El Subjetivo
Por qué Sabina no es machista (y ‘Contigo’ sí)
Carlos Barria / EPA/DPA
16.02.2017 De adolescente me tatué en el cuello De sobra sabes, el comienzo de la mejor canción escrita en castellano. Aún hoy admiro a Joaquín Sabina más allá del póster, me sobrevive todos los días en la carne como una declaración de intenciones. Y sin embargo es un poema de amor furioso, convicto y franco que dignifica la contradicción, que nos recuerda que es humana y entera, traidora y valerosa. Te quiero tanto, pero. Beso a otras, sueño con ellas y no me redimo. ¿Serás capaz de entenderme, de perdonarme una y otra vez, toda la vida? Te quiero tanto y no es suficiente.

Sólo un ser tan lúcido como Sabina puede hacer un rosario con sus paradojas, con sus taritas, con su estiércol emocional, y convertirlo en el himno de unos perlas como nosotros, los que amamos grave y raro. Por eso no entendí que ayer su afición se tirase al cuello de Laura Viñuela, musicóloga y experta en género, por analizar contenidos machistas de algunas de sus canciones, como Contigo. ¿Es tanto pedir en este país polarizado y faltón escuchar un poco a quien sabe? Qué feministas son los ‘progres’ hasta que se les toca a un tótem de la izquierda: entonces se ríen de la especialidad que son los estudios de género -demostrando que sólo se los toman a pecho cuando les vienen bien, para lavarse la cara- y escupen sobre un debate que está abierto y sangra.

Yo creo que si Sabina hubiese escuchado a Viñuela como yo la escuché ayer, al teléfono, hasta le habría dado la razón, porque no reproducir -inconscientemente- roles de género en una sociedad patriarcal es como ejercer de comunista en un mundo capitalista: algo menos que imposible. Estamos en el ajo. Aunque uno lleve sus buenas intenciones con dignidad, el sistema nos salpica por todos lados. Formamos parte de él, aún con resistencia, aún con espíritu crítico. Joaquín, como digo, sabe de contradicciones. Y creo que respeta tanto a la mujer que podría sentarse con Viñuela, tragarse su discurso incómodo y debatir con ella sin insultarla ni dejar su testiculario encima de la mesa. Eso es ser un hombre. Y eso es lo que yo espero de su inteligencia.

Es verdad que Contigo -la acabo de escuchar y sigue siendo perfecta- habla del tipo que se niega a adaptarse al amor convencional y coloca a la mujer en un páramo gris y manso cercado por sofás, recibos, pucheros y días de San Valentín. Es verdad que reproduce los estereotipos tradicionales de género, ¿y qué? ¿Dónde está la vergüenza en reconocer eso? El machismo en la producción cultural -que imita la realidad- es legítimo en cuanto es verídico. Porque habla de lo que nos pasa. Me dijo un día la magnífica escritora chilena Paulina Flores que si sus cuentos no eran feministas es porque ella no escribe “sobre cómo deberían ser las mujeres tras la revolución feminista, sino sobre cómo son ahora las mujeres, y algunas son muy machistas”. Con los hombres y con las relaciones de amor pasa igual.

Si Contigo es machista es porque la sociedad es machista -igual que tantas obras hermosísimas de todos los tiempos-: la canción sólo refleja unos ministerios que están, todavía, presentes y a nadie extrañan. Se puede asumir eso y continuar con la vida, sin pudores. La música no debe ser didáctica ni ejemplarizante. Qué coñazo. Por otro lado, seamos serios: que esa canción reproduzca roles tradicionales no convierte a Sabina en el monstruo cíclope del falocentrismo. ¿Estamos locos? Pienso en La Magdalena y su visibilización -y ennoblecimiento- de un colectivo femenino marginal como son las prostitutas. Pienso en Aves de paso y en la liberación sexual de la mujer. Bien, Joaquín, por tu deseo no exento de respeto hacia “las casquivanas novias de nadie”. Ya es más de lo que muchos pueden decir de sí mismos.

Pienso, por último -y pasándome los dedos por la nuca- en Y sin embargo, que va en una línea similar a Contigo. Y, bien mirado, me parece una canción feminista. ¿Saben por qué? Porque, aunque cueste mucho trabajo aquí en la tierra y el cielo católico tampoco perdone, al menos en mi vida, quien la canta soy yo.