Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Quiero tartas

Lea Vélez

Foto: Shannon Stapleton
Reuters

“Quien parte y reparte, se lleva la mejor parte.” Esto lo decía mi madre, con un guiño, al cortar una tarta. Cuando se habla de igualdad entre hombres y mujeres en el mundo de las letras, siempre pienso en esto, y mi mente desbarra hasta imaginar a la mujer que dio a conocer al mundo las tartas gráficas: Florence Nightingale, pues solo a una mujer podía ocurrírsele la ideaza de dibujar en gajos de la tarta los porcentajes de una encuesta, de un estudio o de un muestreo, para que sus teorías sean comprendidas de un golpe de vista por los golosos varones. Florence, enfermera y genia, quiso introducir en 1885 las normas de higiene en los hospitales, al ver que los soldados de Crimea caían como chinches a causa de la disentería y apenas morían por culpa de un balazo. Para demostrar sus observaciones ante los incrédulos varones del ministerio de la guerra, se inventó esto de las tartas y las porciones y la imagen tan brutal que vieron los convenció, pues ya sabemos lo de las mil palabras inútiles ante una imagen demoledora. Los hospitales comenzaron a poner azulejos en las paredes, a limpiar, a usar lejía para los suelos. Las sábanas se lavaron con alegría, las aguas fecales se separaron de las trincheras y la mortalidad cayó drásticamente.

A nadie se le escapa ya, yo creo, que las mujeres reciben tan solo el diez por ciento del pastel de los premios literarios. Pongo algún ejemplo, que vienen siempre bien para ilustrar. El año pasado, Cristina Fernández Cubas recibió el Nacional de narrativa, pero hemos de remontarnos veinte años para encontrar a otra mujer en el palmarés y desde el 77 solo ha habido tres (Carmen Martín Gaite en 1978 y Carme Riera en 1995). Cuarenta años, tres mujeres. En total desde 1924, 67 hombres y 6 mujeres y Concha Espina lo recibió dos veces. ¿Os imagináis esa tarta gráfica del premio nacional? Bien. A mí esto me molesta muchísimo, sobre todo porque siempre se dice eso de que no hay suficientes mujeres buenas, de que, claro, las mujeres están atrás y no han llegado aún a la paridad, es decir, que no escriben tanto como los hombres, o no están suficientemente introducidas en el sector. Se tiene así la idea de que en literatura hay una mujer por cada diez hombres, a juzgar por los participantes de festivales literarios de reciente notoriedad. Entonces yo, que soy muy fan de Florence Nightingale, sigo imaginándome tartas. En este caso, una real, la tarta de cuántos hombres escriben y publican en España y cuántas mujeres escriben y publican en España. Quiero ver esa tarta para estar segura de la realidad antes de hacer valoraciones. Me voy a internet, que es donde yo busco las tartas y por supuesto, no hay ninguna a mano. ¿Cómo? ¿No hay estudios popularizados sobre el impacto de la igualdad y las leyes que llevan décadas en vigor en el mundo de la cultura? Ha de haberlas, seguro, ha de haber tartas de todos los colores, pero andan escondidas. ¿Y cómo puede ser que anden escondidas? ¿Por qué no rulan estas tartas como si la vida fuese una fiesta de cumpleaños? Luchadoras de la mujer, hacen falta los datos de forma clara y concisa para que los periodistas puedan hacer sus artículos a toda mecha, para que de un golpe de vista veamos lo que se cuece en el horno de la cultura. Así, sin la prueba del delito, sin tartas que poder arrojar, todo es percepción. Todo son conclusiones sacadas de la lógica, que ya sabemos que está cargada de errores, ideas equivocadas, arbitrariedades y malos repartos.

Si solo vemos la superficie, parece que existe una mujer por cada diez hombres en un cartel anunciador de un festival, si solo hay una mujer por cada veinte hombres en un premio, parece que las mujeres escriben mucho peor, si solo publican en tal editorial exquisita 25 mujeres contra 93 hombres, parece que de las carreras de letras salen solo un veinticinco por ciento de mujeres con talento, cuando la realidad es que salen el 60 por ciento y que el talento está repartido entre hombres y mujeres por igual. Si en una agencia literaria la desproporción es tan grande que solo tienen en cartera 44 mujeres frente a 98 hombres… ¿Qué argumentos puede cualquier ser humano sin tartas inferir? Hacen falta tartas. Tartas de colores. Grandes, hermosas, ilustradoras tartas. No queremos gritos ni tortas, sino tartas como espejos, donde se miren los editores y digan, “caray, ¿de verdad solo hemos publicado a veinticinco mujeres frente a noventa y tres hombres en los últimos años?” “Hosti, tú, ¿en serio que en nuestro catálogo de autores hay 260 hombres y 123 mujeres?” Hacen falta tartas apetecibles, como ventanas a lo invisible. Si eres librero, hazte una tarta con los libros de tu escaparate. Dime a ver si te sale rica y gustosa o si te da que pensar. Oye, tartas caseras, hoy en la agencia, para desayunar con este pie de tarta: “pero leñe, ¿cómo puede ser que yo tenga el triple de hombres en cartera? ¿Es porque son más rentables? ¿Ha sido un despiste? ¿Es posible que refleje esto una realidad?” Mujeres y hombres del cine, de la cultura, cocinemos tartas y paciencia y hagamos palotes, cada uno en su casa, para llegar a una buena reflexión conjunta, porque la igualdad necesita del reposo de todos y de pensar un poco en cómo hacemos las cosas y por qué.

Una tarta: El 20% de las cátedras de universidad son de mujeres. Imaginaos el pedazo trozo que se comen los hombres, la imagen de seriedad varonil barriguda que reciben los alumnos, imaginad la merendola. Otra tarta: de las facultades de humanidades salen 60 mujeres de cada 100 humanos, tarta que no se ve reflejada en el engorde de la escritura visible, afamada, prestigiosa, por más que uno mire. No es un lamento. Es una necesidad.

El otro día me reí mucho con una anécdota que me contó el guionista y dramaturgo Ignacio del Moral. Al parecer, la hermana de Ignacio, que habla alemán, paseaba por la calle Barquillo de Madrid cuando escuchó a unos turistas alemanes sorprenderse de la cantidad de ciegos que había en la capital de España. En su caminar desde el hotel, estos señores ya habían visto unos cuantos invidentes, con sus gafas y su bastón, y pasmados por aquel tremendo panorama, elucubraban si acaso el brillo del sol contribuía a elevar el número de ciegos en la capital. Todos aplaudieron esta posibilidad y se habrían marchado a su país convencidos de la ceguera de los españoles a causa del brillo extremo, si no fuera por la políglota hermana de Ignacio, que les explicó que no es que en España tuviéramos un sol dañino y cegador, sino que la mayor proporción de invidentes que se cruzaban a su paso se debía, lisa y llanamente, a que la sede de la ONCE está ahí al lado.

A veces, para sacar al mundo de la ceguera, convienen cosas como no buscarle tres pies al gato. Conviene que rulen las estadísticas. Conviene saber que la percepción más lógica es una bobada. Conviene que los gobiernos, los libreros, las madres y las asociaciones de todo pelaje, tengan las cifras actualizadas en breves y demoledoras imágenes contundentes porque no hay mil palabras que sustituyan a una buena tarta. Escuchemos a las genias, que de estas cosas de convencer a los hombres por el estómago saben algo, y acordémonos de Florence Nightingale y de sus sabias frases, para que nos ilumine el camino:
“La observación indica cómo está el paciente. La reflexión indica qué hay que hacer. La destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber qué observar y cómo observar, cómo pensar y qué pensar”.
Sería estupendo que nos pusiéramos a ello, con ciencia y precisión, en lugar de quedarnos solo en discutir sobre las terribles razones para la ceguera de los españoles usando como muestra los transeúntes de la calle Barquillo hacia la calle Prim.

Continúa leyendo: Moderna de Pueblo: “Somos machistas pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido”

Moderna de Pueblo: “Somos machistas pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido”

Ariana Basciani

Foto: Clara Asanza

La fama de Raquel Córcoles, mejor conocida por su alter ego, Moderna de Pueblo, ha crecido en los últimos años. Con más de 600 mil seguidores en Facebook o en Instagram, mayoritariamente mujeres, sabe lo que ellas quieren: hablar de feminismo.

Córcoles acaba de publicar Idiotizadas, un cuento de empoderhadas (Zenith, 2017) el nuevo cómic en donde critica los mensajes “idiotizadores” que las mujeres han escuchado desde el inicio de los tiempos. Córcoles nos comenta que no se ve como se imaginaba que se vería a los 30, porque sigue llevando converse:¿Soy muy mayor para ir con pitillos y chupa de cuero?”, se cuestiona entre risas. Afirma: “Me encanta ponerme cremas como una bruja piruja”, pero que eso no la hace superficial; cree en la complejidad del feminismo, ya que considera el movimiento social como un viaje del que todos, tanto mujeres como hombres, debemos aprender y desaprender cosas para poder vivir en igualdad.

En Idiotizadas, un cuento para empoderhadas, Moderna de Pueblo se vale de historias de Disney que todos conocemos para destruir paradigmas. Personajes como Zorricienta, Gordinieves o La Sirenita Pescada, son fácilmente detectables en la sociedad actual y Córcoles los recrea con magistral humor y crítica.

Moderna de Pueblo: “Somos machistas pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido.” 5
Portada de Idiotizadas, un cuento de empoderhadas | Foto: Clara Asanza

¿Por qué decidiste escribir este libro? ¿Crisis de los 30?

Quería explicar un poco ese punto en el que ya te tienes que empezar a plantear qué tipo de vida quieres llevar, si te quieres quedar igual que a los 20 sin demasiadas obligaciones, responsabilidades, preocupándote solo de ti misma o si ya te metes en ese berenjenal de comprarte una casa, tener hijos, etc. A mi personaje le encaja perfectamente el nombre de Moderna de Pueblo, porque siempre está entre esos dos mundos, entre la modernidad y lo tradicional, pero no se ve en el camino tradicional que es lo que ha visto en su casa, con familia y con hijos, viviendo en las afueras con un trabajo muy estable; pero tampoco se ve como los modernos y sus amigos que llevan una vida tan distroyer de salir de fiesta, de estar de evento en evento, de no preocuparse mucho por si van a cobrar o no, vivir al límite. Moderna está en el medio y ella se pregunta qué camino hay en medio. Ni mi personaje ni nuestra generación tienen referentes de parejas sin hijos que puedan contar su experiencia o de mujeres que vivan de su trabajo, que no hayan querido ser madres, pero que lleven una vida bastante estable. Entonces nos faltan esos referentes para preguntarles si les ha ido bien y así hacernos una idea de todas las posibilidades.

 ¿Idiotizadas está dirigido a una generación más joven que la tuya?

Creo que no hay muchísima diferencia. Si llevas la vida de Zorricienta y Gordinieves probablemente te sientas más cercana a la generación de los 20 que de los 30; hay personas que, al contrario, tienen 25 y se sienten más cercanos a los de 40 por el estilo de vida que llevan. Ahora priva más la personalidad y lo que quieres en la vida que la presión social del entorno. Tú dices: “todos mis amigos se están casando”, pero siempre te quedan algunos que no, ya no eres la loca, la rara, la sola. Sí creo que es un libro que se puede leer a los 15 años y, aunque no vas a empatizar tanto con la trama, sí lo vas hacer con las idiotizaciones de las que se habla, porque hablo del proceso y algunas historias se remontan a cuando eres niña, otras a cuando eres adolescente y otras más ubicadas en los 30 años.

¿Por qué seleccionaste el verbo “idiotizar” para titular del libro?

Creo que la palabra feminista está un poco asociada a connotaciones negativas. Yo me hecho abanderada al intentar hacerle una operación estética, para que la gente vea que no tiene nada de malo la palabra y que es súper bueno lo que fomenta el feminismo. Pero una manera de expresar lo que el feminismo te aporta como herramienta, es des-idiotizarte de mensajes que ya tienes tan aprehendidos, cosas que te han ido contando tantas veces y que casi te las crees por las veces en que las has oído. Hay tantas películas en las que las mujeres quieren ser madres y si ves que todas las mujeres que aparecen son así, tú también puedes pensar que debes ser así, sin analizarlo. El feminismo te dice: “hay otras opciones”, “tu género no tiene que encajar en ese estereotipo”, “si te sientes diferente, sigue tu instinto y no hagas las cosas por presión social”. Entonces Idiotizadas, un cuento para empoderhadas en resumen, es afirmar que somos machistas, pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido.

Moderna de Pueblo: “Somos machistas pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido.” 1
Una de las páginas de Idiotizadas, un cuento para empoderhadas | Imagen: Zenith

En los créditos del libro veo que el guion lo haces junto a Carlos Carrero, ¿qué tanto aportaste tú y qué tanto aportó él?

Yo creo que hay un 75% mío, lo que vendría a ser el alma del libro, la idea original y las tramas en las que está inspirado. Siempre necesito ser yo la que diga “esto lo he vivido”, “esto tengo ganas de contarlo”, y es lo que prima en el libro. Carlos le da un sentido a todo, porque yo tengo tantas cosas que contar que a veces las quiero meter todas a la vez. Cuando no comentas con nadie tus ideas, puedes dar un mensaje que se puede malinterpretar; Carlos siempre lo lee todo, hace un esquema, un orden de las tramas, te cuestiona. Tenemos reuniones creativas. A mí él me da mucho juego porque tenemos los roles de género cambiados en casa. Lo que se ha vendido como lo que quiere una mujer es con lo que él sueña y la actitud que tienen los hombres en las películas de “ay qué marrón mi novia quiere casarse y tener hijos”, soy yo quien lo aporto. Creo que hay que visibilizar que no siempre somos nosotras las que estamos persiguiendo a nuestros novios para casarnos o tener hijos, es una imagen muy anticuada, pero no hay suficientes obras que lo muestren.

Entonces es un libro autobiográfico, ¿inclusive la historia de tu madre y tus hermanas?

Sí, mi madre se divorció súper tarde. Por eso me importan tanto estos temas, porque la generación de mi madre ha tenido unas posibilidades tan limitadas comparadas a las que he tenido yo, que he pensado “suerte que no nací en su época”, siempre quieres pensar “yo lo hubiese hecho mejor, yo no hubiese caído en esas idiotizaciones”, pero marca mucho cómo es tu familia, qué te inculcan. Mi madre, sin ella saber que era feminista, siempre me ha dado mensajes que son des-idiotizadores: “no creas que un hombre va a venir a rescatarte, tú tienes que valerte por ti misma”. Son una serie de mensajes muy básicos, pero hay que expresarlos porque el entorno dice lo contrario.

Veo mucha crítica a ciertos valores, ¿qué crees que te dirían mujeres que sí han decidido ser amas de casa o que han querido casarse y dedicar su vida a ser madres? ¿Crees que se sentirían juzgadas al leer el libro?

Obviamente si haces un libro súper personal, vas a poner allí tu opinión y yo no quiero juzgar a nadie. Pero si mi hermana que tiene 25 años me dice: “voy a dejarlo todo porque me apetece ser ama de casa”, le diría: “eres súper joven, no te puedes permitir depender de alguien, porque he visto lo que pasa cuando dependes de alguien, luego te quedas sin posibilidades y cada año que pasa sin que seas tú quien llevas las riendas del dinero, menos puedes reclamar. Se produce una relación de desigualdad en la pareja. Es una situación de riesgo, yo entiendo que te parezca un estilo de vida bonito, yo solo digo que seas consciente del riesgo que estas asumiendo. Tienes que confiar muchísimo en esa persona y, ahora mismo, ¿quién cree en el amor para toda la vida?”. Yo creo que es un sentimiento hermoso que seguirá existiendo y día a día lucho porque mi relación dure para toda la vida, pero estando consciente de que puede ser que no, y que puedo “rescatarme” si pasa cualquier cosa.

Moderna de Pueblo: “Somos machistas pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido.” 3
Las solteras en Idiotizadas, un cuento para empoderhadas | Imagen: Zenith

¿Tu enfoque tiene que ver con una independencia económica?

Sí. No significa que no me parezca importante la tarea de una ama de casa, es que si eso estuviera valorado por la sociedad, si tuviera un sueldo esa persona, quizás sería diferente el enfoque. Imagina que el sueldo de él tiene por contrato que si la mujer se queda en casa haciendo todas las tareas del hogar, tiene por derecho a un porcentaje de su sueldo porque está haciendo que el hombre pueda trabajar sin que se preocupe de nada más, haciendo que su carrera despegue. En cambio, en la actualidad ese trabajo nadie lo reconoce. Mi madre había aprendido a cocinar, a coser, a ser una buena madre, todo lo de la casa, y por ello me decía: “sal de aquí, porque no quiero que aprendas esto, quiero que aprendas otras cosas, porque esto no está valorado”. Mi madre fue una perfecta ama de casa y se puede ser feliz con esa vida, si se agradece el trabajo que estás haciendo; pero si el mensaje es “viven como reinas, no trabajan”, eso va a calar en tu autoestima, te vas a valorar menos. Entonces hasta que no esté valorado, no puedes sacrificarte y ser solo eso.

Claro, pero también sería una generalización pensar que solo existen parejas en las que el hombre no valore que la mujer se quede en casa.

Claro, yo lo que quiero es que se iguale. Por ejemplo, yo tengo una carrera a la que me costaría muchísimo renunciar y si mi pareja me dijera: “yo quiero tener hijos, pero me voy a encargar de ellos porque tú no puedes renunciar a tu trabajo”, eso sería estar en igualados. A mi no me parece mal, hay que sopesar las posibilidades y que no sea siempre la mujer quien deba renunciar a su profesión. También es importante que el hombre no se sienta desvalorizado o avergonzado porque sea ella la que vaya a trabajar y sea él quien se quede en casa. Ellos también se sienten juzgados si apuestan por ese estilo de vida o si apoyan a la mujer en su carrera.

En el libro más allá de las críticas a las viejas películas de Disney, das ejemplos de referentes feministas como Lena Dunham o el libro de Kate Bolick, Solterona. ¿Crees que en España faltan referentes o sí existen y no se han visibilizado?

 Faltan referentes, pero creo que las mujeres se están visibilizando ellas solas. Las mujeres lo hemos demostrado gracias a las redes sociales, porque interesa lo que decimos, lo que hacemos, que somos la mitad de la población y que nuestros contenidos importan. Gracias a eso, mis seguidoras me han apoyado y me han puesto ellas en esta posición; sin ese aval detrás, no me habrían dado la oportunidad de publicar. Estamos demostrando que tenemos algo que decir, lo que pasa es que los hombres no se interesan por lo que decimos y ese es el gran problema. Y me preguntan cómo podemos hacer que este mensaje llegue a los hombres y yo les digo: “leyéndose el libro”, aunque sepa lo difícil que es que ellos lo vayan a leer. En cambio nosotras, ¡a cuántos autores leemos!

Moderna de Pueblo: “Somos machistas pero estamos despertando de los lenguajes machistas que hemos recibido.” 2
Promoción para la presentación de Idiotizadas, un cuento para empoderhadas en Barcelona | Imagen: Moderna de Pueblo

¿Qué mujeres en España y cercanas a ti están enviado un mensaje feminista?

Isa Calderón con ‘Reviews Fuertecitas’, que hace unas criticas de cine desde la visión de genero con mucho sentido del humor. Lyona, quien presentó mi libro en Barcelona y es una crack, una creativa 360. Paula Bonet, una artista de los pies a la cabeza, que se ha sentido infravalorada y juzgada, es otra crack y la admiro muchísimo, aunque yo no entienda sobre arte. También está la youtuber ‘Soy una pringada’, que representa a la nueva generación que empezó hablando de cine y luego pasó a expresar su manera de ver las cosas; se hizo muy viral con el vídeo ‘Odio a los heteros’ en el que ridiculizaba los comportamientos de los heteros, siempre tan alabados en las películas. Ella es una chica mucho más joven, que está por encima del género y es lo que me da esperanzas, porque también falta visibilizar eso. Está Ana Morgade que ha presentado mi libro en Madrid, que siempre la dejan relegada a ser la co-presentadora, la co-laboradora y es que la conoces y tiene mucho ingenio, aptitudes perfectas para que le den un late night. Y por su puesto, Eva Hache que es una crack. Quizás en ficción me faltan referentes, pero me faltan en todo.

Más allá de destruir al sistema patriarcal, Raquel Córcoles propone revisitarnos, llegar a un pensamiento más crítico, donde podamos romper moldes, estereotipos de cómo ser hombre o ser mujer. Flexibilidad es la consigna.

Continúa leyendo: Inés a secas

Inés a secas

Aurora Nacarino-Brabo

Foto: Pau BARRENA
AFP

‘Merlín el encantador’ es una de las películas que más me gustaban cuando era pequeña. Todavía recuerdo los diálogos. Al principio de la historia, cuando Arturo conoce al mago, este le dice que puede llamarle “Merlín a secas”. Durante mucho tiempo pensé que “Asecas” era el apellido. Luego entendí que Merlín no necesitaba un apellido para ser reconocido.

El cómico Toni Albà llamó el otro día “mala puta” a Inés. Inés a secas. Esta Inés es una persona que, al parecer, se disfraza de demócrata para conseguir votos. Todo el mundo entendió que se refería a Inés Arrimadas, a la que el independentismo desprecia porque va camino de conventirse en la candidata más votada en Cataluña. Tanto la temen que la expresidenta del Parlament, Núria Gispert, quiso mandarla de vuelta a su Andalucía natal: “¿Por qué no vuelves a Cádiz?”.

De este asunto hemos sacado en claro que el actor es un humorista con muy poca gracia y también un machista impresentable. Pero el machismo tiene bula cuanto más a la izquierda en el eje ideológico y más hacia la independencia en el eje territorial se formula. También lo sabe Miquel Iceta, que hace unos días sufrió los insultos homófobos de un profesor de nanociencia, nanotecnología y enano mental de la Universidad de Barcelona.

Ante la indignación y el revuelo provocados por las palabras de Albà, el actor se ha apresurado a decir que no se refería a Arrimadas. Un torpe intento por buscar una exculpación que no ha de llegar. No solo porque Inés, como Merlín, no necesite de apellido para ser reconocida, sino porque no cabe disculpa para quien llama mala puta a ninguna Inés del mundo.

No obstante, estoy convencida de que, de ser preguntado, Albà afirmaría con sinceridad rotunda no ser machista. También creo que Gispert, en su fuero interno, está convencida de que la xenofobia es una idea aborrecible. Y el profesor de Barcelona negará tener nada contra los homosexuales. Pero, ay, todos esos atributos: ser mujer, haber nacido fuera, ser gay adquieren una dimensión moral nueva una vez se pasan por el filtro de la identidad nacional.

Entonces sí, bajo la luz de la vergüenza, contemplados en su españolidad, Iceta es un maricón e Inés es una mala puta que ha de volver a su tierra. No tendrán tanta suerte. Cádiz sabrá esperar.

Continúa leyendo: Sobre los lugares adecuados y los hombres sirena

Sobre los lugares adecuados y los hombres sirena

Laura Ferrero

Foto: AP
AP Foto

Se llama ‘La silla de Fernando’ y es una película-conversación con Fernando Fernán Gómez que hicieron David Trueba y Luis Alegre. Pero es mucho más que un diálogo en el que el actor y director aborda distintos temas como la guerra civil, sus tiempos mozos, las noches de Madrid, las mujeres, el amor o el franquismo…Desde su silla, Fernán Gómez pontifica, se adentra en todos los terrenos políticamente incorrectos y pantanosos, se ríe y hace reír. Se enfada y hace enfadar. Cuenta, en definitiva su paso por esta montaña rusa a la que comúnmente llamamos vida.

De joven, su deseo era ser guapo y fuerte, el mismo que tenemos muchos de nosotros aunque no lo digamos en público. Siempre me han parecido particularmente admirables las personas que dicen lo que piensan sin temor al juicio ajeno. Mi abuela dice que esas son cosas de la vejez, de la llegada de ese tiempo en el que uno empieza por fin a relativizar las cosas. La vejez no es solo dejar de sufrir por el pasado sino también desacralizar por fin el tabú del qué dirán.

Una de las reflexiones que más me gustó es la que Fernán Gómez hace en torno a la envidia. Siempre se ha dicho que ésta es el pecado capital de los españoles y yo misma, hasta que vi la película, lo hubiera corroborado. Sin embargo, el mítico actor lo desmiente. Envidiar es “querer ser como otro”, es un deseo en positivo en el sentido del que dice “me hubiera encantado escribir El Quijote”. Fernán Gómez matiza que el verdadero pecado nacional no es la envidia sino el desprecio a la excelencia. Aquel que dice, por ejemplo, frente a las 1200 páginas de El Quijote, “pues chico, llevo treinta páginas y no es para tanto. Vaya tostón”.

En la película hay otro momento verdaderamente memorable: aquel en el que el actor y director habla de la búsqueda del amor. En su juventud salía mucho de juerga –al bar del aeropuerto de Barajas, el único abierto hasta las tantas en tiempos de dictadura y prohibiciones– y ahí buscaba a su mujer soñada. Su arquetipo ideal era Marlene Dietrich, una femme fatal en toda regla. “Destrúyeme” hubiera querido decirle Fernán Gómez a la hipotética Dietrich española. Este deseo se lo transmitió Fernando a una amiga con la que salía entonces, que le respondió: “Ay, Fernando, a ti nadie puede destruirte. Tú ya estás destruido”. Por aquellos tiempos amigos y conocidos le advertían seriamente de que estaba buscando a su mujer ideal en los lugares equivocados. Los bares de alterne no eran los adecuados. Pero ahí discrepo: las personas importantes aparecen de entre los rincones más insospechados.

Eso también lo cuenta Samantha Schweblin, que poco tiene que ver con Fernán Gómez. O bueno, igual más de lo que nos pensamos. Ayer terminé el maravilloso Pájaros en la boca y otros cuentos, y más allá de que me enamoré del relato que le da título al libro y asimismo de uno llamado ‘Mujeres desesperadas’, me quedo con uno que se llama ‘El hombre sirena’. En él, una mujer está en un bar del muelle esperando a su hermano Daniel: juntos tienen que ir a cuidar de su madre. De repente, sobre una columna de hormigón del muelle, divisa a un hombre sirena. Tarda en entender el significado de aquello y se acerca. Conocerse, que dice Salinas, es el relámpago, Y así les ocurre a ambos, que se enamoran en un instante, si es que eso es posible y si cuando ocurre es posible dejarlo para más adelante: “Aunque no puedo decirle que lo amo: no todavía, debe pasar más tiempo, debemos hacer las cosas paso a paso (…). Pero la decisión está tomada, es irrevocable”.

Sin embargo, pronto aparece su hermano Daniel en su busca, y ella se levanta, supongo, porque le ocurre como a Fernán Gómez, que no sabe si ese es el lugar donde debería estar buscando el amor. Y sin embargo.

“Se queda mirándome un momento. Me doy vuelta hacia el mar. Él, hermoso y plateado sobre el muelle, levanta un bazo para saludarnos. Y aun así, Daniel entra al auto y abre la puerta de mi lado. Entonces no sé qué hacer, y cuando no sé qué hacer, el mundo me parece un lugar terrible para alguien como yo, y me siento muy triste. Por eso pienso: es solo un hombre sirena, es solo un hombre sirena, mientras subo al auto y trato de tranquilizarme. Puede estar ahí otra vez mañana, esperándome.”

O puede que no, querida. Así que bájate del coche. Dile a Daniel que se vaya por donde ha venido y corre hacia el muelle, hazlo deprisa y cruza los dedos para que el hombre sirena, que ha divisado a lo lejos tus dudas y titubeos siga siendo el vínculo y el hilo, el amarre a la única vida que tienes, que no es la de Daniel ni la de tu madre, ni la de los miedos que viajan raudos dentro del coche. Corre. ¿Sabes que solo ocurre una vez, que solo hay un único hombre sirena?

Continúa leyendo: Lorca en presente

Lorca en presente

Carlos Mayoral

Foto: Fundación García Lorca
Fundación García Lorca

Federico es un poeta que todavía no ha conocido su verso. Apenas se ha dejado llevar por la marea académica en la que le ha sumergido su madre, y nadie excepto los chopos del patio de su casa, que le susurran con cariño su nombre (…Fe-de-ri-co…), sospecha que estamos delante del bardo más universal del siglo XX hispánico. Todo cambia durante un viaje a Castilla, la misma Castilla a la que le cantaba entonces Machado, cuando se fija en las cigüeñas que coronan los campanarios de la meseta. Ese día le escribe a un amigo residente en Suiza los primeros versos conscientes de Federico García Lorca: Cigüeñas musicales/ amantes de campanas/ oh, qué pena tan grande/ que no podéis cantar. Ha visto la luz el poeta.

Hace unos días cayó en mis manos “Palabra de Lorca”, extraordinario libro, que guarda en su interior anécdotas como ésta que acabo de redactar. El título centra su sinopsis precisamente en eso, en una recopilación de entrevistas y artículos sobre la figura del granaíno engarzada por Rafael Inglada, Víctor Fernández y la editorial Malpaso. Más allá de la edición, tan hermosa como todas las de este sello, se abría ante mí una duda: ¿Sería tan seductora esta cara del poliedro lorquiano como lo fueron las otras? Sólo me bastaron dos giros de página para darme cuenta de que, efectivamente, estábamos antes un nuevo prodigio que mantiene viva su llama: Federico lo había vuelto a hacer.

Poliedro lorquiano, sí. Porque Federico muestra a menudo tantas caras y tan ricas en matices cada una de ellas que sería absurdo volverle la vista a alguna. “Palabra de Lorca” se recrea en estas caras, pero lo hace en presente, tiempo verbal que parecía esfumarse sepultado en algún lugar entre Víznar y Alfacar. Podemos fijar la atención en el Federico dramático, capaz de convertir en discurso la sangre del teatro; en el Federico más surrealista, el que hace de Nueva York verso y espina; en el Federico más popular, el que a golpe de romance cincela la tradición moderna andaluza. Todos ellos pasan en este libro por la túrmix de la opinión del propio poeta, que le da vida a su obra.

“Palabra de Lorca” nos telegrafía su cara más íntima, la que bebe de sus confesiones. Secretos, interioridades, esquinas de alcoba. El libro se regodea en la impresión que a Federico le produce tal o cual estreno dramático, en el discurso que el de Fuentevaqueros le da a los obreros catalanes sobre la URSS, en la grieta en la mejilla que Nueva York le dejó para siempre, en la infancia que guardó en su memoria el recuerdo del campesino que escuchaba a Chopin mientras hojeaba a Bakunin. Nótese cómo esparzo las anécdotas del libro sin control temático ni cronológico, porque así era el Lorca que se aleja del mito, un individuo que siente y vive sin control, un ser íntimo que supo hacer de su intimidad figura retórica, verso y obra maestra. “Palabra de Lorca” habla del Federico infinito, lo desnuda y lo coloca frente a nosotros. Y, recuerden, lo hace en presente. La poesía y sus lectores estamos de enhorabuena.

TOP