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¿Quién gana con la salud?

Joseba Louzao

Foto: PHIL NOBLE
Reuters

La medicina moderna es una de las seis killer-apps civilizatorias – lo que podríamos traducir por “seis aplicaciones demoledoras”- identificadas por el polémico Niall Ferguson en su obra Civilización. Occidente y el resto (Debate). Los desarrollos médicos y las mejoras sanitarias son una ardua conquista de siglos que jamás deberíamos tirar por la borda. No podemos entender quiénes somos ahora sin estos avances. Y es que los múltiples cambios vividos en el ámbito de la salud pública desde finales del siglo XIX han permitido que se duplicara la esperanza de vida humana y se transformara nuestra forma de mirar la realidad. En definitiva, la razón médica ha iluminado y revolucionado el mundo. De esta forma, hemos logrado que enfermedades especialmente mortíferas en el pasado hayan desaparecido y otras van camino de hacerlo en los próximos años. Eso sí, aún nos queda mucho camino por recorrer ya que las diferencias entre países, en muchas ocasiones, continúan siendo preocupantes. Si para algunos la clave es la búsqueda de la longevidad y del bienestar al coste que sea, en otros lugares del planeta se trata de un simple ejercicio de supervivencia.

La salud nos preocupa cada vez más y esto adquiere, económica y culturalmente, una gran trascendencia. El aumento del gasto sanitario en el mundo occidental durante las dos últimas décadas confirma una tendencia que, en una época de crisis y amplio malestar, se conjuga con los debates sobre política sanitaria en países como Estados Unidos, donde aún colea la polémica sobre el Obamacare y el interés de la administración Trump para destruirlo, o los diversos problemas de salud pública a los que nos estamos enfrentando en estos momentos en Europa. La Organización Mundial de la Salud ya nos ha alertado de una deriva peligrosa. Estamos asistiendo a un brote de sarampión en Rumanía y en Italia con un incremento de los casos en más de un 200% en el último año. No son los únicos países europeos que caminan hacia una posible epidemia, también han sido señalados otros como Alemania, Ucrania, Suiza o Polonia. Se trata de la penúltima muestra de cómo enfermedades que han estado a punto de ser erradicadas en el continente reaparecen con fuerza como consecuencia de la relajación de autoridades y de los ciudadanos.

Y en este contexto el movimiento crítico con las vacunas está ganando terreno y sus posiciones, que no suelen estar basadas en evidencia científica alguna, nos están poniendo en riesgo. Porque sus decisiones afectan al resto de una forma directa. No es extraño tropezar con estos discursos en los medios generalistas o con el apoyo de figuras mediáticas, como Jim Carrey o Alicia Silverstone. Sin ir más lejos, el propio Donald Trump se ha reunido con la cabeza visible del movimiento antivacunas a nivel internacional. Y es que son muchos los charlatanes que nos tratan de engatusar con demagogia y falsedades aprovechándose de la creciente ingenuidad escéptica. En Italia, el populista Beppe Grillo ha expresado en varias ocasiones sus dudas sobre la fiabilidad de las campañas de vacunación y ha criticado los perversos intereses de las empresas farmacéuticas. Lo de siempre: la mayoría no quiere ser señalado como antivacunas, pero su mensaje es idéntico al de estos grupos. Resulta imposible desvincular este avance de la mentalidad conspirativa que nos azota. Frente a los datos científicos, habitualmente complejos, se construye un relato asentado en la experiencia personal que termina por ser más convincente y simplista.

Pasamos demasiado tiempo preocupados por la crisis política que atravesamos en la Unión Europea y los embates populistas que sufren las democracias. Pero la progresiva desconfianza está terminando por afectar a la sanidad aunque, paradójicamente, los médicos sigan siendo los profesionales mejor valorados en nuestro país. Nuestras instituciones demoliberales tienen que buscar cómo mejorar su eficacia y credibilidad para ser más fuertes contra los riesgos sanitarios del porvenir. La salud democrática, permítanme la expresión, también se juega en el campo de la medicina.

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La víctima de “La manada” merece respeto

Melchor Miralles

Foto: J. Diges
EFE

Imagino a la joven víctima de “la manada”, cómo debe estar pasándolo durante el juicio contra los cinco hombres que abusaron de ella, la vejaron y la violaron, y encima ha de soportar escuchar sandeces y barbaridades como que si no tenía lesiones y arañazos es porque no se resistió, y que no debía estar muy traumatizada cuando desde que ocurrieron los hechos hasta la fecha, según el informe de unos detectives, salió a veces con amigos a tomar una cerveza o a alguna fiesta. Imagino a esta joven de 18 años, lo que estará viviendo, e imagino su voz, y en ella todo el dolor y la rabia concentrados.

¿Es que una mujer violada por cinco tipejos, no tiene derecho a seguir viviendo y a tratar de salir adelante? ¿En qué país vivimos? La imagino culta, ilustrada, y lúcida, pero no amnésica ni indiferente. Ella estaba tranquilamente sentada y cinco hombres que pretextaron acompañarla a su casa la metieron en un portal y le reventaron la vida, seguro. ¿Tiene encima que pedir perdón por algo? Para ella seguro que dese entonces los días son todo noche, y las noches pesadillas hasta que llega de nuevo el día. Y encima, ahora, cuando llega el juicio, la Justicia siempre tan tarde, soportar el escarnio, aguantar lo que está aguantando. Una Justicia que se precie ha de ser rápida, y ha de proteger a las víctimas, y la impresión que tengo en la distancia es que no está siendo así. Hemos leído los mensajes que se enviaban por whatsapp los criminales, presumiendo de su “hazaña”, me cuentan el contenido de las imágenes de video. Y encima algunos actúan como si la víctima debiera disculparse por algo. Qué asco, qué inmenso asco. Esta mujer merece un respeto que no se le está teniendo. ¡Qué asco! Le queda quizá a ella el consuelo, triste e injusto consuelo, de que, como escribió Marat, “el que ha sufrido algún mal puede olvidarlo, pero jamás el que lo ha causado”.

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Un hombre sin hogar consigue una plaza para estudiar en la Universidad de Cambridge

Redacción TO

Geoff Edwards tiene 52 años y lleva los últimos que recuerda viviendo en las calles de Cambridge. Después de años de aislamiento, ansiedad, depresión y falta de autoestima, ha logrado cambiar de vida. Edwards ha conseguido una plaza para estudiar Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge, una de las más prestigiosas del mundo. Lo hará en la escuela de Hughes Hall, la más antigua de Cambridge, destinada para adultos. “Ir a la Universidad de Cambridge era mi sueño. Estudiar algo que realmente amo. Todavía estoy haciéndome a la idea”, dijo Edwards a la publicación de su futura universidad, Cambridge News.

Edwards llegó a Cambridge desde Liverpool, su ciudad de origen, para trabajar como jornalero en el campo. Cuando se quedó sin empleo, se encontró en una ciudad que no era la suya, sin techo ni trabajo, y tuvo que comenzar a vivir en las calles de Cambridge. Allí pasó gran parte de su vida adulta. “Fui una persona sin hogar durante mucho tiempo. Después de eso, estaba aislado y con cuadros de ansiedad”, confiesa Edwards a Cambridge News.

Encontró consuelo en los libros

En sus momentos más oscuros, encontró consuelo en los libros, desde Jack Kerouac hasta William Burroughs. “Es una manera brillante de escapar”, dijo. Después comenzó a colaborar vendiendo la revista Big Issue, una publicación gestionada por personas sin hogar, en las calles de la ciudad inglesa. “Eso fue lo que me ayudó y me devolvió un poco de respeto por mí mismo”, explica.

“Ahí me di cuenta de que estaba atrapado y decidí que quería hacer algo distinto con mi vida. Pensé en cuál era la manera para conseguirlo y pensé que seguir estudiando era el camino correcto”.

Edwards quería conseguir las notas necesarias para estudiar Literatura en la Universidad, lo que siempre había sido su sueño. “Esto es lo que siempre quise hacer, pero nadie en mi familia había ido a la Universidad por lo que ni siquiera lo consideré en su momento”, dice. Dejó de estudiar muy pronto, por lo que tenía que hacer un curso de preparación de acceso.

“Estudiar me hizo sentir joven”

Por esa razón, decidió acudir a la jornada de puertas abiertas del Cambridge Regional College —un curso diseñado para adultos que quieren volver a estudiar y que prepara la entrada a la universidad—para averiguar si podía conseguir las calificaciones para entrar a estudiar en la universidad. “Me ayudó muchísimo. Siempre tenía alguien con hablar. Estaba muy preocupado por mi edad, pero estudiar me hizo sentir joven, además disfruté mucho mezclándome con gente joven”.

Y Edwards no solo consiguió terminar su curso de preparación, sino que lo hizo con tan altas calificaciones que ha sido premiado con un galardón al Mérito Académico, otorgado por el tribunal de acceso a la universidad y que recibirá en una ceremonia el próximo mes.

“No pensé en solicitar la entrada a Cambridge porque no pensé que la Universidad de Cambridge pudiera a admitir a alguien como yo. Pero mi tutor me animó a hacerlo. No me puedo creer lo que he conseguido. Es la primera cosa de la que estoy orgulloso en mi vida”.

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Aurora Nacarino-Brabo

Aurora Nacarino-Brabo analiza la posible influencia del procés de Cataluña en el arco parlamentario nacional de cara a unas futuras elecciones generales.

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Un experimento con gusanos nos sugiere por qué somos adictos al tabaco

Redacción TO

Foto: Eriko Sugita
Reuters

Los gusanos, igual que los seres humanos, pueden ser adictos a la nicotina. Y, como tal, padecen los síntomas de la abstinencia. Por esta razón, un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Michigan ha empleado gusanos –Caenorhabditis elegans– para comprender los mecanismos de la adicción. Las conclusiones son esperanzadoras.

A partir de un supuesto genético que los científicos han ignorado hasta hoy, el equipo de Shawn Xu ha determinado que unas pequeñas moléculas llamadas microRNAs son esenciales en la forma en que estos invertebrados desarrollan dependencia de la nicotina y reacciones de abstinencia.  El motivo de este olvido nunca fue voluntario: el equipo de Xu, a diferencia de otros equipos, no obvió un paso previo en el proceso de codificación genética.

Esta circunstancia les permitió advertir que había unos genes implicados en un proceso que, en último término, implicaba la producción de proteínas receptoras de nicotina, las microRNAs, que participan en la sintonización de la expresión génica. El resto de científicos había desestimado durante años que este mecanismo fuera importante en la creación de la dependencia. Sin embargo, Xu encontró que aquellas conclusiones se habían alcanzado con técnicas menos sofisticadas que las actuales, tal y como publica el portal especializado Futurity.

Un experimento con gusanos nos sugiere por qué somos adictos al tabaco
Un ejemplar de C. elegans, observado en un laboratorio. | Foto: Reuters

“Estamos viendo un vínculo evidente entre la nicotina, el microRNA, las proteínas receptoras y las reacciones de dependencia que provoca la nicotina”, dice Jianke Gong, compañero de Xu y uno de los autores del estudio.

El laboratorio de Xu demostró anteriormente que mamíferos y gusanos comparten respuestas conductuales derivadas del consumo de nicotina. Y no solo eso, sino que mamíferos y gusanos tienen genes comunes. Esto explica que las conclusiones obtenidas esta vez en gusanos puedan aplicarse a los mamíferos. Los gusanos serían, por tanto, un buen modelo genético sobre el que experimentar.

Xu confía en que este hallazgo sirva como impulso para replantearse el papel de las moléculas microRNA en la adicción de los mamíferos a la nicotina. “La gente creía que la cuestión estaba resuelta”, dice Xu. También deposita sus esperanzas en que sean útiles para comprender mejor los motivos de la dependencia y seguir, así, avanzando en la lucha contra el tabaco. Una adicción que en España mata a 60.000 personas cada año.

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