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Si las vidas de los negros importasen

José Carlos Rodríguez

Las vidas de los negros importan es la traducción al español del nombre del movimiento Black lives matter. Por la puerta del “también” entra el “únicamente” que profesan sus impulsores. Asumen un victimismo racista; los culpables son los blancos y los policías. No negocian con la realidad, y saben que los medios tampoco lo hacen. Escogen de ella una parte muy reducida, varios casos concretos (Michael Brown en Ferguson, Christian Taylor en Arlington, Walter Scott en Charleston, Gregory Gunn en Montgomery…) y los convierten en categoría. Avivan la indignación y la redirigen hacia colectivos enteros, como la policía.

Es necesario revisar la forma de actuación de la policía. No deja de ser un sinsentido que en lo que llevamos de 2016 hayan muerto en encuentros fatales con los agentes 984 personas, según Killed by police, y que desde 2012 supere el millar los muertos al año. El crimen es práctica habitual por parte del Estado, y sólo una vigilancia constante por parte de la sociedad puede controlarlo.

Pero la mirada de Black lives matter se dirige contra cualquier actuación policial, especialmente si recae sobre un ciudadano de raza negra. Los cuerpos policiales, como el de Chicago, evitan el castigo de la opinión pública por el callado método de la inacción. El alcalde de la ciudad, el obamita Rahm Emmanuel, le dijo a la fiscal general de los Estados Unidos, Loretta Lynch, que su policía iba a bajar los brazos.

El número de intervenciones y detenciones callejeras ha caído de enero a julio, respecto del año anterior, en un 82 por ciento. Los criminales han hecho suya la calle, que vuelve a teñirse con el intenso rojo de la sangre. Cada hora y 58 minutos una persona recibe un balazo, y cada once horas se comete un asesinato. En lo que llevamos de año se han cometido 674, un 54 por ciento más que el año pasado. De estas víctimas, 501 son de raza negra, tres de cada cuatro. Si las vidas de los negros importasen, Black lives matters apoyaría la actuación de la policía.

Fake News Ale, la nueva cerveza con recado para Donald Trump

Redacción TO

“Es un momento en el que los estadounidenses necesitan una cerveza”. Este es el motivo por el que la compañía canadiense Northern Maverick Brewing Co. ha lanzado al mercado la nueva Fake News Ale “que hará la cerveza grande otra vez”. Esta empresa que fabrica cervezas artesanales dice que la nueva ‘ale’ de las noticias falsas “se empareja bien con las manos pequeñas, chocantes peinados que cubren la calvicie, enormes egos y todo lo mexicano”.

Y por supuesto, el nombre de esta cerveza, que nace “en solidaridad” con el país vecino, no es casual. Fake News Ale hace referencia expresa al incidente con la prensa que tuvo lugar en la primera conferencia del presidente americano donde arremetió contra varios medios diciendo que daban “noticias falsas”.

Esta cerveza se lanzará en breve, a mediados de año, y la empresa donará el 5% de los beneficios que obtenga con su venta a ayudar a los estadounidenses “a revertir una política cuestionable”. Los consumidores podrán elegir a qué proyecto dirigir los beneficios de estas ventas entrando a la página web de Northern Maverick Brewing Co. y votando entre las diferentes propuestas. Y parece que esto es solo el principio porque la compañía canadiense planea lanzar una serie de cervezas para continuar con distintos proyectos de caridad.


Otras cervezas contra Trump

La empresa canadiense, usando humor y cerveza, no ha sido la primera en posicionarse contra las políticas de Donald Trump. Tecate, la compañía mexicana de cerveza, ya lo hizo el año pasado contra la promesa del “gran muro” que separará los dos países. La compañía aboga por tomarse una cerveza todos juntos y lograr empequeñecer lo que separan los muros.

Empresas como Corona y Budweiser también se han posicionado con anuncios que abogan por la unidad y la importancia de la diversidad ante la victoria de las políticas de Trump. “Somos la tierra de la mezcla y nos enorgullecen nuestros colores” afirma Corona en su anuncio, y enfatiza en “que América es una tierra multicultural y una tierra unida. Basta de generar divisiones”.

Chernóbil, 31 años del peor desastre nuclear de la historia

Redacción TO

Foto: Volodymyr Repik
AP Images / Archivo

El 26 de abril de 1986 el mundo entero se estremeció ante las noticias que llegaban de Ucrania, una república de una Unión Soviética que ya por entonces había iniciado el camino hacia su disolución. El reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil había estallado y provocado una fuga radioactiva de proporciones inimaginables entonces y que las autoridades soviéticas trataron de minimizar. Después se confirmaron las peores sospechas: lo ocurrido en la central sigue siendo 31 años después el accidente nuclear más grave de la historia.

Desde el año 2000, se publica el informe del Comité Científico de Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR), sobre los efectos en la salud provocados tras el accidente de Chernóbil.

Chernóbil, una ciudad situada a 120 kilómetros de Kiev, capital de Ucrania, y próxima a la frontera con Bielorrusia, ha quedado unida ya para siempre a este desastre nuclear. El siniestro del reactor de la central provocó, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), la muerte de 56 personas aquel aciago día. Pero el número real de afectados sigue siendo todavía hoy una incógnita. Con motivo del 31º aniversario del accidente, se ha celebrado en Kiev una ceremonia en recuerdo de la víctimas.

Ceremonia en recuerdo de los bomberos y trabajadores fallecidos tras el accidente de Chernóbil, en Ucrania. | Gleb Garanich / Reuters

Chernóbil, 31 años después del peor desastre nuclear de la historia 1
Viudas de empleados que fallecieron después de las labores de limpieza en la central nuclear siniestrada, durante el homenaje celebrado con motivo del 31º aniversario. | Efrem Lukatsky / AP

El experimento

Aunque en un primer momento hubo mucha confusión y opacidad sobre lo que realmente había ocurrido, después se ha sabido que aquel día los responsables de la central nuclear llevaban a cabo un experimento para simular un corte de suministro eléctrico, cuyo retraso sin duda tuvo que ver con lo que ocurrió después. Apenas habían comenzado las pruebas cuando, a la 01.24 de la madrugada, hora local, se produjeron dos explosiones con un intervalo de apenas unos segundos causadas por el sobrecalentamiento del núcleo del reactor.

La comunidad científica cree que se produjo un fallo en el sistema de seguridad que debía evitar ese sobrecalentamiento. La primera explosión liberó vapor que causó la ruptura del techo de hormigón del reactor y la segunda explosión terminó por romper las paredes. La investigación oficial determinó que el personal no había seguido las medidas de seguridad.

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Un empleado desinfecta partes radioactivas de la planta nuclear de Chernóbil en esta imagen tomada en 1996, diez años después del accidente. | Foto: Stringer / Reuters

Investigaciones independientes informaron de que la primera explosión había tenido un componente químico, mientras que la segunda fue atómica. Los testigos contaron que primero vieron un brillo rojo y que, con la segunda explosión, todo se tornó de color azul celeste, momento en el que observaron un “hongo atómico” sobre la central, una nube que contaminó el cielo. La cantidad de material radiactivo liberado fue 500 veces superior al de la bomba de Hiroshima en 1945.

Afectados directa e indirectamente

En torno a 600.000 personas -entre obreros, bomberos, personal de emergencias- participaron en las tareas de extinción del incendio que se produjo tras el accidente; las autoridades evacuaron a más de 130.000 personas y otras 200.000 fueron reubicadas con posterioridad. Según el informe de la OMSmás de 4.000 personas murieron en los años posteriores al accidente. La radiación alcanzó una docena de países de Europa Central y Oriental, incluida Irlanda, aunque las poblaciones más afectadas fueron Ucrania y Bielorrusia.

Otro informe del año 2006 de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (AIMPGN), una organización creada por médicos y organizaciones médicas soviéticas y estadounidenses durante la Guerra Fría para la prevención de la guerra nuclear y desarme de las armas nucleares, titulado Efectos de Chernóbil sobre la salud, ofrecía datos mucho más alarmantes sobre las consecuencias de la explosión de la central nuclear.

A partir de estudios científicos, estimaciones de expertos y datos oficiales, el informe de la AIMPGN ofrecía una lista resumida de consecuencias de la catástrofe, entre las que se incluyen que “la mortalidad infantil se ha elevado significativamente en varios países europeos, incluyendo Alemania”, desde el accidente. “Los estudios disponibles han estimado el número de víctimas mortales infantiles en Europa en aproximadamente 5.000”; “en Alemania, Grecia, Escocia y Rumanía ha habido un incremento significativo de casos de leucemia“, además de indicar que “los defectos congénitos encontrados en hijos de los liquidadores (personas encargadas de la limpieza de la zona tras el accidente) y pobladores de las áreas contaminadas podrán afectar las generaciones futuras hasta un grado que aún no puede ser estimado”.

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Un grupo de chicos ucranianos durante un simulacro de seguridad en un colegio de Rudniya, localidad situada justo en el límite de la zona de seguridad de Chernóbil, en 2006, 20 años después del accidente | Foto: Oded Balilty/ AP

El documento cuestionaba también las el informe del Fórum de Chernóbil que hablaba de 4.000 muertes previsibles por diferentes tipos de cáncer, una estimación de la OIEA sacada de un estudio de la OMS que “en realidad prevé 8.930 muertes por esas causas”. “Y si se comprueban las fuentes usadas por la OMS, se llega a una previsión de entre 10.000 y 25.000 muertes adicionales debidas a cáncer y leucemia”, añade la organización de médicos.

Chernóbil, 31 años del peor desastre nuclear de la historia
Unas muñecas aparecen en un sucio suelo de una guardería en la ciudad de Pripyat, Ucrania, en el año 2000 | Efrem Lukatsky / AP

Donde mayores efectos tuvo la radiación fue en la ciudad de Pripyat, construida en su día para los trabajadores de la planta y situada a sólo tres kilómetros de la misma. En un primer momento, los 50.000 habitantes no fueron alertados de la amenaza de la contaminación radiactiva y sólo fueron evacuados 36 horas después del accidente.

El desastre convertido en turismo

La central permanece en Chernóbil 31 años después, encapsulada dentro de un sarcófago, como único superviviente, como un mal recuerdo, y la vecina localidad de Pripyat es una ciudad fantasma que permanece vigilada en un radio de 30 kilómetros por la policía y el ejército. Por no haber no hay ni pájaros ni alimañas. Nada.

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La abandonada ciudad de Pripyat con la central nuclear al fondo y la nueva estructura de seguridad sobre el sarcófago que cubre el reactor 4, en esta imagen tomada el 5 de abril de 2017 | Foto: Gleb Garanich / Reuters

Los expertos aseguran que los efectos de la radiación tardarán años en desaparecer y aún así hay quien ha visto en la peor catástrofe nuclear un negocio. Y es que es posible visitar la zona de aislamiento limitado por una alambrada. Hay visitas guiadas para turistas estrictamente controladas. Según las cifras oficiales, alrededor de 10.000 personas visitan cada año la zona sellada de Chernóbil. Abierta a los turistas en 2011, sólo se puede permanecer en el lugar 10 minutos.

Que se haya convertido en un centro de peregrinación de curiosos se debe a que, aunque aún quedan lugares radiactivos en la zona, los niveles de radiación son mínimos. Las radiaciones beta, que son las peligrosas para el organismo, sólo se aprecian cerca del sarcófago del reactor que se construyó años después del accidente. De modo que visitar la zona de aislamiento no es peligroso para la salud.

Además, e noviembre de 2016 se instaló una gigantesca campana de acero de 25.000 toneladas sobre el reactor, financiada por la comunidad internacional. Un proyecto pensado para garantizar la seguridad de la instalación en los próximos 100 años.

El factor O’Reilly

José Carlos Rodríguez

Fox News ha despedido a su periodista estrella, Bill O’Reilly, tras comprobar la acumulación de denuncias de acoso por parte de sus compañeras. Los detalles pueden satisfacer a cualquier devorador de debilidades ajenas. O’Reilly se había convertido en una mancha con la que no querían tiznarse decenas de anunciantes, que han retirado su presencia en la cadena. No hay ninguna gran cadena que quisiera contar con O’Reilly antes de salir a la luz estas denuncias, y mucho menos ahora. De modo que se puede decir que su carrera televisiva se ha terminado.

Es el periodista que más ha contribuido al éxito de la cadena. Un éxito cuya lógica implacable deja absortos a muchos. En los Estados Unidos hay más ciudadanos que se declaran conservadores que quienes se consideran de izquierdas o independientes. Sordas a esa realidad, y con el ánimo de cambiarla, las grandes cadenas de televisión asumían el relato de la izquierda como el canon, y trataban las posiciones conservadoras como una excentricidad o una peligrosa reliquia. Fox News es algo tan lógico como una empresa que cubre un hueco desatendido en un mercado libre, y una pieza que da contenido a la pluralidad en una democracia. Y sin embargo para muchos, que no creen ni en la libertad económica ni en la política, es una anomalía.

Tim Groseclose, profesor de la Universidad George Mason, es el autor de un libro titulado ‘Left turn: how liberal media bias distorts the american mind’. En él muestra cómo los medios de comunicación están a la izquierda de la sociedad estadounidense y le arrastran hacia su terreno. No creo que los medios deban ser un fiel reflejo de la sociedad, sino que deben ir hacia donde la libertad les lleve.

O’Reilly ni siquiera es muy conservador. No es como John Hannity, que parece darse un chute de conservadurina al despertarse. Ha combinado sus ideas con un cierto sentido común, y le ha dado voz a todos. Seguramente por eso ha tenido tanto éxito y ha generado enormes beneficios (446 millones de dólares en ingresos de 2014 a 2016) a su cadena. Pero el mismo sistema que le encumbró le lanza ahora a los pies de los caballos.

Juan Martín Guevara: "Si el Che hubiera triunfado, Rajoy no sería presidente"

Néstor Villamor

Foto: CBS-TV
AP Photo, File

“Las ideas de Ernesto siempre eran fantasiosas”. Juan Marín Guevara escribe sobre su hermano desde la distancia del tiempo. Cuarenta y siete años fue lo que tardó en enfrentarse a sus fantasmas y visitar el lugar en el que fue ejecutado en una “aldea perdida” de Bolivia, donde quería hacer triunfar una revolución como la cubana que se expandiera por el resto de Latinoamérica. Pero el destino de Ernesto Che Guevara era caer fusilado el 9 de octubre de 1967. “Dicen que murió dignamente y que sus últimas palabras fueron: ‘Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre'”. Juan Martín narra la vida del guerrillero en Mi hermano el Che (Alianza), coescrito con la periodista francesa Armelle Vincent.

En conversación con The Objective en la Casa de América -adonde acude para presentar el libro-, conjetura que de no haber fallecido hace casi 50 años “habría triunfado en Latinoamérica y, si hubiera triunfado en Latinoamérica, Rajoy no sería presidente. Cambiarían mucho las cosas. En Europa y, ni que hablar, en Latinoamérica. En México no estaría Peña Nieto, eso seguro. Y a lo mejor Maduro tampoco sería presidente “.

A lo largo de la conversación, con disquisiciones continuas y una dicción inequívocamente argentina, Juan Martín nunca menciona su país natal. Tampoco Buenos Aires se ha dedicado demasiado a promocionar la figura del Che como sí ha patrocinado otros iconos autóctonos como Eva Perón, Borges o incluso Messi. Acaso porque la suya es una herencia que ha atravesado la Pampa para terminar por definir una identidad, sencillamente, latinoamericana.

Estados Unidos tiene “el presidente que merece”

Se explaya en profundidad, eso sí, sobre Estados Unidos: “Estoy convencido de que hoy tiene el presidente que merece. Se ha caído la careta. Hoy es el Estados Unidos profundo, el Estados Unidos midwest, el Estados Unidos WASP, hoy es El Estados Unidos, No embromemos más”. Y lanza un último dardo a Donald Trump: “Tira la madre de las bombas y se pone contento, es un éxito. Porque tiene la bomba no atómica más grande del mundo y es un éxito. O después tira el bombazo en Siria y dice: ‘Es buena la guerra y vamos a tener que hacer guerras’. Porque traen producción, elementos y herramientas de tanques y aviones y los obreros norteamericanos tendrán trabajo. Si para que los obreros norteamericanos trabajen tenemos que tirar bombas y ver a quién le podemos montar una guerrita, estamos mal”. También le preocupa la situación en Venezuela: “Hay una guerra civil en ciernes. Ya han comenzado los tiros. Hay una lucha de clases. La lucha de clases en América está presente de una u otra manera y en Venezuela se expresó de una manera agresiva”.

Mi hermano el Che, escrito con un tono naturalmente familiar, contiene datos sobre su madre (“era muy pedagoga: a nuestros amigos les aconsejaba lecturas y hablaba luego con ellos de política, de literatura, de historia, de filosofía, de religión…”) y su padre (“nunca dudaba en hacer trampas para ganar”) que ilustran por qué Ernestito se convirtió en el Che, un hombre de barba espesa e ímpetu rupturista que embarcó en un yate el 25 de noviembre de 1956 y, basado en “la doctrina de san Carlos” (Marx), terminó con la dictadura de Fulgencio Batista.

“En Venezuela hay una guerra civil en ciernes”

Pero la imagen que el mundo tiene del Che, explica Juan Martín a The Objective, sería distinta si hubiese muerto anciano, como Fidel Castro. “No tuvo todo el desgaste que ha podido tener la Revolución Cubana en todo este tiempo y los ladrillos siempre les van a caer a los que viven”. Así, la historia recuerda a Castro como un tirano y a su íntimo compañero como un héroe cuya impronta sigue siendo venerada como faro de la izquierda. Como semidios. Abanderado de la revolución. Adalid de la lucha. Líder de la resistencia. Mito.

Y el propio Che sería hoy el primero en repudiar semejantes alharacas. “Habría detestado el estatus de ídolo”, escribe su hermano. “Mi hermano no perseguía la gloria”, defiende Juan Martín después de contar una anécdota especialmente ilustrativa sobre su hermano. Ocurrió cuando, en 1961, los funcionarios del Ministerio de Industria cubano (del que entonces era titular) quisieron rendirle un homenaje. “Mira fijamente a los empleados y declara: ‘Ustedes no entienden lo que yo escribo y repito en mis conferencias. Aquí lo que hace falta no son homenajes sino trabajo’. Y añadía (sic): ‘¿Ustedes se consideran revolucionarios? Bueno, entonces yo les buscaré algún puesto de lucha… en alguna fábrica'”.

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