Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Pedro tiene el poder

Laura Fàbregas

La relación del hombre (de la RAE: ser animado racional, varón o mujer –sin ofender al nuevo feminismo–) con el poder se mide a veces con la metáfora. Pedro Sánchez fue desde su nacimiento Poder por anagrama. Con la edad adulta, sin embargo, quiso convertirse en metonimia. Ser Poder, tal y como lo fueron Felipe e, incluso, Zapatero.

Uno de los políticos más brillantes del siglo pasado, un tal Giulio Andreotti, un democristiano italiano que mucho tenía que ver con los comunistas de los cincuenta, entre otras cosas por la toma desenfrenada de aspirinas, explicaba: “El poder desgasta a quien no lo tiene”. Menuda genialidad debe haber pensado Pedro.

Para gobernar en la Moncloa hay que gobernar Ferraz. De ahí el sentido del pucherazo. Sánchez intentó desde el día en que se instaló en la sede socialista aprovechar esa posición de fuerza. La utilizó desafiando a los dioses, a sabiendas que su poder era otorgado, y que algún día los acreedores pedirían las cuentas.

Alejado de la secretaría, a ese madrileño no le queda más que un juego de palabras. Quedará por ver si la máxima andreottiana es cierta, y si todo lo que fue Sánchez, fue un cuento. En el próximo congreso del PSOE descubriremos si el exsecretario brillará con luz propia o si solo fue un chico afortunado a los que los dioses otorgaron un poder temporal sobre las cosas, un error histórico, uno de los tantos, de esta última socialdemocracia sin rumbo.

Continúa leyendo: Vox Dei

Vox Dei

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: JUAN MEDINA
Reuters/File

Pedro Sánchez ha asegurado que “Ciudadanos es el Vox de la política”. Palabra de Dios. Es verdad que la frase no podría estar peor construida: ¿Qué otra cosa es Vox si no un partido político? Pero atendamos a la comparación. Las encuestas señalan que el procés ha espoleado el ascenso de Ciudadanos en el conjunto de España, mientras en Cataluña la candidatura de Inés Arrimadas se ha consolidado como primera fuerza del constitucionalismo.

Entonces a Pedro Sánchez se le ocurre establecer esa equivalencia, Ciudadanos es Vox. Situar a la formación naranja a la derecha del PP no se compadece con la realidad programática ni parlamentaria, pero además sugiere una estrategia inquietante: la de equiparar la crítica al independentismo con el extremismo ideológico. Ciudadanos es el partido que más ha combatido el nacionalismo y, por tanto, según el líder del PSOE, solo cabe concluir que es un partido de extrema derecha. Sin embargo, me inclino a pensar que el líder del PSOE no se cree lo que dice.

¿O acaso hemos de pensar que el PSOE firmó un acuerdo de gobierno “reformista y de progreso” con Vox? Un pacto que incluía medidas tan reaccionarias como “reformar la Constitución para asegurar eficazmente los derechos sociales y completar el funcionamiento federal de la organización territorial de nuestro Estado”. Un pacto por una Europa “más social y más solidaria”, que diera respuesta a la emergencia que viven los refugiados. Un pacto por la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Un pacto contra la pobreza. Un pacto por la ciencia.

¿Firmó un acuerdo de gobierno Sánchez con un partido de extrema derecha? Y, en Andalucía, ¿gobierna el PSOE gracias al apoyo del Vox de la política? ¿Compartirá Susana Díaz las palabras de su secretario general?

En realidad, atendiendo a su posición sobre derechos civiles y libertades individuales, Vox se parece mucho más a Uniò, el partido que se integrará en las listas del PSC de cara a las elecciones del 21 de diciembre, contrario al aborto y que presentó un veto en el Senado contra el matrimonio gay.

Las encuestas coinciden en señalar una tendencia: la subida de los partidos más próximos al centro político, PSOE y Cs, y el retroceso de PP y, sobre todo, Podemos. Aunque sin elecciones generales a la vista es pronto para lanzar vaticinios, no es descabellado pensar que, de cara a un adelanto electoral, PSOE y Cs sumarían más escaños de los que tenían cuando pactaron, tras los comicios de diciembre de 2015.

Eso plantea una posibilidad real de articular una alternativa progresista a Mariano Rajoy. De confirmarse el declive de Podemos, Pedro Sánchez necesitará contar con Ciudadanos si aspira a gobernar algún día, razón por la que haría bien en ser más prudente en sus comparaciones. Le ha dicho a sus votantes que Rivera es el líder de una formación de extrema derecha y, aunque sabemos que en los días de la política líquida las palabras se las lleva el viento, eso dificulta la capacidad de maniobra de cara a una eventual negociación. Así que mejor dejemos que sean los ciudadanos quienes decidan en qué lugar ponen a cada partido. Vox populi, vox Dei.

Continúa leyendo: La traición

La traición

Laura Fàbregas

Laura Fàbregas reflexiona en torno a la situación actual en la sociedad de Cataluña desde un punto de vista más humano.

Continúa leyendo: Mi madre en la manifestación de Societat Civil Catalana

Mi madre en la manifestación de Societat Civil Catalana

Laura Fàbregas

Foto: YVES HERMAN
Reuters

Uno de los ‘éxitos’ más significativos del procés independentista ha sido ver a gente como mi madre en la manifestación de Societat Civil Catalana. A mi madre nunca la verán con un trapo, ni catalán ni español, ni tampoco de cocina. Para ella las banderas siempre han sido “trapos sucios de sangre”, me decía cuando, como cualquier joven con inquietudes políticas, flirtee con el independentismo en mi etapa universitaria.

Este domingo, sin embargo, como tantos otros miles de catalanes, ha decidido ir a Barcelona. Confiesa que nunca, a sus 62 años, pensó que se encontraría rodeada de banderas españolas. Y es que forma parte de esa generación que sufrió la dictadura franquista y el primer contacto con la insignia le produce, inevitablemente, cierto rechazo. Pero hace un esfuerzo. Su inteligencia se impone a los prejuicios: sabe que, digan lo que digan, Franco está muerto, España es una democracia y que Cataluña es libre y próspera como nunca antes.

Habla desde la autoridad moral de quien no solo ha vivido en dictadura, sino de quien, desde el PSUC la ha combatido en los años duros, cuando aún eran pocos los que se atrevían a salir a la calle y la burguesía catalana –los abuelos de muchos de los rebeldes sistémicos de la CUP– ocupaban cargos de gobernadores civiles y hacían negocios con los que hoy consideran sus opresores. Sí, hoy todo el mundo afirma que corrió ante los grises… Pero son menos los que, como ella, se salvaron de ser juzgados por el Tribunal de Orden Público gracias a la Ley de amnistía de 1977.

Como quizás muchos de los que ayer estuvieron en Barcelona, mi madre también ha evolucionado hacia posiciones moderadas, y este domingo ha roto otro tabú: se manifestó junto a banderas rojigualdas. Esta insignia que, ironías de la vida, hoy garantiza nuestros derechos porque no pide una adscripción sentimental. Solo lealtad administrativa. Lo contrario de la estelada, que excluye a quienes no comulgan con su plan.

Continúa leyendo: Llegó el 155

Llegó el 155

Melchor Miralles

Foto: Francisco Seco
Reuters

Era inevitable. Ya llegó el 155. Puigdemont y los suyos estarán celebrándolo. Han puesto todo de su parte. Ahora veremos lo que sucede. Es un artículo de la Constitución, como tantos otros, sin desarrollar, y dependerá de la resistencia que apliquen las autoridades, o sea, la Generalitat, que genere incidentes o no. Si cada uno cumple con sus obligaciones no sucederá nada más que seguirá aplicándose cada día la legislación que se han dado los catalanes.

Hay más de uno y de dos entre los independentistas que quiere jaleo, resistencia, más palos, fotos de altercados para ocupar escaparate en la prensa internacional y nacional. El papel de los Mossos d’Esquadra, de los mandos, va a ser esencial.

El Gobierno no tenía otra alternativa. Incluso es probable que haya puesto en marcha la maquinaria con retraso. El 155 no suspende la autonomía catalana, es un artículo que pretende que se cumpla la legalidad vigente. No es un Estado de sitio, excepción o guerra, como algunos quieren hacer ver. Lo que se pretende con su aplicación es que aquellas autoridades autonómicas que no están cumpliendo con sus obligaciones sí lo hagan, es, en definitiva, restablecer la normalidad democrática y garantizar que se respetan las leyes.

Si la Generalitat no desobedece, como viene siendo habitual desde hace tiempo, no pasará nada más en Cataluña que los ciudadanos tendrán garantías de que se cumplen la Constitución y el Estatuto en su territorio. Así de difícil y así de complicado, a la vez. El 155 que ya ha llegado.

TOP