Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

El independentismo y el síndrome Caraboo

Joseba Louzao

Foto: ERIC VIDAL
Reuters

Érase una vez, en un tiempo ya lejano para todos nosotros, una princesa que vagaba por las vacías calles de una pequeña población del condado de Gloucestershire. Nadie fue capaz de reconocer a aquella desconocida muchacha en una tarde cualquiera del mes de abril de 1817. La mujer de un zapatero local la encontró desorientada, pero no podía comprender lo que le tenía que decir. La joven hablaba solamente un idioma exótico e irreconocible. Aunque su aspecto exterior era el de una vagabunda, no lo parecía. Las autoridades locales no sabían qué hacer y, sobre todo, no tenían ni idea de dónde podría proceder. Con mucho esfuerzo, todos creyeron entender que la joven respondía al nombre de Caraboo.

El misterio de su identidad se mantuvo durante días hasta que un oportuno marinero portugués consiguió entenderla. Era un princesa de un lugar llamado Javasu, que estaba situado en el Océano Índico. Había sido secuestrada por una horda de piratas, pero había logrado escapar de los mismo al saltar del barco cerca del canal de Bristol. El magistrado del condado la alojó en su casa con todos los honores posibles. La princesa Caraboo se convirtió en una exótica pieza venida de tierras misteriosas. Su historia se hizo célebre en las páginas de la prensa y engatusó a la aristocracia británica, que organizaba fiestas para conocerla. Sin embargo, la popularidad que alcanzó desencadenó el fin de esta leyenda. Una antigua conocida descubrió la mentira. Realmente se llamaba Mary Baker y era la hija del zapatero. Se habían inventado la historia para conseguir sobrevivir de una forma holgada.

Desde hace años, de vez en cuando, vuelvo a recordar esta triste historia como testimonio de lo fácil que es caer en un engaño colectivo. El síndrome Caraboo es un peligro para nuestras democracias. Ya lo habíamos visto antes. Los episodios más recientes habían sido la victoria de Trump y el sorprendente éxito del Brexit. Ahora lo estamos viviendo en Cataluña. Durante años se ha ido construyendo una ficción alimentada por decenas de mentiras. Políticos y especialistas fueron creando un relato torcidero en el que se destaca que la independencia haría caer un maná inagotable sobre el nuevo país. Muchos catalanes cayeron bajo el encanto de lo imposible: querían creer. Y no deja de resultar sorprendente la respuesta, porque la única promesa que no se llegó a hacer fue la de tener una pareja de unicornios en cada zoológico catalán. Sin embargo, y aunque la realidad haya vapuleado las endebles bases de la narración fundacional, el independentismo no es capaz de espantar el síndrome Caraboo.

Se puede discutir sobre las medidas judiciales tomadas. Los propios expertos no se ponen de acuerdo sosteniendo buenas razones a ambos lados. Pero, sobre todo, no podemos olvidar el camino recorrido hasta el momento. Si algunos de los consejeros depuestos del Govern están detenidos hoy es por su manifiesta irresponsabilidad. Creyeron estar legitimados, con una exigua mayoría, para saltarse las leyes, cuartear el pluralismo político catalán y, según los indicios, malversar fondos públicos para financiar su propia campaña hacia ninguna parte. Todos los actos tienen sus consecuencias, incluso penales. Sin embargo, no es difícil aventurar que seguiremos asistiendo a un baile entre quienes engañaron, quienes se dejaron engañar, quienes fueron engañados desde el desconocimiento y quienes están pagando las consecuencias de semejante viaje. Aún queda mucho para comenzar esta historia con un “érase una vez un president de Cataluña…”.

Continúa leyendo: El himno nacional de Marta Sánchez

El himno nacional de Marta Sánchez

Ignacio Vidal-Folch

Foto: Luca Piergiovanni
EFE

El mismo esfuerzo que Marta Sánchez culminó el otro día en el teatro de la Zarzuela, al cantar con letra propia y mucho énfasis y convicción el himno nacional— se viene repitiendo periódicamente. “Cómo es posible que el himno no tenga letra, vamos a resolverlo ahora mismo.”

Antes de éste, el último intento que recuerdo era una sugerencia de Joaquín Sabina que decía: “Ciudadanos / en guerra por la paz / y la diosa Razón, / mano en el corazón. / Ciudadanos /ni súbditos ni amos / ni resignación / ni carne de cañón. / Pan amasado / con fe y dignidad / no hay nada más sagrado / que la libertad…”

Aunque no me gusta mucho que los ciudadanos estén en guerra por la paz, ni me parece bonito que sean “pan amasado”, se entiende la intención progresista del poeta y no se me ocurriría criticar su buena voluntad, como tampoco hacer befa la especie de nostalgia por la tierra natal que parece haber movido a Marta Sánchez a escribir versos de emigrante como éstos:

“Vuelvo a casa, / a mi amada tierra, / la que vio nacer / mi corazón aquí. / Hoy te canto / para decirte cuánto / orgullo hay en mí, / por eso resistí. / Crece mi amor /cada vez que me voy, / pero no olvides que / sin ti no sé vivir…”

El hecho de que la mayoría de las palabras en lengua española sean llanas es la causa de muchos, muchos ripios, en la poesía y sobre todo en la canción, de muchos versos que riman “ti” con “mí”…

Marta Sánchez parecía genuinamente emocionada cantando el himno en el escenario de la Zarzuela, y me alegro de que su corazón palpite y sea ardiente, pero convengamos en que la autenticidad no garantiza el acierto de la empresa poética. Empresa que se me antoja fallida. Se mire como se mire, la mejor versión de una letra para el himno es la de Pemán –“Viva España, / alzad la frente hijos del pueblo español / que vuelve a resurgir…”—que le encargó el general Primo de Rivera durante su dictadura, si no estoy engañado. Aunque me parece un tanto surreal eso de que la patria siguiese “sobre el azul del mar / el caminar del sol”, en conjunto es una letra correcta, de estrofas bien escandidas y dentro de los parámetros de exaltación de lo que se le pide a un himno.

En fin: Pemán celebra la patria orgullosa y solar de los navegantes y descubridores imperiales y de los trabajadores (“los yunques y las ruedas”); Sabina, una patria izquierdista, indómita, libertaria; y Marta Sánchez el regreso permanente al país soleado del que se siente orgullosa y donde le gustaría ser enterrada: “Y si algún día / no puedo volver / guárdame un sitio para / descansar al fin.”

Yo diría que sería mejor dejar correr este asunto de la letra de la Marcha Real; deberíamos tener en consideración el hecho de que las letras de los himnos nacionales tienen un mensaje agresivo y belicoso –“La Marsellesa” es repugnante en este sentido; del “God save the Queen” actualmente se omite el párrafo más combativo– que hoy día resulta muy desagradable, pero sin esa combatividad no tienen mucho sentido.

Yo diría que es mejor hacer de la necesidad virtud, o sea alegrarnos de que el himno español no tenga letra y celebrar esa carencia como una superioridad de la inteligencia nacional que no se quiso rebajar, cuando tocaba, cuando todos los países lo hacían, a cantar a coro fanfarronadas.

Sería lo mejor, insisto, pero ya sé que insisto en vano. La tentación de poner letra al himno debe de tener un atractivo grande y atávico. Marta Sánchez lo ha hecho de la mejor manera que ha sabido y merece un respeto. Quedamos a la espera de la próxima intentona.

Continúa leyendo: El fin del tequila se acerca y su propio éxito es el culpable

El fin del tequila se acerca y su propio éxito es el culpable

Redacción TO

Foto: Edgar Garrido
Reuters

Esta es una mala noticia para los amantes de las margaritas y los chupitos de tequila. Una escasez creciente de agave, la planta de la que se obtiene este licor, tiene seriamente preocupados a los productores y, si sigue así, también acabará preocupando a los consumidores.

Una de las peculiaridades del agave es que necesita siete años de crecimiento para estar en perfectas condiciones para que la planta pueda ser destilada correctamente. La falta de previsión sobre el gran aumento de la demanda de tequila en los últimos años ha provocado que no haya suficiente agave y no sea posible plantar más a tiempo para suplir esta demanda.

El precio del agave

La elevada demanda de tequila y la falta de agave han provocado que el precio de esta planta se haya multiplicado por seis en apenas dos años, según el Consejo Regulador del Tequila. Esto ha reducido los márgenes de los destiladores más pequeños y ha generado una gran preocupación en los agricultores, productores, jornaleros e incluso en las grandes empresas, que ven peligrar sus beneficios.

Esto está obligando a numerosos productores a utilizar plantas de cuatro o cinco años, por lo que todavía no han madurado del todo, para elaborar el licor. Estas plantas más jóvenes producen menos tequila, lo que supone que se necesitan más plantas para producir la cantidad habitual.

El fin del tequila se acerca y su propio éxito puede ser el culpable
El robo de plantas de agave se ha incrementado con la subida de precios. | Foto: Tracie Cone/ AP

Es el pez que se muerde la cola. Los productores no tienen suficiente agave para cumplir con sus pedidos y, al utilizar estas plantas más jóvenes, recrudecen la escasez de esta preciada planta. Los expertos aseguran que esta recogida temprana de la planta hará que la escasez sea aún peor en el año 2018, y continuará hasta al menos el año 2021, pues las nuevas plantaciones y estrategias tardarán años en dar sus frutos.

Los robos en las plantaciones

Es cierto que el principal culpable de la escasez de tequila es su propio éxito. El crecimiento de la demanda se ha convertido en un problema, pero no es el único al que se enfrentan los productores de esta popular bebida alcohólica.

La delincuencia organizada de México ha fijado el agave como uno de sus objetivos y, según el Consejo Regulador del Tequila, en 2017 se denunció el robo de 15.000 plantas, más del triple que en 2016. Los grupos criminales llegan a las plantaciones en mitad de la noche con camiones para robar el agave, explica el Consejo.

El fin del tequila se acerca y su propio éxito puede ser el culpable 3
El jugo del agave se destila tras siete u ocho años de crecimiento de la planta. | Foto: Tracie Cone/ AP

Sin embargo, aunque hablemos de robos, la culpa es en parte también del aumento del precio del agave, que lo convierte en un bien preciado para los ladrones, que no se fijaban en él antes de su escasez.

Aumenta la demanda de otras bebidas

El aumento de la demanda, la escasez de agave, el rápido aumento de su precio y los robos no solo están afectado a los productores, sino que también lo notarán pronto en su bolsillo los consumidores.

El precio del agave hace que el tequila tenga que venderse más caro, lo que implica una competencia más difícil con otros licores como el vodka o el whiskey que, según los expertos, serán más atrayentes para los consumidores cuando los comparen con el precio del tequila.

El fin del tequila se acerca y su propio éxito puede ser el culpable 1
El tequila está subiendo demasiado de precio para competir con otras bebidas alcohólicas. | Foto: Rick Bowmer/ AP

Sin embargo, el presidente de la Cámara Nacional de la Industria del Tequila, Luis Velasco, afirma que “no tiene sentido que el tequila sea una bebida barata porque el agave necesita una gran inversión”.

Por tanto, el futuro del tequila podría estar en convertirse en una bebida de lujo o, como apuntan los expertos, en la desaparición de algunas de las empresas de este gran mercado y una reducción de la producción de grandes empresas como Sauza o José Cuervo.

Continúa leyendo: David contra Goliat

David contra Goliat

Laura Fàbregas

Foto: ALVARO BARRIENTOS
AP Images / Archivo

En el documental de La Pelota Vasca: la piel contra la piedra, de Julio Medem, hay una afirmación de Arnaldo Otegi que ilustra hasta qué punto el pensamiento reaccionario es consubstancial al nacionalismo. El exlíder de la izquierda abertzale reivindica que los vascos son los “últimos índigenas de Europa” y confiesa que el día que en su tierra “se coma en hamburgueserías”, “se oiga música rock americana”, “todo el mundo vista ropa americana” y “esté en vez de contemplando los montes funcionando con internet”, será “un día tan aburrido que no merecerá la pena vivir”.

El nacionalismo siempre se ha opuesto al progreso, y ha ido en contra de la libertad de elegir de las personas. ¿Qué hay de malo en que la gente prefiera navegar por internet a ver los montes? Cuando hay libertad, hay gustos para todos. Algunos más mayoritarios y otros menos.

La historiadora Elvira Roca Barea ha publicado un ensayo, titulado Imperiofobia y leyenda negra (Siruela), que explica que los que más se han opuesto históricamente a la llegada de nuevas culturas han sido los pequeños líderes y las oligarquías territoriales dueñas de territorios feudales que veían en peligro su dominio cuando los imperios llegaban y derribaban fronteras.

El pensamiento dominante, no obstante, defiende a ese David pequeño y bueno, contra un supuesto Goliat grande y malo. Esto es así, explica Elvira Roca, porque la tendencia natural del ser humano es recluirse en lo propio y lo conocido. Abrirse a nuevas gentes, lenguas y funcionamientos es lo que merece un esfuerzo. En los imperios es donde se encuentran mayores niveles de libertad y de posibilidades. Precisamente por ser tan grandes se asume la crítica interna y la libertad de expresión. Solo hay que observar el nivel de autocrítica que impera en Estados Unidos.

Como pasa con las ideas de la Ilustración, los proyectos de integración son siempre más difíciles de tirar adelante que los de destrucción. Pero es un esfuerzo que merece la pena, porque son muchos los siglos en los que se impusieron la sangre, las guerras y la muerte.

Continúa leyendo: Oxfam, el negocio de la indignación

Oxfam, el negocio de la indignación

José Carlos Rodríguez

Foto: Andres Martinez Casares
Reuters

Somos tan ricos que nos indigna ver pobreza. Nos ofende. Y somos tan ciegos, que al contemplarla nos preguntamos ¿por qué? Cuando lo extraordinario, lo imprevisible, lo que desafía la condición del hombre, es la riqueza. Nosotros somos el fenómeno que crea admiración para quien sepa de historia algo más que unos capítulos de Cuéntame. Pero no. La sociedad opulenta mira la riqueza, heredada de generaciones anteriores y creada de nuevo día a día, con los ojos de un niño. Piensa que siempre ha estado ahí y no se plantea cómo ha legado la tarta que está a punto de tomar.

Hay organizaciones especialmente ciegas, excepto para su propio beneficio. Es el caso de Oxfam. Su modelo de negocio es sencillo. Nos dice que lo nuestro no nos pertenece, que lo que poseemos es la causa de que otros no tengan nada. Y que la desigualdad entre ricos y pobres sólo se solucionará si les entregamos a ellos lo que tenemos para que lo repartan a quien menos tienen. Nos dicen que somos indignos de vivir como lo hacemos, y nos ofrecen el consuelo de pagarles, a ellos, la cantidad de dinero en que valoremos nuestra mala conciencia.

La verdad es que el capitalismo ha llegado allá donde no hay un sátrapa como Nicolás Maduro o Kim Jon-un, y que éste ha hecho que la pobreza se desplome. En 1980 vivía en la pobreza extrema el 44 por ciento de la población mundial. En 2005 se había reducido a la mitad, y hoy estamos por debajo del 10 por ciento. Oxfam lucha, denodadamente, para que la producción y el comercio en libertad, aunque sea vigilada, para que lo que está haciendo de la pobreza un recuerdo para centenares de millones de personas, deje de existir. Y para eso publica unos informes con mentiras sonrojantes, que sólo una prensa adicta a las fake news puede tragarse sin empacho. Mienten para contribuir a que en este mundo se detenga el secular descenso de la verdadera pobreza en el mundo.

Su presidente, Juan Alberto Fuentes, ha sido detenido en una operación contra la corrupción en Guatemala. La organización acoge a personas que abusan de su influencia para organizar fiestas sexuales con menores. Pero la falta de ética ha sido la seña de identidad de Oxfam desde el principio, y por otros motivos.

Oxfam ha hecho de la indignación su negocio. Pero mi indignación es con ellos.

TOP