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Limosnear

Laura Fàbregas

Escribo estas líneas sabiendo que este lunes se hará público en El País un artículo firmado por Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. Desconozco aún su contenido, pero todo apunta a que será el enésimo intento de la Generalitat de pedir diálogo e intentar salvar los pocos muebles que le quedan. Y a la antigua Convergència, una salida digna para el atzucac donde se ha metido.

Los nacionalistas esperan que la solución llegue del papá Estado. En lugar de tratar a los electores como ciudadanos mayores de edad, esperan una limosna para poder seguir adelante, obteniendo nuevamente réditos electorales, pero sin la más mínima autocrítica o confesión de haberse equivocado. Ni siquiera un condescendiente y responsable “lo intentamos”.

Esta semana ya se ha producido este amago de acercamiento al Gobierno. La plana mayor del secesionismo ha desembarcado en Madrid para rendir homenaje al entrenador de la selección Vicente del Bosque. El trasfondo de la gala fue un grito desesperado al diálogo, contraponiendo de forma velada “la predisposición a la concordia” del entrenador con el desaire de las instancias gubernamentales.

La centralidad catalana de ERC y PDECat se encuentra entre la espada CUPaire y la pared del Estado de Derecho. En Cataluña juegan a decir que “referéndum o referéndum”, pero cuando cruzan el Ebro van a la desesperada de un interlocutor válido. Incluso un ex entrenador del Real Madrid les vale. Porque, su única alternativa ante la falta de valentía para asumir responsabilidades, es limosnear algo, aunque sean las migajas. De las urnas de cartón a un diálogo de cartón piedra.

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Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo y España no es uno de ellos

Redacción TO

Foto: ELOY ALONSO
Reuters

En la esfera internacional, los españoles tenemos fama de perezosos, de pasar todo el día de fiesta o de dormir la siesta. Estos prejuicios están muy equivocados como pone de manifiesto un nuevo estudio en el que se asegura que España es uno de los países más activos del mundo.

Un grupo de científicos estadounidenses ha estudiado durante meses la actividad física de más de 700.000 personas en todo el mundo a través de la aplicación Argus, y ha usado los datos anónimos de estas personas para elaborar un mapa con los países más activos y más sedentarios del mundo.

Los científicos de la Universidad de Stanford han analizado la actividad física de personas de 111 países, recopilada durante unos 95 días de media, sumando en total 68 millones de días de actividad física registrados.

¿Quiénes son los más activos?

España es el quinto país más activo del mundo. Los españoles dan 5.936 pasos de media al día, solo superados por China, Japón, Rusia y Ucrania.

La aplicación, instalada en los smartphones de 717.000 personas, cuenta los pasos diarios que da cada uno de los individuos, así como las calorías quemadas durante el ejercicio físico, además de controlar los periodos de reposo y la dieta de cada persona.

Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo, y España no es uno de ellos 2
Los investigadores han creado un mapa de actividad en el mundo. | Foto: Tim Althoff/ Universidad de Stanford

Hong Kong es el lugar más activo del mundo, con una media de 6.880 pasos al día.

¿Quiénes son los menos activos?

Los países más inactivos se encuentran sobre todo en el Golfo Pérsico, como Arabia Saudí y Qatar, y en el sudeste asiático, como Filipinas y Malasia. Los ciudadanos con menos actividad física diaria son los indonesios, con casi la mitad de pasos que los chinos.

Los países de América Latina se encuentran hacia la mitad de la tabla, con Brasil en el puesto 40, por ejemplo. Los venezolanos, argentinos o colombianos tampoco son muy activos.

Pero quizás los que más destacan en este mapa son países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, que se encuentran entre los diez lugares menos activos y los más obesos del mundo.

Desigualdad entre géneros

Además de medir el nivel de actividad física que existe en cada país, con este estudio los investigadores han descubierto una gran diferencia entre hombres y mujeres en ciertos países.

Algunos estudios hechos anteriormente, principalmente en Estados Unidos, habían mostrado que los hombres andan más que las mujeres, y las investigaciones de la Universidad de Stanford demuestran que este hecho es cierto también a nivel global.

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Las mujeres suelen tener menos actividad física en los países con desigualdad entre géneros. | Foto: Bob Edme/AP

Sin embargo, la desigualdad varía según el país. “Por ejemplo, Suecia tiene una de de las menores grietas entre los ‘ricos’ y los ‘pobres’ en lo que se refiere a actividad, y tiene la menor disparidad entre los pasos de los hombres y las mujeres”, explica uno de los autores del informe, Tim Althoff.

Además, explica que la desigualdad afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. “Cuando la desigualdad en la actividad es mayor, la actividad de las mujeres se reduce mucho más dramáticamente que la de los hombres”, explica otro de los autores principales del informe, Jure Leskovec.

La desigualdad y la obesidad

Los lugares donde los índices de obesidad son más bajos tienen una mayor igualdad en cuanto a actividad física y sus ciudadanos andan una cantidad de pasos similar.

“En países con poca obesidad, la gente mayoritariamente da una cantidad de pasos similar al día. Pero las grandes diferencias entre la gente que anda mucho y la que anda muy poco coinciden con altos niveles de obesidad”, explica el informe.

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La obesidad es mayor en países donde hay una gran desigualdad entre la cantidad de pasos que anda cada ciudadano. | Foto: Mark Lennihan/AP

Un ejemplo de esto es Estados Unidos, que se sitúa en el cuarto puesto por la cola respecto a desigualdad en actividad, también es el quinto por abajo en diferencias entre géneros y tiene unos elevados índices de obesidad.

Los investigadores querían ayudar con este estudio a determinar por qué la obesidad es un problema mayor en algunos países, ya que alrededor de 5,3 millones de personas mueren por causas asociadas a la falta de actividad física cada año.

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El jardín prohibido

José María Albert de Paco

Foto: Francois Mori
AP Photo, File

“Saquen su rosario de nuestros ovarios, saquen su doctrina de nuestra vagina. / Ni amo ni Estado ni partido ni marido.” Tal es el estribillo de ‘Mi cuerpo es mío’, del dúo cubano Kruda Cubensi, cuyas componentes, Odaymara y Olivia, militan en el feminismo negro (lo he buscado y no es ninguna perversión recreativa), el veganismo y la cultura ‘queer’. ‘Mi cuerpo es mío’ es la primera de las 200 canciones del playlist ‘no sexista’ que ha elaborado el Instituto Vasco de la Mujer para que suene en los bares y txoznas de los pueblos durante las fiestas patronales. Entre los hits del Beldur Barik Playlist, que así se llama el bando, figuran también ‘Antipatriarca’ (Ana Tijoux), ‘Ella’ (Bebe), Jodida pero contenta (Buika); Mi barba (también de Kruda Cubensi), ‘I’m not your toy’ (La Roux) y ‘Machirulo escóndete’ (Tongo). Esta última (una cumbia arrebatadora) dice así: “Llámame loca del coño, no me puedes detener. / Feminazi me han parido, machirulo escóndete”.

El Beldur Barik es una sugerencia, no una imposición. Se trata de que las txoznas pinchen de vez en cuando alguna de esas canciones para, de ese modo, promover “comportamientos basados en el respeto y la igualdad ” y “prevenir agresiones machistas”. Una propuesta asertiva que, por descontado, no pretende impedir que las cuadrillas disfruten del repertorio habitual por estas fechas: el ‘Sarri Sarri’ de Kortatu, que celebra la fuga de dos etarras de la cárcel de Martutene, el ‘Jimmy Jazz’ del mismo grupo (“puso veinte kilos de goma 3 / mandó a tomar por culo todo un cuartel”), ‘Aprieta el gatillo’ de Cicatriz, ‘Txibato’ de Kojón Prieto (“A los chivatos y a todos sus jefes, en un paquete mandaba yo a volar. / Chivato, los días que te quedan son una cuenta atrás”), ‘El último txakurra’ de Lendakaris Muertos (“Antes te echábamos un cóctel molotov / y ahora te echamos de menos”). Un playlist un pelín terrorista, de acuerdo, pero del que no se puede decir que incite a violar a la vecina, como en cambio sí hacen Bisbal, Fonsi o El Puma.

(Pero no nos pongamos dramáticos. Según consta en la wiki, Odaymara y Olivia, nuestras queer-black-feminist-vegan, huyeron de Cuba en 2006 y, a través de la frontera mexicana -y amparadas por la ley de pies secos y pies mojados-, se plantaron en Estados Unidos. Aún más tortuosa que su travesía fue la razón que les llevó a ella: “La decisión del grupo de abandonar Cuba vino motivada por su deseo de luchar por la justicia social en otras partes del mundo, sobre todo en lo que respecta a la denuncia de la marginación de las lesbianas latinas y caribeñas”.)

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El futuro pertenece a los menos inteligentes (si no lo evitamos)

Miguel Ángel Quintana Paz

A diferencia de la literatura o la religión, tan reconfortantes a menudo, la ciencia no tiene por qué resultarnos consoladora. Con frecuencia, de hecho, nos cuenta verdades un tanto fastidiosas. Incómodo resultó Galileo cuando decidió tomarse en serio el sistema copernicano e insistió en que la Tierra no era el centro del universo. Incómodo resultó Darwin cuando mostró que nuestro origen biológico y el de las cucarachas era el mismo. Incómodo es saber que hoy no contamos con una cura eficaz para todos los tipos de cáncer. Por latosas que resulten, ninguna de esas verdades pierde por ello ni un solo pellizco de verdad.

Esto no significa, naturalmente, que los científicos ignoren el revuelo que a veces podrían desencadenar sus descubrimientos. Ni que ello deje de provocarles cierto vértigo. Fue el caso, sin ir más lejos, del propio editor de Copérnico en el siglo XVI, el protestante Andreas Osiander. Temeroso de que su libro le acarreara una persecución religiosa, le añadió un precavido prólogo en que aseveraba que cuanto allí se contaba no debía tomarse como verdadero: “Esto, muchachos, es solo un hábil modo de resumir cómo se pueden hacer mejores cálculos en astronomía”, venía a decir el prologuista, “pero ni se os ocurra tomaros en serio este mero truco matemático, ni vayáis a creeros de veras que la Tierra no sea el centro de todo, líbrenos Dios”. La cautela de Osiander no parece excesiva: otro teólogo, Giordano Bruno, se negó a tomarse las cosas como proponía Osiander y se obstinó en sacar consecuencias de que nuestro planeta no fuera el centro del universo. ¿Resultado? Terminó en la hoguera donde un papa, de nombre Clemente, resolvió calcinar parejos atrevimientos.

Hoy los papas ya no achicharran más que terneras argentinas, pero ello no obsta para que los científicos sigan amedrentándose ante la reacción que sus estudios podrían desencadenar. Es lo que pensé al descubrir que uno de los asuntos más palpitantes de la psicología contemporánea contaba por fin, desde hace un año, con una pista para resolverse… pero esa pista aparecía, toda tímida, solo en el material suplementario de un artículo científico. Sus autores no parecían querer insistir en tal hallazgo. El asunto al que me refiero es fácil de formular: ¿favorece la selección genética actual a la gente más inteligente o a la menos dotada intelectualmente? Dicho de otro modo: ¿a este paso, los humanos seremos cada vez más listos, de media, o cada vez menos? La respuesta que se daba en los Proceedings of the National Academy of Sciences era contundente, y se corroboró con otro artículo de la misma revista en diciembre pasado: sí, la inteligencia es en parte heredable; sí, las personas más inteligentes tienden a tener menos hijos que el resto; y por lo tanto, sí, de seguir la actual tendencia, la especie humana estará cada vez menos dotada (intelectualmente).

(De desear adentrarse en los detalles científicos del asunto, cabe acudir a esta nutritiva entrada del blog de @DrXaverius).

¿A qué velocidad se producirá ese previsible entontecimiento de nuestras generaciones futuras, que hace unos años ya describió (menos científica, pero más entretenidamente) la película Idiocracy? Con el auxilio de un tercer estudio podemos confiar un cálculo: implicará unos 0,3 puntos menos de cociente intelectual por década. Esto significa que si Javier Marías o Antonio Navalón (recientemente aupados por periódicos de referencia como eldiario.es al rango de “odiadores de los millennials”) viven cincuenta años más, comprobarán entonces que la media de inteligencia a su alrededor descenderá hasta 1,5 puntos. Quizá no parezca demasiado, como no se lo parecen a algunos los grados de temperatura que se prevé aumentar en las próximas décadas; pero, en términos evolutivos, si ese proceso no se interrumpe, en mil años el humano medio tendría una inteligencia que hoy se considera retrasada.

¿Ese milenarismo va a llegar? Todo depende de si nos ponemos manos a la obra para remediarlo. Y de si queremos hacerlo, claro. A diferencia de la belleza o la fuerza física, que cabe reconocerlas perfectamente en los demás aunque uno carezca por completo de ellas (bien lo sabe un servidor, que humilde reconoce andar falto de la segunda), para apreciar la inteligencia hay que poseer, en parte, esa misma facultad. De modo que, si queremos encontrarle una solución a este asunto, más fácil será emprender tal tarea hoy que convencer a los atolondrados humanos de dentro de diez siglos de su importancia.

¿Qué se podría hacer? La entrada del blog que antes enlacé sugiere aplicar métodos como la selección de embriones o la ingeniería genética para compensar esa idiotización generalizada de nuestra especie. Son apuestas éticamente peliagudas, que entrañan un cierto tipo de eugenesia. Merecerían por sí solas otro artículo, de modo que no entraré a debatirlas aquí.

Hay, sin embargo, otra vía de solución más sencilla, que podríamos denominar “socialdemócrata”, en la que sí me detendré. Sabido es que a los socialdemócratas les encanta solucionar las cosas por medio de subvenciones. Y sabido es, al menos desde tiempos de la new left, que a los socialdemócratas les apasiona apoyar a las minorías, en particular aquellas en situación más vulnerable. Y bien, la conclusión es obvia, como habrá inferido el sagaz lector: creo que, desde el campo socialdemócrata, debería empezar a exigirse que el Estado subsidie a la gente más inteligente para que pueda tener más hijos de los que hoy tiene. Los listos son, al fin y al cabo, una minoría en evidente riesgo de extinción, si nos fiamos de la ciencia.

Además, no me cabe duda de que una medida como esta recabaría un apoyo electoral considerable. Al fin y al cabo, la mayoría de los votantes se considera del lado intelectualmente brillante de la sociedad, como notó ya Descartes al inicio de su Discurso del método. Votando a favor de esta subvención, pues, creerían en el fondo estar apoyando subvenciones para sí mismos. Quizá más tarde descubrieran que no es así: pero parece poco probable que masas de personas que se confesaran poco inteligentes se manifestaran luego para reclamar que son más tontos de lo que se creían.

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El nuevo 'feed' de Google te mantendrá en tu burbuja y eso no es bueno

Cecilia de la Serna

Foto: rawpixel.com
Unsplash

Eli Pariser, activista liberal y co-fundador de las plataformas MoveOn, Upworthy y Avaaz explica en su libro El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos (Editorial Taurus, 2017) en qué consiste el filtro burbuja, que básicamente te mantiene aislado del mundo que no ves basándose en el principio de personalización, aunque creas que tienes acceso al sinfín de posibilidades que ofrece Internet.

Según Pariser, todo comenzó el 4 de diciembre de 2009, cuando Google estableció un nuevo algoritmo que personalizaba los resultados de búsqueda: al buscar un mismo término, nadie encontraría los mismos enlaces que cualquier otro ser humano. Este gigante tecnológico conseguía -y consigue aún hoy- esta diferenciación gracias a las cookies, búsquedas anteriores, información en redes sociales… en definitiva, de los datos que va recogiendo de cada usuario a lo largo de su vida digital. Bien, pues hoy Google acaba de presentar su última novedad: Google Feed, una herramienta anunciada en diciembre pero que hoy llega a los usuarios de Android e iOS, de momento a Estados Unidos y durante las próximas semanas al resto del mundo, y que supone un paso más en la personalización. Google Feed usa algoritmos de aprendizaje -haciendo uso de la inteligencia artificial- para anticiparse a lo que interesa al usuario. Muchos interpretan éste paso un mero desafío al feed de Facebook, aunque es mucho más que eso.

El nuevo 'feed' de Google te mantendrá en tu burbuja y eso no es bueno
Así es el nuevo feed presentado por Google. | Gif: Google

La importancia de poder elegir

Este filtro burbuja que instauró con su nuevo algoritmo Google allá por 2009 es utilizado hoy en día, como bien apunta Pariser en su libro, por absolutamente todas las plataformas online de masa. ¿Que quieres pedir comida? Deliveroo te va a sugerir a ti y sólo a ti el restaurante que más se ajuste a tus gustos. ¿Que quieres conocer a alguien? Tinder hará más de lo mismo. Cuando se trata de periodismo, esta personalización puede ser más peligrosa, ya que jugamos directamente con la democracia y la base de escuchar opiniones que no necesariamente nos atañen para enriquecer la diversidad de pensamiento. En el caso del feed de Google, que funcione como el de Facebook -mostrándonos lo que creen que nos interesa, y no lo que realmente queremos ver- es un importante desafío a nuestro libre albedrío y a la libertad de pensamiento, además de una mala noticia. Una cosa es escoger leer un medio u otro por afinidad ideológica, que al fin y al cabo es algo que hacemos consciente y voluntariamente, y otra que se nos impongan unas fuentes frente a otras. Cabe recordar que recibir opiniones contrarias a las nuestras es lo más sano que puede pasar en democracia, ya que nos da el poder de elegir.

Si bien Google dice que con su nueva herramienta quiere combatir las famosas fake news que tanto daño están haciendo en el porvenir de nuestras sociedades -a partir de una misma información dará la opción de comprobar los hechos y ver otra información relevante-, realmente este sistema no es bueno ni para el periodismo ni para las democracias modernas. Mantener en su burbuja a millones de hombres blancos no hará nada bueno por millones de mujeres negras, y viceversa. En un mundo globalizado, la personalización puede ser una buena estrategia de marketing, o una herramienta útil para ahorrarnos tiempo. No obstante, no debería jamás ser una imposición: nuestro derecho a elegir cómo queremos acceder a la información debe prevalecer frente a la comodidad de seguir en la burbuja, una burbuja en la que estás solamente tú. También puedes escapar de ella, de forma activa, y no dejar que otros influyan en la información que recibes.

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