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Una neblina rosada

Jose Maria Albert de Paco

Foto: THAIER AL-SUDANI
Reuters

Despejar el edificio, apostarse en la azotea y practicar un boquete en el muro a modo de tronera. Desenrollar la esterilla, quitarse el correaje y disponer, conforme a un orden, tres botellas de agua: una para ir escupiendo el tabaco de mascar, otra para beber y la tercera, vacía, para mear. (“Son detalles que hay que tener claros. No es cuestión de confundirse de botella en esa situación, como le pasó a Dale, al poco de llegar a Ramadi.”) Fundirse con el MK11, fijar las referencias en el láser, ajustar la mira y esperar a que los insurgentes asomen la jeta. Incluso la guerra tiene su deontología. Sólo insurgentes en caso de acción o intención hostil. Empuñar un arma, por ejemplo. O transportar una bomba. Entonces sí. Entonces la respiración se torna más y más profunda, el ritmo cardíaco se ralentiza y los músculos se relajan. (“Ver que mi blanco se quedaba quieto me ayudó a relajarme. Seguía fumando, sin moverse del lugar. Nada le preocupaba y no sabía de mi existencia. […] Cuando sólo me quedaba en los pulmones una cuarta parte de aire, aislé el dedo del gatillo y fui apretando despacio. Al llegar a la pausa, el dedo recorrió lentamente el último tramo del disparador y la bala salió despedida. El tiempo de vuelo era de cerca de medio segundo”.) Los francotiradores llaman neblina rosada al borbotón de sangre y materia que, durante un lapso, ciega el visor. Una aurora boreal.

El seal Kevin Lacz narra en El último francotirador (Crítica) su peripecia en el avispero iraquí. Unas memorias desagradables, horrísonas e inolvidables; un trasunto, en fin, de la mili que no hicimos y la guerra que no libraremos, esa que siempre acaba con el lechero llamando a la puerta.

Treinta mil

Roberto Herrscher

Te queman la casa. Te tiran el auto al mar. Te roban todo lo que tienes. Esconden los documentos. Te niegan la información del catastro, de tu situación laboral y fiscal. Y te hacen responsable de decir exactamente cuánto valía lo que te robaron, lo que te destruyeron, lo que te escondieron. Y si das un número aproximado, te acusan de no decir con exactitud cuánto fue. “Está diciendo más; es que quiere ganar plata con esto. Calcula en su beneficio”.

En el remanido tema de la acusación a las organizaciones de derechos humanos de Argentina (también en otros países de la región, pero sobre todo en Argentina) por “inflar” el número de desaparecidos siento que están haciendo lo mismo. Este 24 de marzo, el 41º. Aniversario del Golpe de Estado del general Videla en Argentina, vuelve a la palestra esta “acusación”: que no fueron 30.000 los desaparecidos, que son muchos menos. Que las organizaciones mienten para avanzar en sus supuestos oscuros intereses.

Los que defendieron a los dictadores, los que miraron para otro lado, los que tuvieron suficiente para lavar su conciencia diciendo entonces que “algo” habrán hecho, ahora acusan a las asociaciones de derechos humanos de no ser precisos, de aumentar en su beneficio el número de desaparecidos. Como si en eso hubiera algún beneficio.

Quiero decir hoy que esta acusación me parece una infamia. El sistema que impuso la dictadura militar tuvo precisamente como uno de sus ejes centrales el horror del no saber. El desaparecido desaparece de las estadísticas. No está, no existe.

Ellos mismos se cuidaron bien de no dejar rastro. Y de quemar después los pocos rastros que sí habían dejado. Y también de infundir miedo, miedo atroz a pedir explicaciones, a preguntar, a presentarse, a poner el nombre en una lista.

¿Realmente se puede acusar a algunos, muchos o pocos, de los familiares por no haber presentado una denuncia formal? ¿Son todos los que fueron en 1979, en plena dictadura a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, a que las turbas arengadas por un locutor deportivo los increpara en plena calle? ¿Realmente en un país donde hubo un golpe de estado tras otro durante medio siglo se puede exigir que a muy poco de acabar una dictadura se presentaran todos a dar testimonio a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas?

¿No es cierto que en muchas provincias los que acusaron, fomentaron, ayudaron en las desapariciones y el establecimiento de campos de concentración todavía tienen poder y pueden provocar miedo? Fueron ellos los que hicieron todo lo posible para que no se sepa el número. En esa nebulosa aterradora del “nadie sabe qué pasó” está el triunfo del terror.

Hace unos años estaba dando unos talleres para periodistas en Guatemala. Y en el Museo Histórico de la Policía Nacional, donde se guardan los documentos que cuentan muy fragmentaria y tenuemente las matanzas de ese trágico país centroamericano,  me contaron que en los comienzos de las dictaduras dejaban los cuerpos torturados en las cunetas, para que los familiares los encontraran.

Pero que después que vinieron los “asesores militares” argentinos, los represores de Centroamérica aprendieron que era mucho más efectivo como arma de disuasión el horror del no saber. A partir de entonces los cuerpos entonces se enterraron en fosas comunes, se tiraron al mar, desaparecieron.

¿Cuántos? Esa era una de sus armas más efectivas: no se debía saber cuántos. ¿Y ahora acusan a las víctimas de mentir con el número?

Roma: risorgimento de Europa

Gonzalo de Mendoza

Hoy se reúnen en Roma los Jefes de Estados de Gobierno de 27 países de la Unión Europea, junto a los presidentes de las principales instituciones europeas, incluidos el Parlamento, la Comisión y el Consejo. Celebran el aniversario del Tratado de Roma, que es celebrar el inicio de una revolución. La revolución social, económica y política más importante que haya visto nunca nuestro continente. Una revolución en forma de declaración de interdependencia entre las naciones de Europa. Con Roma, por primera vez en nuestra historia, los europeos decidimos (lo hacemos ya cada día) que nuestras relaciones no se basarán en las reglas de la dominación, la asimilación y el conflicto; sino que lo harán sobre la base de la cooperación y la solidaridad. Así, durante los últimos sesenta años, los europeos nos hemos acercado los unos a los otros, y hemos hecho realidad un sueño de libertad. Y así, estos sesenta años han sido los años de mayor progreso y estabilidad en toda nuestra historia. Y así, nos hemos convertido en la región más prospera del mundo.

Pero hoy, la Unión Europea esta una encrucijada. En una crisis existencial provocada por otras tantas crisis: la económica, la migratoria, la institucional, la de seguridad, la global. Pero sobre todas estas crisis, quizás las más peligrosa sea la crisis de confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas y en sus representantes. Nos enfrentamos a un desafío mayúsculo, relanzar el proyecto europeo como receta para la supervivencia de nuestra cultura, nuestro estilo de vida y nuestro sistema de valores. Y para que esta labor concluya con éxito, es necesario empezar ya, siendo conscientes de al menos tres realidades. La primera es que la Europa de los Primeros Ministros ha tocado techo. Lo hemos visto durante la crisis económica. Esa Europa arrastra los pies y los retos del siglo XXI requiere agilidad en la toma de decisiones. La segunda es que en la Europa de las instituciones hace falta más política. De esta crisis no saldremos con una enésima reforma de los tratados. Europa tiene que reformase, pero a través de decisiones políticas que centren su acción en áreas concretas donde de verdad aporte valor añadido. A la Europa de hoy no le hacen falta más competencias, le hace falta más determinación. Más claridad de ideas. Más acción concreta en crecimiento económico y en creación de empleo, en seguridad, en defensa, en política migratoria, en liderazgo global. Le sobra retórica profesional, procedimientos y carteras ministeriales. La tercera es que es el turno de la Europa de los ciudadanos. La Unión se tiene que reencontrar con los europeos. Ser más social. Esto significa que es hora de profundizar en la Europa de la libertad, de la prosperidad y de la seguridad. Y en esta tarea tenemos además una responsabilidad global. Ante la vuelta del aislacionismo, el significado del proyecto europeo adquiere una importancia todavía mayor. No es hora de retraernos, sino de exportar nuestros valores, nuestro modelo de integración y de bienestar.

Una Europa lenta, tecnocrática y que no defiende sus valores es una Europa para perder. Un proyecto desconectado de los ciudadanos. Una presa fácil para el populismo y el nacionalismo. La cumbre de Roma nos abre una ventana de oportunidad para volver a confiar en el proyecto europeo para los próximos 50 años. Un risorgimento para Europa. La Unión Europea ha sido nuestro “sueño americano”. España es un gran ejemplo de ello. Se calcula que la solidaridad europea en nuestro país ha representado en términos económicos tres veces más de lo representó el Plan Marshall para la Europea de la post-guerra. No hay un solo rincón del país en el que no haya huella del apoyo europeo: el AVE Barcelona-Madrid, la restauración del Monasterio de Guadalupe, el saneamiento de la bahía de Santander o la depuradora del Nervión son solo algunos ejemplos. Como estos, hay centenares de miles por todos los países de la Unión. Pero no solo se trata de ejemplos remotos, sino que los hay muy actuales. Hoy miles de pymes europeas reciben créditos gracias, por ejemplo, al fondo de inversiones estratégicas, y la mayoría de ellas ni siquiera saben que es gracias a Europa. Se estima que las operaciones acordadas en los dos últimos años por este nuevo fondo alcanzarán los cerca de 6.000 millones de euros en inversiones, solo en España. Lo ejemplos son tantos y tan cuantiosos por toda Europa que incluso es difícil hacer un listado de todas las acciones europeas de los últimas tres décadas. Y eso solo en lo económico. Deberíamos hacer un esfuerzo memorístico y recopilar esa información. Seguro que en las elecciones europeas de 2019, y con la memoria llena solo de esto ejemplos cotidianos, daríamos el sí más grande a Europa que ha recibido jamás. Y eso, sería un delicioso risorgimento.

Una "policrisis" europea marca el 60 aniversario de los Tratados de Roma

Néstor Villamor

Foto: TOBY MELVILLE
Reuters

Era 25 de marzo de 1957 y Europa todavía se lamía las heridas de dos guerras mundiales que, entre ambas, habían restado en hasta 100 millones la población del continente. Representantes de Italia, Alemania Occidental, Francia, Paíes Bajos, Luxembrugo y Bélgica firmaron los Tratados de Roma, que dieron lugar a la Comunidad Económica Europea (CEE) y a la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom). Es decir, lo que actualmente es la Unión Europea.

Los documentos, firmados en la capital italiana por Christian Pineau, Paul-Henri Spaak y Konrad Adenauer, entre otros, han contribuido a que un continente en guerras casi consecutivas durante toda su historia haya conseguido mantener la paz. Si a principios de siglo Francia y Alemania eran dos potencias enfrentadas y el Tercer Reich invadía Polonia, estas enemistades se antojan hoy tan remotas como que California declare la guerra a Arizona o que Nueva York invada Pensilvania.

Sesenta años después de la cita en Roma, el grupo celebra su aniversario en medio de una “policrisis”, como la definió el embajador italiano en España, Stefano Sannino, durante un acto en la sede de las Instituciones Europeas en Madrid, en el marco de las celebraciones de la efeméride. También participaron Aránzazu Beristain, directora de la Representación de la Comisión Europea en España, y María Andrés, directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España.

La Unión vive, según el diplomático, “una crisis económica y financiera muy dura y complicada que ha tenido un impacto muy fuerte para muchos de los Estados miembros, una crisis de seguridad con los atentados terroristas, pero también una crisis de seguridad exterior, con lo que ha pasado con Crimea entre Rusia y Ucrania”. Y además, “una crisis migratoria muy dura que nos divide mucho y donde por mucho tiempo no hemos entendido que se trata de un fenómeno estructural, no coyuntural”.

El Brexit, “un fracaso”

El mayor reto al que se enfrentan los 28 países que, de momento, forman parte de la Unión es el divorcio de Reino Unido, el Brexit. “Lo digo muy sinceramente”, sentenció Sannino: “Es un fracaso para todos, para el Reino Unido y para la UE porque si un país se va es que no hemos conseguido dar las respuestas necesarias a sus inquietudes”. Es un momento “muy complicado”, reconoció el embajador. Con todo, Sannino apuesta por más Europa: “Muchas cosas se consideran como dadas y no lo son, son resultado de una lucha y de un esfuerzo, de políticas que se han desarrollado. El esfuerzo que todos los europeos tendrían que hacer es defender lo que hemos logrado. Yo soy de los que piensan que Europa tiene que hacer más, no menos”. En una línea similar se mostró María Andrés: “Si el Reino Unido era uno de los que más arrastraba los pies en el tema de seguridad y defensa, quizás su salida pueda proporcionarnos ese acicate para unirnos nosotros por nuestra cuenta y conseguir avanzar más”.

Efectivamente, Gran Bretaña ha sido uno de los países históricamente más reacios a la integración ya desde el famoso “No, no, no” de Margaret Thatcher. El Reino Unido no quiso adaptarse al espacio Schengen y rehusó adoptar el euro como moneda, entre otras medidas. Esta diferencia del nivel de integración entre países, conocida como la Europa a varias velocidades, planeó sobre la mesa a lo largo de todo el encuentro de Madrid. “El problema de la Unión Europea es que tenemos diferentes ritmos para diferentes políticas y muchas sensibilidades nacionales que a veces nos han impedido avanzar”, sintetizó Andrés.

Una "policrisis" europea marca el 60 aniversario de los Tratados de Roma
Nigel Farage y Marine Le Pen. | Fotos: Toby Melville y Pascal Rossignol / Reuters

Sin embargo, hay una crisis que recuerda a la que vivía el continente hace 100 años. “Los movimientos populistas” han sabido rentabilizar “los miedos de la sociedad”, alertó la directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España. Sobre este punto ha incidido también Andrés, a quien le preocupa la diferencia entre el voto de los ciudadanos de los Estados miembros en las elecciones nacionales y las europeas. “Como realmente no entienden o sienten la conexión con la Unión Europea como proyecto, tampoco entienden realmente la importancia de las elecciones europeas”, considera. “Cuando van a votar, usan las elecciones europeas como forma de castigo a sus Gobiernos nacionales”, opina, a la vez que critica que, en ocasiones, se utilizan estos comicios para “probar algo nuevo”. Y pone dos ejemplos concretos para apoyar su tesis: “Yo llevo escuchando muchos discursos antieuropeos en el Parlamento Europeo desde hace 10 años que no estaban presentes en los países. El UKIP [partido antieuropeísta de Nigel Farage que logró la salida de Gran Bretaña del club] no era fuerte en Reino Unido y Le Pen [cuyo eurófobo Frente Nacional, pronostican las encuestas, estará en la segunda vuelta de las presidenciales francesas] no era fuerte en Francia al principio, pero entraron con mucha fuerza en el Parlamento Europeo y es desde dentro donde ganan fuerza”.

Con todo, la directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España se muestra optimista: “La Unión Europea se ha construido a base de crisis“.

Bailar contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica

Cecilia de la Serna

Foto: Meneo

La Esclerosis Lateral Amiotrófica, más conocida por sus siglas –ELA-, es una enfermedad neuromuscular en la que las motoneuronas, un tipo de células nerviosas que controlan el movimiento de la musculatura voluntaria, gradualmente disminuyen su funcionamiento y mueren, provocando debilidad y atrofia muscular. Según datos de la Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (FUNDELA), en España se estima que cada año se diagnostican casi unos 900 nuevos casos de ELA (de 2 a 3 por día) y que el número total de casos ronda las 4.000 personas, aunque estas cifras pueden variar. La Esclerosis Lateral Amiotrófica, conocida por afectar al físico Stephen Hawking, es además una enfermedad rara e incurable. La causa de la ELA de momento es desconocida, aunque ese desconocimiento es cada vez menos insalvable gracias al descubrimiento y utilización de herramientas más sofisticadas en el ámbito de la biología molecular, ingeniería genética y bioquímica. Por eso, la investigación es crucial a la hora de combatir la ELA y hacer que algún día sea curable.

Las iniciativas contra esta enfermedad son variadas y diversas, y a menudo se habla de ELA en los medios, ya que la visibilización es cada vez mayor. Ahora, Madrid presenta una iniciativa más, que además de solidaria resulta divertida. El sábado 25 de marzo se celebra en el madrileño Mercado de la Cebada la fiesta Papa Loves Mambo en colaboración con la FUNDELA para concienciar a los más jóvenes sobre la ELA y para recaudar dinero en pro de esta causa.

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Papa Loves Mambo es una fiesta que se celebra esporádicamente desde hace algo más de seis meses y que reúne a artistas y DJs emergentes, y otros más consolidados, principalmente de música electrónica. Sus promotoras, Cori Matius y Elena Hernández, han hablado con The Objective para explicar qué hay detrás de su nuevo proyecto: “La iniciativa surgió en nuestra cabeza por una persona en concreto: la madre de una de nuestras grandes amigas. Como gesto de apoyo y de homenaje a ella y todas las personas que sufren ELA. Además, esta es una enfermedad sobre la que aún no se sabe demasiado, hemos leído mucho sobre ella y nos pareció una muy buena idea.”

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La razón por la que han decidido organizar este encuentro con FUNDELA es clara: es la asociación que lucha contra la ELA con mayor ahínco en España. “La asociación tiene contacto con los laboratorios más avanzados que se dedican a investigar para descubrir nuevos tratamientos y mejorar los existentes para la enfermedad. FUNDELA es el puente para llegar a esos expertos y no se queda ni un solo euro ya que está formada por personas que compaginan su vida y sus trabajos con la organización de esta fundación, no viven de ello”, nos aseguran las promotoras.

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Resulta curioso que se organice un evento de estas características, benéfico, en un marco donde no abundan las iniciativas solidarias: el mundo de la noche. Ante la pregunta de si los jóvenes toman conciencia con este tipo de problemáticas, las organizadoras de la fiesta lo tienen claro: “La juventud de nuestra época en general está bastante concienciada de los problemas de la sociedad, aunque sí es verdad que este tema en concreto es bastante desconocido”. No obstante, nunca está de más crear espacios en los que fiesta y solidaridad se den la mano: “Sin duda si se creara cada cierto tiempo un vínculo entre la diversión, que es lo que principalmente queremos todos los jóvenes, y el conocimiento y concienciación de los muchos problemas para los que con poco se puede ayudar, estaríamos mucho más informados, concienciados y comprometidos con mejorar la vida de personas que lo necesitan”, aseguran.

¿Qué esperar de esta edición de Papa Loves Mambo? Por supuesto, esa diversión que desde la organización nos prometen. Y baile, mucho baile. Se trata de “un plan diferente para comenzar el sábado noche, una early party que empieza a las 9 de la noche y termina a las 2/3 de la mañana”, según nos adelantan las organizadoras. El evento reunirá hasta seis artistas y DJ’s, a los que encabeza el musicólogo y performer guatemalteco Meneo. Lo que une a este plantel de artistas es, en palabras de las organizadoras, “las ganas de colaborar en la bonita causa de este evento. Tenemos como cabeza de Cartel a Rigo Pex, más conocido como Meneo, que ha remezclado a artistas como Dover, Russian Red y The Zombie Kids. Ha pinchado en el Sónar, Primavera Sound y se le considera el inventor del Electropical”. A los ritmos tropicales y electrizantes de Meneo, se añaden las actuaciones de Josephine DJ, Susynth, Karitori DJs, Cori Matius ft. Unicorns Are Real y el DJ set de Ubícate nena. El plantel no parará de moverse ya que, según las promotoras, “cada hora se cambiarán para ofrecer una gran variedad musical y diversión sin duda asegurada”.

Las entradas de esta fiesta benéfica cuestan 10 euros (11,10 con gastos de gestión) y pueden adquirirse en este enlace. Date prisa, ¡hay aforo limitado!

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