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Amar y odiar los gimnasios

Juan Francisco Gordo

Foto: Kim Hong-Ji
Reuters

Bajo un entrechocar de metales los atletas se preparan para librar la más justa de entre las justas, la de su propio rendimiento.

Personas concienciadas con el estado de su salud mental preparan sus cuerpos para soportar las lides del alma aprisionada bajo las doctrinas del cruel Platón. Liberan sus cadenas cual Daenerys y auscultan sus cuerpos con grandes espejos de pared, expertos como un Galeno preocupado por una fisiología salutífera.

Estoy en un gimnasio, un lugar creado para el goce estético y el dominio del imperativo categórico; no hay monitor que exija algo diferente de lo que pediría para sí mismo. Padres enfrentados al duro mantenimiento de sus retoños procrastinadotes natos —peonzas del ejercicio que rotan en busca de treguas y se ajan en el dominio del cansancio—, los supervisan regidos por los conceptos de justicia y amor.

El amor de un líder preocupado por el correcto desempeño del ideal comunista: «A cada uno según su condición», siempre con afán de superación y esas memeces que sólo sirven para los pusilánimes, de reivindicar la familia sana, feliz y competitiva que se muestra indiferente a los ánimos porque entienden qué es el trabajo.

He detectado que el espacio del gimnasio se divide siempre en dos salas —por lo común, pueden tener varias subdivisiones más—, la de fortalecimiento —musculación— y la de resistencia —eso que llaman «cardio»—.

En la sala de musculación no se admiten los totalitarismos. Las máquinas son de todos y para todos, todos ingresan su cuota mensual para disponer de ellas por necesidad y el compañero lo sabe. Los entrenamientos son mejores si son grupales, y cuantas más amistades forje uno, tanto mayor será el peso que mueva. La camaradería es la base del éxito.

Sin embargo, en las salas de cardio hay un referente, un líder, un guía más bien, que conduce a los demás al Olimpo del sudor y agotamiento sin escarnio y para solaz del público que sigue como va pudiendo las directrices del entrenamiento. Los ejercicios son tan variados y tan útiles que luego se pueden aplicar para superar los miedos más comunes como pueden ser huir de una bestia, enfrentarse a una banda a lo West Side Story o pedalear hasta la cima de una montaña a ritmo de Gangsta’s Paradise sin desfallecer.

Lo que se suele confundir con un espectáculo autoritario no es sino la cláusula por la que uno se pone en las manos de un experto que recomienda siempre, nunca obliga, a que se sigan sus pautas para alcanzar un Nirvana líquido, de mutuo acuerdo, por un civilizado discernimiento de la rectitud empresarial en el correcto desempeño de un oficio. Pues lo que se viene a realizar a un gimnasio es, ante todo, un trabajo, y está sujeto a los costes de tiempo y esfuerzo propios de cualquier producción.

El bienestar personal es el valor de uso final de este servicio a la dualidad de cuerpo y espíritu, por un bien común, por una sociedad sin clases.

Continúa leyendo: Scott Kelly, el hombre transformado que regresó tras 340 días en el espacio

Scott Kelly, el hombre transformado que regresó tras 340 días en el espacio

Jorge Raya Pons

Foto: Alfonso Monteserín
Penguin Random House

Es fascinante el interés que despiertan los astronautas: captan la atención de los héroes. Scott Kelly está en Madrid para presentar su libroResistencia (Debate)– en la Fundación Telefónica y la cola en la calle es inmensa: algunas personas llevan incluso chupas y accesorios variados de la NASA y parece más una convención intergaláctica que una conferencia literaria. Eso revela la dimensión del personaje.

Scott Kelly nació en un pequeño pueblo llamado Orange, en Nueva Jersey, y tiene el confuso aspecto de un hincha inglés: es bajo de estatura y tiene la piel rojiza y una prominente barriga. Sin embargo, este estadounidense ha orbitado la Tierra sin pisar el suelo y en compañía de nadie durante 340 días, lo que le convierte en el único hombre en conseguirlo de manera continuada. Habitualmente pensamos en las condiciones físicas que requiere un reto como este, pero ¿cómo se prepara a una persona para vivir en completa soledad y en el vacío durante tanto tiempo sin desmoronarse?

Kelly parece tener la situación bajo control, se siente cómodo ante la insistencia mediática. “Es un placer estar aquí con ustedes”, dice, a modo de presentación. “Es más, es un placer estar en cualquier lugar donde hay gravedad”. [¿Cuántas veces habrá empleado esta broma?]. Una de las preguntas obligadas al astronauta llega a las primeras de cambio: ¿sufres las secuelas físicas y psicológicas de volver del espacio? Kelly responde con una mueca, dice que todo está bien, que le gusta la Tierra, y mientras el público ríe, matiza que solo el tiempo determinará el impacto de la radiación en su organismo. El entrevistador le plantea, entonces, otra cuestión: ¿sigues disfrutando de los amaneceres y de los anocheceres en la Tierra, o son, para ti, nada más que una minucia? Kelly finge perplejidad y sonríe levemente: “Prefiero los anocheceres: falta más tiempo para despertarme”.

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Scott Kelly, posando en la Fundación Telefónica. | Foto: Alfonso Monteserín/Penguin Random House

Las respuestas de Kelly son siempre escuetas y apenas se alargan si la pregunta la plantea él mismo. Tiene un sentido del humor muy ácido y agudo, casi cínico, y una gran inteligencia. Hay una circunstancia que define con precisión su carácter, a menos que todo se trate de una escenificación. Cuando le piden que explique cómo fue la despedida con su mujer y sus hijos antes de introducirse en una nave que podía estallar con toneladas de combustible en su depósito, Kelly responde con frialdad: “No recuerdo demasiado de aquello, quizá con un ‘Hasta luego’”. Se escucha una breve carcajada de fondo y el entrevistador le recuerda que aquella misión era altamente peligrosa: su vida estaba en juego. Kelly le resta importancia y dice que asumir riesgos nunca fue un desafío para él: “Nunca tuve miedo al fracaso. Sé que no soy el mejor en nada, salvo en no rendirme nunca”.

“Necesitamos cuidar de este planeta porque no encontraremos un ambiente mejor en el que vivir”

La sala de conferencias está llena de niños y es reconfortante: no es extraño que mientras Kelly relata su aventura en el espacio, se escuche el susurro de unos niños sentados al final de la sala, un bebé reclamando la atención de su padre. Están presentes, también, algunos adolescentes probablemente entusiasmados por su historia y escuchando en silencio. Kelly fue un adolescente como ellos, rendido al romanticismo de viajar por el espacio, y cuenta cómo el descubrimiento de un libroThe Right Stuff, de Tom Wolfe–, que describe la formación de los primeros astronautas de la NASA, le condujo a la determinación de hacia dónde dirigirse. Hasta entonces fue un mal estudiante que invertía más tiempo observando el movimiento de las agujas del reloj que escuchando las lecciones de clase. Kelly le debe tanto a Wolfe que decidió llamarle desde el espacio para agradecerle que su vida nació de la inspiración de su libro.

Debido a esa revelación, Kelly descubrió la belleza de las grandes extensiones verdes del planeta, de la intensidad del azul en los océanos, del rojo violento de los desiertos. “La Tierra es increíblemente bonita desde el espacio”, asegura. “Pero también parece muy frágil”. Kelly lamenta la falta de compromiso de la Administración de Donald Trump hacia la conservación del medioambiente –el público responde con un aplauso– y sostiene una afirmación que preocupa: “Necesitamos cuidar de este planeta, debemos frenar su destrucción, porque no encontraremos un ambiente mejor en el que vivir”.

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Scott Kelly, durante la conferencia. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

El entrevistador, recogiendo el guante, le comenta que Trump –pese a todo– plantea un regreso temprano a la Luna. Kelly considera que el presidente no cumplirá con las condiciones de tiempo y dinero que requiere una misión tan importante: “No tengo esperanzas de que ocurra pronto”.

–¿Ni siquiera con proyectos como el de Elon Musk? –le replantea.

Entonces sonríe y mira al público, y dice que la primera vez que se anunció el lanzamiento de un cohete de SpaceX, pensó que Musk estaba loco. Sin embargo, tantos despegues y aterrizajes exitosos después, piensa que simplemente es ambicioso. “Y es bueno ser ambicioso”, añade.

–¿Volvería usted al espacio? –le pregunta el entrevistador.

–Sí –responde Kelly.

–¿Por un año? –insiste.

Kelly concede un par de segundos y responde con un rotundo “Sí” que acompaña con la cabeza.

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Por qué el Ministerio de Defensa quiere que adoptes un pingüino

Redacción TO

Foto: Mark Baker
Reuters/Archivo

En su afán y compromiso por salvaguardar la Antártida y el medio ambiente, el Ministerio de Defensa puso en marcha hace ya años una curiosa y original campaña de apadrinamiento de pingüinos. La de esta edición hace el número 31 y comenzó el 8 de enero y finalizará el 15 de Marzo.

Apadrinar un pingüino es muy sencillo, además de gratis, ya que se trata de rellenar un formulario que el personal de Defensa encargado de la campaña se ocupará de gestionar lo antes posible, aunque ante la avalancha de peticiones ya ha indicado que el proceso puede sufrir algún retraso.

En la ficha debes incluir el nombre que quieres que lleve tu pingüino. Defensa te enviará un diploma con tus datos y los de tu pingüino.

¿Qué supone apadrinar un pingüino?

Cuando uno cumplimenta el formulario está adquiriendo un compromiso personal de “cuidar el medio ambiente” en general. Es una manera, aseguran los responsables de la campaña, de garantizar que nuestros pingüinos apadrinados y sus crías puedan seguir viviendo en la Antártida.

En esta ocasión y como novedad respecto a las anteriores campañas, esta edición va acompañada por otra buena causa. El ‘RETO DE 5.000 pingüinos contra el Cáncer‘, cuya finalidad es recaudar fondos para la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), donde se podrán hacer fácilmente donaciones a esta asociación. “El 100% del dinero recaudado será entregado a dicha asociación”, asegura Defensa, quien anima a todos a colaborar.

Científicos y militares españoles en la Antártida

La pregunta es ¿qué tiene que ver el Ministerio de Defensa con los pingüinos? Lo cierto es que el origen de estas campañas está directamente relacionado con la presencia del Ejército de Tierra en la base española Gabriel de Castilla situada en la Isla Decepción, en el archipiélago de la Sethland del Sur, donde científicos y militares realizan diversas actividades en el marco de la Campaña Antártica.

Por qué el Ministerio de Defensa quiere que adoptes un pingüino
Investigadores del proyecto PINGUFOR estudianel comportamiento y fisiología de los pingüinos barbijos en relación con el cambio climático. Foto: Campaña Antártica ET / RRSS

Algo que ocurre desde 1988 en colaboración con el Ministerio de Educación y Ciencia y el Comité Polar Español. “Nuestra misión en la Antártida tiene como finalidad proporcionar apoyo logístico a la investigación científica en la base Gabriel de Castilla y realizar proyectos de investigación y experimentación de interés para el Ejército en las áreas de transmisiones, medio ambiente, sanidad, bromatología o vestuario y material de campamento”, explica el ministerio.

El Comité Científico para la Investigación en la Antártida, órgano en el que están representados 32 países, recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional 2002, como “reconocimiento al conjunto de la investigación científica en la Antártida, el único continente virgen, libre de tensiones políticas y económicas, y dedicado a la ciencia”.

La representación de España en el continente se encuentra en la base Gabriel de Castilla de la isla Decepción y, según Defensa, es “un símbolo de las capacidades de nuestras Fuerzas Armadas para desempeñar misiones a gran distancia, en condiciones climatológicas extremas, y en cooperación con otros sectores muy diversos de la sociedad como los investigadores científicos y universidades de toda España”.

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El quinto mandamiento

José Carlos Rodríguez

Foto: Alessandro Bianchi
Reuters

No sé si Francisco es capaz de realizar milagros, pero sí ha logrado obrar maravillas, como tenernos a los agnósticos rezando por su conversión. El Vicario de Cristo es un hombre muy mundano. Está apegado a esta tierra como el catoblepas; con un ojo mirando al frente y otro al suelo. Aquí abajo se manifiesta sobre las cuestiones que nos interesan a los pecadores. Cristina Kirchner buena, Mauricio Macri malo. Nicolás Maduro bueno, Sebastián Piñera malo. En este sentido, el de la comunicación, es un hombre eminentemente moderno. Contemporáneo. Digital. Atrás quedan las tortuosas sutilidades del escolasticismo. El pensamiento hashtag es lo que se lleva. Manes tuitero.

Los cascotes del materialismo forman parte de su dialéctica. El evangelio de Francisco es el nuevo Libro verde de Gadafi, el nuevo Libro rojo de Mao. Francisco es el nuevo líder moral de los no alineados. Y así aprendemos que el hombre ya no es el guardián de la Tierra, como ha defendido la Iglesia hasta Benedicto XVI, sino su devorador malvado e inconsciente. Y la libertad humana ya no está cerca de la verdad. La verdad de la doctrina social de Francisco es que la libertad de producir e intercambiar el fruto de ese esfuerzo es el camino hacia el mal.

Ahora sabemos que de las interioridades de la conciencia de Francisco sale el juicio moral según el cual los terroristas de Sendero Luminoso son mejores que las “monjas chismosas”. Será una broma. Cabe pensar que lo es. Cabe pensar que no lo es. Y que en su escalafón moral las bombas que sueltan las monjas cotillas son comparables a las del grupo terrorista, con sus 70.000 muertos.

El escándalo y el oxímoron han formado parte del mensaje cristiano desde su mismo profeta. Pero dejan de hacer gracia cuando la chanza se refiere al quinto mandamiento.

Continúa leyendo: La muerte de Óscar Pérez narrada en directo a través de Instagram

La muerte de Óscar Pérez narrada en directo a través de Instagram

Anna Carolina Maier

Foto: Stringer
Reuters

“El lunes 15 de enero ocurrió algo en nuestro país que quedará inscrito en la memoria de todos. Una masacre pública con un desmesurado uso de armas letales. La brutal exterminación de un grupo de venezolanos que optaron por una vía de rebelión, discutible, sin duda, pero dictada por una genuina preocupación ante la bota horrida de la dictadura”. Así lo explicaba el escritor Leonardo Padrón en un texto en el que evidencia la incredulidad por parte de la mayoría de los venezolanos a la autenticidad de este grupo rebelde. Incredulidad que ha sembrado durante 20 años el chavismo y el Gobierno de Nicolás Maduro.

Mientras el cuerpo de Óscar Pérez  descansa bajo tierra en El Cementerio del Este de Caracas, su imagen se ha revitalizado y ha tomado forma en una especie de ídolo post-mortem. Abundan sus fotos en las redes, así como los textos en los grupos de discusión, que tras su asesinato, lo han llegado a comparar con personajes históricos como “El Cid, que muerto, se hizo más vivo que nunca”, como dice el artículo de opinión del columnista Alfredo Salgado, que se volvió viral. 

Los venezolanos siguieron los detalles de la muerte de Óscar Pérez a través de las redes sociales y los medios digitales por donde se informan, en un país marcado por la censura a la prensa. El preludio a su ejecución -transmitida por él mismo en vivo mediante Instagram– conmocionó al país.

Pérez era piloto e inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), lo que correspondería en España a la Policía Científica. Fue por primera vez noticia cuando sobrevoló el 27 de junio de 2017 con un helicóptero robado el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y, supuestamente, disparó granadas sonoras contra esa sede de Gobierno y otra del Ministerio del Interior mostrando una pancarta en la que se leía el número 350 en grande. Hacía referencia al artículo constitucional que llama a la desobediencia civil, en medio de las protestas contra Maduro -las manifestaciones masivas más constantes registradas en América– que el año pasado dejaron al menos 150 muertos, la mayoría jóvenes entre 17 y 30 años.

Óscar tenía 36 años de edad y estaba casado con Danahis Vivas​, con quien tuvo tres hijos: Sebastián, Santiago y Dereck, que residen con su abuela desde 2017 en México por razones de seguridad. Hace poco tiempo se dio a conocer que perteneció a la filosofía masónica. Uno de sus hermanos, Edgar Alexander Velásquez Pérez, fue asesinado en un asalto en Venezuela, una de las razones que impulsó al joven policía rebelarse en contra de las injusticias de su país. En sus primeros discursos difundidos por Youtube, insistía en que lucharía por sacar al país de la crisis, donde se registra la inflación más alta del mundo -que cerró el año pasado en un 2.000%-; la violencia ciudadana anualmente se cobra la vida de más de 27 mil personas; y la escasez de medicinas y el hambre mata a cientos de personas, muchos de ellos niños.

La muerte narrada en redes sociales

La escena del 15 de enero recordaría una película de acción como la que transmite la televisión en horario estelar. Como en cualquier filme, hay tomas de interiores y exteriores.  A través de un vídeo filtrado por los agentes policiales, se pudo ver cómo los funcionarios que participaron en el operativo dispararon un lanza cohetes contra el pequeño chalet -que parecía abandonado- en donde se encontraba Pérez junto a otros seis compañeros, protagonistas de su rebelión.

La muerte narrada en directo de Óscar Pérez a través de Instagram

El grupo se escondía en El Junquito -una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital-. El Gobierno llevaba siete meses buscándolos. Como en otros momentos de su fama mediática en las redes, Pérez usó su teléfono para documentar lo que ocurría. Narró -entre disparos- lo que sucedía e hizo un llamamiento a los venezolanos a “tomar las calles”. Se trataba, además, de la primera inminente ejecución política narrada en vídeo por la persona sitiada. La última transmisión la publicó a las 11:00am. El silencio después de esto dio a entender que los habían matado.

En los vídeos de las horas previas a su muerte, Óscar Pérez explicaba: “Aquí nos encontramos en la carretera nueva de El Junquito… Estamos negociando, no queremos hacer frente a funcionarios… Somos patriotas, nacionalistas, venimos con toda nuestra convicción. Para los que tuvieron dudas, aquí estamos peleando. Estamos agazapados pero ya estamos negociando. Venezuela vamos a seguir, en nombre de Dios, de Jesucristo”.

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El grupo se escondía en El Junquito, una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital. | Foto: Marco Bello / Reuters

Pérez insistía en que el grupo había bajado las armas e estaba intentando llegar a un acuerdo, pero las fuerzas del Estado continuaron con la arremetida. En otro de los vídeos se escuchó a uno de los agentes del Gobierno responderle a Pérez con tono amenazante: “Usted va ha hacer historia con este procedimiento ¿oyó?”.

En el epílogo de la ejecución, algunos abogados penalistas analizaron las circunstancias del operativo oficial y afirmaron que de terminar en muerte, se trataría de un crimen de guerra. Según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, se establece este delito, entre otras cosas, como “causar la muerte o lesiones a un combatiente que haya depuesto las armas o que, al no tener medios para defenderse, se haya rendido a discreción”.

Las ejecuciones extrajudiciales son una práctica constante y permanente de las fuerzas de seguridad del Estado para combatir a sospechosos delincuentes en operativos policiales, conocidos como OLP ( siglas de Operación de Liberación del Pueblo). La fiscal general de la República en el exilio, Luisa Ortega Díaz, denunció ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya a Maduro por los crímenes de lesa humanidad cometidos por funcionarios del Gobierno en estas operaciones. En noviembre del año pasado, ya contaba más de 500 acciones de este tipo. Pérez logró que un procedimiento de estos quedará documentado y registrado. 

“Nos están disparando con RPG (granada propulsada por un cohete), granadas, lanza granadas, dijimos que nos queremos entregar pero no dejan que nos entreguen, nos quieren asesinar”; “No disparen, aquí hay civiles, hay mujeres y niños”, son algunas de las frases que se escucharon en vivo por parte de Pérez. Había civiles y niños, como lo advirtió. Lisbeth Andreina Ramírez Mantilla, de 30 años, resultó abatida. Estaba embarazada. Se encontraba con el grupo subversivo porque se había sumado a la causa de su novio que pertenecía al equipo del inspector rebelado.

“Alfredo, soy yo, Andreína… aquí nos agarraron con Jairo… Los amo, los amo mucho; dile a mami que me perdone y a mi papá que me perdone por todo. Los amo, perdónenme por favor”, dijo en un mensaje de 13 segundos que envió a su hermano por Whatsapp poco antes de morir, que también se volvió viral.

Licencia para matar 

La confirmación oficial de la muerte de Pérez y de sus compañeros por parte del Gobierno tardó más de 24 horas. Lo que sí se supo casi de inmediato fue que en el operativo habían caído dos funcionarios al servicio del Estado. El presidente Nicolás Maduro dió su Memoria y Cuenta -ante la Asamblea Nacional Constituyente– el mismo día de los acontecimientos.

El mandatario venezolano felicitó a los agentes de seguridad del Estado por cumplir la orden que había dado tan solo 17 días antes y desmantelar lo que calificó como un “grupo terrorista que había amenazado al país”.  El 17 de enero, había dicho que cuando encontraran a Pérez, “plomo con él”. También acotó que, durante el operativo, dos hombres pertenecientes a la Policía Nacional Bolivariana (PNB) murieron con “tiros en la cabeza”.

Para añadir a esta trágica realidad un nuevo elemento más propio de Hollywood, es que entre los policías del Gobierno había delincuentes de renombre. De hecho, uno de los muertos mencionados por Maduro pertenecía a una de las bandas paramilitares más peligrosas del país.

Se trataba de Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera, miembro del colectivo Tres Raíces de la parroquia 23 de enero de Caracas, que fue enterrado el martes 16 por un grupo de efectivos de Fuerzas Especiales (FAES) de la PNB, con armas largas, pasamontañas y uniformados de negro en el mismo cementerio donde está enterrado el cuerpo de Pérez.

La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram 2
Entierro del colectivo Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera. | Foto: redes sociales

Desde hace tiempo que los colectivos armados forman parte del escenario político. Son militantes del partido gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En tiempos del presidente fallecido Hugo Chávez, fueron fundados como organizaciones comunitarias a favor del Gobierno. Según los expertos que estudian su conformación, son civiles con entrenamiento policial, armados por las autoridades para amedrentar a los opositores y evitar alzamientos populares. Controlan varios territorios del país y, en muchas ocasiones, se financian con actos delictivos como la extorsión, el secuestro, el contrabando en el mercado negro de alimentos regulados y el narcotráfico. El Gobierno permite sus actividades a cambio de lealtad y defensa.

“Heyker ha caído en combate, como caen los revolucionarios de todos los días, los revolucionarios de siempre, los que son capaces más allá del discurso de arriesgar la vida por las ideas, y en esta oportunidad por el legado del comandante Hugo Chávez (…) Así es la guerra, compatriotas. En la guerra o se triunfa o se muere”. Fueron las palabras del ministro de Agricultura Urbana, Freddy Bernal, el lunes 15 de enero en otro audio difundido por Whatsapp.

El caso del miembro del colectivo, quien tiene un expediente en la Fiscalía por cinco homicidios y una extorsión, fue confuso debido a que el hombre tenía dos identidades. Mientras los miembros del colectivo en el entierro despedían a “Heyker”, los agentes de seguridad hablaban de él como el supervisor jefe de la Policía Nacional Bolivariana, Adriun Domingo Ugarte Ferrera, como también era identificado el difunto paramilitar.

Además, en la lista de heridos y muertos del parte policial sobre la actuación de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), que partició en el operativo de El Junquito -difundido la noche del 15 de enero-, se menciona a dos agentes muertos en el “enfrentamiento con grupo subversivo”: Domingo Ugarte (sin cédula de identidad) y Nelson Antonio Chirino Cruz. No aparece el nombre de Heyker Vásquez.

Una impactante foto filtrada por trabajadores de la morgue del cuerpo de Heyker muerto tiene valor noticioso. Muestra una herida que, según los expertos, es producto de un impacto a larga distancia por la espalda, muy probablemente por un francotirador, justo en el punto vulnerable dejado por el chaleco antibalas. Un impacto difícil de lograr desde la casa donde estaban los sitiados.

Pérez y el cine

Óscar Pérez, además de ser técnico aeronáutico y segundo a cargo de la División de Apoyo Aéreo de la policía científica, no limitó su vida a combatir la delincuencia o a intentar buscar la justicia. Llegó a incursionar en el cine. Protagonizó en 2015 el filme Muerte Suspendida, del cual también fue co-productor. En aquel año, explicaba al diario Panorama: “Soy piloto de helicóptero, buzo de combate y paracaidista libre. También soy padre, compañero y actor porque Oscar Rivas me lo propuso… Soy un hombre que sale a la calle sin saber si va a volver a la casa… porque la muerte forma parte de la evolución”. Pérez parecía ser consciente de su destino.

En aquél momento, decía que la cinta buscaba “demostrar la capacidad que tiene la institución a la hora de emprender una investigación que termine con la desarticulación de grupos criminales. Somos la institución policial del país con más detenidos y procedimientos, también queremos decirles que contamos con las herramientas y el conocimiento para evitar el delito. Los caminos de los delincuentes son muy marcados: la cárcel y morir en un enfrentamiento”. La película de bajo presupuesto contó con el apoyo del cuerpo policial Cicipc.

De hecho, su pasado como actor fue una de las cosas que sembró dudas sobre la autenticidad de su rebelión. Cuando Pérez hizo su primera aparición en contra del Gobierno y de la indolencia de los dirigentes, muchos justificaron su incredulidad en el interés que podía tener Pérez en ser un personaje famoso. También, en su momento, estos comentarios invadieron las redes sociales. Lo llamaron incluso farsante. Otros, consideraban que se trataba de una ‘bomba de humo’ para desviar la atención de las protestas opositoras o un doble agente para hacer quedar mal a la oposición por mostrarse armado. 

“Ni siquiera con el rostro salpicado de sangre por las esquirlas de una granada la gente le creía. Ni siquiera a minutos de ser asesinado grabando un mensaje de despedida para sus hijos. Se hacían chistes sobre su pelo decolorado. Se ironizaba sobre la satisfactoria señal de internet que tenía para colgar sus mensajes en las redes. Se hablaba de show, de circo, de trapo rojo y pote de humo. Ni siquiera muerto se le creía muerto. Se necesitaba ver el cadáver. Incluso ya con la siniestra estampa de su cuerpo derrumbado sobre su propia muerte y la de sus compañeros de faena, también se especulaba, se tejían hipótesis rocambolescas. Porque todo parecía rocambolesco. Pero ya, con su cadáver en la morgue, finalmente todos le creen a Oscar Pérez”, diría Leonardo Padrón en la misma reflexión citada al comienzo del artículo.

Un vía crucis para llegar a camposanto

Seis de los siete muertos en el operativo contra Óscar Pérez y su grupo fallecieron por disparos en la cabeza, según las actas de defunción publicadas por la prensa, filtradas desde la morgue. Las organizaciones de derechos humanos alertan de posibles “ejecuciones extrajudiciales”, aunque el Gobierno sostiene que militares y policías respondieron a fuego enemigo.

Las familias de Óscar Pérez y de los otros seis rebeldes, llevaban toda la semana en las puertas de la morgue reclamando que les entregaran los cuerpos de los fallecidos. Por un momento, esta exigencia pareció una utopía -como la de Óscar de “librar al país de la dictadura”- cuando trascendió que los iban a incinerar sin consentimiento para ocultar posibles pruebas judiciales. Llevar los cuerpos al cementerio también fue un vía crucis. La Guardia Nacional bloqueó la entrada de los camposantos para los siete entierros.

Los restos de Abraham Agostini y José Díaz Pimentel fueron sepultados el sábado en el mismo lugar donde un día después iría a parar Pérez, en un entierro que las familias no habían autorizado y con la única presencia permitida de sus parientes más próximos. Las fotos en las que se ve la  llegada de más ciudadanos son de horas más tarde cuando ya los restos estaban bajo tierra y sellados, según periodistas en el lugar.

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La Policía Nacional Bolivariana impide el acceso a la morgue de Bello Monte en Caracas. | Foto: Marco Bello /Reuters
La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram
Civiles visitan la tumba de Óscar Pérez. | Foto: Marco Bello / Reuters

En el caso de Díaz Pimentel, la historia tiene además otra arista. Su mujer, Dayana Santana de Pimentel, se enteró de la muerte de su esposo desde la sede la prisión de la policía política (Helicoide) donde lleva recluida más de seis meses. El Estado la mantuvo como rehén -ya que no ha habido procedimiento judicial- para fozar la entrega de su marido y compañeros. Según algunos periodistas, las autoridades han sostenido que no la liberarían hasta que él apareciera “vivo o muerto”. Y muerto está. Dayana sigue presa.

Los cadáveres de las otras cuatro personas asesinadas -el periodista Daniel Soto, los militares hermanos Abraham y Jairo Lugo y la novia de este último, la enfermera Lisbeth Ramírez-, fueron trasladados a sus estados de origen en un avión militar para ser allí sepultados . Los parientes de Ramírez esperaron durante horas en un cementerio para descubrir finalmente que el cuerpo de la enfermera embarazada había llegado a otro camposanto en el que fue enterrada de noche. 

“Dios con nosotros y Jesucristo me acompaña. Dereck, Santiago, Sebastián, los amo con todo mi corazón, hijos. Espero volverlos a ver”, dijo Óscar Pérez en uno de sus últimos mensajes antes de que dejara de transmitir su muerte en directo a través de Instagram.

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Tumba de Óscar Pérez en el Cementerio del Este. | Foto: Marco Bello / Reuters

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