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Laura Fàbregas

España es un país con una de las inmigraciones más recientes de la Unión Europea, y quizás esta sea también una de las razones por la que la manifestación Volem Acollir ha sido una iniciativa española. Esta correlación es la misma que hace que en nuestro país no exista (aún) ningún partido xenófobo con representación parlamentaria. Supongo que nadie cree que es porque somos mejores que los alemanes o los italianos…

Esto no es óbice, sin embargo, para criticar la lamentable forma en que el Gobierno está abordando la crisis de los refugiados: las cuentas más optimistas hablan de 1.100 reubicados en España de los 16.000 demandantes. El humanitarismo debería ser siempre el valor supremo a la hora de acoger a personas que huyen de la guerra. Más allá de los tan mencionados criterios económicos y de seguridad, que no tienen por qué estar reñidos con la solidaridad. El gran hito de la civilización occidental es la máxima kantiana, de tratar a cada individuo como un fin en sí mismo. Los derechos humanos, en fin.

El ejemplo de España ilustra a la perfección una cuestión que ha quedado escondida en la hipocresía habitual del buenismo. Y es que si la política de inmigración dependiera de cada Estado miembro, el número de personas con derecho de asilo sería muy inferior. La fría burocracia de Bruselas es un antídoto contra los gobernantes nacionales, siempre condicionados por el populismo y el temor a perder votos.

Manifestarse para reivindicar políticas de acogida más eficaces y solidarias es una excelente demostración de madurez democrática. Utilizar, sin embargo, el argumento para atacar a la Unión Europea, y por simple similitud populista a Bruselas, que hoy en día blinda nuestras sociedades de lejanos recuerdos fascistas y nacionalistas, es una auténtica aberración. La mejora de las políticas de acogida solo puede pasar por el debate entre europeos, sin barreras nacionales, regionales o municipales.
Y aún hay muchos que anhelan recuperar la soberanía nacional.

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¿Por qué no ha acogido España a todos los refugiados que debía?

María Hernández

Foto: ALVARO BARRIENTOS
AP

Este martes se acaba el plazo para que España cumpla la cuota de acogida de refugiados establecida por la Unión Europea. Sin embargo, España solo ha recibido al 11% de los refugiados que debía acoger obligatoriamente. La Unión Europea estableció que debía acoger a 17.337 personas, 9.323 de las cuales eran de obligado cumplimiento.

La media de cumplimiento con el cupo de acogida obligatoria en Europa se sitúa en torno al 50%, lo que demuestra que a España aún le queda mucho por hacer en este aspecto, aunque no es la única. El 86% de las personas refugiadas en todo el mundo son acogidas en algunos de los países más empobrecidos, como Pakistán, Irán, Etiopía o Jordania, por lo que Europa solo recibe un pequeño porcentaje de los más de 65 millones de personas que se han visto obligadas a huir de su país, explica la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Los motivos del incumplimiento

Las organizaciones de defensa de los refugiados denuncian a menudo los diferentes motivos por los que la Unión Europea en general, y España en concreto, no cumplen con las cuotas establecidas de acogida de refugiados.

El primero de estos motivos es la limitación de reubicación a personas que tengan una nacionalidad que supere el 75% de reconocimiento de protección internacional por parte de los estados miembro. CEAR critica que este criterio de nacionalidad está dejando fuera a refugiados de países como Afganistán, Sudán o Nigeria.

Además, los criterios de reconocimiento no son iguales en todos los países, por lo que existe una falta de coordinación, especialmente entre la Oficina Europea de Apoyo al Refugiado (EASO) y países como Italia o Grecia.

Otro aspecto de gran importancia respecto a la acogida de refugiados es el acuerdo al que llegaron la Unión Europea y Turquía en marzo de 2016, tras el cual los estados miembros decidieron que las personas que llegaran a Grecia desde ese momento no podrían solicitar su reubicación a otro país europeo.

Esta decisión está estrechamente relacionada con la última comunicación la Unidad de Reubicación Griega, en la que afirmaba que no hay en Grecia más personas con un perfil adecuado para la reubicación. CEAR asegura que esto no es cierto, pues la Comisión Europea cifra en 4.700 las personas “potencialmente elegibles” para ser reubicadas desde Grecia, sumadas a las más de 7.200 personas que han llegado este año a Italia.

Además, CEAR destaca que existe una gran falta de voluntad política en los países de la Unión Europea, cuyos gobiernos han utilizado el discurso del miedo para justificar el incumplimiento de las cuotas de acogida de refugiados que ha establecido la Comisión Europea.

Las peticiones de CEAR

El hecho de que no exista un mecanismo efectivo de sanciones a los países que incumplen las cuotas establecidas por la Comisión Europea ha sido uno de los principales motivos por el que ningún país de la Unión Europea ha cumplido con el 100% de las acogidas obligatorias.

Por esta razón, desde CEAR piden que se impongan sanciones al Gobierno español y al resto de incumplidores para “que no queden impunes”, explica la secretaria general de la organización, Estrella Galán.

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Un grupo de manifestantes pide que España acoja más refugiados. | Foto: Emilio Morenatti/ AP

Además, Galán ha recordado que España cuenta con una ley de asilo que no se está aplicando, así como con una directiva de protección temporal que le permitiría trasladar a personas con necesidades concretas durante un tiempo determinado, por lo que “no hay excusas, España debe seguir con su cumplimiento”, dice Galán.

Desde CEAR también piden a las autoridades que eliminen la discriminación por nacionalidad en el proceso de aceptación de solicitudes de asilo, así como que se deje de discriminar a las personas con vulnerabilidad, especialmente a los menores no acompañados, un grupo a menudo más rechazado por los países europeos debido a que necesitan más recursos que el resto.

El cumplimiento del acuerdo no acaba ahora

La directora de Políticas y Campañas de CEAR, Paloma Favieres, recuerda que, aunque el plazo fue establecido para el 26 de septiembre, el cumplimiento de la cuota de acogida de refugiados no debe finalizar.

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Un grupo de manifestantes protestan contra el acuerdo de la Unión Europea con Turquía. | Foto: Jon Nazca/ Reuters

La Comisión Europea habla de un plazo “razonable” para seguir acogiendo refugiados hasta cumplir con la cuota establecida, explica Favieres, que insiste en que España debe seguir recibiendo a los solicitantes de asilo hasta cumplir con el número fijado a pesar de que se haya cumplido el plazo.

Además, señala que “la carta de Grecia no puede ser la excusa” para dejar de recibir refugiados, sino que todos aquellos que llegaron tras el acuerdo con Turquía también deben ser reubicados, así como los que lleguen hasta el día 26 de septiembre a las costas griegas.

El proceso de acogida en primera persona

Las cifras nos muestran que España se queda muy atrás en lo que respecta a acoger e integrar refugiados, pero son los propios refugiados los que mejor transmiten cómo es el proceso de reubicación a España.

Nedal, un refugiado sirio que llegó a España tras más de dos años de espera, explica que “mucha gente en España no acepta a los refugiados”, por lo que la integración en la sociedad es difícil en algunos casos.

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Un manifestante protesta por los largos procesos que viven los refugiados para entrar en España. | Foto: Francisco Seco/AP

Nedal fue a la universidad en Siria, pero la guerra le impidió llevar una vida normal y tuvo que huir a Líbano, desde donde comenzó el proceso para venir a España. Aquí estudia español, alemán y un curso de Administración y Asistencia a la Dirección.

Todo suena muy bien, pero acabar sus estudios en España tampoco está siendo fácil para Nedal. “No todo el mundo acepta a los refugiados aquí”, explica, motivo por el que le está resultando muy complicado encontrar una empresa donde llevar a cabo las prácticas necesarias para acabar su curso.

También son difíciles otras situaciones cotidianas como la búsqueda de piso. Nedal asegura que en numerosas ocasiones le han denegado el alquiler de un piso por el simple hecho de ser un refugiado árabe. A pesar de todo, asegura que hay mucha gente que le ha ayudado en España y que “claro está, no todos son iguales”.

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Subastas de caballos: entre el glamour y la pasión

Enrique Redondo de Lope

Foto: Alex Rolo
The Objective

Si hay un mundo donde la tradición es ley, ese es el de las carreras de caballos. Dinero, apuestas y por supuesto glamour, mucho glamour, hacen de este mundillo un ambiente muy especial, que tiende a respetar unos códigos muy determinados. Grandes fortunas, altos ejecutivos, aristócratas y estrellas del mundo del espectáculo son habituales en los hipódromos de toda Europa. Así, la Reina de Inglaterra, el Jeque de Dubai, los dueños de Chanel, navieros como la familia Niarchos, o banqueros como los Rothschild son propietarios de algunas de las cuadras de caballos más importantes del mundo, y donde la afición se ha ido heredando de padres a hijos.

Subastas de caballos; entre el glamour y la pasión
Glamourosas yeguas en el Hipódromo de Madrid | Imagen vía Alex Rolo

Dicen que todos los caballos de carreras descienden de tres sementales árabes traídos a finales del siglo XVII de Oriente Medio a Inglaterra para ser cruzados con las yeguas británicas. Sea o no verdad, lo que está claro es que rápidamente las carreras de caballos se convirtieron en el pasatiempo favorito de la aristocracia, y desde el Siglo XVIII existe un escrupuloso registro de todos los caballos purasangres de carreras, donde se apunta su genealogía.

Y así, generación tras generación, se han ido mejorando los purasangres, buscando ejemplares más veloces y más resistentes, y donde las grandes fortunas del mundo no escatiman ningún tipo de gasto en la búsqueda del campeón que cruce en primer lugar el poste de meta en carreras tan míticas como el Derby de Epsom. Y toda esta batalla de egos comienza en un ring de subastas, donde los más selectos ejemplares son ofrecidos en pública subasta.

“Porque como dice un viejo dicho del mundo de las carreras, “si comprar fuera fácil, los propietarios de los caballos serían los fondos de inversión”.

El funcionamiento de una subasta de caballos tiene mucho en común con las subastas de arte. Unas semanas meses antes de la fecha fijada para la subasta se publica un catálogo que recoge exhaustivamente todos los datos de cada ejemplar, fundamentalmente su origen y sus blasones familiares.

Unos días antes de la subasta los caballos se desplazan desde las maravillosas yeguadas para que los compradores tengan la posibilidad de examinarnos y estudiarán al detalle su conformación, si tiene algún defecto, y se intenta adivinar cómo evolucionará su físico en un futuro cercano (los caballos a esa edad todavía están en formación). Al margen de expertos y agentes que trabajan para los posibles propietarios, también tienen su espacio los veterinarios especializados en caballos de carreras, que hacen un estudio pormenorizado de los posibles defectos físicos, haciendo hincapié en su conformación ósea y muscular.

Y es que todo influye.

Su físico, sus ancestros, su forma de moverse, como sea de dócil… y, por supuesto, la intuición de los compradores.  Porque la compra de un potro no deja de ser una lotería, dirigida y estudiada, pero lotería al fin y al cabo. Porque como dice un viejo dicho del mundo de las carreras, “Si comprar fuera fácil, los propietarios de los caballos serían los fondos de inversión”.

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La subasta de caballos es un evento de alto standing en todo el mundo | Imagen vía Alex Rolo

“La estrella de la subasta fue un potro irlandés con un físico y un pedigree verdaderamente brillante, que tras alcanzar la cifra récord de 110.000 € no cubrió el precio de reserva fijado por su criador”

El sábado 16 de septiembre se celebró en el coqueto y precioso Hipódromo de la Zarzuela de Madrid la subasta anual de potros de carreras que se celebra en España, y donde los criadores presentaron sus caballos nacidos en el 2016 (todos los caballos cumplen años el 1 de enero, al margen del mes en que hayan nacido). Los mejores ejemplares llegados de las diferentes yeguadas españolas e incluso potros nacidos en Gran Bretaña, hicieron su presentación en sociedad.

Lo primero que llama la atención en la expectación y los nervios que se palpan en el ambiente. Por un lado los criadores verán cómo su trabajo de casi dos años, desde que deciden qué semental cubrirá a su yegua hasta que su caballo es mostrado a los posibles compradores, será valorado en los escasos minutos que su caballo es ofrecido en el ring de subastas, y por otra parte los propietarios tienen que decidir qué ejemplares albergarán en su cuadra durante los próximos años.

Medio centenar de potros salieron a la venta, y en poco más de 2 horas se cruzaron pujas por alrededor de medio millón de euros. La estrella de la subasta fue un potro irlandés con un físico y un pedigree verdaderamente brillante, que tras alcanzar la cifra récord de 110.000 € no cubrió el precio de reserva asignado por su vendedor, lo que significa que el criador no consideró suficiente ese remate para desprenderse de su caballo.

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El funcionamiento de una subasta de caballos tiene mucho en común con las subastas de arte. | Imagen vía Alex Rolo

“Hasta el año que viene todos los flamantes adjudicatarios de la subasta pensarán que tienen en su cuadra al campeón de su generación.”

Hay que recordar que hasta mediados del año que viene no se podrán ver en las pistas a estos ejemplares, y que bastantes de ellos no llegarán ni siquiera a debutar en carreras oficiales por problemas físicos. Y es que esta raza de caballos a los que se podría denominar como los Fórmula 1 de los caballos, son tan veloces como delicados.

Pero hasta el año que viene todos los flamantes adjudicatarios de la subasta pensarán que tienen en su cuadra al campeón de su generación, el caballo que hará palidecer de envidia a sus rivales en este circo de vanidades que se denomina con el anglicismo de turf.

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Rajoy, Trump y Cataluña de fondo

David Blazquez

Cataluña arde. Y Rajoy busca bomberos. Los ha encontrado en Bruselas y en otras capitales, y ahora cruza el Atlántico a traerse bajo el brazo un titular, una palmadita en la espalda, un “Mariano, Make Spain great again”. La reunión con el presidente estadounidense –lo saben los adláteres de Dastis y las gentes de Moncloa–, sin embargo, es de alto riesgo. Las cosas en esta Casa Blanca no funcionan de manera tan linear como antaño.

Las relaciones entre España y EEUU se concentran desde hace años en torno a dos temas fundamentales: las relaciones comerciales y los asuntos de defensa. Con el acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) sepultado, es previsible que Rajoy no le dedique un minuto a un tema que, por otra parte, se decide mayormente desde Bruselas. España es, sin embargo, esencial para la estrategia militar de EEUU. Y es ahí donde Rajoy podría enseñar las cartas de Rota y Morón de la Frontera. La Base Naval de Rota es la base más importante de EEUU en Europa. Con casi 3.000 militares destinados en la zona es, además, base del escudo antimisiles de la OTAN y de cuatro importantes destructores. Morón es desde junio de 2015 base permanente y sede de la Fuerza de Reacción de Crisis para África. La apuesta de EEUU por España desde el punto de vista militar es clara y el rédito por parte española demasiado bajo hasta la fecha. Otro aspecto esencial y con mucha frecuencia olvidado es la presencia cultural de lo español en EEUU. Casi cincuenta millones de hispanohablantes deberían ser un activo indiscutible. Así fue durante la administración Obama. Por desgracia, lo español es, a día de hoy, anatema para gran parte de los votantes de Trump y puede ser difícilmente usado como piedra sobre la que construir la relación con la Administración actual.

La visita de Rajoy a Washington estará marcada de manera inevitable por el 1-O. En su visita a España en 2016, Obama pasó por Rota y lo hizo regalando al gobierno un importante titular al hablar de una “España fuerte y unida”. Si así fue hace más de un año, imagínense a poco menos de una semana del aciago día. El respaldo público y sin fisuras de EEUU es esencial para combatir una causa, la del independentismo, cuya tracción depende en gran medida de la vendimia de legitimidades a nivel internacional. En su conversación, Rajoy probablemente recordará a Trump la relevancia estratégica de España, presumirá de fidelidad y exigirá ayuda con el tema territorial. Las relaciones entre ambos países pasan ahora por un momento relativamente dulce, comparadas con la luna de hiel que siguió al naufragado matrimonio de las Azores. Rajoy, quien ha hecho de la ausencia emblema, acude a Washington con la hoja de servicio sin faltas graves al no haberse sumado activamente al aluvión de críticas vertidas contra Trump desde Europa. En los últimos días, además, el ejecutivo ha ido sazonando la visita con guiños como la expulsión del embajador de Corea del Norte.

Es importante –lo saben en Moncloa– que el apoyo de Trump a la respuesta del gobierno a la crisis en Cataluña sea formulado de manera que encaje en una narrativa institucional duradera. Rajoy no quiere el apoyo de “Trump”, sino de EEUU, por eso irá buscando una frase clara pero no estrambótica, contundente pero fácilmente desvinculable de un presidente al que pocos quieren presentar como mentor. Las posibilidades de que Trump se salga del guión previamente acordado por la Casa Blanca y Moncloa son altas. Evitar uno de esos tweets que abran la enésima Caja de Pandora o un comentario que dé alas a Puigdemont es un objetivo prioritario. Rajoy necesita munición contra el procès, (Cospedal ya ha conseguido unas declaraciones importantes del Secretario de Defensa norteamericano, James Mattis) pero también evitar dar demasiada publicidad a una situación que siempre ha querido mantener a lejos del parloteo internacional. Rajoy el cauto lo sabe: Pedirle ayuda a Trump para calmar una crisis es poco menos que pedirle a un pirómano que te ayude con el incendio en tu cocina.

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‘Això va de democràcia’

Andrea Mármol

Foto: Andreu Dalmau
EFE Fototeca

Es una de las consignas falsas que más habrá esforzarse por desmentir ahora que los separatistas intentan obviar su asalto a la democracia parlamentaria consumado hace ya tres semanas. El nacionalismo catalán, esto no es nuevo, reviste un proyecto político excluyente con la coartada de un referéndum que no es el objetivo de quienes lo promueven, todos independentistas convencidos. De hecho, creen tanto en la milagrosa fórmula plebiscitaria que ya tramitaron de forma antidemocrática una ‘ley’ fundacional de la República catalana.

En Cataluña hace demasiado tiempo que partidos políticos, poder judicial, sectores mediáticos y opinadores contrarios a la secesión y a la posibilidad de dividir la soberanía nacional llevan colgado el sambenito de anti-demócratas. En las últimas semanas lo acarreamos también ya los ciudadanos que descreemos del fraude del 1-O: ‘súbditos’ nos llamó Jordi Turull y Joan Tardà ya ha anunciado ‘delitos de traición a la tierra’ para nosotros.

Sin embargo, mayor preocupación que esas miserables declaraciones debería provocar el hecho de que son muy pocos quienes, aun escuchando tamañas sandeces, son capaces de denunciar que es el enfrentamiento entre catalanes el objetivo de los gobernantes nacionalistas. En efecto, son muchas las voces en el debate público nacional que asumen como certera la simplificación que encabeza estas líneas y que los nacionalistas catalanes alumbraron para aunar apoyos a su proyecto político, menos aglutinador cuando se mueve estrictamente en el campo de la identidad.

Que los políticos nacionalistas no se queden solos en su desafío al Estado de Derecho y cuenten con la complicidad y el beneplácito de otros actores en el conjunto de España tiene implicaciones muy perniciosas para el futuro de nuestro proyecto común, cualquiera que sea el que se tenga en mente. Para empezar, se contribuye a validar la línea divisoria entre demócratas trazada por los nacionalistas con su réplica en ámbito nacional, lo cual hace muy difícil cualquier iniciativa conciliadora incluso entre quienes se oponen a la secesión de Cataluña.

Pero lo más grave es el lugar en el que queda el Estado de Derecho, pues sólo quienes descreen de la legitimidad de nuestra democracia pueden permitirse reducir a una menudencia la ruptura constitucional y estatutaria que los separatistas han procurado. Es sorprendente la facilidad con la que Podemos olvida el autoritarismo del que han hecho gala Puigdemont, Junqueras y compañía: que ni siquiera hayan puesto un pero a la actuación de la Generalitat estas últimas semanas y dirijan todas sus críticas al Gobierno de España viene a legitimar cualquier tic autoritario por parte de los nacionalistas.

No queda más remedio que asumir que el nacionalismo catalán ha conseguido multiplicar su representación en toda España: Podemos ya se refiere a Cataluña como esa unidad uniforme que es el ‘un sol poble’ y está dispuesto a perdonar los excesos del separatismo aunque sólo sea porque comparten adversario: los fundamentos de la España constitucional.

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