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El discreto encanto de la imperfección

Joseba Louzao

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Que la realidad es imperfecta es una lección que, a estas alturas de nuestra historia, ya deberíamos haber aprendido. Valentí Puig nos lo lleva recordando desde hace demasiado tiempo. De una vez por todas, tendremos que aceptar que vivimos en un mundo que será siempre dinámicamente imperfecto. Los atentados terroristas del yihadismo, la aparición de una nueva guerra fría, la victoria del Brexit, la agitada presidencia Trump y otras noticias tantas con las que seguiremos desayunando lo testimonian con tenacidad. Sin embargo, cuando miramos a la esfera pública, a izquierda y a derecha, nos encontramos con una legión de individuos que pretenden construir un mundo perfecto, a su imagen y semejanza, desde la santificación de la propia postura y la negación de las opciones ajenas. Hay soluciones para todos los gustos porque la palanca utilizada puede ser la clase, la nación, la religión, el género, la raza y, a veces, una mezcolanza más o menos lograda de varios de estas sinécdoques identitarias.

La prudencia y realismo no gozan de la mejor prensa en un escenario sociopolítico marcado por conflictos normativos enquistados y pujantes guerras culturales. Con semejante contexto, imperfección e incertidumbre se entrelazan y agitan el miedo persistentemente. Los populistas saben jugar en este campo enfangado. No son pocos los ciudadanos desconcertados y airados que se dejan engatusar por estos planteamientos: ¿acaso van a ser capaces de sacarnos de esta crisis a nivel internacional quienes nos metieron en ella? De hecho, los populistas se mueven como pez en el agua apuntalando una alternativa radical que nace de la sospecha y de un idealismo que estimula a mirar hacia quiméricas tierras prometidas. Y es que el populismo tiene una peligrosa y atractiva extensión utópica que no se suele destacar en los análisis que nos invaden por doquier. Este utopismo populista se asienta, sobre todo, en un arrogante deseo de perfección, alimentado, a su vez, por nuestra irreprimible superioridad moral. Sin embargo, la realidad es difícilmente controlable. Y, lo más preocupante, estas derivas utópicas parecen ser un reflejo de las ensombrecidas distopías que atravesaron el siglo pasado.

Aunque no reconozca la imperfección humana, el populismo sabe aprovecharse de la misma. El reto aún es mayor porque nuestros gobiernos e instituciones tampoco quieren reconocer esta dimensión imperfecta para no mostrarse frágiles o dilapidar sus apoyos electorales. Si los políticos se habituaran a decir la verdad, la mayoría de sus propios votantes la rechazarían. Por esa razón, se acogen a la firme promesa de lo imposible, lo que les acerca peligrosamente a los postulados que dicen combatir. En el fondo, es más sencillo ofrecer fórmulas idealistas como “otro mundo es posible” que la menos atractiva “un mundo posible es mejor”. La fantasía y la retórica siempre han sido más codiciadas que la defensa institucional de la democracia liberal. Aún sabiendo que este sistema no es perfecto. Probablemente reconocer este pragmatismo escéptico sea el resguardo más fiable que tenemos a nuestro alcance, aunque el camino nunca será fácil. Otra cuestión es saber cuándo descubriremos cómo responder a los desafíos del presente. Como ha recalcado en más de una ocasión José María Lassalle, la libertad y la razón han sido las boyas que nos han salvado y que nos permitirán desactivar los peligros de una época marcada por el cansancio global.

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Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Museo Guggenheim Bilbao

El 19 de octubre de 1997 abrió sus puertas al público el Museo Guggenheim Bilbao,  tras la inauguración oficial el día anterior por el rey Juan Carlos. Un proyecto ambicioso situado junto a la ría de la capital vizcaína, una ciudad de Euskadi principalmente industrial que hasta entonces vivía un poco de espaldas al turismo, más allá de su excepcional oferta gastronómica. Veinte años después, sin duda, queda la esencia de sus gentes y, por supuesto, su oferta gastronómica, pero su transformación ha sido tal que la ciudad puede estar orgullosa de ser uno de los destinos turísticos por excelencia, con visitantes procedentes de todas partes del planeta. El Museo Guggenheim tiene mucho que ver con esa transformación de Bilbao, pero también la acción de las instituciones que se pusieron manos a la obra para que el emblemático edificio de Frank Gehry contara con un entorno y unas infraestructuras acordes al museo. Como así ha sido.

“El museo es, quizá, lo más representativo, como el barco tractor de esta transformación, pero no es lo único, ya que ha habido una apuesta firme por parte de las instituciones que dijeron ‘a ver, aquí hay que pensar en un plan para el futuro porque si no esto se nos cae a pedazos’. Todas estas acciones del metro, el tranvía, la regeneración de toda esta zona de la ría como eje vertebrador de la ciudad, el Palacio Euskalduna, los nuevos puentes, ahora el aeropuerto…todo tiene un sentido porque, si no, seguramente el museo no habría funcionado tan bien – si una persona que viene de Japón, ve el museo por dentro y dice qué maravilla, pero fuera ya no hay nada más, no vuelve. Aquí ha habido también siempre una oferta gastronómica pero hacía falta como un repaso general para que las referencias sean buenas”, nos comenta Begoña Martínez Goyenaga, subdirectora de Marketing y Comunicación del Museo Guggenheim Bilbao, en conversación telefónica.

Celebraciones durante todo el año

En el famoso bolero Volver, Carlos Gardel cantaba “que veinte no es nada”, pero si echamos la vista atrás, podemos decir que veinte años dan para mucho. En el caso del Museo Guggenheim Bilbao han sido dos décadas frenéticas de superación constante, de ofrecer lo mejor y con un estilo muy distinto a otros museos. Sus responsables han apostado por esa capacidad para asombrar para celebrar sus primeros veinte años de vida y, en este sentido, han querido que este 2017 se un año de conmemoración.

“Llevamos celebrando los 20 años a lo largo de todo el año y lo hemos abordado desde tres áreas diferentes”, explica Martínez Goyenaga. “Por un lado, a través de la programación artística, que este año ha sido muy dinámica y de muy alta calidad a lo largo de todo el año, con exposiciones muy fuertes. Por otro lado, desde el punto de vista de educación y divulgación tenemos el programa TopARTE, que consiste en buscar alianzas con otras entidades culturales del entorno. Por ejemplo, el museo cede sus espacios gratuitamente, el auditorio u otros espacios a entidades del mundo de la música, de la danza, del teatro, de la gastronomía…a todas las disciplinas del ámbito de la cultura en el sentido más amplio, y hemos tenido espacios del museo para que otras disciplinas hayan podido realizar y mostrar su trabajo. Hubo una muy buena respuesta, se presentaron un montón de proyectos y de una gran calidad. De hecho, ha sido tan positiva la experiencia que se va a extender en el tiempo y vamos a repetir el año que viene”.

“En tercer lugar, ha habido unos eventos de celebración con la ciudadanía durante el mes de octubre, en particular, durante la semana pasada. La estrella o plato fuerte ha sido Reflections, un espectáculo que se celebró entre el miércoles y el sábado pasados. La valoración que hacemos es tremendamente positiva porque se han acercado más de 300.000 personas a verlo a lo largo de los cuatro días; ha gustado muchísimo y la opinión de la gente es que ha merecido mucho la pena ver el museo de esta manera tan innovadora y de forma virtual”, comenta entusiasmada la subdirectora de Marketing y Comunicación.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 2 Espectáculo de luz y sonido como parte de los actos conmemorativos. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 3 Reflections tuvo una gran acogida por parte del público. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

“El lunes pasado también se celebró otro evento- Chasmata – en el auditorio en el que se aunaba arte y ciencia. Es uno de los eventos de los cuales el museo se siente más orgulloso que se hizo en colaboración con la Agencia Espacial Europea, que nos aportó un montón de material para hacer posible la sonorización de lo que ellos han logrado a lo largo de los años a través de sus ondas espaciales, se ha convertido en música”.

Otras iniciativas han sido Dibujando el Museo, donde el público podía hacer dibujos de sus rincones favoritos, postearlos y compartirlos en redes, con los públicos de los Museos Guggenheim de Nueva York y Venecia.

Este miércoles se celebra la cena de gala anual con artistas, patronos y personalidades para conmemorar que hace veinte años el rey Juan Carlos inauguró el museo y, un día después se abrió al público. Un público en el que se ha volcado el Guggenheim Bilbao en las celebraciones, con “Reflections como plato fuerte; ha sido mucho trabajo, con un resultado espectacular y estamos muy contentos porque la ciudadanía así nos lo ha transmitido”.

Transformación

Nos detenemos en un apartado que bajo el epígrafe ‘Transformación’ englobada la frase “El arte lo cambia todo”. Frase clave de lo que es, de lo que significa el Museo Guggenheim Bilbao, como nos comenta su responsable de Marketing y Comunicación.

“Efectivamente, es una de las claves del museo. Me parece maravilloso que un museo sea capaz, tenga la fuerza suficiente como para transformar una ciudad, para cambiar la forma en que es percibida. Pasar de un pasado industrial a darle un nuevo rumbo y que todo haya salido tan bien. También porque creemos firmemente en la capacidad del arte para cambiar a las personas y, a lo grande, a la propia ciudad; ha cambiado para bien la ciudad, para ser más amigable, más interesante de cara al público que viene. También en esta frase queremos destacar la capacidad que tiene el arte para cambiar la forma de mirar, para que uno mismo sea más abierto, más cosmopolita; afrontar esos retos, esos desafíos que presenta el arte que a veces es incómodo, con esa respuesta del público. Nos parece que la frase define muy bien lo que ha pasado aquí y lo que sigue pasando y lo que tiene que seguir pasando”.

“Creemos firmemente en la capacidad del arte para cambiar a las personas y, a lo grande, a la propia ciudad”.

En Transformación, lo que el museo hizo fue una exposición fotográfica en la parte que da a la ría con paneles con imágenes del pasado, desde finales del siglo XIX hasta llegar al momento actual. “Sacamos esas mismas fotos desde el mismo punto de vista, desde la misma perspectiva, mostrando claramente qué transformación tan brutal ha habido, de pasar un poco de esas montañas, de los contenedores del puerto, ahora, a ver no sólo el museo en el mismo sitio, sino también los árboles, el paseo, las bicicletas, los niños…en una zona que antes era inviable porque estaba totalmente degradada.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 5 Mamá, la escultura con forma de araña de la artista Louise Bourgeois. |Foto: Museo Guggenheim Bilbao

La serie de fotografías es el resultado del trabajo de documentación llevado a cabo en los fondos fotográficos del Archivo Municipal de Bilbao, el Museo Vasco, la Autoridad Portuaria de Bilbao y los fotógrafos locales Mikel Alonso y Fede Merino, y completado por la réplica de esas mismas fotografías tomadas en la actualidad y desde cada enclave exacto.

Balance

El Museo Guggenheim desde el principio, desde que abrió sus puertas ahora hace veinte años, ha tenido el favor del público y la atención de la prensa nacional e internacional. “Desde el principio, ha sido capaz de generar una atención y una expectación capaces de atraer un millón de personas al año en una ciudad como Bilbao, que nunca antes había sido turística, con lo cual, nos puso en el mapa internacional hace veinte años”, cuenta Martínez Goyenaga.

Le preguntamos qué destacaría de estas dos décadas. “Lo que más destacaría es que veinte años después, hemos sabido y conseguido mantener ese pulso de atención; seguimos en las mismas cifras de más de un millón de visitantes al año y para una ciudad como Bilbao que tiene como 300.000 habitantes es una burrada. No es Londres, no es París, no es Madrid, con lo cual, haber sido capaces de haber mantenido una programación artística muy exigente, de mucha calidad y muy dinámica”.

“Veinte años después seguimos en las mismas cifras de más de un millón de visitantes al año”.

El museo, añade, se transforma “varias veces al año de arriba abajo para ofrecer exposiciones que aporten, además, una mirada propia porque así lo permiten los espacios de este museo; si por fuera es espectacular, por dentro todavía es más versátil y tiene unas posibilidades que permiten que cada exposición sea diferente, encuentre su lugar y siempre nuestro objetivo es presentar una propuesta muy única”.

Gracias a ese trabajo, a ese esfuerzo diario de quienes trabajan aquí, “veinte años después hemos seguido manteniendo esa gente que viene a ver el museo, una vez pasada la moda, digamos, de sus inicios de acudir al ver el edificio fantástico de Frank Gehry, siendo capaces de estar en esa pelea diaria sin desgaste y con tan buenos resultados, que hacemos una valoración tremendamente positiva”.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 6 Un detalle del interior del museo. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

Los responsables del museo se sienten muy satisfechos porque han cumplido las expectativas, pero “no nos quedamos con eso”, subraya Begoña. “Somos muy conscientes de que seguiremos atrayendo la atención del público y las buenas críticas que estamos teniendo en la medida en que seamos capaces de seguir sorprendiendo, de seguir ofreciendo algo único al que viene a visitar el museo. Así que, satisfechos sí, pero ya mirando al futuro con las próximas exposiciones, trabajando un montón con mucha ilusión y con esa satisfacción de tener la confianza del público y el interés demostrado durante todos estos años”.

“Yo creo que la clave veinte años después, es seguir apostando por ser muy ambiciosos con la programación, con el diseño de las exposiciones, porque no queremos que sea igual a lo que ya se hizo en otro sitio, trabajamos siempre para sacarle esa chispa que nos da el museo para que sea único”.

Museo Guggenheim Bilbao, el arte de cambiarlo todo 4 Puppy, la popular mascota del museo. | Foto: Museo Guggenheim Bilbao

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Pla para desintoxicar

José Antonio Montano

Foto: EFE
EFE

Para desintoxicarme de los nacionalistas catalanes leo a dos catalanes no nacionalistas, trenzados en un libro: el ‘Josep Pla’ de Arcadi Espada (ed. Omega). El libro era inencontrable, pero lo encontró Manuel Arias Maldonado en Palma de Mallorca. Lo trajo a Málaga, me lo prestó, yo me lo llevé a Madrid y de allí a Barcelona para la manifestación del 8 de octubre. Después le pedí al autor una dedicatoria para el dueño y puso, entre otras cosas: “mi mejor libro, lo escribió Pla”.

Tiene razón. El libro está montado con maestría, de manera que deja hablar a Pla –en sus “notas para un diario” de 1965 a 1968 y en otros textos– y sobre él habla Espada, acerca de Pla: expandiendo y ahondando, comentando al paso, sin traicionar a Pla. Me ha recordado al contagio que produce João Gilberto en los otros cuando cantan con él, que quedan imbuidos de su ‘tempo’, de su sosiego. Aquí lo que predomina es la antirretórica, o la retórica sutil de lo concreto, de lo físico y palpable, eludiendo lo sentimental. Esto último tiene tanto más valor por cuanto que en esos años Pla está desgarrado por un asunto amoroso, o mejor, erótico: acometidas solitarias (salvo en sus viajes a Buenos Aires, donde está ella) indisociables ya de la vejez. Tiene miedo de hacer el ridículo y procura no hacerlo. Rechaza además el énfasis.

Luego he vuelto a ponerme la entrevista a Pla de ‘A fondo’ y he regresado a ‘El cuaderno gris’. Al comienzo dice Pla, cuando siente que los padres lo miran decepcionados el día de su veintiún cumpleaños: “Tener hijos en forma de incógnita, de nebulosa, tiene que ser muy desagradable”. Produce nostalgia, pero también esperanza, saber que en la tierra hoy embrutecida por el nacionalismo pudo haber un Montaigne.

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Vídeo | Las redes sociales estallan contra un museo que compara africanos con animales

Redacción TO

Foto: RRSS

Un anciano junto a un mono, un joven africano mirando por encima del hombro junto un guepardo en la misma pose, un niño con la boca abierta al lado de un gorila… Es la exposición ‘This is Africa’ (‘Esto es África’) que el Museo Provincial de Hubei ha acogido para “celebrar la armonía entre el hombre y la naturaleza”.

Puedes leer el reportaje completo aquí.

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La carrera por conquistar Marte se intensifica

Cecilia de la Serna

Foto: DOMINIC EBENBICHLER
Reuters

Marte es el sueño colono de nuestro siglo. Más allá de los confines de la Tierra puede estar la solución a los problemas de la Humanidad -o al menos eso defienden algunos, como Elon Musk, que se ha tomado la idea de enviar a humanos a Marte muy en serio-.

Los planes de Musk para conquistar el planeta marciano han sido diseñados para convertir la especie humana en multiplanetaria, como si de una película de Ciencia Ficción se tratara. La civilización podría estar en peligro en un futuro cercano, y emigrar al Espacio suena como una posibilidad no tan remota. Entre los proyectos que ha emprendido Musk, fundador de SpaceX y Tesla, está el lanzamiento de vuelos a Marte en 2024. Dentro de nada.

No obstante, Musk y su SpaceX no son los únicos que sueñan con habitar Marte. Dubái, el emirato más emprendedor, ha anunciado recientemente que está construyendo un prototipo de la colonia de Marte en el desierto para proporcionar “un modelo viable y realista para simular la vida en la superficie de Marte”.

Mars Science City, un plan en el desierto

El Gobierno de Dubái cree que todo es posible, por eso invierte los petrodólares en grandes planes para la Humanidad. No sabemos si es un espejismo, pero en su desierto ha ideado un proyecto para experimentar con la vida en Marte. Este plan lleva por nombre Mars Science City y cuenta con un presupuesto de 140 millones de dólares. Este proyecto ha sido desarrollado por el reconocido arquitecto Bjarke Ingels, fundador del estudio de arquitectura BIG y creador de la torre Two World Trade Center, el rascacielos que sustituirá a las Torres Gemelas. Su plan consiste en una megaciudad en mitad del desierto hará las veces de campus de simulación espacial, donde científicos y astronautas vivirán durante un año como máximo.

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Vista general del proyecto de Bjarke Ingels. | Imagen: Dubai Media Office

Aparte de los 140 millones de dólares, el resto de cifras asustan: la ciudad tendrá una superficie total de 176.516 metros cuadrados, convirtiéndose en la mayor ciudad de simulación espacial jamás construida, y está concebida para enviar vida a Marte de aquí a 100 años. Para julio de 2020, sus impulsores aseguran que serán capaces de enviar una sonda al planeta rojo.

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Con 176.516 metros cuadrados, Mars Science City será la mayor ciudad de simulación espacial jamás construida. | Imagen: Dubai Media Office

Los edificios que compondrán este futurista complejo serán, en palabras de los responsables del proyecto, “los más sofisticados del mundo”. Para su construcción se utilizará la tecnología de impresión 3D con arena del desierto, por lo que el impacto medioambiental será mínimo. Entre los proyectos que se emprenderán en esta ciudad extraterrestre están el perfeccionamiento de técnicas agrícolas en ambiente marciano, el almacenamiento de alimentos, la generación de energía y agua potable, entre otras cuestiones que afectan directamente a la habitabilidad del planeta rojo para nosotros, los humanos.

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Vista del interior de una de las cápsulas marcianas en el desierto de Dubái. | Imagen: Dubai Media Office

Aunque aún no exista una fecha de inauguración, o siquiera de iniciación de las obras, este mastodóntico plan emprendido por los Emiratos Árabes Unidos confirma una tendencia al alza: conquistar Marte es el próximo gran proyecto de la humanidad. No sólo en Dubái, sino en muchos otros lugares de la geografía terrestre

Elon Musk: el visionario de Marte

Si hay un nombre propio y poderoso que a día de hoy podamos relacionar con los viajes especiales ese es el del fundador de Tesla y SpaceX, Elon Musk. Con Tesla ha querido democratizar, a su manera, el uso de los coches eléctricos. Con SpaceX busca exactamente lo mismo en el campo de los viajes espaciales. Siempre a la vanguardia, ahora el equipo de Musk está trabajando en el diseño de un complejo sistema de naves de carga y de pasajeros para crear una colonia permanente en Marte. Su última creación son los Big Fucking Rockets (BFR), unas naves de 50 metros de largo que serán capaces de transportar a 100 pasajeros una y otra vez, como si fueran aviones convencionales.

No es, claro está, la primera vez que el Musk habla de su idea de llegar a Marte para quedarse. Ya el año pasado, el fundador de SpaceX presentó sus naves ITS, que tenían como objetivo fundar una ciudad de un millón de habitantes en Marte en el plazo de 50 a 100 años. El problema con el plan inicial de Musk era el precio, y es que la financiación para su proyecto era prácticamente irrealizable. No obstante, el nuevo plan es mucho más viable.

Las naves BFR son ligeramente más pequeñas baratas que las ITS. Además, Musk cuenta con que estas naves puedan darle rendimiento económico a SpaceX. Para obtenerlo, las BFR pueden ofrecer diversos servicios como, por ejemplo, vuelos de abastecimiento a la Estación Espacial Internacional. El plan de Musk no es una quimera. La compañía espera lanzar al menos dos naves no tripuladas a Marte en 2022. Las BFR medirán 106 metros de alto, 15 menos que las ITS, y serán capaces de enviar unas 150 toneladas de peso a la órbita baja de la Tierra. Además, podrán, según aseguran desde SpaceX, transportar 100 tripulantes en un viaje a Marte, en un total de 40 camarotes.

No hay duda de que Elon Musk, desde la iniciativa privada, ha animado una operación que parecía olvidada. De hecho, uno de sus reclamos más famosos -la existencia de una base espacial en la Luna- ya ha sido recogido por el gobierno de Donald Trump -gobierno del que el propio Musk era consejero hasta que el presidente decidió poner fin al acuerdo de París-.

De la NASA a la ESA: otras iniciativas

No sólo las iniciativas de Dubái y SpaceX tienen a Marte en la mirilla. También son reseñables otras como la de la agencia estadounidense, la NASA, o la europea, la ESA.

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, anunció recientemente en el Consejo Nacional Espacial en Chantilly (Virginia) que el Gobierno norteamericano tiene como objetivo llevar personas a la Luna para poder “construir las bases para mandar estadounidenses a Marte y más allá”. “Volveremos a enviar astronautas a la Luna, no solo para dejar detrás huellas y banderas”, aseguró en referencia al hito marcado en el año 1969 por el equipo formado por Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins, que aterrizaba en la Luna para demostrar que el horizonte se expande más allá de nuestra atmósfera.

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¿Emigraremos a Marte? | Foto: NASA / Handout / Reuters

La ESA, la Agencia Espacial Europea, también coquetea a menudo con la idea de conquistar Marte. Más bien, no quiere quedarse atrás. Por eso, en 2016 lanzó ExoMars, una misión conjunta de la ESA y la agencia espacial rusa Roscosmos, cuyo principal buscar pistas de vida en Marte en el pasado y el presente. Esta operación supuso un estrepitoso fracaso al conocerse que la sonda Schiapareli se había estrellado en el planeta rojo. A pesar de este fracaso, los Estados miembros de la Unión han aprobado la participación europea en la Estación Espacial Internacional hasta, al menos, 2024, y tampoco han renunciado al sueño marciano.

Las condiciones de Marte son mucho más cercanas a la habitabilidad para un ser humano que la mayoría de planetas de nuestro sistema solar, por eso el planeta rojo está en la mirilla de todos. No obstante, su colonización no es inminente. Aún a día de hoy, un humano desprotegido perdería el sentido en unos 20 segundos y podría sobrevivir no más de un minuto en la superficie de Marte sin llevar puesto un traje espacial. Este mero hecho da una idea de lo compleja que puede llegar ser esta empresa. Para salvar los obstáculos, el gobierno de Dubái, el visionario Elon Musk o las agencias gubernamentales más importantes de la Tierra intensifican su carrera por conquistar Marte. No sabemos quién será el primero que llegue, o el que más tiempo se quede, pero la respuesta está cada día más cerca.

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