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Dios está en todas partes

Laura Fàbregas

El relativismo se ha convertido en una creencia muy poco relativa y no es casualidad que haya penetrado con fuerza en aquellos territorios más laicos, donde la religión ya no representa un código de conducta. El hombre necesita creer, si no en un Dios, en una nación, en el ecologismo o en el poliamor.

Entre la religión, digamos, convencional y el resto de creencias hay, no obstante, una diferencia: el paraíso que éstas prometen ha de alcanzarse en vida. Y eso, claro, es un fastidio para quienes no las profesamos. Como de costumbre, el problema no es el ecologismo o el medio ambiente, sino los ecologistas; y el problema no es la nación, sino los nacionalistas. El proselitismo político y moral, la lucha por conquistar el espacio público más allá de la esfera privada.

En Cataluña venimos sufriendo tanto el nacionalismo como el ecologismo, que no dejan de ser la misma cosa, empezando por la devoción por lo natural. El progreso humano ha consistido en emanciparse de la naturaleza. El nacioecologismo, en cambio, aboga por el sometimiento del hombre a ella, confiriendo a hechos puramente azarosos o circunstanciales un estatus no ya político, sino también moral.

En esta ola de irracionalismo no es extraño que se propaguen toda clase de supercherías, como el credo antivacunas, la defensa de la homeopatía o la copa menstrual.

A la naturaleza hay que domesticarla en lugar de venerarla porque es así, sometiéndola (todo lo respetuosamente que quieran, pero sometiéndola), como nuestras vidas podrán aspirar a una cierta trascendencia. Después de todo, no hay nada más natural que un cáncer.

El ridículo de Harvard

Jordi Bernal

Foto: Manu Fernandez
AP Photo/Archivo

Conocida y repetida es la sentencia de Tarradellas: “En política se puede hacer de todo menos el ridículo”. No parecen los políticos independentistas actuales muy dados al recuerdo del presidente que reinstauró la Generalitat de Cataluña democrática en la los años de la Transición. El ridículo es su modo de actuar. Ridículo Junqueras cuando, sin ruborizarse ni abrocharse la americana por imperativo físico, afirmó que podía parar la economía catalana unos días sin más y más chulo que un pisador ubérrimo de uvas. La cara de los eurodiputados debió de ser inenarrable. No entro ya en el hecho de que Junqueras afirmara en otra ocasión que el torturador Miquel Badia fue un demócrata ejemplar. Como siempre, tratándose de Junqueras, la historia es pura mitomanía falsaria. De meapilas mixtificador, vamos. De programa bien-pagá-y-Soler de TV3.

Luego está el ministro de exteriores (sic) del estalinista Psuc Romeva. El nadador sin pelo ni Cheever que le escriba. El compañero de viaje borderline. Ahí está quejándose de que cazas españoles sobrevuelen cielo catalán. Una vez más, el flipe de los representantes europeos tuvo que ser considerable: un tipo que lloriquea por que las fuerzas armadas de su país realizan ejercicios militares en su espacio aéreo.

Si no fuera suficiente, superando a Nat King Cole 4% Arturo Mas, o sería Luther King, yo ya no sé, aparece en escena haciendo el clown uno de Gerona. Y dice, previo viaje pagado por usted y moi, que los EEUU son muy libres y España una cacicada decimonónica. Les recuerda, con apuntes de bachiller, los fundamentos de la democracia norteamericana. Sí, esa que no admite segregaciones ni deslealtades tejanas ni tonterías de pastelero. Se le olvida apuntar al convergente que, en Cataluña, se utiliza el calificativo “unionista” como estigma. Y que su Frente de Liberación Popular para un referéndum se basa en un pacto con comunistas que quieren acabar con la democracia liberal.

También se le olvida, en Harvard oh yeah y pagado por usted y moi, al pastelero de Gerona recordar que la soberanía de España, al igual que la de Estados Unidos, reside en el conjunto de sus ciudadanos. Valor de ley, si atendemos a la formación cultural puramente yanqui.

No se puede ir por la vida haciendo el ridículo, pastelero. Incluso más acá de la política.

El viejo topo se hace europeísta

Juan Claudio de Ramón

Se critica el decorado: algunos lo quieren minimalista; otros, suntuoso. Casi todos coinciden en que falla la iluminación, pero cada uno pondría el foco en un lugar distinto. El encargado de la tramoya, que se ha ido complicando a lo largo de los años, está bajo constante escrutinio. El casting suscita comentarios de todo tipo, aunque hay consenso en que los intérpretes de antaño tenían más grandeza. Un desarrollo interesante es que cada vez se presta más atención a los actores secundarios, e incluso sucede que alguien a quien se creía figurante concentra de pronto todas las miradas. Sobre todo, preocupa el guion: según una influyente escuela de comentaristas, le falta dramatismo y le sobran acotaciones. No se atiene a moldes conocidos: no está claro si es comedia del arte o teatro épico; más parece que se está inventando un nuevo género. Sobre todo, la trama ha dejado de avanzar. Algunos sospechan, aunque no se atreven a decirlo, que el problema está en un público filisteo que no entiende: habría que evacuar el patio de butacas, o mejor aún, representar la obra a telón bajado. Los espectadores creen, en cambio, que es el director el que no entiende nada y están como locos por traspasar la cuarta pared.

Da igual. El caso es que todos hablan de lo mismo. La Unión Europea es ya la única obra en cartel, the only show in town, como se dice en inglés. La utopía tecnocrática de un puñado de altos funcionarios de los años cincuenta se ha colado en los bares de todo el continente. En Europa se habla, en suma, de Europa, dato que no parece condecirse con prematuras actas de fallecimiento. Por una suerte de heterogénesis de los fines, o acaso eso que Hegel llamaba argucias de la razón, todas las amenazas existenciales de la Unión Europea están contribuyendo a generar esa conciencia europea que nos hacía falta, peso previo y necesario para la conformación de un demos europeo. Sí, un nutrido grupo de espectadores ha abandonado el palco; ahí se les ve discutiendo acaloradamente entre ellos a la salida del teatro, sin saber a dónde dirigirse ni si les hará falta paraguas. Cunde la sensación de que si finalmente la obra bajase del cartel, a los pocos días los europeos empezarían a producir el remake.

En el primer acto, los europeos se mataban; en el segundo, aprendieron a cooperar; no descartemos que al acabar el tercero, que ahora empieza envuelto en brumas, seamos los europeístas los que también podamos exclamar, admirados: ¡Bien excavado, viejo topo!

¿Qué come un militar cuando está en combate?

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Fabrizio Bensch
Reuters/File

Si alguna vez te has preguntado qué come un militar cuando se encuentra en una operación de combate real, nosotros te enseñamos cómo es una ración de aprovisionamiento, también llamada ración de combate o de campaña, que contiene los alimentos necesarios para una jornada. Cada paquete tiene un peso aproximado de 1,8 kilogramos, que se suman a los 20 kilos aproximadamente que pesa un equipo de combate ligero de un soldado. El aporte energético de estas raciones se sitúa en torno a las 3.500 o 4.000 kilo-calorías y una caducidad de dos años.

Las raciones militares son totalmente adaptables en función de las necesidades del consumidor y las diferentes Fuerzas Armadas a las que vayan destinadas. Pueden ser de comida Halal -apta para musulmanes- o vegetariana, entre otras. Asimismo, es posible modificar su contenido dependiendo del clima al que estén destinadas – desértico, climas fríos- o el tipo de operaciones, ya sea de 24 horas, media jornada o maniobras con un alto desgaste físico.

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Raciones de combate para clima frío y desértico | Foto: Rodrigo Isasi

Nuestra ración de combate está adaptada para un clima cálido, incluso desértico, y destinada para el ejército de un país de habla árabe, de ahí su traducción en este idioma y su etiqueta halal. A continuación exponemos los 20 elementos que conforman nuestro sustento alimenticio para un día de maniobras militares o en el frente:

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Contenido de la ración de combate | Foto: The Objective

1-Un paquete de pañuelos desechables, tres paquetes de servilletas y una servilleta húmeda con olor a limón.
2-Dos paquetes de galletas saladas con salvado de trigo.
3-Una bolsa de carne de vaca con vegetales y otra de garbanzos y estofado de cordero.
4-Dos paquetes de crema de piña.
5-Dos bolsitas de té.
6-Cuatro bolsas de azúcar.
7- Dos bolsas de café soluble y dos de leche.
8-Dos paquetes con una gominola azucarada a base de pulpa de manzana.
9-Una caja de cerillas.
10-Varias bolsitas de sal y pimienta.
11-Una bolsita de miel.
12-Un bizcocho con sabor a vainilla.
13-Dátiles.
14-Dos pastillas potabilizadoras para el agua.
15-Cuatro bolsas de bebida isotónica con sabor a limón para combatir la deshidratación.
16*-Dos bolsas ‘autocalentables’ para los alimentos.
17-Dos paquetes de muesli con frutas deshidratadas.
18- Cubiertos de plástico.
19*-Un hornillo portátil.
20-Pastillas de encendido.

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Un soldado alemán perteneciente a la Fuerza de Reacción Rápida (QRF) de la ISAF cerca de Kabul | Foto: Fabrizio Bensch/Reuters

Quizá uno de los elementos que más llaman la atención en este paquete son las bolsas ‘autocalentables’, en las que, según las instrucciones, hay que llenar con agua, introducir las bolsas de alimento en su interior y esperar 20 minutos para que la comida esté caliente. ¡Sin usar fuego!

En caso de querer optar por un modo más tradicional, el militar puede hacer uso del hornillo portátil, que viene plegado para no ocupar espacio. Con las cerillas y las pastillas de encendido, en apenas unos minutos la comida está lista.

Degustamos esta comida castrense

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Uno de los “platos” de comida de la ración militar | Foto: Rodrigo Isasi/The Objective

Si empezamos por los alimentos dulces, algunos nos han sorprendido gratamente. El bizcocho tenía muy buen sabor, parecido a un sobao ‘pasiego’, y cargado de hidratos de carbono y calorías para dar un buen aporte energético al militar desde primeras horas de la mañana. Las golosinas de manzana, por su parte, también dejan un buen sabor de boca. Para complementar el desayuno, el muesli no tiene nada que envidiar al que se compra en un supermercado. La crema de piña no estaba mala del todo, pero se notaba su carácter industrial.

En cuanto a los platos principales, los de carne con verduras, si alguna vez has comprado una lata de conserva en el supermercado, el sabor te resultará familiar. Digamos que dista mucho de ser un estofado casero, pero la calidad de la comida de las raciones de campaña ha mejorado mucho en los últimos años. Las galletas saladas estaban sosas.

En general, y entendiendo que se trata de una bolsa con alimentos para una situación puntual o de emergencia, la ración militar de combate cumple su cometido.

China y la búsqueda de los 14 millones de niños que 'nunca' nacieron

Redaccion The Objective

Foto: China Stringer
Reuters

China tiene la capacidad estadística para darnos sorpresas. En este país inmenso de 1.370 millones de personas han aparecido de la noche a la mañana en sentido metafórico, pues ha sido entre 2012 y 2016, otros 14 millones hasta ahora desconocidos. La cantidad es asombrosa por elevada; equivale a los habitantes de ciudades como Estambul o Londres, lo cual sería difícil de explicar que sucediera en otro país que no fuera China.

China y la búsqueda de los 14 millones de ciudadanos que 'nunca' nacieron
Un niño, en la sala de espera de un aeropuerto. | Foto: Ng Han Guan/AP Photo

El fenómeno, sin embargo, tiene una explicación. Cuando en 1979 el Partido Comunista implantó la ley del hijo único, que consistía en limitar el número de nacimientos a un hijo o hija por familia, implantó al mismo tiempo un sistema injusto y tramposo para poner freno a una cantidad de nacimientos que se escapaba del control del Estado. Durante todos estos años y hasta diciembre de 2015, las familias han tenido que pagar tasas abusivas y a todas luces discriminatorias para registrar a los hijos nacidos fuera de lo permitido. Por ejemplo, en 2012, la tasa se encontraba sobre los 40.000 dólares, una cifra difícilmente asumible para una familia media. Las estadísticas oficiales presumen que esta medida ha evitado 400 millones de nacimientos adicionales, pero reducir esta posibilidad a las familias con capacidad económica ha creado problemas que ahora comienzan a atenderse.

“La cantidad de chinos sin censar equivale a los habitantes de ciudades superpobladas como Estambul o Londres”

El resultado, casi cuarenta años después, es una masa que se agolpa para registrarse en el hukou, que es un sistema similar a nuestro censo, sin el cual un ciudadano no tiene derecho a recibir atención sanitaria, ser escolarizado o cobrar una pensión. Un ciudadano que no existe para el hukou, no existe para la Administración. Los 14 millones de ciudadanos nuevos han vivido todos estos años en la sombra, como si un documento los hubiera puesto por primera vez en el mapa, y el gobierno prevé localizarlos a todos en un plazo inferior a tres años.

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Un grupo de niños en un orfanato chino en 2007 | Foto: Elizabeth Dalziel/AP Photo

No hay vida posible sin hukou. Este documento no solo recoge el nombre y la fecha de nacimiento, sino también el número de familiares o el estado civil. Así que China ha decidido facilitar el acceso al documento reconociendo, después de todo este tiempo, que se trata de un derecho fundamental de sus ciudadanos. Y, entre estos, destacan los olvidados por la Historia reciente, como los que nacieron fuera de la ley del hijo único o aquellos que, por no tener padres, no han podido certificar su fecha de nacimiento.

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