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Por qué Sabina no es machista (y ‘Contigo’ sí)

Lorena G. Maldonado

De adolescente me tatué en el cuello De sobra sabes, el comienzo de la mejor canción escrita en castellano. Aún hoy admiro a Joaquín Sabina más allá del póster, me sobrevive todos los días en la carne como una declaración de intenciones. Y sin embargo es un poema de amor furioso, convicto y franco que dignifica la contradicción, que nos recuerda que es humana y entera, traidora y valerosa. Te quiero tanto, pero. Beso a otras, sueño con ellas y no me redimo. ¿Serás capaz de entenderme, de perdonarme una y otra vez, toda la vida? Te quiero tanto y no es suficiente.

Sólo un ser tan lúcido como Sabina puede hacer un rosario con sus paradojas, con sus taritas, con su estiércol emocional, y convertirlo en el himno de unos perlas como nosotros, los que amamos grave y raro. Por eso no entendí que ayer su afición se tirase al cuello de Laura Viñuela, musicóloga y experta en género, por analizar contenidos machistas de algunas de sus canciones, como Contigo. ¿Es tanto pedir en este país polarizado y faltón escuchar un poco a quien sabe? Qué feministas son los ‘progres’ hasta que se les toca a un tótem de la izquierda: entonces se ríen de la especialidad que son los estudios de género -demostrando que sólo se los toman a pecho cuando les vienen bien, para lavarse la cara- y escupen sobre un debate que está abierto y sangra.

Yo creo que si Sabina hubiese escuchado a Viñuela como yo la escuché ayer, al teléfono, hasta le habría dado la razón, porque no reproducir -inconscientemente- roles de género en una sociedad patriarcal es como ejercer de comunista en un mundo capitalista: algo menos que imposible. Estamos en el ajo. Aunque uno lleve sus buenas intenciones con dignidad, el sistema nos salpica por todos lados. Formamos parte de él, aún con resistencia, aún con espíritu crítico. Joaquín, como digo, sabe de contradicciones. Y creo que respeta tanto a la mujer que podría sentarse con Viñuela, tragarse su discurso incómodo y debatir con ella sin insultarla ni dejar su testiculario encima de la mesa. Eso es ser un hombre. Y eso es lo que yo espero de su inteligencia.

Es verdad que Contigo -la acabo de escuchar y sigue siendo perfecta- habla del tipo que se niega a adaptarse al amor convencional y coloca a la mujer en un páramo gris y manso cercado por sofás, recibos, pucheros y días de San Valentín. Es verdad que reproduce los estereotipos tradicionales de género, ¿y qué? ¿Dónde está la vergüenza en reconocer eso? El machismo en la producción cultural -que imita la realidad- es legítimo en cuanto es verídico. Porque habla de lo que nos pasa. Me dijo un día la magnífica escritora chilena Paulina Flores que si sus cuentos no eran feministas es porque ella no escribe “sobre cómo deberían ser las mujeres tras la revolución feminista, sino sobre cómo son ahora las mujeres, y algunas son muy machistas”. Con los hombres y con las relaciones de amor pasa igual.

Si Contigo es machista es porque la sociedad es machista -igual que tantas obras hermosísimas de todos los tiempos-: la canción sólo refleja unos ministerios que están, todavía, presentes y a nadie extrañan. Se puede asumir eso y continuar con la vida, sin pudores. La música no debe ser didáctica ni ejemplarizante. Qué coñazo. Por otro lado, seamos serios: que esa canción reproduzca roles tradicionales no convierte a Sabina en el monstruo cíclope del falocentrismo. ¿Estamos locos? Pienso en La Magdalena y su visibilización -y ennoblecimiento- de un colectivo femenino marginal como son las prostitutas. Pienso en Aves de paso y en la liberación sexual de la mujer. Bien, Joaquín, por tu deseo no exento de respeto hacia “las casquivanas novias de nadie”. Ya es más de lo que muchos pueden decir de sí mismos.

Pienso, por último -y pasándome los dedos por la nuca- en Y sin embargo, que va en una línea similar a Contigo. Y, bien mirado, me parece una canción feminista. ¿Saben por qué? Porque, aunque cueste mucho trabajo aquí en la tierra y el cielo católico tampoco perdone, al menos en mi vida, quien la canta soy yo.

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11 preguntas random con El Kanka, el cantautor del 'buen rollo'

Bea Guillén Torres

¿Qué canción no se cansa de escuchar El Kanka? ¿Qué le da mucho miedo? ¿De qué se queja en exceso? ¿Cuál es su refrán favorito? ¿A quién prefiere a Iglesias o a Rajoy? Le hemos hecho a El Kanka 11 preguntas random y, spoiler, se ríe en todas.

Aquí puedes leer la entrevista completa.

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El Kanka: "Si no podemos ofender a nadie, a lo mejor es que no podemos decir nada"

Bea Guillén Torres

Foto: The Objective
The Objective

Juan Gómez Canca (Málaga, 1982) pasa la mayor parte de su tiempo siendo El Kanka y el tiempo entero siendo una carcajada. “Pero eso lo estoy cambiando”. Lo de escribirse más con k que con c, claro, que lo de la risa no se puede negociar. “Ya me han puesto el sambenito del cantautor del buen rollo, que está bien y me pega porque me sale natural centrarme siempre en la parte constructiva. Pero yo tengo mis penurias como todo el mundo e incluso puede que más porque soy muy sensible”. Con El Kanka es así casi toda la entrevista. Se enrolla y desenrolla, se ríe, muchísimo, y se queja muy poco, casi nada. “La verdad es que Amaia de Operación Triunfo me ha hecho una publicidad increíble, si ella lo supiera. Un día va a venir a cobrar”. Y se ríe. Cómo no.

Allá por el 2000, Juan Gómez era un aplicado estudiante de Económicas. Luego, pronto, cogió una guitarra y dejó los números —“que se me daban bien, ¿eh?”— y empezó Filosofía y se lanzó a componer. “Una mierda de canciones, no había por dónde cogerlas”. Cuando ya comenzó a dar “conciertillos” dejó todo lo que no implicara que las canciones fueran su bandera.

—¿Cómo recuerdas todo aquello del principio?

—Tengo un recuerdo regular, no creas. Porque yo soy muy tímido y en mis primeros conciertos cantaba mirándome las botas. Después del concierto tenía un subidón que no veas, pero durante la actuación tenía pánico. Ahora ya estoy como en mi casa, no sé cuántos conciertos habré hecho. Muchísimos.

No hemos podido contar los conciertos, tampoco los kilómetros. Pero sí recordar el suelo de piedritas, el patio interior de la primera vez que se subió a un escenario. “En realidad no había ni escenario, estaba ahí en medio de una tetería de Málaga y los camareros pasaban por detrás”.

El Kanka: "Si no podemos ofender a nadie, a lo mejor es que no podemos decir nada" 2
El Kanka y Jorge Drexler en la grabación de ‘Por tu olor’. | Imagen: Vevo

Han sonado miles de acordes desde entonces. Tres discos, 46 temas, tropecientas colaboraciones: Izal, Jorge Drexler, El niño de la hipoteca, Rozalén… “Me encantan las colaboraciones, de hecho, es una cosa que me estoy mirando porque últimamente ya no me da la cabeza para aprenderme más canciones”.

—¿Harías una con Raphael? ¿Con C. Tangana?

—Por supuestísimo. Uno aprende mezclándose.

—¿Y con Amaia de Operación Triunfo?

—Claro, no está descartado hacer algo. Yo no soy seguidor de OT, no es un formato que me interese, pero es cierto que si la cogemos concretamente a ella, uno tiene que estar sordo para no darse cuenta de que la tía tiene muchísimo talento. No es una cantante cualquiera, es una tía muy jovencita, que transmite mucho, tiene formación clásica y un timbre precioso. Me encantan las versiones que ha hecho de mis temas. Gracias a ella me ha conocido muchísima gente, me ha hecho una publicidad gratuita muy bonita, ya he dicho muchas veces que si me la encuentro algún día la voy a invitar a lo que quiera.

El Kanka reconoce que le pareció absurdo verse metido en OT a través de la voz de una chiquilla de 18 años. La primera vez que la oyó fue cantando El día de suerte de Pierre Nodoyuna en la prueba para entrar en el programa. “La verdad es que la tía es muy graciosa. Yo pensé: ‘Coño, qué curioso en un casting de OT una tía cantando un tema mío’. Hasta ahí fue anecdótico, después la paranoia viene con que la tía no ha parado“. Amaia cantó tanta veces en la academia Lo mal que estoy y lo poco que me quejo —uno de los temas de su primer disco— que terminó pegándosela al resto de sus compañeros y el programa invitó a El Kanka para hablar con los chavales. “Ya te digo que era completamente absurdo, yo lo veía desde fuera y pensaba: ‘Pero, ¿qué coño hago yo aquí?“.

No hay duda de que Amaia, ganadora del concurso y representante de España en Eurovisión, es un altavoz mediático brutal. “No me ha cambiado la vida ni muchísimo menos, pero mucha gente me ha escrito diciéndome que me había conocido por ella. Después algunos se quedarán y se engancharán con mi película, y otros, cuando pase la moda de Operación Triunfo, ya no me escucharán más ni vendrán a ningún concierto ni nada. Eso el tiempo lo dirá. Pero en principio ha enganchado a un público al que no hubiera tenido acceso de otra manera“.

Ese futuro no entra dentro de sus preocupaciones. Él ya tiene su “legioncilla” de fans que le ha conocido donde siempre solía estar: en los bares, recorriendo España.

—¿Cuál es la mayor lección que has aprendido después de todos estos años de carretera, compañeros, kilómetros?

—Lo importante que es la constancia. He visto, y lo he aprendido con el tiempo, que, más allá del talento, cuando hay trabajo detrás se llega a los sitios. Cuando la gente se lo ha currado, no ha parado, ha sacado disco tras disco o vídeo de Youtube tras vídeo de Youtube… el que ha estado tirando la moneda todo el rato en algún momento ha entrado. Es la única cosa segura que veo. Veo compañeros de distinto calibre y la única constante es la constancia.

Reconoce, sin embargo, que ese camino tiene mucho más de inestabilidad, trabas e inconsciencia que de seguridad y facilidades. “Te tienes que comer muchos mojones y hay veces que te desmoralizas. Yo me he tirado muchísimos años compaginando esto con otro curro, con clases de guitarra, llegando a fin de mes a durísimas penas, llamando cada dos por tres a mi padre: ‘Oye, ingrésame 100 pavillos que no llego’. Excepto para los que pegan un pelotazo rápido, este es un trabajo relativamente lento. Anda que no tardas en llegar a gente suficiente como para poder vivir dignamente. Y digo vivir dignamente porque yo me he recorrido España en autobús, quedándome a dormir en sofás… Yo he dormido en una cama de 90 con mi percusionista, los dos abrazados en agosto en Murcia”. Y, carcajada, El Kanka sigue viendo la parte constructiva. “Y claro, eso a veces te desespera un poquillo. Pero yo, que soy muy cansino, he seguido y ahora están las cosas pintadas con otros colores”.

Con los colores azul, rojo y negro de la preciosa portada de su cuarto y último disco, que sacó en marzo: El arte de saltar, “una colección de cancioncillas”. Y suena a tópico típico, pero es su disco más maduro, asegura. “He perdido un poco los miedos que podía tener por el camino y he hecho lo que me ha dado la gana. Es un disco en el que me mojo y en el que hay un poquito de mala leche. No me he rayado tanto con el cachondeíto y los juegos de palabras, sino con que las canciones tuvieran una intención poética y contenido”.

Para que todos ocupemos esta tierra / Con la única frontera de un mundo de todos / Que solo dispare el fusil contra la guerra / Pa’ que la guerra caiga sangrando en el lodo / Pa’ que la verdad sea la moneda, ay / Y pa’ que los besos curen el llanto / Pa’ que las canciones sean las banderas, ay / Para eso canto

—Todavía no se ha cumplido que las canciones sean las banderas. ¿Qué piensas de la guerra de banderas que estamos viviendo en España?

—Por mi educación, por mi forma de ser, y por la pechá de viajes que me he pegado, me parecen un poco absurdos los nacionalismos, no lo puedo evitar. Todos, ¿eh? No me siento perteneciente a ningún sitio, pese a que estoy orgulloso de ser andaluz. No me siento especialmente identificado con ninguna bandera, al final es un trozo de tela. Me cuesta mucho trabajo entender esos posicionamientos tan fuertes de pertenencia a un sitio. No lo puedo entender. No obstante, yo vivo en Barcelona y he visto el problema bastante de cerca directamente y creo que se ha tratado el tema muy mal por las dos partes. Muy a trompicones, muy chapuceramente, con poquísimo diálogo.


Si el libreto no cuadra punto por punto con lo que tú piensas que se debe pensar a la hoguera, a la rueda, al garrote, a la cruz, a la hoguera con cualquiera que no piense como tú.

—¿Te has tenido que autocensurar alguna vez?

—No, conscientemente no, pero supongo que me doy cuenta de que el sutilómetro está muy alto e, inconscientemente, no he tirado por ciertos caminos. Intento escribir con libertad y mojarme un poco porque, si no, siento que el discurso se queda vacío. Imagínate que te quieres cagar en el PP porque son una pandilla de ladrones. Pues seguramente habrá algún político honrado del PP que piense ‘qué injusticia, me está ofendiendo’; pero bueno, no pasa nada, puedo hacer una broma sobre eso. Y yo soy muy conciliador, me sentaría a tomar unas cañas con uno del PP. Hace falta mezclarnos y tomarnos las cosas de otra manera también.

El Kanka: "Si no podemos ofender a nadie, a lo mejor es que no podemos decir nada" 1
Imagen: Diego Berro

—¿Tiene límites la libertad de expresión?

—Es una pregunta complicada, a mí me da la sensación de que a nivel de sociedad estamos adquiriendo una censura implícita sin darnos cuenta y eso me da miedo. En la Transición y los años 80, hubo una explosión creativa, musicalmente a veces muy fea porque hay muchas aberraciones musicales, pero sí había esa libertad que ahora no hay. Cada verso te lo tienes que pensar 200 veces para que no te caiga encima una lluvia de palos. Es que piensas: ‘Si no podemos ofender realmente a nadie, a lo mejor es que no se puede decir nada’. Tenemos que mantenernos en un discurso totalmente plano y entonces también se pierden muchas cosas. Y, desde luego, condenas de cárcel por canciones a mí me parece grotesco. No vamos por buen camino. Igual estamos empezando a adquirir más sensibilidades, lo que está bien, pero igual el final del camino tiene que ser relajarse un poquito y no meter a las personas en la cárcel por canciones o por parodias.

La entrevista no terminó en su único momento serio, no sería justo.

—¿Qué es ahora mismo lo bello de vivir para El Kanka?

—Lo mismo de siempre. Quizás las cosas más cotidianas. Componer, a mí me dan explosiones de alegría cuando consigo parir una canción, y estar con mis amigos y mi pareja, que a veces tengo mucha ausencia de eso, por culpa o gracias a que no paro de dar vueltas y girar. Pero un momento de sofá y manta con mi pareja es lo bello de vivir.

Carcajada y pausa.

—Bueno… y la comida y la bebida. Que no falten nunca.

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Cómo vencer el machismo empresarial para lograr la igualdad

Claudia Politanski

Foto: rawpixel
Unsplash

Lograr la igualdad de género y eliminar el machismo en el mundo empresarial es un reto para el que no hay soluciones mágicas. Pero sí hay un camino a seguir, que comienza por las personas y que genera políticas que puedan implementar después los departamentos de recursos humanos de las empresas. Se trata de ser conscientes de que todos nosotros tenemos prejuicios sublimados inconscientes.

Las organizaciones deben ser capaces de crear e implementar políticas y herramientas eficaces que faciliten efectivamente el desarrollo profesional de las mujeres. Sin embargo, es fundamental que los dirigentes empresariales —y con esto me refiero a las personas en puestos directivos— comprendan estos prejuicios y tomen medidas para que sus decisiones no estén contaminadas por ellos.

Nosotros, los latinoamericanos, hemos crecido en una cultura machista. Por este motivo, los prejuicios inconscientes vinculados a temas de género están muy arraigados en la mayoría de nosotros, incluso en aquellos que creen estar libres de cualquier tipo de prejuicio.

Existen estudios serios y herramientas sofisticadas para identificar estos sesgos individualmente. A todos los efectos prácticos, como punto de partida, debemos considerar que estos sesgos existen y que ellos influyen en nuestras rutinas diarias. Esto puede variar, desde tomar decisiones sobre la crianza de los hijos hasta cuándo elegimos ascender a un profesional en detrimento de otro en el ámbito laboral.

Comencé mi carrera muy joven, como pasante en el Departamento Legal de un banco, en ese momento un ambiente predominantemente masculino. Si bien nunca sentí personalmente ser el blanco de discriminaciones ni tuve dificultades para desarrollarme y crecer profesionalmente, con el tiempo comencé a ver la necesidad de comprender las barreras que enfrentan las mujeres para ocupar puestos ejecutivos y de liderazgo.

Cómo vencer el machismo empresarial para lograr la igualdad
Brecha de género en distintos países caribeños. | Foto: World Economic Forum en Español

Fue entonces que decidí dedicar tiempo a participar en foros de discusión sobre diversidad, junto con otros ejecutivos de empresas nacionales e internacionales. Esto me ha dado la oportunidad de conocer en profundidad los problemas, lo que me permite hacer algo para mejorar la realidad de las mujeres en el ámbito empresarial.

En estos debates, aprendí que es común que las personas tengan la falsa impresión de que, al trabajar en una gran empresa con valores alineados con la causa de la diversidad, el tema del género se resuelve naturalmente. Después de todo, si los gerentes no tenemos prejuicios y creemos en la meritocracia, obviamente les brindaremos las mismas oportunidades a hombres y mujeres igualmente talentosos y dedicados.

Tal conjetura en apariencia razonable es desmentida por los hechos, al observar la cantidad de hombres y mujeres en puestos directivos en las empresas. En un nivel de mando intermedio, podemos ver que la igualdad de género ya ha llegado. Sin embargo, a medida que se asciende por la pirámide, la magnitud del desafío que tenemos en nuestras manos resulta evidente.

Solo para citar el ejemplo de Itaú Unibanco, en el que actualmente trabajan aproximadamente 95.000 personas: las mujeres representan aproximadamente el 51% de nuestros coordinadores, que constituyen el primer nivel directivo del banco. Cuando pasamos a los gerentes, hay un poco más del 35%; en el nivel de dirección superior, la cifra es de alrededor del 24%; y cae aún más al 14% en el nivel directivo. Cuando consideramos al banco en su conjunto, las mujeres representan el 60% de nuestra nómina. No cabe duda de que todavía queda mucho por hacer y este es el camino que seguimos.

La buena noticia es que no estamos solos. Las empresas de todo el mundo han estado analizando en detalle el tema de la igualdad y el género. En muchos foros importantes, se han llevado a cabo debates serios sobre el rol de las corporaciones en este contexto. Un ejemplo es el acuerdo de compromisos patrocinado por ONU Mujeres, que se centra en el fortalecimiento de las mujeres mediante los Principios de Empoderamiento de la Mujer (Women’s Empowerment Principles, WEP).

El año pasado, Itaú Unibanco firmó el documento que representa un compromiso formal por parte del banco para trabajar por la promoción de la igualdad de género, un principio básico del Pacto Mundial de la ONU. Iniciativas como esta son muy importantes para aportar visibilidad a la causa y para involucrar a las empresas en el debate, aunque resulta evidente que no son suficientes para resolver toda la cuestión. Como dije desde el comienzo de este artículo, no existe una solución milagrosa.

Si bien no se puede cuestionar la responsabilidad de las empresas como agentes de cambio, difusión y promoción de un entorno inclusivo y favorable para la retención y el ascenso de las mujeres; no podemos limitarnos al mundo empresarial. Lo que sucede afuera es extremadamente importante, ya que el comportamiento en el lugar de trabajo es un reflejo del comportamiento externo.

Debemos acelerar el cambio social que ya está sucediendo y luchar por una división más equilibrada de los roles entre hombres y mujeres. La identificación de prejuicios podría ser un primer paso para acelerar los cambios de este movimiento, afortunadamente un movimiento para el cual no hay retorno.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

Continúa leyendo: La crudeza de la brecha salarial: solo el 8% de las empresas británicas paga igual a hombres y mujeres

La crudeza de la brecha salarial: solo el 8% de las empresas británicas paga igual a hombres y mujeres

Redacción TO

Foto: 123RF Stock Photo
123RF Stock Photo

La cruda realidad de la brecha salarial ha salido por fin al descubierto. El 78% de las empresas británicas paga de media más a los hombres que a las mujeres. Solo el 8% tiene el mismo salario para sus trabajadores independientemente de su sexo. De media, la diferencia salarial en estas compañías es del 9,7% y en todos los sectores analizados las mujeres cobran menos que los hombres.

Son las cifras que ha revelado este jueves el Gobierno británico después de analizar los datos de 10.000 empresas. El miércoles terminó el plazo para que todas las compañías con más de 250 empleados publicaran los salarios de sus empleados. El objetivo de Reino Unido era conocer la magnitud del problema para poder empezar a corregirlo. Más de 1.000 empresas —entre las que está Apple— esperaron hasta el último día para presentar sus datos. La investigación The Truth About Your Pay expuso que muchas empresas estaban falsificando sus datos para no desvelar la verdadera profundidad de la brecha salarial.

Aunque las empresas británicas no pueden ser sancionadas sea cual sea su brecha salarial —sí pueden serlo por no publicar los datos o por dar cifras falseadas—, esta iniciativa ha sido calificada por numerosos expertos como una oportunidad clave para empezar a reducir la desigualdad. Y ya es mucho más de lo que se está haciendo en países como el nuestro. El presidente de España, Mariano Rajoy, fue contundente en una entrevista al ser preguntado sobre si el Gobierno debería tomar medidas para acabar con la desigualdad salarial entre hombres y mujeres en las empresas: “No nos metamos en eso”, aunque luego rectificó.

El Gobierno británico sí que cree que este tipo de iniciativas son el primer paso para avanzar hacia la igualdad, dado que según el último informe del Fondo Económico Mundial tardaremos 217 años en cerrar esta brecha de género.

¿Por qué hay tanta brecha salarial?

Ilustración: 123RF Stock Photo

Es importante distinguir entre brecha salarial de género y pago desigual. Tanto en Reino Unido como en España es ilegal pagar a una mujer menos que a un hombre por el mismo trabajo. En nuestro país, por ejemplo, existe la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Hombres y Mujeres, aprobada en marzo de 2007, que afecta a las empresas de más de 250 trabajadores —lo que deja fuera de foco a la mayor parte de las compañías españolas—.

Por su parte, la brecha salarial es la diferencia entre el salario medio de las mujeres de la empresa y el de los hombres. Es injusta, pero no es ilegal. En España, el salario medio bruto por hora que reciben las mujeres españolas es un 14,9% inferior al que reciben los hombres, la media de la Unión Europea alcanza el 16,3% y en Reino Unido es del 18,1% (según la ONS).

Esta brecha sigue ampliándose sustentada en varios factores: las posiciones más altas de las empresas suelen estar copadas por hombres (en algunas empresas como Ryanair hasta el 97% de los puestos superiores pertenecen a hombres), lo que se conoce como techo de cristal; las mujeres suelen ser las que más contratos temporales acumulan (que están peor pagados) y las que piden las reducciones de jornada, normalmente debido a que son quienes se encargan del cuidado de niños y mayores; la baja por maternidad y los consiguientes permisos siguen estando en claro desequilibrio entre hombres y mujeres, lo que provoca en ocasiones mayores dificultades para ascender en la empresa y llegar a posiciones y sueldos más altos; además, algunas investigaciones también apuntan a que las mujeres son menos propensas a pedir un aumento de sueldo.

Los casos más alarmantes:

  • Ryanair: es la empresa con mayor brecha salarial en la industria de las aerolíneas, el 71,8%.  Las mujeres representan solo el 3% del grupo que más gana en la aerolínea: solo ocho de los 554 pilotos de Ryanair en el Reino Unido son mujeres, mientras que ellas representan más de dos tercios de la tripulación de cabina mal pagada.
  • Apple: la brecha salarial media es del 24%. Pero el 71% de los empleados que más ganan son hombres. La compañía presentó sus cifras el día en el que acababa el plazo.
  • JP Morgan: tiene la mayor brecha salarial de género entre los principales bancos, un 54%. En comparación con el 36,4% en Goldman Sachs y el 29% en HSBC. La brecha en todos los bancos se debe a la prevalencia de hombres en los trabajos mejor pagados. En JP Morgan, el 78% de los puestos mejor pagados los tienen hombres.
  • Boux Avenue: en este grupo de lencería las mujeres ganan de media 75,7% menos por hora que los hombres. La brecha es la más grande registrada en una empresa conocida en Reino Unido. Lo que refleja es el hecho de que la gran mayoría de los dependientes en la tienda son mujeres.

En la otra cara de la moneda, un 14% de las empresas estudiadas paga más a las mujeres que a los hombres. Y empresas como KFC, McDonald’s, Primark y Starbucks han asegurado que no hay diferencia entre lo que pagan a sus empleados.

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