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Barcelona era una fiesta

Laura Fàbregas

La Diada es una expresión depuradísima del espíritu español. Cuando estudiaba Ciencias Políticas, me explicaron que el tipo de movilización política más frecuente en España eran las grandes manifestaciones, esas que suelen culminar con un aperitivo. En los países vecinos, en cambio, son más habituales los mecanismos que exigen de una mayor implicación: asambleas, foros, debates… Vamos, ¡un coñazo racional frente a las emocionantes Diadas!

Este fenómeno typical spanish no conlleva más compromiso que el de asistir a una fiesta con música, disfraces y mucho sentimiento. Un desfile de banderas y uniformes casi pornográfico. Y pese a todo, hay en ello un indicio de progreso: después de todo, manifestarse contra Franco era mucho más arriesgado, de ahí que nadie sepa todavía dónde estaban Artur Mas y muchos de los nuevos indepes en ese momento…  La Diada es una celebración en el marco del Estado de Derecho que es España, la libertad de expresión está garantizada y ni los grises ni los tanques saldrán a la calle.

 

En esta orgía lúdica brilla por su ausencia la adscripción meditada a una ideología o ideas políticas. Se trata, en definitiva, de una expiación colectiva: “Soy catalán y debo cumplir con el deber anual de asistir a la Diada”. Pero que nadie pida más. ¿Que cómo se consigue la independencia? Bah, lo que importa es la fiesta y quién la tiene más larga. La mani, claro. Algo, sin duda, españolísimo.

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Salir de uno mismo (también en política)

David Blázquez

La política –liberal, conservadora o progresista – ha tenido siempre como uno de sus atributos más nobles la capacidad de abrir el horizonte de los ciudadanos, llevándolos de lo particular a lo común. Los partidos necesitaban dar con elementos compartidos y llegar a acuerdos para definir objetivos y estrategias compartidas. Fuera por convencimiento o necesidad electoral, los políticos se veían obligados a reflexionar y hablar del “bien común”.

Los avances tecnológicos permiten hoy rastrear cada vez con mayor éxito nuestras huellas digitales, consintiendo a los equipos de campaña de los partidos políticos (con la ayuda de empresas como Cambridge Analytica) identificar con precisión quirúrgica nuestros desvelos y preocupaciones. La inagotable información acerca de las preferencias de los potenciales votantes de la que disponen los partidos ha ido transformando el discurso político: ya no se trata de convencerte de algo distinto de lo que piensas, sino de reforzar tu convencimiento acerca de lo que ya saben que te preocupa, de manera que termines “comprando” el proyecto que responda con más precisión a tu “necesidad”.

Empujados por los datos, los partidos han ido mutando su estructura, pasando de ser plataformas en las que confluían diversidades que tenían que persuadir y ser persuadidas para converger, hasta convertirse en agrupaciones de particularidades cada vez más polarizadas y amalgamadas por un único cemento común: el sentimiento de agravio. Lo importante no es lograr que te identifiques con un proyecto potencialmente interesante para otros, sino que encuentres un rincón para tu insatisfacción y alguien contra quien gritarla. La tendencia introspectiva e individualizadora de las campañas y de los partidos aglutinadores de “movimientos”, encuentra un terreno fértil en sociedades como la nuestra en las que la propia identidad está cada vez más definida por la interacción con otros en términos de autorreferencialidad. Todo esto suena a la enésima vuelta a la tuerca del individualismo del que hablaba Tocqueville en 1840, ese pecado democrático que “elimina la fuente de las virtudes públicas y termina, a la larga, por destruir el resto de virtudes y desembocar en el egoísmo”. Mark Lilla lo ha llamado “el modelo Facebook de personalidad”: el otro es importante no porque me saque de mí mismo y amplíe mi horizonte –esa debería ser la función primordial de la amistad y la política–, sino porque, like tras like, refuerza mi personalidad en los términos en que yo la imagino y la presento en mi muro.

En un momento en que todo parece empujarnos hacia nosotros mismos, urgen iniciativas sociales y políticas que compensen la fuerza centrípeta de la tecnología, recuperando la pasión por encontrar lo que nos une y favoreciendo el encuentro con quien piensa y siente diferente.

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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¿Cómo logró escapar Antonio Ledezma de Venezuela?

Anna Carolina Maier

Foto: Anna Carolina Maier
The Objective

Entre Caracas y Cúcuta hay 679,09 km en línea recta, según Google Maps. Para el dirigente político de la oposición venezolana, Antonio Ledezma, fueron “1.200 kilómetros de día y de noche en los que no solamente pensaba en mi pellejo” sino también en su país, el que dejaba atrás. Comenta que pensaba a menudo en que si el Gobierno de Nicolás Maduro lo agarraba en el trayecto de la fuga, lo exhibiría “como un trofeo para desmoralizar a la oposición”. Pero esta vez Maduro no lo logró. Ledezma aporta su relato.

El 19 de febrero de 2015, el alcalde de Caracas, Ledezma, fue detenido por una comisión del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN). Más de 100 agentes de la polícia política encapuchados, con las armas enfundadas y sin orden de detención, entraron en las oficinas privadas del dirigente y se lo llevaron. El pasado 17 de noviembre, 1.002 días más tarde, se dio a conocer a los medios que el dirigente opositor al Gobierno de Maduro estaba en Colombia tras haberse dado a la fuga.

Antonio Ledezma logró burlar los férreos controles a los que estuvo sometido durante su arresto domiciliario desde febrero de 2016, cuando le dictaron la medida de casa por cárcel, haciendo creer a sus vigilantes que se encontraba enfermo. Así consiguió que un día le dejaran de sacar la foto que diariamente le hacían como ‘fe de vida’ para los que él llama sus “secuestradores”: el Gobierno de Nicolás Maduro. Ese día, como él dice, “me la jugué”.

“Estudiamos los hábitos de los funcionarios y cuál era el momento más adecuado”. Confiesa que todo el tiempo que estuvo en su piso recluido, aplicó el “principio mandeliano” de: “No te líes con tus custodios”, lo que lo ayudó a establecer relaciones cordiales que luego facilitarían el análisis de las actitudes de los guardias. “A mi me hacían una fotografía todos los días en la que tenía que mostrar el periódico del día. Logramos, en estos últimos 15 días, que se bajara un poco la guardia diciéndoles que me sentía mal, que no podía dormir (…)”.

Relata que llevó adelante una estrategia evaluando cómo vestirse y lucir para hacer creer a la policía política que se encontraba muy enfermo. Dejó de arreglarse y de peinarse, hasta que logró evitar que le tomaran la fotografía correspondiente. El jueves a las 8:00am escapó. “Me la jugué para que no se repitiera la fotografía y fue cuando salimos a las primeras horas de la mañana”.

Añade que calcularon el tiempo que tardaba la unidad del SEBIN en hacer su cambio de guardia. A partir de allí, “lo que vivimos fueron 29 alcabalas (controles de la Guardia Nacional y de la Policía Nacional), además de otros puestos de vigilancia”.

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El dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera y el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana acompañaron a Ledezma en la rueda de prensa de este lunes en Madrid. | Foto: Paul Hannah | Reuters

Reconoce que hubo colaboración de un equipo militar que se arriesgó a ayudarlo en su huida, “que no tiene nada que ver con colaboradores cercanos de Caracas”.

“Nicolás Maduro sabe que para poder pasar 29 alcabalas tuvo que haber colaboración de efectivos militares que hoy en día sienten vergüenza de lo que ocurre con la Fuerza Armada Nacional”, explica.

Los últimos 14 metros para llegar a la frontera con Cúcuta (Colombia) fueron los más tensos. Una señora que estaba en la cola de inmigración lo reconoció a pesar de que él llevaba un suéter y una gorra para disimular su apariencia. Ella le gritó emocionada: “Ledezma”, justo frente al guardia del último control en la frontera donde revisan las maletas.

“El guardia me reconoció, me hizo un guiño con el ojo y me dijo: ‘Siga adelante’”. “Quedan 14 metros”, fue la última frase que escuchó Ledezma antes de cruzar. Para el político, esos 14 metros parecieron 14 kilómetros.

Como documentación, Ledezma llevaba un carnet falso de inmigración colombiano con la foto de un hombre con rasgos similares. Al presentarlo al funcionario de la aduana del país vecino, este le respondió: “No hace falta”. Le dio una bandera de Venezuela y le dijo: “Usted es hombre libre; está en territorio colombiano”.

La escapada de Ledezma ha traído algunas consecuencias. Entre ellas, el allanamiento de algunos pisos del edificio donde vivía, así como la detención de varias personas com Ignacio Benítez, presidente de la junta de la comunidad de su edificio, quien está retenido en el Helicoide (sede del SEBIN en Caracas) y permanece incomunicado. También están detenidos el vigilante externo de la residencia, Jairo Atencia; Nelson Teixera, dueño de la empresa que presta el servicio de cámaras de seguridad de las residencias; Elizabeth Cardenas, exjefa de protocolo de la Alcaldía Metropolitana de Caracas (AMC); Carlos Luna, exjefe de protocolo de la AMC; y Carmen Catalina Andarcia, directora de administración de la AMC.

El dirigente venezolano ha aprovechado la rueda de prensa que ha dado en Madrid este lunes para denunciar estos casos. También ha prometido que trabajará desde el exilio para sacar a Venezuela de la crisis en la que está inmersa.

Sobre su situación legal ha dicho a los medios que no ha pedido asilo y que está estudiando con el Gobierno español la figura que le permitirá “actuar desde España y moverse por todo el mundo para denunciar la narcodictadura” y la situación de los 380 presos políticos que hay según el Foro Penal venezolano.

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Silvia Cruz Lapeña, un relato desde el flamenco

Anna Maria Iglesia

Foto: Alberto Gamazo

Silvia Cruz LaPeña es una periodista de raza. Fiel y honesta con sus principios. Especialista en flamenco, Cruz LaPeña no es una mera reseñista: sus artículos y reportajes son textos, a veces incómodos, en los que ella analiza y descubre el mundo del flamenco, construyendo un relato que no se acomoda a los tópicos. Crónica Jonda (Libros del K.O) es también un relato incómodo, es también un relato que desmonta tópicos, un relato aparentemente autobiográfico a través del cual Cruz LaPeña destripa el presente social, político y, también, emocional. El presente de Crónica Jonda es el resultado de un pasado que no ha acaba de morir, que está ahí y cuyos frutos recogemos ahora.

Crónica Jonda comienza con la muerte de Paco de Lucía, que, a través de las palabras de Miguel Mora, se convierte en símbolo de un tiempo que se acaba.

Sí, y por esto está muy marcado el hecho de que yo me entero de la muerte de Paco de Lucía cuando estoy terminado el epílogo de la biografía de Camarón. Es un gesto casi epifánico: termino el epílogo y, por tanto, en cierta manera vuelvo a enterrar al gitano, que era Camarón, y me entero que se ha muerto el payo, Paco de Lucía. Y, sí, cuando Miguel Mora habla de la España aniquilada, yo la veo representada.

El gitano y el payo, el norte y el sur, lo exterior y lo interior… ¿tu libro es un juego de dualidades imposibles de separar?

Sí, está todo imbricado, porque la realidad es así. Este libro es un viaje, que yo empiezo cabreada, pero no puedo decirte en qué página dejo de estarlo, porque todo está mezclado, los opuestos se tocan y se confunden. En el fondo del libro está la idea de un todo, algo caótico, un todo donde es imposible determinar dónde empieza la otra. Es un libro que empiezo a escribir cuando todo parece haberse desquebrajado, cuando estaba naciendo con mucha fuerza Podemos y nos preguntábamos qué iba a pasar; ahora, seguimos, en parte, igual, no sabemos qué va a pasar, ni con Podemos ni con ningún otro partido. Por esto, cito a Faulkner.

Narras un tiempo que agoniza…

Sí, un tiempo que, además, se estira y no se acaba. Hablo de un tiempo que tiene mucho que ver con el flamenco, con esa voluntad de querer conservar el pasado, de no dejar que llegue lo nuevo. Por esto digo que, para no ser la música de España, el flamenco se le parece mucho. Como el flamenco, también el tiempo que estamos viviendo ahora es un tiempo suspendido, no sabemos qué va a pasar y, personalmente, tengo la sensación de que cada día empieza todo de nuevo.

No sólo dices que el flamenco se parece mucho a España, sino que es machista como España. ¿El flamenco es la lente desde donde miras tu entorno?

Sí, en cierto modo y, de hecho, en este libro el flamenco no es una excusa, como algunos me han dicho, sino que es la clave de lectura de muchas cosas y, al mismo tiempo, es mi abrigo, porque es el flamenco es el lugar donde me refugio. El flamenco es un microcosmos y en él veo conductas que, luego, veo también en otros ambientes, entre los periodistas, los carniceros o los taxistas.

El flamenco y, sobre todo, el mundo flamenco está muy connotado, pero, desde fuera, ¿lo miramos y lo juzgamos con demasiados prejuicios?

Hay muchos prejuicios en relación al flamenco, unos prejuicios que vienen de hace tiempo. Es cierto que el franquismo se apropió del flamenco y se lo usó como forma de propaganda de la cultura española, pero no fue el único arte a ser usado. Esto, sin embargo, ha hecho que, todavía hoy, haya quien conserva la idea de que el flamenco mantiene unos lazos con el franquismo cuando no es así.

Además, el flamenco es considerado como “lo español”, en un momento donde “lo español”, sobre todo en lugar como Cataluña, cuesta mucho de aceptar. Y, por último, para empeorar las cosas, se le tacha de machista y, en parte, es cierto, pero el flamenco no es más machista que la sociedad en el que está inmerso, es decir, la sociedad española.

Lo que quisiera es poner un punto y final a estas asociaciones, porque de flamenco he visto mucho y lo he visto en países como Francia e Inglaterra. Por tanto, ¿el flamenco es “lo español”? Sí, pero no. Lo que sucede es que falla el relato y creo que, en gran medida, de esto es responsable el propio mundo flamenco y, también, aquellos que lo narramos. Creo que tendríamos que hacer el esfuerzo de hablar de flamenco sin hablar de lunares, sin caer en los tópicos.

¿En qué sentido se ha explicado o se explica mal el flamenco?

El relato que se ha hecho hasta ahora del flamenco es la del tío guapo, alto, moreno y con pinta de torero y la mujer guapa, espectacular, con vestido de lunares. Se cuenta que, en el mundo flamenco, él manda y ella renuncia a todo y, en parte, es cierto, solo que, como te decía antes, el machismo del flamenco no es otra cosa que el reflejo del machismo de la sociedad en que se enclava.

El flamenco es mucho más, solo que todavía es un mundo muy circunscrito; ten en cuenta que muchos conservatorios no admiten los estudios de flamenco porque piensan que es cosa de cuatro gitanos que bailan en su casa. Esto hace que se desconozca el flamenco más allá de los tópicos, más allá del “lerele” y de los topos. Por esto, hablo del relato y de nuestra responsabilidad, porque es cierto que, sobre todo los medios no especializados, todavía te piden que si escribes de flamenco les hables de lunares, de sangre y de pasión, pero es precisamente esto lo que tenemos que evitar, porque el flamenco de hoy no es esto o no es solo esto. Hay espectáculos de flamenco muy fríos, donde no hay ni sangre ni pasión. O, por ejemplo, ver bailar a Rocío Molina es asistir a una clase magistral de danza contemporánea y de flamencos. Es una mujer que no utiliza ni lunares ni peinetas, pero es flamenco.

¿Ha habido clasismo en la percepción del flamenco?

Sí y no. Por una parte, no en cuanto, casi desde sus inicios el flamenco ha vivido gracias al apoyo de la gente adinerada; de hecho, muchos artistas flamencos han vivido de bailar a señoritos y a gente adinerada. Además, lo curioso es que, actualmente, muchas veces quien rechaza el flamenco es gente que, por cultura o por contexto, está muy cerca de él; sin embargo, hoy muchos lo rechazan por ser algo popular, algo folklorico…e, incluso, algunos no rechazan por no ser un arte elevado, si bien no hay que olvidar que hoy en día el flamenco está en todos los teatros del mundo.

Por otra parte, sí, hay clasismo: el rechazo al flamenco tiene mucho de clasismo y de racismo, que, paradójicamente, no solo viene del mundo payo.  En el mundo gitano también hay racismo, el de los gitanos y, lo que es más curioso, el de los gitanistas hacia los payos. Los gitanistas, que muchas veces no son gitanos, son unos puristas, son aquellos que dicen que el flamenco solo puede ser puro y que todo lo demás no es flamenco.

Ahora que hablas de los gitanistas, pienso en tu análisis de la música de Miguel Poveda, cuyo flamenco se ha “modificado” en cuanto él ha cedido, en parte, al gusto, tentado por las ventas o el gran público. ¿Poveda, como tantos otros, representa un flamenco adulterado, ese flamenco que nos llega y que consume la gran mayoría?

Yo diría edulcorada. Me voy a remitir, además porque enlaza con la cuestión del clasismo, a lo que dice Luis Cabrera, del Taller de Músics: el flamenco gusta si no te araña. No gusta el flamenco duro. Y lo que yo digo de Poveda es algo que se ve mucho en programas como La Voz u Operación Triunfo: se flamenquea mucho, se hace mucho “lerele” y mucho “olé”, pero eso no es hacer flamenco, por mucho que quien lo haga esté relacionado familiar o culturalmente con el flamenco.

Hay muchos que piensan que Malú es flamenca o que Rosario Flores hace flamenco, cuando no lo ha hecho en su vida. Y, sin llegar a este punto, Miguel Poveda, que sí que canta flamenco, aunque en sus espectáculos hay de todo, hace un flamenco edulcorado o, como yo digo, flamenco de amplio espectro. Muchos de mis compañeros de profesión, me dirían que este flamenco de amplio espectro no es flamenco.

Un relato desde el flamenco 1
El flamenco es mucho más que lunares y trajes de sevillana | Foto de Alberto Gamazo

¿Me comprarías la etiqueta: “flamenco para quien no entiende de flamenco”?

Mis compañeros gitanistas te comprarían… y yo también

Otro de los temas del libro es la inmigración, principalmente la de Andalucía hacia Barcelona y te muestras muy crítica hacia la política catalana, hacia ese discurso político que llegó a consolidar el concepto de “charnego”.

Sí, ante todo, porque reniego completamente del concepto de “charnego”. Yo no eliminaría esta palabra, pero que la diga quién la inventó. Este nombre, completamente despectivo, no nos lo hemos inventado quienes supuestamente somos charnegos, por esto, no lo asumo, porque no hay nada de negativo en el hecho de que una abuela mía fuera andaluza, otra murciana, mi madre de Barcelona y mi padre de Córdoba. Y, sí, en el libro hago una crítica feroz a esa sociedad que conocí y la hago, también, porque me hace mucha gracia cuando se habla hoy de los catalanes a los que no se escucha o a esos catalanes que estamos un poco callados. ¿Nos han escuchado alguna vez? Por esto cuento la celebración que se hizo en Barcelona en 2013 por los cien años del nacimiento de Carmen Amaya. A nadie le importó que se celebrara el nacimiento de Amaya teniendo mal los datos, sin prestar atención a los estudios que decían que ella había nacido en 1918. ¿Te imaginas que hubiera pasado si quienes organizan la celebración de 1714 se equivocaran y dijeran 1715? Pues, esto. No se trata de forma distinta a unos que a otros y luego decir que somos todos parte de un mismo pueblo. Recuerdo perfectamente cuando en la rueda de prensa previa al homenaje de Amaya, Mascarell decía que el pueblo romaní era parte del pueblo catalán, cosa que es cierta, pero entonces ¿por qué no se la trata igual?

En el libro cuentas, además, como un concejal te dice que prefiere antes “a los africanos que a los andaluces porque son ‘más propensos a hablar catalán’”.

Me hicieron este comentario como me han hecho muchos otros. Y, lo peor, te lo hacen sin preguntarse quién eres tú, sin plantearse que, a lo mejor, con sus palabras te están ofendiendo o están ofendiendo a tus padres.

¿Tuviste que asumir tu historia y tus orígenes o siempre fueron connaturales a ti?

No, no tengo la sensación de haber tenido que asumir mis orígenes, pero sí es cierto que, durante la presentación en Madrid, Cristina Fallarás decía que el libro es la narración de la construcción de una identidad. Seguramente, en el libro me digo algunas cosas que nunca me había dicho y ciertamente no es casual que mi interés por el flamenco se haya reafirmado en estos últimos años ni que mi libro salga en estos días y hable de flamenco. Aunque no quieras, ahora mismo, te obligan a preguntarte sobre tu identidad. Yo, que nunca me he preocupado de esto, me siento obligada no sólo a preguntarme sobre mi identidad, sino también a interrogarme sobre mi origen. Sin embargo, para mí nunca fue un problema: cuando volví a Barcelona, vivía en Nous Barris y nunca sentí la necesidad de preguntarme de dónde era. A lo mejor era una excepción, pero lo cierto es que nunca me preocupó este asunto.

Tú, además, narras la experiencia de una migración a la inversa: cuando tienes 8 años, dejas Barcelona y vas vivir a Andalucía. ¿Cómo era tu mirada, la de una niña que, si bien de origen Andaluz, deja Barcelona y se va a vivir a Andalucía?

Era una mirada repelente, porque era la mirada de quien viene de Barcelona y llega al sur. Era una mirada donde había rechazo, que, sin embargo, también encontré en Andalucía, aunque por distintos motivos. El rechazo que encontré era debido a que allí están muy hartos de que, desde Barcelona, se les mire con cierta superioridad, una superioridad que yo llevaba incorporada. Y, ahora, lamento haber salido corriendo de allí con 18 años, deseando ir a Barcelona, que para mí significaba un lugar con amplitud de miras y cosmopolita, paradójico si pensamos en lo que estamos viviendo hoy.

Evidentemente, con los años he vuelto a Andalucía, pero ya no he vuelto a vivir allí; de ahí que, en el libro, exprese mi arrepentimiento por esa actitud repelente que tuve y, solo ahora, me doy cuenta de que en todos los años que viví ahí, no llegué a conocer, de verdad, Andalucía por mi estrechez de miras.

En el fondo, Crónica Jonda es un gran canto a Andalucía.

Y a Barcelona.

Sólo que Barcelona sale peor parada.

No, el libro es un gran canto a Barcelona, solo que vivo en Barcelona. Si me hubiera ido, seguramente mi mirada se hubiera dulcificado. Yo no tengo una mirada romántica de Andalucía, pero ya no es tan severa como la que tenía antes, porque vivo a mil kilómetros y porque cuando voy es solo para estar unos días. Sin embargo, Barcelona es mi ciudad elegida, es la ciudad que amo, de ahí el cabreo que tengo. Siempre te enfadas con quien más quieres y yo estoy casada con Barcelona.

Por último, quería preguntarte sobre el periodismo, del que también hablas.

Yo todo lo que te pueda decir del periodista suena a corporativista, aunque no lo sea para nada, pues soy muy crítica con quien no lo hace bien y conmigo misma cuando me equivoco. Me parece vital que se haga periodismo y que se haga bien. Aunque no tengamos un código deontológico muy claro, me parece esencial hacer periodismo con sensatez y respetando algunos principios.

Te muestras muy crítica con los “periodistas” amateurs.

Yo soy muy crítica con el amateurismo, es cierto, con ese “periodismo” que se ejerce gratis. Yo también me abrí un blog para escribir sobre mis cosas, pero el periodismo es otra cosa. ¿Qué quieres hacer periodismo? Muy bien, pero juega con nuestras reglas: cobra por trabajar. ¿Te metes a hacer periodismo sin cobrar para ligarte a la cantaora o el productor? Entonces, lo que haces no es periodismo, porque el objetivo del periodismo es otro.

Puedes ser amateur, pero no nos quites el pan, no reemplaces el papel del periodismo. Nos quejamos de que se hace mal periodismo, pero es que la mitad de la gente que lo ejerce no es periodista, y no me refiero a tener o no el título universitario, y la mitad de la otra mitad ha sucumbido a determinadas cosas: cobrar poco, titular mal en busca de click, evitar ser molesto.

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