus de refugiado palestino.

Son muchos los refugiados que conservan la llave y los papeles de su casa, con la esperanza de poder regresar algún día a su hogar. “El pueblo palestino fue expulsado injustamente de su tierra y conservamos nuestras llaves con la esperanza de regresar algún día”, comenta en árabe a The Objective Musa Amer Odeh, sentado en su despacho y bajo la atenta mirada de dos grandes retratos que cuelgan de la pared, uno de Mahmoud Abbas, presidente de Palestina desde 2014, y otro de Yasser Arafat, el primer presidente de la Autoridad Nacional Palestina.

Palestina, un territorio dividido por la ONU
Uno de los campamentos de refugiados árabes en el sector egipcio del sur de Palestina, el 18 de enero de 1949. | Foto: AP Photo

La llave se ha convertido en un símbolo palestino, tanto es así, que en el campo de refugiados de Aida, en Cisjordania y cerca de la ciudad de Belén, la puerta de acceso está adornada con una.

Cuando la ONU dividió Palestina en dos
Un grupo de palestinos se concentran delante de la puerta del campo de refugiados de Aida con motivo del 60 aniversario de la ‘Nakba’. | Foto: Nasser Shiyoukhi/AP Photo

La solución de los dos Estados

La solución de los dos Estados establecida por la ONU se configura como la más acertada para garantizar la paz y la estabilidad en la región, al menos así lo aseguran los expertos.”Tenemos la mano tendida para lograr una paz duradera, hemos aceptado establecer un Estado palestino en menos de una cuarta parte de la Palestina histórica, con una solución justa para los refugiados, basada en el derecho internacional y en las resoluciones de la ONU“, asegura el diplomático palestino residente en Madrid. “Nuestro ofrecimiento no ha encontrado una respuesta coherente en el Gobierno israelí, que sigue con su política de judaizar el territorio palestino, de construir más asentamientos y reprimir al pueblo palestino en su tierra”.

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Un colono judío sostiene una bandera israelí mientras mira a un joven palestino agitando una bandera palestina en la ciudad cisjordana de Hebrón. | Foto: Eyal Warshavsky/AP Photo

En este sentido, el representante de Palestina en España nos asegura que han negociado con la parte israelí desde la conferencia de Madrid de 1991 hasta hoy, pero que no han conseguido nada a cambio, solo “más asentamientos, más colonias, más destrucción de viviendas y miles de presos palestinos, entre ellos niños“.

El papel de la comunidad internacional

Organizaciones internacionales como Human Rights Watch o Amnistía Internacional –apoyadas por un sector de la sociedad civil israelí– han denunciado violaciones de los Derechos Humanos por parte de Israel. Según un estudio del Instituto de Investigaciones Aplicadas de Jerusalén, además, el Estado judío está impidiendo el desarrollo de los territorios ocupados.

“La Comunidad Internacional debe ver las injusticias que se se cometen en Israel y solucionar este conflicto de una vez por todas”, señala Amer Odeh. “Israel presume de ser la única nación democrática de Oriente Próximo, pero, ¿cómo puede ser  un país democrático si mantiene una política racista de apartheid con los palestinos?”.

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Una mujer palestina sostiene un letrero durante los enfrentamientos con las tropas israelíes, en la aldea cisjordana de Kofr Qadom, cerca de la ciudad cisjordana de Nablus el 3 de noviembre de 2017. | Foto: Mohamad Torokman/Reuters

“Hace más de 2.000 años Jesús ya predicó en esta tierra un mensaje de paz, justicia y amor, nosotros queremos la ayuda de la comunidad internacional para lograr estos tres principios nobles en Palestina, en los países vecinos y en todas las naciones. El mundo no necesita guerra, no necesita sangre; necesita paz y justicia“, sentencia el diplomático palestino en un correcto español con un marcado acento árabe.

Precisamente, el 6 de noviembre, el presidente de Israel, Reuvén Rivlin, visitó España y se reunió con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el rey de España, Felipe VI, que le recibieron con el protocolo que corresponde a cualquier visita de Estado. Apenas dos semanas después, el 20 de noviembre, el presidente de Palestina, Mahmoud Abbas, hizo lo propio y viajo a Madrid donde también mantuvo un encuentro con los mandatarios españoles, y aunque le recibieron con todos los honores posibles,  no se trató de una visita de Estado, ya que España es uno de los países que no reconoce oficialmente a Palestina como un estado independiente.

Fatah y Hamás, ¿un frente unido?

En la búsqueda de una solución pacífica y la creación de los dos Estados, los palestinos se enfrentan a otro gran problema interno, la histórica división entre Fatah, de corte laico y progresista, y Hamás, islamista y más conservador. “Nosotros trabajamos por la unidad de nuestro pueblo, pero eso no significa que haya discrepancias políticas entre nosotros y Hamás, es algo natural”, dice Musa Amer Odeh.

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Soldados israelíes pasan junto a neumáticos en llamas bajo un mural del difunto líder palestino Yasser Arafat, en el puesto de control de Qalandia entre Ramallah y Jerusalén. | Foto: Majdi Mohammed/AP Photo

Tanta es la discrepancia entre ambos partidos que en 2007 Hamás expulsó a las fuerzas leales a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) de la Franja de Gaza. No obstante, representantes de ambas facciones se reunieron el 12 de octubre en El Cairo, y llegaron al acuerdo de celebrar elecciones en 2018. “Quien gane en los comicios tendrá la responsabilidad de llevar al pueblo palestino en su proyecto político, comprometido con la política de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que es el único y legítimo representante del pueblo palestino”.

“Queremos acabar con esta división interna para poder afrontar la política de ocupación israelí que estamos sufriendo, y para lograr todos juntos un Estado palestino soberano, independiente y moderno“, culmina el embajador de Palestina en España.

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Julián Sánchez Melgar, de la doctrina Parot al conflicto catalán

Redacción TO

Foto: CGPJ

Julián Sánchez Melgar es el nuevo fiscal general del Estado en sustitución de José Manuel Maza, fallecido la semana pasada. Con el nombramiento de Sánchez Melgar, el gobierno ha buscado dar continuidad a la labor realizada por su antecesor, sobre todo, con las causas relacionadas con el independentismo catalán. Un tema con el que el flamante fiscal general está familiarizado ya que formó parte de la Sala que admitió a trámite la querella contra los miembros de la Mesa del Parlament ante el Supremo. Pero ante todo, este palentino de prestigio entre sus compañeros y magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo desde enero de 2000, es conocido por ser el impulsor de la llamado doctrina Parot.

Amigo de Maza, Sánchez Melgar cuenta con una extensa trayectoria como magistrado en el Tribunal Supremo, donde lleva más de 17 años. Nacido en 1955, es licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid y doctor en Derecho por la Universidad de A Coruña; estuvo destinado en la antigua Audiencia Territorial de Barcelona y sirvió en Juzgados de Reinosa y de Santander, donde fue elegido juez decano.

A Sánchez Melgar ahora le corresponde dirigir una organización de 2.500 fiscales. Antes de llegar a este puesto, el Consejo General del Poder Judicial le nombró en diciembre de 1999 magistrado de la Sala Segunda del TS y ocupó la presidencia de la citada Sala. El ahora fiscal general tomó posesión de su plaza de magistrado del alto tribunal el 18 de enero de 2000.

Autor de numerosas publicaciones científicas en revistas especializadas y de varias obras colectivas, algunas de ellas dedicadas al estudio del Código Penal, la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la inviolabilidad e inmunidad parlamentaria. También ha colaborado como docente con distintas universidades.

Sánchez Melgar ha sido vocal del Consejo Rector de la Escuela Judicial y, desde noviembre de 2014, es magistrado sustituto de control del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Desde 1992 está en posesión de la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort.

Ponencias y sentencias

A lo largo de su carrera, Sánchez Melgar ha participado en numerosos casos de gran relevancia relacionados con el terrorismo o la política. Uno de los más recientes es la causa contra la presidenta del Parlament y los miembros de la Mesa.

A pesar de que su nombre no ha ocupado titulares ni ha llamado la atención de los medios de comunicación, el magistrado ha formado parte de la causa que tiene abierta el Tribunal Supremo contra la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y los miembros de la Mesa de la cámara autonómica acusados de rebelión, sedición y malversación. Sánchez Melgar fue uno de los magistrados que aceptó admitir a trámite la querella presentada por su antecesor en el cargo y amigo personal, José Manuel Maza.

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Sánchez Melgar fue uno de los magistrados que aceptó a trámite la querella contra Carme Forcadell. | Foto: Albert Sea/ Reuters

Sin embargo, si por algo es conocido Sánchez Melgar es por ser el ponente de la polémica ‘doctrina Parot’, en alusión al etarra Henri Parot. Una doctrina por la que se establecía que las reducciones de penas a los presos que habían cometido delitos de gravedad, como los etarras condenados por asesinato o los violadores, se aplicaban individualmente sobre cada una de las condenas y no sobre el máximo legal de permanencia en prisión de 30 años.

“La llamada doctrina Parot constituía un modo de ejecutar las penas de los delincuentes en serie, es decir, de aquellos que habían sido condenados a múltiples penas y ello interpretando de forma rigurosa lo dispuesto en el Código Penal”, explicó Sánchez Melgar en una entrevista. “Lo único que quiero poner de manifiesto es que cuando asistimos a crímenes múltiples originados por bombas, armas de fuego, o armas blancas, e incluso atropellos indiscriminados, el fundamento de la ‘doctrina Parot’, que significa que no puede concederse la misma respuesta penal al asesino de una persona que al criminal en serie, es algo que me parece razonable“, añadió.

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Miles de manifestantes protestan contra la aprobación de la doctrina Parot. | Foto: Vincent West/ Reuters

En octubre de 2013, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos derogó la ‘doctrina Parot’ y el tribunal se vio obligado a permitir la salida de prisión de decenas de presos, entre ellos numerosos miembros de ETA.

Melgar también es conocido por oponerse a la ‘doctrina Botín’, que fue refrendada por el Tribunal Supremo en el año 2007 y que permitió que el expresidente del Banco Santander, Emilio Botín, no tuviera que sentarse en el banquillo.

Fuera de la política y el terrorismo, Melgar ha sido ponente en sentencias relacionadas con otros temas también de gran importancia. El último conocido, la decisión del tribunal de establecer que conducir habiendo perdido todos los puntos es delito y no una falta administrativa.

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