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Por qué Sabina no es machista (y ‘Contigo’ sí)

Lorena G. Maldonado

De adolescente me tatué en el cuello De sobra sabes, el comienzo de la mejor canción escrita en castellano. Aún hoy admiro a Joaquín Sabina más allá del póster, me sobrevive todos los días en la carne como una declaración de intenciones. Y sin embargo es un poema de amor furioso, convicto y franco que dignifica la contradicción, que nos recuerda que es humana y entera, traidora y valerosa. Te quiero tanto, pero. Beso a otras, sueño con ellas y no me redimo. ¿Serás capaz de entenderme, de perdonarme una y otra vez, toda la vida? Te quiero tanto y no es suficiente.

Sólo un ser tan lúcido como Sabina puede hacer un rosario con sus paradojas, con sus taritas, con su estiércol emocional, y convertirlo en el himno de unos perlas como nosotros, los que amamos grave y raro. Por eso no entendí que ayer su afición se tirase al cuello de Laura Viñuela, musicóloga y experta en género, por analizar contenidos machistas de algunas de sus canciones, como Contigo. ¿Es tanto pedir en este país polarizado y faltón escuchar un poco a quien sabe? Qué feministas son los ‘progres’ hasta que se les toca a un tótem de la izquierda: entonces se ríen de la especialidad que son los estudios de género -demostrando que sólo se los toman a pecho cuando les vienen bien, para lavarse la cara- y escupen sobre un debate que está abierto y sangra.

Yo creo que si Sabina hubiese escuchado a Viñuela como yo la escuché ayer, al teléfono, hasta le habría dado la razón, porque no reproducir -inconscientemente- roles de género en una sociedad patriarcal es como ejercer de comunista en un mundo capitalista: algo menos que imposible. Estamos en el ajo. Aunque uno lleve sus buenas intenciones con dignidad, el sistema nos salpica por todos lados. Formamos parte de él, aún con resistencia, aún con espíritu crítico. Joaquín, como digo, sabe de contradicciones. Y creo que respeta tanto a la mujer que podría sentarse con Viñuela, tragarse su discurso incómodo y debatir con ella sin insultarla ni dejar su testiculario encima de la mesa. Eso es ser un hombre. Y eso es lo que yo espero de su inteligencia.

Es verdad que Contigo -la acabo de escuchar y sigue siendo perfecta- habla del tipo que se niega a adaptarse al amor convencional y coloca a la mujer en un páramo gris y manso cercado por sofás, recibos, pucheros y días de San Valentín. Es verdad que reproduce los estereotipos tradicionales de género, ¿y qué? ¿Dónde está la vergüenza en reconocer eso? El machismo en la producción cultural -que imita la realidad- es legítimo en cuanto es verídico. Porque habla de lo que nos pasa. Me dijo un día la magnífica escritora chilena Paulina Flores que si sus cuentos no eran feministas es porque ella no escribe “sobre cómo deberían ser las mujeres tras la revolución feminista, sino sobre cómo son ahora las mujeres, y algunas son muy machistas”. Con los hombres y con las relaciones de amor pasa igual.

Si Contigo es machista es porque la sociedad es machista -igual que tantas obras hermosísimas de todos los tiempos-: la canción sólo refleja unos ministerios que están, todavía, presentes y a nadie extrañan. Se puede asumir eso y continuar con la vida, sin pudores. La música no debe ser didáctica ni ejemplarizante. Qué coñazo. Por otro lado, seamos serios: que esa canción reproduzca roles tradicionales no convierte a Sabina en el monstruo cíclope del falocentrismo. ¿Estamos locos? Pienso en La Magdalena y su visibilización -y ennoblecimiento- de un colectivo femenino marginal como son las prostitutas. Pienso en Aves de paso y en la liberación sexual de la mujer. Bien, Joaquín, por tu deseo no exento de respeto hacia “las casquivanas novias de nadie”. Ya es más de lo que muchos pueden decir de sí mismos.

Pienso, por último -y pasándome los dedos por la nuca- en Y sin embargo, que va en una línea similar a Contigo. Y, bien mirado, me parece una canción feminista. ¿Saben por qué? Porque, aunque cueste mucho trabajo aquí en la tierra y el cielo católico tampoco perdone, al menos en mi vida, quien la canta soy yo.

'Grace and Frankie', icono televisivo de la tercera edad

Néstor Villamor

Las ancianas ya no son ancianas. Al menos en la televisión. Ya no hacen punto ni bizcochos. No están todo el día pendientes de sus hijos, que para algo son mayorcitos. Si ya de por sí las series protagonizadas por mujeres son minoría (aunque tampoco son excepciones: Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas…), Grace and Frankie, la aclamada comedia sobre dos septuagenarias que Netflix acaba de renovar para una cuarta temporada, es una propuesta que no solo desafía al sexismo, sino también al ageism, la discriminación por la edad.

Para hacerse una idea más o menos realista de cómo son Grace y Frankie basta con imaginar a las chicas de oro saliendo de farra, quemando la pista, tomando peyote, sufriendo los dolores post-masturbatorios generados por la artritis y poniendo verdes a sus exmaridos homosexuales. Porque la comedia arranca precisamente cuando a Grace (Jane Fonda) y Frankie (Lily Tomlin) les dicen sus respectivos cónyuges, Robert (Martin Sheen) y Sol (Sam Waterston), que se van a divorciar de ellas porque llevan 20 años liados y han decidido casarse. Tras el shock, ambas se van a vivir a una casa que habían comprado las dos parejas en multipropiedad. E intentan seguir con su vida como pueden: Grace crea un perfil en una página web de citas, Frankie intenta poner a la venta un lubricante vaginal orgánico creado por ella misma que además es comestible (“una no debería ponerse en la vagina nada que no se llevase a la boca”, razona) y entre las dos inventan un vibrador para mujeres de la tercera edad que no deje las manos agarrotadas y cuyas instrucciones estén en letra bien grande para poder leerlas sin gafas de cerca.

Señoras que practican sexo

Pero más allá de momentos más o menos divertidos, la serie refleja un cambio de tendencia que se va consolidando en el cine y la televisión mainstream: mostrar la sexualidad de las mujeres de cierta edad. Ocurrió en 2003 con Las chicas del calendario, una historia basada en hechos reales sobre señoras que posan desnudas para hacer un calendario benéfico para luchar contra la leucemia. Del mismo año es Cuando menos te lo esperas, en la que una madurita Diane Keaton se lía con un joven Keanu Reeves. Y también fue Keaton quien, aunque en un papel secundario, conseguía por fin su primer orgasmo en Porque lo digo yo (2007).

Y el avance social no es solo para ellas. Los gays de Grace and Frankie muestran una realidad nueva del colectivo, inequívocamente ligada a la aprobación del matrimonio homosexual en Estados Unidos en 2015, año en que se estrenó la primera temporada. La pareja que forman Martin Sheen y Sam Waterston es una de las pocas representaciones televisivas del colectivo LGTB de la tercera edad. Se suma así a la estela de Transparent, drama producido por Amazon sobre una anciana transexual.

Avance por fuera, retroceso por dentro

Pero los avances que la serie proyecta en la pantalla distan mucho de estar reflejados en las condiciones laborales de las actrices. Aunque son ellas las que llevan el peso narrativo (y el título) de la ficción, Fonda y Tomlin cobran lo mismo que los actores que interpretan a sus exmaridos, que si bien aparecen en todos los episodios, tienen un papel secundario. Según Fonda, fue Tomlin quien se enteró de que sus compañeros cobraban lo mismo que ellas. “No nos hace gracia”, se quejó la ganadora de dos Oscar. “El programa no es Sol and Robert, es Grace and Frankie“, lamentó a su vez la otra coprotagonista. Por su parte, Sheen y Waterston han salido en defensa de las actrices y han dicho en una entrevista televisiva que deberían “recibir un aumento” porque “son las que llevan la serie”.

Habrá que esperar hasta 2018, año en que se estrenará la cuarta temporada de la comedia, para saber si Netflix abandonará la discriminación salarial de sus actrices. Lo que sí se sabe ya es que la nueva entrega contará con la participación de Lisa Kudrow, la inolvidable Phoebe de Friends.

Los derechos torcidos

Néstor Villamor

Foto: SUSANA VERA
Reuters

Libertad de expresión y de reunión. Tortura y malos tratos cometidos por las autoridades. Derechos de refugiados e inmigrantes. Impunidad. Acceso a la vivienda. Violencia contra las mujeres. Son las materias en las que Amnistía Internacional suspende a España en su informe La situación de los derechos humanos en el mundo. Distintas organizaciones sociales españolas confirman el veredicto.

“Las autoridades españolas continuaron negándose a cooperar con la justicia argentina que investigaba los crímenes de derecho internacional cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo“, reprende el documento. Al organismo le preocupa especialmente que “la Fiscalía General del Estado española” haya dado “instrucciones a las fiscalías territoriales para que se opusieran a cualquier investigación judicial solicitada por la justicia argentina”. Pero la impunidad a la que se refiere el informe está lejos de ser la única inquietud del organismo.

“El gasto público en vivienda había sufrido recortes de más del 50% entre 2008 y 2015, y las ejecuciones hipotecarias seguían sin remitir”, sentencia Amnistía, que lamenta también que “hasta septiembre de 2016 había habido 19.714 desalojos por ejecución de hipoteca, y 25.688 por impago de alquiler”. Y esto ocurre en el país europeo con “más viviendas vacías y con el menor parque de viviendas sociales y el que más desahucia y menos destina a políticas públicas de vivienda”, sostiene Carlos Macías, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

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Fatima Essanhaji, en su domicilio de Parla el día de su desahucio | Foto: Juan Medina / Reuters

Para Macías, el culpable de esta deficiencia tiene nombre propio: “La respuesta del PP a medio millón de familias desahuciadas es poner 6.000 viviendas”. Según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el año pasado se registraron 63.037 desalojos de inmuebles (se incluyen viviendas, pero también oficinas, locales y naves). Es el sexto año consecutivo, según el CGPJ, en que la cifra anual de desahucios supera los sesenta millares. Para el portavoz de la PAH, la solución pasa por “reformar la ley hipotecaria, destinar el 3% del PIB a la vivienda y modificar la ley de alquileres para aumentar la duración [de los contratos de arrendamiento] y fijar un límite de precio”. De lo contrario, las víctimas se quedan “en la calle u ocupan viviendas vacías, porque no te ofrecen alternativa”, advierte.

Violencia machista

Quienes ocuparon no una vivienda sino la madrileña Plaza del Sol fueron las mujeres de la asociación feminista gallega Ve-la luz (Ver la luz). Eso sí, lo hicieron de forma legal y no para protestar por la política de vivienda, sino contra la situación del machismo en España. Amnistía Internacional subraya que, a pesar de la entrada en vigor de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en 2004, no se han “evaluado los efectos de la Ley de manera participativa y transparente, a pesar de las preocupaciones expresadas respecto a la eficacia de los procesamientos y la idoneidad de las medidas de protección de las víctimas”.

Este 2017 está siendo especialmente duro para las mujeres. Solo en los dos primeros meses del año se confirmaron los asesinatos de 15 mujeres a manos de sus parejas o exparejas, según datos de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. Hay que remontarse a 2008 para encontrar un dato igual. Y durante el año pasado aumentaron las denuncias por este delito, según un informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, publicado esta misma semana.

“Hay una normalización tremenda cuando las mujeres buscan ayuda judicial”, alerta Gloria Vázquez, presidenta de Ve-la luz. Ella fue una de las ocho mujeres que iniciaron una huelga de hambre en el kilómetro 0 de Madrid para luchar contra esta lacra. Finalmente lograron su objetivo: “Abrimos nuevos canales de comunicación” con el Gobierno.

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Un grupo de mujeres protesta en Sol contra el machismo | Foto: Mariscal / Efe

Vázquez considera, sin embargo, que la movilización no valió la pena. “Una huelga de hambre nunca merece la pena porque las secuelas son tremendas: estamos todas con dolores de estómago, nos hemos cargado la flora intestinal, yo tengo una piedra en el riñón, tengo una compañera con líquido en el pulmón”. Además de enfrentarse al machismo, las feministas de Ve-la luz se toparon con un rival con el que no contaban: “El Ayuntamiento nos trató fatal”, sentencia. Hasta tres multas, asegura Vázquez, recibieron de la Policía Local. “Yo creo que era una forma de presionarnos”, valora.

El motivo de las sanciones fue la instalación de estructuras para guarecerse del mal tiempo durante su protesta. Y esa es precisamente otra asignatura que España tiene pendiente, según el informe de Amnistía: la libertad de expresión y reunión. En el caso de la protesta de Ve-la luz, “la Policía venía cada dos por tres a llamar la atención, todo era un Cristo”.

—¿Consideran vulnerados sus derechos humanos en ese aspecto?

—Podemos decir que sí —concede.

—¿Alguna vez se llegará al machismo cero?

—Nosotros no lo veremos —responde sin titubear.

Torturas y maltrato policial

Con todo, lo que no sufrieron fue la violencia policial, otra de las preocupaciones de Amnistía: “Se denunciaron nuevos casos de tortura y otros malos tratos, uso excesivo de la fuerza y expulsión colectiva por parte de agentes de policía contra personas, entre ellas las que intentaban entrar irregularmente en los enclaves españoles de Ceuta y Melilla desde Marruecos“.

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Migrantes africanos en la valla de Melilla | Foto: Jesús Blasco de Avellaneda / Reuters

La de estos últimos es una situación que preocupa especialmente a la ONG. Y también a la Red Acoge, una federación de 18 organizaciones que busca “promover los derechos de las personas inmigrantes y refugiadas en España”, según su página web.

Durante el primer semestre de 2016, último periodo del que el Instituto Nacional de Estadística dispone de datos, España registró 186.059 inmigrantes. Pero esa cifra solo hace referencia a los que residen el país de manera legal. Y para llegar a esa situación han tenido que sortear diferentes obstáculos.

“El primero es la forma de la llegada, que es muy dificultosa: es un periplo de mucho tiempo y muy peligroso“, alerta Inés Díez, abogada de la Red Acoge. “Y además no pueden regularizar su situación”. Para hacerlo, a no ser que se casen con españoles, “deben acreditar que llevan tres años en España y tener una oferta de empleo”. Pero es difícil que un empresario le haga una oferta de empleo a un inmigrante sin papeles, admite Díez: “Es un círculo vicioso”.

¿Y qué hacen durante esos tres años? “Sobrevivir, son gente que vende en el top manta o que trabaja en el campo”, expone la abogada. La letrada considera que los españoles deben esforzarse en “conocerlos, porque hay un fuerte rechazo, y no discriminarlos por tener un perfil étnico distinto al de España”.

El rechazo lo encuentran incluso desde las propias instituciones, que les niegan la asistencia sanitaria. Desde la entrada en vigor del decreto ley de 2012 que restringía el acceso médico gratuito a los extranjeros, 748.835 inmigrantes han perdido su tarjeta sanitaria, según el informe de Amnistía. ¿Acudir a la Justicia es una opción? Inés Díez lo pone en duda: “Un contencioso-administrativo tiene muchas demoras. Podemos estar hablando de dos o tres años”. Y sentencia: “Una justicia tan tardía, al final no es justicia”.

Mujeres en política, la larga batalla por la igualdad

Marta Ruiz-Castillo

Foto: SUSANA VERA
Reuters/Archivo

Con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, The Objective ha querido conocer de primera mano cómo es la vida de las mujeres que se dedican a una actividad como la política, y lo ha hecho de la mano de dos de sus protagonistas, Esperanza Aguirre, del Partido Popular, e Ione Belarra de Podemos. Dos mujeres separadas generacional e ideológicamente, con las que hemos hablado sobre la situación de la mujer en general y de la política en particular, a través de su experiencia. Visiones antagónicas o no tanto sobre un mundo tradicionalmente de hombres en el que, como ambas reconocen, persisten ciertas reminiscencias de un machismo que no termina de desaparecer.

La veteranía de una política liberal

Si hay en España una mujer que no deja indiferente a nadie en política esa es Esperanza Aguirre. Odiada y amada a partes iguales, no cabe duda de es una política de los pies a la cabeza. Y de las mujeres que más tiempo lleva dedicada a esta actividad. La actual portavoz del Grupo Municipal Popular y concejala del Ayuntamiento de Madrid ha sido presidenta de la Comunidad de Madrid, ministra de Educación y Cultura, presidenta del PP de Madrid y la única mujer hasta la fecha que ha ocupado la Presidencia del Senado. “Tengo 65 años y de ellos, con la excepción de cuando fui estudiante y acabé la carrera y las oposiciones, los seis años que estuve trabajando en el Ministerio y los dos que recientemente he estado en la empresa privada, todos los demás he estado en política. En total, 33. O sea que ya llevo más tiempo en política que fuera de ella”, explica.

Hace 33 años no era tan frecuente como ahora encontrar a mujeres políticas. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Ahora hay muchas mujeres ejerciendo cargos de responsabilidad en todos los ámbitos, desde el Gobierno central hasta los Ayuntamientos pasando por el Congreso y el Senado o las administraciones autonómicas. “Una de las cosas que ha cambiado es que las cuotas obligatorias y las listas cremallera, que son obligatorias por ley, han hecho que no todas las que llegan ahora vengan por su capacitación profesional y académica sino que muchas vienen, desgraciadamente, porque las eligen por el hecho de ser mujeres”, se lamenta Aguirre.

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Esperanza Aguirre lleva 33 años en política y se declara feminista frente al machismo que subsiste. | Foto: Jorge Raya / The Objective

“A mí me molesta mucho que se tenga que preferir a una mujer sobre un hombre por el hecho de la cuota o de la igualdad. Yo no estoy de acuerdo con las cuotas pero reconozco que han tenido la virtualidad de colocar a muchas mujeres en la política”. Cuando ella llegó a la política “no eran raras las fotografías en las que todos eran varones”.

La pregunta entonces es por qué se le ocurrió entrar en política si era un medio más bien hostil para una mujer. “Acabé la carrera, hice unas oposiciones, en medio me casé, y estaba trabajando ya en el Ministerio de Turismo”. Entonces, añade, conoció a Pedro Schwartz que formó un partido que se llamaba la Unión Liberal con el que se presentó en las elecciones de 1982 y salió elegido diputado. Al año siguiente, “me ofreció ir en las municipales y no sin alguna reticencia al principio, acepté y salí elegida concejal del Ayuntamiento de Madrid por Unión Liberal en 1983, partido del que se decía que cabíamos todos en un taxi pero que lo pagaba Alianza Popular, lo cual no era del todo incierto”. Esos fueron los inicios en política de Esperanza Aguirre.

Desde el punto de vista más personal, desde el primer momento contó con todo el apoyo de su marido. “Estaba casada, trabajaba en el Ministerio, acababa de tener mi segundo hijo y habían llegado los socialistas con una noticia fantástica para las madres, que era que podíamos renunciar a un tercio del horario y a un tercio del sueldo. Y a mí en ese momento me vino maravillosamente bien porque al final no se renunciaba a un tercio del suelo total, sino a un tercio de los complementos. Con lo cual, yo podía atender a mis hijos y en esa tesitura me encontraba”. Reconoce que fue de gran ayuda para ella “esta decisión de Felipe González”. Durante un tiempo compaginó su trabajo en el ministerio con el puesto de concejala hasta que decidió dedicarse “‘full time’ a su actividad política como portavoz de Cultura en la oposición”.

“Soy feminista pero no comparto en absoluto la ideología de género” 

Admiradora de Margaret Thatcher, la primera mujer primera ministra del Reino Unido conocida como la ‘Dama de Hierro’, “hay muchos que consideran que ha sido un desastre para las mujeres, entre otros, los de Podemos que creen que lo bueno para el feminismo no es que haya mujeres en los cargos sino que se feminicen – ¿Cómo dice Pablo Iglesias? – que se feminicen los hombres porque hay mujeres muy masculinizadas – y a mí me considera una de ellas”.

Niega este extremo y asegura que ella es “feminista” pero “no comparto en absoluto la ideología de género y me parece muy mal que se pretenda adoctrinar a los niños en ese tema”. En política, Aguirre es de las que piensa que a las mujeres se les sigue tratando de forma diferente que a los hombres; como ejemplo pone el caso de la típica pregunta que siempre le hacen por ser mujer sobre cómo compagina la vida familiar con la vida política. “Eso no se lo preguntan nunca a un hombre”. Un síntoma, en su opinión, de que “subsiste el machismo” y entre los machistas destaca al secretario general de Podemos. “Un señor como Pablo Iglesias que dice que azotaría hasta hacer sangrar a Mariló Montero – periodista de TVE – y nadie dice nada, y las feministas no se salen de la rueda de prensa, no protestan…”. Una frase que “refleja el machismo de Pablo Iglesias”. Lo que hay que hacer, añade, es “¡denunciar el machismo!. Si tú me preguntas por qué he podido ser yo política, te contesto que porque mi marido no es machista. Es liberal y no es machista”. Además, la abuela materna de Aguirre “era muy feminista y obligó a sus hijas a hacer Bachillerato, y favoreció muchísimo que todas mis hermanas hiciéramos carreras”.

“Si me preguntan por qué he podido ser yo política, la respuesta es porque mi marido no es machista; es liberal pero no es machista”

Esperanza Aguirre tiene dos hijos a los que no ha necesitado inculcar ningún tipo de principio sobre la igualdad entre hombres y mujeres porque “ellos lo han percibido, han visto a su madre siempre trabajando y teniendo unos puestos de más protagonismo social que su padre y nunca les ha parecido mal. Sobre todo porque a su padre no le parecía mal”. En este sentido, puntualiza que más que ser ella un ejemplo de igualdad, ha sido de “desigualdad” porque “yo he tenido más protagonismo que mi marido”, por eso insiste en que “esto de las listas cremallera en política es un disparate. Hay varios ayuntamientos que querían hacer una lista de mujeres y no les han dejado. Es absurdo”.

Recuerda que “antes de que fuera obligatorio, siendo presidente José María Aznar, hizo que las ciudades más importantes de España tuvieran mujeres alcaldesas. Nadie había pensado que Sevilla, Málaga, Valencia, Ávila, Zaragoza…fueran ciudades que gobernaran las mujeres”. “Esto ha empezado a degenerar, poco a poco, cuando llegó José Luis Rodríguez Zapatero al Gobierno, que puso a las mujeres por ser mujeres, las sacó en Vogue posando…y ha degenerado, ha ido para abajo en todas partes”.

Sobre el Día de la Mujer Trabajadora, Aguirre dice que lo va a conmemorar “trabajando” con participaciones en diversos actos oficiales y de partido. “Vamos a ver, a mí lo que me gustaría es que no tuviéramos que celebrar el 8 de marzo ¿Por qué hay que celebrar el Día de la Mujer Trabajadora? Lo que tampoco puede ser es que en los países occidentales en los que tenemos la raíz cultural judeocristina y grecolatina, que hemos llegado a la igualdad ante la ley – con América incluida – aún hay otros países donde la mujer está preterida, sojuzgada, sometida a su padre o a su marido, cuando no mutilada. Entonces de eso no tenemos que hablar las mujeres occidentales. Te lo digo porque el otro día en el Ayuntamiento de Madrid hicimos una declaración institucional y no nos dejaron a nosotros- el PP – condenar algunos regímenes que, por principio, tiene a la mujer preterida, porque eso es islamofobia”.

Sin duda, ha habido muchos logros que han conseguido las mujeres pero si tuviera que quedarse con uno, Esperanza Aguirre se decanta por “el Código Civil, que nos concede todos los derechos”, que ha acabado con situaciones como la que equiparaba en el tardofranquismo a la mujer, en capacidad de obrar, con el menor y el loco. ¿Y qué es lo que queda por hacer? “Lo que queda es ocuparse del resto de las mujeres del mundo, millones de mujeres en el mundo donde no tienen los mismos derechos que los hombres”. Y en España “todavía quedan muchas cosas por hacer. Yo veo a las madres jóvenes trabajadoras que tienen que hacer encaje de bolillos; lo veo en mis nueras que tienen hijos y tienen trabajos muy estresantes y muchas veces las mujeres tienen que renunciar a un ascenso en el trabajo para poder ocuparse de los hijos y eso es lo que no puede ser. Porque somos una sociedad envejecida, necesitamos más niños y hay que ayudar y favorecer mientras los niños son pequeños, que puedas trabajar en tu casa; hay muchísimas cosas que se pueden hacer”.

El entusiasmo de la juventud

Ione Belarra acaba de empezar en política. Lleva desde enero del año pasado en el Congreso de los Diputados, aunque explica que ha sido “activista durante mucho tiempo en temas de migraciones y derechos humanos, y siento que soy eso, una activista que temporalmente está haciendo política institucional”. Miembro de Podemos, acaba de ser nombrada portavoz adjunta del Grupo Parlamentario en una Cámara baja donde, de los 150 escaños, 138 están ocupados por mujeres.

8M: Mujeres en política, la larga batalla por la igualdad
Ione Belarra es portavoz adjunta del Grupo Parlamentario de Podemos. | Foto: Podemos

A la hora de hablar sobre los derechos de las mujeres, Ione habla de las mujeres que no han tenido, como ella, el privilegio de estudiar, de las que por miedo a perder su trabajo es probable que no se sumen al paro de media hora internacional el 8M. Esta Psicóloga Educativa de 29 años cree que el “feminismo no debería ser una cuestión de partidos únicamente, pero detrás del feminismo hay una ideología profunda, que es hacer visible que las raíces de las desigualdades que hay entre hombres y mujeres no son casualidades, son fruto de un proceso histórico donde las mujeres han tenido menos oportunidades de estar en los espacios de decisión”. “Igual el ataque que nos hace la derecha es que estamos ideologizando este tema, pero es más por los matices”.

Al igual que Aguirre, Ione tiene claro que no todo el colectivo de mujeres está en la misma situación de igualdad o desigualdad. Y también admite que quedan reminiscencias machistas en los partidos, en la política. “Vivimos en una sociedad patriarcal en la que el machismo lo invade todo. Yo he crecido en una sociedad machista y seguramente tengo dejes que son machistas aunque me considero una mujer feminista”. Pero en el caso de Podemos, explica, todos sus integrantes tienen un compromiso claro de “reflexionar sobre eso y tratar de cambiarlo”. Ahí reside, en su opinión, la diferencia fundamental con respecto a otras formaciones donde el machismo está más arraigado, “en reflexionar sobre las situaciones que crean desigualdad con el compromiso de trabajar para transformarlas”.

“Vivimos en una sociedad patriarcal en el que el machismo lo invade todo, también los partidos”

Su opinión sobre la obligación de los partidos de elaborar listas cremallera en las elecciones difiere de la de Aguirre, ya que para Ione “que haya mujeres en las listas es un primer paso. No debe ser el único pero es importante porque cuando no se aplica esa corrección, los espacios de decisión se llenan de hombres”. “Debe ser obligatorio pero para nosotros es la exigencia mínima. Lo máximo es cambiar las dinámicas para que los hombres no ocupen tanto espacio”.

Desde su papel como política, admite que se ha avanzado en los derechos de las mujeres pero aún “queda mucho por hacer”. Y en este punto, lamenta la violencia machista, el hecho de que en los tres primeros meses de este año hayan sido asesinadas 16 mujeres; eso es la punta de un iceberg mucho más amplio de una sociedad donde no hay igualdad de género, de la cultura machista de este país, lamenta. “Las mujeres, a lo largo del día y de nuestra vida sufrimos muchas formas de violencia” y pone como ejemplo los piropos, “una forma de violentar tu cuerpo”.

Para Ione, haber entrado en política es una decisión que tomó con total libertad pero sabe que por el hecho de ser mujer tiene que “dar un plus” en su trabajo, en este caso como portavoz adjunta. “Para demostrar que valemos para el puesto tenemos que esforzarnos más y yo siento que cualquier pequeño fallo que cometa va a magnificarse mucho más que si fuera un hombre, porque se te mira con lupa y si cometo un error siento que alguien podría decir ‘ves como no está preparada para estar ahí, ves como no vale, ves como es demasiado joven, y todo, en el fondo, por ser mujer “. Después de tres años en Podemos, Ione percibe que los hombres trabajan mucho pero las mujeres “estamos trabajando muchísimo, metiendo muchas horas y renunciando a muchas cosas”. En su caso, ha renunciado a una beca de investigación muy difícil de conseguir. “Creo que sí, que estamos haciendo muchas renuncias sobre todo las mujeres jóvenes con los condicionantes que eso tiene en cuanto a plantearte tener hijos o no”. Ella desde luego ahora ni se lo plantea “con la vida que llevo”. Los hombres no tienen tanto este conflicto personal, admite Ione.

“Siento que cualquier pequeño fallo que cometa va a magnificarse más que si fuera un hombre”

En cuanto al mayor logro que se ha producido en los derechos de la mujer, Ione destaca el hecho de que se considere ya como “un consenso general que vivimos en una sociedad machista” y como nadie lo cuestiona es un logro porque “a partir de ahí puedes plantear soluciones al problema”. “Ahora está asumido que el machismo es una lacra contra la que hay que trabajar”, insiste.
Por eso, lo más importante que le queda por hacer a las feministas en su lucha contra la desigualdad es “conseguir que se incorporen las mujeres que tienen más dificultades en la España de hoy, las que tienen situaciones más precarias, las mujeres migrantes”, que no forman parte de la lucha feminista, reconoce, “porque no hemos sabido incorporarlas”.

Esperanza Aguirre e Ione Belarra, dos mujeres, dos políticas, dos generaciones diferentes, dos experiencias y militantes de partidos opuestos. Y, sin embargo, tras conversar con ellas, hay muchos puntos en común respecto a los retos que aún quedan por alcanzar en la larga batalla por la igualdad de las mujeres en el mundo.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: RUBEN SPRICH
Reuters

Como ya relatamos en este espacio, las mujeres lo han tenido realmente difícil para obtener el reconocimiento del mundo del Arte, tan machista o más que otros sectores de la sociedad. Si bien las artistas han logrado ir haciéndose un hueco en las últimas décadas, aún nos preguntamos si es necesario que una mujer esté desnuda (en un cuadro) para entrar en un museo. Antes de que llegaran las Guerrilla Girls y otros movimientos más recientes como el de Girls in museums, muchas mujeres desafiaron a sus contemporáneos y a la Historia del Arte de la forma más consecuente: creando. Muchas de ellas quedaron relegadas a ser “la mujer de” o “la musa de”, obviando el valor de su trabajo.

Aprovechando la iniciativa #5WomenArtists, a través de la cual varios museos y entidades artísticas retan al público a nombrar a cinco mujeres artistas con motivo del Día Internacional de la Mujer, podemos observar que no todo el mundo es capaz de hacer tal selección. Por ello vamos más allá y presentamos siete nombres femeninos -algunos más célebres que otros- que desafiaron a la Historia desde diferentes disciplinas, desde la pintura a la escultura, pasando por la ilustración.

1. Frida Kahlo (1907-1954)

El nombre de Frida Kahlo es, seguramente, el que más suene al común de los mortales. Su vida estuvo marcada por el infortunio de contraer una poliomielitis de niña, y después por un grave accidente que sufrió durante su juventud, accidente que la mantuvo postrada en cama durante largos periodos. No obstante, nada de aquello la separó de su capacidad creativa e inspiradora. La pintora mexicana combinó en su obra, de carácter muy personal, los estilos surrealista, naïf y folclórico.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia 1
Perro Itzcuintli conmigo, una de las obras más emblemáticas de Frida Kahlo. | Foto: Stefano Rellandini / Reuters

Su vida personal se ha estudiado con lupa, casi con cierto voyeurismo. Su matrimonio con Diego Rivera marcó ciertamente la obra de Frida Kahlo, y su bisexualidad sigue planeando por su vida y obra. Sin embargo, el arte de Frida Kahlo va mucho más allá de su vivencias personales. Aunque su trabajo fue admirado en vida por varios artistas contemporáneos a su época, no fue hasta después de su muerte cuando sus piezas lograron una mayor trascendencia. La mexicana ha extendido su figura de artista hasta convertirse en icono del siglo XX.

2. Georgia O’Keeffe (1887-1986)

Sería muy difícil comprender el Arte Contemporáneo del siglo XX sin la influencia de Georgia O’Keeffe, que fue la gran pionera en el campo de las artes visuales. Sus obras más conocidas son las pinturas de flores a gran escala, como Black Iris, y sus series de cuadros, como Jack-in-a-Pulpit.

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Black Iris, de Georgia O’Keeffe. | Foto: Alfred Stieglitz Collection, 1969

Como detrás de cada gran mujer hay un gran hombre, la obra de O’Keeffe no se entendería sin la presencia del fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz, que con buen ojo supo ver en ella una de las máximas representantes del Arte Moderno. A diferencia de Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe sí que conoció en vida las mieles del éxito. De hecho, en sus últimos días pudo recibir numerosos galardones y asistir a importantes exposiciones y retrospectivas en su honor.

3. Louise Bourgeois (1911-2010)

La influencia de Louise Bourgeois en el Arte Contemporáneo a nivel global es innegable. Su obra trasciende las fronteras y los estilos artísticos: toca movimientos como el Surrealismo, el Posminimalismo y el Expresionismo Abstracto. Sus famosas esculturas de araña -un homenaje a su madre tejedora- son hoy un emblema del Arte.

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La escultura Maman, de Louise Bourgeois, expuesta en el Museo Picasso de Málaga. | Foto: Jon Nazca / Reuters

Una de estas esculturas llegó a subastarse por 10,7 millones de dólares, convirtiéndose en una de las artistas féminas más cotizadas del mercado. Reconocida como la precursora del Arte Confesional, cuatro de sus trabajos están catalogados como sugestivos de la figura humana, expresando temas como la traición, la ansiedad y la soledad. Sus trabajos eran puramente autobiográficos y estaban inspirados en su trauma de la infancia causado por el descubrimiento del affaire entre su padre y su niñera.

4. Yayoi Kusama (1929)

Yayoi Kusama es probablemente una de las artistas vivas más influyentes del mundo del Arte, llevando la voz cantante en el avant-garde. Tras estudiar Nihonga (pinturas de estilo japonés) en su país natal, se interesó por los movimientos occidentales, lo que la llevó a mudarse a Nueva York. Al principio se adhirió al Expresionismo Abstracto, para más tarde pasarse al Arte Pop. Sus obras está basadas en el arte conceptual y están fuertemente influenciadas por el feminismo. Además se ha adentrado en otras disciplinas artísticas como la literatura.

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Infinity Mirrored Room, por Yayoi Kusama. | Foto: Caren Firouz / Reuters

Las obras de Yayoi Kusama se encuentran entre las más cotizadas a escala mundial. En 2008, la casa de apuestas Christie’s vendió una obra de la artista japonesa por 5,1 millones de dólares, un récord para una mujer artista viva. Por otro lado, se han expuesto grandes retrospectivas de su obra en lugares de relevancia como el MoMA de Nueva York, el Museo Whitney de Arte Estadounidense y la Tate Modern de Londres.

5. Camille Claudel (1864-1943)

La historia de Camille Claudel está tintada de locura, una locura muy lúcida. Su visión artística era genial, muy adelantada para su época (empezó a esculpir a muy temprana edad, en la segunda mitad del siglo XIX). Como en la gran mayoría de casos de artistas féminas, se habla de Camille Claudel como la musa de su compañero –en este caso Auguste Rodin-, con el que mantuvo una relación amorosa durante unos años. Sin embargo, su obra cobra importancia por sí misma. Durante casi una década, Rodin y Camille trabajaron codo con codo, influyéndose e inspirándose el uno a la otra, y creando algunos de sus mejores trabajos: Fugit Amor, en el caso de Rodin; Sakountala, en el de Camille.

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Sakountala, de Camille Claudel. | Foto: Sotheby’s

Tras su ruptura con el famoso escultor galo, Claudel no se quedó sin inspiración, sino todo lo contrario. A pesar de entrar en una espiral de locura tras este proceso traumático, entre 1899 y 1905 surgieron algunas de sus mejores obras, como El Vals, El Pensamiento, La Ola o El Abandono. Su influencia en la escultura del siglo XX es innegable, aunque su nombre no resuene tanto como el del que fue su compañero.

6. Berthe Morisot (1841-1895)

Berthe Morisot es otra artista francesa, en este caso figura relevante del Impresionismo, cuyo enlace sentimental suele citarse. En su caso, se trata de Eugène Manet, hermano de Édouard Manet. La figura de Berthe Morisot, junto a las de otras maestras del Impresionismo, quedó ensombrecida por el conjunto del movimiento, mayoritariamente masculino.

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Pastora desnuda tumbada, una pintura de Berthe Morisot. | Foto: Museo Thyssen

Siguiendo la estela de otras grandes artistas de su tiempo, como Mary Cassatt o Marie Bracquemond, Berthe Morisot llenó sus lienzos de escenas cotidianas con gran dulzura y delicadeza. Tras su desaparición, sus cuadros siguen teniendo un lugar destacado en el mundo del Arte, de hecho sus pinturas pueden alcanzar cifras de más de 4 millones de dólares en el mercado actual.

7. Beatrix Potter (1866-1943)

Beatrix Potter creció en el seno de una familia acomodada en la Inglaterra Victoriana. Aunque siempre ha sido más reconocida por sus obras literarias -especialmente infantiles-, su incursión en el mundo de la ilustración -una disciplina artística que a menudo queda relegada a un segundo plano- no es en absoluto desdeñable. Potter logró unir su talento con el dibujo a su extraordinaria capacidad de observación de la naturaleza y de contar historias. Como resultado nació Peter Rabbit, un personaje de cuentos ya legendario.

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Peter Rabbit, el personaje más célebre de Beatrix Potter | Foto: Frederick Warne & Co.

En 1902 publica su primer cuento ilustrado y tal fue su éxito que durante la siguiente década no dejó de publicar nuevas historias. Tras el fallecimiento de su marido, Beatrix compró la granja Top Hill en Escocia, de donde saca la inspiración necesaria para seguir creando sus historias, escritas e ilustradas.

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